martes, 25 de julio de 2023

FERNANDA GARCÍA LAO Levanto la sábana para entender




AVISO 

leer y escribir para no sentir el cuerpo 
es 
una forma de suicidio


HOMBRE SE MUERDE LA BOCA 

es tiempo de aletear 
sobre la boca de ella 
desbocada de sueño 
cada ojo guarda una pesadilla distinta 

el izquierdo: 
las pantuflas de mamá matan hormigas 
el despojo es una cáscara de maní crudo 
cierro 

el derecho: 
una mujer merienda gatos y ratones 
pelo de minino, risita helada 
pantalla de roedor 
abro 

desbocada de frío 
las manos crecen hacia adentro 
perforan el objeto 
el cuerpo produce simetrías y desorden 
me lleno de mí 

salto por encima de la cabeza de otro 
corro por su cabeza 
sueño por él 

si quedara encerrada en un cráneo 
para qué serviría 
vivir es igual: 
si me muevo no existo 

levanto la sábana para entender


CÓPULA 

la verdad tiembla tan desquiciada 
que nadie quiere mirarla 
la pisan 
y ella 
desnuda su alma tensa 
como la soga 
donde han de colgarla


GÉNEROS MORTALES 

embaucar al tierno cerdo 
que habita en cada uno, promesa 
de adivinación: he ahí la gran prueba 
la ficción mastica el cuero ingenuo 
con su infamia 
bífida 
de aleluya descreído, 
combate o bacanal: 
las manos del cuento se concentran 
en la garganta 
las piernas del poema golpean 
contra el estómago 
la novela es más lagarto, 
residual


SATORI 

cada ciudadano 
carga su final 

veo las sombras 
del destino en el suelo 

ayer entendí un poco: 
si me mato, te aniquilo


APRETADA 

ni una palabra para vos 
saldrá 
de esta boca viscosa 
imposible 
yeso 
de labios clausurados 
labios 
de otro 

mundo


ASIMETRÍA 

él dice que conoce a mi demonio 
y a pesar de todo se acuesta conmigo 
me quiere 
su demonio y el mío son tal para cual


TRAMPA 

casi caigo 
soy mi forma de cazar 
nunca me siento sola aunque esté 
bajo el agua 
no tengo fin, por ahora 
la distancia me espera a la vuelta 
de la esquina 
la que fui se fue, he llegado tarde a la cita 
el tiempo es 
una madriguera vacía


AUTORRETRATO 

me habito y deshabito 
como quien se pone una media 
corro mucho y llego a mí 
transpirada por el intento 

estoy en el jardín salvaje 
de mi alma 
alzada contra árboles irreales 
que rodean este encierro 

aves sin dientes se asoman 
locuaces pitidos agudos 
como estrellas sucias 
a veces, soy otra 

una mueca de dolor atraviesa la felicidad 
escupo palabras 
como alfileres de gancho 
un golpe de precisión 
me hiere la espalda


PRETÉRITO PERFECTO 

ayer escribí en mi cabeza unos versos 
que han sido borrados 
por la sentencia de este día gris y torpe 
ya nada 
ha quedado de aquel brillo 
mis neuronas me sepultan 
idiotas, como francotiradores de mi costado 
en vinagre 
yo, con salsa, me pierdo


JUEVES 3 

el dedo anuncia la tormenta 
tu mirada de whisky, de ocio 
y mi furia 
que avanza con un gesto 
hacia el borde de la cabeza 
el mundo gotea 

soy un balcón francés 
por el que tiro todo


COMPORTAMIENTO ASTUTO 

un roedor en la mesa 
me devora con su diente 
afilado 
ha dejado un surco desde el escondite 
hasta mi pecho 

ese instante 
soy yo 
vestida de veneno


A SÍ MISMA 

entró en estado de irrisión 
grácil como un látigo, el zapatito 
le sangraba en la boca 
ella se deslizó entera hacia adentro, como una idea 
de camino al revés 

con dirección a la entrepierna, nada se bifurca 
el músculo será festín o accidente


NO SUTURA 

miro la cicatriz voluptuosa que dejó el cuchillo 
o eras vos abriendo mi carne 

mi sangre se puso hermosa 
parecía un nacimiento sobre platos sucios  

me vestiste con cuidado y olía a alcohol  
el mundo  

era un tejido púrpura, la parte derramada 
ese juego inferior de la evidencia amorosa

subimos a un taxi porque la ciudad corría  
sin dirección 

después vi tus ojos en la puerta mientras me cosían 
tu mirada ahí  

como un dios gastado que cuida a su criatura 
y la salva del miedo  

miro la cicatriz 
y veo una especie de sonrisa en ese tajo que nos une




En Carnívora, Editorial de la Universidad de La Plata (Edulp), 2016 / 
Fernanda García Lao (Mendoza, Argentina, 6 de octubre de 1966) / Foto: FGL en FB / Selección: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

sábado, 22 de julio de 2023

ALFREDO LEMON Ahora, cuando el paladar todavía puede gozar las frutas




ANTE LA TUMBA DE GANDHI EN NUEVA DELHI

Con la muerte de un hombre,
agoniza Occidente.

