jueves, 23 de octubre de 2014

Alejandra Pizarnik, Cuídate de mí amor mío



2

sólo la sed
el silencio
ningún encuentro

cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra


3

por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo


4

ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe


En: “Quince poetas”, Ediciones Centurión, Buenos Aires, 1963.-
Alejandra Pizarnik (Buenos Aires, 29 de abril de 1936 – 25 de septiembre de 1972).-

Foto: tapa libro, jmp. Archivo de la talita dorada. -

miércoles, 22 de octubre de 2014

Catulo, y después otros mil más y después otros cien más


(Poema 5)

Vivamos, Lesbia mía, y amémonos,
sin importarnos la crítica de los viejos.
El sol se pone cada tarde y sale al día siguiente,
pero nosotros, cuando se nos apague la vela,
dormiremos una noche sin fin.
Dame mil besos, y después cien más,
y después otros mil más y después otros cien más
y después otros mil más y después otros cien más
y muchos miles más hasta que enredemos la suma
y ya no sepamos cuántos besos nos damos
ni los envidiosos lo sepan.



Vivamus mea Lesbia,atque amemus,
Rumoresque senum severiorum
Omnes unius aestimemus assis.
Soles occidere et redire possunt;
Nobis cum semel occidit brevis lux,
Nox est perpetua una dormienda.
Da mi basia mille, deinde centum,
Dein mille altera, dein seconda centum,
Deinde usque altera mille, deinde centum.
Dein, cum milia multa fecerimus,
Conturbabimus illa, ne sciamus,
Aut ne quis malus invidere possit,
Cum tantum sciat esse basiorum.



Dobbiamo mia Lesbia vivere, amare,
le proteste dei vecchi tanto austeri
tutte, dobbiamo valutarle nulla.
Il sole può calare e ritornare,
per noi quando la breve luce cade
resta una eterna notte da dormire.
Baciami mille volte e ancora cento
poi nuovamente mille e ancora cento,
e dopo ancora mille e ancora cento,
e poi confonderemo le migliaia
tutte insieme per non saperle mai,
perché nessun maligno porti male
sapendo quanti sono i nostri baci


En: “Catulo - Marcial, en versión de Ernesto Cardenal”, Edit. LAIA, Barcelona, 1978.
Gaio Valerio Catullo (Italia, -87 AEC - 54 EC).

Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925). 

martes, 21 de octubre de 2014

Catulo, Odio y amo



(Poema 85)


Odio y amo. Tal vez te preguntéis porqué.
No lo sé, sólo sé que lo siento y que sufro.




Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.


Ti odio e ti amo. Come possa fare ciò, forse ti chiedi.
Non lo so, ma sento che così avviene e me ne tormento.



En: “Catulo - Marcial, en versión de Ernesto Cardenal”, Edit. LAIA, Barcelona, 1978.
Gaio Valerio Catullo (Italia, -87 AEC - 54 EC).

Ernesto Cardenal (Nicaragua, 1925). 

viernes, 17 de octubre de 2014

Ricardo Soulé, Hoy empiezo a ver con más claridad


RITMO Y BLUES CON ARMÓNICAS

Hoy empiezo a ver con más claridad
a lo que me rodea.
Veo quién es quién,  
y en quién puedo creer.
Cuando parece que el mundo acabará
y la tierra cede bajo mis pies,
y cuando ya nunca amanecerá,
el sol sale otra vez.

Muy equivocado estuve ayer
debo de decirte porque me engañé
al suponer que eran muchos
los amigos en que yo podía creer.
Eran solamente siluetas
sin creencias ni fe,
eran solamente voces
y que aparentaban saber.

Hoy por la mañana sentí nuevamente
estas locas ganas de quererme bien,
y sin proponérmelo me siento muy fuerte
solo por saber que amo a mi mujer.

Dios se me distrajo por un momento
y la buena suerte me abandonó,
y el maldito diablo sin perder el tiempo
en la sangre misma se me metió.

Y ahora ya no tengo amigos,
la buena suerte me abandonó,
poca gente hoy me rodea,
sólo la que me dan amor.

