jueves, 2 de julio de 2015

Bernardo Uchitel, Anduve por ahí y otros poemas


ANDUVE POR AHÍ

Los árboles y la tierra
parecían los mismos
De lejos venía
el ruido de la trilla
y en el cielo de sol
las bandadas
de palomas de la virgen
No se vuelve
No se parte



SIN TÍTULO

Vi esta mañana
una mariposa amarilla
entre las chapas y las paredes
El viento de la noche la trajo
Pálida
en la primera luz
no termina de irse



PASAN…

Pequeños patos salvajes
pasan
sobre la ciudad
Su silbido
en mis noches de insomnio



DESDE CONCORDIA A BASAVILBASO

La garza blanca por el cielo
siguiendo la línea del río
los arroyos afluentes
y los naranjos
se iban por la ventanilla del tren
Y vos recostada
en el ángulo de la ventanilla y el asiento
sonreías contenta
ensimismada en el viaje y el destino
Lanzados desde el sin principio
hacia el sin fin
llevamos la muerte y sonreímos
Durante la noche bebimos
cerveza bien fría
y cuando llegamos
llovía ya un poco
dijiste:
“Se sentía el olor de la lluvia”

En “Poesía y Poética” (revista de poesía y teoría poética editada por la Secretaria de Asuntos Culturales de la Universidad Nacional del Litoral. Director: Hugo Gola), número 1, marzo de 1988.
Bernardo Uchitel (Entre Ríos, 1942).

martes, 30 de junio de 2015

Matsuo Bashō, Haikus de invierno



Se ha escondido
en el bosque de bambú
el viento de invierno



Vestido de escarcha
cubierto de viento
un niño abandonado



Brasas bajo la ceniza
sobre el muro
la sombra del invitado



Envolviendo los pastelillos
con la otra mano se aparta
el pelo de la frente



No olvides nunca
el sabor solitario
del rocío blanco



Y ahora
vamos a contemplar la nieve
hasta caer agotados



¿La nieve que cae
es otra
este año?



En: “Haiku de las Cuatro estaciones”, Miraguano Ediciones, Madrid, 1994.
Traducción: Francisco F. Villalba.

Matsuo Bashō (Ueno, Akasaka, Japón, 1644 - Osaka, 28 de noviembre de 1694).

lunes, 29 de junio de 2015

Jorge Rivelli, Paraguas iluminado en el fondo de una botella


LA EFÍMERA SOMBRA

el cuerpo
sostiene la sombra
que se desliza
por la calle
húmeda y desierta
silueta negra y elástica
que se apaga
en la oscuridad


A BORGES

fui a pescar y
me enamoré de un bagre
a orillas
del riachuelo
y ahora
no hago más
que cazar ranas
en el barro
como dijo borges
enamorarse
es crear una religión
cuyo dios es falible


SIGLO XXI

seguíamos creciendo
por ilustrados
por ilustrados
por ilustrados
hasta
la violencia cotidiana
ahora
lamediática civilización
es de los bárbaros
y la reflexión
el canto
de la cultura popular


TORERO RECTO

el vapor de la tintorería
refriega los bronquios
es un placer
visitar a los japoneses
tintorería japón
tintorería tokio
tintorería sapporo
tintorería kiotto
pienso en tintoretto
que no tenía tintorería
y se llamaba
jacopo comin
y fue un gran pintor
italiano del siglo 16
el último renacentista
que nació y murió
en venecia
fuera de todo arte
la verdad
que me acerqué
sospechando que atrás
de las grandes planchas
y del torero recto
se escondía una licorería


BAJO LA LUZ DE LA NIEBLA

noche inesperada
con niebla y sin luna
al fin
ahora puedo ver
todo más claro
sé quien soy
le doy pies a los zapatos
piernas a los pantalones
brazos al saco
voy a contestar cartas
y mis preguntas
el amor
es un paraguas iluminado
en el fondo de una botella
la muerte
caballo de copas
sentado en bastos
robando el oro
saboreando la espada
la soledad
es el trabajo
de negociar
con fantasmas
ser profundo
es como vivir ahogado
en el fondo de la pileta
una sombra tu voz
la extensa cabellera
de los hechos
certeza implacable
para sacar pecho
y tragarse la noche
el dolor
exagerado protagonismo
del nervio ciático
la pérdida
quedarse
con los bolsillos
vacíos
ante tanta insistencia
sí... sí...
soy un cobarde
hasta que
se vaya la luz


