viernes, 19 de diciembre de 2014

Hugo Padeletti, La polenta está espesa y sabrosa y las escarolas a punto



'HE AQUÍ UN DÍA

que nos da grandes esperanzas'. Tomarlo
desde lejos.
No hay dos días iguales

pero es inútil comparar: ahora
o nunca.
Hacia la noche 'hemos tenido buen viento

pues varios inciertos han sido fijados':
la polenta está espesa y sabrosa
y las escarolas a punto,

la llama de la vela
arde sin parpadear.
Quedarse sentado en la gruta

y dejar de pensar
es lo más conveniente —eventualmente
la roca cede.

Y de todo el enredo,
de las cargas, los cargos, la pereza,
nos descarga, sin tiempo la belleza,

gratuitamente.



SUBE EL GATO HASTA EL TECHO

y halla gatos. ¡Laurel,
escarmiento de los poetas!
Dejar el gato abajo y escalar
el techo de la noche. Los gatos
no son alpinistas.

                       ¡Oh noche,
pensamiento callado,
oh noche de la noche
                           pensamiento
no pensado!

Dice el gato a la noche:
                    —¡Oh Pensamiento,
piensa (en mí)
cuando no pienso!



UNA MORA

Para fiesta de frutas,
una mora. Sus mínimos toneles
rezumantes
estimulan un punto. No es un punto

de continencia ni es un punto
de destemplanza: es la punta
del instante. Su estilo,
la atención. Se difunde,

en la fruta de los vientos,
por la mente. Palabras, pensamientos
se borran. Su conciencia
es el sabor. El árbol

de la bodhi y el orgasmo
del león
se confunden. Del sueño
de la mosca

se despiertan dragones.



En: “La atención. Obra reunida II (1960 – 1980, poemas verbales - poemas plásticos)”, UNL, 1999.
Hugo Padeletti (Alcorta, Santa Fe, 1928). Poeta y artista plástico. Reside en Buenos Aires.

Imagen portada: dibujo de HP. 

jueves, 18 de diciembre de 2014

Hugo Padeletti, Uno escribe poemas porque está vivo


UNO ESCRIBE POEMAS


porque está vivo. No se puede
enfriar el Ecuador o derretir
la Antártida; se puede

templar la voz. Las evasivas
palabras
se avienen al pautado molinete

del tiempo. Sin ponerse
fuera de sí –corpóreas,
consteladas–

son éxtasis. Leudante
es el sesgo innombrable
que se refracta: lo no dicho

produce clima, al pensamiento
le brotan yemas, un acento
de lenta languidez

de pronto es instrumento
de rebato. ¡Oh falacia
de ser ajeno, exiguo, vieja muda

que asfixia: la evidencia
despierta te descarta! ¿No es el arte
del plantío en la lluvia, su primicia

de verde dicha? Fugitivos
brillantes en las ramas, alegría
casi sin yo, toda sumida

en el objeto. Instante,
revelación. ¿De qué?
¿Para qué? No hay sujeto

que lo predique. Meta
del anzuelo en el agua
es presentarlo: a veces,

eso pica.



QUISIERA UNA TEXTURA

más rica. Con el grano
de las rocas, la fibra
de tejidos rugosos, el sarro

de añejos potes, con la veta
de las maderas viejas y el dibujo
del envés de las hojas. Clara y

encendida bajo el sol como el ala
del aguacil, verdiazul e irisada
como el pecho del colibrí, con grabado

de escamas y pulido de gema.
Fina, con las venas del ágata,
y gruesa, con los grumos del granito.

Recia, con la broza del cáñamo,
y rasa, con el roce de los rasos.
Felpuda de tupido terciopelo,

labrada con relumbre de brocado,
con brillo perlado de seda
y arabescos de damasco.

La quisiera correosa como cuero
y quebradiza como mica; maleable
como plomo, oxidable como hierro,

friable como tierra. La quisiera
como cerveza espesa, como graso
chocolate, astringente como té,

suavizante como aceite, quemante,
estimulante, como aguardiente.
Quisiera la aspereza de la lija

y la lisura de la loza, la dureza
del acero y la blandura resbalosa
de los kakis maduros. Como fuera,

apostaría en ella al acertijo
de todo lo que pisa, posa o pesa,
de todo lo que duele, raspa o roza,

de todo lo que cuaja. Un contrapeso
del aire, de la atmósfera, el donaire,
de trucos y embelecos de la boca,

de la mente, que inventa lo que toca.



