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domingo, 30 de diciembre de 2018

DIANA BELLESSI Abren el cortejo al Pueblo entero



MURGA

a los Funebreros de San Martin
y a los Viciosos de Villa Martelli

Tierra
Palpitar del parche en la planta
del pie
Destello
Resuello rozando el estandarte
el terciopelo
Palpitar del parche
sagrado
Músculo tendón
torsión del hueso
sagrado
omóplato tendón
fémur
pelvis antebrazo
Expulsión de sangre
resuello
destello
dentellada de la muerte
que come el cuerpo
contorsión
sagrada
Aleteo de diablos
mariposas en el pecho
palpitar de tetas
tatuadas
por el mar potente
de lentejuelas
Terror del golpe
que invade el hueso
Hombro/antebrazo
brazo/falange
golpeando el vientre
el bombista truena
                           llama
                           entra al centro
                           de la tierra
                           el fuego
bolas de fuego/inflamadas
en el aire
             tragafuegos
piel aceitada de la cara
el pecho
             contorsión de las piernas
como llamas en el aire
                            Atrás !
                            que el aire quema
                            de terror sagrado
                            Atrás!
                            los oficiantes llegan
                            con el orden férreo
                            del caos/desplazándose
                            Atrás!
                            las mascotas
querubines de la muerte niña
                            avanzan
con su gesto de gracia por la calle cercada
Acrobacia
Expulsión del otro
encerrado en mí
Cara y contracara
agita el funebrero su ataúd
el murguero entrelazado
a la danza del bailarín mayor: el grupo
de danzantes sometidos
de terror del golpe
que invade el hueso
Sobre la testa
penachos de cortadera
alas
de la inmensa máscara
el cuerpo entero
una máscara
menear preciso
seguido apenas por la larga capa
leopardo rozando el polvo
de sudor rociado
Vírgenes intocables
travestis sobre el altar
                                  la calle
Y sólo atrás
las muchachas
morenas de ceñidas piernas
pies caderas hombros tetas
derramar del brillo
en millones de lentejuelas
satén tafeta
la espalda tensa
el arco antiguo
carcaj cargado
fantasma
desnudas caras
altivas y violentas
cierran el cortejo
Abren el cortejo
al Pueblo entero
devorado
por el terror del golpe
el bombo/que invade el hueso
sagrado.


En Eroica, Libros de Tierra Firme / Ediciones Último Reino, Buenos Aires, Argentina, 1988.
Diana Bellessi (Zavalla, provincia de Santa Fe, 11 de febrero de 1946). Foto: Jmp

lunes, 7 de agosto de 2017

Diana Bellessi, Tener un jardín, es dejarse tener por él y su eterno movimiento de partida




Hay un fulgor mediado
por el sueño
un descenso
a la raíz que toca
tierra
y su estela de rojos
vivos que el aire lleva
otoño del paisaje
y de mi vida
Dejarse ser
es hacer
una acción que contempla
ido y porvenir:

aura de hojas
no visibles
en la vara de mayo

el pequeño fresno
vigía.




He construido un jardín como quien hace
los gestos correctos en el lugar errado.
Errado, no de error, sino de lugar otro,
como hablar con el reflejo del espejo
y no con quien se mira en él.
He construido un jardín para dialogar
allí, codo a codo en la belleza, con la siempre
muda pero activa muerte trabajando el corazón.
Deja el equipaje repetía, ahora que tu cuerpo
atisba las dos orillas, no hay nada, más
que los gestos precisos -dejarse ir- para cuidarlo
y ser, el jardín.
Atesora lo que pierdes, decía, esta muerte
hablando en perfecto y distanciado castellano.
Lo que pierdes, mientras tienes, es la sola compañía
que te allega, a la orilla lejana de la muerte.

Ahora la lengua puede desatarse para hablar.
Ella que nunca pudo el escalpelo del horror,
provista de herramientas para hacer, maravilloso
de ominoso. Sólo digerible al ojo el terror
si la belleza lo sostiene. Mira el agujero
ciego: los gestos precisos y amorosos sin reflejo
en el espejo frente al cual, la operatoria carece
de sentido.

