viernes, 1 de julio de 2016

Liliana Lukin, Mi pensamiento


MI PENSAMIENTO TIENE DIENTES…

mi pensamiento tiene dientes:
¿como a un hueso duro de roer
mi boca lame tu amor?
sabia la lengua chupa
tus actos uno a uno
y estos dedos enervan
la superficie de tu voluntad

pero mi pensamiento
¿tiene dientes? roe
y mastica según sea
furia o ternura
lo que gritaste en mí
al acabar

lo que en palabras dejó
de ser nombrado
¿eso mi pensamiento muerde?
su jugo nubla esa luz
que llamamos conciencia
¿pero enciende
la que llamamos confusa felicidad?

el paraíso ronda
y mis labios no duermen
sobar los dientes: ¿hueso
tu amor duro es
para mi pensamiento?
no así para mí
boca que lame de roer


En: “Poesía erótica argentina”, selección y prólogo de Daniel Muxica, Manantial, 2002.
Liliana Lukin (Buenos Aires, 1951). Foto: Jugos, Mirella Moretti, 1970. 

miércoles, 29 de junio de 2016

Olga Orozco, Un puñado de polvo


DENSOS VELOS TE CUBREN, POESÍA

No es en este volcán que hay debajo de mi lengua falaz donde te busco,
ni es esta espuma azul que hierve y cristaliza en mi cabeza,
sino en esas regiones que cambian de lugar cuando se nombran,
como el secreto yo
y las indescifrables colonias de otro mundo.

Noches y días con los ojos abiertos bajo el insoportable parpadeo del sol,
atisbando en el cielo una señal,
la sombra de un eclipse fulgurante sobre el rostro del tiempo,
una fisura blanca como un tajo de Dios en la muralla del planeta.
Algo con que alumbrar las sílabas dispersas de un código perdido
para poder leer en estas piedras mi costado invisible.

Pero ningún pentecostés de alas ardientes desciende sobre mí.
¡Variaciones del humo,
retazos de tinieblas con máscaras de plomo,
meteoros innominados que me sustraen la visión entre un batir de puertas!

Noches y días fortificada en la clausura de esta piel,
escarbando en la sangre como un topo,
removiendo en los huesos las fundaciones y las lápidas,
en busca de un indicio como de un talismán que me revierta la división y la caída.
¿Dónde fue sepultada la semilla de mi pequeño verbo aún sin formular?
¿En que Delfos perdido en la corriente
suben como el vapor las voces desasidas que reclaman mi voz para manifestarse?
¿Y cómo asir el signo a la deriva
ese y no cualquier otro
en que debe encarnar cada fragmento de este inmenso silencio?

No hay respuesta que estalle como una constelación entre harapos nocturnos.
¡Apenas si fantasmas insondables de las profundidades,
territorios que comunican con pantanos,
astillas de palabras y guijarros que se disuelven en la insoluble nada!

Sin embargo
ahora mismo
o alguna vez
no sé
quién sabe
puede ser
a través de las dobles espesuras que cierran la salida
o acaso suspendida por un error de siglos en la red del instante
creí verte surgir como una isla
quizás como una barca entre las nubes o un castillo en el que alguien canta
o una gruta que avanza tormentosa con todos los sobrenaturales fuegos encendidos.

¡Ah las manos cortadas,
los ojos que encandilan y el oído que atruena!

¡Un puñado de polvo, mis vocablos!



De: “Mutaciones de la realidad” (1979). En: “Poesía. Antología”, CEAL, 1982.
Olga Orozco (Olga Noemí Gugliotta Orozco, Toay, La Pampa, 17 de marzo de 1920 – Buenos Aires, 15 de agosto de 1999). Foto: Mirella Moretti, “Ella”, 1970.

martes, 28 de junio de 2016

Hugo Mujica, Mi mejor amigo


IN MEMORIAM

     Mi mejor amigo es una rata.

     La encontré un día de lluvia, un día que llovía a cántaros: estaba muerta al borde de una alcantarilla. Fue el gracioso desvío que su cuerpo ocasionaba en el cauce del agua lo que me hizo notarla, lo que inmediatamente despertó mi compasión: ¡tan fría ahora que estaba muerta! ¡tan despreciada por todos cuando estuvo viva! Por eso mismo sentí que podíamos ser amigos, yo su amigo que la cuide, y ella, mi mejor amiga, la que se deje cuidar.

     Desde entonces la cuido, cuido su cadáver claro está, en realidad ya casi no queda ni eso, quedan algunos trocitos de piel que cualquiera pensaría que son los restos de algún pergamino. Un puñadito de pelos grises, o arratonados como suele llamarse a ese color a nada. Y queda la cola, íntegra, íntegra pero seca, como los cordones de mi zapatos.

     Pero el mejor amigo de uno no tiene por qué vivir eternamente, basta con que se deje cuidar mientras esté vivo o mientras quede algo de su muerte que dé sentido a nuestra vida.


En: “Hugo Mujica. Testimonios de fin del milenio, reportaje de Ana Emilia Lahitte”, Vinciguerra, 1997.
Hugo Mujica (Avellaneda, Buenos Aires, 30 de agosto de 1942). Foto: HM en FB.

domingo, 26 de junio de 2016

Olga Orozco, Apenas la mitad del amor



EL JARDÍN DE LAS DELICIAS

     ¿Acaso es nada más que una zona de abismos y volcanes en plena ebullición, redestinada a ciegas para las ceremonias de la especie en esta inexplicable travesía hacia abajo? ¿O tal vez un atajo, una emboscada oscura donde el demonio aspira la inocencia y sella a sangre y fuego su condena en la estirpe del alma? ¿O tan sólo quizás una región marcada como un cruce de encuentro y desencuentro entre dos cuerpos sumisos como soles?

