martes 9 de febrero de 2010

Guillermo Saccomanno – Por qué escribí una novela rusa, acerca de “El oficinista”


_
POR QUÉ ESCRIBÍ UNA NOVELA RUSA, ACERCA DE “EL OFICINISTA”

La zona del Bajo, en Buenos Aires, concentra el humus de esta novela. Están las torres de la zona empresarial donde se encuentran desde la Bolsa hasta los bancos extranjeros, las multinacionales y los ministerios. También la marginalidad de humillados y ofendidos que incluye una villa miseria detrás de terminales ferroviarias y de ómnibus y edificios de tribunales de justicia. Como me gusta levantarme temprano, suelo observar a los hombres y mujeres jóvenes, triunfadores de un presunto futuro, elegantes ellos con sus trajes de Hugo Boss, glamorosas ellas con sus trajecitos Chanel, avanzando con paso firme y aire triunfador hacia una oficina en el cielo donde permanecerán cautivos más de diez horas diarias. Y encima se llevarán trabajo a la intimidad del fin de semana.

Parecen haber olvidado a las multitudes indignadas de los ahorristas que golpeaban los blindajes de acero de los bancos. O las más recientes imágenes de los yuppies eyectados de Wall Street llevándose a casa sus pocas pertenencias oficinescas en unas cajas. Estos oficinistas que avanzan a paso firme hacia sus escritorios no olvidaron esas escenas, me digo. Es que miran hacia el futuro. El problema es que el futuro seguramente no los mira a ellos. Y si los mira, más les vale tener miedo.

Por la noche, cuando la City se apaga, en los umbrales de esas catedrales del dinero, bajo las recovas de una avenida y hasta en las cabinas de los cajeros automáticos, empieza a verse a los sin techo, aquellas y aquellos desgraciados pestilentes expulsados de un sistema en el que creyeron. Más de una vez, mientras observaba este contrapunto macabro, me preguntaba cómo escribir sobre estos personajes, que quizá no sean tan diferentes en su degradación del Akaki Akákievich de El capote, de Gógol. O del hombre del subsuelo de Dostoievski. También, ¿por qué no, Bartleby? ¿Y Samsa? También. Nada es casual: en un principio esta novela se llamaría La Perspectiva Nevski. Porque ésta sería una novela rusa. Existencias desesperadas en un mundo absurdo que responde a una lógica: la destrucción del sujeto. En este sentido, al modo ruso, esta novela no es de amor, sino de la búsqueda de amor. Aunque suene cursi. Aunque el amor esté en extinción. Una novela de soledad. Si lo prefieren, una experiencia rusa. De hecho, el protagonista de esta novela es «tan ruso».

Empecé a escribir El oficinista en el verano del 2003. La primera versión, compulsiva, con una relativa velocidad, la escribí en un mes. Ignoraba que su proceso de corrección y ajuste –tal vez la verdadera etapa de escritura– me llevaría seis años. Seis años en los que pasé por diferentes estados de ánimo. En todos fui el oficinista. Es cierto, lo fui alguna vez. Quizá ahora, al escribir, no tenía que observar tanto a los otros como a mí mismo. Si hay una clase que conozco y repudio es la clase media. La clase a la que pertenezco. Se define por su capacidad de sometimiento y traición. Una clase que, en su afán de trepada y con tal de no descender un peldaño en la escala social, se identifica con sus enemigos, los ricos. Es decir, el poder. Lo peor del poder es que nos inficiona. La clase media, tan prolija, la clase media, tan capaz de canalladas cobardes y, con una sonrisa cambiar de canal. ¿Acaso soy mejor tipo por ser escritor? El oficinista también soy yo.

Que mi novela transcurra en un tiempo donde conviven elementos de ayer con la tecnología del mañana no tiene nada de novedoso. Hay ejemplos sobrados en la realidad. Ese tiempo es ahora. Un mundo de Ballard, pero también muy ruso. Cero ciencia ficción. Seamos realistas. Esa gran ciudad sobrevolada por helicópteros y estallando en atentados puede ser la tuya o la mía. Los perros clonados que asoman en la novela no son diferentes de nosotros. La tragedia del oficinista, cuyo destino parece responder a las leyes de Murphy, es decir, las leyes del capitalismo, puede ser la de cualquiera. Después de todo, un CEO, un brand manager, una executive, ¿qué son, sino oficinistas? Piensen nomás en qué ocurriría si pierden el trabajo. ¿De qué abyecciones seríamos capaces, escritores y lectores, con tal de que el poder no pise nuestros dedos agarrados a la cornisa?

_
En: edición impresa del diario “Diagonales. El nuevo diario de La Plata”. Contratapa del martes 9 de febrero de 2010.
_
Guillermo Saccomanno nació en Buenos Aires en 1948. Su novela “El oficinista” acaba de ganar el premio Seix Barral de novela 2010.
_

Luis Rogelio Nogueras - Labios Sim Beijos


_
LABIOS SIM BEIJOS

Otra boca besa la boca que mi boca ya no besa
otras manos tocan las manos que mis manos
ya no tocan
otros ojos se miran en los ojos que ya no ven
mis ojos

boca que te fuiste
manos que se fueron
ojos que se fueron

mi mano escribe el poema
que mi boca no quiere repetir, no
que mis ojos no quieren leer, no
mi mano escribe el poema de tu boca
(que tampoco repetirá tu boca)
el poema de tus ojos
(que tampoco leerán tus ojos)
el poema de tus manos
(que tus manos no tocarán)

se fue la boca, sí
se fueron las manos, sí
se fueron los ojos, sí

sólo queda el poema
manco
ciego
mudo

_
Luis Rogelio Rodríguez Noguera nació en La Habana, Cuba, el 17 de noviembre de 1944. Murió el 6 de julio de 1985.
_
Foto: Luis Rogelio Nogueras
_
(gracias Marisa Negri, por acercarnos el poema)
_

lunes 8 de febrero de 2010

Roberto Díaz – Las puertas


_
LAS PUERTAS

Hay puertas para todos los gustos.
Puertas que se abren y se cierran.
Puertas de luto, puertas de fiesta,
puertas entornadas.

Puertas que no conocen el sol
y puertas que se encariñan con las ramas.

Puertas de blanco como en la niñez
y puertas grises de los cementerios.

El hombre ha pasado su historia
construyendo puertas
como vallados contra el frío,
como fronteras de su soledad.

Y ha usado sus mirillas
para escrutar la noche
cuando rondan los lobos
y peligran los libros y los hijos.

Las puertas nos comprenden;
por eso, se abren jubilosas
para que el amor pase.

O se quedan hoscas y calladas
cuando olfatean los demonios.

Son como perros inmutables las puertas.
Aceptan besos y vecinas,
vendedores de sábanas,
carteros y hasta primos.

No hay que ser prepotentes
con las puertas.
Ellas tienen sus códigos.
Ellas esperan que le den la mano.

_
En “Viajero de estas aguas”, Ediciones La Ciudad, 1997
_
Roberto Díaz nació en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, en 1938. Poeta, periodista, traductor de lengua inglesa.
_
Ilustración: “La Réponse imprévue” (1933), René Magritte (1898-1967), Musée Magritte
_

domingo 7 de febrero de 2010

Sam Hamill – Cinco poemas


_
LAS REDES

El algún sitio alguien
en la orilla del mar
al calor de una pequeña hoguera
está desenredando
las pesadas redes del deseo.

Trabaja despacio, sus dedos sangran,
su mente a un tiempo y a medias,
piensa……. escucha…….
sabiendo que sólo el mar alimentará su sed.

