viernes, 20 de enero de 2017

Francisco Urondo, Los carbones con que se alimenta la poesía


ENUNCIACIÓN

alejados los camellos que merodeaban esos días desiertos
sabiendo que los mismos días nos utilizan
gesto a gesto
y de qué manera airada el estremecimiento alcanza los cabellos
y que la lluvia empaña los buenos recuerdos
y sus cristales

ocurriéndosenos que hemos llorado sobre el secreto de las horas
y que han agitado pañuelos como banderas nacionales
pero desde otros balcones menos expuestos
y que nos hemos refugiado con altivez feudal
de las noches en sus tabernas
y que apelamos en algún momento al concierto de las mañanas
como ahora
en que un trolebús me acelera
entre el amor y el odio y la aventura de los hombres

sin olvidar que los días buenos golpean
y que los malos asesinan a medida que avanzan en su camino
y en la herida ya abierta
tratando de ostentar algunas aventuras macilentas
escuchando buenos consejos
y exhortando a la paciencia
redimiéndonos de la premura
conociendo el lecho de maíz en que reposa
y los carbones con que se alimenta la poesía

augurando que mañana o pasado será domingo para todos
y que descansaremos como dioses
desconfiando de los vecinos
y dándonos a los viajeros
porque ellos descubrirán nuevas razones
amando en última instancia a todos
presuponiendo que será hora de partir
cuando el delirio sea una dura escarcha
y las rutas abandonen su rebeldía
recordando que el mar aguarda con las jarcias
que no fueron destrozadas por la literatura
sino por los verdaderos huracanes
aquellos que nos arrastraron
al auge mismo de los corales
todavía entusiasmados por vivir
y al sigiloso misterio de las especies
donde dormiremos la paz de los cometas
enjuta y ágil




Poema de un joven Francisco “Paco” Urondo, no recopilado en su poesía completa (y hasta donde sé, en ninguno de sus libros individuales). En: revista Poesía Buenos Aires, números 16-17, invierno y primavera de 1954. Director: Raúl Gustavo Aguirre.
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe, provincia de Santa Fe. Murió, en Guaymallén, provincia de Mendoza, combatiendo a la dictadura cívico-militar, el 17 de junio de 1976. Foto: Jmp

jueves, 19 de enero de 2017

Clara Fernández Moreno, Soy solamente


POEMA

hace muchos días o meses o años
como cien
en realidad una grande y larga cantidad de años
yo era yo
cometía las cosas comunes
eso era antes
ahora
soy solamente la flecha de un arco tendido hacia tu mundo.


En: revista Poesía Buenos Aires, número 16-17, invierno y primavera de 1954. Director: Raúl Gustavo Aguirre.

Clara Fernández Moreno (Buenos Aires, 1930).

martes, 17 de enero de 2017

Enrique Molina, Tres de los ocho poemas de Monzón Napalm


LENGUAJE NATURAL

Es previsible que digas: El Río de los Perfumes
ha desplegado sus alas una curtiembre de carroñas
pero esas aguas testimoniales erigieron un palacio
de humo y huesos que se encabritan
en la gran fritura donde con tanta lentitud en el aire ácido
el cadáver se yergue y lanza su estridente grito de gallo decapitado
sin una sola vacilación
le vuelve la espalda y se pierde en las ruinas
la inmóvil mujer del fin del mundo que deposita sobre la mesa
el humeante pastel de trapos sangrientos
con la tiara y las pelucas viscosas de la tumba en plena cocina
hasta el fondo
de esa adorable carne vulnerable donde uno se instala
de pronto bajo una piedra tatuada y el “sacerdote de las religiones”
levanta una rata hinchada sobre el altar y comulga
con sus fieles entre los relámpagos
himnos y buenos sentimientos
se ama tanto vivir se ama tanto vivir
aunque estas aguas susurren su gloria frenética
un muerto descomunal sobre la muralla


