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jueves, 14 de octubre de 2010

Concepción Bertone – Todos dicen que va a nevar en la ciudad


ESPERANDO LA NIEVE

a Glauce Baldovín, in memoria



Todos dicen que va a nevar en la ciudad.
Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,
algo raro y ligero porque
no sabríamos convivir con eso. El rostro
del otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve
lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras
de hielo y algo de la tempestad
que destruyó a los árboles. La tarde
se hizo noche y el cielo
me develó el humor de los pájaros, la tijera
de una bandada ruidosa
buscando dónde anidar.

Y nada
que no supiéramos –salvo volar-
nos pasa. La nieve
cae siempre en otra parte.

El derroche es una ley
del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre
hay tiempo, tibiezas
de Barragán antiguo, enaguas de jerga,
lienzos bordados por mi abuela
contra la guerra que,
en ese hacer sumida, florecía en la tela.
Flor rebelada contra la nieve
que había que cavar para ver la luz,
el suelo fangoso que dejaba la pala
enterrando la bala del cansancio
que le hizo estallar una noche
el corazón.

El tuyo, el de ella. Se supone cordial
la huella del pespunte, el hilván,
la mirada ciclópea de la aguja, lo que cava
la pala cuando siembra . El filo del papel
o del hilo. Se supone cordial
entre los yuyos donde se afila un lirio
no pisar su destino de cuchillo

salvando una parte
de un día de pesar
.

Del peso del avatar, de ese mal
expresado nombre
de lo adverso. Reverso
del candor, cuando te mata.

Del libro inédito “Esperando la nieve”. Para Aromito, poema leído en el teatro El Círculo, octubre 2010.
Concepción Bertone, Rosario, Argentina. Foto: Facebook.

Concepción Bertone – Una luz en la pupila, un punto iluminado, un asunto


ELEGÍA PARA JUAN MANUEL INCHAUSPE

Leva en la mirada oscura, navega
el pensamiento en la arruga del ceño, ceñida
como una vela al viento
la cabeza de Juan
en el perfil izquierdo de su cara.
La cabeza apoyada
sobre la mano derecha que rodea el mentón, el candado
del pelo de la barba, la herida
de la boca encerrada bajo el bigote. Alta.
La mano alada eleva la cabeza, la alza
por encima del cuello,
del cogote –como él decía–
sin perder la elegancia, en la elegía
de una vieja conversación: cerveza santafesina
en la mesa de la amistad tranquila, la mesa clara
de Saer y de Juan, en otra foto.

Pero en ésta leva una luz. La luz
de una expresión infusa en los sesos, del peso
inexpresado de eso en la mirada. No
el reflejo de un foco, ni el haz
que se astilla contra un cristal, detrás,
contra su nuca. No.
Una luz en la pupila, un punto iluminado, un asunto
rodeado de pura luz en la oscuridad de sus ojos. Algo
como el alma que no sabemos, el fuego que no inventamos,
el veneno vencido con el mismo veneno. Eso.
Misterio escayolado que en los huesos queda
y fulge en la osamenta su “furiosa estrella: Arturo,
el Centauro, la Osa....” nombres de fuego
dictados a otros hombres, dijo Juan. Acordado,
fiel
al eco de su voz, dijo: Combate y
Trabajo. Las palabras, de pronto, anclan
en su cabeza
donde la araña trama
la tela tensa del poema: “Que sea
la frialdad de los otros
lo que ha venido aquí
envolviendo mi cabeza,
empujándome.
¿Qué importa?”

¿Qué importa ahora
la cabeza de Juan, el medio cuerpo
en blanco y negro, el botón de la camisa,
la sortija de un mechón de cabello
apretado a la sien. Un recuerdo de él
en los diarios?

(No vivió para eso sino para los besos, los labios
que fueron sueños, sudarios, mortaja fluvial de los sueños,
epitafios de tantos, Tuñón)

“Todo arde”
Mi cuerpo solo en el desierto del colchón
donde siento que la muerte me abraza
más amorosamente que la vida. Para decir
estuve, estuve en tal pasión,
en tal recodo...


