sábado, 30 de noviembre de 2013

Roberto Daniel Malatesta, naranjas












NARANJAS EN EL PISO DE LA COCINA

Naranjas en el piso de la cocina,
esto nos indica que el árbol brindó lo suyo,
es invierno y el hijo es pequeño,
hay buena fruta y de qué alegrarse.



En: “Fénix”, revista de poesía y crítica, nº 2, octubre de 1997, 
Ediciones del Copista, Córdoba.
Roberto Daniel Malatesta (Santa Fe, 1961).

Foto: José María Pallaoro

viernes, 29 de noviembre de 2013

Guillermo Boido, el silencio




















EL SILENCIO

La palabra es una celda que ha quedado vacía.

Grietas en el muro, tierra que ha servido de mortaja,
un jergón de sueño comido por las ratas,
signos que nadie canta y nadie ama
prueban que allí sólo puede habitar el carcelero.

Porque la vida fue nombrada.
Porque la vida ya no puede ser nombrada.

La palabra es una celda que ha quedado vacía.


En: “La oscuridad del alba, poemas 1970-2005”, Ediciones Virgilio, 2006.

Guillermo Boido (Buenos Aires, 1941 – 2013).

jueves, 28 de noviembre de 2013

Guillermo Boido, la poesía no se vende porque la poesía no se vende

INFANCIA

Hay voces.
No es la memoria.
Es el olvido que nos crece y canta.


LÍMITES

a veces el hombre
no cabe en un hombre


ORACIÓN DEL TORTURADO

y haz que la carne no me abandone


TALLER DEL POETA

y aquí se construye el silencio


TEOLOGÍA POÉTICA

En el anverso ha escrito
los nombres de Dios.

En el reverso encuentra
un poema vacío.


SOCIEDAD DE CONSUMO

la poesía no se vende
porque
la poesía no se vende


CERTEZAS

El hombre que va a morir
arranca de sí su torpe animal de palabras,
su oropel de finitud, su incierto
rostro.
Se convierte
en sed de sola presencia:
informe anonimato
de claridad sin luz,
desnudez sin piel, ceguera sin ojo.

De ese vaso vacío beberá la intemperie.
Y se habrá saciado la crueldad de la tierra.


SINTÁCTICA

Ningún hombre tiene nombre todavía.

El sedimento del olvido
yace en la sangre más viva.

Luego cae. Desencadena
su perfección: el silencio.

El sedimento del olvido
permanece: nos vuelve olvido.

Por eso
ningún hombre tiene nombre todavía.


PARMÉNIDES

Allí donde fluye el agua la piedra espera.

Mas nada ocurrirá, nada
que importe,
porque la piedra es solo testimonio
del fluir del agua.

Nada que altere
la espera de la piedra donde fluye el agua.


PERMANENCIAS

Pudo ser de otro modo. Pudo ser
la vida el sitio exacto de la paz
o la batalla.
No esta yerma
tregua sin apuro,
este diálogo amable con la muerte.


CERTEZAS

El hombre que va a morir
arranca de sí su torpe animal de palabras,
su oropel de finitud, su incierto
rostro.
Se convierte
en sed de sola presencia:
informe anonimato
de claridad sin luz,
desnudez sin piel, ceguera sin ojo.

De ese vaso vacío beberá la intemperie.
Y se habrá saciado la crueldad de la tierra.



EL SILENCIO

La palabra es una celda que ha quedado vacía.
Grietas en el muro, tierra que ha servido de mortaja,
un jergón de sueño comido por las ratas,
signos que nadie canta y nadie ama
prueban que allí sólo puede habitar el carcelero.
Porque la vida fue nombrada.
Porque la vida ya no puede ser nombrada.

La palabra es una celda que ha quedado vacía.

a Roberto Juarroz 


En: “La oscuridad del alba, poemas 1970-2005”, Ediciones Virgilio, 2006.

Guillermo Boido (Buenos Aires, 1941 – 2013).