*

entre el circo
y el carnaval
empalamientos
y castidad


En “Manhattan Gandhi”, Editorial La Porteña, Buenos Aires, 2014.
Jorge Rivelli (Buenos Aires, 1954).
Foto: “Un aspectopoco conocido de las personalidades de Jorge Rivelli y José María Pallaoro”.

domingo, 28 de junio de 2015

Gonzalo Arango, Los Nadaístas invadieron la ciudad como una peste


LOS NADAÍSTAS

Los Nadaístas invadieron la ciudad como una peste:
de los bares saxofónicos al silencio de los libros
de los estadios olímpicos a los profilácticos
de las soledades al ruido dorado de las muchedumbres
                     de sur a norte
al encenderse de rosa el día
hasta el advenimiento de los neones
y más tarde la consumación de los carbones nocturnos
                     hasta la bilis del alba.

Va solo hacia ninguna parte
porque no hay sitio para él en el mundo
                     no está triste por eso
                     le gusta vivir porque es tonto estar muerto
                     o no haber nacido.

Es un nadaísta porque no puede ser otra cosa
está marcado por el dolor de esta pregunta
                     que sale de su boca como un vómito tibio
                     de color malva y emocionante pureza:
                     “¿Por qué hay cosas y no más bien Nada?”
Este signo de interrogación lo distingue
de otras verdades y de otros seres.

El es él como una ola es una ola
lleva encima su color que lo define revolucionario
como es propia la liquidez del agua
                     del hombre ser mortal
                     del viento ser errante
                     del gusano arrastrarse a su agujero
de la noche ser oscura como un pensamiento
                     sin porvenir.

Ha teñido su camisa de revolución
en los resplandores de los incendios
en el asesinato de la belleza
en el suicidio eléctrico del pensamiento
en las violaciones de las vírgenes
o simplemente en el barrio pobre de los tintoreros.

Lleva su camisa roja como un honor
como un cielo lleva su estrella
como un semáforo produce su luz intermitente
                     de catástrofe
como una envoltura de “pall-mall”
perfumando su pecho de adolescente.

El Nadaísta es joven y resplandece de soledad
                     es un eclipse bajo los neones pálidos
                     y los alambres del telégrafo
                     es, en el estruendo de la ciudad
                     y entre sus rascacielos,
                     el asombro de una flor teñida de púrpura
                     en los desechos de la locura.

Tiene el peligro de los labios rojos y los polvorines
mira los objetivos con ojos tristes de aniversario
                     es el terror de los retóricos
                     y los fabricantes de moral
es sensitivo como un gonococo esquizofrénico
inteligente como un tratado de magia negra
ruidoso como una carambola a las dos de la mañana
amotinado como un olor de alcantarillo
                     frívolo como un cumpleaños
es un monje sibarita que camina sin temblor
                     a su condenación eterna
                     sobre zapatos de gamuza.

Sufre el vértigo de los sacudimientos
                     electrónicos del jazz
                     y las velocidades a contra-reloj
corazón de rayo de voltio que estalla
                     en el parabrisas de un Volkswagen
                     deseando la mujer de tu prójimo.
                    
                     Se aburre mortalmente pero existe.

No se suicida porque ama furiosamente fornicar
jugar billar-pool en las noches inagotables
                     brindar ron en honor a su existencia
estirarse en los prados bajo las lunas metálicas
                     no pensar
                          no cansarse
                                no morirse de felicidad
                                      ni de aburrimiento.

Es espléndido como una estrella muerta
      que gira con radar en los vagos cielos vacíos.
          No es nada pero es un Nadaísta
              ¡Y está salvado!