     No. Ni vivero de la Perpetuación, ni fragua del pecado original, ni trampa del instinto, por más que un solo viento exasperado propague a la vez el humo, la combustión y la ceniza. Ni siquiera un lugar, aunque se precipite el firmamento y haya un cielo que huye, innumerable, como todo instantáneo paraíso.

     A solas, sólo un número insensato, un pliegue en las membranas de la ausencia, un relámpago sepultado en un jardín.

     Pero basta el deseo, el sobresalto del amor, la sirena del viaje, y entonces es más bien un nudo tenso en torno al haz de todos los sentidos y sus múltiples ramas ramificadas hasta el árbol de la primera tentación, hasta el jardín de las delicias y sus secretas ciencias de extravío que se expanden de pronto de la cabeza hasta los pies igual que una sonrisa, lo mismo que una red de ansiosos filamentos arrancados al rayo, la corriente erizada reptando en busca del exterminio 0 la salida, escurriéndose adentro, arrastrada por esos sortilegios que son como tentáculos de mar y arrebatan con vértigo indecible hasta el fondo del tacto, hasta el centro sin fin que se desfonda cayendo hacia lo alto, mientras pasa y traspasa esa orgánica noche interrogante de crestas y de hocicos y bocinas, con jadeo de bestia fugitiva, con su flanco azuzado por el látigo del horizonte inalcanzable, con sus ojos abiertos al misterio de la doble tiniebla, derribando con cada sacudida la nebulosa maquinaria del planeta, poniendo en suspensión corolas como labios, esferas como frutos palpitantes, burbujas donde late la espuma de otro mundo, constelaciones extraídas vivas de su prado natal, un éxodo de galaxias semejantes a plumas girando locamente en el gran aluvión, en ese torbellino atronador que ya se precipita por el embudo de la muerte con todo el universo en expansión, con todo el universo en contracción para el parto del cielo, y hace estallar de pronto la redoma y dispersa en la sangre la creación.

     El sexo, sí,
más bien una medida:
la mitad del deseo, que es apenas la mitad del amor.




En: “Poesía. Antología”, CEAL, 1982.
Olga Orozco (Olga Noemí Gugliotta Orozco, Toay, La Pampa, 17 de marzo de 1920 – Buenos Aires, 15 de agosto de 1999).
Imagen: "Meetings in Appleland", collage. Ana Cecilia Adjiman Gache (Buenos Aires, 1974).

sábado, 25 de junio de 2016

Margarita Roncarolo, Vamos a hacer un invento


Vamos a hacer un invento:
Hablan todas juntas sobre postigos, celosías, persianas, ventanas. Cuando vino
de Italia ella tenía dos hijos y estaba embarazada y le preguntaron: “¿Tiene hijos?” “No, tengo dos macetas”, y se metieron en la pieza de noche y con los chicos.

Una sombrilla de playa/ enorme/ de las antiguas/ de hierro/ hallada en la basura.

Abajo

un paraguas/ azul/ con dos varillas rotas/ que uso/ efectivamente/ para la lluvia.

Abajo

una sombrilla pequeña/ de juguete/ de las que usan las niñas/ que juegan/ a ser
damitas.

Abajo

una sombrillita/ china/ de papel/ color pastel/ que protege/ en el espejo del baño/ el
cuerpo de un pajarito.

Vamos a hacer un invento
que nos cubra/ del viento
del desamparo.


Margarita Roncarolo (Córdoba, 1950). Reside en Buenos Aires.
Imagen: "Vamos a salir igual". Collage y acuarela, 17x22 cm. Ana Cecilia Adjiman Gache (Buenos Aires, 18 de noviembre de 1974). 

viernes, 24 de junio de 2016

Claudia Masin, Una caja vacía


EL REGRESO

¿Qué trae el padre de su largo recorrido por los campos
amplios y planos como pasillos de hospitales donde él,
médico viejo y cansado, pasea su mirada pacífica, experta,
sobre todas las cosas del mundo como si fueran suyas,
las hubiera tenido en la mano tanto tiempo
que conociera sus exactas concavidades y accidentes?
No hay nada nuevo para él, ¿pero y nosotros?
¿Preguntándonos el cómo y el porqué, desasidos como estrellas fugaces
de la generosa custodia del cielo, nosotros cómo hacemos
para mirar las cosas sin angustia, sin que nos sobre o nos falte
siempre algo: una medida quizás, cuya ausencia hace imposible
caminar sin tropezarse a cada paso?
¿Que mirada flechó de la muerte en sus ojos, qué amor
hizo descender sobre él para después dejarlo ir,
pájaro rapaz que de un momento a otro se volvió compasivo
y desechó los restos que le eran ofrecidos,
con la magnanimidad de quien ya fue llenado, está completo?
¿Pero y nosotros, a quienes esos restos cubrirían los huesos?
No podemos pedir, ya está perdido
lo que quedaba, lo que había de más.
¿Madre, por qué no dejarme salir a los caminos, entonces?
Si no hay nada que él traiga en los brazos, ¿por qué no dejarme
ir yo misma a buscar, si ese regalo que él esconde
cuidadosamente bajo la cama es una caja vacía?
¿Qué va a ser de nosotros ahora,
si es y siempre fue mentira que de los baúles sacaba
objetos maravillosos, que podía enseñarte a pescar peces
de aletas brillantes como una moneda al sol?
¿Si también es mentira que con sólo raspar un carboncito
contra su pecho creaba el fuego que iluminaba
la superficie curva de la tierra, la geometría perfecta de la casa,
o que a nuestros cuerpos pequeños, con sólo mirarlos,
los volvía exuberantes como si fueran plantas parásitas colmadas
por la savia de otra planta? Dame la libertad, entonces
soltáme esta atadura que no ata a nada,
que yo de todos modos ya lo sé: hay un cielo
como hay una tierra, hay un desorden que, extrañamente, nos cuida,
hay quien desata la peste y a veces hay cura, hay mañanas
donde vamos a ser niños una vez, una vez sola, para poder
ir tomados de la mano de él, de él que es esa tela secándose al sol
los días de buen clima, ropa dejada por un muerto, no me mientas,
no hubo padre ni habrá.