_
MONTAÑAS Y RÍOS SIN FIN

Luego de hacer el amor, somos como ríos
que descienden de la cima de las altas cumbres.

Permanecemos en la quietud, nos movemos
tranquilos en la profundidad del peligro

dos ríos penetrando el océano
serenos, como si nada tuviera importancia:

sosegadamente, pero con gran energía
confluyendo en las aguas cada vez más profundas.

_
DISCURSO ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA, 2003

Nunca he estado en Jerusalén,
sin embargo Shirley habla de las bombas.
No tengo ningún dios, pero he visto a los niños orando
para que todo esto llegue a su fin. Ellos le rezan a diferentes dioses.
Nuevamente las noticias son todas viejas noticias, que se repiten
igual que los vicios, el tabaco barato, la mentira social.

Los niños han visto tanta muerte
que ésta ha perdido su significado.
Ellos hacen la cola para recibir su pan.
Ellos hacen la cola para obtener un poco de agua.
Sus ojos, negras lunas reflejando el vacío.
Los hemos visto mil veces.

En unos momentos hablará el presidente.
Él tendrá algo que decir acerca de las bombas,
La libertad, y nuestro modo de vida.
Yo apagaré el televisor. Siempre lo hago.
No puedo mirarlo. No soporto los monumentos en sus ojos.

_
EL GANADO DE DRESDEN

Ah, las ruinas del corazón humano.
Un granero envuelto en llamas,
una catedral bombardeada,

las sombras de formas casi humanas
caen, se levantan, se deslizan,
silenciosamente se turnan
para entrar alternativamente
¿en la oscuridad o en la luz? Napoleón
o los eslavos que murieron
a lo largo del agonizante Elba.

Las viejas manos azules de mármol
del albañil colocaron piedra sobre piedra,
y las manos sangrientas de los amargos

las hicieron añicos.
Nos condujeron por las calles
como ganado. Lloramos

pero nadie acudió. Una cosa
es amar a otro ser humano,
otra saber

y recordar
como murió lo bello.

_
EL DON DE LENGUAS

Todo aquello que hurto, lo doy.
Una vez, rodeado de pinos tan altos como estos,
la misma luna creciente deslizándose, suave, a través de la altura,
yo estaba sentado, acurrucado sobre mis rodillas,
en compañía de un amigo, fumando, bebiendo té,
intercambiando historias de coyotes y mentiras.

Él me dijo algo acerca de las palabras,
que cada una de ellas es un nombre,
y que cada nombre es el de Dios.
Yo que no tengo ningún dios
permanecí sentado en la vastedad del vacío,
tan callado como podía en el silencio.
Un sendero que puede ser nominado no es el sendero.
Cada una de las palabras refleja
el Espíritu que no puede ser nombrado.
Cada palabra un don, su valor en exacta proporción
al espíritu en que ésta es entregada.

Así habladas, estas palabras que entrego en este instante
por medio del chino antiguo de Lao Tzu,
fueron robadas veinticinco siglos más tarde
por este un humilde ladrón.
La Palabra es sólo evidencia de lo real:
en la lengua hopi no hay ballenas;
en el inglés norteamericano no existe el Cuarto Mundo.

_
En revista “Omero poesía”, número 14, octubre 2006. Trad. Esteban Moore en colaboración con Sam Hamill, Buenos Aires, 2006.
_
Sam Hamill nació en EEUU en 1943. Poeta, ensayista, traductor y docente. Ha dirigido durante la última década talleres de poesía en las cárceles y ha sido poeta invitado de distintas universidades. Asimismo ha trabajado con grupos de mujeres y niños golpeados en su país. Es el fundador y editor de Copper Canyon Press, reconocida como la editorial de poesía más destacada de los EEUU de las últimas décadas. En febrero de 2003 fundó Poets Against the War (Poetas en contra de la guerra).
_
El 10 de febrero las 19.30 hs. en “Bar La Poesía” (Chile 502, esquina Bolívar, Ciudad Autónoma de Buenos Aires) leerán sus poemas los poetas norteamericanos Sam Hamill y Alfred Corn. Presentan los poetas Jorge Rivelli y Esteban Moore.
_
Foto: Sam Hamill
_

sábado 6 de febrero de 2010

Emma Barrandéguy – Ya me voy y otros poemas de “Poesías completas”


_
YA ME VOY

Ya me voy de tu cuarto
y de tus hombros.

Allí esa intimidad de tu ropero
y los libros.
¿Qué haríamos sin ellos para el viaje?

La caricia empezada
y los ojos curiosos
te los dejo, hoy y siempre.

Se me encienden las manos
y me olvido. Despiértame.

Ya me voy de tu cuarto:
verás cómo, despacio,
se irán domesticando
mis violencias.
Y absurdo me ha de ser este deseo
y este crearse un sueño.

Y al fin, un día, me serán tan fácil:
las manos quietas y los ojos ciegos.

De: Las Puertas, 1964

_
FOTO

Esa soy yo:
una mujer gastada y melancólica
con la mirada
que arranca de una infancia razonable
y una cabeza peinada
como corresponde
a una señora de tantos años.
Procuro que las canas
tengan su orden natural
que tranquiliza a los que miran,
aunque yo casi estoy segura,
después de todo,
que moriré sin haber sentado cabeza.

De: Refracciones, 1986

_
EL CUERPO

¿Por qué no es posible el amor?,
me preguntas.
Somos viejos, respondo.
Y que pases tu mano
por mi pierna,
me da cierta vergüenza.
Tonterías, dice el amigo
y cediendo
me tiendo a su lado como cuando era joven
y lo ignoraba.
Pienso en todos los viejos
que desde un banco al sol
miran transcurrir las muchachas.
En mi padre y sus esquelas victorianas
a las niñas de los mandados.
Pienso en mi madre pulcra
cubriendo sus desnudos en un último gesto.
Pienso que los viejos son como todos
y apetecen sin pausa
si no han sido saciados.
El cuerpo gira ante sus ojos
con el gusto de lo prohibido,
como siempre.
Se los instala en la sabiduría
y no la tienen;
codician como jóvenes,
tienen pequeñas ternuras
como mi amigo,
tienen lascivas preferencias
que no les cuentan a los otros,
tienen derecho al amor
aun a costa del ridículo.
Y si pasan tomados de la mano
o se encierran en su mundo
con las persianas bajas,
tendríamos que mirarlos sin asombro
como a lentos vagabundos
o discretos amantes que renuevan caricias.

De: Camino hecho, 1996

_
DÉJENME SER UNA HOJA DE ÁRBOL…

“Déjenme ser una hoja de árbol, acariciada por la brisa”
La última hoja amarilla
de los fresnos,
del ceibo, de la glicina blanca.
Soy.
Ya culmina el otoño
entre nosotros.
Las hojas esperan en la vereda.
El agua que las empape y las ensucie.
El árbol, libre de ellas,
al fin puede conversar con la luna
que asoma brillante y sensual
por el este de la noche
que silba entre las ramas.