Cada lágrima enseña una verdad.
Cada deseo demanda demasiado.

No eres un cuerpo
-frágil y débil ante el fin- 
sino una conciencia sedienta
erguida inmortal.

¿Cómo proclamar la paz, 
si el odio infectó los tronos de la tierra?

¿Cómo predicar humildad,
si el poder hipnotiza con sus garfios de oro? 

Tú, escritor: 
¿Darías la vida por una frase?
¿Te esforzarás por el poema?


A LA MUJER DE LA INDIA

Brilla la luna en su cuna de plata
y la luz asciende la espalda de la noche.

¿Te acordás cuando hicimos el amor en el río 
y recitábamos a Keats ?

"A thing of beauty is a joy forever".
Sí; rozar la belleza es un goce para siempre.

Déjame volver, recostarme en tu vientre
y esperar un nuevo día.

¿Estaremos juntos otra vez?
Maybe, perhaps, peut être.

Hartémonos de higos, duraznos y jazmines.

Me siento fluir como si soñara.

Lo eterno sucede y se adormece.


60 AÑOS 

Ahora, cuando el paladar todavía puede gozar las frutas,
en un momento en que las dudas parecen aquietarse,
oportuno resulta intentar un balance.

Pero: 
¿cómo decir la fugacidad 
mientras el acontecer sucede siendo?   

La vida dibuja nuestros rasgos
con rastros de memoria y arenisca.

Somos un soplo, una tiza en el viento del tiempo.

La máscara dice la verdad 
y el rostro miente.

La muchacha que baila a orillas del mar
será mañana la anciana que no podrá sostenerse.

Retorciéndose, el pensamiento sufre en secreto.

Las palabras también anochecen
y el color del olvido las cubre de negro.

Dios es un poema que no terminaré de escribir.


ALMUERZO CON JACOBO FIJMAN
 
¡Sí compañero!
Darse cuenta es una dádiva del ser
pero los otros no perdonan
 
El corazón se alimenta de efímeros prodigios:
arde en el dolor de un amor herido
 
El destino es un bufón que cambia sus hocicos 

Los personajes queda desnudo en medio de la ronda 

La vida es terrible en su magnífica fascinación 

La cordura cae en un aljibe al fondo del día 


LOS CONDECORADOS

Allí van los poetas oficiales
a buscar sus certificados
como quien aprobó sus últimas materias 

Y suben al escenario a recibir sus diplomas
mirando desde arriba a los demás 

 Patéticos, intelectuosos,
acumularon versos como quien junta figuritas 

¿Necesitan una rúbrica, un permiso para sentirse plenos? 

¿Quieren una medalla para asegurar posteridad? 

Cegados por sus ínfulas infladas 
olvidaron que la gloria es paupérrima 

¿Quién dará cuenta de las trampas, triunfos, infamias? 

Tú, poesía,
déjame sacar la sortija y dar otra vuelta en calesita 


ODA AL PARACETAMOL 

Párpados pétreos, 
                     tímpanos roídos, 
                                           ojos con púas. 

Cae tu cabeza cansada sobre una almohada baldía. 

El día es un bisturí punzando tu sosiego. 
  
La noche está llena de murciélagos. 

¿Hay algún remedio contra el tedio,  
                                  languidez del sinsentido?  

¿Podrías aliviar viejos traumas, rencores,
afirmarme en el arte del amor,
acercarme a la virtud? 

Aleja de mí toda tormenta, tormentos. 

Permíteme un ciclo sin mortificación. 

Hazme estable en mi bien. 

Encamíname hacia el propósito.


ESTO SÍ ES UNA PIPA

La mente se balancea entre lo abstracto y lo concreto.
Observar. Atender. Intuir.
Toda deriva es detalle, destello de una revelación. 

¿Qué merodeó por las cabezas de René Magritte,
Jean Paul Sartre, Günther Grass, Zygmunt Bauman?

Ideas, cuestionamientos, vigilias de la imaginación.

La celebración del sol
y la abolición de la razón rígida.

El trazo que cruza los misterios.

Porque cuando la realidad se agudiza, se desborda
y al concentrarse, expande todo lo otro.

Resulta difícil discernir una verdad intacta,
retirar la confusión, lo irrelevante.

Y entonces, súbitamente, nada necesita explicarse.

¿Esto es una pipa?
Sí, una silueta dibujada en la página.
Una respiración que divaga. 
Un talismán que redacta.
Un objeto poético que permite el placer 
y el extravío.