SE DICE QUE LAS SOMBRAS DEL HINOJO,

cuando se ven de pronto, sobre un lecho
de lajas,
figuran el futuro.
La lectura es oscura. Sólo el ojo

que nada espera
ve lo que le espera. Ve la primavera
salpicada de rojo, ve el verano
del piojo y el ratón

–sin goce y sin enojo–, ve el otoño
que desnuda su hueso y, en el beso
de mármol del invierno,
su epitafio y su infierno.



En: “La atención. Obra reunida II (1960 – 1980, poemas verbales - poemas plásticos)”, UNL, 1999.
Hugo Padeletti (Alcorta, Santa Fe, 1928). Poeta y artista plástico. Reside en Buenos Aires.

Imagen portada: dibujo de HP. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Hugo Padeletti, Repaso el polvo de canela, la pez, la obstinación del mosquito





SIEMPRE HAY UN NIMBO


de tormenta, un gladiolo
amarillo, un ancla herrumbrada
en un pozo.


                        Repaso
el polvo de canela,
la pez, la obstinación
del mosquito.


                     La sola persistencia
de un solo afán
posterga lo embozado
del vacío,
la adivinación por la sombra
                                               (late
alguna fragua).


                       El peso de la vida
–siempre yo–
es un monumento de agua
labrado en vilo.





LAS BORRADAS JUNTURAS IMPERIALES


se aflojan, las raíces
penetran,
el templo o fortaleza
se descarga.

                        La cifra
del recinto central –la recompensa
del trazado–
no hace mella en la estirpe
del bambú, en la semilla
funeraria.


                  Ni el rito
instruido en la roca, ni el secreto
enredado en las runas,
ni el vigilante ancestro del coral
–héroe o dios– ni la música
notada


abolieron la dínamo del sol,
la sal, el estatuto
de las dunas.





En: “La atención. Obra reunida II (1960 – 1980, poemas verbales - poemas plásticos)”, UNL, 1999.
Hugo Padeletti (Alcorta, Santa Fe, 1928). Poeta y artista plástico. Reside en Buenos Aires.

Foto: HP en FB. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

Juan L. Ortiz, Ella estaba enamorada de sí misma


ELLA…

Ella estaba enamorada de sí misma…
Oh, los espejos...


Oh, la embriaguez de plata
de ella
en el aire de los zarcillos…

Luego fue de los velos…
Las nubes del otoño
sólo,
sólo, ay, para una novia...
Los velos...

Y fue más tarde de las hojas...
pero de las hojas como joyas
del viento...
Las hojas...

Y con el tiempo fue del río…
mas lo mismo que un ala,
a veces invisible,
sí....
o una ramilla, al ras, midiendo
la danza...
Un ala y una ramilla
únicamente… ay,
del río…
El río…

Después, después, las cosas
con su perfume
séptimo…
Y ella, las cosas mismas
buscándose,
para la comunión?
para la adoración?

Y ella, las almas mismas
también,
buscándose las manos
en los laberintos,
tras de todas las rejas,
a través de todos los órdenes.. .
a través de todos
los mundos...

Las cosas y las almas...
Y al fin, ay, al fin…
el grito hacia el mar
o la noche...
El grito de la niña,
o de algo
que ya no se veía,
sobre el último
hilo…

En la ribera, es cierto,
sólo un hilo
llamando?
La pregunta a las estrellas
perdida, es cierto,
en el jamás?

Pero por qué, por qué,
a la vez,
menos que una vibración,
menos,
ella,
en la corriente de las profundidades
hacia la edad
verde…
sube, sube de repente, sube...
sin nombre,
desde todas las presiones?

Y por qué, por qué,
de repente en la luz,
quemada por un ángel,
por qué
sale de la luz, ella, corriendo...
corriendo
a los caminos de la sed,
con el vaso de agua en las manos
y descalza,
por qué?...


De “De las raíces y del cielo” (1958), en “Obra Completa”, Centro de Publicaciones, Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, Argentina, 1996.