En “Plebella”, Revista de Poesía Actual, número 9, diciembre 2006 – marzo 2007. Editor responsable: Romina E. Freschi.
Claudia Masin (Resistencia, Chaco, 13 de mayo de 1972). Reside en Buenos Aires desde 1990. Foto: CM en FB.

jueves, 23 de junio de 2016

César Fernández Moreno, En una de las habitaciones favoritas de mi infancia


YO QUERÍA BESARTE

Estábamos en una de las habitaciones favoritas de mi infancia
ésa de piso embaldosado
y ventanas profundamente excavadas en el muro
ésa con puerta de dos hojas
que se abre de golpe sobre el enorme jazminero

yo quería besarte
planeaba el camino mejor hasta tus labios
pero había comprendido que ya era imposible
cuando te vi de pronto muy cerca de mí
apoyados los hombros contra la pared
entonces dije no sé qué frase
y antes de terminarla ya estaba sobre tu boca
tú permaneciste quieta
sólo tus dientes resistían en semicírculo
pero mientras mi beso premioso se cumplía
tus ojos lloraban grandes lágrimas silenciosas
que invadían lentamente tus pómulos tus mejillas
iluminaban tu cara con cambiantes reflejos plateados
y se acercaban serpenteando a la linde de nuestros labios

el sueño continuaba después
con alternativas sin importancia.



En: “Poesía erótica argentina”, selección y prólogo de Daniel Muxica, Manantial, 2002.
César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919  – París, 1985).

miércoles, 22 de junio de 2016

Ezra Pound, Con usura


XLV

Con usura

Con usura el hombre no puede tener casa de buena piedra
con cada canto de liso corte y acomodo
para que el dibujo les cubra la cara,
con usura
no hay para el hombre paraísos pintados en los muros de su iglesia
harpes et luz
o donde las vírgenes reciban anuncios
y resplandores brotes de los tajos,
con usura
no puede ver el hombre Gonzaga a sus herederos y sus concubinas
no se pinta cuadro para que dure y para la vida
sino para venderse  y pronto
con usura, pecado contra natura
es tu pan siempre de harapos viejos
es tu pan seco como el papel
sin trigo de montaña, harina fuerte
con usura la línea se hincha
con usura no hay demarcación clara
y nadie puede hallar sitio para su morada.
El picapedrero se aparta de la piedra
el tejedor de su telar
Con usura
no llega lana al mercado
la oveja nada vale con usura
Usura es un ántrax, usura
mella la aguja en las manos de la muchacha
y detiene la pericia del que hila. Pietro Lombardo
no vino por usura
Duccio no vino por usura
ni Pier della Francesca; Zuan Bellin no por usura
ni pintóse “La Calumnia”.
Angélico no vino por usura; no vino Ambrogio Praedis,
No vino iglesia de piedra cincelada firmada: Adamo me fecis.
No por usura St. Trophime
No por usura St. Hilaire,
Usura oxida el cincel
Oxida el oficio y el artesano
Roe los hilos del telar
Nadie aprende a tejer oro en su dibujo;
El azur tiene una llaga por usura; el carmesí sin bordar se queda
El esmeralda a ningún Memling tiene
Usura asesina al niño en las entrañas
Detiene la corte del mancebo
Ha llevado la perlesía a la cama, yace
entre la joven desposada y su marido
     CONTRA NATURAM
Han traído putas para Eleusis
Se sientan cadáveres al banquete
a petición de usura.

“N. B. Usura: gravamen por el uso de poder adquisitivo, impuesto sin relación a la producción, a veces sin relación a las posibilidades de la producción. (De ahí la quiebra del banco de los Medici.)”

Versión de José Vázquez Amaral. En: “Los cantares y otros poemas. Pound, Stevens, Williams y otros”, Biblioteca Básica Universal, CEAL, 1983. Estudio preliminar y selección: Jorge S. Perednik.

Ezra Loomis Pound (EEUU, 1885 – Italia, 1972). Foto: Franz Larese, Erker-Galerie, Easter 1971, Burano, Italy. 

martes, 21 de junio de 2016

Han Yu, El tiempo es frío



     Una avenida cubierta de hojas arrancadas por el viento del oeste,
Una ventana medio escondida por los libros bajo el sol poniente.
Soy viejo, temo mezclarme en los asuntos de los hombres.
El tiempo es frío, no salgo de mi casa.

*

     Centellea la montaña esmaltada de flores; las nítidas cascadas se tiñen de un suavísimo azul, en la exacta armonía de los colores entrelazados.
     De trecho en trecho, nos salen al camino pinos y encinas de robustos troncos y soberanas copas.
     De piedra en piedra, franqueo los torrentes; cantan las aguas saltarinas, y por la abertura de mi túnica, recibo la caricia tibia de la brisa.
     ¡Oh, qué felicidad pasar así toda la vida! ¿Por qué, pues, inclinarse ante los demás hombres y seguirlos? ¡Ah, si fuéramos dos o tres compañeros, para permanecer aquí hasta la vejez, sin hablar nunca de retorno!



En: “Segunda antología de la poesía china”, Revista de Occidente, Madrid, 1962. Traducción directa del chino: Marcela de Juan.
Han Yu (China, 768-824). Dinastía Tang y periodo de las cinco dinastías (618-960).
Foto: José María Pallaoro. Liquidámbar en el jardín, otoño de 2016.

miércoles, 15 de junio de 2016

Georg Trakl, Dos poemas


EN EL PARQUE

De nuevo caminando por el viejo parque.
Oh, serenidad de flores rojas y amarillas.
Y también lloráis vosotros, benignos dioses,
y el oro otoñal de los olmos.
Inmóvil se alza en el estanque azulado
el junco, enmudece al atardecer el zorzal.
¡Oh!, inclina entonces tú también la frente
ante el mármol ruinoso de los antepasados.