En 23, Ediciones Barnacle, Buenos Aires, 2023 / Gracias Alfredo por el envío de tu libro / Selección y fotos: jmp / 
Alfredo Lemon (Córdoba, 1960) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

jueves, 13 de julio de 2023

STIG DAGERMAN Matar a un niño




MATAR A UN NIÑO 

     Es un día apacible y el sol cae oblicuamente sobre los campos. Como es domingo, no tardarán en repicar las campanas. Entre dos campos de centeno, dos jóvenes han encontrado una senda por la que no han pasado nunca y en los tres pueblos de la llanura relucen los cristales de las ventanas. Los hombres se afeitan delante de espejos colocados en la mesa de la cocina y las mujeres cortan canturreando el bizcocho para el café, y los niños, sentados en el suelo, se abrochan los justillos. Es la mañana feliz de un mal día, porque este día un hombre feliz va a matar a un niño en el tercer pueblo. Todavía está el niño sentado en el suelo abrochándose el justillo y el hombre que está afeitándose dice que hoy va a dar una vuelta remando río abajo y la mujer canturrea y pone el bizcocho recién cortado en una fuente azul. 
     No se cierne sombra alguna sobre la cocina y, sin embargo, el hombre que va a matar al niño está junto a un surtidor de gasolina rojo en el primer pueblo. Es un hombre feliz que mira a través de una cámara y en el cristal ve un pequeño coche azul y junto al coche una joven riéndose. Mientras la chica se ríe y el hombre hace la hermosa fotografía, el vendedor de gasolina enrosca la tapa del depósito y dice que van a tener un buen día. La chica se sienta en el coche y el hombre que va a matar a un niño saca la cartera del bolsillo y dice que van a ir al mar y que cuando estén en el mar van a pedir prestada una barca y van a remar hasta muy adentro. A través de las ventanillas bajadas la chica sentada en el asiento de delante oye lo que él dice, cierra los ojos y cuando cierra los ojos ve el mar y al hombre a su lado en la barca. No es en absoluto un hombre malo, está contento y feliz y antes de montarse en el coche se queda un instante delante del radiador que centellea al sol y goza del brillo y del olor a gasolina y a cerezo aliso. No cae sombra alguna sobre el coche y el brillante parachoques no tiene la menor abolladura y tampoco está rojo de sangre. 
     Pero al mismo tiempo que el hombre del primer pueblo cierra la portezuela de la izquierda del coche y lo pone en marcha, la mujer del tercer pueblo abre el armario de la cocina y no encuentra azúcar. El niño que se ha abrochado el justillo y se ha atado los zapatos está de rodillas en el escaño mirando el río que serpentea entre los alisos y la barca negra varada sobre la hierba. El hombre que va a perder a su hijo ha terminado de afeitarse y está plegando el espejo. En la mesa están las tazas, el bizcocho, la nata y las moscas. Lo único que falta es el azúcar y la madre le dice a su hijo que vaya corriendo a casa de los Larsson a pedirles unos terrones. Y mientras el niño abre la puerta el hombre le grita que se dé prisa porque la barca está esperando en la orilla y van a remar más lejos que nunca. Cuando el niño luego corre por el jardín va pensando todo el tiempo en el río y en la barca y en los peces que tropiezan y nadie le dice en voz baja que sólo le quedan ocho minutos de vida y que la barca se quedará donde está todo ese día y muchos otros días. 
     La casa de los Larsson no está lejos, sólo hay que cruzar la carretera, y mientras el niño la cruza corriendo, el pequeño coche azul entra en el segundo pueblo. Es un pueblo pequeño con pequeñas casas rojas y gentes que se acaban de despertar y están en la cocina con la taza de café en la mano y ven pasar a toda velocidad, por el otro lado del seto, el coche que deja una gran nube de polvo tras de sí. Va muy rápido y el hombre del coche ve desfilar los manzanos y los postes de telégrafo recién embreados, como sombras grises. El esplendoroso verano entra por la ventanilla, ellos dejan el pueblo atrás a toda velocidad, van bien y seguros por el medio de la carretera y están solos en ella –todavía-. Da gusto conducir completamente solos por una carretera lisa y ancha y en la llanura se va todavía mejor. El hombre es feliz y fuerte y con el codo derecho siente el cuerpo de su mujer. No es, en absoluto, un hombre malo. Tiene prisa por llegar al mar. Sería incapaz de hacerle daño a una mosca y, sin embargo, pronto va a matar a un niño. Mientras se acercan rápidamente al tercer pueblo, la chica vuelve a cerrar los ojos y juega a que no va a abrirlos antes de que puedan ver el mar y sueña al compás de los suaves tumbos del coche con lo brillante que estará.
     Y es que la vida está construida de manera tan despiadada que un minuto antes de que un hombre feliz mate a un niño, el hombre es todavía feliz, y un minuto antes de que una mujer grite de espanto puede cerrar los ojos y soñar con el mar y en el último minuto de la vida de un niño, los padres de este niño pueden estar sentados en una cocina esperando azúcar y hablando de los blancos dientes de su hijo y de una vuelta en barca, y el niño mismo puede cerrar una verja y empezar a cruzar una carretera con unos terrones de azúcar envueltos en un papel blanco en la mano derecha y durante todo este último minuto no ver nada más que un largo y brillante río con grandes peces y una barca ancha con remos silenciosos. 
     Después todo es demasiado tarde. Después hay un coche azul atravesado en la carretera y una mujer que grita se quita la mano de la boca y la mano sangra. Después un hombre abre una portezuela y trata de mantenerse en pie aunque lleva un abismo de terror dentro de sí. Después hay unos blancos terrones de azúcar esparcidos de cualquier manera entre sangre y grava y un niño yace inmóvil boca abajo con la cara violentamente aplastada contra la carretera. Después dos personas pálidas que aún no han podido tomarse el café llegan corriendo a través de una verja y ven un espectáculo en la carretera que jamás olvidarán. Porque no es verdad que el tiempo cura todas las heridas. El tiempo no cura la herida de un niño muerto y cura muy mal el dolor de una madre que ha olvidado comprar azúcar y manda a su hijo que cruce la carretera para pedirlo prestado e igual de mal cura la angustia del hombre, antes feliz, que le ha matado. 
     Porque quien ha matado a un niño no va al mar. Quien ha matado a un niño vuelve a casa despacio en silencio y lleva a su lado a una mujer muda con la mano vendada y no ven una sola persona alegre en ninguno de los pueblos por los que pasan. Todas las sombras son muy oscuras y cuando se separan siguen en silencio y el hombre que ha matado a un niño sabe que este silencio es su enemigo y que va a necesitar años de su vida para vencerlo gritando que él no tuvo la culpa. Pero sabe que es mentira y en los sueños de sus noches lo que desea es recobrar un único minuto de su vida para hacer diferente ese minuto único. 
     Pero la vida es tan despiadada con quien ha matado a un niño que todo después es demasiado tarde.