De: Últimos poemas, 2002-2006

_
En: “Poesías completas”, Ediciones del Copista, Córdoba, Argentina, 2009.
_
Emma Barrandéguy nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 8 de marzo de 1914. Murió, en su ciudad natal, el 19 de diciembre de 2006.
_

Emma Barrandéguy - Por amor al nombre


EMMA BARRANDÉGUY: “Por amor al nombre”, de Marcelo Leites

Emma Barrandéguy nació en nuestra mítica Gualeguay, el 8 de marzo de 1914. Fue maestra, aunque no ejerció la docencia, salvo a través de clases particulares. También fue periodista del diario La Verdad de Gualeguaychú. En 1937 se estableció en forma permanente en Buenos Aires, donde trabajó en el diario Crítica, como archivista y redactora, entre 1938 y 1956, gracias a la convocatoria de Salvadora Onrubia de Botana, de quien posteriormente se convertiría en Secretaria privada. Además trabajó para el Instituto del Cáncer, fue traductora para las editoriales de El Ateneo y Emecé, vendió alhajas, publicó artículos sobre astrología y comenzó la carrera de Filosofía, a los 50 años. Vivió durante un tiempo alternando quincenas en Gualeguay y en Buenos Aires, hasta que a mediados de los ochenta, se estableció definitivamente en la provincia. Durante casi veinte años dirigió la página cultural de El Debate- Pregón, el diario de Gualeguay. Obtuvo en dos ocasiones el premio Fray Mocho, la mayor distinción otorgada por el gobierno de Entre Ríos a la literatura: en 1970, por la obra teatral "Amor saca amor", y en 1984, por la novela "Crónicas de medio siglo". Murió de cáncer, en su ciudad natal, el 19 de diciembre de 2006.

Fue una marginal, una disidente, una mujer que se rebeló frente a la hipocresía de las instituciones y costumbres, frente a la ruindad del mundillo provinciano. Difícilmente pueda encontrarse otro caso similar dentro de la ya vasta historia de la literatura entrerriana: gradualmente Emma se fue quitando todas las máscaras hasta quedar completamente desnuda, cosa que sucede hacia el final de su vida, cuando decide publicar su obra HABITACIONES, en el año 2002, libro escrito, sin embargo, a fines de 1950. Con su publicación recomendada por María Moreno en la editorial Catálogo de Buenos Aires, la autora obtuvo un reconocimiento “nacional”. Pero vayamos por partes. Las habitaciones son los dormitorios de la casa que cerramos con diez mil llaves, antes de permitir que cualquiera entre a espiar y descubra lo que hay adentro, donde guardamos lo que verdaderamente somos. En el caso de Emma, particularmente, su cuerpo, su sexualidad, que luego de su matrimonio de doce años con Neil Mac Donald se había ido inclinando cada vez más hacia la homosexualidad o bisexualidad. ¿Pero necesitaba hacerlo? ¿Necesitó esperar 50 años, para publicar su novela? Una mujer que había tenido la valentía de pararse en un lugar único en la década del 30’ en su Gualeguay natal, a la par de los grandes poetas de la Provincia de Entre Ríos, con Juan Laurentino Ortiz, a la cabeza del grupo “Claridad”, vinculado al comunismo y al anarquismo, siendo por otra parte, la única mujer que integraba dicho grupo. ¿No había hecho siempre lo que había querido? Tal vez, ideológicamente, le resultó más sencillo. Sus primeros trabajos revelan un marxismo ortodoxo y una visión un tanto ingenua del capital y del proletariado. Es una poesía de corte netamente social que a veces cae en cierto maniqueísmo: “El martillo y la hoz/no los dejan dormir tranquilos/a los capitalistas” (Primero de mayo) o: “Debemos estar con ellos (los proletarios) para quitarle la tierra a los ricos, para hacer la revolución agraria” (Escucha, campesino).

Pero la vida privada es otra cosa. Tal vez, la época y el pudor impidieron otra posibilidad. La pacatería y prejuicios provincianos la hubieran condenado, si ventilaba sus “habitaciones” en plena luz del día. La cuestión es que “Habitaciones” coloca la vida íntima en un lugar central. Cuando la literatura se vuelve confesión, cuando el “yo” literario es el “yo” del escritor, no hay mediación y asistimos a una exposición infrecuente como lectores, porque la vida privada se hace pública. Podemos pensar que aquí la literatura deja de ser literatura para volverse autobiografía o diario íntimo. Pero entonces, ¿dónde ubicar los poemas de Passolini, de Ungaretti, de Leopardi o el Diario de Pavese? Es justamente ese cruce tan delgado entre literatura y biografía, lo que le otorga a su prosa una marca tan auténtica y original. Desde ese lugar también escribió su poesía. Y la gracia de su tono está en la autenticidad, que a veces puede volverse lacerante; una sinceridad que llega hasta las últimas consecuencias en la persecución de sí misma: No traicionarse, mantenerse fiel a los ideales juveniles, fiel a sí misma. Esa parece haber sido su consigna.

Gran parte de la poesía lírica supone la anulación de la distancia entre el escritor y su imaginario. El sujeto de la escritura es también el objeto de la misma. No hay personajes, ni máscaras, ni heterónimos, sino el poeta mismo quien se ofrece al lector. Desnudo, otra vez. Y esa ofrenda es “amor al nombre”, como sostiene la ensayista francesa Martine Broda: “Suele suceder, en la poesía lírica amorosa, que el nombre propio, que funciona en ese momento como un nombre o un fetiche, sea el objeto visible del amor… En esta poesía es el propio deseo el que resulta epifánico” (BRODA, Martine; El amor al nombre”, Losada, Madrid, 2006).

En la poesía de Barrandéguy, el deseo permanece insatisfecho o sólo satisfecho en los momentos de epifanía, esos instantes imborrables que Barrandéguy reproduce y fija para siempre en su poesía: los encuentros o desencuentros amorosos, el ida y vuelta con los amigos, la unión con plantas y animales y la poesía, por encima de todo: "para recibir de sus manos la palabra/que quería decirme simplemente: Nada hay tan valioso como el amor".

También el amor fue lo que movió a Irene M. Weiss, Doctora en filología, Profesora de la UBA y, actualmente, de la Universidad Johannes-Gutenberg de Maguncia (Alemania). El amor y la fidelidad a la memoria de su amiga. A ella le debemos la edición de la poesía completa de Emma Barrandéguy. En noviembre del año pasado, la colección Fénix de Ediciones del Copista de la ciudad de Córdoba, publicó “POESÍAS COMPLETAS”. El volumen reúne las libros de poesía que la autora publicó en vida: Poemas -1934-35 (1936), Las puertas (1964), Refracciones (1986), Camino hecho (1996), y numerosos inéditos escritos en diferentes épocas –que abarcan más de la mitad del ejemplar-, constituidos por las Poesías sueltas, los Poemas II (1933-1943), Archivo y los Últimos poemas (del 2002, al 2006), con un excelente estudio introductorio de la Dra. Weiss.

El libro es altamente recomendable, por varios motivos. Permite poner en relación todos los textos de Emma, que andaban dispersos en revistas y otras medios, con los inéditos y los de los libros publicados. Sitúa la obra de Emma Barrandéguy dentro del canon provincial: al lado de María Teresa Fabani o María Esther de Miguel, cerca de Ortiz o Mastronardi. Permite también leer sus poemas en contrapunto con su prosa, de la que no está tan lejos, de hecho, pueden leerse como una continuación, un comentario o un anticipo de “Habitaciones”. Si bien formalmente, a veces apelan a la métrica regular y adoptan formas cristalizadas como alejandrinos, endecasílabos, sonetos, etc., hay innumerables poemas en verso libre y en prosa.

El lenguaje es coloquial, directo, transparente. La sencillez de su estilo está en consonancia con una actitud muy vital que tiene su centro de gravedad en el estoicismo. Una sabia aceptación de lo que la vida ofrece en el mero transcurrir de una existencia. Por eso, aun cuando haya nostalgia –del amor esquivo o efímero, de algunos seres queridos-, aun cuando la poeta esté atravesada por las ausencias o el paso del tiempo-, el tono nunca llega a la desesperación: “vuelve a florecer el lirio atigrado/Miro sin asombro el milagro. / Envejezco, /rabiosa de vida, como el lirio.”

