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martes, 11 de septiembre de 2012

Carlos Aprea y las Madres en XI Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos



UN CUERPO BAILA

a Hebe

en el silencio oscuro un cuerpo baila,
baila y despliega luz como un recuerdo
viejo como el cuerpo que baila,
baila y no hay frenesí y no hay urgencias,
crece su luz
en soledad y desplegando goce
en el silencio de un desconocido disfrute,
alumbra y se ilumina el cuerpo viejo
en danza con la vida,

y con la danza llueve ahora,
llueve sobre el rostro,
brota una lluvia de años contenida
sobre cada surco del rostro,
en soledad y en silencio,
humedad que calma
y es promesa de vida,
de continuidad de la vida,
de reverdecer

el cuerpo que es recuerdo
festeja desde el viejo dolor,
sonríe en calma con la vida,
en paz con su recuerdo,
un asesino menos queda libre
un poco de justicia sobre la tierra.


De: La intemperie, 1999.


.
El silencio no es salud”. Texto leído en el Foro 35 años de vida, pasión y lucha de Madres. La lucha de las Madres como hecho poético. Participantes: Julián Axat, Jorge Quiroga, Demetrio Iramain y José María Pallaoro. “XI Congreso de Salud Mental y Derechos Humanos” organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo y la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. La Plata, 6, 7, y 8 de septiembre de 2012.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

José María Pallaoro – 20 poemas y una camisa hawaiana


Esta tarde, a las 19 y 30 hs., el administrador de este blog junto a Julián Axat y Lalo Painceira, estamos presentando el nuevo libro de Carlos Aprea en la Asociación Judicial Bonaerense, calle 50 entre 9 y 10 de La Plata.

ACERCA DE “LA CAMISA HAWAIANA” DE CARLOS APREA
Publicado en diario Diagonales de La Plata, hoy, 1.12.10

martes, 30 de noviembre de 2010

Carlos Aprea – Poema II


Fragmento del poema II del libro “La camisa hawaiana”.


Libros de la talita dorada / Colección Tatuaje en el viento presenta “La camisa hawaiana” libro de poemas de Carlos Aprea. El encuentro es el miércoles 1 de diciembre a las 19:30 en la Asociación Judicial Bonaerense, calle 50 entre 9 y 10 de La Plata. Participan: Julián Axat, Lalo Painceira, José María Pallaoro y el autor. Lectura de poemas y vinito de honoris causa. Los esperamos.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Carlos Aprea – Poema IX


Fragmento del poema IX del libro “La camisa hawaiana”.


Libros de la talita dorada / Colección Tatuaje en el viento presenta “La camisa hawaiana” libro de poemas de Carlos Aprea. El encuentro es el miércoles 1 de diciembre a las 19:30 en la Asociación Judicial Bonaerense, calle 50 entre 9 y 10 de La Plata. Participan: Julián Axat, Lalo Painceira, José María Pallaoro y el autor. Lectura de poemas y vinito de honoris causa. Los esperamos.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Carlos Aprea – Poema XVI


Fragmento del poema XVI del libro “La camisa hawaiana”.

Libros de la talita dorada / Colección Tatuaje en el viento presenta “La camisa hawaiana” libro de poemas de Carlos Aprea. El encuentro es el miércoles 1 de diciembre a las 19:30 en la Asociación Judicial Bonaerense, calle 50 entre 9 y 10 de La Plata. Participan: Julián Axat, Lalo Painceira, José María Pallaoro y el autor. Lectura de poemas y vinito de honoris causa. Los esperamos.

miércoles, 16 de junio de 2010

Carlos Aprea – Conociendo gente se viaja y otros poemas


Foto: Carlos Aprea. Archivo de la talita dorada

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CONOCIENDO GENTE SE VIAJA

A no desesperar,
conociendo gente se viaja.
Resulta más barato, soporta
cualquier crisis,
evita pandemias y pestes planetarias,
y te ahorra lidiar con las fobias
del transporte.
Hay un solo detalle, sin embargo,
que puede arruinar todo:
si alguien viaja contigo, te conocerá.

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JUSTICIA LENTA NO ES JUSTICIA

Diez años
sentado en el umbral.
Y nada.

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MÚSICA DE FONDO

Sí señor,
lo escucho perfectamente,
no quiero agregar nada
ni quiero interrumpirle,
prosiga, es tan relajante su monólogo,
ya casi estoy dormido.

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MÚSICA DE FONDA

Quién dijo que estoy solo
en esta mesa
otra vez
todas sus voces beben
y ríen conmigo.

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MÚSICA DE FRONDA

Mis dedos son diez
hábiles barquitos,
discurren animados
por tu Delta de Venus.


De “Política líquida y otras plaquetas”,
Libros de la talita dorada, 2009

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Carlos Aprea nació en La Plata en 1955. Publicó dos libros de poemas: “La intemperie”, 1999 (que se puede leer en POESÍA LA PLATA) y “Abrigo”, 2006. Y “Política líquida y otras plaquetas”, Libros de la talita dorada, 2009.
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martes, 15 de junio de 2010

Carlos Aprea – El náufrago de las letras y otros poemas


Foto: Carlos Aprea. Archivo de la talita dorada

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ÁNIMOS

Una vez en el vaso,
medio lleno, medio vacío,
no logro asirme al borde,
giro con el remolino,
me ahogo.