En “Obra negra. Contiene prosas para leer en la silla eléctrica y otras sillas”, Cuadernos Latinoamericanos, Ediciones Carlos Lohlé, 1974.
Gonzalo Arango (Colombia, 1931 – 1976).

sábado, 27 de junio de 2015

Aldo Pellegrini, La noche de las cosas


DE PRONTO NIEVA

                            De pronto nieva
¿en qué momento los ojos se han vuelto viento
                            perpetuo?
soplo de luz sólo descubres la noche de las cosas
un río nace en el atardecer
y arrastra barcas hasta el límite en que la
                angustia se torna espera
un sol mentido
                   interminable
el presente se detiene el dolor más alto del verano
oh ávido navegante
                            sigilosamente muerto
en una distancia azul
das nacimiento a un dios que también busca la
                  muerte


En carpeta de poesía argentina “Alguien llama”, número 12, año 8, octubre de 1999. Editor: Alejandro Schmidt.
Aldo Pellegrini (Rosario, 1903 – Buenos Aires, 1973). Foto: José María Pallaoro, “Nieve en City Bell”.

jueves, 25 de junio de 2015

Griselda García, Último vaso de vino al acostarse



Manos que no son las mías
intentan abrirme
y duele
aunque nunca estuve cerrada.



Tus besos me dan asco
ahogándome en la espuma del jacuzzi.


Hay relámpagos y más relámpagos
filtrándose por las persianas del hotel
y sólo quiero que todo termine.



De afuera
quisiera la libertad
de no tener que estar adentro
y salir así a lucir
el cansancio de todo un día mezclándose
con el brillo en los ojos que dejó el orgasmo.

*

Horas en que los clítoris se abren
como mariposas tardías. 

Estoy limpia, él me come.

Mirarlo es marearse,
y es que el mar entero mora en esos ojos.

Debo haber sido una niña muy buena
para que me sea permitido sentir su lengua llagándome,
lavar su cabeza desnuda con agua de hammamelis,
sufrir su centro rompiéndome una a una las vértebras
ver la herida que nunca cierra más roja cada día
pasarme los días congelando en uno o dos versos
esos ojos que devoran al mirar.

*

SERRALLO

Otros ya idos
me coronaron reina:
final de un linaje de crueldad.

Audaces, los que quedan.

Acérquense.
Anímense a ser vistos así.

Voy a crear la palabra perfecta
voy a decir sus nombres
hoy nacen a mis brazos.

Engendraremos
un ejército voraz.
Vamos a arder y brillar.



TRABAJAR CANSA

Hombres con el torso desnudo
arrojan piedras al agua,
ven el río desde el río,
cometas que se niegan a volar,
cascos de viejos buques bajo el sol.

Hombres que una vez han hecho hijos
por la noche vuelven
a la pieza única, al único catre,
un último vaso de vino al acostarse,
alivio del fresco en la almohada,
asco de ese mundo que los olvidó.


En revista de cultura “La Bota Literaria”, año 12, número 30, noviembre 2011. Director: Claudio González Baeza.
Griselda García (Buenos Aires, 1979). Foto: Julia Russo Martínez, GG en FB.

miércoles, 24 de junio de 2015

Juan José Saer, tres poemas bajo el mismo título


EL ARTE DE NARRAR

Ahora escucho una voz que no es más que recuerdo. En la hoja
blanca, el ojo roza la red negra que brilla, por momentos,
como cabellos inmóviles contra la luz que resplandece, tensa,
al anochecer. Escucho el eco de una palabra que resonó
antes que la palpitación del oído golpeara, y se estremece
la caja roja del corazón simple como un cuchillo. ¿No hay
otra cosa que días atravesados de violencia sutil, detención
abierta hacia momentos más blancos que el fuego? Está el rumor
del recuerdo de todos que crece —el resonar de pasos
sobre caminos duros como planetas que se entrecruzan en regiones reales—
con el mismo rumor inaudible de los cuerpos que se abren
y de la lluvia verde que se abre imposible hacia un árbol glorioso. Nado
en un río incierto que dicen que me lleva del recuerdo a la voz.


