lunes, 2 de diciembre de 2019

CÉSAR BISSO El poema es culpable




Nado con las dos manos amarradas.
José Lezama Lima

LA CULPA

El poema es culpable porque vive al desamparo,
se acalambra de hambre, delira con el frío.

Es culpable porque nos quita el antifaz,
escupe las sábanas de los impostores,
orina sobre los oráculos.

Es culpable porque muda el rumbo de la noche,
se emborracha de miedo,
sustrae a la hiena la carroña de la boca,
conserva la última moneda,
anda desnudo por el inframundo.

Es culpable porque asesina un adjetivo
y reprende al verbo del delito.
Repara con su voz todo aquello que enmudece.

El poema es culpable porque no sabe ser inocente.


OTRO CAMINO

Lo que la poesía dice el poeta nunca lo sabrá.
Simulan ir por la misma senda. Pero no.
El poeta responde la pregunta de los otros.
La poesía habla para sí. Es su propio espejo.
El poeta celebra la vida cada mañana,
quiere sujetar al mundo con un puño.
La poesía va desnuda,
en ella el hoy es para siempre.
El poeta vislumbra el rumbo de la pasión,
la sangre derramada en cada batalla.
La poesía no lastima.
El poeta abre los ojos de la conciencia.
La poesía ve más allá. Gobierna la palabra.



Ya no sé si me voy o si un mundo me deja.
Amelia Biagioni


BLUES DEL AUSENTE

El poeta de ojos azules
no celebra el rito
de una nueva mañana.

Tal vez corra su velo
el braquiquito de Zavalla
y revele la ausencia.
Quizás el gorrión lo advierta,
presto a compartir con él
restos de soledad
esparcidos
junto al rubio borde del llano.

Nadie olvida partir
hacia el alma de las cosas,
abrazar sin demora lo bello.
Palabras sueltas al aire
como hojas secas,
escritas para quien no quiso
otro amanecer
y acurrucado reposa
en el fondo de una copa
vacía.

a Guillermo Ibañez


LI-PO EN DANGTU

La canoa flota
entre luciérnagas ciegas.

La noche chispea al revés
en el reflejo del vino agrio.

Tiznado de pena
el pescador abraza la luna.

Si deseo dos veces es amor.
Si amo dos veces es locura.

El poeta extraña
su canto en el fondo del río.



Nada existe sin memoria.
El guijarro más chiquito recuerda.
Christoph Janacs


UNA TUMBA EN VILLA GIARDINO

Al costado de la pequeña capilla
una tumba distrae al forastero.

Aquí yace Anselma, muerta en 1799.

¿Esclava mulata, mestiza o criolla?
¿Acaso tiene color la libertad?

En la vida no abandonó a su amo.
Para conocer el sol eligió la lluvia.


CUEVAS DE ARTA

Enciendo sin prisa la antorcha del asombro.
Bajo un cielo fragante ondulan mis andares
entre inciertos pasillos subterráneos.
Agujas de hielo punzan de arriba hacia abajo,
otras se alzan hacia la cima de lo indecible.

Quisiera mirar el otro lado de la piedra,
ver lo que habita más allá de la oscuridad.
Aislada del fuego, de la efímera sugestión,
se revela la mueca de lo esencial
en los briosos acordes del Carmina Burana.

Como un diávolo busco esfumarme
por los afilados dientes de sal.
No hay espacio ni rastro para el tiempo.
Sólo la sombra fugitiva permanece,
cerca del pasado, lejos del futuro.

La belleza no cabe en el sonido ni en la palabra.