Juan Laurentino Ortiz nació el 11 de junio de 1896 en Puerto Ruiz, cerca de Gualeguay (Entre Ríos), ciudad donde vivirá hasta 1942 cuando se muda a Paraná. Murió el 2 de septiembre de 1978.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Alfredo Veiravé, Aún cae la lluvia sobre un nido de perdiz y los noticieros se ocupan del deporte

 


ALICIA EN EL PAÍS DE LO NO VISTO O LA NIEVE DEL VERANO

No empezaré este poema narrativo-descriptivo dibujando a las palomas
que iban y venían sobre nuestras cabezas, porque inevitablemente ellas
locas de entusiasmo estaban fuera de foco esa mañana girando / alrededor de la Torre de Babel.


1

En verdad fue objetivamente quizás
la abeja de oro de la luz que envolvía nuestra frente numerosa
la que nos hacía cantar
estribillos de fuerza incontenible para tapar las puertas del infierno.
¿O era la energía solar del verano ya próximo con sus ramos
invisibles y platónicos, una congoja luminosa sobre el corazón?
¿Cómo podía Alicia tomar indiferentemente el té dentro de un país
que caía vertiginosamente
hacia un pozo profundo? ¿Y las teorías de la gravitación universal?
(Una joven de párpados arcangélicos y blue jean
te ha mirado con sus ojos muertos; cabellos negros y profundos
del sueño como esos murciélagos de las pesadillas que revolotean
en la noche de la caverna donde eligen al azar
el cuerpo de sus víctimas.) Entre los aullidos del miedo, en la ciudad
junto al río inmóvil (en la femenina almendra de tu boca)
aún cae la lluvia sobre un nido de perdiz
y los noticieros se ocupan del deporte.


2

En la lejanía
había un gran árbol en el centro de la tierra
donde ellos se abrazaron en secreto alguna vez;
ella y él eran las flores cautivas de la ansiedad, la aérea
calaguala prendida entre las ramas, cuerpos juntos
para subir por estos cánticos multiplicadores después de las
torturas del agua, los Avernos secretos de las vejaciones.
Porque aquí hubo bosques de agonías con las agudas
agujas eléctricas de los pinos del campo, y pájaros
golpeados que no pueden volar. Alicia en el país de lo no visto
cambia sus silbos-maravilla, y en la desnudez de la locura
confiesa al fin todo aquello que no sabe, ustedes me comprenden /
y en un poema siglo XIX quedará grabado
el esqueleto cantor de un paisano estaqueado en el desierto.
                   Por todo eso esta euforia
                   y el grito-miniatura del sollozo.


3

Lo cierto es que el hecho histórico tejía y deshacía nudos
de emoción en la garganta. Por eso las palomas se habían convertido
en mimesis de un vuelo aristotélico, en presagios del tebano Tiresias,
en tu invisible arrullo de torcaza, en la triste conciencia del padre
que elige o sepulta sus recuerdos.
(El arte nunca es simple lo mismo que la muerte.)
Las banderas de otras edades disolvían a los glaciares de los ojos.
Las palmeras con hiedras protectoras de ese sol, girasol de los siglos,
disipaban los temores. Por eso levitamos encima de las torres.
(La felicidad nos une siempre a los amigos, lo mismo que la vida.)


4

Ven y vive conmigo dijo líricamente oh belleza de los colmenares,
belleza natural de esta fuente de sobrevivientes donde brota
el agua fresca para las cabezas ardientes
de los jóvenes empapados de alegría.
                      Podría haber escrito en la lengua de todos:
“En este verano la larga noche de la angustia y de los crímenes
ha cesado”, o simplemente esta frase exclamativa de los que se fueron:
                  ¡La atracción de los jacarandaes de la Plaza, qué orillas
                  inefables enemigas de la muerte!
(A través de la niebla de la ciudad las lejanas islas
de la guerra; a través de la multitudes la fotografía de una hermosa
muchacha desaparecida para siempre, oh Argentina, país sudamericano y europeo.)

                  Después caminamos con nuestros hijos y los amigos
                  sobre la nieve de los papeles blancos.