HUECO NOCTURNO

Ahora puedes ver
a través de los mostradores contra los cuales los borrachos farfullan
y con grandes gargantas y abdómenes hinchados bajo el algodón
     de la luz llena de humo de cigarro y vaho de bebidas
los comerciantes hunden y pinchan con un dedo paralítico las teclas
de la máquina registradora
a través de las parejas que esta noche hacen el amor y
     se entrelazan en largas flotaciones obscenas
a través de tráfico
y los muros rutilantes de neón y orgullo de inmundicias
los adoquines húmedos de los suburbios de Saigón
con una gota de sangre sobre ellos
donde la guerrillera de ojos de jaspe de furia del insomnio
     vigila en la noche
y espera


INFORMACIÓN

Metralla:
son ligeras costillas las que muerdes frágiles costillas
     de bambú palpitantes jaulas toráxicas
donde un globo de sueños se llena de súbito de hormigas
un bello corazón rojo de la manigua torturada
esos terribles cetros de insanía
a llamaradas entre los helechos

Es un nido de venas una garganta
donde corría el vino de unos cantos rituales el viento
     dulzón y denso del verano
de un país de arrozales y plumas las fornicaciones
como una urdimbre suspirante del trópico en la dulzura humana
de amantes entre la espuma lunar sobre sus sábanas de arena
ese lugar de flores usurpadas
de pájaros tatuados por el fuego
todo el horror desnudo de unos muertos
     que encienden en la sombra
una brasa humillada y vengadora




EM no incluyó estos tres poemas en Orden terrestre (Obra poética, 1941 – 1995). Presumo, entonces, que, por lo menos, valen como curiosidad a aquellos que no tengan el libro original. En: Monzón Napalm, Ediciones Sunda, Buenos Aires, 1968 (impreso el día 16 de mayo). Enrique Molina (Buenos Aires, 2 de noviembre de 1910 – 13 de noviembre de 1997). Foto: Jmp

lunes, 16 de enero de 2017

Enrique Lihn, El desfile de los harapos humanos en homenaje a la Libertad y a la Democracia


LA DERROTA
(Fragmento)

(…)
Pero de los bárbaros, qué se puede esperar.
Finalmente no hemos reemplazado todas nuestras
     costumbres por las suyas, una curiosa falta
     de concentración en el modelo
condena nuestras copias a la dorada medianía;
y, en cualquier caso, el resto de lo que hemos
     convenido en llamar la dignidad nacional,
     sería seriamente lesionado en caso de que
     resolvieran adoptar el aire de nuestra derrota
     para sumarse a la celebración del
     triunfo, en esta lejana factoría,
de la perpetuación del cáncer de su imperio
en las entrañas ajenas.
Hace algunas horas (esta noche y la noche pasada se
     confunden; el vocerío triunfante con el
     silencio del fracaso)
uno de ellos, con la mona ardiendo,
venía disfrutando del carnaval de la calle en el
     carnaval de la micro, el gran carajo,
parados los dedos en la V de la victoria: las trenzas
     de una poderosa niñita anglosajona que
     montara un potro furioso con una
     impasible cara de puñete.
El hombre-dogo
se arremolinaba en torno a su eje como la ropa en
     la máquina lavadora, codeando a su vecino
     de asiento en el pecho y resoplando:
“Me norteamericano. Me norteamericano.”
Yo hubiera deseado que se le hundiera el mundo.
Se dirá: “un caso individual”, y el índice acusador
     debe apuntar allí donde se incuban los
     factores impersonales que mueven a los
     individuos el río a las carpas en la época
     del desove;
“de la sociologie avant toute chose”, pero qué montón
     de obviedades en los casos extremos
cuando la claridad brota de los poros mismos del
     cuerpo del delito
arrojado apresuradamente a los baldíos que exhibe la
     luna frente a los grandes edificios colectivos.
Bastaba ver a ese sujeto para obtener una visión
     panorámica y bien articulada, las cifras
     innecesarias en los últimos planos.
La diferencia que va de un yanqui a otro sólo
     representa, para nosotros, un margen de
     imprevisible brutalidad en el trato con las
     fuerzas de una ocupación que se dice
     pacífica,
y un margen, también, para el cultivo de las
     amistades personales en la tierra de nadie.
El culto de la amistad es una afición personal, la
     atención con los huéspedes,
la moderación por parte de moros y cristianos, el
     cese de todo antagonismo a la hora del
     almuerzo.
En un pequeño país cargado de tradiciones, la
     formalidad ante todo, y el empleo de la
     violencia sicológica
sólo en los casos desacostumbrados.
El control, a una distancia flagrante, de nuestra vieja
     máquina junto con la promesa de su
     restauración
a manos de técnicos especializados sobre la base de
     excedentes de la industria pesada.
No se puede dudar:
de los sesenta mil agentes de la FBI y de la CIA,
     sólo uno que otro ha mostrado la hilacha
en su intento por trepar a los carros alegóricos y
     ocupar un lugar bamboleante
junto a esas bellezas que lo eclipsaban todo en la
     apoteosis del triunfo, menos el sentido de
     nuestra derrota.
Todo estaba claro a pesar de tanto resplandor y el
     brillo de las miradas y los fuegos artificiales.

