
--
Por Alberto Luis Ponzo Maestro rural, vidrierista, integrante sobresaliente del grupo surrealista de los años 50, publicista y, en un plano de mayor trascendencia, poeta y narrador original,
Juan Antonio Vasco pertenece sin duda a esa franja de la cultura del silencio que todavía no ha tenido el reconocimiento de sus contemporáneos. Pocos críticos se han ocupado de revelar la trama densa y sensible de su obra, en la que se cruzan experiencias conflictivas, adhesiones y rechazos, imágenes que “desafían la mezquindad convencional de nuestra vida”, como ha dicho
Graciela Maturo, y elementos propios de sus incursiones en los campos de la crítica y el ensayo.
Pasó
Vasco buena parte de su vida en Venezuela, donde representó a una de las más importantes empresas de publicidad, y allí realizó un notorio giro intelectual y estético, tomando contacto con una América que “desuella a sus hijos”, como expresó en uno de sus reveladores poemas.
Había llegado a Caracas luego de participar en uno de los movimientos de mayor gravitación en la literatura continental:
el surrealismo, esa “mística de la revuelta contra la condición humana mezquina y sórdida, según una precisa definición de
Aldo Pellegrini, uno de los más lúcidos teóricos de las nuevas propuestas. La trayectoria del poeta-vendedor había comenzado con “El ojo de la cerradura” (1943), libro de resonancias hispánicas, pero muy pronto tomaría otros rumbos más comprometidos y originales, tal vez favorecido por los cuestionamientos de otros poetas y la actitud de autores hoy más reconocidos, como
Enrique Molina,
Francisco Madariaga o
Alejandra Pizarnik.
Es así como, el mismo año de su viaje a Venezuela,
Vasco se orienta vigorosamente hacia una
poesía conversacional, sin ecos retóricos, que dio a conocer en “Cambio de horario”. Más tarde, ya en posesión de un idioma “sin subterfugios ni elementos decorativos”, como expresó recientemente Ricardo H. Herrera, adquiere su más alta tensión en “Destino común” y “Pasen a ver”, dos obras editadas en Venezuela y Argentina.
“El poeta es más que nunca el contradictorio, el contradictor, el que contradice, el que dice-contra”, escribió
Juan Antonio Vasco. Desde esta óptica tan rigurosa impugnaba “el uso publicitario del lenguaje, porque hacía sospechoso el pan cotidiano y creaba una atmósfera interior explosiva.”.
Vasco no dejó fuera de esa órbita cuestionadora el género narrativo, la crítica y la investigación literaria. Algunas revistas de Venezuela adelantaron cuentos de su libro inédito “La cama carnívora”, además de poemas, estudios críticos y traducciones.
En su libro “Proyecciones del surrealismo en la Literatura Argentina”,
Graciela Maturo lo define como “hombre de América, en una actitud negadora y a la vez fáctica, destructiva y augural”. Nacido en Buenos Aires en 1924,
Vasco falleció como consecuencia de una esclerosis generalizada, sesenta años después. Hasta sus últimos días siguió trabajando con un grabador y “el palito que movía con sus dientes”, como él mismo contaba.
“Nos dejó una poesía indisolublemente ligada a su vida –escribió
Herrera– y es eso lo que de verdad nos interesa, esa inextricable y explosiva mezcla de su legado”.
********************
-

-
POEMAS DE JUAN ANTONIO VASCO (1924-1984)ANTIGUAS COSTUMBRES Misericordia oh mundo oh vida oh conocimiento del arte, oh ciego candor de la balada de nosotros mismos
Fuera de tono
Este siglo completo habrá que transportarlo a través de la nieve a pulso y a crédito
Allá en la gran parrilla San Sebastián gusta de los placeres de la música;
el cordial caballero sujeta los cordones de sus zapatos y no tiene tiempo para más
porque todo se le va en sufrir
¡Cómo fracasan las costumbres naturales!
(Pasen a ver) EPITAFIO DE UN LIMPIO Quiero dejar escrito
pintado en la pared
todo el bien que me han hecho
los ríos de agua fría
el mar caliente
el sol desnudo
las ciudades con olor a ceniza
Mis amigos
con una bengala en cada mano
para mí
carpintero de la nostalgia
mudo de padre y madre
me daban la bienvenida
y mis mujeres
la vida
en Londres bajo la lluvia
en Caracas bajo el sol
Puedo llorar a mares
me voy porque me voy
no porque quiera
la pasarela del Samborombón
ya no se pasa
y la esquina rosada de Barinas
ya no se cruza
el avión ya no toca en Grano de Oro
el ferry no fondea en Palmarejo
la chalana no amarra en Soledad
Me voy
me llevo todo
me voy limpio
hablando en español con mi boca de
tierra
(Pasen a ver) --
(De: “Antología de la Poesía Argentina”. Tomo II, de Raúl Gustavo Aguirre. Ediciones de Librería Fausto, 1979)-
-