Amelia Biagioni, oh infierno, oh cielo

OH INFIERNO

Oh infierno
te agradezco
la causa perdida
la tiniebla entre los dientes
las manos de humo
y esa espalda acosándome.
Te agradezco
el crepúsculo de piedra que no cesa.
Te agradezco
que existas cuando respiro.
Porque eres el recinto
donde encuentro,
retenidos por el ojo y el fuego
los nombres y las formas
de la dicha.



OH CIELO

Oh cielo
te he buscado sin tregua, sin miedo,
te he perseguido sin piedad,
universo tras universo
hasta en la piedra virgen,
en el feliz cuchillo
y en el cuervo azul,
y al fin te hallé
aquí, en el pecho del vacío:
Eres la palabra asombrosa
la que solo yo escucho
y nada más me deja oír,
la que suena y suena y suena
y no fue ni será pronunciada.


Amelia Biagioni (Gálvez, Santa Fe, 1916 – Buenos Aires, 2000).
En: “Cazador en trance y otros poemas”, CEAL, 1988.

Foto: AB, s/d.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Amelia Biagioni, somos un nuevo sol

BAILE


Es el ahora circular,
giramos,
es la reunión sin tú ni yo,
creciendo.
En el centro infinito
de un jardín que se sueña
crecemos girando,
y una flor vertiginosa
abre su pulpa, su fulgor, su aliento,
su locura perfecta,
su baile,
entre las otras ardientes azucenas
cuyo número
ni el mito ni la música
han podido nombrar.
Somos un nuevo sol
con su corola de vaivenes,
con sus planetas delirantes,
ebrios de ciclos y noches de amor,
en esta temporada de universo. 



Amelia Biagioni (Gálvez, Santa Fe, 1916 – Buenos Aires, 2000).
En: “Cazador en trance y otros poemas”, CEAL, 1988.
Foto: AB, s/d.

martes, 26 de noviembre de 2013

Arthur Rimbaud, alquimia

DELIRIOS II
ALQUIMIA DEL VERBO
A mí. La historia de una de mis locuras.

Desde tiempo atrás me vanagloriaba de poseer todos los paisajes imaginables, y me parecían irrisorias todas las celebridades de la pintura y la poesía modernas.

Gustaba de las pinturas idiotas, ornamentos de puertas, decorados, telas de saltimbanquis, enseñas, iluminadas estampas populares; la literatura pasada de moda, latín de iglesia, libros eróticos sin ortografía , novelas de nuestras abuelas, cuentos de hadas, pequeños libros de infancia, viejas óperas, estribillos bobos, ritmos ingenuos.

Soñaba cruzadas, viajes de descubrimiento sobre los que no existen relaciones, repúblicas sin historia, guerras de religión sofocadas, revoluciones de costumbres, desplazamientos de razas y de continentes: creía en todos los encantamientos.

¡Inventaba el color de las vocales! —A negra, E blanca, I roja, O azul, U verde.— Regía la forma, el movimiento de cada consonante, y , con ritmos instintivos, me jactaba de inventar un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos. Reservaba la traducción.

Al comienzo fue un estudio. Escribía silencios, noches, anotaba lo inexpresable. Fijaba vértigos.




Inicio de “Una temporada en el infierno”. Abril-Agosto de 1873.-
Versión de Oliverio Girondo y Enrique Molina.

Arthur Rimbaud (1854-1891).

lunes, 25 de noviembre de 2013

Juan Carlos Onetti, 3 poemas



















QUERIDA LITTY

Desde hace meses
con inusitada frecuencia
no me deja el cartero cartas tuyas.
Será amnesia del hombre
o tal vez las apile
en un rincón limpio
de su cuarto de soltero
solterón
y algún día me las traiga
cinta rosa
todas juntas
como un banquete
para el olvidado hambriento
que puede imaginarse
desde ahora
una clara catarata
de ternuras y recuerdos.