También, Juanele, el Juan
–para los íntimos– en esa fotografía
tomada por Courtalón,
sobre mi escritorio, me abrazaba
en su guía
como el faro que atrae a la tormenta,
y la ilumina, la enfrenta claramente
a los ojos. Esa luz. Y el despojo
de todo eso. La poesía, la vida. Aquello
de la creación que Saer definía como un complot: el lugar
donde se está montando una bomba. Una bomba
montada en el corazón de una esquina
en la que Juan José te cuenta:
para escribir “El limonero real” tardé nueve años
y a “Cicatrices” lo escribí en veinticinco noches. Esa luz
que no luce, que vela la rebelión, la pelea
velada del cuerpo. El apareo
de ese goce que nace del roce fugaz, de la rosa real
de lo narrado
. Como
cruzar a nado el vientre del Paraná
partido en dos por un trueno. Por
el filo calado del lamparón.
Y el ruido en el que se quema el río, es música....

(Esa luz, esa acústica. Un sonido abandonado al oído.
En el caracol del oído donde suena esa música. Esa
que no llegaba nunca y cuando llegaba
era seda acordada, cuerdas de un laúd magnífico. El oficio
y el arte, Juan)

Ahora,
roza la eslora de tu cara el fluir. Aflora
igual que el ahogado a otra orilla, el recuerdo:
y vive allí,
no en la mano amputada de aquel amor,
no en el abrazo de tu palabra camarada, sino
en el muñón enamorado de esa palabra.

Aquello

embelesado en la luz, atravesado por la luz
que leva en tu mirada, que navega
en esa luz primera y última: llama del ser
que fue de luz, ultimado
por ser de luz. Ahora

Se incendia
en la fugacidad de otra tarde, todo. Todo
arde, Juan. Porque esta hora
de decepción, que alimenta la rosa del porvenir

se pierde. No se besa. Se muerde
el amor. Se devora, se hurta, se harta. Se atiza
para morir de su fuego. Como el árbol del alcanfor, Juan.

Su llama no deja ceniza.


Del libro inédito “Esperando la nieve”. Para Aromito, poema leído en el teatro El Círculo, octubre 2010.
Concepción Bertone, Rosario, Argentina. Foto: Facebook.

jueves, 14 de enero de 2010

Concepción Bertone – Tres poemas de “Cuerpos de palabras”



INVIERNO

La mujer de la bata gastada
barre las hojas de la vereda ajena
a la mirada que la desnuda. Barre
una llamarada de hojas de fresno
y enciende un fósforo
para que el fuego
la apague.

               De: “Citas”, 1993


ESPERANDO LA NIEVE

               a Glauce Baldovín, in memoria

Todos dicen que va a nevar en la ciudad.
Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,
algo raro y ligero porque
no sabríamos convivir con eso. El rostro
del Otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve
lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras
de hielo y algo de la tempestad
que destruyó a los árboles. La tarde
se hizo noche y el cielo
me develó el humor de los pájaros, la tijera
de una bandada ruidosa
buscando dónde anidar.

Y nada
que no supiéramos –salvo volar–
nos pasa. La nieve
cae siempre en otra parte.

El derroche es una ley
del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre
hay tiempo, tibiezas
de Barragán antiguo, enaguas de jerga,
lienzos bordados por mi abuela
contra la guerra que,
en ese hacer sumida, florecía en la tela.
Flor rebelada contra la nieve
que había que cavar para ver la luz,
el suelo fangoso que dejaba la pala
enterrando la bala del cansancio
que le hizo estallar una noche
el corazón.

El tuyo, el de ella. Se supone cordial
la huella del pespunte, el hilván,
la mirada ciclópea de la aguja, lo que cava
la pala cuando siembra. El filo del papel
o del hilo. Se supone cordial
entre los yuyos donde se afila un lirio
no pisar su destino de cuchillo

y salvar una parte
de un día de pesar.

Del peso del avatar, de ese mal
expresado nombre
de lo adverso. Reverso
del candor, cuando te mata.

               De: “Esperando la nieve”, libro inédito


JUEGO DE CABALLEROS

He dejado ganar a contrincantes. He dejado
la estrategia y el ego, el egotismo, el juego
a un costado, en su costal variado
de nadas, vaciado de todo sentimiento
de lealtad. El billar es un juego
de caballeros y a veces de damas (Marechal)
Los he puesto en su lugar, su cobardía,
hasta la negra errada así: ex profeso. He
tocado más fino que los huesos la piel
de los cadáveres mezclados en
matanzas legales de civiles. He dejado ganar
a los más viles, para verlos ganar y derrotados.

