sábado, 23 de septiembre de 2017

Ileana Malancioiu, Que la muerte lo invada a través de mí


AVE DEGOLLADA

Me apartaron los mayores, según es costumbre,
No sea que olvide el horror del ave sin cabeza,
Tras una puerta, encerrada, la escucho
Mientras se debate y agoniza.

Hago girar el pestillo aflojado por el tiempo,
Para huir y olvidar lo que oía,
Este estertor en el que el cuerpo corre
Todavía en pos de la cabeza.

Y me estremezco cuando, fulminados de terror,
Sus ojos giran hasta quedar en blanco,
Se asemejan a granos de maíz
Que otras aves buscan, picoteando.

Tomo en una mano la cabeza y en la otra el resto,
Los intercambio cuando llega el tedio,
Hasta que no hayan muerto, que sigan unidos
Al menos de este modo, con mi cuerpo en medio.

Y, sin embargo, la cabeza muere antes,
Como si no estuviera bien cortada,
Y para que el cuerpo no se revuelva solo
Espero a que la muerte lo invada a través de mí.


Tomado de Jonio González (Buenos Aires, 1954. Reside en España), que nos aclara: En "Miniaturas de tiempos venideros: Poesía rumana contemporánea", Vaso Roto, Madrid, 2013. Edición y traducción de Catalina Iliescu Gheorghiu. Imagen: Jeffrey Harp. Ileana Malancioiu (Godeni, Rumania, 23 de enero de 1940).
Poemas de Jonio por acá: Acá.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Joaquín Giannuzzi, Pienso en la oscura poesía



EL INSECTO

Herido en vuelo, golpeado por un desequilibrio
en el orden violado
un insecto cae en mi mesa desde el jardín.
He aquí una agonía, un acorde final
alertando mis verdades.
Un espasmo en el abdomen
estriado de azul y oro, las alas que se tornan
mortecinas, lentamente agitadas por un resto
de instinto aéreo, las patas que se abren
como pinzas sin porvenir
hacia una tensión insoportable.
Lo fortuito ha completado una obra mortal
y me lo advierte cuando todavía
hay luz en el jardín. ¿Puede significar algo
una vida librada al puro accidente?
Pienso en la oscura poesía de la caída sin ley,
en el confuso y enfermo destino de mi época
incubando la bala que aún no me alcanzó,
la existencia respirando en lo casual,
el síncope detrás de la puerta.



De Principios de incertidumbre, 1980. En Obra Poética, Emecé, 2000.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 29 de julio de 1924 – Campo Quijano, Salta, 26 de enero de 2004). Foto: Jmp

lunes, 18 de septiembre de 2017

Daniel Giribaldi, La maravilla y el milagro



RETORNO EN EL MÁS ALTO CERRO

     Pero retornas, húmeda la risa, fresca
la voz y clara la presencia lejana; pero
retornas dando sentido a este rumor que brota del poema
cuando menciono el agua
que corre allá debajo y que te nombra,
el sol, que pesa menos; el aire
interesado en todo lo que vive,
en la ternura de las bestias,
en el yacer paciente de las piedras,
en las distantes lámparas que alumbran y presiden nuestro día.

     Hay un jirón de luz en cada espina
y la sierra está ahora más cerca
del corazón de la mañana, la tierra
tiene alas en el vado, el arroyo
va cantando a morir. Las bocas ávidas de octubre
absorben su frescura y en el cielo gira
una noria de pájaros.

     Hoy es feriado en la tristeza. Las abejas
trabajan sus seis horas y expiran. La estación se descalza
y cumple su ritual, talla
su aguamarina el trino y hay pedazos de cielo en los charcos.
Todo reafirma tu presencia, en tanto
el arco de tu voz en el recuerdo dispara y recupera
los domingos del tiempo.

     Pliegan las nubes su extenuado velamen, fragatas
celestes navegan este azul que te proclama. Lejano,
un camino
mira pasar rebaños de horas extenuadas, un carro
que conduce tardes muertas, el frágil ataúd de la dicha.
Pero retornas, y aunque el recuerdo es cárcel
de doradas columnas verdes, borra
las cicatrices de encuentros no tenidos, de voces
que no nos fueron reveladas.

     Hablo de lo ideal, naturalmente, de nacimientos
que no se produjeron, de partidas registradas tan sólo
en la novela cursi que el día desbarata
y de esta persistencia en la gracia, que vuelve
cuando vuelves y que se va
Cuando te alejas, o de este vano
tenerte en un poema, cuando la vida
a un paso de este pie,
torna azules los cerros a lo lejos,
al par que nos mantiene
maduros aún para la maravilla y el milagro.



En: Diez poemas de amor, Ediciones Poesía Buenos Aires, 1956.

Daniel Giribaldi (Diógenes Jacinto Giribakdi, Buenos Aires, 1930 – 1984). Foto: Jmp

martes, 12 de septiembre de 2017

Miguel Grinberg, La necesidad de creer




CREER

Creer
con la mirada con los dientes con la tarde
entre las agujas sobre los espejos horizontales y el ocio
después de la letra adelante despacio yendo como bengalas
promesas conjeturas diseminadas porque no cuesta nada
antes del miedo  en la vasta inservibilidad del fraseo
Ninguna parte del todo cumple las funciones de la unidad
pero está la piel con su vaticinio incoloro y su multitud
están las habituales criaturas de la imaginación famélica
qué bello el azar y caminar sin saber por qué pero caminar 
porque las piernas y la calle y las muchachas y el olor
de los árboles y ninguna pregunta para
adormecer el pretencioso reclamo del poema y no hay muerte capaz de amedrentar al fuego y al corazón cuando gime y al sueño cuando se descuelga con su cargamento
Así desconozco lo que no quiero conocer y sé lo que deseo
saber y poseo los inapreciables frutos de los tesoros
que nadie aprecia y no hay cadena capaz de aprisionarme
y no hay muerte capaz de silenciar mi silencio así en la
tierra como en la carne así en la luz como en la sombra
así en el mar como en la ciudad  
porque creo y no conozco
el sí y tampoco el no
y porque nada espero
de todo dispongo
y porque anhelo todo
sis aprisionarlo
no te retengo
no me acorralás
y nos poseemos como
felices insatisfechos
en la vigilia
porque creemos
que no hace falta creer
porque creamos
la necesidad de creer.



En revista Barrilete, nueva época, año 5, nº1, octubre de 1968. Directores: Alberto Costa y Carlos Patiño.
Miguel Grinberg (Buenos Aires, 18 de agosto de 1937). Foto: Jmp. Archivo de la talita dorada.