jueves, 29 de septiembre de 2016

Silvia Camerotto, Leo bajo el olor rancio del purificador


ENTREGA

El sábado llamaron para decir que el sable estaba listo
Voy a la cocina y sumerjo una cuchara en la taza de café
con la misma lentitud con la que suena
una sinfonía metálica de vainas sobre la pared de piedra
Como en un mapa antiguo
cavo y descavo grampas en la pared
Entrenamientos supinos de la conquista
Solo hace falta un auricular para sostener
la ingravidez preparada a conciencia
la frecuencia con que aceramos las armas.


DEVEGUT

No era cuestión de quedarse con los adminículos
con que se monta una casa:
elegimos la fuente más honda y una docena de cubiertos
El maelstrom donde se fríen los huevos y raspamos el fondo
Placebos para la iniquidad
Ellos gritan en el cuarto de arriba y el café
chorrea sobre los zapatos que dejaste al costado de la mesa
Yo leo bajo el olor rancio del purificador.


EL OTRO

Este es el reino de dos hornallas
platos que se confunden con el hule descolorido
y fermentos de sartenes mugrientas
Pan con hombre ¡alabado seas!
Que no nazca del agua y del espíritu un muerto asomando al vacío
La remoción concluye en el patio del primer piso donde
los vecinos escuchan la Grosse Fuge
Esto se llama perseverancia, decís, con la ventana abierta
mientras mirás a la que estudia medicina
Un pie de barro otro de hierro
altura y resistencia en los restos de una estatua
No temas, seguirá siendo el reino pulverizado
De la cama al trabajo y del trabajo, cada uno a su casa.


TEMPO

Entramos a casa para fugarnos de toda realidad
en la frecuencia infinita de una conexión inalámbrica
no nos damos cuenta
dónde se cuecen las excepciones a las antiguas certezas
Entonces prendés la luz
y hacés la única afirmación que te escuché decir en años:
Voy a comprar un reloj.


HAMBRE

No es cosa de mujeres, decís, mientras me arreglo la pollera
antes de que vuelvan
Busco vino en la heladera
El frasco de mermelada todavía huele a grasa
y la Grosse Fugue no termina nunca
La panera se llenó de migas de pan de ayer
Esta noche cocinás vos para reforzar el reino
Hacéme compañía, pedís
A mí se me fueron las ganas de comer


MÚSICA

                                                                                Why should calamity be full of words?
                                                                                Shakespeare, Richard III

Tocaste un subdominante en fuga
Mi pelo de mujer descansa sobre tu almohada:
el punto de reposo de la duración de las figuras
en tu espalda
en los artefactos del baño
en la pintura blanca del techo
Después de más de treinta años
la connivencia se convierte en gesto de triunfo
Vinimos de lo que somos
no del pollo que almorzamos esta tarde
no de las flores que enviaste
no de la utopía formal con que me sacás la ropa
sino de la alegoría de la rosa
de la aburrida música de Mozart
de la calamidad de los cuerpos.


ACELDAMA

Subimos por los ascensores
abrimos la puerta
ventilamos las sábanas
dejamos levar el pan mientras la ropa humea en una soga
Miramos fotos viejas
buscamos libros, ausencias
Soportamos una historia sin goce
y repasamos la bondad del destino:
procrastinar.
Guardamos la fruta que se pudre en la respiración de la casa
Cerramos la puerta.


Selección de poemas: Jmp. En: “La Grosse Fuge”, Ediciones del Dock, 2012.
Silvia Camerotto (Buenos Aires, 1959). Foto: SC en FB.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Fabián San Miguel, El gran poema ciego


MORRISON SQUARE
(Escenas para una película biológica)


Hay un crujido en la pantalla

secos matorrales se abren
para dar paso a las figuras
de un desfile perpetuo

un cielo y un infierno escenográficos

reflejan sobre el pavimento
húmedo
la salvaje simetría
de algunos cuerpos
indios
amarrados por las entrañas

–¡Ha habido un accidente!
gritan los espectadores ocasionales

mientras fuera de cuadro
el cántico de un niño crece
entre pasiones extáticas

hacia el fondo de las escena
la ruta se transforma

y con la claridad pagana
de la luna
eclosionan en ella
serpientes
como imágenes de la sangre

con las que el niño-lagarto
sobrevivirá a sus ojos
cambiando de piel
como un laberinto

¡Mírenlo vestido de ácido!