               De: “Figuras de billar sobre la noche”, libro inédito


En “Cuerpos de palabras. Antología personal.” Editorial Casi Incendio La Casa, Buenos Aires, noviembre de 2009.



Concepción Bertone nació en Rosario el 23 de abril de 1947. Poeta, prosista y crítica literaria.
Foto: Concepción Bertone 

viernes, 23 de octubre de 2009

Aldo Oliva - “Un chamuyo misterioso me acorrala el corazón”



¿Los poetas nacen o se hacen?
No sé de ninguno que no haya nacido, pero sí sé
de algunos que nunca morirán.

A. Monterroso


Por Concepción Bertone


Ese verso (Un chamuyo misterioso me acorrala el corazón) del tango de Podestá y Rossi que Gardel estrenó en Montevideo y grabó en París en 1931, que cantaba Rivero y tocaba Piazzolla, es el título de un poema de Aldo Oliva. El disco de pasta gira hasta que se raya en la repetición de ese verso “como aferrao al rencor” de la estría, de la marca que limita un tiempo sin virtualidad, lejano, ajeno a este presente sin ellos. De pronto se fueron yendo uno detrás de otro, con prisa, sin pausa, como apurando el trago amargo de sus ausencias. Quedó la poesía, el eco de sus voces, y el hueco de la nobleza de sus almas, de sus personas colocadas ante sus obras y ante sí mismos. Quedó ese abismo que ellos dejaron, ese vacío inmenso de ética, de vida que avala una estética, de amorosa entrega humana. Quedó esa llama, esa fuente de luz que deseo acercarles, especialmente porque Beatriz Vallejos, Aldo Oliva y Glauce Baldovín, pertenecen a una generación excelsa de la poesía argentina y que por haber nacido y vivido en otras provincias más o menos alejadas de Buenos Aires, no han recibido en vida el reconocimiento que merecían, como tantos otros poetas argentinos. Suele suceder. Pero la poesía es esa vía del medio, esa senda que se encuentra y que se atraviesa sólo por la belleza del camino. Ese camino que lleva hacia el encuentro con una destinación que es el poema. Su música. Destino cimero, si los hay. Nos vemos al final o en el claro del bosque, y si se da, lo volvemos a recorrer juntos envueltos en el perfume de Aromito. Con Rivero o con Gardel, también con Piazzolla, la Negra Sosa, La Cruz del Sur, la Osa, Arturo, el Centauro. A veces el cielo parece quedar más cerca que la tierra. Más cierto. Más pleno.


Aldo Francisco Oliva nació en la ciudad de Rosario el 27 de enero de 1927. A los 18 años, recién recibido de Maestro Normal, consigue un traslado en su trabajo en el correo y se dirige a Buenos Aires, a estudiar Filosofía y letras. Pero el título lo obtiene mucho tiempo después, casi a los 50 años, y en la Universidad Nacional de Rosario, su ciudad natal, donde dictó cátedra hasta el año 2000, año de su fallecimiento (un 22 de octubre). En los `60, ya separado de la escritora argentina Noemí Ulla, dispersa la agrupación política en que militaba después del golpe de Estado de 1966, y comienza a coordinar grupos de estudio sobre la obra de Marx y de Hegel. En 1982 viajó a España de donde regresó muy rápidamente después de probar suerte. En 1986, la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario publica finalmente su primer libro “César en Dyrrachium”, que lo convierte en uno de los grandes poetas argentinos de los años 50, junto con Edgar Bayley, Francisco Madariaga, Hugo Gola y otros, quienes junto con Juan José Saer, fueron sus amigos entrañables.

Bibliografía:
“César en Dyrrachium” (Poesía. Premio Municipal de Poesía “Manuel Musto”), 1986; “De facinatione” (Poesía. Universidad Iberoamericana de México), 1997; “Ese general Belgrano y otros poemas” (Poesía. Editorial Bajo la luna nueva, Buenos Aires), 1999; “Una batalla” (Poesía. Editorial Aldebarán, Rosario), 2000; “Aldo Oliva. Poesía Completa” (Municipalidad de Rosario, Secretaría de Cultura y Educación), 2003; “El fusilamiento de Joaquín Penina” (Investigación del asesinato de Joaquín Penina), Barcelona, 2007.