En Andares, Ediciones Ananga Ranga, Corrientes, 2019
César Bisso (Santa Fe, Argentina, 8 de junio de 1952)
Foto: Jmp

jueves, 14 de noviembre de 2019

JORGE BOCCANERA Mejor es que se vayan aves negras




 XVIII

qué cazador derribó aquellas cartas que nunca me mandaste
qué fuego las quemó
en qué río se ahogaron
quién convenció a tus manos de que no
quién a tu corazón
quién a tu boca
mejor es que se vayan aves negras
mejor me dejan solo
que estoy enamorado de otra muerte

(de esto ni una palabra a los carteros)



De Oración (para un extranjero), poema “XVIII”. En Polvo para morder, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, Argentina, 1986.
En elepé Dejo Constancia, 1982. Grabado en sólo 45 horas en diciembre de 1981. Tema 4 del lado A. Tocan y cantan: Alejandro del Prado (Buenos Aires, 2 de abril de 1955): Guitarra, voces. Litto Nebbia (Rosario, 21 de julio de 1948): Sintetizador de cuerdas, voces. Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, Cuba, 29 de noviembre de 1946): Voz principal, voces.
Poema: Jorge Boccanera (Bahía Blanca, 18 de abril de 1952).
Música: Alejandro del Prado.


Otra version, en vivo:


lunes, 11 de noviembre de 2019

MARÍA ROSA LOJO Ésas son cosas de Sartre



LA PENA

El hombre tiene una pena grande, domesticada como un animal, maciza. Es torpe, el pelo le tapa los ojos, y apenas puede mirar hacia adelante. En las noches de invierno se sienta con el hombre junto al fuego. Él la protege, la alienta, no la deja morir porque la pena se le confunde con su vida misma.

Por las mañanas le abre la puerta hacia el mundo y ella corre por calles implacables, de cara al viento, extremada y oscura en un deseo que no sabe su objeto.


MADRES E HIJOS

Algunos padres serán hijos de sus hijos en el Cielo. Los esperarán, absurdamente jóvenes, como lo eran cuando los despidieron a la puerta de casa para ir a una guerra o al viaje que los mataría. O cuando los besaron por última vez, en una cama de hospital, tragándose las lágrimas, pensando “qué será de ellos cuando yo me vaya”, mirando ansiosamente hacia el futuro en esos ojos asustados por el beso demasiado largo y demasiado intenso.

Pero ellas, sobre todo, no podrán entenderlo. Las que se fueron cuando eran casi niñas y los parieron con su propia muerte. Esos bebés, pequeños como muñecos, a los que abrazaron apenas un momento, llegarán con una fotografía, un retrato, un camafeo, entre las manos incrédulas. Viejos o viejas, encorvados, renqueantes, con dentaduras postizas, con dedos deformados por la artritis, las encontrarán por fin entre la multitud de madres muertas y se apretarán contra su pecho y buscarán el latido remoto de su corazón y el olor inconfundible que nunca más se repitió sobre la Tierra.


ÉSTE ES EL BOSQUE

Cuando llego, jadeante, mi padre está esperándome sentado sobre un tronco. El aire se había puesto oscuro y empañado un instante atrás, pero aquí, bajo los arcos verdes, la luz tiene un espesor de miel y sólo se respira un oxígeno burbujeante y diáfano.
Me siento junto a él. Está tan delgado como cuando murió, pero los ojos vivos contradicen su cuerpo.
–Papá, decíamos ayer que la vida es una herida absurda.
–Ésas son cosas de los tangos, hija. Aquí nadie vive en vano. Éste es el bosque.
–Pero decíamos que la vida es una pasión inútil.
–Ésas son cosas de Sartre. Aquí no hay pasiones, aquí nada es inútil, aquí cada vida sirve a su función. Éste es el bosque.
Y su brazo –apenas un hueso con las venas tatuadas— agrupa en un solo gesto los robles y los castañares, los pinos y los eucaliptos, los musgos y los líquenes, las espinas del toxo.
–Pero nacemos y morimos y es como si no hubiéramos vivido y somos apenas hojarasca que se pudre bajo los pies que pasan.
–Aquí nada se pierde y todo se transforma. Aquí nada muere. Somos la gente de la tierra, las criaturas del árbol, la semilla que florece sin fin. Éste es el bosque.