En El hombre desconocido, Nórdica, España, 2014 (Título original: Nattens lekar / Vårt behov av tröst, Stig Dagerman, 1947 / Traducción: Juan Capel) / 
Stig Dagerman (Suecia, 5 de octubre de 1923 - 4 de noviembre de 1954) / Fotos: jmp / 
Escribe Juan Capel en el prólogo: 
“Stig Dagerman murió una mañana de noviembre de 1954. Se encerró en el garaje de su casa, arrancó el motor del coche y esperó a que los gases tóxicos hicieran el resto. Tenía treinta y un años y ponía fin así a una brillante y meteórica carrera literaria. Dejaba una obra de reconocido éxito y calidad: cuatro novelas, un libro de viajes, numerosos relatos, varias piezas de teatro e innumerables artículos de prensa y reseñas de crítica literaria. 
Aunque la práctica totalidad de su obra testimonia un fundamento temático unitario, refractario en principio a cualquier criterio selectivo o clasificatorio, los traductores de este volumen hemos escogido veinticinco de sus relatos operando sin más guía que la dictada por nuestro propio gusto y preferencias, y los hemos reunido, salvedad hecha del primer relato, en estricta secuencia cronológica, es decir, en el orden en que fueron publicados, pero tratando de abarcar en todo momento las alternancias de punto de vista y de tratamiento que Stig Dagerman aplicó al meollo fundamental de su obra literaria.
Stig Dagerman nació en 1923 en Älvkarleby, una localidad rural a 110 km al norte de Estocolmo y a orillas del Dalälven, el río que delimita las provincias del norte y del centro de Suecia. Allí se crió al cuidado de sus abuelos en una granja del campo y allí mismo, en el pueblo, cursó estudios de primaria. A pesar de la ausencia de sus padres, Stig Dagerman gozó al parecer de una infancia bien atendida que, sin embargo, le dejó una marcada impronta. A Stig Dagerman le tocó vivir el ocaso definitivo de toda una era, el último suspiro de una cultura y de un país eminentemente agrícola y campesino, la Suecia de «los caballos y los tozudos», a decir de Olof Lagercrantz, la Suecia de los sembradíos ganados palmo a palmo, a punta de hacha y barreno, al bosque y al granito. 
Siendo ya un adolescente, se trasladó a Estocolmo para cursar el bachillerato. En la capital vivió con su padre, cantero empleado en el servicio de obras del ayuntamiento, de quien adquirió su ideario y militancia anarquista. Años después, al cabo de sus estudios y de ciertas experiencias y sucesos, cobró plena conciencia de su vocación e identidad de escritor y se propuso sin titubeos el quehacer inmediato de su razón creativa: escribir el libro de sus ausencias, el libro de sus muertos. 
(…) Hay un tema, no obstante, que recorre y preside toda su obra y, en realidad, toda su vida. Se trata de la solidaridad como idea suprema, principio ético y compromiso responsable. Stig Dagerman pudo saborear la dicha de la solidaridad desde niño, en medio de los estragos de la Gran Depresión. En algún lugar cuenta que toda su infancia fue un interminable convoy de pordioseros. En este contexto merece especial mención su solidaridad con la España republicana y con los represaliados de la dictadura franquista. Su casa fue lugar de encuentro de numerosos antifascistas y miembros de las Brigadas Internacionales. Se casó de hecho con una joven alemana, Annemarie Götze, cuya familia había recalado en Suecia después de haber huido de España, tras la Guerra Civil, y de Francia y Noruega por motivo de la ocupación alemana. 
En la vida cultural y política de Suecia, la solidaridad con España constituye un gran capítulo aparte, aún no escrito, que se extendió a lo largo de cuatro décadas. A Stig Dagerman le cabe el honor de haber sido, con su pluma e iniciativas, uno de sus primeros impulsores. 
Tal vez pudiera afirmarse que Stig Dagerman, quién sabe si consumido por su propio fuego, fue más que ningún otro el intérprete de los elementos de angustia, desconcierto y desesperación de una generación. Pero su comprensión y humildad fueron mayores cuanto más profundizó, con empatía y sensibilidad, en el laberinto del dolor y la angustia. Eso pretende expresar este pequeño poema suyo que ojalá pueda servir como colofón de su obra y destino.” / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