El invisible ejército de ocupación puede batirse
     en una retirada incruenta
y reconocer sus cuarteles de primavera y verano:
     temporadas de pesca en los lagos del sur y
     de cosecha en los desiertos metalíferos.
Al Pacífico, al Atlántico los barcos de guerra: aquí
     no se precisa importar la paz
en la persona de franco tiradores e infantes de marina.
Puede aflojarse un poco el cinturón de hierro
hacia el otro lado de los Andes y estrecharlo en los
     lugares verdaderamente estratégicos
donde la sangre escuece, burbujea y grita.
La lucha entre demócratas y republicanos sólo
     parece posible solventarla lejos de casa
mediante el empleo, en pequeña escala, de la Bomba,
rasando el vivero, en los pastizales
de esos pequeños comunistas de ojos oblicuos. Un
     arañazo en profundidad,
y luego el desfile de los harapos humanos en homenaje
     a la Libertad y a la Democracia.

(…)


En: Poesía social del siglo XX: España e Hispanoamérica, Centro Editor de América Latina, 1971.
Enrique Lihn Carrasco (Santiago, Chile, 3 de septiembre de 1929 – 10 de julio de 1988). Foto: Jmp

domingo, 15 de enero de 2017

Litto Nebbia, La edad de los demás


FLAMEAR

Es que quizá no importa
que se maltrate al pensamiento
tratando luego de encontrar
una razón que dignifique al sentimiento
Quizás pasó que uno ya estaba convencido
y otro se dio por vencido
considerando el cariño envejecido

Cuando el amor busca esa cosa
del estímulo perdido
no hay horizonte que lo pueda señalar
Entonces aparece esa pena que te abruma
y es tiempo de agitar al corazón
de quemar la última bandera
de comprobar si uno puede flamear

La gente habla sin parar
de la edad de los demás
y no se pone a pensar
si es mayor el corazón

La gente habla sin parar
de la edad de los demás
y no se pone a pensar
si es mayor del corazón




En: El hombre que amaba a todas las mujeres, Melopea Records, 1997. Grabado entre noviembre de 1994 y agosto de 1997 en Estudio del Nuevo Mundo, Buenos Aires, Argentina.
Letra y Música: Litto Nebbia (Rosario, 21 de julio de 1948).
Nebbia (voces, teclados, melódica), César Franov (bajo eléctrico) y Quintino Cinalli  (percusión y Udu).
La versión que más me gusta es la original, la de este disco. No la encontré en yt (hay otras, eso sí), por eso subo el disco completo, una belleza. “Flamear” arranca en el minuto 47.