En El límite de la palabra, antología del microrrelato argentino contemporáneo,
Edición de Laura Pollastri, Menoscuarto, Buenos Aires, 2007
María Rosa Lojo (Buenos Aires, 1954)
Foto: Jmp

lunes, 4 de noviembre de 2019

ALBERTO PIPINO Con el oído debajo del agua



“Estoy solo en el mundo. Ver es estar alejado. Ver claro es detenerse.
Analizar es ser extranjero. Todos pasan sin ni siquiera rozarme.
Sólo hay aire a mí alrededor. Me siento tan aislado que puedo palpar
la distancia entre mí y mi presencia”
Libro del desasosiego, Fernando Pessoa

PERFIL

Mi memoria envejece,
abandona el sepia y la tinta
se viste de polvo, la voz
se licúa sin ton ni son

una porción de mi corazón
agoniza y otra bajo un sudario
de moscas con azul y dorado
aleja la luz, al aire de la flor

baila, mi ser gira en la
losa y vuela su falda de ceniza
hasta diluirse en la brisa
que madura en una breva impía

un olvido ahoga casi como
la muerte, se vuelve lema
de agua seca, bandera zurcida con
hilos de sangre, un verso fugaz.


INCONCLUSO

Al andar sobre algunas hojas
que este otoño se soltaron
y van de un lado a otro,
leo entre ángulos obtusos y
abiertos que un coágulo
furtivo dejó su seña,
una gota atascó
el túnel de la luz al final.

Las hojas no dejan de caer,
me tocan desde la cabeza
a los pies casi como escarabajos
en busca de estiércol, alguna
planta secreta y caracoles.

La misma lágrima de sangre
al diluirse me despejó la vía,
ahora una extensión de vida
vibra sin apología.

Con cada paso que hago llego
parece que no me fuera
y, sin embargo, es una ilusión,
pues en un instante me fui
sin aviso en esta
vieja estación donde un
temblor me posee en un vaivén.

Ni duró lo que una chispa
en una pradera húmeda,
lo que un gusano en un anzuelo,
no sé si yo estaba leyendo o
soñando o si fue cuando
reíamos y bebíamos vino,
cuando morí y volví.


EQUILIBRIO

Uno de los fracasos del
rebelde fue un golpe que
al inicio apenas significó
una cagada de paloma en la
cabeza desnuda al llegar a
un desencuentro sin fin. Otra
de las derrotas implosionó
como un salivazo entre
sus músculos y huesos, en
su sangre, vistiéndolo con
una mortaja con encaje
zurcido en noches y
días con hilos de vino
y aguja de cristal. Caído,
pero no subyugado forjó
una piedra, un canto, una
fábula para rechazar
la lengua, el tentáculo de
intolerancia asaltando sin
piedad la esencia sublevada.
El icono al alcance de su
mano le disolvió la ilusión
de aferrarse a una salida;
también hecho polvo de tiza
y humo de astillas su ídolo
desertó entre la brisa.
La guerra se derrama sin
reposo desde la carne
abierta del sedicioso y
hasta la victoria siempre,
símbolo, fetiche, además
de espejo se barajan
como corazón, diamante,
trébol y espada para alejar
el vacío de la esperanza
y poder vivir sin tregua.


DESDE LO SUCEDIDO

Hubo un delirio, época festiva,
en donde un amanecer puso
entre bastidores lo absoluto de
la esperanza y el prejuicio. El
paso del tiempo fue lentísimo,
el viento cayó en trozos de hielo,
y la ilusión de atender al débil
se diluyó en el yo dominante,
el diseño de un ser nuevo quedó
en el boceto de un nuevo ícono
y unas voces que entre la lluvia
mudaron la piel. La retórica ondea
más allá de la piedad y cerca
de la apología o la justificación.
Víboras deslumbradas en juego
de manos, trazando una señal
para ir al encuentro de los que
estaban y ya no están, sueñan,
y los que aún quedamos, sea por
azar, prestidigitación o comedia,
oficiamos en el centro de la piedra.
Puede la víctima besar la mano
que escribe en el fuego, la belleza
rizar la razón, puede una palabra
desbordar el corazón, la claridad
deformar el adiós y la nube
derretir la luz del horizonte, pero
la tragedia no acabará su ciclo
aunque en la quimera y en la aurora
celebremos la caída del telón.