Con Emma Barrandéguy asistimos a una mirada que renueva la vieja relación vida y literatura, hasta el punto de no saber bien dónde empieza una y termina la otra. Cuando esa fusión obra de modo tan imperceptible, la poesía sale ganando. Dentro de las páginas de este libro, los lectores encontrarán un modo de estar en el mundo, la respiración de Emma, sus articulaciones secretas. Y nos enseña: “De todos los poetas /podría extraer una cita/que a mi modo de vida se aviniera/y eso sería bastante.” Es lo que hizo, no sólo con sus libros y autores amados, sino también con muchos escritores que la visitaban y le leían sus textos y ella los ayudaba y guiaba, generosamente. Podría seguir extractando sus versos; prefiero que lo hagan ustedes mismos; cuando lean la obra podrán encontrar unos cuantos versos y poemas que los acompañen mientras caminan.

Marcelo Leites, Concordia, 25.01.10, para "El Diario" de Paraná, publicado en 02.02.10
_
Marcelo Leites nació en Concordia, Entre Ríos, en 1963. Poeta y crítico literario.
_
Foto: Emma Barrandéguy
_

viernes 5 de febrero de 2010

Eugenio Mandrini – La almohada


_
LA ALMOHADA

En mi almohada hay un tigre.

Me lava la cabeza con su aliento de fósforo,
me cuenta la selva en el oído, el matorral
donde acechan las voces del terror o el susurro, el
arte del sigilo que apaga el gemir
de las hojas secas.

En mi almohada hay un tigre.
El resplandor donde los ciegos tambalean.
La sangre de la luz que envidia el fuego.

Si duerme –raras noches–
lo hace con la cola enroscada en mi cuello
como un látigo que espera.
Si está alerta –tantas noches–
me habla. Me dice: –Escribe,
con el asombro del color que soy
con el hambre de las entrañas que soy
con el brillo de la oscuridad de la mirada que soy.

En mi almohada hay un tigre.
Todo tigre es un poema feroz.

_
En “Conejos en la nieve”, Ediciones Colihue, 2009
_
Eugenio Mandrini nació en Buenos Aires en 1936. Poeta y narrador. En 2008 ganó el premio de poesía “Olga Orozco”, organizado por la Universidad Nacional de San Martín (UNSaM) a través de su revista Nómada y la Cátedra Abierta de Poesía Latinoamericana, que contó como jurado a: Francisco Gamoneda, Juan Gelman, Gonzalo Rojas –los tres premio Cervantes– y Jorge Boccanera.
_
Foto: Jmp
_

jueves 4 de febrero de 2010

Néstor Mux – Tres poemas de “Disculpas del irascible”


_
UNA DE ALTMAN

No era la oscuridad
de quien va cayendo al fondo.
Era la oscuridad de la sala
donde veíamos una de Altman.
Pero tu mano buscó mi mano
y sentí el temblor feliz
de quien volvió a salvarse.

_
PAPELES A CONSIDERACIÓN

Ella hojea lentamente mis papeles
con un afecto que hace creer
que alguna línea pudiese ser feliz.

El abismo verde de sus ojos próximos
se entrecierra como si necesitara
descubrir insignificancias de la verdad
en esas fotografías que la incluyen.

“– El poema es la respiración
de quien escribe
”, dice.

Yo no digo nada. Pero respiro tranquilo.

_
DISCULPAS DEL IRASCIBLE

En intimidad el irascible
entrega y recibe amor.
Afuera, en la realidad,
el irascible, como un derrotado,
grita contra el mundo.
Es posible que sangre por la herida.
Es posible que el amor
salve al irascible.

_
En: “Disculpas del irascible”,antología (1978-2009), con selección de textos de José María Pallaoro e introducción de Mario Arteca, Libros de la talita dorada, 2009.
_
Néstor Mux nació en 1945 en La Plata, donde vive. Publicó en poesía: “La patria y el invierno”, 1965; “Nosotros en la tierra”, 1968; “Cartas intimas para todos”, 1974; “Como quiera que sea”, 1978; “Perros atados”, 1982; “Poemas”, 1985; “Poesía reunida” (incluye un libro inédito: “Cosas que nos rodean”, 1986), 2000; “Papeles a consideración”, Libros de la talita dorada, 2004 y “Disculpas del irascible”, antología (1978-2009) con selección de textos de José María Pallaoro e introducción de Mario Arteca, Libros de la talita dorada, 2009.
_
Ilustración: Tapa "Disculpas del irascible".
_

miércoles 3 de febrero de 2010

Aldo Pellegrini – Pesadilla litúrgica


_
PESADILLA LITÚRGICA

La llama se extingue
la calle sembrada de cenizas
las mujeres comercian con el fuego
los enemigos marchan de la mano
las lágrimas brotan de las puertas
los ciclistas ruedan sobre los principios morales
el gran árgano de la catedral
el humo
gris
una canción sorda
una llama sorda
la alegría hace estallar las venas de los ángeles
un gemido alucinante guía los pasos del sacerdote hacia el deleite
el asombro es rojo
un líquido gotea sobre el altar
la sangre la fugacidad la desnudez
la desnudez la inmortalidad
los ojos como relámpagos, las mejillas veloces
las lágrimas no brotan
tormenta de la fugacidad
lo eterno se paraliza
los ciclistas corren detrás de la indiferencia
el sacerdote acompaña con los ojos la danza
geometría de lo agónico
suspendida en el centro de la mirada
está la desnudez
¿habrá alguien que pueda comprender nuestra fiesta?

_
En “Construcción de la destrucción”, Ediciones A Partir de Cero, 1957.
_
Aldo Pellegrini (Rosario, 1903 – 1973), poeta, ensayista y crítico de arte.
_
Foto: jmp. Tapa “Construcción de la destrucción”.
_

martes 2 de febrero de 2010

Gabriel Báñez – Coto de caza


_
COTO DE CAZA

Cuenta Vonnegut en su Desayuno de campeones que "Kilgore Trout escribió un cuento corto que era un diálogo entre dos pedazos de levadura. Discutían el posible sentido de una vida que se limita a comer azúcar y a ahogarse en su propio excremento. Debido a su limitada inteligencia nunca llegaron a darse cuenta de que lo que estaban haciendo era champagne". Lo mismo le pasó al Pájaro Idiota cuando tuvo que adaptarse al coto de caza de la culturita nacional: "¿Picoteo cinismo o picoteo emoción?", se preguntó. Los gendarmes del coto de caza no le perdonaron que devorase la segunda. "Eso no es inteligente, usted ha crecido en una época en que la ironía es nuestro alimento balanceado", le dijeron. "Pero yo soy un pájaro idiota", repuso el Pájaro Idiota. Le dispararon a la cabeza. Luego juntaron el cuerpo, las plumas una a una y con el excremento pintaron el cartel de entrada al coto: "Conduzca con prudencia, beba champagne".


2 de febrero de 2008, en el blog "Corte y confección".
_
Gabriel Báñez (La Plata, 1951 – 2009). Escritor y periodista.
_
Foto: Gabriel Báñez
_

Isidoro Blaisten – Fuera del paraíso


_
FUERA DEL PARAÍSO

Iban dejando ceniceros llenos, papel de celofán, cucharitas, ropa interior, ropa exterior, todo desparramado.