sábado, 14 de enero de 2017

Ernesto Cardenal, Y todos los demás planetas habitados oyeron cantar a la Tierra


APOCALIPSIS

     Y HE AQUÍ
     que vi un ángel
                           (todas sus células eran ojos electrónicos)
y oí una voz supersónica
que me dijo: Abre tu máquina de escribir y escribe
                       y vi como un proyectil plateado que volaba
                 y de Europa a América llegó en 20 minutos
y el nombre del proyectil era Bomba H
                                        (y el infierno lo acompañaba)
                       y vi como un platillo volador que caía del cielo
Y los sismógrafos registraron como un gran terremoto
y cayeron sobre la tierra todos los planetas artificiales
                 y el presidente del Consejo Nacional de Radiación
                 el Director de la Comisión de Energía Atómica
                 el Secretario de Defensa
                               todos estaban metidos en sus cuevas
y el primer ángel tocó la sirena de alarma
                  y llovió del cielo Estronsium 90
                                           Cesium 137
                                           Carbón 14
y el segundo ángel tocó la sirena
y se rompieron todos los tímpanos de los oídos en un área de 300 millas
por el ruido de la explosión
y se quemaron todas las retinas que vieron la luz de la explosión
en un área de 300 millas
                  y el calor del centro era semejante al del sol
y el acero el hierro el vidrio el concreto se evaporaron
                                y cayeron convertidos en lluvia radioactiva
y se desató un viento huracanado con la fuerza del Huracán Flora
y 3 millones de automóviles y camiones volaron por los aires
y se estrellaron contra los edificios explotando como cocteles Molotov
y el tercer ángel tocó la sirena de alarma
y vi sobre Nueva York un hongo
                                               y sobre Moscú un hongo
              y sobre Londres un hongo
                                                  y sobre Peking un hongo
(y la suerte de Hiroshima fue envidiada)
Y todas las tiendas y todos los museos y las bibliotecas
y todas las bellezas de la tierra
                                                       se evaporaron
y pasaron a tomar parte de la nube de partículas radioactivas
que flotaba sobre el planeta envenenándolo
           y la lluvia radioactiva a unos daba leucemia
                                                     y a otros cáncer en el pulmón
                    y cáncer en los huesos
                                                         y cáncer en los ovarios
y los niños nacían con cataratas en los ojos
y quedaron dañados los genes por 22 generaciones
                                      
Y ésa fue llamada la Guerra de 45 Minutos
     7 ángeles
llevaban unas copas de humo en las manos
                              (y era un humo en forma de hongo)
y vi primero levantada sobre Hiroshima la gran copa
                            (como una copa de crema o ice-cream envenenado)
                   y sobrevino una úlcera maligna
y el segundo derramó su copa sobre el mar
          y todo el mar quedó radioactivo
                                               y todos los peces murieron
y el tercero derramó una copa Neutrón
y fuele dado abrasar a los hombres con un fuego como el del sol
y el cuarto derramó su copa que era de Cobalto
y fuele dado a Babilonia beber el cáliz del vino de la cólera
y gritó la voz: Dadle el doble de megatones que ella dio!
Y el ángel que tenía el botón de esa bomba
                                                                  apretó el botón
Y me dijeron:  Eso que aún no has visto la Bomba de Tifu
                                      y la de Fiebre Q
Seguía yo mirando en la visión nocturna
y vi en mi visión como en una televisión
que salía de las masas
                                      una Máquina
                        terrible y espantable sobremanera
y era semejante a un oso o a un águila o un león con alas de avión y
muchas hélices y estaba toda llena de antenas y sus ojos eran radares
y su cerebro era un computador que calculaba el número de la Bestia
y rugía por medio de muchos micrófonos
                                                  y daba órdenes a los hombres
y todos los hombres temían a la Máquina
Asimismo vi en la visión los aviones
eran aviones más veloces que el sonido con bombas de 50 megatones
y ningún piloto los dirigía y sólo la Máquina los controlaba
y volaron en dirección a todas las ciudades de la tierra
y todos ellos hicieron blanco
Y dijo el ángel: ¿Reconoces donde estuvo Columbus Circle?
                 ¿Y dónde estuvo el edificio de las Naciones Unidas?
Y donde estuvo Columbus Circle
                 yo sólo vi un hoyo en que cabía un edificio de 50 pisos
y donde estuvo el edificio de las Naciones Unidas
yo sólo vi un acantilado gris cubierto de musgo y cagadas de patos
y más allá las rocas rodeadas de espuma y las gaviotas gritando
Y en el cielo vi una gran luz
                 como la explosión de un millón de megatones
y oí una voz que me dijo: Prende ese radio
y prendí el radio y oí: CAYÓ BABILONIA
                                        CAYÓ LA GRAN BABILONIA
y todos los radios del mundo daban la misma noticia
Y el ángel me dio un cheque del Nacional City Bank
y me dijo: Cambia este cheque
y en ningún banco lo pude cambiar porque todos los bancos habían quebrado
Los rascacielos eran como si nunca hubieran existido
Se iniciaron a la vez un millón de incendios y no había un bombero
y no había un teléfono para llamar una ambulancia y no había ambulancias
y para los heridos de una sola ciudad no había en todo el mundo suficiente plasma
Y oí otra voz del cielo que decía:
                                                  Sal de ella pueblo mío
para que no te contamine la Radioactividad
                              y para que no te alcancen los Microbios
                         la Bomba de Ántrax
                                                          la Bomba de Cólera
                                  la Bomba de Difteria
                                                        la Bomba de Tularemia
Mirarán en la televisión el gran desastre
                              porque a Babilonia ya le cayó la Bomba
y dirán:  Ay Ay Ay Ay la Ciudad Amada
los pilotos desde sus aviones la mirarán y temerán acercarse
los trasatlánticos quedarán anclados a distancia
temerosos de que caiga sobre ellos la lepra atómica
Y en todas las ondas sonoras se oía una voz que decía:
                      ALELUYA
Y el ángel me llevó al desierto
                       y el desierto estaba florecido de laboratorios
y allí el Demonio hacía sus pruebas atómicas
y vi a la Gran Prostituta sentada sobre la Bestia
(la Bestia era una Bestia tecnológica toda cubierta de Slogans)
y la Prostituta empuñaba toda clase de cheques y de bonos y de acciones
y de documentos comerciales
y estaba borracha y cantaba con su voz de puta como en un night-club
y en la mano izquierda tenía una copa de sangre
y se emborrachaba con la sangre de todos los que ella había purgado
y de todos los torturados y los condenados en Consejo de Guerra
y todos los enviados al paredón
y todos los opositores de la tierra
                                     y todos los mártires de Jesús
y reía con sus dientes de oro
                                y el lipstick de sus labios era sangre
y el ángel me dijo: Esas cabezas que le ves a la Bestia son dictadores
y sus cuernos son líderes revolucionarios que aún no son dictadores
pero lo serán después
y lucharán contra el Cordero
                                y el Cordero los vencerá
Me dijo: las Naciones del mundo están divididas en 2 bloques
                                                                      