En: “Radar en la tormenta”, Sudamericana, 1985.
Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 – Resistencia, Chaco, 1991).
Foto: AV en contratapa libro, s/e.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Jacobo Rauskin, Ruega que no funcionen los misiles



EL ARTE DE LA SOMBRA

Pinto a mi modo y quiero que lo sepas.
No se me acaba el tiempo cuando pinto
la mesa, el rubio pan, el vino tinto,
siendo el año un enigma en cuanto a cepas.

Y tú, sombra de ayer, a un sueño trepas.
Y lo pintas, con trámite sucinto.
Me pintas lo soñado, lo indistinto
de un tiempo en bodegones o en estepas.

Yo te admiro, ser sombra ya es un arte.
Tu casa es, desde luego, una ilusión,
y no nos hemos visto en otra parte.

Vuelvo a tu casa y vuelve a suceder.
Vuelvo a pintar ahora un bodegón.
Mi por ahora es mi por ayer.



BALADA CON CIERTA TRISTEZA

Elusivo, no rudo,
sin dejar de ser parco,
algo nos dice el humo.

Se levanta y nos dice
en un tono lacónico:
-No soy triste, estoy triste.

A los aquí reunidos
hoy nos miran las horas
con los ojos del frío.

Cenizas y recuerdos
acomoda la noche
bajo un poco de fuego.

Me voy, se achica el campo.
Soy humo con estrellas,
con sueño y con caballos.

De esta manera hablaba,
o casi de este modo,
el humo en su jornada.



CANCIÓN

Con el adiós a las estrellas.
Con el buen día de los pájaros.
Con el brindis que brinda la orquesta.
Con el chinchín de los platillos.
Una canción, ahora, una canción
para ella, para su gracia, para su alegría
y para su desnuda y celestial travesura.
Para ella, tan anterior a todo.
Sobre todo, al olvido.



ENTRE EL FUEGO Y LA LLUVIA

Arde el bosque, los campos arden.
Vendrá la lluvia, no te alarmes,
ni te alambres un sentimiento
porque al fuego lo avive el viento.



VIAJEROS

Cabe el adiós en un abrazo.
Pero volvemos como si ya en el aire
la veraniega nieve del jazmín nos tocara.


TRASNOCHADORES

Han pasado los años,
los bares han pasado.
Juntos bares y años
y viejos parroquianos.



LA CAMARERA ESTÁ CANSADA

Esta película no viene
de ningún festival.
Se filmó con actores sin experiencia,
con equipo barato, en la calle,
en una fonda, en una noche.
La camarera está cansada.
Hay gente que dormita
con los codos sobre la mesa.
La luz que da calor a una ventana
bien puede despertar cierta emoción
en quien la mira desde la calle.
El cansancio anida en la mirada
de la hermosa camarera.
Y las estrellas, sobre todo,
las de primera magnitud,
ningún otro mensaje tienen
que el que van dejando
con música y con viento en los árboles.
Avanza todavía la película.
El invierno se adueña de la calle
y algo busca un perrito en la basura:
el alumbrado público lo encandila.
Una ambulancia pasa, tan a desgano
que no se sabe si va, si vuelve o si pasea.



ANTES DEL NOTICIERO

Tú, que gracias a la tevé,
estás a punto de aceptar
de nuevo un Apocalipsis parcial
en una, en dos, en tres
de las ciudades reducidas
al tamaño de un barrio en cenizas
por el horror que vuela, por bombas
pensantes y autodirigidas,
no, no sigas, no des por descontado
que el fin del mundo ha comenzado.
Antes del noticiero, cuando el visivo
mundo invivible te lo permita,
ruega que no funcionen los misiles.




En: "El arte de la sombra", Ediciones del Dock, 2011. 
Jacobo Rauskin (Villarrica, Paraguay, 13 de diciembre de 1941).
Foto:  JR en FB.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Rubén Reches, La vida te da una de sus últimas patadas


GERIÁTRICO


A Jorge Aulicino

Y la muerte hará ¡gulp!

La vida te da una de sus últimas patadas y… ¡ya estás en el geriátrico!


*_*


Antes a vos la muerte no te iba a llevar así nomás.

En cada etapa de tu existencia planeaste enfrentarla según un autor diferente:
Primero, imbuido de Sartre, proyectabas recibirla amenazándola con el puño en alto;
después, ibas a tener preparado, para espetárselo, un verso de Mallarmé;
y, hasta poco antes de llegar aquí, todavía andabas buscando una frase similar a la célebre ¡Veo luz negra!”
para murmurarla hasta que asomara… ¡el otro cabo de la piola!