Ellos eran dos, que es lo mejor que puede acontecerte. No me digas que no. Somos dos y nos conocemos. Pero esto vino después.

Como te decía, iban poniendo cosas a medida que daban vuelta la noción del espacio, del tiempo, de todos nosotros, de todos los que fueron y los que no.

Dejaban colillas, lágrimas. Ramas de acanto en las tazas de café y objetos en desuso en mitad de la niebla. Y sus cabezas dormidas en la almohada.

Pusieron tanto, te digo. Que ya no quedó lugar. Entonces, como a nosotros, los echaron.

_
En: “El mago”, Emecé Editores, 1991.
_
Isidoro Blaisten. Escritor. Concordia, Entre Ríos, 12 de enero de 1933 –Buenos Aires, 28 de agosto de 2004.
_
Foto: Isidoro Blaisten
_

lunes 1 de febrero de 2010

Emily Dickinson (1830-1886) por Aurora Venturini


POESÍA PURA

Emily Elisabeth Dickinson nació en Amhert, Massachusetts, Estados Unidos, y trajo a Nueva Inglaterra sus plantas y sus duendes, siendo ella misma una planta y un duende preciosos huyendo siempre de la plena luz, entre los bosques. Sus antepasados arribaron a los Estados Unidos con la primera ola migratoria puritana que profesó la religión protestante. Su genealogía es representante de la Cámara en el Congreso de Washington, fundantes de la línea ferroviaria Massachusetts Central-Railroad, y su padre fue uno de los fundadores del Amherst-College. Por allí circulaba alguien que resultó ser amigo de Ralph Emerson, quien influyó en la fase filosófica de Emily. La madre, Emily Norcross, se dedicó a criar a los hijos, entre ellos a Emily. El mayor, Williams, y sobre todo la menor, Lavinia, que cuidó y compiló dentro de sus posibilidades la obra de la poeta, era su “querida Vinnie”.

Nace nuestra protagonista antes de la Guerra de Secesión, que significó serios choques entre clases sociales; la familia Dickinson pertenecía a la alta sociedad. Por ejemplo, toda la población de Amherst carecía de las más básicas comodidades: ni agua caliente, ni baños instalados en las casas ni lugares de cultura. Los Dickinson disponían de servicio doméstico, concretamente, una sirvienta irlandesa. La severidad puritana frenaba cualquier expresión artística, además de los juegos de naipes y las celebraciones pascuales y navideñas; se aceptaba que las señoras tomaran el té en reuniones del atardecer, y que los niños cantaran en el coro de la iglesia. Lavinia, la “querida Vinnie”, juega un papel sobresaliente en la vida de su hermana y las escasas confidencias que se conocen provienen de ella. Emily estudió literatura, religión, matemática, ecología y biología en la Academia de Amherst. Leyó la Eneida de Virgilio en su idioma. Le escribe una carta a su amiga Jane Humphrey, a los once años: “Hoy es miércoles, y ha habido clase de oratoria. Un joven leyó una composición cuyo tema era ‘Pensar dos veces antes de hablar’. Me pareció la criatura más tonta que jamás haya existido y le dije que él debiera haber pensado dos veces antes de escribir”. A los catorce años, escribe a otra compañera: “Terminaremos nuestra educación alguna vez, ¿no es verdad? Entonces tú podrás ser Platón y yo Sócrates, siempre y cuando no seas más sabia que yo. “La estudiante, desde su adolescencia, se dedicó a la botánica: la trama naturalista de su poesía fluye de los canteros y de los edenes, cuya vegetación ella conocía y ubicaba acorde con sus especies. En el término de un curso, aprobó historia inglesa y gramática, química, fisiología, astronomía y retórica. En ciencia botánica la declararon sobresaliente sin rendir examen. Después regresó a su casa y no volvió a estudiar.

En cuanto a la vida íntima de la joven científica y escritora, se conserva una carta donde alude a dos hombres y nunca nadie supo de la profundidad de sus relaciones. La carta, tímida pero definitoria, desacredita cualquier entrega.

“Cuando era pequeña tuve un amigo que me enseñó lo que era la inmortalidad, pero se aproximó demasiado a ella y nunca regresó. Poco después murió mi maestro, y durante largos años mi única compañía fue el diccionario. Luego encontré a otro, pero no quería que yo fuera su alumna y se fue de la región.” Algunos comentarios dejan entrever que experimentó pasión por un pastor que estaba casado, según el vecindario, felizmente. El pastor falleció el 1º de abril de 1882. Al cumplirse un año del fallecimiento, Emily escribió: “Toda otra sorpresa a la larga se vuelve monótona, pero la muerte del hombre amado llena todos los momentos y el ahora. El amor para mí no tiene más que una fecha: 1º de abril, ayer, hoy y siempre”.

Recién comprendo qué es la poesía pura. Frente a una librería de la ciudad de La Plata, algo me indujo a comprar el delgado tomito que aclaraba la vidriera. El tomito me obligaba a que lo leyera y cumplí el mandamiento: leí unos versos y lo cerré ubicándolo en mi escritorio junto a Keats. Al principio sentí desbarrancarme entre las rejas de los sombríos dólmenes sustantivos. Sentí ser Simbad el marino descendiendo al valle de unas formas quietas, inmóviles, que a mi solo contacto cobraban vida y atacaban. De una aparente calma de infancia surgían enormidades de una soledad nunca derrotada que convertía el paisaje en un Sésamo ciérrate, sin apertura. Un poema titulado “El ciervo herido salta mucho más”, acaso sirva de autobiografía. Dice la poeta: “Un Ciervo herido-salta mucho más-Me dijo un Cazador-Pero es tan sólo un Éxtasis de muerte-Tras eso la Maleza queda en calma”.

Los sustantivos en mayúscula mortifican al lector, y los terminales guiones son un suplicio. La obra total de esta mujer extraordinaria se publicó en 1880 en forma de tres antologías, con el material dividido en cuatro secciones: Vida, Naturaleza, Amor, Tiempo y Eternidad.

_
Emily Elisabeth Dickinson por Aurora Venturini en LAS/12 Suplemento de Página /12 del viernes 29 de enero de 2010.
_
Imagenes: Emily Elisabeth Dickinson y manuscrito original del poema Wild nights, wild nights!, en el que se observa el excéntrico uso de los guiones.
_
Aurora Venturini nació en La Plata el 20 de diciembre de 1921. Poeta y narradora. En 2007 recibió el Premio de Nueva Novela Página/12 por su libro “Las primas”.
_

sábado 30 de enero de 2010

César Fernández Moreno – ¡Zas! y algunos otros “Ambages”


BIBLIOTECOLOGÍA

basta que los libros no estén cabeza abajo

nunca prestes un libro y menos a su autor


EL INFIERNO

el egoísmo da ventajas inmediatas
pero a la larga se vuelve contra el egoísta

el insomne se arroja sobre la noche
y atrapa el alba

el insomnio es un motor que se abastece de noche líquida


EL MAESTRO

repugna escuchar de otros labios
las sandeces que salieron de los míos


EL MATRIMONIO

dos personas del sexo opuesto
subiendo y bajando alternadamente
la tabla del inodoro


ARTE POÉTICA ACTUALIZADA

la función de las artes en el siglo XX
es no joder

las palabras deben ordenarse con la Olivetti
los párrafos con las tijeras
los capítulos con la fotocopiadora

tus tijeras no hallarán resistencia
en la carne fofa de la mala poesía

ya no escribo
manipulo scotch xerox cassettes
y de noche me dejo contar un cuentito por el cine


¡ZAS!