Hoy por la mañana sentí nuevamente
estas locas ganas de quererme bien,
y sin proponérmelo me siento muy fuerte
solo por saber que amo a mi mujer.



Letra y música: Ricardo Soulé (Quilmes, 15 de marzo de 1950).-
En LP: “Jeremías pies de plomo”, 1972. Tema 2 del lado B.

Vox Dei fue: Ricardo Soulé, Rubén Basoaldo y Willy Quiroga.
Elegí esta versión de Ricardo Iorio (Ciudadela, 1962):

jueves, 16 de octubre de 2014

Julio Llinás, Dónde está el hombre que renace en las cenizas de una gran poesía


LA CASA

En esta casa
en que vivo,
la zozobra
me asalta
de perderla.

Ella es mi madre
de recuerdos,
mi continente
arrebatado
a la miseria.

Nada importante
ha sucedido
entre sus muros.

¿Ha de impedirme Dios
la humilde gloria
de morir en ella?


LAS CIENCIAS NATURALES

Junto a las rocas, la negra sal
radiante.
¡Oídos!
Crujen las pieles de la Tierra
gastadas por el sueño
bajo una calma infernal.
¿Dónde está el hombre
que renace
en las cenizas
de una gran poesía,
la mano de oro que bautiza
y desarrolla
las ciencias naturales?
Palabras,
Serpientes de la asfixia.


POEMA RAÍCES

El hombre que habla
y devora sus palabras,
teje una fábula
en su Tierra.
Y el aire invade
los verbos de su raza.

Así cayó esta zarpa
en mi inocencia.
Así creció mi orgullo
en este mundo.


SOMBRERO DE PERRO

No hemos tenido suerte,
amigo mío,
aunque haya quienes digan
que siempre la tuvimos.
Cuando miramos hacia atrás
y recordamos las calles
de ese París que se ha ido
con nosotros,
no sabemos ya qué hemos tenido,
no sabemos siquiera
si hemos tenido alguna cosa
o si todo ha sido solamente
nuestro disfraz de saltimbanqui,
nuestro sombrero de perro
y nuestras ganas de vivir.
Algo sabemos sin embargo
de los fulgores del mundo:
no nos va bien la bufanda
de seda pelirroja
de los directores de asuntos,
no nos convienen
los parajes idílicos,
las mansiones augustas,
las torpes limosinas.
No estamos ya para esa farsa,
viejo perro.
Hemos querido cantar
y sólo hemos gritado.
Hemos enfrentado a Dios
y él ha escapado
brincando por los bosques.
Hemos querido mostrarnos
y nadie nos ha visto.
Hemos querido ser grandes
y sólo fuimos los mismos,
los de siempre.
Acaso hayamos tenido,
únicamente,
la delicada suerte
de no haber sido nadie
ni nada.


LA ALONDRA

El niño rompe sus juguetes
en busca de la alondra.
La oveja con ruedas,
el caballo de lechero,
el oso negro de la tía Blanca,
el tíovivo con música,
la locomotora alemana
y hasta el fonógrafo infantil
con aquella marcha espantosa
norteamericana.

Lo rompes todo,
le dice su padre.
Todo lo rompes,
le dice su madre.
Busco la alondra,
dice el niño.

Y, claro está, pasa el tiempo.
Y el niño, que ya está crecido,
busca la alondra en los campos,
en las bestias, en los libros,
en las mujeres.
Y todo lo destruye
en busca de la alondra.

Se ha convertido
en un hombre rodeado
de juguetes rotos,
de libros inútiles,
de mujeres destrozadas.

Hasta que llega el momento
en que se hace viejo
y camina por las calles,
distraídamente,
buscando siempre la alondra.

Pero una tarde, empuña
su bello Colt 38
y se pega un tiro.

Entonces,
de su cabeza ensangrentada
sale volando la alondra.
Es lástima que no haya
nadie para verlo. 