Su cuerpo se mece
en la boca dela imagen
por un camino de huesos
que la vegetación del mar
arrancó de sus pies 

y en su mente
el asesino entra a una habitación
con la máscara de un viejo guerrero

la madre-tótem
descansa sobre un espejo falso
mientras el padre desnuda
el último verso
de una canción funeraria

¡Miren al niño!

Hace fluir la marea nocturna
con la suficiente paciencia
para derrotar acantilados

saca la lengua hacia los contornos

y en un fundido a negro
viaja
hacia la imagen de su muerte

¿Vieron en la oscuridad  
a la niña de sexo que atrae?

Su cuerpo posee la voz
que se extiende
como la melancolía

un racimo de palabras
también
es un instrumento de tortura

el ritmo
el golpe o su eco

quién
a esta altura
puede atrapar
a los perros del deseo

sino el vagabundo
que existe en los ojos

Aquí

en la gran caverna de la mente
como en un útero de cenizas
las paredes están tatuadas

profundas escenas de guerras y orgías

aquí en la gran caverna del niño
siente que sus pies son de agua
y su boca dos párpados rojos
por la cacería

aquí

donde el gran poema ciego
exhibe sus rastros en 16 mm.

un plano americano
de los suburbios de París

y el negro alboroto de los bares
fundiéndose en la escena
con una bañera que respira
las canciones
de un cuerpo de celuloide

la imagen final del rito en 16 mm.

la visión de Dionisios
con moscas en los labios.

a Jim Morrison


En: “Perros de la belleza”, Ediciones Último Reino, 1996.
Fabián San Miguel (Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, 1964 – Buenos Aires, 8 de noviembre de 2013).

martes, 27 de septiembre de 2016

Guillermo Saccomanno, El grito en el bosque


ARTE POÉTICA

Toda metáfora es ilusoria. Todo texto, pura precariedad contra el olvido, cuerpos más dóciles.


CONFESIONES

Y seguir contra la página en blanco
donde el poema es lo de más
como si la vida fuera lo de menos.


ANTONIN ARTAUD

La belleza fulgura un instante.
La razón está destrozada.
Y está bien que así sea: ese es su modo, su vieja maña de iluminar los lobos, la oscuridad.
Velo que rasga el grito en el bosque de los huérfanos del delirio.


ARTE POÉTICA

Afilar el poema, sus constancias
insuficientes, no basta.
En todo caso, la conciencia
purgará sus remordimientos
y palabras
si valieran
por acciones
                    que tampoco.


WILLIAM BLAKE

Aceptas los sacramentos
de la perversidad, su pureza.
En tus ojos brilla la inteligencia
del mal. Has entendido que toda pasión es una
y la misma, relaciones sin entrada.
Mientras tanto, palabras en suma, mariposas
nocturnas, trampas para ninguna presa.
Persigues al inalcanzable tigre
cebado en los dibujos de tu sangre,
huyendo en la noche, bautizado amor
como si no fuera serpiente.


VINCENT

No son estas dos sillas. No es una ventana entreabierta. No es una cama. Ni el cuadro sobre la pared sobre la cama, tampoco. Ni es el piso ni es la puerta. Ni son las cosas sobre la mesa. Ni esa toalla (¿toalla?) o ese repasador (¿repasador?), ese trapo (¿trapo?) junto a la puerta.
No es eso, Vincent. Es el infierno.
No el color.
No.
Es uno.


Breve selección de textos, del primer y único libro de poemas publicado por GS. En: “Partida de caza”, Editorial Rodolfo Alonso, 1979.
Guillermo Saccomanno (Barrio de Mataderos, Buenos Aires, 1948). Imagen: Vincent Van Gogh, “El dormitorio de Arlés”, primera versión, 1888. 

lunes, 26 de septiembre de 2016

María Neder, Quemarme todos los inviernos con el mismo frío


BODY AND SOUL

Construirte/montar cada palabra
sobre el falo de ti misma
hembra macho brutal espada poesía
voz/sonido en el aire
explosión quebrándome los huesos
aquí me tenés, renga, viciosa
lamiéndote y desaforada
por escribir/darte en el centro
con este lápiz
con la palabra –siempre la misma sed-
derramarme en oídos de otra lengua
seguir en la respiración alucinada
sin hallar el lugar donde el pie se apoye
exhausta
yo mujer mi hacedora
¡si pudiera!