miércoles, 12 de julio de 2023

MILAN KUNDERA La vida está en otra parte





     Cuando la madre del poeta se preguntaba en qué lugar había sido concebido el poeta, sólo cabían tres posibilidades: un banco de un parque nocturno, una tarde en casa de un amigo del padre del poeta, o una mañana en un romántico paraje junto a Praga. 

     Cuando se formulaba la misma pregunta, el padre del poeta llegaba a la conclusión de que el poeta había sido concebido en casa de su amigo, porque aquel día había tenido muy mala suerte. La madre del poeta no quería ir a casa de su amigo, se enfadaron dos veces, se reconciliaron dos veces. Cuando estaban haciendo el amor alguien abrió la puerta en la casa de al lado, la madre se asustó, dejaron de hacer el amor y terminaron de hacerlo más tarde con un nerviosismo compartido al que el padre achacaba la culpa de la concepción del poeta. 

     Pero la madre del poeta no admitía en absoluto la posibilidad de que el poeta hubiera sido concebido en una casa ajena (estaba desordenada, con el desorden típico de los solterones, y a la madre le daba vergüenza aquella cama a medio hacer, sobre cuya sábana yacía un pijama ajeno arrugado) y rechazaba también la posibilidad de que hubiese sido concebido en el banco del parque, donde había aceptado hacer el amor de mala gana y a disgusto, porque le asqueaba que precisamente en esos bancos hicieran el amor en el parque las putas. Por eso sabía perfectamente que el poeta sólo podía haber sido concebido aquella soleada mañana de verano tras la gran roca que, al lado de otras, sobresale patéticamente en el valle al que suelen ir a pasear el domingo los praguenses. 

     Este escenario es el adecuado para la concepción del poeta por muchas razones: bañado por el sol del mediodía es escenario de luz, no de sombras; de día y no de noche; es un sitio en medio de un ambiente natural abierto, sitio por tanto de vuelo y alas; además, aunque está un tanto cerca de los últimos edificios de la ciudad, es un paisaje romántico, lleno de pedruscos que emergen de un terreno salvajemente modelado. Todo esto le parecía una imagen elocuente de sus anteriores vivencias. ¿No había sido su gran amor por el padre del poeta una rebelión romántica contra el carácter prosaico y conservador de sus propios padres? El valor con que ella, hija de un rico comerciante, había elegido precisamente a un pobre ingeniero que acababa de terminar su carrera, ¿no tenía un íntimo parecido con aquel paisaje indómito? 

     La madre del poeta había vivido entonces un gran amor, y nada puede cambiar el desengaño que llegó sólo dos semanas después de aquella hermosa mañana tras la roca. En efecto: cuando alegremente emocionada anunció a su amante que hacía ya varios días que no llegaba la indisposición íntima que todos los meses le amargaba la vida, el ingeniero, con una indiferencia hiriente (aunque a nuestro juicio fingida e insegura) afirmó que se trataría seguramente de un insignificante fallo del ciclo vital que, con seguridad, no tardaría en volver a su benéfico ritmo. La mamá intuyó que su amante no quería participar en sus esperanzas y alegrías, se ofendió y no volvió a dirigirle la palabra hasta que el médico le comunicó que estaba embarazada. El padre del poeta dijo que tenía un amigo ginecólogo que la libraría con discreción de sus preocupaciones y la madre se echó a llorar.  ¡Conmovedor final de sus rebeliones! Primero se había rebelado contra sus padres en nombre del joven ingeniero y luego huyó en busca de sus padres, en demanda de ayuda contra él. Y los padres no la decepcionaron; se reunieron con él y le hablaron con sinceridad y el ingeniero, comprendiendo quizá que no tenía escapatoria, no puso reparos a celebrar una boda por todo lo alto y aceptó sin protestar una buena dote que le permitió montar su propia empresa constructora; sus pertenencias, que cabían en dos maletas, las trasladó a la casa en la que su joven esposa vivía con su familia desde que nació. 

