martes, 12 de febrero de 2019

HÉCTOR NEGRO Por el camino de esta jungla




LA SELVA

Abre tu mano y en su hueco recoge la llovizna.
Tendrás allí algo de la pureza que la gente va dejando
entre tantas dentelladas.

Algo de esa luz que se fatiga.
Piensa en el niño que con brazadas de náufrago
llegó hasta lo que somos.
En lo que dejó por el camino de esta jungla.

Y celebra el amor que puede dar.

Después diremos las restantes palabras
dentro de esta certeza.


TREGUA

¿Cuál es el sitio de los dolores para decirlo?
¿Cuál es la piel más castigada, el lugar donde se ensaña todo lo mal dispuesto?

¿Hablaré de las paredes clavadas en mi frente,
del sol que les ensarta las agujas de las doce,
de los techos pesándome en las sienes,
de la aturdida melodía que alcancé a musitar
y que se hizo silencio,
sencillamente aplastada?
¿Me tocaré el costado recóndito
de donde siento que parto y no sé cómo,
buscando la herida no abierta que sin embargo duele?

¿Encontraré debajo de mis suelas
los sueños no alcanzados?
¿El sitio de los besos, el del hijo,
adentro de los puños?

¿Pediré un leño encendido para espantar lo que acosa
por temor a conocerlo ciertamente?

¿Silbaré como un solitario caminante para envolver el miedo?

¿Destejeré mis pasos y beberé mi infancia de pulmones felices?
¿O reiré aturdido porque no entiendo la vida?

¿Cuál es el sitio de los dolores,
la piel más castigada?
¿Dónde se ensaña este látigo suelto?

Tiendo mis manos y alzo mi garganta
encima de los hombres pero dentro
de su aventura incierta.
Quiero beber la marejada enorme
de la gran esperanza de la gente
tenaz e incomprensible.

Para seguir preguntándome con las preguntas sueltas,
tocándome con las manos de todos,
trepando mi dolor,
el dolor hombre.

Hasta que aclare el aire
y pregunten los pájaros también
porque tendremos tiempo para oírlos.



En El pan duro (Grupo de poesía), Ediciones La Rosa Blindada, Buenos Aires, 1963. Poetas que integran en esta antología, además de Héctor Negro, el grupo El pan duro: Juana Bignozzi, Hugo Ditaranto, Juan Gelman, Guillermo B. Harispe, Rosario A. Mase, Luis Alberto Navalesi, Julio César Silvain, Alberto Wainer.
Héctor Negro (Buenos Aires, 27 de marzo de 1934 - 15 de septiembre de 2015). Foto: Jmp

miércoles, 6 de febrero de 2019

JUAN GELMAN Toda poesía es hostil al capitalismo




XCI

toda poesía es hostil al capitalismo
puede volverse seca y dura pero no
porque sea pobre sino
para no contribuir a la riqueza oficial

puede ser su manera de protestar de
volverse flaca ya que hay hambre
amarilla de sed y penosa
de puro dolor que hay puede ser que

en cambio abra los callejones del delirio y las bestias
canten atropellándose vivas de
furia de calor sin destino puede
ser que se niegue a sí misma como otra

manera de vencer a la muerte
así como se llora en los velorios
poetas de hoy
poetas de este tiempo

nos separaron de la grey no sé qué será de nosotros
conservadores comunistas apolíticos cuando
suceda lo que sucederá pero
toda poesía es hostil al capitalismo


XLIII

los capitanes del mercado común
enviaron un mensajero a los dioses de méxico
que a la media hora fue herido
y entrevió un soplo de muerte

la muerte se parece a los indios
según dijo después
para bajar el dólar
y nadie le creyó

el mensajero entrevistó a Cortés
quien se punzó el olvido y ratificó esa visión
la prensa amarilla no publicó el reportaje
y la prensa de izquierda siempre está en otras cosas

a todo esto la muerte
pasea por el mundo a caballo y con flechas
como sabe Popotla
de aquella noche triste