HOY ME ARREPIENTO

Hoy me arrepiento
no haber estado en el
lugar equivocado en
el momento justo, así
te hubieras ido con mi
dolor en tu mano.
Todavía sigo cavando
con las manos el pozo
en aquel verano, deseo
llegar al sitio elegido
antes de oscurecer,
antes que acabe de
escarbar la última
palabra. Hoy me
arrepiento no haber
astillado sin piedad
el minuto, dividir el alias,
así te hubieras ido con
mi voz en tu oído. Querías
ir solo, velando por
el viento y la época que
no vino, en tanto yo
aquí todavía cavo
el pozo con las manos,
intento parar y no puedo.


TERMINAL

Las nubes se alejan
casi quietas, en el cielo
opaco un pájaro se para
en el aire, parece
que vuela. Mi hermano
tiene su mano en
mi hombro izquierdo, mi
hermana apoya su
mirada en mi cabello,
protegen mi ilusión, en
una foto movida.
En las paredes del patio
cuelgan macetas sin
flores, es una casa donde
la memoria cabalga
un caballito de madera
en Santos Lugares, sí,
es un espejismo, como
el relámpago de un día.
La curiosidad de
mis hermanos, todavía
resiste en el trazo
que no fue ni será.
Hay imágenes como
versos que no necesitan
cruzar sobre redes o
tinta para ir de un lado
a otro por la vida,
son una aparición.
También hay un tiesto
de tres patas con una
tupida planta en flor,
viciando su aroma
en el truco, simula
una canción sin
oficio ni trama.


TRAVESÍA

Emerge del vértigo un ropero
abierto, en donde una soledad
cruza de la pesadilla al sueño.
El aire deja ir a la transparencia
y el fuego se desprende de la luz,
exhausto sobre una mesa de cedro
una vez más bailo en un remolino
negrísimo de racimos de uva.
La balsa gira sobre mi propio eje,
sigo un espiral ascendente y
descendente y, al contrario,
hasta reconciliar a la ilusión
conmigo, pero sin zanjar
la crisis entre la ética y la utopía.
En las paredes del torbellino afloran
y se ahogan y viceversa visiones de
mí, en un costado del lugar que
ocupo, una niña —que será mi
madre—, enjaulada junto a otras
en un taller porteño, pule el oro
de una joya para una máscara.
El mueble que habito tiene tres
lunas biseladas, agave, hielo, un
engranaje óseo, humo, un pasaje
vacío de religión y folclore
que sostiene que no hay dos
demonios ni tampoco uno,
en el cubículo del centro solo
subsiste nervio y deseo,
inserción y curiosidad.


RIVERSIDE

Apoyado en la baranda que
me une al río Hudson,
todavía sueño con peces
que se asoman y se esfuman
como manos que saludan
en los prietos rulos del agua.
Apoyado en la baranda veo
que las luces de la luna
invitan a garabatear líneas
leves, sonidos vagos en el
fondo que tu solo notarás
en la fría noche del agua.


DICEN Y DIGO

Dicen los que
saben que la luz
en sus ojos iluminaba
una vía a la verdad
y que su vista ya
no brilla. Y digo yo
no obstante, él insiste
en la travesía y
en el ser.

Dicen los que
saben que no está.
Y digo yo que su
luz que ya no brilla
da tibieza en la
senda que no es
atajo, en la energía
que no es dogma.

Está en la memoria
dicen los que saben.
Sin embargo, digo
que él permanece
en la noche más
oscura, esa que con
el tiempo y su aroma,
altera y fortalece
tu corazón.