EL ARTE DE NARRAR

Llamamos libros
al sedimento oscuro de una explosión
que cegó, en la mañana del mundo,
los ojos y la mente y encaminó la mano
rápida, pura, a almacenar
recuerdos falsos
para memorias verdaderas.
                                   Construcción
irrisoria, que horadan los ojos del que lee
buscando, ávidos, en el revés del tejido férreo,
lo que ya han visto y que no está.
                                           Porque estas horas
de decepción, que alimenta la rosa
del porvenir donde la vieja rosa marchita
persevera, no quedarán
tampoco entre sus pétalos,
flor de niebla, olvido hecho de recuerdos retrógrados,
rosa real de lo narrado
que a la rosa gentil de los jardines del tiempo
disemina
                    y devora.


EL ARTE DE NARRAR

Cada uno crea
        de las astillas que recibe
            la lengua a su manera
con las reglas de su pasión
—y de eso, ni Emanuel Kant estaba exento.



En: “El arte de narrar. Poemas (1960-1987)”, Seix Barral, 2000.
Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, 1937 – París, 2005).
Foto: JJS s/d.

martes, 23 de junio de 2015

Alberto Szpunberg, En este plato enlosado cabe toda la sopa que aún humea


TAMBIÉN CUANDO SE COME, SE HABLA

En este plato enlosado cabe toda la sopa que aún humea,
el rayo de sol hiere el juego del vapor en el aire
y te quedas mirándolo, en silencio.
Apoyas la cuchara en el borde del plato,
lentamente, como si temieras que el ruido despertara algún recuerdo.
Enfrente tuyo, tu hija sorbe la sopa
y con un fideo entre los labios te pregunta si hoy es mañana.
Hoy es hoy, le dices, y mañana es mañana, pero sonríes
y le enseñas que la cuchara puede flotar en la sopa como un barco,
un barco pesado y humeante que sabe ir y volver, también volver.


De: “Su fuego en la tibieza” (España, 1983). En revista Lea, número 29, octubre de 2004. 
Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940).
Foto: Jmp. AS, lectura en Bernal, circa 2011.

lunes, 22 de junio de 2015

Salvatore Quasimodo, dos poemas


DE NUEVO SE OYE EL MAR

Desde hace muchas noches se oye aún el mar,
sube y baja levemente sobre la arena lisa.
Eco de una voz encerrada en la mente
que vuelve desde el tiempo; y también este
constante lamento de gaviotas: quizá
de aves de las torres que abril
empuja a la llanura. En otro tiempo
tú estabas junto a mí con esa voz.
Y quisiera que a ti también llegase
un eco de mi memoria, ahora
como ese oscuro sonido que murmura el mar.


Y DE PRONTO ES LA NOCHE

Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra
traspasado por un rayo de sol
y de pronto es la noche.



En “Carta a la madre y otros poemas”, CEAL, 1988. Traducción: Eugenio y Gianni Siccardi.
Salvatore Quasimodo (Italia, 1901 – 1968).
Foto: SQ s/d.

viernes, 19 de junio de 2015

Hugo Diz, dos poemas


BREVE XII

Ante la pregunta
inquisidora
de los sabios
el poeta
respondió
con otra pregunta:

La pureza
de la leche
no es, acaso,
verde?



BREVE XIII

Las consecuencias
se miden
después
de los hechos,
y después
de los hechos
se mide la profundidad
en que van a enterrar
al que no midió
las consecuencias.



Hugo Diz (Rosario, provincia de Santa Fe, 1942).
En revista “El lagrimal trifurca”, número 11, noviembre de 1974. Director: Elvio E. Gandolfo.
Imagen: Detalle de tapa El lagrimal trifurca.

jueves, 18 de junio de 2015

Osvaldo Aguirre, El gran error del Negro


LA PERSECUCIÓN

El gran error del Negro
fue pasar la noche
en el pueblo. No dijo
una palabra, nada,
pero lo afligido.
                        ¿Cómo?
Los galgos lo siguieron
y aunque extrañaban
dejaron sin guardia
la casa. A la mañana
esperaba una desgracia:
alguna gallina menos,
la comadreja adentro
con pichones, el almácigo
dañado, pero jamás
de los jamases el padrillo
perdido ni las chanchas
en un charco de sangre.
Los perros que crecían
salvajes en las taperas
las habían liquidado
—las crías se salvaron
porque los maíces
y Dios es grande.

