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lunes, 9 de junio de 2014

Emiliano Bustos en La Plata Spoon River


RAIMUNDO ELISEO AGUIRRE

Como el agua los libros,
sólo la teología camina sobre el agua y los libros.

Un gobierno, un gobernador, la espuma de la política.

Todas las pertenencias los libros las herramientas.
No hay tiempo en los cuartos en las camas,
caminar rápido es hundirse imperiosamente,
ver las fotos por última vez.

El agua engaña al gobierno, al gobernador.
La espuma de la política.

No hay tiempo en los cuartos, en las camas.
Todas las pertenencias los libros las herramientas,
sólo la teología camina sobre el agua.

Ser visto por última vez en los cuartos en el agua
cuando la noche es tan política como el día.


En: “La Plata Spoon River. Antología sobre la inundación.”,
Libros de la talita dorada, colección Los detectives salvajes, 2014.

Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972).


Imagen: tapa antología. 

lunes, 16 de julio de 2012

Emiliano Bustos y Gotas de crítica común por Nicolás Correa


BUSTOS NO ES UN CYBORG

Por Nicolás Correa, poeta

Bustos no es un cyborg.

Las redes se despliegan en todos los sentidos. Es la forma en que se produce el proceso de digestión: Bustos ha sufrido la poesía de otras generaciones, la ha leído, la ha sentido en el cuerpo, la ha digerido y finalmente, felizmente, es capaz de develar la forma en que la red se despliega.


La intertextualidad, sí, en ese caso la red se vuelve visible, pero no es lo único, porque la red es en su poesía, hacia adentro y hacia fuera. Va y viene, sufre la filiación al pasado, sufre la producción del presente. Constantemente pierde y recupera una memoria construida de tradiciones, de eventos continuos, de temporalidades, relaciones entre padres e hijos, digestión en proceso.

Bustos no es un cyborg.

El poeta pone el cuerpo en el ritual, le pone el cuerpo al peso de la red para que la sociedad no perciba la densidad del proceso, y expone las variables hereditarias: padres e hijos, padres versus hijos, padres o hijos.

Observación del ritual: devorar otros textos, convertirlos en jirones de textos que son solo visibilidad intertextual, porque la parte oscura queda en Bustos, los efectos del rito son su poesía. Pero no está sólo.

El origen de nuestra patria literatura, el devenir de nuestra patria literatura, los días anteriores de que nuestra patria literatura salga de la pampa y sea trágica nación: “… descansaré a la/ sombra de lo único que tiene la pampa/ y los poetas medirán el impulso asesino…”[1] Lee en el código hereditario la posibilidad de llevar la antorcha, de cargar con los muertos, pero tiene una capacidad asesina.
Bustos no es un cyborg, está lejos de ser una máquina.

Aleja la llama de la memoria, la apaga y la prende funcional, luminaria de una poética que mastica las herencias. Aquellos míticos personajes, no son ellos, sino visible intertextualidad, son entidades vacías, “Aquiles es la furia/ el capricho, luego la pena por Patroclo;/ pero Héctor se está despidiendo de su hijo, ahí,/ en algún lugar de su hermosa casa…”  Hay un Aquiles, un Héctor, un Astianacte, pero son otros. Robados de su patria, devueltos a otro espacio, y es en ese lugar donde ya no son míticos, sino padre, hijo y enemigo, de carne y hueso.

Gotas de crítica común no es una máquina, es brujería. Y Bustos no es una máquina, las máquinas no digieren, cumplen funciones, es brujo, curandero, hechicero. Es capaz de pensar una patria poética.   