CON EL OÍDO DEBAJO DEL AGUA

Entre naufragios inhallables y
limo vencido, atravesado por
sedimento de mercurio y oro el
inundado tocó fondo en el vientre
de la víbora, en silencio se desliza
el Amazonas bajo un cielo de
ceniza y ya la fauna se agita ante la
patada del ahogado que lo sube en
eterna agonía a la superficie.





Alberto Pipino (Buenos Aires, 4 de noviembre de 1942). Selección y foto: Jmp


viernes, 25 de octubre de 2019

JOSÉ EMILIO TALLARICO Antes de que el sol estallara en la casa





NAVIDAD DE CHUANG TZU

“Cuando Chuang Tzu soñó que era una mariposa
en Chuang Tzu se trocó la mariposa misma...”
(de “El soñador soñado”, Li Po)

El sol estalla en la casa.
Vertical lirismo azul
acrisolado por el fuego
de una ventana
conmemorando
el jubiloso diciembre
que tuvo que haber sido.
Anoche
se tornaron ásperas
las estampas,
y mientras el mundo festejaba
su alcoholizado misterio,
alguien,
menos alcoholizado que despierto
lloraba la armonía de aquel cielo
frente a una mariposa.
Y tuvo que haber sido como tal
para que esta mañana
-antes de que el sol estallara en la casa-
lo vieran sobrevolando canciones
y abrazando a una flor.


MODERNIDAD

De una cuba extraña nace un niño.
Bajo otro sol se tecnifica un crimen.
Entre ambos puntos
tiempo y volumen tienden a complacerse
y Heráclito sonríe ante las formas
que el devenir asiste.

Nuevas manos culpables distribuyen su afán.


HUELLAS DE CAZADOR

Tosca mitad del mundo,
ciudad despierta, fantasía,
rumor, regreso de los hombres,
ilusión donde se llagan las miradas,
pared, pared contra pared,
desvelo sobornado,
selva preciosa, latitud en pie,
tierra que se resigna a no morir
aunque ceda la sangre,
fronda encendida por configurar
el drama inconsistente de la muerte.


LA LUZ DE LOS PÁJAROS

El barrio extiende una quietud solar.
Una hora sin metales que rivalicen con los pájaros,
una hora sin figuraciones que admitir,
cuando el error ocupa un lugar vago y transitorio
en la fábula intacta del deseo:
no hay pasos, no hay hambre posible
que se ofrezcan para soñar un rumbo.
Porfiado, el pensamiento escribe humillación
y da otra vuelta en lo que vive.
¿Con qué audacia podría uno reclamar
un excedente de presencia?
Escucho.
Sólo vive la luz de los pájaros
y se descuelga ahora sigilosa de aspiración y bienvenida.


EL LOCO Y LA HAMACA

Uno hace como que no mira al loco,
el loco, por instantes, simula mirar.
Sobre ese acuerdo imaginario,
hamaca y loco trazan un balanceo victorioso,
enorme, contra el vacío de la tarde.
(Si bien había ojos, ojos
que rondaban la emoción de vivir,
también la imagen que los dispersaba
rehusaba diluirse en movimientos.)
Es entonces cuando el loco ríe
casi al ritmo de su cosmogonía solitaria.
Y resopla en el viento su belleza,
sus harapos contra el vacío de la tarde.


EL HUMO

El humo no es perspectiva
ante la lluvia.
Su opuesta dilución
le exige leves y rápidos olvidos en el aire.
Y este sueño indirecto de las casas
a través del vidrio
parece desplegar una aventura
más tortuosa que tus ganas de ver.
¿Toulouse hubiera dialogado así
con la mañana?

 

EL GRAFFITI

Chorreante,
rústica insolencia de amores.
Plebeya es la pared
del callejón que atraviesa la noche.
(Los muchachos publican
su feroz discusión con la muerte.)