DE NOCHE

El azul de mis ojos se ha extinguido en esta noche,
el oro bermejo de mi corazón. ¡Oh, que silenciosa ardía la luz!
tu manto azul ciñó al que se hundía;
su boca roja selló la tiniebla del amigo.


De: “Sebastián en el sueño” (1915, póstumo). En: “Obra poética”, Torres Agüero Editor, 1992. Traducción: Rodolfo Modern.
Georg Trakl (Salzburgo, Austria, 3 de febrero de 1887 – Cracovia, Polonia, 3 de noviembre de 1914).
Foto: GT, circa 1909, 1910. 

martes, 14 de junio de 2016

Jorge Luis Borges, El que lee mis palabras está inventándolas


LOS JUSTOS

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


LA DICHA

El que abraza a una mujer es Adán. La mujer es Eva.
Todo sucede por primera vez.
He visto una cosa blanca en el cielo. Me dicen que es la luna, pero qué puedo hacer con una palabra y con una mitología.
Los árboles me dan un poco de miedo. Son tan hermosos.
Los tranquilos animales se acercan para que yo les diga su nombre.
Los libros de la biblioteca no tienen letras. Cuando los abro surgen.
Al hojear el atlas proyecto la forma de Sumatra.
El que prende un fósforo en el oscuro está inventando el fuego.
En el espejo hay otro que acecha.
El que mira el mar ve a Inglaterra.
El que profiere un verso de Liliencron ha entrado en la batalla.
He soñado a Cartago y a las legiones que desolaron a Cartago.
He soñado la espada y la balanza.
Loado sea el amor en el que no hay poseedor ni poseída, pero los dos se entregan.
Loada sea la pesadilla, que nos revela que podemos crear el infierno.
El que desciende a un río desciende al Ganges.
El que mira un reloj de arena ve la disolución de un imperio.
El que juega con un puñal presagia la muerte de César.
El que duerme es todos los hombres.
En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de labrar.
Nada hay tan antiguo bajo el sol.
Todo sucede por primera vez, pero de un modo eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.


De: “La cifra” (1981). En: “Obra poética, 3” (1975-1985), Alianza editorial, 1995.
Jorge Luis Borges (Buenos Aires, Argentina, 24 de agosto de 1899 – Ginebra, Suiza, 14 de junio de 1986).

miércoles, 8 de junio de 2016

René Daumal, ¿nunca has soñado ser libre?


32

Aquí el pequeño-poeta, evocando, liberado según el ritmo,
allá Gran-Poeta, provocando, libre según el Nombre Total.
Aquí, esto.  
Allá, aquello.

Finalmente, escucha: ¿nunca has soñado ser libre? Vamos, te dejo aquí. Trata de extraer de todo esto las conclusiones concernientes a tu caso personal, y harás lo que quieras si eres lo que eres.

1929


24

La Palabra se instala en la garganta, cuyas puertas abre.
El aliento se reúne en el pecho, cuyas costillas distiende.
Ahora el aliento busca salir, y la Palabra ha abierto el orificio de la garganta.

     La palabra sensible tiene su asiento en el aparato vocal. Cada sonido, cada nombre, cuando lo imagino, dispone este aparato de una manera particular; me basta entonces enviar a través de mi laringe y de mi boca el aire almacenado en mis pulmones, para emitir este sonido, para pronunciar este nombre. La sustancia de la palabra es, pues, la energía respiratoria; el sentido de la palabra le es impuesto por el nombre imaginado y, más allá del nombre, por la vida captada en ocasión del nombre.
     Es una palabra que tiende incesantemente hacia la Palabra absoluta, que prepara así los órganos de elocución en el poeta. Esta absoluta Palabra-no-hablada es el sentido verdadero del poema. Este Nombre impronunciable, bajo la presión del aliento impaciente, se deforma hasta el punto en que imprime al aparato vocal una disposición tal que el aliento puede escaparse. Dicho de otro modo, el aliento exige para liberarse que la Palabra impronunciable se degrade poco a poco para llegar a ser pronunciable, funcionando como una válvula de seguridad para la exagerada plenitud de la Evidencia que amenazaría matar al poeta.  Por otra parte, ya que es justo en el momento en que el nombre llega a ser pronunciable cuando se pronuncia, la palabra poética es, de todo los modos humanos de expresión, necesariamente el más “justo”, el más próximo a la palabra absoluta.



En: “Clavículas de un gran juego poético” (De: “Le Contre-Ciel”, 1936), Fabril Editora, Buenos Aires, 1972. Traducción: Aquiles Ferrario y Jorge Libedev. Los poetas: Colección dirigida por Aldo Pellegrini.

René Daumal (16 de marzo de 1908 – 21 de mayo de 1944). Foto: René Daumal por Luc Dietrich, 19 de mayo de 1944. 

miércoles, 1 de junio de 2016

Miguel Ángel Bustos, el día en que la noche llegó a santiago


EL DÍA EN QUE LA NOCHE LLEGÓ A SANTIAGO

Cuando la noche llegó a Santiago
cuando la muerte y los asesinos entraron a Santiago
una llave giró en el pueblo y abrió una puerta sombría.

Son las dos de la tarde.

Son las tres de la noche más larga y blanca de Chile
pero yo sólo veo muertos y muertos
en pirámides
atravesando los ríos
descendiendo de las montañas
entrando en las muchedumbres
a la habitación tremenda y negra
donde Víctor Jara templa su guitarra
con la memoria de sus manos muertas.

Sube su canto la tierra celeste
alcanza el cielo más próximo
bebe el fuego verde de la primavera futura.

Porque la muerte ni la derrota son ciertas
sólo son relámpagos de un puente tendido sobre abismos de hueso
iluminando la noche de Santiago.