[1] “El chancho muerto” en gotas de crítica común. Emiliano Bustos, Libros de la talita dorada, City Bell, 2011. En este poema, Bustos lleva a cabo el ritual: el sacrificio del chancho. El valor de lo sagrado produce un nuevo simiente/ devenir. Las tripas son regadas en la red, el peso de las vísceras no comestibles, Bustos devuelve a su lugar a los poetas, exige rituales, exige una nueva forma de leer, de escribir, de pensar la producción y no la reproducción del discurso, pero desde la totalidad, contradictoria, sí. En palabras de Cornejo Polar, Bustos es el poeta de la totalidad contradictoria, es por momentos, imposible de asirlo, aunque la referencialidad sea visible. Bustos ejerce la brujería, se maneja a saltos en el tiempo, desordena los hechos históricos, en otros momentos los mantiene lineales o los vuelve cíclicos. Puede leer en el pasado el encantamiento de las serpientes o la serie poética de otros que intentan detentar brujería.


Ficha técnica: Gotas de crítica común / Emiliano Bustos / 
Libros de la talita dorada. 2011 / Colección Los detectives salvajes / 104 pág.

FUENTE: CULTURAMAS

viernes, 29 de junio de 2012

Emiliano Bustos – Poema de Gotas de crítica común



CACERÍA

Para Haydée Jöcker


El pájaro entra al edificio por un agujero
y sale por otro.

No me pregunten qué hace
y qué ve…

Es una ley antigua.


Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972). Poeta y dibujante.




Presentan BUSTOS & PRIVIDERA 
Presentación libros Restos de Restos de Nicolás Prividera
y Gotas de crítica común de Emiliano Bustos.

29 de junio 18:30hs - Museo del Libro y de la Lengua,
Avenida Las Heras 2555, entre Austria y Agüero, CABA.

Artistas invitados: Juan “Tata” Cedrón y Miguel López (bandoneón).


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jueves, 28 de junio de 2012

Emiliano Bustos – Poema de Gotas de crítica común



POR QUÉ INVITAN A ESA GENTE


El crítico,
que traduce del alemán versos iconoclastas,
escucha del ser de guatambú
los informes que se le deben antes
de subir al estrado. No podría cumplir
su misión sin oír el transplante,
la maceración. La Gran Revista lo envió.
Por eso, a través de sus gestos de
sereno lingüístico, reluce la linterna
directriz. Ya informado
habla sin límite de tiempo
de la historia de la Gran Revista.
El niño estanco mira al nutritivo
jefe, alisa su pantalón a cuadros,
asiente. Tiembla cuando alguien
incomoda con aquella vieja política
al disertante. Por qué invitan a esa gente,
habría dicho el traductor. El lacayo
le habría contestado al oído: estamos
en la cima pero, aun así, llegan
crápulas con esas credenciales
otorgadas por Brecht.


Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972). Poeta y dibujante.



Presentan BUSTOS & PRIVIDERA 
Presentación libros Restos de Restos de Nicolás Prividera
y Gotas de crítica común de Emiliano Bustos.

29 de junio 18:30hs - Museo del Libro y de la Lengua,
Avenida Las Heras 2555, entre Austria y Agüero, CABA.

Artistas invitados: Juan “Tata” Cedrón y Miguel López (bandoneón).

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miércoles, 27 de junio de 2012

