lunes, 13 de febrero de 2017

Manuel J. Castilla, Una copla que se cae


LA CAJA

Cada que suena la caja
de alguna poema me olvido.
Cancionero Popular de Salta

La nombro porque a la noche le pone redondos pechos musicales
mientras maduran los dulces y amargos frutos del verano.

El canto aún está mojando sus raíces en la alegría que lo riega
y el vino no ha crecido todavía
hasta dejar mis ojos indefinidos y lentos.

Pero sé que tiene que llegar de lejos, de bien lejos, sobre su cuero tenso
como la piel de la mujer que amamos desde todas las tardes de la vida.

Entonces,
yo tendré que tragarme todos los caminos por los ojos y por la boca
y transitarlos con los miedos de mis abuelos en los oídos.

Será cuando su corazón golpee mi sueño
que mira hace milenios el más oscuro fondo de los sapos.

Yo sé que ella venía con mis bisabuelos
por entre desgarrados quebrachales
y que era la única alegría de su vejez de siembras frustradas y chamuscadas.
Que el sol de Santiago del estero
le estiraba los cueros hasta hacerlos dar música
y que esa música era tan triste como los ojos de mi gente.

Sí, yo sé que siempre llegaba un visitante
y le rociaba aloja para que su voz fuera menos ronca
pero que nunca dejaba de ser aguardentosa.

En ese tiempo las algarrobas endulzaban una niñez de chañares
y el mistol llenaba las siestas polvorientas
entre las breas sonámbulas y ternas.
Algunas veces quedaba tragando tierra en la penumbra espesa
hasta que la alzaba un grito y se iba hasta las farras
sonora y por el aire con el sombrero negro del jinete.
Eso era antes, cuando vivían mis abuelos.
(Todavía me viene de ellos una alegría que me hace emborrachar).

Ahora está creciendo entre mis manos su temporal de golpes,
soñolienta de bailes agotados y marchitada albahaca.
Mis ojos no han visto aún el cascabel de víbora que le canta de adentro
pero veo que llega por el yuchán reseco que la abraza y la ciñe,
una mañana dorada junto al Teuco
cuando un indio le partía el corazón al árbol
donde dormían todos los ríos de esta tierra.

Yo sé que en el más hondo pozo duermen mis muertos
y que están allí
los huesos sencillos de los caballos que les pertenecieron.
Yo sé que aún la lloran los remolinos cuando queda quieta,
que anda soliviando ayes en los enamorados
y que tapa las muertes para que escapen los cuchillos,
y que cuando levanta los angelitos al cielo
ella es la única que les llora
cuando todos se han ido doblados de tristeza y de vino.

Entonces es cuando comprendo que mi pena
tiene la forma de una copla que se cae.


LA POMEÑA
(Zamba)

Eulogia Tapia en La Poma
al aire da su ternura,
si pasa sobre la arena
iba pisando la luna.

El trigo que va cortando
madura por su cintura,
mirando flores de alfalfa
sus ojos negros se azulan.

El sauce de tu casa
te está llorando,
porque te roban Eulogia
carnavaleando.

La cara se le enharina
la sombra se le enarena,
cantando y desencantando
se le entreveran las penas.

Viene en un caballo blanco
la caja en sus manos tiembla
y cuando se hunde en la noche
es una dalia morena.



“La Pomeña”: Música de Gustavo Cuchi Leguizamón.
“La caja”, en: Poemas. Antología, CEAL, 1981. De: La tierra de uno, 1951.
Manuel José Castilla (Salta, 14 de agosto de 1918 – 19 de julio de 1980). Foto: Jmp