Y EL PAN NUESTRO

Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda
con labios separados
el misterio
mi terca obsesión
de desvelarlo
y avanzar porfiado
y sorprendido
tanteando tu pasado
Sólo conozco
la dulce leche de tus dientes
la leche plácida y burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible mañana
de paz y dicha silenciosa
de abrigo y pan compartido
de algún objeto cotidiano
que yo pudiera llamar
nuestro


BALADA DEL AUSENTE

Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego. Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga. No me des conciencia,
grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, solo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar. Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido en ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre, pequeño dolor filoso.
Me aproximará lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Yo la, lo pierdo, doy mi vida,
cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su amenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo,
no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible,
un encuentro que no se cumplirá.


Juan Carlos Onetti (Uruguay, 1909 – España, 1994).
En: “Miradas sobre Onetti”, Alfaguara, Uruguay, 1995.

Posiblemente estos sean los únicos tres poemas de Onetti que podamos leer. 
De la lectura de estos textos podemos decir que la poesía, o eso que llamamos “poético” 
seguro se encuentra en su prosa. El poema “Balada del ausente” está dedicado a Idea Vilariño.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Carlos Sánchez, maravilla la vaca lechera que vuela













LA VACA VOLADORA

Me maravilla la vaca lechera que vuela
en esta tarde de noviembre
como un globo con patas
como un avión con cola larga.
Creo que si tú la vieras
dejarías de pensar en la filosofía
y en todas esas cosas inherentes
a la razón 
al sentido del ser
y al conflicto de encontrar
un nombre a dios para acusarlo.
La vaca lechera vuela indiferente
sin buscar una explicación plausible
a tanto caos 
a las muchas incógnitas que asilan
a los muchos problemas 
que no cambian este pasaje efímero
este inexplicable pasar 
esta fatal metamorfosis.
Si de esperanza se trata
del misteriosos amor
o de justicia
busca esa vaca en el cielo
lo sé
no es muy poético
pero serena tu realidad
en este noviembre frío.
Folignano City, 2013



La vacca volante: Mi meraviglia la vacca da latte che vola / in questo pomeriggio di novembre / come un globo con zampe / come un aereo con coda lunga. / Credo che se tu la vedessi / smetteresti di pensare alla filosofia / ed in tutte quelle cose inerenti / alla ragione / al senso dell'essere / ed al conflitto di trovare / un nome a dio per accusarlo. / La vacca di latte vola indifferente / senza cercare una spiegazione plausibile / a tanto caos / alle molte incognite che assillano / ai molti problemi / che non cambiano questo passaggio effimero / questo inesplicabile passare / questa fatale metamorfosi. / Se di speranza si tratta / del misterioso amore / o di giustizia / cerca quella vacca nel cielo / lo so / non è molto poetico / ma rasserena la tua realtà / in questo freddo novembre. / Folignano City, 2013 

Carlos Sánchez (Buenos Aires, 24 de diciembre de 1942). 
Poeta. Vive en Folignano, Italia.

Foto: CS en FB.

Claudio Gabis, cuando las tardes se duermen sangrando bajo la tierra marrón

















MÁS ALLÁ DEL VALLE DEL TIEMPO

Cuando las tardes se duermen sangrando bajo la tierra marrón
llega hasta mí una extraña y lejana sensación.
Y si recuerdo esas montañas azules que quedaron tan atrás
vuelve a inquietarme la memoria de este mundo, cuando aún no era igual.

Y mi extraño sentimiento vuela entre bosques sin sur
y se hunde en las profundidades más grandes del mar.
Bajo las llanuras, y aún más lejos,
como buscando las huellas borradas de otros tiempos.

Cuando la noche se hace trizas en mil ojos de luz
caen sobre mí las presencias mudas de otros mundos.
Y si miro esas mágicas ruinas que aún existen aquí
me siento seguro de que otras pisadas nos precedieron.

Y mi extraño pensamiento llega más allá
de todo lo que hasta hoy pude comprender.
Y me arroja en ríos que aún no puedo cruzar
como empujándome a través, a través, de otros cielos...