CCLXI

estos poemas esta colección de papeles esta
manada de pedazos que pretenden respirar todavía
estas palabras suaves ásperas ayuntadas por mí
me van a costar la salvación

a veces son peores que actos mejor dicho más ciertas
el tiempo que pasa no las afina no las embellece
descubre sus rajaduras sus paredes raídas
el techo se les hunde y llueve

es así que en ellas no puedo tener abrigo ni reparo
en realidad huyo de ellas como de las ciudades antiguamente malditas
asoladas por las enfermedades las catástrofes
los reyes extranjeros y magníficos

más malas que el dolor son estas
ruinas que levanté viviendo dejando de vivir
andando entre dos aguas
entre este mundo y la belleza

y no me quejo ya que
ni oro ni gloria pretendí yo escribiéndolas
ni dicha ni desdicha
ni casa ni perdón


De Traducciones I. Los poemas de John Wendell. En Cólera buey (dos ediciones, una en Cuba de 1965; la otra, ampliada, en 1971). En Obra Poética, Corregidor, Buenos Aires, 1984.
Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 – Ciudad de México, 14 de enero de 2014). Foto: Jmp

sábado, 26 de enero de 2019

JOAQUÍN GIANNUZZI Que mis contemporáneos interpreten adecuadamente mal




CAFÉ Y MANZANAS

Café y manzanas en la tarde de junio.
En un tibio rincón civilizado
mis sentidos abarcan una situación ligeramente abstracta.
El mundo se ha vuelto hospitalario,
como una tregua en medio de la historia.
Las manzanas despiden un resplandor amarillo,
el café entrega su humo íntimo.
Para mi fracaso de individuo contemporáneo
todo parece suficiente,
el frío interno de las manzanas,
el calor inestable del café,
dos razones de la naturaleza que escapan a mi dominio.
Así que estoy con mi trasero desparramado
en un aposento adecuado a mi clase social.
Puestas a buen recaudo las cosas suaves
allí se cierran las puertas al tumulto general.
Pero a veces estalla una bomba en el piso bajo
y la policía acude para saber quién es quién
en este mundo


AUTOCRÍTICA

El sol ocupa toda la tarde
Estoy solo y lírico en la tarde
Estoy hecho un amarillo poema perfecto
Pero en lugar de escribirlo
Enviudé mi juventud
Me aseguré el tabaco y el café
Una a una he chupado las costillas de la estética
Pero el jugo secreto no me fue revelado
No encuentro un personal sistema de lenguaje
Quiero decir un acto de escritura
Que mis contemporáneos interpreten adecuadamente mal.


De Señales de una causa personal, 1977. En Obra Poética, Emecé, Buenos Aires, 2000.
Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 29 de julio de 1924 – Campo Quijano, Salta, 26 de enero de 2004). Foto: Jmp

martes, 22 de enero de 2019

PABLO MONTANARO El lugar en que aguarda la belleza donde el futuro será celebración




En la luz de la palabra
TODO PUEDE SER VERDAD

escucho la música
como un paisaje sedoso
y el murmullo infinito
de las expresiones de una edad

toda celebración es apenas una imagen
que bordea lo real
ofreciendo fulgores
y una tibieza que insiste
convertirse en desvelo.


Bajo el crepúsculo
CERTEZAS

él amó las estaciones descubiertas en sueños reales
pensando que nadie iba a sangrar

doloroso secreto para iluminar tanta miseria
aunque tengamos nuestras almas, jamás correrá viento
y la estrella no cambiará de cielo

aún brillamos condenados desde las lejanas torres
a una vida imaginada.


En la luz de la palabra
EN ALGÚN LUGAR

sobre el escritorio un calendario y una postal
los ojos de la mujer reflejan ciudades visitadas/
y otras por reconocer/
un recuerdo de su país la sorprende/
sobrevive a los cambios del dolor/ y recupera
el tiempo.


EN LA LUZ DE LA PALABRA

en la luz de la palabra
se contemplan rostros
de infinita libertad

en ella anida la creencia del verbo
el lugar en que aguarda la belleza
donde el futuro será celebración


*


Parte 1. Preludios
I.

mi tiempo es ahora una extraña palabra
ecos perdidos que descubren las orillas
de un secreto respirar,
voces ajenas que bendicen lo inconfesable
que descifran el sueño
de entrelazadas sombras.