Tener un jardín, es dejarse tener por él y su
eterno movimiento de partida. Flores, semillas y
plantas mueren para siempre o se renuevan. Hay
poda y hay momentos, en el ocaso dulce de una
tarde de verano, para verlo excediéndose de sí,
mientras la sombra de su caída anuncia
en el macizo fulgor de marzo, o en el dormir
sin sueño del sujeto cuando muere, mientras
la especie que lo contiene no cesa de forjarse.
El jardín exige, a su jardinera verlo morir.
Demanda su mano que recorte y modifique
la tierra desnuda, dada vuelta en los canteros
bajo la noche helada. El jardín mata
y pide ser muerto para ser jardín. Pero hacer
gestos correctos en el lugar errado,
disuelve la ecuación, descubre páramo.
Amor reclamado en diferencia como
cielo azul oscuro contra la pena. Gota
regia de la tormenta en cuyo abrazo llegas
a la orilla más lejana. I wish you
were here amor, pero sos, jardinera y no
jardín. Desenterraste mi corazón de tu cantero. 


 

En: Primer Plano, Suplemento de cultura de Página/12, 20 de diciembre de 1992. De: El jardín, 1992.

Diana Bellessi (Zavalla, provincia de Santa Fe, 11 de febrero de 1946). Foto: Jmp

viernes, 3 de marzo de 2017

June Jordan, En este árbol


POEMA INVOCANDO A TODAS
LAS MINORÍAS SILENCIOSAS

HEY

VENGAN
SALGAN

DONDE QUIERA QUE ESTÉN

NECESITAMOS REUNIRNOS
EN ESTE ÁRBOL

QUE NO HA SIDO
PLANTADO
TODAVÍA


POEMA CONTRA UNA CONCLUSIÓN

Estos poemas
son cosas que hago
en lo oscuro
buscándote
quien quiera que seas
¿estás
listo?

Estas palabras
son piedras en el agua
corriendo lejos.

Estas líneas esqueléticas
son brazos desesperados para mi anhelo y mi amor.

Soy una extranjera
que aprendo a reverenciar los extranjeros
a mi alrededor

quien quiera que sea
quien quiera me vuelva yo.


En: Contéstame, baila mi danza. Seis poetas norteamericanas. Selección, versión y notas: Diana Bellesi, Ediciones Último Reino, 1984.
June Jordan (Harlem, Nueva York, EEUU, 9 de julio de 1936 – Berkeley, California, 14 de junio de 2002). Foto: Jmp

viernes, 27 de enero de 2017

Ursula K. Le Guin, Había en la piedra una palabra


6. LA MÉDULA

Había en la piedra una palabra.
Quise descifrarla,
mazo y punzón, cincel y pico,
hasta que la piedra sangró,
y aún no supe oír
lo que la piedra dijo.

La arrojé junto al camino
entre cientos de piedras
y al volverme gritó
la palabra en mi oído,
y la médula de mis huesos
escuchó, y respondió.


18. PARA LA CASA NUEVA

Que esta casa se llene con olores de la cocina
y con sombras y juguetes y nidos de ratones
y rugidos de furia y cascadas de lágrimas
y hondos silencios sexuales y sonidos
de origen misterioso nunca explicados
y tesoros y regalos y miles de desechos
y un flujo como un viento cálido pero más lento
soplando las hojas de los árboles y libros y años
de pez de la vida de un niño revoloteando plateados
rápido, rápido en la lenta ráfaga incesante
que ondula las cortinas un momento
todos esos años desde ahora, hacia atrás.
Que puedan los umbrales y los marcos bendecidos
bendecir a cada paso.
Que puedan los techos pero no los cuartos conocer la lluvia.
Que las ventanas conozcan claramente
la rama y la flor del manzano.
Y que podáis estar en casa
como la música está en el instrumento.


20. DÍAS DE SEDA

La proa del bote asomándose cerca
de los capullos, o una ancha guadaña que
barre los terrenos del fondo, o
el husmear del gato en un pliegue:
me lo recuerda. Me gusta
hacerlo
bien, suave,
las mangas dobladas finamente.