¡No no! ¡Antes a vos la muerte no te iba a llevar así nomás!

Y siempre que la nombrabas, te indignaba que los otros humanos se cruzaran los dedos o pidieran cambiar de tema.

¡Le volvían la cara, siendo que ella era el harapo universal!

En tus soliloquios los llamabas “autómatas”.

¡Y flor de susto que se pegaban los autómatas cuando elegías a uno y, mirándolo fijo, pronunciabas: “Quien va a pulsar el arpa de tus huesos ya se quitó los guantes”!

¡Ah!  Si alguno te hubiera pedido un consejo, ¡con qué gusto le hubieras dicho: “Cada mortal debe morir de su propia  muerte”!

Y en las tertulias acechabas las pausas en que, para recordarles su condición de humo,
pudieras exclamar: “¡Humo, polvo, sombra, nada!”.

Había que hacerlo. No quedaba alternativa.


*_*


Pero la vida te dio una de sus últimas patadas y…. ¡ya estás en el geriátrico!

¡Ahora te las ves vos con la lisa sustancia!

Ahora te arrastrás por salas donde yacen viejos despatarrados
y en ellas no hay día que no se te pierda algún remedio
ni que algún enfermero no te rete a los gritos hasta hacerte temblar.

El mismo impulso que antes te investía atalaya
ahora se endereza a que consigas que te cambien más veces de pañal,
a que seas más diestro que nadie en esconder comida bajo la sábana,
a que te apropies antes que los otros viejos de las revistas del corazón,
a que roces  durante más segundos las piernas de la médica.

¡Y a que siempre se vea el canal que elegís vos!

(Un monje microscópico
que se extravió en tu sangre
y que hace sus asanas
en un glóbulo rojo
te pide que prediques:
“ahora y aquí
no se recomienda
estar en el aquí y el ahora”).    

Los lentos pensionistas
quieren saber por qué ya no clamás que los humanos son fantasmas,
ni los comparás ya con rosas, -¡antes lo hacías aunque se tratara sólo de varones!-
ni les sugerís ya epitafios,
ni susurrás más al oído del agonizante:  “¡Es sólo una zambullida!”.

Se amontonan a tu alrededor y sacuden la cabeza y enderezan las orejas como perros. ¡Decíles algo!

¡Vamos! ¡Pensá que estos viejos son la primera fila de la gran batalla!
Son, de todas las ristras de humanos que se formaron y deshicieron durante tu vida,
aquella a la que le tocará atisbar el color desconocido de tu muerte.
¡Son los que apagarán la televisión! ¡Los que soltarán las revistas!


*_*


¡Despertá…! Si no a vos la muerte te va a llevar así nomás…


En: “Poesía reunida”, Ruinas Circulates, 2012.
Rubén Reches (Buenos Aires, 5 de diciembre de 1949).

Foto: RR x Lidia Rocha, en FB.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Alfredo Veiravé, Como la caliente araña devoradora


NO SMOKING

En el país de la Yegua Tordilla hay órdenes que cumplir:
                una de ellas, quizás la más conveniente
                      No fumar.
Que se atrevan a vivir en la poesía como decía
                André Breton, y cumplir órdenes. Como si prohibiendo
como decía aquel pasajero de la locura no se van a caer los aviones.
No fumar, no en nombre de los árboles del pulmón
                que vistos desde arriba parecen las sombras del planeta Tierra;
no en relación con un fuego central que el humo quiere
apagar en la casa de la oscuridad del Popol Vuh, en el infierno de las
torturas, en las hojas de tabaco que ofrecen al de los ojos vendados como regalo de Fin de Año.
Los testigos perdidos en el humo
                de aquellas hojas femeninas serán colocados como castigo
                en un lecho de hormigas insomnes.
Pero, qué fragancia de crujientes olores y de aves remotas
                sube por tus costillas de plantaciones manuales cuando
las miro a través del lenguaje que no habla, ese humo que queda flotando en el ambiente.
Cuando la luz roja se apaga el pasajero
supone que las extrañas costumbres del colibrí, su erotismo,
                vuela hacia el cielo de profundos besos
                por una constelación de nubarrones,
                         negros
como la caliente araña devoradora.