V.

hay una muerte que se anuncia
un salto interminable
que estalla/ en el instante mismo
de la fría y última mirada
y la mañana que huye
del cuerpo ya abatido.


Parte 2. Visiones
ESE ROSTRO

ese rostro
de violentas palabras escondidas
de no saber si hemos existido
(si hemos simulado el presente)
de permanentes sombras de la perfecta deriva
de susurros
detrás de la puerta
que se cierra y se abre
para mentir la espera
y descubrir
(a los lejos)
que es lo mismo que morir
por mandamiento
donde existo y existen las falsas evocaciones
el abandono en las noches
y no fue suficiente amarla en cada orilla

ese rostro
           condenado a dibujar transparencias
                                                             a desaparecer


REFUGIO

no es su paso el que separa lo oscuro de la imaginación

somos juntadores errantes
prisioneros del tiempo
ocultos en el fascinante deseo
de la anunciación

caemos prisioneros en la ausencia
olvidando el nombre del hombre que tiembla
o en una respiración ajena para la noche.


Parte 3. Cuatro postales
(La Paloma, Uruguay, febrero de 1996)

III.

el atardecer se va perdiendo lentamente
como los colores de un arco iris
que horas antes
parecía eternizarse
emergiendo del mar.


Parte 4. Último encuentro
VII.

la espesura de los recuerdos
la desolación de este momento/
la calle y tanta madrugada
que convoca a los fantasmas
del pasado/

un olvido profundo/
miradas fugándose en el vértigo
de un ayer

adiós/


Parte 5. Oleajes
ESCUCHADO SOBRE EL RÍO

no son las palabras
ni las figuras que se agitan
iluminando la página
o los que nos invita a oír
los sonidos del viento en el otoño

instantes antes
la profundidad de la piel virgen
nos hace conocer
que todo sigue igual
con las palabras pronunciadas lejos

pregunto,
dónde mirar
para que nos devuelvan la vida

en qué lugar el poeta aprenderá a morir.


Parte 6. Brisas en la medianoche
OTOÑOS DEL PASADO

A Juan Gelman, in memorian

I.

una mujer buscaba entre la lluvia
aquel rastro que la proteja del desencuentro

despertó ante el espanto
y hoy espera su destino junto a al muro

en sus ojos
quedaba aquel país consagrado de violencia
de abandono
de exilios
de amantes cuyos labios
besaban el más hondo olvido

finalmente quedaba aguardar
a través de un fragmento de eternidad
sin más voces


II.

la noche, la versión de los hechos

la muerte se posaba sobre cada uno de nuestros destinos
y apenas una luz difusa alcanzaba a desesperarnos

es posible un llanto o una ebriedad
o apresurar el paso del tiempo


III.

y todo parece terminar así

suplicando al cielo estrellado
eternizando el tiempo de la espera

aún todo está vivo
pero nadie ha tenido
la intención de regresar


IV.

el mundo conoce las heridas
pero no libera esperanzas

cada latido apremia
en confuso silencio
la inmortalidad juzga
la caridad feroz de los recuerdos


V.

despertando del sueño
alejados de la furia

creo en ella
su nombre está en el presente.



En En la luz de la palabra  (Ediciones Vigilias, Neuquén, Argentina, 2009) y Los nombres del oleje (Ediciones con doble z, Neuquén, Argentina, 2016. Poemas escritos entre 1996 y 2013).
Pablo Montanaro (Buenos Aires, 1954). Reside, desde 2004, en la ciudad de Neuquén donde trabaja como periodista. Foto: Jmp