DIFICULTADES

Insoportable buena fe,
es tan difícil decir a una mujer que es fea,
a un viejo amigo que es inútil y cobarde,
es tan difícil decir a un mal poeta
que sus infames versos hieden,
que sus libritos dan grima,
que sus metáforas son abominables
que la listita de sus premios
es desgarradora,
es tan difícil hablar con una lengua pura
de cristal y plata fresca y lúcida saliva,
decir a un hombre notorio que es imbécil,
que si no mide el flujo
de sus tonterías
puede morir como un pez,
es tan difícil soportar al literato orondo
que ha estado dando en Londres
sus conferencias para monos,
es tan difícil y tan duro
ir a lugares, almuerzos,
inauguraciones de aeróstatos,
escuchar la radio, los recitadores
de trámite melífluo, los sermones,
es tan difícil recibir llamadas telefónicas
y libros dedicados,
rehusar invitaciones,
hollar las vanidades
que envenenan el mundo,
es tan difícil flotar, volar, arder
como las naves,
como los pájaros sagrados
y algunos pocos libros de platino,
es tan difícil y tan necesario
abominar del dinero
y del poder
y seguir siendo un hombre.



Julio Llinás (Buenos Aires, 1929).-
Selección de textos: Jmp. En: “De las aves que vuelan”,
 Antología personal, Argonauta, 2008.-

Fotografía de Jorge Carrol, Santafé de Bogotá, 1984.-

miércoles, 15 de octubre de 2014

María Teresa Andruetto, No vayas en noviembre al cementerio


PAVESE

... hacer poesía es como hacer
 el amor: no se sabrá nunca si la
 propia alegría es compartida.
Cesare Pavese. l7 de noviembre de l937. Diario.



Esperar es todavía una ocupación.
Es no esperar nada lo que es terrible.
C.P. l5 de setiembre de l946. Diario.

NO VAYAS EN NOVIEMBRE

No vayas en noviembre al cementerio
cuando asesina la luz sobre las bardas,
ni vayas en febrero
cuando las bocas de la higuera sangran.

No vayas a esa tierra de álamos.

Los manzanares viejos no tienen brotes,
les ha bordado el viento la noche.



Estación abierta, retorno.
En la vida no hay retorno.
C.P. 30 de marzo de l948. Diario.

AHORA QUE VIENE EL TIEMPO DE LOS PÁJAROS

Ahora que viene el tiempo de los pájaros
y de los brotes en las ramas y la blancura
   del almendro,

ahora que salgo al aire por las tardes
y riego plantas y veo cómo la tierra bebe
   el agua,
ahora que se agitan las polleras
   al murmullo de la brisa,

ahora que los niños conquistan el baldío
   y construyen refugios y saltan vallas,

ahora que en el barrio las mujeres se sientan
   a la sombra de los fresnos y toman mate
   y hablan,

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia
 tu casa.

 Primavera de l992.
 In memoriam Clara Rut Crimberg.



Por qué a cada sobresalto...
te vuelven a la mente los troncos
y el río y la colina con la luna
detrás y el camino...?
C.P. l9 de agosto de l946. Diario.

LAPATAIA/94

Caen sobre el camino los troncos
centenarios. Un zorro acecha.
Más allá los manchones
de las castoreras.
Somos nosotros los que vamos
bajo la lluvia, pero parece
que nadie fuera,
que nos hubiéramos hecho de aire
entre las lengas.




KODAK

HAMACA

Estoy en cama
                (la enfermera
                 se llama Erminda)
Por la ventana que da al patio,
mi hermana pasa a bordo de una hamaca.
Pasan también las moras, el verano,
las chicharras. Ha de ser octubre,
como esta tarde, o tal vez noviembre,
y el calor agobia, porque mi padre
que llega del trabajo, se ha soltado,
cosa extraña, la corbata. Yo estoy
en cama. Y Ana que pasa alegre,
viva, a bordo de la hamaca.
Habrá sido de vidrio el aire,
como esta tarde.



TEORÍA SOBRE EL CIELO

 (... tu mano, mi tapadito azul, el cortejo,
 los caballos, un sacón que llevabas de pied
               de poule... )

-¿Quién pasa?
-Un niño.
-¿A dónde va?
-Al cielo.
-¿Y por dónde sube?
-Por una escalera larga /que está allá lejos, /al final del pueblo.