FISURA DE BOCA

En el espejo hay una cebra.
Subir el volumen de su pelaje y ojos de luna.
Enunciarla.
Una voz en celo.
Una cebra en espejo amanece
por cada línea oscura invitadora.

Ir/yendo hacia los lugares peligrosos
subir una zona real e insegura por lo tanto.
En celo.

Humedecer los gritos
                      -no deberíamos tener tantos nombres-
y decir esta hambruna envuelta en trapos de red
es el hambre de mí.

Ponerse al revés la camisa
y las costuras de mis pieles a la intemperie.
Lamerme la cara a la cebra
en ascenso salvaje
salida del marco del espejo
y lamerme los huecos otra vez
                     -no deberíamos tener tantos nombres-.

La cebra se despega de citas furtivas.
El tren no para en todas las estaciones
las ventanillas espejan escondites de furia
muchos demorados escondites.

Es la caída de todos los templos
ante los ojos de luna de mi cebra en celo.
                       ¿Se equivocan menos las manos?

Qué abajo el suelo y las baldosas, sí
cuatro líneas era cuando las pisaba,
se han convertido en figuras geométricas ideales.

El diccionario no le sirve a nadie,

ella es tímida y difícilmente domesticable
sabe que está en peligro de extinción

hay que subir el volumen de
un bramido fuego orgasmo vuelo pequeña muerte

sentir el temblor
la otra parte
escapada por el tejido abierto.


VICIOS
(Tanti ani prima)

I
Ponerme aquel saco sastre
para oírte, padre:
“ser feliz sin un mango en el bolsillo”.

VII
Escribir y tachar y tachar escribir y tachar.

X
Tomar el mate del desayuno
como si vos, madre, lo cebaras.

XIV
Quemarme todos los inviernos con el mismo frío.

XV
No limpiar el vómito del teléfono.

XX
Volver a tu boca.


En: “Fisura de boca”, Alción Editora, 2003.
María Neder (Buenos Aires). Vive en Villa de Merlo, provincia de San Luis. 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Rubén Sevlever, El clima lúcido de danza en la fiesta perpetua


I
NOCTURNO

La noche trae como un vuelo
su aire,
su perfume distinto.
La noche dilata libremente
sus aspas de molino
abarcando espacios, ríos inmemoriales, 
donde el ojo no sufre su derrota.
Estrellas, giros, círculos 
Cuando caen las espadas veloces de la sombra
diminutos pájaros de plata
dormitan en el brillo único del mar
aprisionado en el vacío.


II
PENETRACIÓN

Tanto y tanto se asemeja
La mirada de la Esfinge
al conocimiento dramático de la luz
que el que mira fijamente
se diluye interminablemente solo,
pasajero de la noche de su cuerpo que huye,
ajeno a la muerte que permanece
y se distiende con su sola quemadura
expuesta al sol, conjuro total que anonada
y hace crecer de nuevo la sed
en el desierto curvo que progresa
y se distancia.


III
RASGOS

Las nubes bajan o se convierten
en escudos para el lento martirio.

Todo se somete;  
hierven apeñuscadas raíces
en la tierra seca.

El aliento curvado de los hombres
carece de excelsitud o memoria;
claros días yacen como hojas aplastadas,
hay humo en los papeles.

Tibias señales giran en el viento
cuando el horizonte arde.


V
QUÉ OLEAJES

Qué oleajes pueden, de pronto,
de ti, de mí,
iluminar el sendero;
qué vertientes remotas ascienden
entre los graves vaivenes definitivos
y nos inclinan
a los rituales inalcanzables,
a las profundas mordeduras
de lo intangible?


VI
PAISAJE

Cae la tarde,
un profundo giro de luz enciende todas las alturas,
abre fuentes, sobre la comba pesadumbre
de los árboles.
Todo regresa en lentitud. El tiempo se extiende.
El nacer, el morir, se abren en la mirada,
los destellos,
en una suave cintura de horizontes derrumbados.


VII
LA POESÍA Y EL AIRE

El aire viene, impregnado, riente, suelto
y las leves orillas de su mundo se estremecen.

¿Quién se sumerge en él sin rozar su altura,
el bosque de iluminadas persianas hacia lo alto
que irradia,
el clima lúcido de danza en la fiesta perpetua
de sus ondas,
lo que anida de estelares anhelos
de confusas perlas innominadas,
lo que el hombre sabe más allá de su frente opaca,
atada a la ciudad de muros grises,
             de números y sigilos?