En: “Radar en la tormenta”, Sudamericana, 1985.
Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 – Resistencia, Chaco, 1991).

Foto: AV en contratapa libro, s/e. 

martes, 2 de diciembre de 2014

Juan José Saer, Vimos con Holmes la lluvia desde el carruaje


RECUERDOS DEL DOCTOR WATSON

a José C. Chiaramonte

Vimos con Holmes la lluvia desde el carruaje
en la hermosa avenida Brixton, yendo hacia Andley´s Court.
Esta tarde en el Concert Hall oiremos cantar a Norman Neruda
Ráfagas mudas de agua lenta golpeaban contra los vidrios, férrea
realidad nos rodeaba y nos movíamos en ella, nítidos. Puedo
si quiero, evocar el preciso rumor de la ruedas sobre las piedras mojadas
y el resoplar de los caballos atravesando la ciudad familiar.
Ladrillos rojos chorreando agua, hombres borrosos en la lluvia:
la luz de gas manchaba la oscuridad matinal. Siento otra vez, con noble
fruición, el peso cálido y el vaho de nuestros abrigos,
la mirada de un muerto en honda persecución
golpeando contra el revés de mi mente. Hombres del porvenir, plagados
de irrealidad, para ustedes nunca este collar
de sólidos minutos, este edificio de horas de piedra. La niebla
carcomerá las paredes de Londres y el corazón de nuestra descendencia
yacerá débil o muerto, ciego humo amarillo. Honda
es nuestra pobre vida en comparación y benditos
nuestro violín, nuestra fiebre de Afghanistán, nuestra deliberada morfina.


En: “El arte de narrar. Poemas (1960-1987)”, Seix Barral, 2000.
Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, 1937 – París, 2005).
Ilustración de portada: Sydney Paget (Londres, 1860-1908).

viernes, 28 de noviembre de 2014

Valeria Assenza Parisi, Los perros amarillos de la nostalgia


ALIENTO

Cuando este aliento,
animal empenado
en romper la lengua
y abrir palabras,
es sólo bruma
que tristea el cuerpo
los perros amarillos
de la nostalgia
siempre mueven el rabo
                                siempre van
vuelven siempre
con mis muertos
en la boca.


NATURA

I
Hoy puedo
prescindir
de mi boca

una sinfonía
de insectos
el grave pastar
de las vacas
y los pájaros
alrededor
dicen
lo que vale.

II
Hoy debo
prescindir
de mi boca

una palabra
y cambio
el correr
del viento.

III
Mi boca
neurótica
se arrodilla
cuando
ella habla


VANGUARDIAS

Cuando la vida le hace el amor
a la muerte
las cabezas vuelan sobre los cuervos
y los cuerpos visitan a los gusanos
el muy artista se hace insecto
y devela el revés de la historia.


DUDAS

No se porqué mantener
los muertos atildados,
prolijitos, perfumados;
porqué guardar huesos
en cajas, bóvedas,
absurdas ciudades con llaves;
no sé porqué sembrarlos;
porqué no el aire?

No sé porqué la manía
de ordenar la muerte
si cuando muerde
lo revuelve todo


EMPEÑOS

Este cantar de las derrotas
del día
saboreando piedras
y lamentaciones de sombras

Este cantar cansado
perdido en lo que
fue nunca y
será jamás.

Pero el aliento
ah! este aliento
que nace de dónde
y hacia dónde
con todas hojitas
verdes verdes
que crecen por sus grietas.


BACO

A Fer

Si una tarde de invierno
las uvas maduran punto
vino
corra usted a la estación.

La maravilla pasa.

Las sirenas y  los diablos
conjuran los andenes
anudan deseos como vagones 
remontan  barriletes y futuro

Vino

brinde y quede volcado
ombligo al sol
corra  vaya  vea  cuente.

La maravilla pasa.


A LA VUELTA DEL UNZUÉ 

A Mati

Tenía el día
completo en el bolsillo,
la ventana para
mañana
un después como
quien más…

Entonces
el disparo al oído
y otra vez agujero
guirnalda usada
zapato solo

A la vuelta del Unzué
caí esa noche
con tu cara completa
de sol.



olvidé
si hacía jueves o llovía
si era sol o martes
a/penas se de un mes
cuando fuimos
absurdos
jóvenes tristes
a tu ceremonia
del partir.