     Pero la rápida rendición del ingeniero no pudo ocultar a la madre del poeta que la aventura a la que se había lanzado con una inconsciencia que le había parecido maravillosa, no era el gran amor compartido al que ella, en su opinión, tenía derecho. El padre poseía dos prósperas droguerías en Praga y la hija era partidaria de las cuentas claras; si ella lo había puesto todo en su empresa amorosa (¡estuvo incluso dispuesta a traicionar a sus propios padres y a aquella tranquila casa!) quería que la otra parte ingresara en la caja común igual cantidad de sentimientos. En su pretensión de rectificar ahora la injusticia, quería sacar de la caja de los sentimientos lo que había puesto en ella y le ofrecía al marido, después de la boda, un rostro altivo y severo. 




En La vida está en otra parte, Libros Tauro (Título original: Zivot je jinde, primera edición 1972). /  Traducido del checo por Fernando de Valenzuela. / 
Milan Kundera (Brno, ex Czechoslovakia, 1 de abril de 1929 - París, 11 de julio de 2023) / Foto: jmp / 

domingo, 9 de julio de 2023

YORGOS SEFERIS Debajo del castaño




DÍAS DE JUNIO DEL 41 

Asomó la luna nueva en Alejandría 
llevando la luna vieja en sus brazos 
mientras caminábamos hacia la Puerta del Sol 
con el corazón sombrío -tres amigos. 

¿Quién quiere ahora bañarse en las aguas de Proteo? 
Buscamos la metamorfosis en nuestra juventud 
cuando los deseos jugaban como grandes peces 
en mares que se evaporaban repentinamente; 
creíamos en la omnipotencia del cuerpo. 
Y ahora asomó la luna nueva abrazada 
a la luna vieja; con la hermosa isla herida 
y sangrando: la isla apacible, la isla fuerte, la inocente. 
Y los cuerpos como ramas quebradas, 
como raíces arrancadas. 
                                       Nuestra sed 
como un centinela ecuestre petrificado 
en la oscura Puerta del Sol 
nada sabe ya pedir: vigila 
desterrada aquí alrededor 
junto a la tumba de Alejandro Magno.


HELENA 

TEUCRO: …a la tierra de Chipre, en medio del mar, donde 
Apolo dispuso mi nuevo hogar. La llamaré Salamina, 
en memoria de mi isla, de mi patria perdida. 
HELENA: Jamás estuve en Troya: fue un simulacro. 
EL MENSAJERO: ¿Qué dices? 
¿Entonces hemos sufrido por una nube? 
Eurípides, Helena 

“Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.” 

Tímido ruiseñor, escondido en la respiración de las hojas, 
tú que regalas la frescura musical del bosque 
a los cuerpos separados y a las almas 
de aquellos que saben que no regresarán. 
Ciega voz, que tanteas en la memoria nocturna 
pasos y gestos, no me atrevería a decir besos; 
y la amarga agitación de la furiosa cautiva. 

“Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.”  

¿Qué es Platres? ¿Quién conoce esta isla? 
He pasado mi vida oyendo nombres desconocidos: 
nuevos lugares, nuevas locuras de los hombres 
o de los dioses; 
                           mi destino, que oscila 
entre el último golpe de la espada de un Ayax 
y una nueva Salamina, 
me trajo aquí a esta playa. 
                                          La luna 
surgió del mar como Afrodita; 
ocultó las estrellas de Sagitario, va ahora a encontrar 
el corazón de Escorpio, y todo lo cambia. 
¿Dónde está la verdad? 
Yo también fui arquero en la guerra: 
mi destino, el de un hombre que no dio en el blanco. 
Ruiseñor, juglar, 
en una noche como ésta en la playa de Proteo 
te escucharon las esclavas espartanas y prorrumpieron en lamentos, 
y entre ellas -quién diría- ¡Helena! 
Aquella que perseguimos durante años junto al Escamandro. 
Estaba allí, al borde del desierto; la toqué, me habló: 
“No es verdad, no es verdad”, gritaba, 
“No entré en la nave de proa azul. 
Nunca pisé la valiente Troya”. 

Con el cóncavo corpiño, el sol en los cabellos y aquel talle, 
sombras y sonrisas por todas partes, 
en los hombros en los muslos en las rodillas; 
fresca la piel, y los ojos 
de largas pestañas, 
estaba allí, a orillas de un Delta. 
                                                 ¿Y en Troya? 
En Troya nada -un simulacro. 
Así lo quisieron los dioses. 
Y Paris se acostaba con una sombra como si fuera un cuerpo sólido; 
y nosotros matamos durante diez años por Helena. 

Un gran dolor había caído sobre Grecia. 
Tantos cuerpos arrojados 
a las fauces del mar, a las fauces de la tierra; 
tantas almas 
entregadas como trigo a la piedra de los molinos. 
Y los ríos se henchían de sangre y de lodo 
por una onda de lino por una nube 
por el aleteo de una mariposa por un plumón de cisne 
por una túnica vacía, por una Helena. 
¿Y mi hermano? 
                         Ruiseñor ruiseñor ruiseñor 
¿Qué es un dios? ¿qué no es un dios? ¿y qué entre los dos? 