Aclaración:
Los poemas incluidos es la última sección de “Poesía Completa” de Aldo Oliva como “Poemas discontinuos” fueron editados en el libro “Una Batalla…” en una sección con poemas fechados entre 1978 y 1996, pero luego de su aparición se ajustaron las fechas de algunos y se pudo ver claramente que se trata de un pequeño conjunto de textos desagregados de las ediciones que Oliva revisó. Por ejemplo, el poema “Sibarita (bar y restaurant)”, fechado en “Una Batalla…” en 1978, según un amigo del poeta _Luis Ortolani, que se reconoce en el verso “Luis, que quizás alcanzara / un lunes de piedad”_ es de 1972.

Esta aclaración está en el comienzo de “Poemas discontinuos” de su “Poesía completa”.
_

martes, 24 de marzo de 2009

“Voces de Vidas”. Poesía y memoria. 3


-
MÚSICA: PALOMITA BLANCA 1ª PARTE

-------------------------------------------------------- Lee (CAROLINA Donnatuoni)
MARÍA VIENE CON ESTELLAS EN EL PELO,
ella recién nacida de raza milenaria,
como si la empujaran los fantasmas furiosos,
aquellos mismos vientos, la llanura salvaje.

Pero lleva puestos su tapado y sus zapatos
vulgarmente modernos, para mentir que es buena,
perfecta occidental. Habla un buen español
para que no descubran su lengua vengadora.

María, que admitió mi mano blanca, sabe
que llevo, yo también una mascara: nombre
y apellido y corbata y algunos papeluchos
de acuerdo con las leyes, por hoy y mientras tanto,

seguiremos soñando poder amanecer
un día despeinados, desnudos y aborígenes,
salir y caminar por Nuestras avenidas
y saludar a gritos al resto de la tribu.
-------------------------------------------------- Texto (DANIEL O. FAVERO, detenido desaparecido)
-
MÚSICA: PALOMITA BLANCA 2ª PARTE

LLUVIA EN LA VILLA ------------------------- Lee (ANA María Haramboure)

afuera
el agua cae
de arriba para abajo
adentro
el agua sube
de abajo para arriba
-------------------------- Texto (ROBERTO J. SANTORO, detenido desaparecido)

-
CÁRCEL DEL PUEBLO ------------------------------- Lee (CARLOS Aprea)


ciudadano de la clase 39
factor rh negativo
comunica a la división de investigaciones
policiales antidemocráticas
haber descubierto una cárcel del pueblo
está ubicada cerca de mi casa
es la villa miseria
a la que da su espalda
la manufacturera algodonera argentina
sociedad anónima.
---------------------------------- Texto (ROBERTO J. SANTORO, detenido desaparecido)

-
MÚSICA: HOY VENGO A ENTREGAR MI CORAZÓN

¿QUÉ ALTURA PISÉ AHÍ? --------------------------- Lee (OMAR Musa)

Me pareció petiza mi ciudad.
Mi Paraná emotivo corría embarrancado
a lo largo del centro
y al final fluyó en su delta de barriadas de cine.

Delante de mis pasos iba el galgo del ansia
y un rastro de mujer me conducía
a una dicha olvidada.

De pronto, boquiabierto, me encontró
ante el presidio.
¿Qué altura pisé ahí,
tirado en la humedad, bajo la manta
que olía a otras angustias?.

Seguro que no fue cuando llenaron
la cárcel de escolares
y sacáronme adrede, para apagar las risas
y chocar con la triste mirada de mi pibe,
quien me colgó la mustia guirnalda del abrazo
y alejose, humillado.

¿Fue acaso en el banquito,
con mi Rosa de un lado y un milico del otro
cuando ví que salía entera de su cara
la lumbre del amor
y por fin divisé
tierra de eternidad?
--------------------------------------------- Texto (IMAR LAMONEGA, detenido desaparecido)
-
MÚSICA: FINAL HOY VENGO A ENTREGAR MI CORAZÓN

EL ÁRBOL -------------------------------------- Lee (GRACIELA Sandoval)

De la violenta madrugada
un hombre entra a su casa y el olor de sus hijos
le golpea la cara, los olvidos, la furia,
ahora cierra la puerta con doble llave
y se saca la gente, la ropa con cuidado,
apaga los gritos de la camisa
o los ojos del camarada que brillan en la cárcel
y oye cómo se mueve la ternura en la pieza,
bajo sus ramas dormirá todavía una noche,
bajo sus ramas yacerá cuando caiga.
------------------------------------------------- Texto (JUAN GELMAN)