En: “A la vuelta de Unzué”, Ediciones estación Quilmes, 2014. Selección de textos Jmp.
Valeria Assenza Parisi (1968).

Foto: Archivo Ediciones Estación Quilmes. 

jueves, 27 de noviembre de 2014

Alfredo Veiravé, Como un ejecutante de jazz que improvisa sus temas bajo el vuelo de los loros


ESPECIES VEGETALES

La palmera pindó es una envidiable introvertida
como un ejecutante de jazz que improvisa sus temas bajo el vuelo
               de los loros,
       el jacaranda en cambio es un árbol femenino
sin inhibiciones y más bien con un orgullo legítimo por su belleza;
el palo borracho aún pálido y anémico por el problema de sus glándulas
jamás puede disimular ese complejo de su apariencia que lo hace
desconfiar de todas las conversaciones en las cuales cree
      oír alusiones a sus formas.
Solamente el gomero, suave y refinado, silencioso y seguro de sí mismo
cultiva el arte de la percepción frente a los más severos críticos
y con buenos modales en las fiestas mundanas
sonríe para adentro sabiéndose dueño de un secreto poderoso.


En: “Historia natural”, Editorial Sudamericana, 1980.
Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 – Resistencia, Chaco, 1991).
Foto: Jmp. City Bell, pindó y jacarandá (detalle), 27/11/14. 

martes, 25 de noviembre de 2014

Fernando Delgado, Cuando hace frío




ÚLTIMAS VOCES EN EL COLUMPIO

Ahora voy 
ya vengo
estoy arriba
voy abajo
más cerca
más lejos que se mueve
ahora hormiga
rascacielos
un ojo en la rodilla
una ciruela en la cabeza
estoy arriba
abajo
¿qué querés Juan?

que bajes papá.



LECTURA DE APARATOS

El hombre de la cama 14
hace rayitas en la pantalla
una mujer de blanco
muy generosa
inyecta sonrisas al corazón
el parte de las once dice
tranquilos
está todo bien.



ARGUMENTOS

Cuando hace frío
y colgamos la mirada
los recuerdos,
vamos y venimos
hablamos con nosotros
de nosotros
argumentamos todo
ordenamos el mundo,
pero cuando llega la noche
ahogados de infierno
apilamos los huesos
en el rincón de los vencidos.



AQUÍ

En esta sombra mordida del alba
todo vuela inflamable
tanta cosa de lejos
¿qué cansancio robusto
en las paredes del aire?
¿qué infierno cabe en lo que falta?
Sin pudor nace otro día


PIROPOS

Cantan colgados del andamio
como si fueran pájaros de contento,
una abuela mira hacia arriba
y recuerda la vida
como un salto al vacío.



DEBERES INEXCUSABLES PARA ASESINOS

Que no puedan
Ojalá no puedan
Quitarse los ojos
Pintarse en la cara
Árboles
Cordones
Que no puedan
Acariciar un libro
Una palabra
Un hijo
Cómo me gustaría
Que no puedan
Que no puedan más
De oscuridad



DESMEDIDO
                                                                              
A la memoria de Mati

Otra vez
me desmido
otra vez
en pedazos
en menos cero
otra vez
al rincón
a empezar de nuevo
a que nada se parezca
y todo
otra vez
a frotar el alma de dios
contra la oscuridad
los fantasmas
otra vez
a soltar los barcos de la memoria
a temblar en otras aguas
en otros brazos
otra vez
por el agujero de la verdad
el abismo
otra vez.



DIGAN QUE ME VIERON

Si alguien pregunta
digan que me llevó el viento
que salí de ganas
como un condenado
a pegarme el sol
otro mundo de este mundo
si realmente alguien pregunta
digan que me vieron
revolver la infancia
caminar sobre las ruinas
digan que estoy muy ocupado
que busco una escafandra
para esta vida.



En: “Desmedido”, Ediciones Estación Quilmes, 2014. Selección de textos: Jmp.
Fernando Delgado (Wilde, Avellaneda, 1954). Vive en Quilmes. Poeta.