LOS MOTIVOS DEL GORDO

Después de hablar de dietas,
de ensaladas vidriosas e inclementes,
de menudos sesudamente fileteados,
dijo el Dietólogo a sus gordos:
-“No lo olviden, hagan el amor, y mucho”.
Claro, faltaba aquel antiguo postre,
mi fantasía de un Catulo grueso y ruin,
incapaz de contar
cuántos fueron los besos
que quemó en tu boca, Lesbia,
obsesionado en calorías.


AUTOMOVILISTA

Aquel señor apura su automóvil.
Liso, brillante,
su copiloto es un skyte de pibe;
atrás, plegado, lleva un sillón de ruedas.
-Jefe: ¿se sabe centro metafórico del viaje?
No. Un chirrido infernal y un raro esquive
le otorgan lejanía.
Allí va nuestro Edipo mejorado,
dejándonos el aguijón de inventar cárceles,
perros, testigos, su cuna y su tumba.


VARIACIÓN SOBRE EL TIEMPO

Ningún paraíso podría resistir
el paso del tiempo.
Ninguna música.
No sólo los bichos cansan,
también los milagros.
Esta sencilla variación de mi vida
que supone alcanzar algo legible
en las líneas trazadas sobre un colectivo en marcha,
me cansará muy pronto, obvio.
Pero ha subido un símil
de “La paseante” de Charles Baudelaire
-la de piernas marmóreas-,
y yo lo escribo aquí porque ella es tal como la imaginé
cuando leía ese poema.
El Poeta fue capaz de amarla
como yo a lo blanco o a la delicadeza de un rostro,
o a esa distancia lírica que media
entre un perfume y su derroche.
Ella lo sabe, no parece cansarla esta mirada.
Y yo también lo sé.
De un modo parecido –escribo- se construyó la eternidad.



En Selección de poemas (1982 – 2002). Fotos: “Láminas”, jmp
José Emilio Tallarico (Buenos Aires, 7 de mayo de 1950 - 24 de octubre de 2019)

sábado, 19 de octubre de 2019

GIORGIO AGAMBEN La felicidad del paraíso

Desear


DESEAR

No hay nada más simple y humano que desear. ¿Por qué, entonces, precisamente nuestros deseos nos resultan inconfesables? ¿Por qué nos es tan difícil volcarlos en palabras? Tan difícil que terminamos por tenerlos escondidos; construimos para ellos, en alguna parte de nosotros, una cripta donde permanecen embalsamados, en espera.

No podemos volcar en el lenguaje nuestros deseos porque los hemos imaginado. La cripta contiene en realidad solamente imágenes, como un libro de figuritas para chicos que no saben todavía leer, como las images d'Epinal de un pueblo analfabeto. El cuerpo de los deseos es una imagen. Y lo que es inconfesable en el deseo es la imagen que nos hemos hecho.

Comunicarle a alguien los propios  deseos sin las imágenes es brutal. Comunicar las propias imágenes sin los deseos es fastidioso (como contar los sueños o los viajes). Pero fácil, en ambos casos. Comunicar los deseos imaginados y las imágenes deseadas es la tarea más ardua. Por eso la postergamos. Hasta el momento en que comenzamos a entender que permanecerá aplazada para siempre. Y que ese deseo inconfesado somos nosotros mismos, para siempre prisioneros en la cripta.

El mesías viene por nuestros deseos. Él los separa de las imágenes para cumplirlos. 0, sobre todo, para mostrarlos ya realizados. Aquello que hemos imaginado, lo hemos obtenido ya. Permanecen -sin ser realizadas- las imágenes de lo cumplido. Con los deseos cumplidos, él construye el infierno; con las imágenes no realizadas, el limbo. Y con el deseo imaginado, con la pura palabra, la felicidad del paraíso.