viernes, 18 de enero de 2019

PABLO NERUDA Poeta de cejas afiladas y zapatos raídos eres yo





Poema 7

Aun en estos altos
años
en plena
cordillera de mi vida
después de haber
subido
la nieve vertical
y haber entrado
en la diáfana meseta
de la luz decisiva
te veo
junto al mar caracolero
recorriendo vestigios
de la arena
perdiendo el tiempo con
los pájaros
que cruzan
la soledad marina
te miro
y no lo creo
soy yo mismo
tan tonto, tan remoto,
tan desierto
Joven
recién
llegado
de provincia,
poeta
de cejas afiladas
y zapatos
raídos
eres
yo
yo que de nuevo
vivo,
llegado de la lluvia,
tu silencio y tus brazos
son los míos
tus versos tienen
el grano
repetido
de la avena,
la fecunda frescura
del agua en que navegan
hojas y aves del bosque,
bien muchacho, y ahora
escucha
conserva
alarga tu silencio
hasta que en ti
maduren
las palabras,
mira y toca
las cosas,
las manos
saben, tienen
sabiduría ciega,
muchacho,
hay que ser en la vida
buen fogonero,
honrado fogonero,
no te metas
a presumir de pluma,
de argonauta,
de cisne,
de trapecista entre las frases altas
y el redondo vacío,
tu obligación
es de carbón y fuego,
tienes
que ensuciarte las manos
con aceite quemado,
con humo
de caldera,
lavarte,
ponerte traje nuevo
y entonces
capaz de cielo puedes
preocuparte del lirio,
usar el azahar y la paloma,
llegar a ser radiante,
sin olvidar tu condición
de olvidado,
de negro,
sin olvidar los tuyos
ni la tierra,
endurécete
camina
por las piedras agudas
y regresa.


Poema 13

Adolescencia turbia, triste y tierna,
tembladeral sombrío
en que caen las hojas
los cuerpos,
las palabras
los golpes duros y el amor amargo,
edad como el espacio,
sin raíces, abierta
y más desconocida que la noche,
con más estrellas que su sombra.
Tiempo impuro de tacto
sin respuesta,
de piedras en los pies y ojos con hambre,
de libros estrujados para aprender la vida
que allí mismo nos llama mira y que no vemos
con Baudelaire encima del hombro como el cuervo
y Lautréamont aullando en su féretro impune
Así,
lejos de Garcilaso y sus riberas
peinadas por las plumas de los cisnes
y así semi malditos, desquiciados
amamantados en literatura
con todas las tinieblas en la mano,
irresponsables y bravíos, ir
poco a poco andando,
caminando el camino,
buscando el pan, la casa y la mujer
como todos los hombres.


Poema 21

Lynn y Patrick Morgan
en estas aguas amarrados,
en este río confundidos,
hostiles, floridos, amargos,
van hacia el mar o hacia el infierno,
con un amor acelerado
que los precipita en la luz
o los recoge del sargazo:
pero continúan las aguas
en la oscuridad, conversando,
contando besos y cenizas,
calles sangrientas de soldados,
inaceptables reuniones
de la miseria con el llanto:
cuanto pasa por estas aguas!:
la velocidad y el espacio,
los fermentos de las fabelas
y las máscaras del espanto.

Hay que ver lo que trae el agua
por el río de cuatro brazos!

Isla Negra, junio de 1968


En Tus pies toco en la sombra y otros poemas inéditos, Seix Barral, Editorial Planeta, Buenos Aires, Argentina, 2014.
Pablo Neruda (Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto), Chile, 12 de julio de 1904 – 23 de septiembre de 1973. Fotos: Jmp

martes, 15 de enero de 2019

JASMÍN CACHEUX Díganle




CORRESPONDENCIA

Díganle que la he querido,
que estoy entera, dolorosa,
inexacta, nítida,
que sigo siendo,
que estoy, no duermo.
Díganle que he sido sustancial,
incorpórea
y que en su cuerpo desgranado
se quedó conmigo
la necia costumbre de ahogarme.

Díganle, por favor,
                              cuando sea tarde
que le derrame la voz a las estrellas,
para que nazcan y el cielo no se encamorre,
como esta noche, mientras me marcho.

Díganle que la he querido,
que estoy desnuda, azuzada,
                                              ovillada,
que estoy hendida,
y aún sigue latiendo fuerte
ese lugar casi extinto
en el dedo chico de su mano.


LA NOSTALGIA

La nostalgia debe llamarse faraona,
debe ser un poco virgen, un poco puta,
estar muerta, arrojada.
Debe llorar cuando no la encuentran,
A tragos grandes, con café y de noche.
Llamarse cielo verde, reventarse,
almidonarse las solapas y salir por la boca,
tragada, masticada, invertebrada.