Emiliano Bustos – Poema de Gotas de crítica común


UN POETA DE LA BOCA PARA AFUERA

En la oscura franja, en la gota sentimental
de Patricios y Vuelta de Rocha hablaré, la
taza de café, el vasito de ginebra se irán, y
la tarde nos motivará. Aparecerán esos nombres
que la sed reclama, desmenuzaremos el
runrún de la casa natal de Carriego, te diré,
amigo reciente, que en el albor de los noventa
éramos parra en simiente bebedora, gozo, lápida
de Dylan aunque todos teníamos futuro. Después
A y B quisieron más y se tentaron. No veníamos
de la droga, apenas se bañaban algunos,
a veces se enfrentaban los más. La bohemia
nos tranzaba; sé de alguien que leyó Moby Dick
en la vieja casona de Flores, mientras Sívori y
patrullita peleaban. No sé, es tan basto el pasado.
Aquellos viejos compañeros se metieron en el
museo de cera de la boca del tigre, bueno, lograron
algo. Dejaron el cemento procaz, la palabra
mareada; ahora tronchan cáusticos y lamen los
pendejos de bronce del horizonte. A, dorado a la
hoja por el macilento editor, B, entre la espada y
la pared, C perdido; y Nixon Mamerto y Aqua Di
Splash. Me fui quedando solo. Fui lunfardo, fui
nacional y popular; ahora tengo preparadas mis valijas,
especialmente el velamen, la cortesana, el aroma
a Riachuelo desagradecido. Quinquela querido,
Lacámera amigo, ya me gané la bufa de los modernos.
Quiero acción, quiero luz. Un gatopardismo
hiela, dos son más de lo mismo. Grité, ahora hablo;
calé hondo, ahora educo; desmayé en estelas eficaces
a falaces y tiernos, ahora pacto mi equipaje. Estoy
viejo. Me publican las ratas que huyeron del
barco; no soy un fotógrafo mersa, el teatro de los
barcos abandonados quiso lola, tiene ácaros. Eso sí,
muy agradecido estoy, viejo pantano. La boina de
Severino Varela es valiosa en cualquier lado. Pero ahora,
aprovechando que el viejo mamarracho come
hígados publicados, reptemos un poco, un poquito.
Me disfrazaré, invitaré a góticos, émulos, galenos;
seré funcional, en la estampida un tropezón es caída.
Antes del papel picado, la solemne introducción; después
el hirsuto amanuense de estos días morderá del
abismo de Bartebly su scon predilecto, y Borges me
salvará. Claro muchacho claro camaleón. Que nadie
enturbie su mirada, mucho menos el sedentario,
vamos a Tomalín, cónsules, antifaces, repartidores
de helado. Que nadie se equivoque, sigo siendo
el mismo, pero entre ellos. ¿La murga aclamará?
La murga perderá.

Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972). Poeta y dibujante.



Presentan BUSTOS & PRIVIDERA 
Presentación libros Restos de Restos de Nicolás Prividera
y Gotas de crítica común de Emiliano Bustos.

29 de junio 18:30hs - Museo del Libro y de la Lengua,
Avenida Las Heras 2555, entre Austria y Agüero CABA.


Artistas invitados: Juan “Tata” Cedrón y Miguel López (bandoneón).




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martes, 26 de octubre de 2010

Emiliano Bustos – Acerca de “Si Hamlet duda le daremos muerte”, 1


PAPEL PICADO, KEROUAC Y HAMLET



“Adiós a todo Führer que nos dé duro con un palo
y también con una soga
creyendo que como él somos apenas sensitivos.
Y buenas noches amigos, buenas noches,
hasta que un día nos volvamos a encontrar
en la hora soberbia y enloquecida de los esqueletos”.

Jorge Teillier



1. “¡Les vendimos papel picado!”. Hace tres o cuatro años, dos poetas de los noventa se abrazaban a la salida de unas jornadas sobre poesía argentina. Se abrazaban efusivamente. Uno, aclamado por la crítica; el otro, fungido de arrabal; los dos, sin embargo, glamorosamente noventistas. El abrazo parecía sincero, caluroso. La tribuna, compuesta mayormente de estudiantes de letras, críticos y poetas (seguramente en ese orden), era la indicada. “¡Les vendimos papel picado!”; la frase festiva fue levemente gritada. El abrazo podía remedar, si se quiere, la mímica de un abrazo histórico, como esos que se han dado los libertadores y los grandes políticos, pero este abrazo tenía el regocijo de quien logró algo grande entregando muy poco o nada. “¡Les vendimos papel picado!”. Luego los poetas se separaron; se sabe: el lugar del triunfador no es fijo, precisa moverse constantemente, como el dinero. El arrabalero (y este arrabalero en particular) se amiga, conversa, llegado el caso acompaña. Además, la tribuna había visto y escuchado perfectamente lo que había para ver y escuchar.