Claudio Gabis (Buenos Aires, 18 de marzo de 1949).
En LP “Claudio Gabis y La Pesada”, 1972. 
Primer disco solista de CG. Autores: Gabis y Kubero.


sábado, 23 de noviembre de 2013

Pipo Lernoud, el bisonte en la caverna



















¿QUIÉN PINTÓ EL BISONTE EN LA CAVERNA?

Cuatrocientos millones de años geológicos giraron
-polvo y hojas, carbono y viento-
para vos.

Un hombre de paso pesado y piel áspera
se refugió en la húmeda oscuridad de su cueva
e hizo el amor gruñendo
para vos.

Incontables células se reunieron
alrededor de tu pupila
formando el pliegue del párpado
abriéndose apenas para dejar pasar el hilo
negro y protector de la pestaña
la curva delicada de una lagrima que se hincha
a punto de rodar
reflejando una chispa de sol.

¿Te parece real?
¿Fue cierto el esfuerzo del tipo de ojos juntos y frente saliente
en un tiempo fuera de la memoria?

-Todo era hielo y niebla y cielo que chilla
y miedo escalofrío por las venas y un puma
detrás de aquel arbusto agazapado
la fruta agria del invierno total-

Poco a poco,
juntando fuego y cachorros temblorosos
hojas grandes y rocas afiladas...

¿Adonde fue ese trabajo?
¿Cómo se hizo el plan?
¿Quién ordenó a tus células que se reúnan apretadamente
exactos racimos conectándose
intercambiando jugos, señales que tal vez
llevan un millón de años esperando, -cartílago,
savia, musgo, hongo, vapor-
para graduar el flujo de tu respiración
o el largo de un pelo
o la curva de un ala frente al viento del sur.

¿Adónde fue ese trabajo?
¿Adónde fue ese trabajo que no figura en la contabilidad
ni en los ministerios;
que no va a la escuela ni duda ni miente;
ese incalculable trabajo de tus uñas que crecen
de tus ojos que miran
de tus nervios que tiemblan eléctricos
a lo largo del árbol de la vida?

¿Qué puso en marcha el aliento
que recorre la pradera
entrando y saliendo de la liebre,
el bebé zorrino,
el halcón en círculos acechando los huevos de perdiz?

¿Cómo se ordenó ese trabajo?
¿Quién hizo el plan?
¿Qué pasa con el autómata loco que camina, vacío,
por la calle trazada en metal y ruido?

¿Qué pasa con el hermoso humano preguntándose qué pasa
con las manos apretadas, la quijada tensa,
los teléfonos le aúllan, las bocinas gritan en su cabeza
y la célula paciente sigue eligiendo alimento en el aire
sal para la vida
separando el fósforo del hierro,
destilando el jugo mineral de tu saliva
el brillo que llega a tus ojos;

pelo negro, pelo rubio, hojas, plumas, nariz,
lunar en la espalda, labios guesos
alas verdes, antenas, garras, pies,
tallo inquieto en la brisa, dedo suave que palpa
dedo suave y sensible que repite el trazo
del bisonte pintado en la caverna.


Pipo Lernoud (Buenos Aires, 1946).

Leí este texto en mi adolescencia, en un número de El Expreso Imaginario, que debe estar por ahí, dentro de alguna caja de las que guardo dentro del taller. Hoy lo encuentro en el blog personal de Pipo Lernoud. Recuerdo el texto que leí como prosa, o por lo menos distinto a este que ahora les presento. Seguro no es el mismo, o en todo caso, el que lee también es otro.

Foto: Pipo Lernoud en FB.

viernes, 22 de noviembre de 2013

Alberto Szpunberg, 4 poemas de Como sólo la muerte es pasajera














I

La desmesura inconcebible, ese barco frente a tu ventana,
que hundió su ancla, de pronto, con el chasquido de un rumbo muy oscuro.

Te despertará algún día el chirrido de la cadena recogida,
pero ya se habrá marchado, tal como vino, entre gestos de niebla,
y vos mudo de asombro ante cualquier certeza, incluso la de irte.

