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lunes, 2 de diciembre de 2013

Daniel Chirom, estoy de este lado



















A LA MEMORIA DE RAÚL GUSTAVO AGUIRRE

Estoy de este lado
no sé cómo llegar a tu muerte
enamorarte los ojos
prenderle fuego a tus palabras.
En tu voz
veo barcos calcinándose de neblinas
y un rumor de sirenas
enlutando las anclas que buscan una pregunta
en las costillas del océano.
Tu oficio es un naufragio,
la claridad exánime del que no responde.

Bebe
has visto la luna rigiendo el leprosario
baila
el cielo vacía su blanca taza sobre el Hades
sueña
una canción es una trampa
canta
una sinfonía enloquece en tus manos
ama
nos enamoramos de aquello que desaparece
muere
pues es necesario renacer donde el corazón yace.

El silencio ruge la plegaria de la espera
y el alba abre su resplandeciente página
sobre la momia de un tiempo que no existió
y sin embargo hemos vivido.


En: “El hilo de oro”, Ediciones Último Reino, 1989.

Daniel Chirom (buenos Aires, 15 de mayo 1955 – 1 de diciembre de 2008).

jueves, 11 de noviembre de 2010

Daniel Chirom – Edgar Bayley y la administración de la palabra poética



EL POETA DE POETAS

Fundador de la revista Arturo y hacedor insoslayable, la obra de Edgar Bayley marcó, al igual que la de su admirado Girondo, un antes y un después en más de una rama de la cultura argentina.

En el verano de 1944, el poeta Edgar Bayley fundó la revista Arturo, puntapié inicial de dos movimientos que renovaron radicalmente el arte argentino: Poesía Buenos Aires y Arte Concreto-Invención. El primero, dirigido por Raúl Gustavo Aguirre, decididamente cambió la faz de la poesía vernácula; el segundo significó un giro de 180 grados en la plástica nacional, su originalidad cruzó las fronteras y dio artistas como Tomás Maldonado (hermano de Bayley), Arden Quin, Martín Blasco, Gyula Kosice y Julio Le Parc. Tomando en cuenta la importancia de lo reseñado y la decisiva influencia que Bayley tuvo en ello, no resulta desmedido afirmar que su aporte a la cultura argentina es fundamental.

Alberto Vanasco afirmó que "que hay una poesía argentina anterior a Bayley y otra posterior a él". Esto significa lo insoslayable de su presencia en la lírica contemporánea argentina que, de una u otra manera, acusó su impulso renovador, tanto a través de sus escritos teóricos como de su poesía. Recapitulando sobre sus orígenes, Bayley escribió: "Desde hace algunos años se ha venido cumpliendo en nuestro país un proceso en el que me ha tocado participar en alguna medida. El propósito -se puede enunciar ahora brevemente en mérito a la perspectiva que da el tiempo- fue liberar a la inocencia y la fluidez poética a través de una sostenida inteligencia. Había que ir a la poesía con los ojos abiertos. Era preciso enfrentar el sueño con la mirada vigilante. Inscribirse en mérito de la propia voz en el proceso contemporáneo de la poesía y seguir adelante, sin temor a ninguno de los riesgos a que deliberadamente nos exponíamos y podían aniquilarnos... No pienso yo que hayamos superado todos los riesgos. Creo, sí, que el proceso ha desembocado en una conciencia y una conducta poéticas, que han posibilitado la conquista de una poesía de existencia indudable".

Raúl Gustavo Aguirre, quien llamaba a Bayley "poeta de poetas", afirmó que su "actitud estética, asentada en una lúcida e inquebrantable sinceridad, tiene un valor señero para la joven generación". A ello habría que añadir su férrea ética que le impidió tener la mínima claudicación y que es, a la postre, la causante de su poca difusión. Y esto no es poca cosa en tiempos de indigencia.