Mientras Víctor cierra los postigos de su casa en sombras
se embarca en su guitarra
y entra a combatir en el corazón del pueblo.

1973

En revista “Hablar de poesía”, número 12, diciembre de 2004. Director: R. H. Herrera.
Miguel Ángel Bustos nació en Buenos Aires el 31 de agosto de 1932. Poeta. Secuestrado y desaparecido por la dictadura cívico-militar el 30 de mayo de 1976.
Foto: Víctor Jara (Chile, 28 de septiembre de 1932. Asesinado por la dictadura de Pinochet el 16 de septiembre de 1973).

martes, 31 de mayo de 2016

Miguel Ángel Bustos, Conde de la Casa Negra conde de Lautréamont


CONDE DE LA CASA NEGRA CONDE DE LAUTRÉAMONT

Bajo la luna rosada de Montevideo en llamas
amaste el número y el grito del mar.
Pastor de lobos en la tarde
¿qué sueño en música de abismos
ató tu lengua a los altos del cielo?
(He jugado con tu cráneo
esmeralda de llantos
una y mil veces cinco
en el Buenos Aires del sitio;
mi alma con la tuya
en la playa fantasma del siglo).
Conde plebeyo
tienes el rostro de todos los crímenes
de toda la inocencia
del rosario en mano
de una doncella en luto.
Te ruego en nosotros;
potros oscuros
rayos con tu ardiente sombra;
quieras dar el verbo que tu entraña
encela para selvas del alba
en casa nocturna del sol silencio.

1970


En revista “Hablar de poesía”, número 12, diciembre de 2004. Director: R. H. Herrera.
Miguel Ángel Bustos nació en Buenos Aires el 31 de agosto de 1932. Poeta. Secuestrado y desaparecido por la dictadura cívico-militar el 30 de mayo de 1976.
Foto: Isidore Lucien Ducasse (Conde de Lautréamont, 4 de abril de 1846, Montevideo, Uruguay – 24 de noviembre de 1870, París, Francia). 

jueves, 19 de mayo de 2016

Paul McCartney, En La Plata, poemas y canciones



DÉJALES PASAR

Alguien llama a la puerta,
alguien toca el timbre.
Alguien llama a la puerta,
alguien toca el timbre.
Hazme un favor, abre la puerta y déjales entrar.

La hermana Suzie, el hermano John,
Martin Luther, Phil y Don,
el hermano Michael, la tía Jim,
abre la puerta y déjales pasar.

(En elepé “Wings at the Speed of Sound”, 1976)


IVAN

Dos puertas abiertas
el dieciocho de junio,
dos recién nacidos
ese mismo día
en Liverpool
Uno era Ivan,
el otro, yo.
Nos conocimos en la adolescencia
y superamos todos los desafíos
a los que nos habían sometido.
Jive con Ive,
un genio del bajo.
Él me presentó
en la fiesta de Woolton
uno o dos amigos
y así empezamos,
él un típico estudiante,
yo, con el rock`n`roll.
Los mejores amigos que pueda haber,
marina de Cranlock,
pastel de Cranlock.
Una lágrima cayó
por mi mejilla,
el dieciséis de agosto
de dos mil novecientos noventa y tres
una puerta se cerró.
Adiós, Ivy.


LA LUNA ES UNA MANDARINA

La luna es una mandarina,
un gajo de naranja.
Las estrellas tan claras como desees.
Huele a pino
y a eucalipto.

          Toda una noche.


EL PROBLEMA ES

Un conejo da vueltas
queriendo morderse la cola,
porque le parece de algodón de azúcar.
El problema es que los conejos no comen algodón de azúcar.

Un labrador negro ladra a las travesuras
de su sombrea en el muro.
El problema es que las sombras no buscan pelea.

Un par de guantes que cuelga
de un bolsillo trasero discute
sobre qué mano debería sujetar el rastrillo.
El problema es que no les importa una mierda a los guantes.


ELLA ES…

              Ella es…
el Yin de mi Yang
  el I de mi Ching,
    el ir de mi venir,
      la cara de mi cruz,
         el lirio de mi valle.


PÉRDIDA

Perdí a mi mujer,
ella perdió su vida.

Hasta entonces
el lujo
de no tener responsabilidades.

La guadaña no
cayó esa noche
mientras, apretujados dentro de un guante,
aspirábamos
el uno la energía del otro.


     “Suele existir una diferencia entre un poema y la letra de una canción. Las canciones tienden a ser concentradas, en parte porque una canción tiene que funcionar al momento y, también, porque las palabras deben dejar espacio para que la música respire, deben dejar tiempo para la música. En una buena canción, las palabras y la música bailan juntas, por lo que necesitan un espacio para bailar.” De la Introducción, Adrian Mitchell, amigo de Paul.

     “Cuando era adolescente, por alguna razón deseaba con locura que me publicaran un poema en la revista del colegio. Escribí algo profundo y elocuente… que fue rechazado de plano, y me figuro que desde entonces he estado intentando tomarme la revancha.
     Años más tarde, después de haber escrito muchas canciones con John Lennon –y sin él-, compuse un poema al enterarme de la muerte de mi querido amigo Ivan Vaughan. Pensé que con un poema, más que con una canción, podría expresar mejor lo que sentía. A este poema “Ivan”, le siguieron otros, muchos de los cuales aparecen en esta recopilación.
     Adrian Mitchell me convenció de que el libro también debería incluir canciones, y así se ha hecho, y ahora coincido plenamente con él en que ambas formas de escritura tienen la misma capacidad de transmitir sentimientos profundos…”. Prólogo de Paul McCartney.