Furioso por la carnicería
que hacían de las hembras
el padrillo destrozó
a uno de los cimarrones
—y el Negro encontró
la cabeza por un lado
y las patas y el resto—
pero estaba herido
y lo superaban en número.
Los vecinos vieron
que salía como escupida
por el campo: nada
del otro mundo, ojo,
porque era costumbre
que los animales del Negro
buscaran la comida
sueltos en el camino.

Ese padrillo era,
decían, más malo
que la peste: una bestia
de 200 kilos, y para peor
enardecida por el chillido
de las chanchas, su sangre,
y para peor que desconocía
más allá de la chacra.
La voz de alarma corrió
con el Negro, que quería
seguir el rastro y de paso,
con la escopeta y los galgos,
barrer con los perros salvajes
que se le pusieran delante.

Así andaba del camino
del Consejo a la escuela
de Campo Apaulazza
y en ese radio no pasaba
un día sin noticias
del padrillo: hacía
un desquicio en la soja,
llegaba medio muerto
al molino de una casa,
una señora lo topaba
cuando colgaba la ropa.
Pero siempre tenía
la forma de escapar
antes que el Negro
y la gente que ayudaba,
porque a esa altura,
después de una semana
de martes 13, desastres
y sustos, esa bestia
suelta era un peligro
para cualquiera.

Había que ver: iban
y venían con una jaula,
maíces para invitarlo,
palos y perros de todo
tamaño. Al final
lo rodearon en una laguna,
tan rendido de cansancio
que se dejó llevar
de lo más manso.




Osvaldo Aguirre (Colón, Provincia de Buenos Aires, 1964).
En revista “Hablar de poesía”, número 8, diciembre de 2002. Director: Ricardo H. Herrera.
Foto: OA en FB.

miércoles, 17 de junio de 2015

Norma Osnajanski, La próxima batalla


POEMA

De pronto
el pasado te lanza un adoquín
una manzana abierta y pegajosa
una lágrima pesada
que ni siquiera se disfraza
de nostalgia
(fue inútil
creer que los fantasmas
se asustan
si les lanzas escupitajos
de alas cercenadas)
y hay que correr
apuntalar el orden
cuidar ese desprevenido
cachorro amenazado
es necesario masticar explicaciones
ganar tiempo
bajar la mente ahí donde
una vez te dijeron que está el alma
disparar
pedacitos de cerebro
y cañones racionales
declarar la guerra
a cualquier precio
amurallar la calma

después
en algún momento
velás a tu enemigo
y un poco más viejo
               más seco
               más vacío
te sentás
tranquilamente
y esperás la próxima batalla



En revista planetaria de poesía “Cormorán y Delfín”, año 7, viaje 23, Buenos Aires, noviembre de 1970. 
Director: Ariel Canzani D.
Norma Osnajanski (Buenos Aires, 1947).
Foto: NO en FB.

martes, 16 de junio de 2015

Miguel Grinberg, No mentiremos frases de futuro


ESA RISA, TU VOZ

entonces solamente encogerse un rato y gemir
gotearse de frío el cuerpo y jadear sobre la cama
con los puños apretados de noche siempre

voz inédita tu voz, cuerpo adolescente a mi lado
compartiendo el silencio, cuerpo suma de otros muchos
y murmullo gemelo de una misma vida en sentido vertical
arrancada de un arbóreo monte de capullos fecundables
cargada de otros besos y caricias que súbitamente
desaparecen

allí estoy en el comienzo del tiempo, día genital,
ríos vegetales alzándose en furia hacia mi boca
besar y absorber una vida de mujer hasta las llamas,
aspas de fuego girando incansables, voraces molinos
en el cuarto, arder hasta agotarse lentamente,
destellantes horas ayer, después dormimos

no conozco en mi cielo fronteras de piel o espanto
no mentiremos frases de futuro, locos de amanecer
avanzando en un taxi, densa la ternura inicial,
trinos emergiendo entre suspiros y uñas
clavándose en éxtasis, tu sonrisa siempre

un cuerpo largo y tenso volando entre los dedos y
la lengua hacia el país de los deseos consumados


Miguel Grinberg (Buenos Aires, 1937). Poeta.
En “Eco Contemporáneo”, revista interamericana, número 6/7, Buenos Aires, 1963.
Editor responsable: Miguel Grinberg.