Planchar huele a planchar.
No se parece a
nada. No necesita
un símil.
Tiene su propio equipaje.

Mi tía abuela me enseñó:
rociador, enrollar por media hora,
el siseo de prueba con el dedo húmedo,
golpeteo suave al dobladillo y
cuidado con el cuello.
En diez minutos, sobre una plancha a rodillo
podía hacer una camisa de etiqueta.
Puede ser un arte.

Supo ser un arduo trabajo,
sin tiempo, todo algodón, todos los niños.
Ahora voy en seda,
Emperadora de China, lavo y plancho
cuando quiero,
lo gozo, lo hago
bien, un buen trabajo,
voy tranquila,
suave como seda.



De: Silk Days. En: Gemelas del sueño / The Twins, the Dream, edición bilingüe, Norma, 1998.
Ursula Kroeber Le Guin (Berkeley, California, 1929). Diana Bellessi (Zavalla, provincia de Santa Fe, 1946). Foto: Jmp

lunes, 3 de mayo de 2010

Juan Gelman – Los 80 del maestro, 2


Juan Gelman cumple hoy 80 años
_
DIANA BELLESSI - LARGA VIDA A SU JUVENTUD

¿Cómo perderse decir algo sobre Gelman una vez más? A los sesenta se sabe que cumplir ochenta no significa nada, la edad te la dan los otros y ante ellos uno sonríe, sonríe aceptándola mientras bracea en la inmensidad como a los veinte... pero ahora viéndola. La inmensidad de la vida en la que te levantás día a día para vivirla, y la inmensidad del poema siempre esquivo y del que no se sabe nada, viniendo o no, y frente al cual, Gelman responde como un niño ante esa realidad que llega nueva siempre. Están los que dejan de escribir, los que se repiten, y los que te sorprenden con algo no pensado antes. Estos permanecen vivos en la escritura, el poema los resucita cada vez como a un poeta que parece sin edad, y a esa clase pertenece Gelman.

El que empezó a leerlo en la década de los 60 y lo abandonó en algún tramo de su vida, que vuelva ahora, a sus últimos libros, y verá que aquel Gelman es otro. Y el que nació después, que empiece por donde quiera, lo sentirá tan contemporáneo y tan misterioso en lo que hace como a cualquiera de su edad, sin que el bronce de los premios lo haya tocado siquiera. Porque el poeta sabe eso anónimo y secreto que es el poema, sabe que sigue vivo si encuentra algo que no halló antes, si parece casi no tener los instrumentos para representarlo, y así, en esa realidad de lenguaje que es el poema, pensamiento y emoción bailan un baile nuevo. Así es Gelman a los ochenta: larga vida a su juventud...

En: Página/12, 3 de mayo de 2010

sábado, 20 de febrero de 2010

Diana Bellessi – Acceso a la imagen



ACCESO A LA IMAGEN

I
Entrar

¿Secreto bosque
en continuo estado
presente?

¿Figura al acecho
hojas que fulguran
en la cautiva luz

en la sombra
que las asedia?

Entrar

Al desorden
de una zona
antípoda

Carnal su centro

Carnal el sueño
que la alude
persigue
a ciegas

Aquí

El arcaico felino
salta

Su sombra inmóvil
que nunca posa
sobre la presa

Entrar

Pesado cuerpo
deseado
me desangra

Fauce a
fauce carnal
nos degollamos

y estoy adentro

Dame
dame la imagen
completa

II
Descansa sobre su cuerpo
Un surco
de sangre fino
desciende
bajo la seda áspera
de la piel barcina

Ojo

Destello fijo
que ciñe
un nuevo imperio

Ignoto

III
La escena se reconstruye
Detrás del puma
hay otro puma
Sin secuencia
temporal
en el fragor inmóvil
de las hojas

Late
Tambor vacío
en el silencio

Soy la primera que
penetra aquí
y aquí entró
la especie entera

¿Qué hay detrás?

¿Cuando deje acaso
de elegir a salvo
la rosa ingenua del día?




En Eroica, Ediciones Último Reino / Libros de Tierra Firme, 1988
Diana Bellessi (Zavalla, provincia de Santa Fe, 1946)