LUNES

Los lunes mi padre llegaba tarde
y traía chocolates amargos.
En la cama grande, mamá nos leía
La Cabaña del Tío Tom.
A nosotras nos gustaban los lunes,
nos gustaba llorar por tristezas
de cuento, sufrir por los negros
mientras comíamos chocolates
Suchard.



CITROËN

Regresábamos en un Citroën
rojo, desde una laguna de sal,
un pueblo ahora de fantasmas,
a nuestra casa, en la luz. Y él
cantaba, de viva voz, como
nunca cantaba, voglio vivere
cosí,con il sole in fronte, y
mi madre y nosotras también
cantábamos.



KODAK

Yo miraba,
tras la lente de una Kodak
con la que él sacó fotos de la guerra,
antes que la muerte disolviera
sus pupilas y delegara en mis ojos
el dolor de mirarme devastada
por la ausencia.



María Teresa Andruetto (Córdoba, 1954).
Selección de textos: Jmp. De: “Pavese/Kodak”, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2008. 

Foto: MTA en FB.-

martes, 14 de octubre de 2014

Edith Vera, Esa sonrisa que viene desde la tierra




Pajarito de agua
en qué rama cantas?

Pajarito de fuego
en qué rama ardes?




Un pajarito
hace su nido.
Con una pluma azul,
le ayuda el aire.
La tierra le da pajas.
El sol le acerca una tibia
lámpara de cristal.




Nunca hemos visto
al pajarito
que llama en los naranjos
por la mañana.
¿Tendrá las plumas verdes
y el piquito grisado?
¿Hay alguien que conteste
a su llamado?




Corre cada bichito
a su refugio.
Cae la lluvia
y hojas y ramas tiemblan
de puro gozo.
El cielo
le da una mano cristalina
a la tierra.




Pajarito gris,
¿te pierdes en la niebla?
Pajarito blanco,
¿te pierdes en la nieve?
El pajarito azul,
se pregunta:
–¿Puedo ir al cielo?




Hoy el campo es violeta
y huele a cielo.
Acaricio la hierba.
En el papel dibujo
una mosquita leve
y una paloma azul.
¡Qué júbilo me invade!
Soy campo y cielo
y hierba y vuelo.




Un  hombre
con un caracol al hombro
sabe que lleva
por un breve momento
una espiral
envolviendo la multitud
–¡Aligeren el paso!–
chilla desde el trigal,
la urraca.




Cuatro limones danzan
sobre mi cama.
Siete gorriones saltan
en una rama.
Esto es para mi madre,
porque me ama.




Estamos
aquí
acurrucados,
para dejar
espacio
al vuelo
de los pájaros.


***



Versión Primera     Una hoja caída
                              es refugio en el jardín.
                              A su sombra,
                              todo es dormir y soñar.


Versión Segunda    Debajo de una hoja
                              encontré una palabra:
                              umbría.
                              Y se extendió
                              la quieta paz
                              que dormía.




Versión Primera     Con los deditos cuenta
                              las mandarinas:
                              –1,3,4,5.
                              ¿Es así?


Versión Segunda    El 2 hoy no fue a la escuela
                              y los niños sólo suman
                              5+1 y 7+4
                              y restan 8-3 y 9-6.
                              Hay algo así como un sobresalto
                              en las hojas de los cuadernos.




Versión Primera     Ríe esta niña
                              y su corazón
                              es todo una fruta de seda colorada.


Versión Segunda    Salvaje fruta,
                              esa sonrisa que viene desde la tierra
                              y se calza en el pecho
                              de la niña.



Versión Primera     Dibujo y pinto
                             en la hoja blanca,
                             mi casa,
                             gente que pasea
                             y caballos pastando
                             en campos verdes.


Versión Segunda    Atraparé la forma
                              en que veo el caballo
                              y lo haré líneas, galope,
                              huellas de cascos.
                              Y agregaré gente
                              trepando hacia el azul,
                              elevándose.