Lo sabrás para siempre o, mejor dicho, desde siempre.

Por eso, no insistas: el mar no cabe en tu valija,
es el momento de guardar tu valija en el mar.


II

Y aún sigues ahí, ante el arrebato rojizo de las tejas,
como si la niebla se levantara del mar para que tu mano descorra la memoria,
pero no insistas, no hay más nombres que esas islas de dulce balanceo:
ningún mapa las registra sino el aire, el frescor del aire, entre espumas y gaviotas y despedidas, aunque eterna es la mañana.



Hasta que el sol te ciegue los ojos para que veas
astillas de oro entre las sombras últimas.

Ahora sí, ahora es el momento.


III

Todas las mañanas tomás mate en la cocina de tu casa,
pero desde hace unos días encendés el fuego, tu pequeño fuego, en medio del mar.
Donde sea, las gaviotas chillan como si el ancla temblara en el barro más profundo.
A lo mejor hoy es el día, nunca se sabe, pero llueve como si lo fuera.


IV


Como siempre, llevas la navaja en el bolsillo izquierdo:
son formas primitivas del amor que todas las mañanas reverberan,
pero la sal, ya lo sabes, penetra más adentro que el filo de la hoja.


Ninguna marea, ni la más alta, basta para borrar una sola gota de sangre:
la memoria no es la herida, es siempre el mar.



De: “Como sólo la muerte es pasajera”, 2009.
En: “Como sólo la muerte es pasajera. Poesía reunida”, Entropía, 2013.
Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940).
Foto: AS, archivo de la talita dorada.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Alberto Szpunberg, 5 poemas de El síndrome Yessenin




















I
¿Dónde fue, como te dije que hagamos, el año pasado, dónde
la fecha exacta, el bolso imposible, dónde que partimos
si no acá, entre estos papeles juraría, en esta página abierta,
donde la hoja del fresno abandonó la huella de su sombra,
segura entre otras hojas, confiada como nosotros en la palabra?

¿Te acordaste de apagar la hornalla, tus súplicas junto al fuego,
la mirada entre cortinas temblorosas detrás de la ventana?

¿Ese oscuro gruñido? No temas, es el mar,
el mar, no otro es el poema, sólo el mar,
aunque mudo de espanto, es sólo el mar.


II
Contra el cielo desleído, el campanario
entra en tratos oscuros con su propia sombra:
¿qué gritos en la puerta hecha escombros,
qué alaridos en la dureza misma de la piedra?

“¿Es una risa o un sollozo sofocado hasta gemir?”

No, son voces porque sí que arrastra el viento,
cartones y plásticos y gritos rumbo al vertedero
por las calles vacías como si la tarde fuese otra.


III
El mar, donde penetra el sol, como un espejo a ciegas
que se apoya en la playa, a punto de romperse:
él mismo se desmiente, me observa, se detiene,
y vuelve a avanzar, si se desliza, hasta astillarse:
es increíble la cantidad de mares por el aire
que en la rompiente dan entre chillidos
advertencias muy vanas, cautelas incumplidas.

“¿Todavía, pregunto, es demasiado tarde?”

El silencio, escuchemos, es la moción más sensata.


IV
Mis manos rozan el espejo del agua, temblorosas,
como si bañaran un cuerpo consagrado,
la curva que baja lentamente por la espalda,
la desnuda caricia que alcanza a ser deseo.

¿Cómo pretender tanto silencio para nosotros solos,
y para qué si lo cierto es poco más que un murmullo?


V
¿A dónde voy? No insistan, por favor, no hay otro lado:
a lo sumo, ocre el estallido de los fresnos a mi espalda,
hasta que las hojas giren en el remanso de algún río,
el más ancho, dicen, el más barroso e insondable.

De: “El síndrome Yessenin”, 2010, poemas inéditos.
En: “Como sólo la muerte es pasajera. Poesía reunida”, Entropía, 2013.
Alberto Szpunberg (Buenos Aires, 1940).