“Los ruiseñores no te dejan dormir en Platres.”  

Ave llorosa, 
                  en Chipre la besada por el mar 
donde fue dispuesto que me acordara de la patria, 
anclé sólo con esta fábula, 
si en verdad esto es fábula, 
si en verdad los hombres no volverán a morder 
el viejo cebo de los dioses; 
                                         si en verdad 
otro Teucro, después de años, 
o algún Ayax o Príamo o Hécuba 
o algún desconocido, alguien anónimo, que sin embargo 
vio un Escamandro rebosante de cadáveres, 
no tiene en su destino oír 
al mensajero que viene a decir 
que tanto dolor tanta vida 
fueron al abismo 
por una túnica vacía por una Helena.


EURÍPIDES, ATENIENSE 

Envejeció entre el fuego de Troya 
y las canteras de Sicilia. 

Le gustaban las cuevas en la playa y las pinturas marinas. 
Vio las venas de los hombres 
como una red donde los dioses nos prendían como fieras: 
trató de romperla. 
Era hosco, tenía pocos amigos; 
vino el tiempo y los perros lo despedazaron.


TRES POEMAS SECRETOS (Fragmento)

I


¿Qué río fangoso nos arrebató? 
Permanecemos en el fondo. 
La corriente pasa sobre nuestra cabeza 
dobla las rígidas cañas. 

Debajo del castaño 
las voces se convirtieron en guijarros 
y los niños los arrojaron.



En Seis poetas griegos, Ediciones Colihue, 2000 / Selección, prólogo y traducción directa del griego de Horacio Castillo (Ensenada, 28 de mayo de 1934 - La Plata, 5 de julio de 2010) / 
Yorgos Seferis (Smyrna, Grecia, 29 de febrero de 1900 - Atenas, 20 de septiembre de 1971) / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

martes, 4 de julio de 2023

HUGO TOSCADARAY Qué puede darte un poeta



ELLA Y LOS DÍAS

¿Pero qué puede darte un poeta? Le dije.
Mientras con un dedo yo me sostenía de una raíz diminuta 
oscilando en el borde del acantilado.

Sí. Qué puedo darte con mi trabajo de encantador de serpientes.

Qué puedo darte en medio de una realidad que el mundo sacraliza
si siempre he vivido saltando entre los huecos igual que las arañas.

¿La otra realidad? ¿Mi lirismo? 
¿Visiones de lo imposible?

Qué puedo darte. ¿Imágenes? 
¿El poder blasfematorio que agitaba el surrealismo?

¿La persecución tenaz e inútil de lo más inasible puedo darte?

¿Mi cíclope, que con su ojo demoledor intenta atravesar todas las cosas 
y poco lo consigue? 

¿El niño que me habita? ¿Eso puedo darte?

Ella nada dijo. Y caminamos.


LOS OTROS NOMBRES

1.

Hablo de un árbol bajo cuya sombra hubo el estallido
la turbación, el fracaso.

Un árbol, su tronco, que mis manos arañaron mil veces
por no poder ni rozar el verso inaccesible. 

Y el incendio en los ojos y la lengua 
o la desesperación del poema derrumbado
esa misma que como un cimbronazo de la cintura de Ayesha
atravesaba las sienes.

Y en el centro de todo: ese árbol.
Un árbol llamado Vallejo
inapelable y firme. 

Un árbol imposible
erigido entre una piedra blanca y otra negra.


2.

Cada huracán es bautizado tras la hecatombe
de modo tal que a su regreso pueda ser nombrado.

Y el huracán Rimbaud llegó por única vez. 
Pero arrancó las cosas de tal forma 
que los hombres olvidaron cómo era todo antes de su llegada crujiente. 

Tras la devastación, el silencio. 
Una hoja escrita es ahora arrastrada por el viento. 
Una hoja que anuncia la revuelta.


3.

Hay una selva cuyo nombre es Perse.

Esta selva contiene un misterio más grande que todas las selvas. 
De esta selva se sabe dónde empieza pero jamás dónde termina.

¿Esta selva acaso es infinita? 
¿O simplemente ocurre que al acercarnos a sus límites 
ella crece y crece más allá del horizonte? 

Yo estuve perdido en esta selva. Años y años girando. 
Comiendo de sus frutos generosos. 
Durmiendo al amparo sensual de sus palmeras. 
Jugando con los monos y con los guacamayos. 


PAGODAS

1.

Al tío Ho le gustaba conversar con los niños bajo la sombra de las esterillas. 
Les hablaba de reyes decapitados, de príncipes traidores,
del dragón de los arrozales que incendiaba la cabellera de los impiadosos.
De las largas caravanas que trasladaban mágicas piedras y animales increíbles.
De los bandidos tumultuosos que asolaban las aldeas y de su contra cara:
Los pícaros contrabandistas que -siempre generosos-
aplacaban el hambre de los viejos y claro, también, la sed de las muchachas.