Versión Primera     El sol viaja en el cielo
                              y es puro oro.
                              Nacen bajo su luz
                              enorme girasoles, retamas,
                              y el corazón de las manzanillas.


Versión Segunda    ¿A qué penumbra hay que acudir
                              para leer
                              a Xul Solar, sus enigmas,
                              los mensajes de otros soles?
                              ¿Entrecerrando los ojos
                              guardando los asombros?



Versión Primera     A mis pies
                             deteniendo el paso,
                             la mariposa muerta.
                             ¡El viaje interrumpido
                             entre la flor y el aire,
                             cerrando
                             una vida tan breve!


Versión Segunda    Desde la mariposa muerta
                              parten alas y alas.





Selección de textos: Jmp. De los libros, “Pajarito de agua” (Ediciones Radamanto, Villa María, 1997) y “El libro de las dos versiones” (Ediciones Radamanto, Villa María, 1998). Cuidado de estas dos ediciones: Mónica Conci y Alejandro Schmidt.


Edith Vera (Villa María, Córdoba, 27 de agosto de 1925 – 2003).-

lunes, 13 de octubre de 2014

Edgar Bayley, Cuando ella abre los ojos las horas despiertan





CUANDO ELLA

cuando ella abre los ojos las horas despiertan
respiran como matas de hierba al amanecer
como pájaros en la mañana del día siguiente
cuando ella extiende sus brazos la máscara cesa
el olvido cesa las orugas reinician su marcha
cuando ella vuelve a nadar en el agua dormida
la tierra entrega sus llaves sus momentos propicios
su amapola su maíz
una lluvia de azufre una bandera en llamas
cuando ella mira a lo lejos
se disuelven las sombras y el nacimiento llega



En: “Antología personal”, CEAL, 1983. De: “Celebraciones” (1968-1976).
Edgar Bayley  (Buenos Aires, 1919 - 12 de agosto de 1990).-

Foto: Jmp. De: Historia de la Literatura Argentina, volumen 5, Centro Editor de América Latina, 1982. 

viernes, 10 de octubre de 2014

Miguel Gaya, Como el hombre aquel que leía en un libro ciego del Parque Lezama



Recuerda, Lennon…

Recuerda, Lennon, la conversación que arrojabas
desde la baranda que da al río
Decías que las canciones ocupan el espacio entero
mientras duran
Y después el silencio crece en el lugar
“De ese silencio nacen” Decías
“Son como tiros certeros al corazón”
Sacudías la cabeza para que el sueño terminara
Detrás tuyo un avión plateado
llegaba al aeropuerto
Tenías las manos sobre la guitarra. Los ojos miopes
“Estoy herido” Dijiste


El impasible cazador…

El impasible cazador que lee tus huellas
los inocentes rastros que abandonas
en el camino
sabrá donde esperarte
el exacto lugar hacia el que tus pies
te llevan sin saberlo


Sueño con el vuelo de perdices torpes…

Sueño con el vuelo de perdices torpes
Desde el pajonal
alguien oculto con certera calma
las derriba

El eco de los disparos las asusta
Las arroja volando hacia la mira


Como el hombre aquel…

Como el hombre aquel que leía
en un libro ciego del Parque Lezama
y a sus espaldas
completamente lejos de su conocimiento
esta historia se levantaba
hasta mucho más allá de las barrancas
que el río tocó una vez
he buscado fuera
y no
en el suave sonido de tu respiración
cuerpo de amor donde
no existe la duda


Vertiginoso es el paso del tiempo…

Vertiginoso es el paso del tiempo
Y crueles las marcas que dejará en tu cuerpo
Pero yo lo amo
Porque subido en él me acerco
Entre aullidos de tiempo te acompaño
Y fortalezco

Sólo esperar deshace


El ojo que miró tu cuerpo…

El ojo que miró tu cuerpo no guardó
otra cosa que materia fluyendo y ahora
la memoria del ojo no es cuerpo
sino dientes que muerden el aire
Lastimado
Verte otra vez no repite más cuerpo
que éste escapándose