Foto: MG en FB. 

lunes, 15 de junio de 2015

Luis Alberto Spinetta, Solo intenta ser feliz


DIOS DE LA ADOLESCENCIA

Ella solo intenta ser feliz
Tropezando está

Nadan hoy sus ojos entre el rimel
Su mentira ya se hundió en la hiedra

¿Ves?, en su abismo
Con su enaguas quiere escapar de la cuna
Tan apurada está
Que atropella al viento en la avenida

Hoy su inútil pétalo secó por su soledad
Y con las campanas se divierte
Pensando que son de aquí
De la muerte
¡Ah!, si pudiera
Si ella quisiera abrirse del ser y la nada
Tal vez podría ser
Que su dios está en la adolescencia

Correrás al fin con frenesí por tu libertad
Pero ni bien una lágrima caiga
Mil estrellas juzgarán que es vano

Ya que Dios es un mundo
En el que amar es la eternidad que uno busca
Y no lo pienses más
Que tu mueca está tan despintada…


En Lp “Durazno sangrando”, Invisible, 1975.
Invisible es: Spinetta, Pomo, Machi.
Luis Alberto Spinetta (1950 – 2012).

domingo, 14 de junio de 2015

Luis Alberto Spinetta, Sobre la espalda de un león


EN UNA LEJANA PLAYA DEL ÁNIMUS

Una niña descalza anda en la playa
Como gota de lluvia sobre la zarza

Los aldeanos se van durmiendo
Toda estrella fugaz conoce su nombre

Así como el agua viaja
Conociendo el aire del lugar

Y hoy por fin la inmensidad fue el bien
Y hoy por fin la inmensidad fue tibia y fugaz como el sol
Tibia y fugaz como el sol

Besa el violín que ya nunca jamás sonará
Bebe la sombra de un indio en un río divino

Sin querer te marcarás
Hasta que al morir buscarás el sinfín

Y antes del alba
Tendrás tu rocío final

Solo sé que Dios vendrá
Ruego que venga ya

La distancia es un caudal de eternidad
Agazapada sobre la espalda de un león


En Lp “Durazno sangrando”, Invisible, 1975.
Invisible es: Spinetta, Pomo, Machi.
Luis Alberto Spinetta (1950 – 2012).

sábado, 13 de junio de 2015

Matilde Herrera, Los caminos imposibles


PRÁCTICAS

Transformé el grito en susurro.
Los látigos estallaron en espuma. La
    espuma en fuego.
Cada burbuja una explosión
que rodó por la pendiente.
Mi piel está en todos los rincones,
en cada curva de la tierra.
Hecha de carne y arcilla
me desarmo en humo y sangre.
Descubro los caminos imposibles.



TRES TIEMPOS PARA MIRAR UN CUADRO DE BOBBY

I

Voy hacia un silencio espeso
                                    brillante
como cuando me aprieta tu mirada solitaria.


II

Flota, me pliego, las tripas se me vuelan,
lamo mi estómago por dentro,
mis brazos se trenzan en cristales,
fluye la sangre por una sonrisa.


III

Mientras giro,
la muerte tiende su mano
de papel, con una lágrima
me quema.


En revista “Macedonio”. Directores. J. C. Martini y A. Vanasco. Año II, número 6/7, invierno 1970.
Matilde Herrera (Buenos Aires, 1931–1990). Periodista, escritora. Abuela de Plaza de Mayo.
Roberto Aizenberg (Federal, Entre Ríos, 1928 – Buenos Aires, 1996). Portada: “Padre e hijo contemplando la sombra de un día”, 1963. Óleo sobre tela, 44 x 35 cm.

lunes, 8 de junio de 2015

Vasko Popa, Cantaba la verdad en lo oscuro


CANCIÓN DE LA JOVEN VERDAD

Cantaba la verdad en lo oscuro
En la cumbre del tilo en medio del corazón

El sol madurará decía
En la cumbre del tilo en medio del corazón
Si los ojos lo iluminan