Foto: AS, archivo de la talita dorada.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Eduardo D’Anna, dos poemas














ROGATIVA

Pero hay niebla. Cubrí
de niebla, por ahora,
la ciudad, viento
de la noche, estrella
de la madrugada.

Para que envuelva, por ahora,
a los tristes. Y que no tengan
que despertarse y dejar
de soñar, para ponerse
a caminar el mundo.
Por ahora.

Sin brillantes colores. Sin
esplendor en los árboles.
Que sus sueños no vayan
a competir en condiciones
ruinosas con el mundo.
Que el mundo les parezca
una suave continuación
de sus sueños.

Por ahora. Cubrí
de niebla la ciudad,
rocío del comienzo.



“SIGO VIVIENDO EL  MISMO SUEÑO/ PARA MÍ TODAVÍA NO HA TERMINADO”[1]

Ni las ofensas ni las victorias
tienen hoy día leyes distintas:
los errores se pagan.
Los nuestros, los de ellos.
Todo sigue
siendo posible.

El sueño es gigantesco, es digno
de ser un sueño; y eso
es ser real.


De 'Desayunándose', en “Libros de poemas” (reúne tres títulos: 
Desayunándose, Etimologías y Odas pesadas), Ediciones Recovecos, 2013.
Eduardo D’Anna (Rosario, 1948).
Foto: En City Bell, Taller-Espacio “La Poesía”, 
Eduardo D`Anna y José María Pallaoro, 14 de julio de 2013.





[1] Neil Young

martes, 19 de noviembre de 2013

Eduardo D’Anna, ventanas, radio, pentecostés















VENTANAS

Otro tipo de cosas que, al principio,
no existía. Tuvieron
que venir los tranvías (una exageración,
una lujuria de ventanas), los colegios, y ser
sentado al lado de una de ellas.
Pero en seguida funcionó: el mundo
pasaba comedidamente
por las ventanas, se veían
las casas de enfrente, el cielo
arriba, y entre ambos
la ropa tendida al sol, el eslabón
entre la Astronomía y la Historia.



RADIO

Verdadera escuela de vida.
“Tarzán”, a las seis de la tarde
éramos tácitamente convocados
a escuchar el paso, la dirección
del mundo. César Llanos
le decía a Tarzanito, tras
salvarlo de una travesura
que podía haber tenido
consecuencias fatales: “Recordar,
Tarzanito: ser bueno
ser más difícil,
pero ser mejor”.



PENTECOSTÉS

Tantos domingos antes, tantos
domingos después. Qué misterioso.
Pero decían los libros: estaban
reunidos y sobre ellos
descendió, etc...
Sólo conocerás a Dios,
sólo conocerás la realidad
en tu propia lengua.


De 'Etimologías', en “Libros de poemas” (reúne tres títulos: Etimologías, 
Desayunándose y Odas pesadas), Ediciones Recovecos, 2013.
Eduardo D’Anna (Rosario, 1948).

Foto: En City Bell, Taller-Espacio “La Poesía”, 
Eduardo D`Anna y José María Pallaoro, 14 de julio de 2013. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Eduardo D’Anna, lo construido

LO CONSTRUIDO (I)

Dos paralelepípedos
cerca del mar,
sobre la arena. Blancos,
el sol les ilumina
una cara. El silencio
los acaricia, simulando
ser el viento. Tan dignos.
Mucho más
que los que los hicieron.
Sin nada que esperar.
Recostados
contra el cielo sin nubes,
tan azul. Dignos, sí.


LO CONSTRUIDO (II)

Porque no es fácil, ¿no?
Exponerse a la luz,
así. Con líneas.
Tan rectas. Tan fáciles
de entender enseguida.
Como ser lo que son,
sin tradición,
a la luz de la luz;
cualquiera
pensaría en empezar
a escuchar los camiones
de la demolición.
Porque su ruido llega
siempre antes. Deteriorando
el silencio que sabe
proteger lo que es.
Pero ellos no.