-
DOCE ---------------------------------------------- Lee (OSCAR Vernales)

la tristeza es una figura de humo
muy cierta por cierto
la tristeza es una niña vestida de otoño
un encuentro común aunque no la busco
la tristeza es un pedazo de cielo tras la ventana pequeña de una celda
es morir y no ver el triunfo.-
-------------------------------------------------- Texto(CARLOS AIUB, detenido desaparecido)
-
MÚSICA: TONADA DEL VIEJO AMOR

EL HOMBRE LIBRE ----------------------------------------- Lee (LILIANA Perdomo)

Estaban los dos hombres en un calabozo.
- ¿Por qué estás preso? - preguntó uno.
- Porque soy libre - contestó el otro.
- ¿Y qué es la libertad?
- La libertad no existe, como no existe el hombre. Sólo existe el hombre hambriento y el hombre libre.
- ¿Y qué es ser un hombre libre?
- No decir y no hacer lo que los hombres libres quieren que uno diga y haga.
- ¿Y si te obligan?
El hombre libre se rió.
- Precisamente – dijo-, ahí está la fuerza del hombre libre. Nadie puede obligarlo a decir ni hacer lo que no quiere.
- Sin embargo – dijo el otro-, ahora, por ejemplo, te obligan a no estar con la mujer que amas.
- ¿Y quién te dijo – contestó el hombre libre- que no estoy con ella?
------------------------------------------------------------ Texto (DARDO DORRONZORO, detenido desaparecido)
-
MÚSICA: FINAL TONADA DEL VIEJO AMOR

LA VERDAD ES LA ÚNICA REALIDAD ------------------ Lee (OSCAR Vernales)

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el ángelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, pero
pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las
masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad como
la esperanza recatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar
lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.
------------------------------------------------- Texto (FRANCISCO URONDO, Junio de 1976)
-
NOTA XII ------------------------------------- Lee (ANA María Haramboure)

Los sueños rotos por la realidad
Los compañeros rotos por la realidad/
Los sueños de los compañeros rotos
¿Están verdaderamente rotos / perdidos / nada
se pudren bajo tierra? / ¿su rota luz
diseminada a pedacitos bajo tierra? / ¿alguna vez
los pedacitos se van a juntar?
¿va a haber la fiesta de los pedacitos que se reúnen?
Y los pedacitos de los compañeros / ¿alguna vez se juntarán?
¿caminan bajo tierra para juntarse un día como dice manuel? / ¿se
juntarán un día?
De esos amados pedacitos está hecha nuestra concreta soledad /
Per / dimos la suavidad de paco / la tristeza de haroldo / la lucidea de
/ rodolfo / el coraje de tantos
ahora son pedacitos desparramados bajo todo el país
hojitas caídas del fervor / la esperanza / la fe /
pedacitos que fueron alegría / combate / confianza
en sueños / sueños / sueños / sueños
y los pedacitos rotos del sueño / ¿se juntarán alguna vez?
¿se juntarán algún día / pedacitos?
¿están diciendo que los enganchemos al tejido del sueño general?
¿están diciendo que soñemos mejor?
--------------------------------------------------- Texto (JUAN GELMAN)

-
MÚSICA: ANA CANCIÓN INFANTIL

-------------------------------------------------------------- Lee (OSCAR Vernales)
YO NO QUISE SALVARME SINO DEL EGOÍSMO;
Quise hacer con mis venas una comunidad
De vida y esperanzas; quise amarte; luche
Para enterrar el odio y odié como un soldado

De la paz que no nace con su libertad única.
Comprobé los engaños fatales donde están
Sometidos millones de hermanos, milenarias
Tristezas donde duermen los dientes dominantes.

Comprobé la dulzura cuando fuiste mujer
De mis combates, cuando vi más allá
Mirándote, menuda, compañera infinita
Y descubrí la madre del hombre nuevo andando.

Yo no quise salvarme sino de la traición,
De la cobarde fuga, de la filosofía
De los desentendidos, cómplices del sepulcro;
Entonces, sus gatillos, sin querer, me salvaron.
--------------------------------------------- Texto (DANIEL O. FAVERO, desaparecido el 24 de junio de 1977)-
-
FOTO: Omar Musa.
-