2. No sé dónde leí que Jack Kerouac escribía en grandes rollos de papel, algo así como formularios continuos, circunstancia material que contribuyó a su estilo, inspirador, como dicen, del road-movie. Podía sentarse y escribir por horas, sin necesidad de interrumpir lo suyo para cambiar el papel. Conquistó una dimensión –por el papel– de continente, expansión, río. El papel picado parecería ser otra cosa. Impensable escribir sobre una superficie tan fragmentada. Su utilidad es eminentemente festiva. ¿Por qué esos poetas se regocijaban por haber vendido papel picado? Era como el festejo por un engaño exitoso. Ciertamente no se podía conocer con exactitud el pago obtenido, pero no era imposible inferirlo de las regalías literario-críticas, muy bien ejemplificadas por ese encuentro en un centro cultural dependiente de la Facultad de Buenos Aires. ¿Exitosos por vender papel picado? Por qué no. Los poetas y los críticos, ¿no compran papel picado? Papel picado como estafa, como nada, como qué. Los noventa y el papel picado. ¿Los sesenta podían vender papel picado? Urondo, Santoro, Walsh, ¿vendían papel picado? Los lectores, ¿compraban papel picado? Y el poeta o crítico que compra papel picado, ¿qué hace?, ¿lo devuelve transformado?

Independientemente de otras especulaciones (que se podrían hacer), dos poetas, aclamado uno, arrabalero el otro –aunque clamorosamente noventistas ambos– se abrazaban (se siguen abrazando) a la salida de uno de los “palacios” culturales de nuestro medio mientras vociferaban: “¡Les vendimos papel picado!”. La venta de papel picado en la literatura argentina es un hecho, y merece estudio.

3. Sabemos que la historia de Hamlet es dura. Podría citar el Hamlet parodiado de Jules Laforgue, pero igual sigue siendo dura su historia. Asesinaron a su padre. Los asesinos y los traidores y todos los que ocultan la verdad andan por ahí, sin culpa, funcionando en el reino, pero Hamlet duda. Sabemos que cualquier gran sistema de poder puede funcionar entre asesinos y víctimas, pero Hamlet, siendo parte, pudiendo ser parte, duda. Construye –justicia, verdad, venganza– dudando. Y la memoria le funciona siempre, implacable. Entre el poder y la memoria se inclina por la memoria, por la venganza de la memoria. Una gran declaración de principios, asimismo una gracia suprema. Su verdadera pureza. Y la locura. ¿Locura?

No sé si coincido con el título de este libro, pero a veces, es cierto, hay que arrinconar toda duda, un poco al modo en que los límites de una huella arrinconan la presión, el momento, el destino.

4. Todas las antologías de poesía argentina que me vienen a la memoria funcionan de la misma manera. Desde mediados de los noventa un “cuadro de honor” domina la escena; pueden variar algunos nombres, pero el consenso que se fue armando en torno a un núcleo firme sigue ahí, aunque muchos de los que tuvieron una participación no menor en su conformación (me refiero más que nada a los críticos, aunque también a algunos poetas), hoy se lamenten o se permitan criticar ese estado de cosas casi siempre evadiendo, como avestruces, la autocrítica (1). No entrarían en este cuadro las antologías publicadas fuera del corredor Buenos Aires-Bahía Blanca-Rosario, aunque tampoco todas las antologías publicadas en Buenos Aires, Bahía Blanca o Rosario responden a lo señalado. Me refiero entonces a las selecciones que más aceptación crítica tuvieron (tal vez las únicas que tuvieron aceptación crítica). En fin, los consensos no suelen apelar a muestras representativas (¿existen las muestras representativas?) para su conformación –al menos en el ámbito del arte–, suelen ser la lógica del molde.