La nostalgia debiera amarrarse al cuello,
apretar de a poco,
arrugarse,
parirse por el ombligo,
matarse a carcajadas.

De Creaturas cotidianas, 2018



FUTURO

El futuro es un animal moribundo. 
es la acera de enfrente sin pasos, sin par. 
El futuro es el hilo de Ariadna, 
la palabra indecisa, la playa, el mar. 
Es la ciudad con paisajes rotos, 
espejos, límites cóncavos del jamás. 

El futuro son estas horas que miro, 
estos lazos vacíos, estos ojos caídos, 
este andar tan corriente, tan lunar fugitivo. 

El futuro es un animal moribundo, 
apenas, respira, apenas respira…  
                                                  apenas respira. 

De Rocío de mar, 2013


Jasmín Cacheux (Xalapa, Veracruz, México, 1974). Licenciada en Derecho y en Ciencias de la Comunicación. Culminó la maestría en Literatura en Colegio Morelos. Poeta, dramaturga, narradora y ensayista. Obtuvo el premio nacional de cuento Flores Magón (1996), la mención especial Alfonsina Storni (2007) y el Premio Nacional de Literatura en la categoría de narrativa, Dolores Castro 2018.
Selección de textos y nota: José Antonio Cedrón.
Fotos: Jasmín Cacheux, “El rumor de las olas” (Villa Rica, Veracruz, México, 20 x 15) y “Allá, más allá” (Holbox, Quintana Roo, México, 30 x 20)

viernes, 11 de enero de 2019

DENISSE BUENDÍA CASTAÑEDA Esa pequeña eternidad donde ya nadie duerme solo recuerda





Una siempre regresa a la oscuridad donde fue niña,
a la diminuta cama donde se reducían a sí mismas la tarde y sus promesas:
un trozo de carne con ojos-anzuelo,
cautiva, coloreando a pulmón el nombre de las muñecas.

La vida pasó como un telegrama:
tu padre ha muerto (punto)
no habrá paz que lo contenga (punto)

Desde el olvido la casa parece más pequeña;
solía quedarme quieta en la azotea
esperando ver caer heridas a las golondrinas
con los pequeños dardos del vecino del cuarto piso.

Una tarde de agosto decidí perseguirlas,
caí en el árbol de mandarinas con la clavícula fuera y mis ojos en el vuelo.

La suicida fue mi madre desatándose las venas en la tina,
el asesino fue mi padre con su crueldad como ejercicio.
(no aprendí a amar sin desmembrarme hasta que murió).

A la memoria, al agujero de tierra oscura donde fui niña
suelen tragársela las hormigas peatoneras.
Siempre regreso a preguntarle:
¿hace cuánto que estoy viva?
¿estoy viva?
Seguro te dolió toda la vida no morirte a tiempo
deberías estar tranquilo;
un muerto siempre ha sido lo que ha querido:
un fantasma, una pesadilla, un epitafio,
una fila interminable de nostalgias,
el canto de un grillo que no nos deja dormir.
¿Hace cuánto que estoy viva?

A la oscuridad donde fui niña, siempre vuelvo.
A la nada en que escribiste la promesa de cuidarme.


La ausencia lo cambia todo,
el modo de sentarse frente a la mesa,
la luz de la lámpara que viene de noche,
el aliento y la memoria.
La ausencia enloda el reloj de arena
somos la misma imagen diciendo adiós inagotablemente,
y el corazón se vuelve una azotea
y la azotea un insomnio.
La casa isla sin presentimientos,
nos cambia de sitio la ternura y la extraviamos.
Lo cambia toda la ausencia,
enfurecidos prendemos fuego a las últimas flores de la esperanza,
a las letras que el amor guardó,
al cuerpo inasible arrullando vacío.
Todo lo cambia la ausencia,
esa pequeña eternidad donde ya nadie duerme, solo recuerda.


De La física de la orfandad


II

No sabes qué has muerto;
vienes cada octubre a repetir el silencio con tu grave mirada.