En Cuadernos Invención 2 (1945) Edgar Bayley escribió, a modo de manifiesto, lo que sería la piedra angular del credo invencioncita: "... Los actos vitales, como las obras de arte, en cuanto experiencias prácticas, no pueden ser reemplazados por ningún signo, pero el individualismo acostumbrado a actuar y sentir en función de la opinión ajena, acostumbrado a descubrir y establecer relaciones de cosa a significación en todo lo que lo rodea, incluso en su propia conducta, exige que la obra de arte constituya un signo. Es por ello, que todo el gran Arte Representativo ha estado fundado en la mística del individuo. Pero ese arte y esa mística que han tenido su apogeo, llegan ahora a su fin. Los valores de comunión substituyen a los valores de diferencia, y la INVENCIÓN CONCRETA al Arte Figurativo. Inventar objetos concretos de arte que participen de la vida cotidiana de los hombres, que coadyuvan en la tarea de establecer relaciones directas con las cosas que deseamos modificar: esa es la finalidad perseguida por el invencionismo. La distancia que media entre la expresión y la invención es la misma que existe entre la separación y la comunión. Separarse es pensar contradictoriamente, es seguir y concebir la vida como una dualidad. La separación exige la expresión, busca o presta a cada cosa una significación antojadiza que tiende a debilitar el poder del hombre sobre el mundo. La imaginación y la fantasía del hombre han sido de este modo rebajadas de rango. La obra poética que intenta guardar, todavía hoy, una relación con algo distinto a ella misma, es una poesía muy débil que constituye una repetición. Agotado el poder de la novedad, y por ende, el valor estético de la Obra Figurativa, ha correspondido al llamado Arte Abstracto o, mejor aún, Arte Concreto, librar desde principios de siglo la batalla por la invención. Muchas veces el Arte Viejo se llamó a sí mismo Arte Moderno. Pero en verdad, sólo han sido modernos los movimientos que se propusieron la construcción de realidades estéticas desprovistas de toda significación; los demás no han sido otra cosa que hijos tardíos del romanticismo. La fantasía y el hecho gratuito son adversarios del Nuevo Arte sólo en la medida en que lleguen a transformarse en simbólicos. Si carecen de toda significación o justificación, constituyen la alegría que conduce a la comunión; importan, de hecho, realidades incontrovertibles y autónomas, ajenas a todo propósito de disentimiento o afán de diferenciarse".

Cualquiera que dé una ojeada a la historia de la plástica argentina, se podrá dar cuenta de la influencia que tuvo el invencionismo sobre, por ejemplo, el Arte No Figurativo (Ernesto Deira, Noé, Marta Peluffo, etc.). Según Juan Jacobo Bajarlía (que junto con Bayley dirigió la revista Contemporánea, 1948), "el Invencionismo es un término provisorio que indica la toma de conciencia, por parte del poeta, de la invención como estructura específica de la obra de arte". La obra de arte cobra autonomía, su existencia está justificada por sí misma y no por lo que representa. No viene a reemplazar nada sino que instaura una nueva realidad. El hombre (el poeta) es un ser creador capaz de competir con la naturaleza, crea objetos que se insertan en ella y que pueden ser iguales, superiores o antagónicos. Ello basado en la relación dialéctica que existe entre el hombre y el mundo. Se podría decir que el invencionismo lleva a la poesía el materialismo histórico. Además, toma elementos del creacionismo del poeta chileno Vicente Huidobro. Éste agrega al concepto de creación el de la voluntad. La poesía es una forma de conocer al mundo, de dominarlo. La imagen es así un hecho directo de la voluntad y no una vinculación entre dos términos (metáfora).

Tres décadas después del manifiesto invencionista, Bayley dijo que no pretendió instaurar ningún movimiento: "Ningún dogma. Lo que alguna vez hemos distinguido con la palabra invencionismo constituye una incitación útil pero prescindidle. Hemos afirmado algunos principios necesarios, en nuestra opinión, para encauzar el proceso de nuestra poesía, pero no hemos perdido nunca de vista el plano densamente humano, la proximidad tanto geográfica como espiritual donde se elabora y concreta una poesía". Con esta declaración, el poeta intentó descartar toda iniciativa que tendiera a encorsetar en una determinada forma lo que iría en contra de los principios que pregonaba.

En su ensayo Realidad interna y función de la poesía (1952), Bayley plantea una interacción dialéctica entre “estado de alerta" y "estado de inocencia" en cuanto a la aparición y plasmación del poema. "Por un lado estaría el impulso inicial de la experiencia, el estado de inocencia, el 'soñar despierto', el recurso onírico, el sueño, el inconsciente, el 'porque sí' , el deseo, los recuerdos de la vida personal y colectiva; de allí surgiría el material para la experiencia poética; y en el otro polo, donde ese material sería recibido, por así decirlo, se produciría un principio de viabilización verbal de todo ello; es decir, surgirían algunas palabras, algunos conjuntos de palabras que guardarían una cierta correspondencia, muy sutil, casi mágica, si me es permitido utilizar esta expresión, con el material venido del otro polo. Aquí, en el polo de alerta, donde sería recibido el material 'en bruto' proveniente del polo de la inocencia, se produciría lo que podría llamarla 'administración de la palabra poética". Existe de este modo, una forzosidad en el decir de cada poeta en cuanto lo que dice sólo lo puede decir de esa manera. Si no es así, la experiencia poética ha sido fallida y el poema no funciona como tal.