Personalmente creo que esta antología desoye ese consenso. Y no tanto por proponer otros nombres –que lo hace– sino por mostrar un estado de cosas diferente. Para muchos de estos poetas la política, por ejemplo, ya no es un paisaje. No es que la política no haya irrumpido en la última poesía argentina, particularmente a partir de la segunda mitad de los noventa, sucede que en casi todos los casos lo hizo de un modo epidérmico. La política y la historia ingresan por la propia experiencia de muchos de los poetas aquí reunidos; no hay estrategias hacia un discurso determinado, abandonado o continuado según las circunstancias (canónicas). No imagino cómo podrían hacerse a un lado algunas indelebles marcas, puestas ahí por el propio pasado, por la historia, por la memoria. En cierto modo, todas esas antologías de las que hablaba, desde Poesía en la fisura (Ediciones del Dock, 1995) hasta la solventada por el actor Viggo Mortensen, de reciente edición, mencionan de un modo enfático lo actual, el presente como espectáculo único. La que nos ocupa ahora tal vez pueda ser tildada de “setentista” (¿el “setentismo” es un tren fantasma o, como Hamlet, se ocupa del lenguaje presente de unos “fantasmas”, de unos ausentes?) porque menciona el tiempo presente de un modo más amplio, extendido, y en esa extensión del presente está la memoria, y seguramente de un modo especial la memoria de los setenta, que encierra la infancia o el tiempo de los padres (propios, políticos, sociales). Incluso algún poeta nacido bastante después de los setenta reivindica para sí ese tiempo, algo de ese tiempo; aunque la crítica es también feroz porque la derrota fue feroz y es actual. Asimismo, desde el discurso poético de muchos de estos textos no falta una extensión, una apertura y una asociación en el decir propias de un momento de la poesía, la literatura o la cultura que se opone, en cierto modo, al “poquitismo” (2) noventista; aun así, no se detectan en este sentido intenciones programáticas (como no es programático el supuesto “setentismo” que señalo), sino necesidades. Para la poesía argentina la dictadura fue un corte; para muchos de los poetas nacidos durante ese período es un recorrido sistemáticamente inicial, sistemáticamente histórico, sistemáticamente crítico. Asimismo, esta antología se diferencia claramente de otras al no estar clausurada por los relatos de belleza y felicidad de los noventa. Me parece que los aquí seleccionados superan con holgura el “mandato” objetivista y la contratapa de Ema la cautiva, en donde Aira, modestamente profético, coronaba a la indiferencia (ninguna indiferencia, parecerían decir muchos poemas, puede venir del menemismo, la cárcel o la incompleta democracia).

(1). Daniel Freidemberg, que a través de sus críticas contribuyó a generar una especial atención sobre la poesía de los noventa, ha tomado distancia del fenómeno, aunque tal vez un poco tarde. Jorge Fondebrider –miembro fundador de Diario de Poesía, como Freidemberg– señala en el prólogo a una reciente antología de poesía argentina publicada en Chile, que el statu quo, defendido desde ciertas revistas y por la cátedra, estaría siendo puesto en duda. Resulta extraña la distancia que Fondebrider asume respecto a la conformación de ese statu quo, que lo tuvo como indudable protagonista en tanto crítico (pensar la relación Diario de Poesía-18 whiskys). Es tanto el “ruido” producido por ese consenso o statu quo, que ciertos críticos deciden detenerse ahí: Jorge Monteleone, encargado de la enorme antología 200 años de poesía argentina (Alfaguara, 2010), evitó incluir autores de los noventa por la gran atención que la crítica –según da a entender– le prestó a dicho período.

(2). Frase que Santiago Sylvester le atribuye a Daniel Freidemberg. Según Sylvester, Freidemberg, refiriéndose a los noventa, habría sustituido “minimalismo” por “poquitismo”.

Si Hamlet duda le daremos muerte (Antología de poesía salvaje) se presenta el 4 de noviembre a las 19:30 hs en el Centro Cultural Islas Malvinas, Avenida 51 y 19 de la ciudad de La Plata.