VIII
PEZ VOLADOR

En curva ciega salta de la espectral profundidad,
del verde alvéolo conmovido en la penumbra,
de la floresta sanguínea en escalas refractantes
al tenaz azul de la distancia, al miraje ondulado.

Surca el submarino desvelo, ojo tenso, horadante,
impulsado por el imán salino del aire, extraña red
de otro mundo salvaje, de incendios amarillos y totales.

Con certero ritmo inicia el arabesco, la danza
que ocultos instrumentos armonizan, que oídos
de infinito espiral pulsan en su equilibrio,
que alertas de níveos Nijinskys increíbles inspiran.



Selección de textos: Jmp. En: “Poemas. 1956 – 1964”, Editorial Biblioteca popular Constancio C. Vigil, 1966.
Rubén Sevlever (Rosario, 1932 – 2011).

viernes, 23 de septiembre de 2016

Charles Bukowski, Todavía puedo escribir un poema


EL DÍA QUE TIRÉ UNA CUENTA DE BANCO POR LA VENTANA

y, yo dije, puedes tomar tus tíos y tías ricos
y abuelos y padres
y todo su asqueroso petróleo
y sus siete lagos
y sus pavos salvajes
y los búfalos
y todo el estado de Texas
queriendo decir, tu explosión de graznidos
y tus caminatas de sábado a la noche por la rambla
y tu pequeña biblioteca selecta
y tus políticos coimeros
y tus artistas intelectuales
puedes tomar todo esto
y tu periódico semanario
y tus famosos tornadas
y tus sucias inundaciones
y todos tus gatos maullantes
y tu suscripción a Life
y, nena,
refriégatelos.
Yo puedo manejar un pico y un hacha (pienso)
y puedo ganar
25 dólares con una changa (tal vez)
claro, tengo 38 años
pero un poco de tintura puede arrancar el gris
de mi cabeza;
y todavía puedo escribir un poema (a veces)
no te olvides nunca de eso y aun cuando
no me haga ganar nada,
es mejor que esperar a la muerte y al petróleo
y asesinar pavos salvajes
y esperar que el mundo comience,

muy bien, atorrante, dijo ella,
vete.

¿qué? dije yo.
afuera. has dicho tu última fanfarronada.
estoy cansada de tus malditas fanfarronadas:
siempre actúas como un
personaje
de una pieza de O'Neill.

pero yo soy diferente, nena,
no puedo cambiar.

eres diferente, ¡muy bien!
¡Dios, qué diferente
no golpees la puerta
cuando salgas.

pero, nena, yo amo tu
dinero!

ni una vez has dicho
que me amabas a mí!

¿qué quieres
un mentiroso o
un amante?

no eres ni lo uno ni lo otro,
¡afuera, vago, afuera!

¡... pero, nena!

¡vuelve a O'Neill!

caminé hacia la puerta,
la cerré suavemente y me fui
pensando: todo lo que ellos quieren
es un indio de madera
que dice sí y no
y se para cerca del fuego
y no hace mucho lío.
pero te estás poniendo viejo, mi querido,
la próxima vez jugala
más cerca
del chaleco.



De: “Poemas de largo alcance para jugadores arruinados”. En: “Nueva Poesía U.S.A. De Ezra Pound a Bob Dylan”, Ediciones de La Flor, 1970. Traducción: Marcelo Covián.
Charles Bukowski (Alemania, 16 de agosto de 1920 – EEUU, 9 de marzo de 1994). 

jueves, 22 de septiembre de 2016

Gregory Corso, Quién cuidará de los gatos


SUICIDIO EN GREENWICH VILLAGE

Brazos abiertos
manos planas contra los costados de la ventana
Ella baja la vista
Piensa en Bartok, Van Gogh
Y los chicos del New Yorker
Cae

Se la llevan con un Daily News sobre la cara
Y un tendero arroja agua caliente en la vereda


SALOMA MARINA

Mi madre odia el mar
mi mar en especial
Le advertí que no lo hiciera
fue todo lo que pude hacer
Dos años después
el mar se la comió
Sobre la orilla encontré un raro
aunque delicioso alimento
Pregunté al mar si podía comerlo
y el mar dijo que podía
– Oh mar, ¿qué pez es éste
tan tierno y tan dulce?
– Los pies de tu madre.


QUERIDA MUCHACHA

Con la gente conforme
Lejos de los muebles pre-rafaelistas
Ocupo la casa
Dispuesto para comer contigo y dormir contigo

Pero cuando el espíritu conquistado se libere
Y señale una luz nueva
¿quién cuidará de los gatos?