basta que a uno le sobre tiempo y ¡zas!
todos los semáforos se ponen verdes

ya empezaban a conocerme en la tierra como escritor
y ¡zas! me colonizan la luna

ya estaba por ser inmortal
cuando ¡zas! me resfrié

***

sólo escribiré cuando sea
realmente necesario
escribí
y eso fue lo último que escribí

_
En: “Ambagues completos”, Ediciones de la Flor, 1992
__
César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919 – París, 1985)
_
Ilustración: “El vestido de la noche”, René Magritte (1898-1967)
__

viernes 29 de enero de 2010

Alberto Luis Ponzo, poema inédito para Aromito


_
TUVE SUEÑOS

Tuve sueños
despertares
en sus límites
hasta el sin fin
en el amor

llevo cicatrices
suturas ocultas
en la visión del futuro

arrastro arterias
instintos
prevenciones
esperas y deslices
vencimientos
entre actos detenidos

tuve hábitos inocentes
luchas sin sentido
respuestas y silencios
en trozos de recuerdos

abandonos o llamas
de apariciones

nací de nada y de todo
su carga va llevando mi mano
ayuda a abrir los ojos

impulsa
el murmullo
que escuchas.

28/I/2010

_
Querido amigo:
Te envío este poema, recién salido de la "cocina"...Espero que puedas estar bien a pesar del agobiante calor y otras noticias no buenas del mundo.
Te recuerdo con gran afecto y admiración.
ALBERTO LUIS PONZO

_
Alberto Luis Ponzo, Buenos Aires, 1916. Poeta y editor.
_
Ilustración: Muchacha en la ventana, 1925, Salvador Dalí (España, 11 de mayo de 1904 – 23 de enero de 1989).
_

jueves 28 de enero de 2010

J. D. Salinger 1919 2010


UN DÍA PERFECTO PARA EL PEZ BANANA
(Fragmento)

En el hotel había noventa y siete publicitarios neoyorquinos, y monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia de tal manera que la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina de bolsillo leyó una nota titulada “El sexo es Divertido... o Infernal”. Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada al lado de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
Era una chica a la que una llamada telefónica no le hacía gran efecto. Daba la impresión de que el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que ella alcanzó la pubertad.
Mientras el teléfono llamaba, con el pincelito del esmalte se repasó la uña del dedo meñique, acentuando el borde de la luna. Tapó el frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la izquierda. Con la mano seca, tomó del asiento junto a la ventana un cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de luz, donde estaba el teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya tendida y -ya era la cuarta o quinta llamada- levantó el tubo del teléfono.
-Hola -dijo, manteniendo extendidos los dedos de la mano izquierda lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que tenía puesto, salvo las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.
-Su llamada a Nueva York, señora Glass -dijo la operadora.
-Gracias -contestó la chica, e hizo lugar en la mesita de luz para el cenicero.
A través del auricular llegó una voz de mujer:
-¿Muriel? ¿Eres tú?
La chica alejó un poco el auricular del oído.
-Sí, mamá. ¿Cómo estás? -dijo.
-He estado preocupadísima por ti. ¿Por qué no llamaste? ¿Estás bien?
-Traté de telefonear anoche y anteanoche. Los teléfonos acá han...
-¿Estás bien, Muriel?
La chica aumentó un poco más el ángulo entre el auricular y su oreja.
-Estoy perfectamente. Con calor. Este es el día más caluroso que ha habido en la Florida desde...
-¿Por qué no llamaste? Estuve tan preocupada...
-Mamá, querida, no me grites. Puedo oírte perfectamente -dijo la chica-. Anoche te llamé dos veces. Una vez justo después...
-Le dije a tu padre que seguramente llamarías anoche. Pero no, él tenía que... ¿Estás bien, Muriel? Dime la verdad.
-Estoy perfectamente. Por favor, no me preguntes siempre lo mismo.
(…)

_
Fragmento de “Un día perfecto para el pez banana”, relato incluído en Nueve cuentos, Editorial Sudamericana, 1971. Traducción de Marcelo Berri con revisión de Alberto Vanasco.
_
Jerome David Salinger (Nueva York, 1 de enero de 1919 – Cornish, Nuevo Hampshire, 27 de enero de 2010).
_

miércoles 27 de enero de 2010

Horacio Castillo – Dos poemas


_
ARTE POÉTICA

Soltar la lengua, de manera que no trabe el producto
que viene desde adentro, impulsado
por una fuerza superior
y el hábil juego de riñón y diafragma;
insistir presionando los músculos
como para expulsar
un caballo o un cíclope;
repetir el procedimiento
provocándolo inclusive con los dedos
o una materia acre,
hasta quedar vacío, sólo reseca piel,
odre para colgar del primer árbol,
extenuada matriz de lo volátil, acaso de la luz.

De: Materia acre, 1974

_
CROAR DEL ALMA

Cuando mi alma, como una rana, salte a la nada,
la oirán croar, croar toda la noche,
croar arriba y abajo, al este y al oeste,
hasta que el ojo monótono de la luna llore en los pantanos,
hasta que cese el espanto y empiece la eternidad.

De: Alaska, 1993
_
Foto: archivo de la talita dorada
_
Horacio Castillo, Ensenada, 1934.
_

sábado 23 de enero de 2010

Luis Alberto Spinetta – Que ves el cielo


LAS, Buenos Aires, 23 de enero de 1950

martes 19 de enero de 2010

Nicanor Parra – Dos poemas


_
SUEÑOS

Sueño con una mesa y una silla
Sueño que me doy vuelta en automóvil
Sueño que estoy filmando una película
Sueño con una bomba de bencina
Sueño que soy un turista de lujo
Sueño que estoy colgando de una cruz
Sueño que estoy comiendo pejerreyes
Sueño que voy atravesando un puente
Sueño con un aviso luminoso

Sueño con una dama de bigotes
Sueño que voy bajando una escalera
Sueño que le doy cuerda a una victrola
Sueño que se me rompen los anteojos
Sueño que estoy haciendo un ataúd

Sueño con el sistema planetario
Sueño con una hoja de afeitar
Sueño que estoy luchando con un perro
Sueño que estoy matando una serpiente

Sueño con pajarillos voladores
Sueño que voy arrastrando un cadáver
Sueño que me condenan a la horca
Sueño con el diluvio universal
Sueño que soy una mata de cardo.

Sueño también que se me cae el pelo.

De: Otros poemas, 1950-1968

_
EN EL CEMENTERIO

Un anciano de barbas respetables
Se desmaya delante de una tumba.
En la caída se rompe una ceja.
Observadores tratan de ayudarlo:
Uno le toma el pulso
Otro le echa viento con un diario.

Otro dato que puede interesar:
Una mujer lo besa en la mejilla.

De: Versos de Salón, 1954-1962

_
En: “Obra gruesa”, 2º edición, Editorial Universitaria, Chile, 1971
_
Nicanor Parra, San Fabián de Alico, Chile, 5 de septiembre de 1914
_
Foto: Nicanor Parra
_

Nicanor Parra – Chile


_
CHILE

Da risa ver a los campesinos de Chile
con el ceño fruncido
ir y venir por las calles del centro
o por las calles de los alrededores
preocupados-lívidos-muertos de susto
por razones de orden político
por razones de orden sexual
por razones de orden religioso
dando por descontada la existencia
de la ciudad y de sus habitantes:
aunque está demostrado que los habitantes aún no han nacido
ni nacerán antes de sucumbir
y Santiago de Chile es un desierto

Creemos ser país
y la verdad es que somos apenas paisaje.