Gog y Magog
pero los 2 bloques son en realidad un solo bloque
(que está contra el Cordero)
                                 y caerá fuego del cielo y los devorará
Y vi en la biología de la Tierra una nueva Evolución
Era como si hubiera surgido en el espacio un Planeta Nuevo
La muerte y el infierno fueron arrojados en el mar de fuego nuclear
las masas ya no existían más
y vi una especie nueva que había producido la Evolución
la especie no estaba compuesta de individuos
sino que era un solo organismo
                                   compuesto de hombres en vez de células
y todos los biólogos estaban asombrados
Pero los hombres eran libres y esa unión de hombres era una Persona
                                                  
y no una Máquina
y los sociólogos estaban pasmados
Y los hombres que no formaron parte de esta especie
                                                          quedaron hechos fósiles
y el Organismo recubría toda la redondez del planeta
y era redondo como una célula (pero sus dimensiones eran planetarias)
y la Célula estaba engalanada como una Esposa esperando al Esposo
y la Tierra estaba de fiesta
      (como cuando celebró la primera célula su Fiesta de Bodas)
y había un Cántico Nuevo
y todos los demás planetas habitados oyeron cantar a la Tierra
                             y era un canto de amor




En: revista El Corno Emplumado (The Plumed Horn), número 13, enero de 1965. Editores: Margaret Randall y Sergio Mondragón.
Ernesto Cardenal Martínez (Granada, Nicaragua, 20 de enero de 1925). Foto: Jmp

jueves, 12 de enero de 2017

¿Viste? Para un poeta beatnik siempre hay una opción


REVOLUCIÓN O PIC NIC

Mi mejor amigo
me entregó al enemigo
mi madre se escapó con él
en un Torino rojo como el sol
como mi sangre
como el pimiento de mi corazón 

Un kilo de fierro en una mano
y uno es otro
y sos Caín o sos Abel
y eso si tenés tiempo de elegir
la mayoría no llega
ni a romper el cascarón 

Pero no es por protestar
si siempre ha sido igual
vamos a pescar…

¿Viste? Para un poeta beatnik
siempre hay una opción
revolución o picnic  

Mi canción ha sido
la del gaucho perseguido
un trasnochado perdedor
que aún añora la revolución
o por lo menos la ilusión
de la revolución 