Es una pena que el polvo no tenga brazos, padre
que intentes regalarme estrellas de besos desdentados.
Acércate, mira mi vientre de niña;
aún se sienten tibios los restos de tu furia.
No he dado a luz porque crecí en lo oscuro;
porque aprendí a confundir el amor,
con el rasguño de los demonios nocturnos,
que esperan quietos el sueño de sus hijas para amanecer de nuevo.
Por cada cicatriz hay un columpio bailando solo;
un gato recién nacido en una bolsa de plástico,
un cementerio infante, la física de la orfandad,
esa pequeña eternidad donde ya nadie duerme solo recuerda.

De La invención del silencio



Denisse Buendía Castañeda (Estado Morelos, México, 1979). Comunicóloga. Ha llevado a cabo una intensa labor como activista social y productora de radio, colaboradora en medios escritos nacionales y locales como el diario la Jornada Morelos, la Revista Resiliencia. Actualmente trabaja en la Coordinación de Atención a Víctimas de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), en Cuernavaca. Participa en la sección de poesía “Lunámbula” en el programa de radio local “El txoro matutino” y como productora de “La voz de la tribu” en la radio universitaria del estado de Morelos. Publicó, entre otros títulos: Días Animales (2009), El Hallazgo de la memoria (2015) y Trisón -poemario a tres voces- con Kenia Cano y Ricardo Ariza. Ganadora del premio Estatal de la Juventud 2004 por su trabajo como activista, y mención Honorífica 2007 premio estatal de la Juventud. En 2016 le ha sido otorgado el Premio Nacional de Poesía Dolores Castro. Ilustración: Denisse Buendía Castañeda.
Selección de textos y nota: José Antonio Cedrón.

domingo, 30 de diciembre de 2018

DIANA BELLESSI Abren el cortejo al Pueblo entero



MURGA

a los Funebreros de San Martin
y a los Viciosos de Villa Martelli

Tierra
Palpitar del parche en la planta
del pie
Destello
Resuello rozando el estandarte
el terciopelo
Palpitar del parche
sagrado
Músculo tendón
torsión del hueso
sagrado
omóplato tendón
fémur
pelvis antebrazo
Expulsión de sangre
resuello
destello
dentellada de la muerte
que come el cuerpo
contorsión
sagrada
Aleteo de diablos
mariposas en el pecho
palpitar de tetas
tatuadas
por el mar potente
de lentejuelas
Terror del golpe
que invade el hueso
Hombro/antebrazo
brazo/falange
golpeando el vientre
el bombista truena
                           llama
                           entra al centro
                           de la tierra
                           el fuego
bolas de fuego/inflamadas
en el aire
             tragafuegos
piel aceitada de la cara
el pecho
             contorsión de las piernas
como llamas en el aire
                            Atrás !
                            que el aire quema
                            de terror sagrado
                            Atrás!
                            los oficiantes llegan
                            con el orden férreo
                            del caos/desplazándose
                            Atrás!
                            las mascotas
querubines de la muerte niña
                            avanzan
con su gesto de gracia por la calle cercada
Acrobacia
Expulsión del otro
encerrado en mí
Cara y contracara
agita el funebrero su ataúd
el murguero entrelazado
a la danza del bailarín mayor: el grupo
de danzantes sometidos
de terror del golpe
que invade el hueso
Sobre la testa
penachos de cortadera
alas
de la inmensa máscara
el cuerpo entero
una máscara
menear preciso
seguido apenas por la larga capa
leopardo rozando el polvo
de sudor rociado
Vírgenes intocables
travestis sobre el altar
                                  la calle
Y sólo atrás
las muchachas
morenas de ceñidas piernas
pies caderas hombros tetas
derramar del brillo
en millones de lentejuelas
satén tafeta
la espalda tensa
el arco antiguo
carcaj cargado
fantasma
desnudas caras
altivas y violentas
cierran el cortejo
Abren el cortejo
al Pueblo entero
devorado
por el terror del golpe
el bombo/que invade el hueso
sagrado.


En Eroica, Libros de Tierra Firme / Ediciones Último Reino, Buenos Aires, Argentina, 1988.
Diana Bellessi (Zavalla, provincia de Santa Fe, 11 de febrero de 1946). Foto: Jmp