Al tío Ho le gustaba conversar con los niños bajo la sombra de las esterillas. 
¡Y cómo reía el tío Ho con la risa de esos niños! 

 Al tío Ho -ahora el poeta Ho Chi Min- le gustaba conversar con los niños 
bajo la sombra de las esterillas a pesar de los bombardeos y el napalm. 

Años después, aquellos niños ya hombres, 
supieron que bajo la sombra de las esterillas 
habían estado escuchando el trino venidero. 


2.

Yukio Mishima ingresó en el pabellón dorado 
buscando la huella del samurái perdido.

Yukio Mishima solía decir que añoraba el pasado porque amaba el futuro. 
Él sabía -o al menos presentía- que esa huella 
lo llevaría hasta la barba misma de las tradiciones más puras 
que su gente dolorosamente había olvidado.

Yukio Mishima comprendía o se esforzaba por imaginar 
que con esa búsqueda su pueblo recobraría la felicidad.

Yukio Mishima -ahora el poeta Yukio Mishima- 
ingresó en el pabellón dorado buscando la huella del samurai perdido
y encontró la rebelión y mudó en harakiri.


OTRAS ARENAS

En la jaula de la hoja: el poema.
Encierro que libera.

*

Existe la ausencia de sonido pero no el silencio. Todo es lenguaje.

*

La prosa es el camino hacia algo inalcanzable.
El verso, el atajo.

*

¿Qué es más veloz: una Harley Davidson o la palabra “antílope”?

*

Podría ser Pegaso. Pero no.
El poeta es un caballo con las alas para adentro.

*

En la iridiscencia de la piedra o en el limonero despojado:
La llave de las revelaciones.

*

Poema, chispa inesperada
en medio de la batalla entre el bostezo y las moscas.




En Elogios o las alucinaciones del derrumbe (Ediciones Homo Ludens, 2015) / Selección de jmp / Fotos: HT en FB / 
Hugo Toscadaray “nació (el 26 de agosto) en la ciudad de Buenos Aires en 1957. Ha trabajado en el puerto de Buenos Aires. Fue publicista, vendedor de perfumes sofisticados, fundidor de iniciativas comerciales, burócrata y coordinador de talleres literarios en centros culturales y en la Universidad Nacional de San Luis. Ejerce el periodismo. Alterna su residencia entre su ciudad natal y un bello pueblo de provincia.” Falleció el 3 de julio de 2023. Hasta siempre poeta. 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

sábado, 1 de julio de 2023

HILDA DOOLITTLE Te envío esto




EN BAIA

Debí haber imaginado
en sueños que traerías
algo encantador, peligroso,
orquídeas apiladas en una gran caja,
como quien dijera (en un sueño)
te envío esto,
yo que dejé sin besar
las azules venas de tu garganta.

Pero qué fue que tus manos
(que nunca tomaron las mías),
tus manos que yo podía ver 
deslizarse sobre las corolas de las orquídeas
tan cuidadosamente,
tus manos, tan frágiles, que de seguro levantarían
tan suavemente el frágil elemento floral;
ah, ah, cómo fue

Que nunca enviaste (en un sueño)
la forma misma, el perfume mismo,
no pesado, no sensual,
pero peligroso…  peligroso… 
de las orquídeas apiladas en una gran caja,
y por debajo envuelta en un brillante pergamino
alguna palabra:

Flor enviada a una flor;
para manos blancas, pétalos menos blancos
y menos encantadores,

o

de amante a amante, ningún beso,
ningún contacto, sino eternamente esto.


     AT BAIA 

     I should have thought
     in a dream you would have brought
     some lovely, perilous thing,
     orchids piled in a great sheath,
     as who would say (in a dream),
     I send you this,
     who left the blue veins
     of your throat unkissed.

     Why was it that your hands
     (that never took mine),
     your hands that I could see
     drift over the orchid-heads
     so carefully,
     your hands, so fragile, sure to lift
     so gently, the fragile flower-stuff -
     ah, ah, how was it

     You never sent (in a dream)
     the very form, the very scent,
     not heavy, not sensuous,
     but perilous -perilous- 
     of orchids, piled in a great sheath,
     and folded underneath on a bright scroll,
     some word:

     Flower sent to flower;
     for white hands, the lesser white,
     less lovely of flower leaf,

     or 

     Lover to lover, no kiss,
     no touch, but forever and ever this.


En Poesía norteamericana contemporánea, Editora Distribuidora Argentina, Buenos Aires, 1976, edición bilingüe, versiones de William Shand y Alberto Girri / A Lis Enderson que me recordó el poema /  
(H. D.) Hilda Doolittle (Bethlehem, Pensilvania, Estados Unidos, 10 de septiembre de 1886 - Zúrich, Suiza, 27 de septiembre de 1961) / Foto: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-