Y vos con paso apresurado
de camino del taller
y yo mirándote embobado
como en un vals de Gardel

y luego los dos de la mano
borrachos disecados
nos despertamos solos otra vez

Pero no es por protestar
si siempre ha sido igual
vamos a pescar…

¿Viste? Para un poeta beatnik
siempre hay una opción
revolución o picnic  


Vals de Acho Estol. La Chicana en Revolución o picnic, 2011. La Chicana es Dolores Solá y Acho Estol.

miércoles, 11 de enero de 2017

Leónidas Lamborghini, El mundo sería un edén con gente blanca de ojos celestes, si es posible, y rubia


LA MORAL DEL BUFÓN

La verdad del Modelo, es su propia
caricatura, y ésta revela
la mentira de su falsa perfección.

Viéndonos, así, caricaturescos,
nos entendemos: espejo somos,
de lo deforme que el Modelo oculta.

Vida como parodia de la vida,
risible senda en la que el suicidio,
su idea, ronda hasta el bebé.

La mezcla, el remedo y el disfraz
que a nosotros el Modelo inspira,
anuncian, desde siempre, la tragedia.

Desde el reír, lo trágico mirado;
la tragedia que empieza en la parodia,
sigue en caricatura y da en grotesco.

La tragedia que cede su lugar
a esas tres formas y, con ellas,
se confunde en violento carnaval.

En ese albur, es claro, estamos todos;
somos batracios de una misma charca,
con un croar que nos identifica,

el croar de la época: un griterío,
que expresa nuestro horror que causa risa
y nuestra risa que provoca horror.

Así, el torniquete de la historia
sentir nos hace su chiste a carcajadas,
que devolvemos con más locura y crimen.

Y trágicos por cómicos y cómicos
por trágicos, en este laberinto
de horror y risa, sea nuestra guía

la moral del bufón: sus comiqueos.


COMIQUEOS I:
de un accidente

Esa niña se ahoga mas no es blanca;
es oscura, seguro una ilegal:
traga agua y se la traga el agua.

Estamos padeciendo, esta invasión
de gente sospechosa por su raza
o subraza; gente oscura, sucia.

Está gritando, escuchemos cómo grita,
acaso canta en su salvaje estilo;
chillando está, no oírla es imposible.

Entonces, veámosla, se aferra
a su pequeño salvavidas, su juguete,
con el que entró a flotar en el estanque.

Se agarra y chilla, chapotea, se hunde
y ahora vuelve a salir; en todo caso,
no es culpa nuestra lo que está pasando.

Es culpa de ellos que vienen y se quedan
trasgrediendo la ley de migraciones,
¿qué culpa deberíamos sentir?

El mundo sería un edén con gente blanca  
de ojos celestes, si es posible, y rubia;
pero esta gente del mundo hace un infierno.

Vienen, llegan, se instalan subrepticios,
se esconden, se aprovechan de nosotros,
nos avanzan, acechan nuestra sangre.

¿Qué hacer (ella se ahoga), la salvamos?
¿Intentamos hacerlo?; manotea,
ya no hay tiempo, ha sido un accidente:

ya ha desaparecido bajo el agua.


COMIQUEOS II:
de Santillán:

Vi a Kosteki caer ensangrentado
y acudí a cubrirlo: caí, como él,
 muerto por la jauría policial.

Ni muertos ni vivos; ahora nos vemos
en la memoria del puente que cortamos,
haciendo memoria como hacíamos pan:

contra el olvido que nos pide paso.