Daniel Chirom (1955-2008)
En Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí Nº 19 – 2009. Año XIV.
Foto: Jmp, detalle tapa revista El Jabalí 19.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Daniel Chirom – Edgar Bayley y la existencia del hombre


LA CLARIDAD

En Común (1949) es el primer libro de Bayley y el que refleja de forma ortodoxa el movimiento invencioncita. Los poemas poseen un lenguaje inventivo pero atado por una estricta vigilancia intelectual que, en algunos casos, les impide alcanzar vuelo lírico.

En 1961, bajo el título La vigilia y el viaje, edita su hasta entonces obra poética completa: En Común, La vigilia y el viaje y Ni razón ni palabra.

Este volumen, que es el fruto de 16 años de trabajo, muestra acabadamente su evolución poética. Los poemas, sin perder la vigilancia que supone el "estado de alerta", ganan en fluidez e inventiva y acceden a la plena existencia. Hay aquí textos memorables como "Es infinita esta riqueza abandonada", obra que se convertirá en una suerte de bandera para toda una generación. En "El poeta político", Bayley propone: “... es necesario intercambiar a la intemperie nuestras señales de reconocimiento con las cosas y con nuestros hermanos". César Fernández Moreno apunta que los poemas "presentan a primera vista el aspecto coherente y trabado del discurso lógico, para revelar de pronto que sus conjunciones, proposiciones y demás soportes gramaticales son algo así como una parodia en alto estilo del arte tradicional, bajo cuyo disfraz late una realidad sólo emocionalmente aceptable".

Entre 1963 y 1964 se publica la revista Zona de la Poesía Americana. Allí se nuclear poetas que siguen por la senda trazada por Bayley. Entre ellos podemos citar a Alberto Vanasco, Francisco Urondo, César Fernández Moreno, Miguel Brascó, Noé Jitrik y Ramiro de Casasbellas. De alguna manera, esta publicación es el fruto de la larga experiencia del autor de En Común ya que podemos hallar elementos del surrealismo, del invencionismo y del neoromanticismo, dando lugar a una poesía a la que se clasificó de "existencial".

En El Día (1969), según Daniel Freidemberg, Bayley realiza "la ruptura sintáctica de algunos textos" y pone en juego "la surreal jocosidad de ciertos poemas en prosa". Luego vendrá Celebraciones, que son poemas escritos entre 1968 y 1976 y que son incorporados a su Obra poética. La poesía de Bayley ha ganado un nuevo espacio, producto de la fusión de sus anteriores experiencias. Cada palabra es una obra poética y al encadenarse con las demás del poema, brindan un conjunto que sorprende no sólo en el nivel del sentido, sino también en el del fónico, aspecto al cual el poeta siempre le ha prestado especial atención. Si según Platón "descubrir es recordar", Bayley despliega ante el lector el mundo en su maravilla que, por obra de la gracia que vive en el poeta, vuelve a cobrar sentido o, si se lo prefiere, toma uno nuevo (hay que tener en consideración que en latín "descubrir" e "inventar" son sinónimos).

En Nuevos poemas (1981) el poeta nos sorprende con la enumeración de elementos de la vida cotidiana a los que otorga una nueva dimensión. Ejemplo admirable de ello es "La Sartén", un poema donde el lector descubrirá el asombro en aquello que realiza diariamente en forma mecánica, lo verá por primera vez como si nunca lo hubiese visto. Bayley propone "una mirada inocente" mediante la exposición casi "fotográfica" de los hechos y de los objetos.