LO CONSTRUIDO (III)

Sí, sí, exponerse. Son
opacos, pero son
transparentes, porque son
fáciles de entender:
son viejos, ya se sabe
lo que son. Los nuevos
son misteriosos, pueden
hacer trucos de argentinos
vivos, zafar. No dejar
saber qué son. Al menos,
hasta que no haya más
remedio. Pero éstos,
no. Se exponen. Por eso
hablé de dignidad.


LO CONSTRUIDO (IV)

Pero eso sí: ellos
son fáciles de entender,
pero difíciles de destruir.
Ellos parecen fabricar
el silencio que los rodea.




De 'Odas pesadas', en “Libros de poemas” (reúne tres títulos: 
Desayunándose, Etimologías y Odas pesadas), 
Ediciones Recovecos, 2013.
Eduardo D’Anna (Rosario, 1948).

Foto: En City Bell, Taller-Espacio “La Poesía”, 
Eduardo D`Anna y José María Pallaoro, 14 de julio de 2013. 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Roberto Juarroz, dos poemas











UNA ESPINA EN LA GARGANTA

Una espina en la garganta
puede vaciar la voz.

Pero la voz vacía también habla.
Sólo la voz vacía
puede decir el salto inmóvil
hacia ninguna parte,
el texto sin palabras,
los huecos de la historia,
la crisis de la rosa,
el sueño de ser nadie,
el amor más desierto,
los cielos abolidos,
las fiestas del abismo,
la caracola rota.

Sólo la voz vacía
puede hablar del vacío.
O de su clara sombra.


LO IMPERFECTO

¿Cómo amar lo imperfecto,
si escuchamos a través de las cosas
cómo nos
llama lo perfecto?

¿Cómo alcanzar a seguir
en la caída o el fracaso
de las cosas
la huella de lo que no cae ni fracasa?

Quizás debamos
aprender que lo imperfecto
es otra forma de la perfección:
la forma que
la perfección asume
para poder ser amada.



Roberto Juarroz (Coronel Dorrego, 5 de octubre de 1925 - 
Temperley, Buenos Aires, 31 de marzo de 1995).

viernes, 15 de noviembre de 2013

Antonin Artaud, poeta negro

POETA NEGRO

Poeta negro, un seno de doncella
te obsesiona
poeta amargo, la vida bulle
y la ciudad arde,
y el cielo se resuelve en lluvia,
y tu pluma araña el corazón de la vida.
Selva, selva, hormiguean ojos
en los pináculos multiplicados;
cabellera de tormenta, los poetas
montan sobre caballos, perros.
Los ojos se enfurecen, las lenguas giran
el cielo afluye las narices
como azul leche nutricia;
estoy pendiente de vuestras bocas
mujeres, duros corazones de vinagre.




Versión de Eduardo Conde.

Antonin Artaud (Marsella, Francia, 4 de septiembre de 1896 - París, 4 de marzo de 1948).

Gracias, Jonio González.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Martín Rodríguez, 3 de lampiño

.
lampiño es el testigo mudo
del amor ajeno, una lágrima
por el metal que cubre
sus ojos, el motor
de los bebederos,

agua arrugada
que suda el barro
después de años asoma
su chorrito, guaso, su guadaña
entre las piedras, una sonrisa
a la intemperie


. (canta)
esta música da sombra.
el barullo de los muertos.
el tumulto de los muertos en las sombras.
hay que llevar flores ahí, a la sed de los muertos,
piden agua porque piden su disolución.  
y no siempre se puede llenar el silencio del hueso.
yo me detengo para oír el río, la tierra  
        colorada, el viento
en los árboles a la orilla, la hoja del sauce
        que cae para apagar su sed...
y siento que por ese momento tengo raíz, tengo sed,
tengo mi árbol de ciruela, una sombra donde dormir.


.
¿Había árboles afuera, lampiño? No, había tierra
¿Había un pueblo?
No, había tierra
¿Había gente, y animales?
No, había tierra  
desierta  
bíblica


En: “Lampiño”, Siesta, 2004.

Martín Rodríguez (Buenos Aires, 1978).