En: “Blackbird Singing. Canciones y poemas, 1965 – 1999”, Mondadori, 2001.
Paul McCartney (Liverpool, Inglaterra, 18 de junio de 1942).
Foto: Página oficial de PM. Paul y Leila en Estadio Único de La Plata. “10-year-old Leila has wish granted, playing bass with Paul onstage in Buenos Aires”. 

lunes, 16 de mayo de 2016

Charly García, Bienvenidos a la Ruta Perdedora


RUTA PERDEDORA


Sé de un mago que habla con los peces
Sé de un mundo en el espacio
Habitado por un Dios

Sé que vivir mucho es mucho mejor
Pero sé también que mi vida es tan triste
Como un tonto me creí lo que dijiste

"Nuestra vida será blanca y buena
Nuestra casa será verdadera
Nuestra ciudad será hermosa desde hoy”

Y ahora escucho que la calle grita:
"Bienvenidos a la Ruta Perdedora"

Sé que nunca seré un buen payaso
Sé que mi figura  es triste y que miro con dolor
Sé que a veces ni siquiera soy yo

Y no sé quién es el tonto en el espejo
Y mi alma no me quiere y se va lejos

Y busco mi nombre en las paredes
Y me escapo con todos los trenes
Y en las calles me persigo sin razón

Los carteles luminosos brillan:
"Bienvenidos a la Ruta Perdedora"


En elepé: “Películas”, La máquina de hacer pájaros, 1977.
Letra: Charly García. Música: José Luis Fernández.
La máquina de hacer pájaros es: Charly García, José Luis Fernández, Oscar Moro, Gustavo Bazterrica, Carlos Cutaia.
Charly García (Buenos Aires, 23 de octubre de 1951).

miércoles, 11 de mayo de 2016

Ana Cecilia Prenz Kopušar, Conocí a Amir Bukvić en los años en que transcurría la guerra en Yugoslavia


     Conocí a Amir Bukvić en los años en que transcurría la guerra en Yugoslavia. Era el director del Centro Cultural de Bosnia y Herzegovina en Zagreb y todos los años visitaba Trieste para participar en el Congreso sobre Lenguas y Literaturas de los países del Mediterráneo. Lo más impactante en su personalidad eran la profundidad y autenticidad con que acompañaba sus discursos siempre impregnados de esa identidad multicultural que caracteriza a todo bosnio y que también se refleja en la obra que aquí presentamos: Aristóteles en Bagdad.
     Se trata de una obra dramática de intriga que se desarrolla en la edad de oro de Bagdad. Un rey joven e iluminado vive obsesionado por la filosofía de Aristóteles y a menudo en los sueños debate con él. Deseoso de conocimiento reúne a su alrededor a los mejores pensadores, filósofos y científicos de su reino sin tener en cuenta su religión y nacionalidad. La lectura de las obras del filósofo griego estimula las discusiones entre los personajes, aunque, a menudo, no todos los conceptos resultan claros. Amir Bukvić cuenta que Borges significó para él una nueva forma de conocer el mundo árabe. Algunos de los temas tratados en el libro El Aleph se reflejan en su obra y, como en la Busca de Averroes, los personajes de este drama se interrogan sobre las palabras "comedia" y "tragedia".
     La palabra como universo, la identidad perdida y reconquistada, el laberinto, el desierto, los espejos, el tiempo, los sueños son algunos de los motivos presentes en esta obra teatral. Naturalmente, circunstancias y situaciones del pasado obran, simbólicamente, para expresar problemas, relaciones y límites del mundo contemporáneo. Los mismos remiten a la situación de Bosnia.
     Un astrónomo, un médico, un filósofo, un místico, un poeta, un matemático, un traductor, son los personajes que acompañan al rey en sus reflexiones. Cada uno de ellos está obsesionado por un concepto que se convierte en la clave para comprender la existencia. Uno de ellos define al desierto como el laberinto más grande, con mil pasillos invisibles que Dios ha creado; clara es la referencia al cuento de Borges Los dos reyes y los dos laberintos. La luz se convierte en la adivinanza del todo. Quien logra descifrarla ha hecho un gran paso; y el tiempo no existe, existen sólo mundos distintos bajo luces distintas. En los sueños los personajes se confrontan con los propios pensamientos.
     Como escribe el autor en el prólogo del drama que aquí incluimos, Borges es una de sus fuentes de inspiración pero no la única. Czeslaw Milosz, en su libro El pensamiento cautivo, trata al ketman como a una problemática actual y Bukvić retoma esta idea:

No he respetado los hechos históricos, tampoco los he eludido; tomé lo que necesitaba para poner en movimiento mi imaginación. Es verdad que en aquellos tiempos vivía un rey fascinado por Aristóteles. Lo soñaba y en los sueños conversaba con él. Es verdad que aquel rey, obsesionado por Aristóteles, reunía en su palacio a los mejores científicos, filósofos, artistas y no les preguntaba por su nacionalidad, fe, ni color de la piel. Es verdad que el mismo Aristóteles reunía, en aquellos tiempos y espacios, a gente peculiar que provenía de países distintos. Sobre todo Judíos y Árabes que con gran interés lo traducían y estudiaban en profundidad. Es verdad que, a menudo, ellos mismos se encontraban ante conceptos y palabras cuyo significado no sabían descifrar. Es verdad que el filósofo árabe Averroes (Ibn Rusd), cuyas enseñanzas filosóficas se basaban en la obra de Aristóteles, encontró en sus textos dos palabras desconocidas: comedia y tragedia –   y que no logró penetrar la esencia de su significado. Parece ser que murió sin haberlo descubierto. (Borges escribió algo al respecto). Es verdad que Aristóteles en traducciones y originales viajaba seguido de Bagdad a Toledo para ser más tarde asimilado en Europa. Es verdad que el poco conocido ketman en aquel tiempo se había transformado en una institución permanente de defensa de los pensamientos y sentimientos del cercano Oriente. (Czeslaw Milosz en libro El pensamiento cautivo trata al ketman como un problema de la contemporaneidad).  Es verdad que en el s. XIII los Mongoles destruyeron Bagdad, entonces capital del mundo.
Pero, ésta es sólo mi representación de aquellos tiempos, bastante similares a estos en los que vivo. Por lo tanto, le aconsejo al lector que deje de lado lo que he indicado anteriormente y se abandone a su imaginación. Una fantasía especial enriquecía los tiempos en los que estamos por penetrar. Si no hubiera sido así hoy seríamos más pobres de Mil y una noches. (Amir Bukvić, Introducción al drama)

Los personajes, en la sexta escena del I acto del drama, presentan al Ketman. Como indica el mismo autor, el mismo significa saber adaptarse en los malos tiempos.