De: Otros poemas, 1950-1968

_
En: “Obra gruesa”, 2º edición, Editorial Universitaria, Chile, 1971
_
Nicanor Parra, San Fabián de Alico, Chile, 5 de septiembre de 1914
_
Foto: Nicanor Parra
_

lunes 18 de enero de 2010

Víctor Jara – Te recuerdo, Amanda


_
TE RECUERDO, AMANDA
(Letra y música: Víctor Jara)

Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada,
ibas a encontrarte con él.
Con él, con él, con él, con él.

Son cinco minutos.
La vida es eterna en cinco minutos.
Suena la sirena. De vuelta al trabajo
y tú caminando lo iluminas todo,
los cinco minutos te hacen florecer.

Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha,
la lluvia en el pelo,
no importaba nada
ibas a encontrarte con él.
Con él, con él, con él, con él.

Que partió a la sierra,
que nunca hizo daño. Que partió a la sierra,
y en cinco minutos quedó destrozado.
Suena la sirena, de vuelta al trabajo
muchos no volvieron, tampoco Manuel.

Te recuerdo, Amanda,
la calle mojada,
corriendo a la fábrica
donde trabajaba Manuel.
La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo,
no importaba nada, ibas a encontrarte con él,
con él, con él, con él, con él.

_
Víctor Lidio Jara Martínez (San Ignacio, 28 de septiembre de 1932 - Santiago, 16 de septiembre de 1973, asesinado por la dictadura militar de Pinochet).
_
Foto: Víctor Jara
_
Contentos porque el pueblo chileno pudo expresarse democráticamente. Tristeza porque desde la izquierda no logramos superar diferencias (¿nimias?) y caemos en uno de los peores “valores” del capitalismo: el individualismo. Y somos responsables del avance de la derecha. ¿Seguiremos cometiendo los mismos errores? ¿Ya no es hora de aprender? jmp
_

Raúl Gustavo Aguirre – Asteroides (2)


_
OLAS (1962-1969)

*
Expresar la existencia es penetrar en ella. Y sólo se puede penetrar una existencia aceptada en su ambigüedad y su peligro.

*
No hay caminos sino misterios. Y la muerte nos restituye el camino sin innovación, el que dejamos atrás cuando partimos verdaderamente.

*
Vivimos en las fauces abiertas de la nada. Tenemos algo que decir.

*
Tanto existe el poema, tanto permanecemos en el silencio del poema. Estamos solos ante el Ello sin declinación.

*
¿Qué distancia hay entre la persona y el poema sino la distancia entre el uno y el ser uno, entre el guijarro y la hierba? No es el rostro de un dios lo que el poema quiere de nosotros, sino un deseo donde existir, el comienzo de una mirada.

*
Definir la poesía se me hace misteriosamente imposible. Sin embargo, está allí, en las palabras de algunos, en algunas palabras por las cuales y de las cuales vivo. Algunas aproximaciones: voluntad de ser ce cierta manera esencial, de vivir según cierto signo, según cierta celebración… Más simplemente: el poema es la única morada donde puedo habitar sin pagar otro precio que el de ser sin vergüenza y sin miedo lo que soy. Más simplemente aún: el poema es el amor-libertad, la belleza-verdad, todo lo que se yergue en mí, orgullosamente sagrado y vivo, sobre la arcilla muda de la simple duración, de la miseria, del miedo y de la muerte. Más simplemente todavía: el poema es lo que soy, mi única realidad posible, en continuo movimiento.

_
En: “Asteroides (1952-1975)”, Botella al Mar, 1999
_
Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 2 de enero de 1927 - 18 de enero de 1983).
_

sábado 16 de enero de 2010

Jorge Boccanera – Poemas del tamaño de una naranja en “Marimba”


APUNTES

y te recuerdo madre
como cuando la única luz era tu sombra

RECUERDO

ayer
es una casa
que se quedó sin puertas

SOLEDAD

nadie
como decir
todos del otro lado

NOTICIAS DE LA HISTORIA

según la historia universal
a la paloma de la paz
se la comió
la gallina de los huevos de oro

¿PREMIO?

me presento a concurso
y gana este dolor
por unanimidad

ENSAYO BREVE SOBRE LA HONESTIDAD POÉTICA

no es que los poetas mientan
es que los mentirosos
quieren hacer poesía

LÍMITES

mi pueblo
limita al norte con bolivia y paraguay
al oeste con brasil el océano atlántico y uruguay
al oeste con chile
y luisa
se pudre en una celda de dos metros por uno

INFORMES

eche la mariposa a andar
y diga frases como
amor es el país donde uno cree

COMENTARIOS

dos niños que se miran
interrumpen el mundo

CARTA DEL SUICIDA

lo poco que he vivido
me ha hecho perder
demasiado tiempo

_
De: “Poemas del tamaño de una naranja”, 1979; incluidos en “Marimba”, Editorial Nueva América, 1986.
-
Jorge Boccanera nació en Bahía Blanca en 1952. Poeta, escritor y periodista.
_

viernes 15 de enero de 2010

Moris – De nada sirve



_
DE NADA SIRVE

De nada sirve escaparse de uno mismo.
De nada sirve escaparse de uno mismo.
Veinte horas al cine pueden ir y fumar hasta morir.
Con mil mujeres pueden salir; a los amigos los pueden llamar.
De nada sirve...
No se dan cuenta que de nada sirve
tocar la batería, seguir la acería, no, de nada sirve.
De nada sirve...
¿De qué le sirven las heladeras y lavarropas, televisores
y coches nuevos y relaciones y amistades y posiciones?
Si están podridos y aburridos de este mundo que está podrido...
No, de nada sirve.
Los que van a la oficina dicen que todo sirve.
Los que van al puerto les duelen las espaldas.
Los que hacen música, creen que lo más importante,
de nada sirve si uno lo usa para la soledad interna
que siempre nos corre, que siempre nos corre. Oh, yeah.
Cuando están solo, están bien solitos;
ya no hay guitarritas ni amplificadores.
Están solos en la cama y empiezan a mirar el techo;
empiezan a mirar el techo y en el techo no hay nada.
Hay solamente un techo.
¿Qué pueden hacer? Es muy tarde, son las tres de la mañana.
Los bares están cerrados, las mujeres duermen,
los cines también están cerrados,
la guitarra no se puede tocar,
sino el vecino se va a despertar.
¿Qué puedo hacer? ¿Qué puedo hacer?
Estoy solo y aburrido
¿Qué puedo hacer? ¿Qué es mi vida?
¿Qué es este mundo? ¿Qué soy yo?
Me voy a volver loco, no sé qué hacer...
En ese momentito se dan cuenta
que todo es una estupidez.
Cuando van de veraneo y bailan shake
con sus movimientos centroamericanos,
sensualidad fabricada,
tratan de levantar mujeres.
Pero están vacíos y están muy podridos.
Volvemos a la cama, que es un gran lugar
para dormir o también para fifar.
Cuando lo consiguen, en este mundo es difícil,
está reglamentado...
Muerden la almohada de desesperación.
No saben qué hacer con sus vidas,
ya todo fracasó.
Han masticado chicles, han comido chocolates,
han leido Radiolandia, han llamado a sus amigos,
han salido con mil mujeres, han grabado treinta mil discos,
han sido famosos, han firmado autógrafos,
han comido hasta reventar, han fumado hasta acabar.
¿Y qué queda?
No queda, no queda, nada queda, nada queda.
Hay una cosa que sirve,
que sirve a esta humanidad,
y es darse cuenta que nada sirve
si uno lo usa para escaparse de uno mismo.
Amigo, te doy un consejo aunque yo consejos no doy:
trata de hacer la prueba de parar las maquinitas,
las maquinitas que llevas dentro de ti
y fijarte qué es lo que pasa
cuando te agarra la soledad y te agarra el hastío.
No escuches discos de Bob Dylan, o de Los Beatles,
de los Rollings Stones o de Mick Jagger.
Mucho silencio, mucho pensar, mucho meditar.
Nada de evasión y pensar.
¿Qué es lo que pasa conmigo?
Si soy inteligente, también soy intelectual...
Soy bastante inteligente pero estoy muy aburrido.
¿Qué es lo que pasa conmigo?
Yo aún no me lo puedo explicar,
por favor que alguien me lo diga.
No puedo salir de mí, estoy muy encerrado
en mi prisión de carne y hueso.
No puedo salir, no puedo salir.
Me voy a morir dentro de mí.
Antes de morir yo quiero salir,
ver las estrellas, el mar, me quiero ahogar
y quiero salir, quiero vivir, me quiero ir
por favor, de mí.
¿Qué puedo hacer? No hay nada que hacer.
Tenés que vivir, tenés que sufrir,
tenés que sentir, tenés que amar,
te tenés que arriesgar, te tenés que jugar,
no podés tener seguridad, no podés tener
ninguna propiedad, te tenés que jugar,
tenés que jugarte, tenés que salir
a que te rompan la cara, que te maten, que te pisen.
Tenés que querer a cualquiera,
tenés que odiar a cualquiera.
Ay, ¿qué puedo hacer? Estoy solo
y todos pasan a mi lado. Nadie me mira
o si me mira es para encerrarme.
Estoy muy encerrado.
De nada sirve escaparse de uno mismo.

