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miércoles, 27 de julio de 2016

Yves Bonnefoy, Aquí


AQUÍ, SIEMPRE AQUÍ

Aquí, en el lugar claro. Ya no es el alba,
Sino la jornada y sus decibles deseos.
De los espejismos de un canto en tu sueño
Sólo queda este centelleo de piedras por venir.

Aquí, y hasta la noche. La rosa de sombras
Rodará por los muros. La rosa de horas
Se deshojará sin ruido. Las claras rosas
Arrastrarán estos pasos enamorados del día.

Aquí, siempre aquí. Piedras sobre piedras
Han alzado el país dicho por el recuerdo.
Apenas si el ruido de frutos simples cuando caen
Enardece todavía en ti el tiempo que va a restablecerse.




Traducción de Alejandra Pizarnik (1936 – 1972) e Ivonne Bordelois (1934).
En revista “Cormorán y Delfín”, año 1,viaje 4, noviembre de 1964. Director: Ariel Canzani D. (1928 - 1983).
Yves Bonnefoy (Francia, 1923 – 2016). Foto: YB, EFE. 

lunes, 16 de febrero de 2009

“Los eternos olvidados”, por Alberto Luis Ponzo



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Hace algún tiempo decidimos con un amigo editor realizar una serie de publicaciones para recordar y difundir a los artistas olvidados. Entre ellos pensamos en los poetas, artistas plásticos, músicos y gente que había dedicado su vida a una vocación, alguna labor no redituable y considerada por muchos inútil a la sociedad.
Para empezar, si nos parece de gran interés esta idea, es porque con una buena parte de la cultura se ha cometido una injusticia, se han arrojado al olvido a quienes representan la historia y la humana diversidad del mundo actual y el de otras épocas.
Por otra parte, esa diversidad en un conjunto muy amplio de las obras realizadas y olvidadas, nos impide ser justos al mencionar sólo nombres que nos han interesado a nivel personal o crítico
Los “eternos olvidados” son incontables, caben en una colección casi infinita. No es poca nuestra responsabilidad en una tarea que llevaría meses. Hasta se debería abrir una encuesta para que cada lector presentara otros nombres, no recordados por nosotros mismos.
Da motivos para una larga reflexión el proyecto de revelar obras de poetas y otros artistas del país., poco o nada reconocidos. Es muy cruel este ocultamiento de auténticos trabajadores de la cultura, mientras las páginas de diarios y revistas se colman de noticias sobre celebridades deportivas, teatrales y cinematográficas.
Si éstas responden a veces a un apoyo popular legítimo, la mayoría resulta apenas un producto de propaganda y ocasional interés público, que opone resistencia a un reconocimiento más profundo de los “eternos olvidados”.
Nuestro propósito es comenzar este rescate de orden socio-cultural, con figuras de la poesía argentina, dando a conocer algunas obras, datos biográficos y proyecciones en la literatura del pasado siglo. Comencemos, pues, esta necesaria reivindicación:

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ARIEL CANZANI D.

Nació en Buenos Aires el 15 de octubre de 1928. Poeta y ensayista profundo, desarrolló una vasta actividad y de difusión, destacándose los libros: “Viaje al gris”, “Tatabomba”, “El payaso del incendio”,”De Mar en Mar, de Tierra en Tierra”, “Caminador de océanos” y “Poemas del crecimiento necesario”, entre 1958 y 1974. Un año antes dio a conocer su excepcional trabajo como director de la revista “Cormorán y Delfín”, con el testimonio de “una década de desmitificación de la literatura argentina (1963-1973). Fue Oficial y luego Capitán de Ultramar de la Marina Mercante, navegando ininterrumpidamente durante más de 20 años. Fue miembro del Consejo Mundial de la Paz, entre otras organizaciones, y sus numerosos libros fueron traducidos al italiano, francés, portugués, esloveno, servio, inglés, etc. Era su consigna:”la conducta del hombre frente al mismo hombre”. Falleció el 27 de julio de 1983.
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LAS PALABRAS

Imposible evadirse, evadirlas,
pasar por ignorantes de su fuerza.

Ellas son el camino, la orden misteriosa
que debe ser cumplida y ninguno discute.

Ellas hacen su vida,
no explican su nacimiento o su derrota.

Son iguales a los astros:
no dan un paso atrás
y son las gobernantas de las pieles.

Ellas son las palabras,
no las simples palabras,
sino la esencia hablada.

Imposible evadirse, evadirlas,
ellas son propietarias visibles y cortantes
de cada instante de nuestra propia vida.

ARIEL CANZANI D.

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