Foto: FD, archivo Estación Quilmes. 

domingo, 23 de noviembre de 2014

Alfredo Veiravé, Cuando Beatrice se bajó de sus coturnos griegos


DESCENSO A LOS INFIERNOS DANTESCOS

Cuando Beatrice se bajó de sus coturnos griegos
de sus frívolos zapatos con plataforma
y quedó balanceándose a la altura de mis hombros
vi sin las trampas de las modas femeninas
por qué razón Virgilio se quema en los infiernos




En: “Radar en la tormenta”, Sudamericana, 1985.
Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 – Resistencia, Chaco, 1991).
Imagen: Dante y Virgilio en el infierno (La barca de Dante), 1822, Eugene Delacroix. 

viernes, 21 de noviembre de 2014

Pablo Queralt, Yo pasé por tu cuerpo amarillo cada día de verano



LA PISCINA 
(fragmento)


El sol de las 2 de la tarde y todo el calor en el aire sus
ojos verdes la cadera bailando en su tanga cada pie
avanza felino escalando el abanico sobre el borde de
la cerecita salpicada por el agua celeste de la pileta
maremoto silencioso



Yo pasé por tu cuerpo amarillo cada día de verano en
el silencio mitad de cielo de esa cruda belleza lútea
callado en el agua dulce de la tarde en tu carne a la
intemperie germinando siguiendo deshojando como
un ciego alucinado la sed total hambrientos al sol en
la sal del aire calcinados ardientes gloriosos boca a
boca midiendo la locura en el ácido perfume de la
hora mortal



la pileta más divina más liviana el cielo abierto en esa
nube que no dejamos
estrellas que miramos en la oscuridad más allá de
nuestros cuerpos morados de plata salados
apretujados mordidos y dulces



así en el apuro encrespado en la oscuridad de una
misma línea de flotación en el movimiento
ascendente descendente en cada ocaso semen del
agua del hidrogeno salados dulces en el agrupar de
nubes en el acá donde todo se hace



otro remanso tinta al óleo de orgasmos de la
serigrafía bichos de seda hadas vis donde la mañana
viene saliendo



entras por la ventana a sus colmenas de platino a
fuerza de pasión mordiendo sus hombros hocicando
como animales con su noche con su día en la piscina
tragándose el mundo a picos de senos en un sudor de
vaselinas aguas murmullo eco pequeña marea



ese buque ese transatlántico hermosa charlotte que
recorro camino babeo baboseo beso respiro
transpiro muerdo marchando gozando cantando los
dos la arritmia bañante bajo el esmeril de las elásticas
nalgas



carne que es perfume sazón sembrando deseo de
agarrarla de que seas mi zodiaco mi muñeca de
muñecas de cara láctea que jugó con todas las hijas
con su pericia que mordí besé mitología que me
asegura estrofas enérgicas esbelta entregada a mi
aridez caballuna al hechizo juego orinando en la
esquina de placer y necesidad



ella a tus plantas bañada en agua champagne agua
del semen del rocío de la saliva escurriendo entre los
labios sobadas y moños en la maravilla lengua reseca
en el frenesí la entrepierna al sol sencilla flora y los
globos de agua detrás del cielo azul



Yo la seguí disfrutándola ensartándola cada vez con
una cara de recién llegada otra tentación nueva en
nimbos chispas de celo que soplan el lila para ver que
hay debajo ahora ella maneja obediente gustosa tete
a tete este amorío de frutos acuosos partículas puras
a oscuras enamoradísimos moldes de los cuerpos
tendidos detrás de los follajes las nubes


acompasados en esa partitura verdosa luz de los
eucaliptos soltando su bálsamo su círculo su poco de
aire de los fines de semana idos aspirados en ese
humus silencio de los filtros.



instantes de sombras que van en nuestras manos
bocas unidas golpe a golpe rozándonos al ras con sus
ritmos de quién es en esta agua cristal corpórea
lavados en esta marea de una profundidad mayor a lo
que nuestra mente soñó en el agua bajo los ciruelos
en nuestra sangre pintada de tankas.



En: “La piscina”, Ediciones Karakartón, España, 2014. Selección de textos: Jmp.
Pablo Queralt (Buenos Aires, 1955).
Portada: Romy Schneider en el film “La piscina” de Jacques Deray, 1969.