En Profanaciones. Traducción de Flavia Costa y Edgardo Castro, Adriana Hidalgo editora, 2005
Foto: jmp
Giorgio Agamben (Roma, Italia, 22 de abril de 1942)

sábado, 12 de octubre de 2019

ANTONIO REQUENI La mentira de mis versos




PALABRAS CRUZADAS

Dos palabras se encuentran y se cruzan
pero, es irremediable, cada una
sólo dice lo suyo. Sin embargo,
hay una letra en que las dos coinciden;
una letra las une para siempre
en esa eternidad cuadriculada
de noches y de días.
¿La cantidad de sílabas? –No importa.
¿Horizontal o vertical? –Tampoco.
Quiero sólo una letra
que me ayude a encontrarte, a vibrar juntos.
Se lo pido a mi Dios: el Diccionario.


GERIÁTRICO

Todo está en orden:
las paredes asépticas,
el puntual almanaque,
los exactos latidos del reloj.
Una mujer de blanco les sonríe
mientras ellos deambulan
entre escarchadas toses y jadeos
o miran desfilar mundos extraños
en la pantalla del televisor.
Uno hace un solitario con los naipes.
Otro, con un pañuelo, frota el vidrio
de sus anteojos, lento, ensimismado.
Alguno se dirige
hacia la habitación en donde, a oscuras,
da de comer a sus recuerdos.
Toman el té a las cuatro.
La cena a las siete.
A las ocho se acuestan.
Ella siempre está allí, los acompaña.
A veces les da un beso,
una caricia helada, maternal,
y ellos se quedan quietos,
dormidos como niños.


OSCURO FUEGO

¿Quién necesita que yo escriba?
Sin embargo es hermoso
vivir por la belleza, aproximarse
al fuego oscuro en el que arde
la fiesta y el misterio de la vida.
Aunque a nadie le importe.
Brilla en la noche el verso,
bello y desamparado
como un cuerpo desnudo.


ENCONTRADO EN EL BOLSILLO DEL POETA SUICIDA

Estoy a punto de morir y digo:
nada me importa abandonarlo todo.
He vivido. He soñado. De algún modo
sembré mi grano y esparcí mi trigo.

De otras muertes más nobles fui testigo
sin que el mundo rotase de otro modo;
seres que amaron y lo dieron todo,
mas lo que fueron se murió consigo.

Lo que yo soy, mi verdadera y honda
razón de enmudecer gira en la ronda
sombría y vana de los universos.

Me voy con mi verdad, cifra que nunca
conoceréis. Mi última voz se trunca.
Os dejo la mentira de mis versos.


ROBERTO SANTORO, POETA

La luz, medrosa, se repliega
y las lágrimas ruedan por los pómulos
de la impotencia y la respiración.
Sólo eres un nombre en una lista.
Pero yo creo en la venganza del poema.

No haya paz en la tumba del verdugo.


POESÍA-FICCIÓN

Los poetas trabajan en su laboratorio.
Encerrados en cápsulas asépticas
piensan el mundo, se concentran, dictan
a un grabador palabras en cadena
que generan minúsculos escándalos.
Por túneles de vidrio se encaminan
luego al salón de datos donde cambian
cómplices guiños, formas sutiles,
sonrisas llenas de sabiduría.

Afuera están los miembros de la tribu.
Una manada de rinocerontes.

Dedicatoria de Requeni a Poemas italianos y reseña mecanografiada
de Horacio Preler para revista El espiniyo
  
ROMA – AMOR

Yo palpé tu misterio aquella tarde
de Roma, junto a mármoles vetustos
y abiertos como labios de una fuente.
Tu palabra fue allí esa nota líquida
que alzábase y caía, resbalando
entre murmullos y salpicaduras.
Lo recuerdo: la luz se desnudaba
detrás de las columnas, lentamente.
Sonreía, sutil, la Primavera
y era en la cruz el Cristo igual a una
pálida mariposa con las alas pinchadas.
Entonces, en el cuenco de mis manos,
retuve unos instantes el prodigio.
Y vi en su fondo un titilar de estrellas.
Bebí, gozoso, su secreta música.