“Nota: La risa canalla incorpora varios comiqueos más a los de Comedieta (de la globalización y el arte del bufón -1995-) y queda –a partir de la presente edición- como título definitivo. L.L.”. Selección: Jmp. En: La risa canalla (o la moral del bufón), Paradiso Ediciones, 2004.
Leónidas Lamborghini (Buenos Aires, 10 de enero de 1927 - 13 de noviembre de 2009). Foto: Jmp.

martes, 10 de enero de 2017

John Berger, Durante los siglos XVIII y XIX, la mayoría de las protestas más directas en contra de la injusticia social se hacían en prosa





     Durante los siglos XVIII y XIX, la mayoría de las protestas más directas en contra de la injusticia social se hacían en prosa. Eran discursos lógicos escritos con el convencimiento de que, llegado el momento, el mundo volvería a entrar en razón, y de que, al fin y al cabo, ésta está del lado de la historia. Hoy esto no está tan claro. No hay nada que garantice ese final. No es muy probable que una era futura de felicidad universal vaya a redimir el sufrimiento del presente y del pasado. El mal es una realidad constante, irradicable. Todo esto significa que la resolución, el aceptar el sentido que hemos de darle a la vida, no puede quedar aplazada por más tiempo. No podemos fiarnos del futuro. El momento de la verdad es ahora. Y cada vez más será la poesía, y no la prosa, la receptora de esta verdad. La prosa es mucho más confiada que la poesía; ésta habla a la herida inmediata.



En: “Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos”, Hermann Blume, España, 1986 (primera edición inglesa, 1984). Traducción: Pilar Vázquez Álvarez.
John Berger (Londres, Inglaterra, 5 de noviembre de 1926 – París, Francia, 2 de enero de 2017). Foto: Jmp

viernes, 6 de enero de 2017

Raúl Gustavo Aguirre, Yo hacía el amor


DAMA DE CORAZÓN

     Yo hubiese perseguido un objetivo, pero no tengo objetivo. Como la gramilla en la tierra áspera soy apenas una pluma, apenas una espina en el invierno, y bajo las lluvias y los soles del estío una insensata exaltación. Guadaña en mano, me vuelves apacible, pero por poco tiempo, si no te ayuda mi sed. De esta manera, a veces creo en mi eternidad, aunque no es eso lo que importa. Lo que importa es esta condición salvaje en una tierra a la que, en todas direcciones, asuelan, oh cuidadoso, tus cementes armados.


EPIGRAFÍA

     “Cuando tú, Señor, urdías y atesorabas, yo fui dispensador de puros signos, y era más grande la extensión de mi reino. Cuando temías, yo avanzaba en la noche, y eran asombrosos mis encuentros. Cuando depredabas, yo hacía el amor. Y ahora somos la misma tierra y el mismo silencio.”


LA VOZ

     No buscamos la paz menos aún la paz de los justos, buscamos las tierras altas. Cobre ardiente buscamos. Y, como siempre, la magnífica libertad. Por eso comenzamos por emprender, serenamente, una terrible guerra de lenguajes. Danza nupcial o macabra, un mismo esplendor nos sirve de intermediario. El hombre a quien los dioses hicieron el honor de la llaga será nuestro amigo. Su voz resuena más allá de la muerte y guarda nuestros cantos.



En revista Macedonio, año 2, número 6/7, junio de 1970. Directores: Juan Carlos Martini y Alberto Vanasco.
Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 2 de enero de 1927 – 18 de enero de 1983). Foto: Jmp

jueves, 5 de enero de 2017

Oscar Hahn, Detrás de todo gran amor


ESCRITO CON TIZA

Uno le dice a Cero que la nada existe
Cero replica que Uno tampoco existe
porque el amor nos da la misma naturaleza

Cero más Uno somos Dos le dice
y se van por el pizarrón tomados de la mano

Dos se besan debajo de los pupitres
Dos son Uno cerca del borrador agazapado
y Uno es Cero mi vida.

Detrás de todo gran amor la nada acecha



Oscar Hahn (Iquique, Chile, 5 de julio de 1938).
En suplemento El País Cultural, nº 363, viernes 18 de octubre de 1996, Montevideo, Uruguay. Foto: Jmp

miércoles, 4 de enero de 2017

Rosario Castellanos, Damos la vida sólo a lo que odiamos


DESTINO

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
antes que lo devoren (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.