Erendira la hermosa

Pájaro sin más vuelo que
el dolor
en el canto


El ciruelo

No comerás
mejor fruta
que la infancia


Acto de fe

Sospecha del ojo
porque

no hay otra cosa


Ars amandi

Como manzana
que jugosa cede
al amoroso diente

que la mata


Edificios oscuros…

Edificios oscuros Edificios oscuros
Enciéndase el combativo resplandor
del fuego
El motivo de la canción es
celebrar que exista
luces y tinieblas en la palabra
que digo



Selección de textos: Jmp. En: “Levanta contra el viento la cabeza oscura”, Ediciones de la Claraboya, 1983.-
Miguel Gaya (Ayacucho, Provincia de Buenos Aires, 1953).-

Foto: Los poetas Miguel Gaya y Jonio González en Sitges, Barcelona, 2008. Tomada de FB.-

jueves, 9 de octubre de 2014

Graciela Zanini, Esta madura desnudez


PERCEVAL

curvado sobre sí   sueña infante
en leve lecho de agua   sus certezas

le bastan para sentir al mundo
seguro y amigable



crece la ardiente hora en que
todo es expuesto   fiesta
de fauno y doncella

hacia el
santuario en ruinas
desandará dolorosa vía



clama por el botín
hora del cuervo   esa blasfemia
con nombre de guerrero

malherido
por costumbres y ritos    cuenta su oro
a las puertas del templo



bajo sus propios
sueños se inclina
inútil búsqueda

otro dios aúlla en su costado


SEMPREBELLA

Diosa caníbal,
en la oscuridad, un siseo
de lencería te anuncia.

Satinada noche de tus manos
-gestos amplios de corola oferente-
oculta como puede,
la tumba de algún pájaro
que te era predilecto.

Música de vidrio
y flores consumidas,
despliegas,
raído abanico de promesas,
y cierta opacidad en el ambiente,
asume la forma espectral
que te delata.

¡Oh! ávida,
lo que yace en reposo no está quieto,
aletea de modo imperceptible
y nuevamente ave,
                         huye
a mi proximidad.

Impreciso contorno,
hallarte es un azar o un reto.

Presiento
que las calles de la ciudad encubren,
como si protegieran un milagro,
tus manantiales de leche envenenada.

                                     Atroz/mente,
te adeudo una certeza:
mi cuerpo y yo no moriremos juntos.


AMAZONA

De un deseo a otro,
derramada
como un vino antiguo,
en la celebración de bodas
con lo anómalo,
                      soy
un cementerio en el que nadie yace
y en la noche, vigila.

Bello acechante, comprende:
he cabalgado un tigre,
atravesado el día sin abrigo,
bebido de lo extraño,
y vuelvo a casa
perversa mente niña


ELEGÍA

a Irma E. Alberti, i.m.

Riada  insumisa,
las plegarias y los días
destilan en el hueco
que dejaste,
                  madre mía,
mi lágrima,
mi otra voz.


LO QUE HAY

I

Lo que veo es lo que hay.
Ninguna veladura en la imagen.
Ninguna arista disimulada.

Alrededor, las voces
familiares no consuelan.
Alguien grita mi nombre.
Un vago sentimiento de haber pertenecido
me impulsa a contestar.
Ellos planean ir al campo.
                     Planean
sobre mí.


II

El tiempo hizo lo suyo.
Una bandada de caranchos
instala cierta nación de permanencia.

Lo que veo es lo que hay.
En el suelo, un anillo de ropa
enmarca, tenue, los pies.
Un haber levísimo,
para desprenderme.


III

Animales mansos, habitan la voz
de esa mujer que esparce
su ensalmo herida por la luz.

Lo que veo es lo que hay.
Giro apenas.
Por la ventana penetra lo alto,
esa nota de pura certidumbre.

Lo que hay.
Lo que veo cada día:
esta madura desnudez.



Selección de textos Jmp, de los libros: “Rasputín y otras obsesiones”, Libros del Zorzal, 2003, y “Lo que hay”, Ediciones del Dock, 2005.
Graciela Ester Zanini (Buenos Aires, 1948).-

Foto: GZ en FB.-