En: “Poesía beat”, Ediciones Colihue, 2004. Traducción: Elvio Gandolfo.
Gregory Corso (Nueva York, EEUU, 26 de marzo de 1930 – Minneapolis, 17 de enero de 2001).

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Bob Dylan, Antes que la lluvia comience a caer


UNA FUERTE LLUVIA VA A CAER

¿Dónde has estado mi hijo
de los ojos azules?
¿Dónde has estado mi pequeño
querido?
He tropezado en el costado de doce montañas nubladas
He caminado y gateado en seis autopistas inclinadas
Me he parado en el medio de siete forestas tristes
He estado afuera de frente a una docena de océanos muertos
He estado diez mil millas en la boca de una tumba
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿Qué has visto mi hijo
de los ojos azules?
¿Qué has visto mi pequeño
querido?
Vi a un niño recién nacido con lobos salvajes a su alrededor
Vi una carretera de oro sin nadie en ella
Vi una rama negra con sangre que seguía cayendo
Vi un cuarto lleno de hombres con martillos ensangrentados
Vi una blanca escalera toda cubierta de agua
Vi diez mil conversadores con las lenguas todas rotas
Vi revólveres y espadas filosas en las manos de pequeños
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿Qué escuchaste mi hijo
de los ojos azules?
¿Qué escuchaste mi pequeño
querido?
Escuché el sonido del relámpago que bramaba advertencias
Escuché el rugido de una ola capaz de inundar al mundo entero
Escuché a cien tam-tams cuyas manos estaban incendiadas
Escuché a diez mil murmurando y nadie escuchaba
Escuché a una persona morir de hambre y a muchos reírse
Escuché la canción de un poeta que murió en el arroyo
Escuché los sonidos de un payaso que lloraba en el callejón
Escuché el sonido de una persona que clamaba ser humano
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿A quién encontraste mi hijo
de los ojos azules?
¿A quién encontraste mi pequeño
querido?
Encontré a un chico al lado de un pony muerto
Encontré a un blanco arrastrando a un perro negro
Encontré a una joven cuyo cuerpo se quemaba
Encontré a un joven que estaba herido de amor
Encontré otro hombre herido de odio
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.

¿Qué harás ahora mi hijo
de los ojos azules?
¿Qué harás ahora mi pequeño
querido?
Me voy afuera antes que la lluvia comience a caer
Caminaré hacia las profundidades de la foresta oscura más profunda
Donde la gente es numerosa y sus manos están vacías
Donde las píldoras de veneno están inundando sus aguas
Donde la casa del valle encuentra la prisión húmeda y vacía
Donde el rostro del verdugo está siempre bien escondido
Donde el hambre es feo, donde las almas son olvidadas
Donde el color es negro, donde nada es el número
Y yo diré y lo hablaré y lo pensaré y lo respiraré
Y lo reflejaré desde la montaña para que todas las almas lo puedan ver
Entonces me pararé sobre el océano hasta empezar a hundirme
Pero sabré bien mi canción antes de empezar a cantar
Y es una fuerte, fuerte, fuerte, fuerte
Y es una fuerte lluvia la que va a caer.




En: “Nueva poesía de USA. De Ezra Poubd a Bob Dylan”, Ediciones de La Flor, 1970. Traducción: Marcelo Covián. Tema incluido en el elepé “The Freewheelin' Bob Dylan”, 1963.
Bob Dylan (Minessota, EEUU, 1941).
“A Hard Rains Gonna Fall”, en vivo, 1963.

martes, 20 de septiembre de 2016

Alicia Eguren, Poema a los cabecitas negras


POEMA A LOS CABECITAS NEGRAS

Dejadme sonreír;
permitidme que sonría con la certidumbre manca de los hombres
bizcándome cada parte de nuestra humanidad.