En el jardín, bajo una palmera. Ester teje y canta en voz baja. Said en la penumbra la mira, Ester se para, se gira, y ve a Said.
SAID: Perdóname, tenía que esconderme porque llegaba el mensajero del rey. No era prudente que me viera. Tú sigue tejiendo y cantando. (Ester continua con el trabajo). Yo soy Said.
ESTER: Lo sé.
SAID: ¿Y tú?
ESTER: (en voz baja, asustada): Ester.
SAID: Un nombre insólito.
ESTER: Tu padre ha dicho que es un bien tener dos nombres.
SAID: Mi padre lo llama: Ketman.
ESTER: ¿Ketman?
SAID: Saber adaptarse en los malos tiempos. Cuando estás solo entre una mayoría que reina, no digas quién eres, así te proteges de los locos que creen que su entorno tiene que conservarse puro. Por eso, nuestro padre, a nosotros dos, hijos de madres de fe diferente, nos ha enseñado, por prudencia, y desde la tierna infancia, el Ketman. Me ha aconsejado de aplicar el Ketman cuando viajo por las tierras cristianas, a Isaac, le ha aconsejado el Ketman hasta en el palacio. Cuando el viejo rey estaba aún vivo. (Silencio. Ester teje, Said la mira). Nunca he visto una tal armonía de colores. Es demasiado bonita esta alfombra. Más la observas y más rapta la mirada. Cuando esté terminada, la admirarán.
ESTER: Y le caminarán encima.
SAID: Y no sabrán quién la hizo.
ESTER: Qué necesidad hay de saber quién ha construido el palacio, si es grandioso. Es suficiente disfrutar de la obra.
SAID: Yo disfruto mirando como tejes con maestría.
ESTER: Quiero alcanzar la perfección, cuando creo que la estoy alcanzando, entonces, a propósito, cometo un error.
SAID: No veo errores.
ESTER: Son tales que solamente yo los conozco. Aquí y aquí.
SAID: No me habría dado cuenta si no me los hubieras mostrado.
ESTER: Nosotros no somos dignos de la perfección, tampoco cuando el Señor nos inspira. (Silencio. Ester teje. Said ve una araña que baja por la hoja de una palma).
SAID: Una araña transparente que, al atardecer, se arrastra a lo largo de este rayo de luz. Tu maestría es parecida a la de la araña. Como es vario este mundo. (Toma a la araña con ternura). Creo ya haberla encontrado una vez, seguramente más veces también, en diferentes lugares, en otros tiempos y mundos.
ESTER:  ¿A quién?
SAID: A esta araña. Mira como se retuerce en la palma de mi mano. (Ester se levanta y mira a la araña en la mano de Said. Said suelta a la araña y mira a Ester). Si no hubiera estado este rayo de luz que desaparece, no la habría visto, ¿tampoco te hubiera visto a ti? La luz revela la realidad, sobre todo, cuando está desapareciendo.
ESTER: Isaac me dijo que estás obsesionado por la luz.
SAID:  Y por los mundos en las luces. (La luz cae sobre Ester y Said. Se oye una música baja). Este atardecer. Mira, ¿no parece la última luz excitante que desaparece? Cuanto más se acerca a su desaparición, tanto es más bella, sorprendente y llena de misterio. Mientras se va retirando, mira, nace otra, apagada, que recibe su belleza, su maravilla y hace sombra sobre tu rostro hermoso. (Said le acaricia el rostro con ternura). Unirse y separarse, desaparecer y renacer. Cada uno de nosotros se refleja en el otro. Nada es inmutable, nada turbio, todo puede convivir en armonía. La luz que desaparece se encuentra con la luz que nace. Nadie atraviesa el mundo del otro, la tierra de los otros, porque es parte de él en los otros mundos, en las otras tierras.
ESTER (en voz baja): Hablas bien, pero entiendo poco.
SAID: El alma del hombre es sensible a la luz porque ella misma está hecha de luz. Nuestra alma es sensible a un tipo de luz, mientras el alma de otro es sensible a un diferente tipo de luz. Así, en muchos mundos alrededor de nosotros hay millares y millares de almas que no saben de la existencia recíproca. (Parece que Said está por besarla, y Ester por aceptar el beso).
ESTER (retrocede): ¿Por qué te estabas escondiendo del mensajero del rey?
SAID:  Una luz particular envuelve el palacio del rey.
ESTER: Cuéntame cómo se vive en el palacio del rey. (Oscuridad. Se siente una música baja que anuncia el cambio de escena).

En los siguientes fragmentos que proponemos, la incomprensión de los términos "comedia" y "tragedia" nos introducen en una reflexión más amplia sobre la indeterminación, la precariedad de la existencia, la imposibilidad de comprender el por qué de determinados acontecimientos. Como en el cuento de Borges, los personajes de Bukvić, se encuentran ante la situación de poder descubrir el juego del teatro. Sin quererlo, y sin saberlo, asisten a una representación teatral. El autor junto con sus personajes reflexiona sobre los límites culturales del conocimiento. Las palabras "comedia" y "tragedia" adquieren otro significado en un contexto cultural que desconoce la representación teatral.

Escena 11 (acto I): El hombre que tiene que morir.