En suplemento El País Cultural, nº 363, viernes 18 de octubre de 1996, Montevideo, Uruguay.
Rosario Castellanos (México, 25 de mayo de 1925 – 7 de agosto de 1974). Foto: Jmp

martes, 3 de enero de 2017

John Berger, Cuando lloramos la muerte de alguien, lo que lamentamos es la pérdida de sus esperanzas


UNA VEZ EN UN POEMA

     Los poemas no se parecen a los cuentos, ni tan siquiera cuando son narrativos. Todos los cuentos tratan de batallas, de un tipo o de otro, que terminan en victoria y derrota. Todo avanza hacia el final, cuando habremos de enterarnos del desenlace.
     Indiferentes al desenlace, los poemas cruzan los campos de batalla, socorriendo al herido, escuchando los monólogos delirantes del triunfo y del espanto. Procuran un tipo de paz. No por la hipnosis o la confianza fácil, sino por el reconocimiento y la promesa de que lo que se ha experimentado no puede desaparecer como si nunca hubiera existido. Y, sin embargo, la promesa no es la de un monumento. (¿Quién quiere monumentos en el campo de batalla?) La promesa es que el lenguaje ha reconocido, ha dado cobijo, a la experiencia que lo necesitaba, lo pedía a gritos.
     Los poemas están más cerca de las oraciones que los cuentos, pero en la poesía no hay nadie detrás del lenguaje que se recita. Es el propio lenguaje el que tiene que oír y agradecer. Para el poeta religioso, la Palabra es el primer atributo de Dios. En toda la poesía, las palabras son una presencia antes de ser medios de comunicación.
     No obstante, la poesía utiliza las mismas palabras y, más o menos, la misma sintaxis que, por ejemplo, el informe anual de una empresa multinacional. (Empresas que preparan, para su propio provecho, los más terribles  campos de batalla del mundo moderno). ¿Qué hace entonces la poesía para transformar tanto el lenguaje que, en lugar de limitarse a comunicar información, escucha y promete y desempeña el papel de un dios?
     El que un poema use las mismas palabras que el informe de una multinacional no es más significativo que el hecho de que un faro y una celda de prisión puedan estar construidos con piedras de la misma cantera, unidas con la misma argamasa. Todo depende de la relación entre las palabras. Y la suma total de todas esas relaciones posibles depende de la manera en la que el escritor se relaciona con el lenguaje, no como vocabulario, no como sintaxis, ni siquiera como estructura, sino como un principio y una presencia.
     El poeta sitúa el lenguaje fuera del alcance del tiempo; o, más exactamente, el poeta se aproxima al lenguaje como si fuera un lugar, un punto de encuentro,  en donde el tiempo no tiene finalidad, en donde el propio tiempo queda absorbido y dominado.
     La poesía habla, con frecuencia, de su propia inmortalidad, y esta reivindicación es mucho más trascendente que la de un poeta determinado perteneciente a una historia cultural determinada. No debe confundirse aquí la inmortalidad con la fama póstuma.  La poesía puede hablar de inmortalidad porque se abandona al lenguaje en la creencia de  que el lenguaje abraza toda experiencia, pasada, presente y futura.
     Seria engañoso hablar de la promesa de la poesía, pues una promesa se proyecta en el  futuro, y es precisamente la coexistencia del futuro, el presente y el  pasado lo que propone la poesía.
     A una promesa que afecta el presente y al pasado tanto como al futuro mejor la llamaríamos certeza. 


LO QUE NOS ASOMBRA

Lo que nos asombra no pueden ser
vestigios de lo que ha sido.
El mañana, aún ciego,
avanza lentamente.
La luz y la visión
corren a encontrarse
y de su abrazo
nace el día
con los ojos abiertos,
alto como un potro.
El río rumoroso
abraza a la niebla
todavía un momento.
Las cumbres cantan
en el cielo.
Para y escucha
las ordeñadoras mecánicas
pensadas para mamar como potrillos.
Con las primeras luces
las colinas arboladas calculan
su pendiente.
El camionero toma la carretera
del puerto de montaña que le lleva
inesperadamente
por su propia familiaridad
hacia otra patria.
Pronto la hierba será
más cálida
que los cuernos de la vaca.
Lo asombroso llega
hasta nosotros,
escoltando a la muerte y a la vida


En: “Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos”, Hermann Blume, España, 1986 (primera edición inglesa, 1984). Traducción: Pilar Vázquez Álvarez.
John Berger (Londres, Inglaterra, 5 de noviembre de 1926 – París, Francia, 2 de enero de 2017). Foto: Jmp