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domingo, 7 de octubre de 2012

Antonio Cisneros, para hacer el amor



PARA HACER EL AMOR

Para hacer el amor 

debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca
de las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un techo
y entonces
la muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.


Antonio Cisneros. Perú, 
27 de diciembre de 1942 – 6 de octubre de 2012.
Foto: Difusión.

Antonio Cisneros, un perro y con las últimas lluvias



UN PERRO

Un perro. Un prado.
Un perro negro sobre un gran prado verde.

¿Es posible que en un país como éste aún exista un perro
negro sobre un gran prado verde?

Un perro negro ni grande ni pequeño ni peludo ni pelado
ni manso ni feroz.

Un perro negro común y corriente sobre un prado ordinario.
Un perro. Un prado.

En este país un perro negro sobre un gran prado verde
Es cosa de maravilla y de rencor.


CUATRO BOLEROS MAROQUEROS

1.-

Con las últimas lluvias te largaste
y entonces yo creí
que para la casa más aburrida del suburbio
no habrían primaveras ni otoños ni inviernos ni veranos.
Pero no.
Las estaciones se cumplieran
como estaban previstas en cualquier almanaque.
Y la dueña de la casa y el cartero
no me volvieron a preguntar
                 por ti.


2.-

Para olvidarme de ti y no mirarte
miro el viaje de las moscas por el aire
Gran Estilo
      Gran Velocidad
                Gran Altura.


3.-

Para olvidarte me agarro al primer tren y salgo al campo
Imposible. Y es que tu ausencia
tiene algo de Flora de Fauna de Pic Nic.


4.-

No me aumentaron el sueldo por tu ausencia
sin embargo el frasco de Nescafé me dura el doble
               el triple las hojas de afeitar.



Antonio Cisneros. Perú, 
27 de diciembre de 1942 – 6 de octubre de 2012.
Foto: Difusión.

Antonio Cisneros, desde temprano y el sol en las paredes



PARACAS

Desde temprano,
crece el agua entre la roja espalda
de unas conchas

y gaviotas de quebradizos dedos
mastican el muymuy de la marea

hasta quedar hinchadas como botes
tenidos junto al sol.

Sólo trapos
y cráneos de los muertos, nos anuncian

que bajo estas arenas
sembraron en manada a nuestros padres.

TARMA

El sol en las paredes, los tejados
meciéndose entre ramas,
la retama enredada en mi camisa,
mirlos en mis zapatos,
altas calles empedradas de eucaliptos
llegan hasta los cerros,
y sin embargo
las moscas y los muertos
no necesitan
higueras o retamas, ni esta sombra
de sauces apretados.


Antonio Cisneros. Perú, 
27 de diciembre de 1942 – 6 de octubre de 2012.
Foto: Difusión.

Antonio Cisneros, y en este patio, solo como un hongo, adónde he de mirar



DOS SOLEDADES

I- Hampton Court

Y en este patio, solo como un hongo, adónde he de mirar.
Los animales de piedra tienen los ojos abiertos sobre la presa enemiga ciudades puntiagudas y católicas ya hundidas en el río hace cien lustros se aprestan a ese ataque. Ni me ven ni me sienten. A mediados del siglo diecinueve los últimos veleros descargaron el grano. Ebrios están los marinos y no pueden oírme las quillas de los barcos se pudren en la arena.
Nada se agita. Ni siquiera las almas de los muertos número considerable bajo el hacha, el dolor de costado, la diarrea. Enrique El Ocho, Tomás Moro, sus siervos y mujeres son el aire quieto entre las arcadas y las torres, en el fondo de un pozo sellado. Y todo es testimonio de inocencia. Por las 10.000 ventanas de los muros se escapan el león y el unicornio. El Támesis cambia su viaje del Oeste al Oriente. Y anochece.

II. Paris 5e


"Amigo, estoy leyendo sus antiguos versos en la terraza del Norte.
El candil parpadea. Qué triste es ser letrado y funcionario. Leo sobre los libres y flexibles campos de arroz: Alzo los ojos y sólo puedo ver los libros oficiales, los gastos de la provincia, las cuentas amarillas del Imperio".
Fue en el último verano y esa noche llegó a mi hotel de la calle Sommerard.
Desde hacia dos años lo esperaba. De nuestras conversaciones apenas si recuerdo alguna cosa. Estaba enamorado de una muchacha árabe y esa guerra la del zorro Dayán le fue más dolorosa todavía. "Sastre está viejo y no sabe lo que hace" me dijo y me dijo también que Italia lo alegró con una playa sin turistas y erizos y aguas verdes llenas de cuerpos gordos, brillantes, laboriosos, "Como en los baños de Barranco". Y una glorieta de palos construida en el 1900 y un plato de cangrejos. Había dejado de fumar. Y la literatura ya no era más sus oficio.
El candil parpadeó cuatro veces. El silencio crecía robusto como un buey. Y yo por salvar algo le hablé sobre mi cuarto y mis vecinos de Londres. de la escocesa que fue espía en las dos guerras, del portero, un pop singer, y no teniendo ya nada que contarle, maldije a los ingleses y callé. El candil parpadeó una vez más. Y entonces sus palabras brillaron más que el lomo de algún escarabajo. Y habló de la Gran Marcha sobre el río Azul de las aguas revueltas, sobre el río Amarillo de las corrientes frías. Y nos vimos fortaleciendo nuestros cuerpos con saltos y carreras a la orilla del mar, sin música de flautas o de vinos, y sin tener otra sabiduría que no fuesen los ojos. Y nada tuvo la apariencia engañosa de un lago en el desierto. Mas mis dioses son flacos y dudé. Y los caballos jóvenes se perdieron atrás de la muralla, y él no volvió esa noche al hotel de la calle Sommerard. Así fueron las cosas Dioses lentos y difíciles, entrenados para morderme el hígado todas las mañanas. Sus rostros son oscuros, ignorantes de la revelación. "Amigos, estoy en la Isla que naufraga al norte del Canal y leo sus versos, los campos del arroz se han llenado de muertos. Y el candil parpadea".



Antonio Cisneros. Perú, 
27 de diciembre de 1942 – 6 de octubre de 2012.
Foto: Difusión.