Pero esta poesía está lejos del sencillismo. Su "frescura" proviene de un trabajo consciente con los elementos visuales, fónicos y con el poder revelador de la palabra. Estos elementos se profundizarán en Alguien llama (1983) donde, según Freidemberg, "sin hacer surrealismo, queda creado un espacio 'surreal', por ejemplo, cuando en "Un hombre trepa por las paredes y sube el cielo", lo absurdo -más exactamente lo desatinado- se hace natural por la presentación 'fotográfica' y sin énfasis de los hechos, un poco al estilo del mejor cine mudo. Otro poema ejemplificador de la altura alcanzada por el bardo es "La Claridad", donde logra conmover con su sencillez. Y es necesario volver a remarcar que aquí no hay que confundir esta palabra con simpleza. El vate, dueño de su lenguaje, logra trasmitir con "claridad" aquello que quiere decir. Esto sólo es posible cuando vida y obra se confunden en un mismo haz ("Claridad he querido para recorrer tantos sueños/ y glorias y poderes y dispersas situaciones y gentes y para estar en el aire sin ausentarme del fuego").

Párrafo aparte merece el personaje del Doctor Pi. Aquí Bayley despliega poesía y humor en historias que son protagonizadas por un personaje cuyo linaje entronca con el doctor Faustroll de Alfred Jarry y Pluma de Henri Michaux. Con su levitón, su sombrero de copa y su bastón, el doctor Pi transita por extrañas aventuras que no tienen principio o fin. Luego de leer cada historia, el lector se preguntará si el absurdo existía antes o después de la aparición de Pi. En el prólogo del libro, Enrique Molina afirma del doctor Pi que "sus motivaciones escapan a la miseria de lo inmediato, proceden tal vez de situaciones remotas, del ruido que hace una naranja al caer en la tierra, de cierta grieta que se alarga en un muro en el instante de derrumbarse. Su incoherencia pone en juicio nuestra lógica, hace sospechar una lógica más honda que se nos escapa ... ".

La poesía de Bayley afirma la existencia del hombre. Lejos de los gestos ampulosos, el suyo es un camino que se fue construyendo consciente de la responsabilidad que pesa sobre el poeta en nuestros días. Su voz es única y necesaria y abrió un camino, como el de su admirado Oliverio Girondo, por el cual aún transita la poesía argentina.


Daniel Chirom (1955-2008)
En Revista Ilustrada de Poesía El Jabalí Nº 19 – 2009. Año XIV.
Foto: Jmp, detalle tapa revista El Jabalí 19

lunes, 2 de noviembre de 2009

Daniel Chirom – Réquiem para Philip Marlowe


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RÉQUIEM PARA PHILIP MARLOWE

Queda la resaca de tanto café y cigarrillo,
el lejano fulgor de rubias y martinis más allá de toda madrugada,
las calles desiertas, un cuarto solitario, el dolor en la mandíbula.
Todo se reduce a balbuceos
cuando el cuerpo comienza a comportarse como una pesada carga
y los puños ya no responden.
Estás solo
de cara a las alcantarillas
viendo como tus frases sentenciosas resbalan por las cloacas
dejando entrever la sonrisa amarga del caso no resuelto.
Sabes que la alarma ha sido falsa,
tu propia imaginación exacerbada por tanta vigilia.
Después de haberte jugado la vida tantas veces
sobrevives en la ironía,
comprendes que aún no has visto el rostro de tu enemigo.

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En: “Candelabros”, Ediciones El Jabalí, 1994
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Daniel Chirom (Buenos Aires, 15 de mayo 1955 – 1 de diciembre 2008)
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PRESENTACION DE REVISTA EL JABALI

La revista ilustrada de Poesía El Jabalí viene ocupando, desde 1993, un lugar destacado en el ambiente a fuerza del respeto por la mejor tradición poética y una constante apertura no sólo hacia poetas poco conocidos o injustamente olvidados sino también hacia nuevas expresiones.
Desde hace más de quince años El Jabalí es editada ininterrumpidamente gracias al esfuerzo realizado por su creador Daniel Chirom, quien falleció en diciembre del año pasado habiendo dejado prácticamente listo el número 19 de la revista.
El Jabalí inaugura una nueva etapa de de la publicación bajo la supervisión del Consejo de Redacción -compuesto por Roberto Raschella, Delia Pasini y Juan Pablo Bertazza-, que intentará homenajear el destacado trabajo de Chirom de la manera que él mismo hubiera querido: realizándola

El número 19 de El Jabalí será presentado el jueves 5 de noviembre a las 19 hs en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Corrientes 1543), espacio Juan L. Ortiz, sala Laks, 3er piso.
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