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viernes, 3 de octubre de 2014

Eduardo Romano, Me decían sentate al lado de la loca



LA LOCA

Me decían sentate al lado de la  loca
y dale cuerda.
La loca, a todas horas
destrozada,
y después -si existe algún después
bajo las ruedas-
dibujaba muñecos en el vidrio,
cantaba letras sucias,
daba pena,

Me decían recitale a la loca
tus poemas.
La loca consumía
el café más amargo con leche
y apagado.
Se sonaba los huesos
traqueteados en camas informes
o en baldíos,
se daba una medida de esperanza.

Sentada en un rincón,
lucía las bananas podridas del sombrero,
un perfume bien rancio, recocido,
su careta de humo,
su cuello pergamino.
Me decían conversá con la loca
de la vida en orsai,
de su hijo roto.

La loca masticaba estampitas lentamente
preguntando si el sol
seguía afuera
o lo habían llevado, en bandeja,
hasta su cuarto.
Me decían con guiños, por lo bajo,
explicale a la loca que está muerta.


De “Entrada prohibida”, 1963. En: “El `60 Poesía Blindada”, Los Libros de Gente Sur, 1990.-
Eduardo Romano (Avellaneda, 1938).-

Foto: ER, s/r.