La entrada del Palacio preparada para el cuento que se cuenta a sí mismo.
AZER: El cuento que van a ver y escuchar por primera vez, se desarrolla en el palacio del rey Salomón, en su ciudad. Aquí, delante de la sábana, imaginen el palacio del rey Salomón; detrás, una calle en la ciudad donde él paseará. El rey será mi humilde persona, de hecho, yo intentaré imitar al rey Salomón de la manera más auténtica… auténtica… posible. El experto Al-Farabi imitará al Consejero del rey. (Entra Farabi). Nuestro sabio Feysal imitará al hombre que tiene que morir. (Entra Feysal). Lo que van a ver y escuchar, será una sorpresa para el oído y para la vista. (Azer sale, y vuelve a entrar). ¡El cuento se titula “El hombre que tiene que morir”; y la manera insólita en el que será contado lo hemos titulado “El juego de las sombras vivientes”, (Azer sale).

Escena 3 (acto II):
Cada mañana le doy gracias a Dios porque he comprendido que no sé nada del poder y tampoco debo saberlo.
Benjamín está escondido. Una voz baja en hebreo hace su oración de la mañana. En los últimos versos de la oración son mencionadas las palabras comedia y tragedia. Benjamín ha rogado a Dios que lo ayude a descubrir el significado de las palabras desconocidas. Cuando termina la oración, Benjamín toma el libro y sale.
MUZAFAR: Esperaba que terminaras la oración.
BENJAMÍN: Un gran gesto.
MUZAFAR: Benjamín, ¿qué vio Feysal aquella noche?
BENJAMÍN: No sé.
MUZAFAR: Entre amigos no se esconde nada.
BENJAMÍN: Esta vez no ha hablado.
MUZAFAR: ¿Qué es la comedia?
BENJAMÍN: No lo he descubierto todavía.
MUZAFAR: ¿Y qué es la tragedia?
BENJAMÍN: Seguramente en la biblioteca lo descubriré.
MUZAFAR: ¿Ustedes inventan nuevas palabras para introducir la confusión en el palacio?
BENJAMÍN:  ¡No seas ridículo!
MUZAFAR: Lo que pasa no es ridículo.
BENJAMÍN: No, es triste. ¿Puedo ir a la biblioteca?
MUZAFAR: El recorrido es enlosado. (Benjamín sale. En la oscuridad se entrevé la sombra de Farabi. Cuando ve a Muzafar se la acerca).
FARABI: Cada mañana le doy gracias a Dios porque he comprendido que no sé nada del poder y tampoco debo saberlo. (Farabi se encamina).
MUZAFAR (lo sigue): Caminas como una sombra por el palacio.
FARABI (caminando): Me he convertido en la sombra de mi sombra.
MUZAFAR: Entonces seguro que sabes lo que vio Feysal aquella noche.
FARABI (se para y mira el suelo): ¡Mira! Cada losa está compuesta por un número infinito de círculos. He dicho a mí mismo: como no sé cuántos círculos tiene cada losa, las contaré. Ayer terminé de contar; el número de las losas que llevan a la biblioteca es exactamente 27.375.
MUZAFAR: Te he preguntado por Feysal.
FARABI: Aprecio a Feysal.
MUZAFAR: Yo aprecio la verdad. Y es verdad también que, cuando llegaste a este palacio, le ocultaste al viejo rey tu fe para mostrarte digno creyente de su religión.
FARABI: Yo no hablé y el viejo rey no preguntó.
MUZAFAR: Si yo se lo hubiera recordado, lo habría hecho. Así, gracias a mí, has vivido mucho y has trabajado todos los días.

Escena 15  (final, acto II):
Silencio. Se oye solamente el hipo de Farabi. Benjamín avanza absorto en algunos pensamientos. La luz, más fuerte, ilumina su cara. El rostro pensativo de Benjamín se transforma en radiante júbilo, como si entendiera.

BENJAMÍN: “Sentimos dolor por los que en manera injusta sufren”.
FARABI (del mismo modo): Tengo miedo de lo que está por pasar.
BENJAMÍN: “¡... y sentimos miedo cuando reconocemos que el que sufre es nuestro semejante!” Eso dijo Aristόteles.
¿Podría ser quizás esta la comedia...?
¿O bien... la tragedia?(Oscuridad).

La obra de Bukvić, centrada fundamentalmente en el Mediterráneo árabe judío, conlleva otros significados que, como mencioné al comienzo, se remiten a los hechos y espacios de proveniencia del autor; es decir, los acontecimientos de la última guerra en Bosnia y Erzegovina obran como “telón de fondo” del drama.

     Amir Bukvić (Sarajevo, en 1951), es autor de las obras teatrales: “Ciudadanos del sueño” (Premio Teatro Nacional Croata), “Un caso imprevisible” (Premio Teatro ITD de Zagreb), “Homo Novus”, “El día de una mariposa”, “El disidente”, “Cambios”, “Los niños de CNN” (que obtuvo varios reconocimientos), “El viaje por medio del universo del príncipe pequeño”, “La respuesta del príncipe pequeño” y “Shalom en Toledo” (Premio “Marin Držić”), reeditado con el título “Aristόteles en Bagdad” (2004). También obtuvo el premio “Alija Isaković” con el drama “El juego de las sombras”. Muchos de sus dramas se han traducido a varias lenguas (inglés, italiano, español) e incluido en antologías. Dirigió películas y documentales sobre su país natal contando la situación de su país: “Los ojos de Bosnia” y “Los niños de Sarajevo”. El primero habla del pueblo bosniaco y el segundo de la vida de los niños durante la guerra. BBC utilizó algunas escenas originales de esas dos películas para el documental “Las dos horas de Londres” sobre la guerra en Bosnia-Erzegovina. El objetivo principal de su escritura es el encuentro entre los hombres de todas las nacionalidades. Amir Bukvić es considerado, en su país, el escritor intercultural por excelencia. Actualmente vive y trabaja en Zagreb.


EpA:
Ana Cecilia Prenz Kopušar (Belgrado, 1964). Reside en Eslovenia.