Emiliano Bustos – Acerca de “Si Hamlet duda le daremos muerte”, 2


Creo que la frase de Aira fue más entendida (como herramienta “no política” y justamente por eso extremadamente política) que la poesía de Perlongher, aunque ambas, en deglutido pastiche, multiplicaron epígonos. En cuanto al objetivismo, hay que recordar que, más allá de sus múltiples definiciones, su manera “despojada” y “apegada a los hechos” (ese apego fue política de supremo desapego) dominó buena parte de la escritura poética hecha en los últimos veinte años (3).
Aquello de las “chicas pop” y los “muchachos futboleros” (4). Estas “vertientes” no son, hasta donde puedo ver, el corsé de los aquí antologados. Tampoco veo esas actitudes de eterno adolescente, que bien describe Mariano Pérez Carrasco en una bibliográfica: “Estos escritores (los de los noventa) viven la tragedia de que –en virtud del exitismo o de estéticas a la moda– quisieron vivir el presente, expresar el presente y solamente el presente. Hicieron del presente un fin; y como ese presente que eligieron coincidió temporalmente con su adolescencia, quedaron detenidos en aquel tiempo. Son los viejos jóvenes de los noventa” (5). Podría mencionar, también, la mentada cuestión de la antilírica, crucial piedra de toque para tantos poetas en los últimos años. ¿Alguien asume ese uniforme, el de la antilírica, en esta antología? Y hablando de uniformes, no pude ver en estas páginas los medrosos tratos canónicos en los que tantos poetas perdieron y pierden tanto tiempo.

La presente selección funciona todo el tiempo desde una época más amplia, como memoria, como hecho social y cultural presente. El formulario continuo de Kerouac, no la venta de papel picado. Tal vez por esto me parece que, ya desde la selección, ésta es una muestra poética apasionada. Asume la época (que siempre es la historia) con pasión.

5. Como Hamlet, todas las generaciones de poetas han tenido sus fantasmas y sus padres. Nosotros, poetas más o menos jóvenes pero actuales, padecimos la muerte de muchos padres y el posterior ocultamiento de cuerpos, lugares, obras. Como defensa no fue un mal ataque darle voz a los fantasmas. Pero, claro, el tiempo pasado entre fantasmas puede volverse demasiado real. Y entonces hay que dejar la duda, desmalezar, avanzar y largar peso. Pero largar peso no es perder historia. Es criticar, discutir. Los sesenta se pelearon o discutieron con lo anterior, lo mismo los setenta (aunque cortados por la dictadura) y los ochenta. A partir de los noventa sucede otra cosa. Es como si la discusión (la historia) se hubiera detenido, hacia atrás, hacia adelante. Es el puro presente, sin
discusión. Los noventa no se discutieron. De hecho, muchos poetas posteriores no pudieron, no supieron o no quisieron discutir con los noventa. Entre los primeros y los segundos noventistas se dio una relación vertical, como la que se puede dar entre los directivos y los empleados de una empresa. Por eso tanto epígono, por eso todavía puede olerse el desmesurado cuidado por la “fuente de trabajo”. Por eso mucho de lo que vino después parece diluirse, aguarse, derramado del “gran vaso” de los noventa. Bueno, me parece que esta antología no respeta de ese modo a los noventa. Y tal vez no los respete de ningún modo. ¿A quiénes podrían, cualquiera de estos poetas, venderle papel picado.