Aquí, en Buenos Aires,
de acuerdo con la cartografía que yo apuntalo
se desparrama una fortaleza
de la cual siempre he hablado
y que morirá hablando
a través de mi cuerpo:
Buenos Aires.
Entre un río que golpea
desatinada y genesíacamente
todos los tiempos de la terrible felicidad humana.
Entre ese río y la dispersión rala
de los extramuros,
y después el campo,
la planicie de sedimento.
Dentro de este contorno polémico,
Buenos Aires.
Hombres polémicos
que estamparán su pena en la noche estrellada:
Buenos Aires.
… Y volcando,
desencadenando sus represas perfectas
el Norte ya cantado,
represas fijas al fondo,
al fondo de la tierra
por el cuño d Dios, no las obras de Dios,
por el esqueleto de Dios, no la revelación de Dios.
¿Por estos minutos huecos de tierra
debemos recomenzar la búsqueda?
Hemos palpado al nacer,
en nosotros,
glóbulos,
glóbulos perfectos
que impensadamente también
por estos espacios del mundo nuestro:
Buenos Aires.
Pero cuando el flanco se agita
con la final molicie,
cuando el descuajado talud se abandona
a su resbaladizo e incontenible fin,
el corazón que ama la plenitud
despliega su alarido
despeña su urgente necesidad de aurora,
y entonces el Norte
nuevamente
como también eterna
eternamente,
por los diminutos huecos de tierra
comienza a arrojar
las amontonadas
las contenidas represas
las infinitas gotas
los receptáculos del vino añejo;
cabezas,
cabecitas negras,
padres en los frutos válidos.

Dejadme sonreír,
permitidme que sonría…
¿Alguien,
algunos
acaso pueden
pueden todavía vencer a la Muerte?


En: “El talud descuajado”, Ediciones Sexto Continente, Buenos Aires, 1951.
Alicia Eguren (Buenos Aires, 11 de octubre de 1924 – Secuestrada-desaparecida desde el 26 de enero de 1977).
Imagen. Daniel Santoro. “Vacío y plenitud justicialista”. Óleo, 80 x 80 cm, 2006.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Pier Paolo Pasolini, Cuando la hipocresía te haya muerto


A MÍ

En este mundo culpable, que sólo compra y desprecia, el más culpable soy yo, asolado por la amargura.


A KRUSCHEV

Kruschev, si tú eres el Kruschev que Kruschev no es
pero que es puro ideal, ahora, esperanza viva:
sé Kruschev: sé ese ideal y esa esperanza:
sé como Bruto, que asesina un espíritu y no un cuerpo.


A LOS LITERATOS CONTEMPORÁNEOS

Los veo: existen, continuamos siendo amigos,
felices de vernos y saludarnos, en algún café,
en las casas de las irónicas señoras romanas…
Pero nuestros saludos, las sonrisas, las comunes pasiones,
son actos de una tierra de nadie, una… waste land,
para ustedes: un margen, para mí, entre una historia y la otra.
Ya no podemos realmente estar de acuerdo: tiemblo,
pero es en nosotros que el mundo es enemigo del mundo.


A G. L. RONDI

Eres tan hipócrita, que cuando la hipocresía te haya muerto,
te creerás en el paraíso, y estarás en el infierno.



Nota del coordinador del blog: El poema A G. L. Rondi, seguramente está dedicado al crítico cinematográfico italiano Gian Luigi Roni, nacido en Tirano un 10 de diciembre de 1921. Hasta el momento, vivito y coleando.
En: “Los mares del Sud y otros poemas. Pavese, Pasolini y otros”, CEAL, 1982. Versiones: Rodolfo Alonso.
Pier Paolo Pasolini (Bolonia, Italia, 5 de marzo de 1922 – Ostia, 2 de noviembre de 1975). 

domingo, 18 de septiembre de 2016

Alberto Szpunberg, La mujer que amo no es siempre la mujer que amo


XXVI.

La mujer que amo
no es siempre la mujer que amo.

A veces,
se parece tanto a la mujer que amo
que vuelvo a amarla
como si no la conociera.

Cuando estoy perdido
irrumpe en mis sueños
y me encuentra:
creo que dice mi nombre
para que yo crea que soy yo
pero yo soy otro que la ama.

A veces,
suelo equivocarme
la llamo por su nombre,
pero ella sigue de largo.

Como la casualidad rige sus pasos,
yo sé que viene hacia mí.

Cierra los ojos
hasta que encuentro en sus caricias
las líneas de sus manos
que descifran a tientas mi futuro.


XXVII.

No en el papel
escribo tu nombre,
sino en la trama del papel,
donde aún respira el bosque herido,
el desgarrado tapiz de la memoria.



En: “El libro de Judith, El Suri Porfiado, 2008.
Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940).
Imagen: Sandro Botticelli  “El nacimiento de Venus”, circa 1484–1486. Primer renacimiento, pintura al temple sobre lienzo, 1,72 m x 2,78 m.