En la emoción de Roma, de unas calles
vencidas de memorias y hermosura,
ante el cristal de eternidad del agua,
yo rescaté la gracia de sentirme
enamorado del amor, el huésped
de unos viejos espacios donde flota
ese ciego perfume que es el tiempo,
la inmortal juventud de la poesía.


ESE HOMBRE QUE ESCRIBE

¿Escribir o vivir? Acaso viva
mucho más ese hombre que ahora escribe
solo en el cuarto, con furor, insomne,
unos cuantos renglones azarosos.

La hoja en blanco lo invita a la aventura,
le hacen señas de fuego las palabras
que ordena y copia, corrigiendo un bosque,
tachando una ciudad, adjetivando
con un nuevo fulgor lo que antes era
torpe y vulgar, oscuro, indiferente.

Del otro lado, por la vida –dicen-
transcurre el tiempo, el ruido, la rutina.
Allí, entre las paredes de su cuarto;
allí, entre las paredes de su cuerpo,
él elige escribir, asume el riesgo
de perecer o descubrir la cifra
de su destino oculto en las palabras.
Porque sólo por ellas ese hombre
que escribe está viviendo y tal vez viva
más allá de su muerte.


LAS PALABRAS

Nunca sabré decirte que te quiero;
un amor sin palabras es el mío.
González Carbalho

La música no miente.
Los árboles no mienten.
Los ojos tristes del animal no mienten.
Únicamente mienten las palabras.
¿Cómo decirte la verdad con ellas?
Quisiera hablarte con los ojos del perro,
dar frutos como el árbol,
llegar a ti con la delicia
y la escondida lágrima de Mozart.
El esplendor de la verdad: belleza
a la que mis palabras, torpemente,
procuran acercarse.
Es imposible.
Nunca sabré decirte que te quiero


MILAN KUNDERA

Milan Kundera dice que la poesía ha muerto.
Debe tener razón porque ya nadie
(salvo algunos poetas)
acostumbra a temblar con las palabras
en un libro de versos.

Si me lo hubieran avisado
-aunque yo soy su deudo más humilde-
habría concurrido a las exequias
y dejado una flor en su tumba.

Ahora estoy triste, pienso en cuántas veces
ella me hizo feliz, y ya no está.

¿Pero qué hacer si las palabras vienen
por el aire o se trepan a mis piernas?
¿Si las palabras vuelven, temblorosas,
bellas, sensuales, perentorias, mágicas,
y me reclaman una forma antigua
o un resplandor herido de futuro?

Tendré que consultarlo con los pájaros.


EL VASO DE AGUA

Cuando me acuesto, desde que era niño,
pongo a mi lado un vaso de agua.
Al apagar la luz, si lo contemplo
brillar en la penumbra, me imagino
que el agua es otro nombre de mi madre
y estoy seguro de que, ya dormido,
alumbrará el acuario de mis sueños.
Sombra, misterio, música nocturna
que bebo a lentos sorbos o me bebe.
¿Eres tú quien me sueña en ese extraño
país donde algún día nos veremos?
¿Dormir es un ensayo de la muerte?
Por las mañanas, cuando me recuerdo,
muchas veces el vaso está vacío.
Y vuelvo, desganado, a la rutina
de calles y de rostros, mientras llega
la oscuridad, el rito silencioso
de llenar nuevamente el vaso de agua
para ponerlo al lado de mis sueños
y saber que allí estás, que me proteges,
que hay algo puro en medio de la noche.


EVA CRUZA LA CALLE

Eva cruza la calle; en sus modernas
ropas lleva, bordada, una serpiente,
mientras, ansioso, Adán mira sus piernas
de actriz o secretaria de gerente.


Selección de textos: JMP. En El vaso de agua (Roberto J. Plaza Editor, segunda edición 2005; primera, 1997), Poemas, 1951-1991 (Editorial Fraterna, 1992), Poemas italianos (Editorial Vinciguerra, 2003) e Inventario (PEN Club Internacional, Centro Argentino, 1974). Fotos: JMP
Antonio Requeni (Buenos Aires, 8 de septiembre de 1930)