(3). Al parecer no existen demasiadas dificultades a la hora de definir críticamente tanto al neorromanticismo como al neobarroco-neobarroso. Los reunidos en torno a la revista y grupo Último Reino dejaron, salvo excepciones, más enunciados que poesía. El neobarroco fue prolífico en todos los planos. A diferencia de estas corrientes, el llamado objetivismo se presentó (o lo presentaron) huérfano de padres, planos y poses. Se supone que Joaquín Giannuzzi es su máximo inspirador (al menos lo fue para muchos poetas usualmente vinculados al objetivismo), pero nadie está totalmente de acuerdo en señalarlo como tal. Debido a cierta intención “democratizadora” o “racional” que el objetivismo intentó inyectarle al discurso poético “irracional” (léase neobarroco) de la época, resulta paradójico el sentido pretendidamente “rector” que –desde los poemas pero aún más desde la crítica (ver algunas reseñas paradigmáticas publicadas en Diario de Poesía, particularmente en sus primeros años)– fue asumiendo respecto de otros lenguajes y formas poéticas (fundamentalmente, como quedó dicho, el neobarroco). Como la “ortodoxia” que inauguran en el cine mundial el Dogma 95 y, entre nosotros, películas como Pizza, birra, faso o la serie televisiva Okupas: nada podría ser dicho de otro modo porque esa, la filmada por “nosotros”, es la “realidad”; todas las películas y los modos de actuar anteriores son impostados, como es imposible toda historia que no sea “mínima”, que no cuente el devenir de un perro o las vicisitudes de un anciano en busca de una mecha para su calentador. Las semejanzas entre este cine argentino y el objetivismo son obvias.

(4). Ver El poema y su doble (Ediciones Simurg, 2003) de Anahí Mallol.

(5). Ver artículo de Mariano Pérez Carrasco en Hablar de poesía n° 18. Lo que Carrasco no menciona es que la adolescencia de estos poetas transcurrió, en la mayoría de los casos, durante la dictadura, circunstancia –junto a las demás señaladas por él– no menor a la hora de analizar esa “detención”.


Si Hamlet duda le daremos muerte (Antología de poesía salvaje) se presenta el 4 de noviembre a las 19:30 hs en el Centro Cultural Islas Malvinas, Avenida 51 y 19 de la ciudad de La Plata.


Emiliano Bustos (Buenos Aires, 1972). Publicó: Trizas al cielo (Libros de tierra firme, 1997), Falada (Libros de Tierra Firme, 2001), 56 poemas (La carta de Oliver, 2005), Cheetah (El Surí Porfiado, 2007).

viernes, 27 de agosto de 2010

Emiliano Bustos – En las horas en las que el tigre tiene espacio en mi cabeza


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LA IDA DEL ZORRO

Me veo pintando un cascabel.
Cuántos, cuántos cascabeles tengo que pintar
para pasar al cascabel invisible,
que suena en todas partes y nadie ve.
En las horas en las que el tigre
tiene espacio en mi cabeza, yo renuncio.
No pienso en cadena.
No pienso más en vos.

En “Cheetah”, El Suri Porfiado Ediciones, 2007
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Emiliano Bustos nació en Buenos Aires en 1972. Poeta y dibujante.
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Foto: Emiliano Bustos en Blog secretariadoculturalcarabobo
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jueves, 26 de agosto de 2010

Emiliano Bustos – La selva del pesebre


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LA SELVA DEL PESEBRE

A mis padres


Poseemos las sandalias de Krishna
en donde el faquir se pincha;
y más adelante,
charcos y lagunas
y declaraciones de un gran mono,
allí, en tu cabeza;
y más adelante
una monja azulada
lava sus copas y una pelela
en el río quieto y traslúcido,
apenas quilla, apenas.
Dios nos salva,
pero también sale con otro universo.


En “Cheetah”, El Suri Porfiado Ediciones, 2007
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Emiliano Bustos nació en Buenos Aires en 1972. Poeta y dibujante.
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Foto: Emiliano Bustos en Blog secretariadoculturalcarabobo
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Emiliano Bustos – Robin Hood alzó su copa de cervatillos


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ROBIN HOOD

Robin Hood alzó su copa de cervatillos,
moduló en qué raza crujir.
Me temo que nada ves;
la alforja de sus ojos
destejía la ilusión
de los animales del bosque.
Para ser un líder, decía; basta que me vean
y no hablen de mí.

En “Cheetah”, El Suri Porfiado Ediciones, 2007
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Emiliano Bustos nació en Buenos Aires en 1972. Poeta y dibujante.
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Foto: Emiliano Bustos en Blog secretariadoculturalcarabobo
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