Nos reímos de la canción
Atrapamos y sujetamos la verdad
Y bajo el tilo la degollamos

Los ojos estaban ocupados
Afuera en otra oscuridad
Y nada vieron


EL TILO EN MEDIO DEL CORAZÓN

El tilo florecido en medio del corazón
Bajo el tilo sepultado un perol
En el perol doce nubes
En las nubes el joven sol

Cavamos por el perol en el corazón
Exhumamos doce nubes
El perol huyó con el sol
De una hondura a otra

Con los ojos absortos miramos la última hondura
Más profunda que la propia vida
Dejamos de cavar

Talamos el tilo para calentarnos
Hacía frío en torno al corazón


2

Me he extendido ante ti
Lobo cojo

Reposo entre tus estatuas
Deformadas e incendiadas
Y revestidas de barro

He caído entre ellas
Con el rostro en tus sacras ortigas
Y con ellas ardo

Mi boca está llena
De su carne de madera
Y de sus cejas doradas

Me he extendido ante ti
Dime con un chirrido que me levante
Lobo cojo


4

Vuelve tu mirada hacia mí
Lobo cojo

Y aliéntame con el fuego de tus fauces
Para que cante a tu nombre

Con la remota lengua de tilo

Traza en mi frente con tu garra
Dibujos y líneas celestiales
Para que llegue a ser intérprete de tu silencio

Y muérdeme la mano izquierda
Para que me reverencien tus lobos
Y me proclamen su pastor

Vuelve tu mirada hacia mí
Y no fijes los ojos en tu derribada estatura
Lobo cojo


ESTIRPE LOBUNA

Bajo los tilos en el Banato
Mi bisabuelo Ilia Luca Morun
Encontró dos lobitos

Los cargó entre las orejas del asno
Y los llevó a la granja

Los alimentó con la leche de oveja
Y les enseño a jugar
Con los corderos

Ya fuertes los llevó
Al mismo lugar bajo los tilos
Y allí los besó y rebautizó

Desde la infancia espero
Que el número de mis años
Se iguale al de mi bisabuelo

Para preguntarle entonces
Cuál de esos dos lobitos
Era yo


Vasko Popa (Васко Попа. Serbia, 1922-1991).
Traducción directa del serbo-croata: Juan Octavio Prenz.
Foto: VP s/d. 

lunes, 1 de junio de 2015

Tilo Wenner, La noche que murió el General en la casa de los humildes


LA NOCHE DE LOS DIENTES AFILADOS

La noche que murió el General en la casa de los humildes
las lágrimas adornaron las imágenes mas tristes
Las nubes mas blancas del año pasaron lentamente
por el cielo mas azul de julio
La luna más clara proyectó las sombras más negras
en los umbrales
En cien años a la redonda nunca hizo tanto calor en invierno
Los brujos cortaron el último pétalo de la margarita y
creyeron en el final de la esperanza
Los policías homicidas apoyaron sus fusiles
en las órbitas de la náusea
Los personajes más pintados pintaron amorosamente
los bellos muñecos de sus grandes sueños
Los tocados por la suerte miraron el cielo en espera
de la señal: estaba vacío como sus cabezas
El consejo de los Represores llamó a la adivina
y le hizo tirar treinta y tres veces las barajas mágicas
El cielo creyó haber oído hablar a su perro
La noche que murió el General los enemigos del pueblo
lo sentaron sobre el caballo blanco del imperio
para que su sombra nos meta miedo y ningún algo jefe recuperó
la memoria de sus crímenes contra el pueblo
La noche que murió el General, mientras los humildes
se hundían en el lago tenebroso de la angustia los señores
de América afilaron sus dientes sin pudor
La noche que murió el General nadie se acordó de los
maravillosos jóvenes que murieron por una tierra sin víctimas,
todos esos Ches.


De “Ejercicios para no llorar en vano”, libro inédito.