_

_
En 1970 Moris (Mauricio Birabent, Buenos Aires, 19 de noviembre de 1942) edita su primer LP solista, “30 minutos de vida”. ¿Temas? El Oso, Ayer Nomás, Pato trabaja en una carnicería, Esto va para atrás, En una tarde de sol, El piano de Olivos, Escúchame entre el ruido, Juan, el noble caballero y, por supuesto, De nada sirve.
_

jueves 14 de enero de 2010

Concepción Bertone – Tres poemas de “Cuerpos de palabras”


_
INVIERNO

La mujer de la bata gastada
barre las hojas de la vereda ajena
a la mirada que la desnuda. Barre
una llamarada de hojas de fresno
y enciende un fósforo
para que el fuego
la apague.

De: “Citas”, 1993

_
ESPERANDO LA NIEVE

a Glauce Baldovín, in memoria

Todos dicen que va a nevar en la ciudad.
Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,
algo raro y ligero porque
no sabríamos convivir con eso. El rostro
del Otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve
lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras
de hielo y algo de la tempestad
que destruyó a los árboles. La tarde
se hizo noche y el cielo
me develó el humor de los pájaros, la tijera
de una bandada ruidosa
buscando dónde anidar.

Y nada
que no supiéramos –salvo volar–
nos pasa. La nieve
cae siempre en otra parte.

El derroche es una ley
del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre
hay tiempo, tibiezas
de Barragán antiguo, enaguas de jerga,
lienzos bordados por mi abuela
contra la guerra que,
en ese hacer sumida, florecía en la tela.
Flor rebelada contra la nieve
que había que cavar para ver la luz,
el suelo fangoso que dejaba la pala
enterrando la bala del cansancio
que le hizo estallar una noche
el corazón.

El tuyo, el de ella. Se supone cordial
la huella del pespunte, el hilván,
la mirada ciclópea de la aguja, lo que cava
la pala cuando siembra. El filo del papel
o del hilo. Se supone cordial
entre los yuyos donde se afila un lirio
no pisar su destino de cuchillo

y salvar una parte
de un día de pesar.

Del peso del avatar, de ese mal
expresado nombre
de lo adverso. Reverso
del candor, cuando te mata.

De: “Esperando la nieve”, libro inédito

_
JUEGO DE CABALLEROS

He dejado ganar a contrincantes. He dejado
la estrategia y el ego, el egotismo, el juego
a un costado, en su costal variado
de nadas, vaciado de todo sentimiento
de lealtad. El billar es un juego
de caballeros y a veces de damas (Marechal)
Los he puesto en su lugar, su cobardía,
hasta la negra errada así: ex profeso. He
tocado más fino que los huesos la piel
de los cadáveres mezclados en
matanzas legales de civiles. He dejado ganar
a los más viles, para verlos ganar y derrotados.

De: “Figuras de billar sobre la noche”, libro inédito

_
En: “Cuerpos de palabras. Antología personal.” Editorial Casi Incendio La Casa, Buenos Aires, noviembre de 2009.
_


_
Concepción Bertone nació en Rosario el 23 de abril de 1947. Poeta, prosista y crítica literaria.
_
Foto: Concepción Bertone
_

martes 12 de enero de 2010

Juana Bignozzi – Tres poemas de “El pan duro”


_
LA VIDA EN SERIO

Ahora he descubierto el sol, los perros y las mentiras.
La vida es más lógica, no he dicho mejor sino más lógica.
Cierro los ojos y tomo sol, juego con un perro tan vulgar
que es imposible sentirse separada de él y miento.
Eso me obliga por las noches a sacarme los zapatos
como quien se desnuda,
a caminar descalza por mi casa, a llorar a solas cada tanto.
Ahora miro a una mujer ni linda ni fea,
pienso que la pequeña vida continúa
y que todo dolor importante tiene testigos,
aunque sean un perro, el sol o las mentiras.


EN MI CIUDAD DECIMOS ME ESTÁ MATANDO…

En mi ciudad decimos me está matando
esta tristeza casi de sábado
las noches de amor a la deriva por la calle
mi ciudad cubierta de muertos que no reconocemos
la vida en alguna parte
me está matando pensar en los que se van y en los que no pueden irse
esta tristeza un poco irremediable.

Ahora que nadie es cobarde, los gritos del dolor han terminado
y el tiempo no se cuenta por años,
todos nos miraremos de nuevo hasta reconocernos.


MIS AMIGOS Y YO SABEMOS…

Mis amigos y yo sabemos
que todos somos inevitablemente graciosos
y que la muerte y la pasión de cualquiera de nosotros
no modifica nada.

Sabemos que la revolución va a llegar
y que todo lo demás
es gente quemada, papeles tristes.

Los profesores hablan del hombre
dicen eso pertenece a la vida por lo tanto no se puede probar
y los perros vagabundos mueren de risa en las esquinas.
Dicen el hombre vive por eso no llega a conocer la verdad
y por la calle pasan apariencias que pueden morir o nacer
y tranvías, infinidad de tranvías
en medio de la luz de octubre.

_
_
En: “El pan duro”. Grupo de poesía. Ediciones La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1963. Estos poemas de JB no forman parte de su obra reunida “La ley tu ley”, Adriana Hidalgo Editora, 2000.
Al momento de esta antología, integraban El pan duro: Juana Bignozzi, Hugo Ditaranto, Juan Gelman, Guillermo B. Arizpe, Rosario A. Mase, Luis Alberto Navalesi, Héctor Negro, Julio César Silvain y Alberto Wainer.

_
Juana Bignozzi nació en Buenos Aires en 1937. Desde 1974 reside en Barcelona.
_
Foto: Juana Bignozzi
_
Roberto Díaz en su “Diario de un poeta” escribe sobre el Grupo de Poesía “El pan duro”.
_