Tilo Wenner nació en General Galarza, Entre Ríos, en 1931. Publicó los siguientes libros de poemas: “La pasión rota” (1957), “Cantos a mi amiga loca” (1957), “Kenia” (1958), “Magnético” (1959), “Faz de cordi” (1959), “El pie del vacío” (1960), “Pájaro inteligible” (1960), “Uhr” (1960), “Transmutación” (1961), “El libro de vidrio” (1963), “La libertad, la amistad, el amor” (1964), “Algunas máquinas imperfectas” (1969) y “Límite real” (1972). Fue secuestrado el 26 de marzo de 1976 por un comando dirigido por el comisario Luis Patti. Sus restos fueron inhumados a principio del mes de noviembre de 2009, luego de ser identificados por un equipo de antropología forense.

sábado, 30 de mayo de 2015

María Ester Alonso Morales, dos poemas



FLORES TRASPLANTADAS

Para Saide
migrar
es perder
el hogar.

Me aclara,
es trasplantar una flor,
lleva tiempo
echar raíces
en suelo nuevo.

Así estamos,
flores trasplantadas.
¿Cuánto más
tendremos que esperar
para crecer?


Umgetopfte Blumen

Für Saide,
auswandern
ist das Zuhause
zu verlieren.

Sie verdeutlicht mir,
es ist wie Blumen umzutopfen,
es braucht Zeit
Wurzeln zu schlagen
auf neuem Boden.

So sind wir,
wie umgetopfte Blumen.
Wie lange müssen wir noch warten,
um zu wachsen?


INEVITABLE TRISTEZA

La tristeza del migrante,
inevitable nube en el cielo.

A veces pequeña
y el sol brilla fuerte.

Otras tan grande,
que el sol no se ve.

Hoy no se ve.


Unvermeidbare Traurigkeit

Die Traurigkeit des Auswanderers,
unvermeidbare Wolke am Himmel.

Manchmal klein
und die Sonne scheint stark.

Andere Male so groß,
dass man die Sonne nicht sieht.

Heute sieht man sie nicht.


En: “Entre dos orillas” (Orilla Río Elba)", Libros de la Talita Dorada, Colección Los detectives salvajes, 2015. Edición bilingüe, castellano – alemán.

María Ester Alonso Morales nació en 1974 en Bernal, provincia de Buenos Aires. Se formó como abogada en La Plata, donde fue miembro de la agrupación HIJOS, participando del movimiento de derechos humanos y colaborando con diferentes organismos. Más tarde sería miembro integrante del Equipo Jurídico de Abuelas de Plaza de Mayo. Desde hace ocho años reside en la ciudad de Hamburgo, lugar desde donde escribe actualmente. Fue galardonada con el primer premio El Butacón del Certamen Literario (Hamburgo, 2013). Participó en la antología La Plata Spoon River, 2014. Entre dos orillas es su primer poemario. Hoy, lo presenta en La Plata.

martes, 26 de mayo de 2015

Roberto Juarroz, poesía vertical dos poemas


1

Llevamos una señal en la frente
y otra señal en la nuca.
A veces nos parece
que adelante está el signo de la vida
y atrás el de la muerte.
Pero hay días en que el orden se invierte.
Y hay todavía otros días
en que llevamos adelante y atrás
la misma señal.

De cualquier modo,
este juego nos prueba
que existimos entre dos señales
o por lo menos dentro de una.

Sin embargo,
queda aún otra posibilidad:
que se trate de ninguna señal
y dos puntos de vista.



2

Algo frena a la luz:
toda luz debería llegar a todas partes.
Algo atasca a la música:
toda música debería ser oída por todos.
Algo atasca al pensamiento:
todo pensamiento debería pensar todas las cosas.
Algo encarcela a la vida:
toda vida debería ser lo vivo y lo no vivo.

Por estas circunstancias sin remedio,
el hombre es una sustancia derrochada.
Todo amor tiene los brazos excesivamente largos:
para amar hay que acortar los brazos. 


En contratapa revista de literatura El Ornitorrinco, Buenos Aires, Argentina, número 1, octubre – noviembre de 1977.
Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, 5 de octubre de 1925 – Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995).

Foto: “Ventana”, José María Pallaoro