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PROFECÍAS AUTOCUMPLIDAS

Vino la muerte.
Y tenía tus ojos, tus cabellos,
tus pómulos rosados, tus escotes,
tus nalgas, tus tobillos…

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RÉQUIEM

Siempre tuviste la palanca,
y a veces la intención.
Te faltó mundo.

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EL NÁUFRAGO DE LAS LETRAS

Anclado
en la inmensidad de las palabras,
escribía y borraba,
escribía y borraba,
como un oleaje inútil.

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TRES DE LILIPUT

Carroñero

Con lo que tenía entre dientes
me alimenté una semana.

Seductor

Llegué al cuenco de su oreja
y le susurré: estás perdida.

Cambio climático

Entre las narinas y los labios
su respirar refrigera mejor.


De “Política líquida y otras plaquetas”,
Libros de la talita dorada, 2009


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Carlos Aprea nació en La Plata en 1955. Publicó dos libros de poemas: “La intemperie”, 1999 (que se puede leer en POESÍA LA PLATA) y “Abrigo”, 2006. Y “Política líquida y otras plaquetas”, Libros de la talita dorada, 2009.
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miércoles, 23 de diciembre de 2009

Carlos Aprea – Política liquida


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BIENES RAÍCES

Con una fina serie
de puntos y rayas sobre el plano,
dividieron el mapa de los afectos
y crearon
un bonito archipiélago
infectado de tiburones.

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POLÍTICA LIQUIDA

Lanzados al propio océano
bucearon
para llegar al fondo de la cuestión
y darse cuenta
que era solo el principio.

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YO NO FUI

El imbécil empuja los extremos
sin hacerse cargo de ninguno,
achica las veredas del entendimiento
y después pasea
por la avenida de la discordia
como un extranjero.

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TRUEQUES

Con antigua elegancia,
él derrocha con ella
un cariño inexplicable.
Con moderna ansiedad,
ella lo convierte
en fugaces minutos
frente a una tragamonedas.

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EL JEFE

Todas las mañanas
tomaba la palabra
a grandes empellones,
sin dejar
una sola gota de réplica
para nadie,
así enfermó,
anónimo,
indiscutido
y solo.

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CABELLO DE LA EXPERIENCIA

A cierta altura uno ya sabe:
sin el pajar no hay aguja,
sin intemperie no hay cielo,
sin buen oleaje no hay mar.

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EL TRÁNSITO ME VUELVE FASCISTA

Antes no pasaba,
esto no me pasaba,
esto de estar hipertenso,
asido del volante,
dentro de esta caja de metal,
deseando que desaparezcan todos
los que me rodean
con sus cajas de metal,
y llegar sin obstáculos a casa,
no sé,
solo siento que
es el tránsito,
el tránsito que me vuelve fascista,
en ese punto,
preferiría bajarme,
dejar el auto por ahí,
donde quedan miles
de esos animales engorrosos
pesados e inútiles,
y seguir a pié
como cuando era una persona
relajada,
un peatón
anónimo y corriente.

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SALIR DEL FREEZER

Cuando hay nueva pelea,
la peor derrota
es persistir
en la derrota.

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En: “Conociendo gente se viaja / El pájaro de las cinco y media / This is the end, week end / Política liquida / Teatros”, Plaquetas de la talita dorada, 2009
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Carlos Aprea nació en La Plata en 1955. Publicó dos libros de poemas: “La intemperie”, 1999 (que se puede leer en POESÍA LA PLATA) y “Abrigo”, 2006.
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Foto: Archivo de la talita dorada.
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sábado, 20 de diciembre de 2008

"Malvinas: Postales de retaguardia" por Carlos Aprea


Malvinas: Postales de retaguardia

EpA!

Por Carlos Aprea


A los muchachos que aún osan recordar,
sobre sus propias heridas
y son fieles a la inocente valentía que cayó en Malvinas


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2 de abril de 1982

Alrededor de la mesa familiar nos encontrábamos los cuatro hermanos y mi madre, atrapando entre sus manos un gastado delantal. Todos silenciosos y aún azorados frente al televisor, que inundaba el mediodía de sones triunfales de guerra. Entonces irrumpió el viejo, con esa convicción violenta, que impedía toda sombra sobre la hondura y honradez de sus sentimientos, pero también dejaba fuera toda posibilidad de duda, de sospecha, de pensar de otra manera.
-¡Por fin estos milicos hijos de puta hicieron algo bueno!- Vociferó, casi a los gritos, como cuando un referí vendido cobra penal para el lobo, tres minutos antes del silbato final, y nos salva de una derrota. Era difícil no contagiarse de esa alegría rabiosa, de esa descarga. Aún cuando en ese mismo instante, el discurso alucinado de un general en el balcón de la Rosada, nos ensombrecía el rostro y el mismo escalofrío de terror silenciaba a mis hermanos y a mí. Desde el barrio, siempre alejado de todo, veíamos a la multitud por la pantalla; el mar de banderas argentinas, los gritos de muchos, que se parecían al viejo, y el rictus sonriente del “sublime” borracho general. Me levanté en silencio, me fui al fondo de casa, prendiendo un cigarrillo, y no pude dejar de pensar en ese preciso lugar de la huerta, donde hacía unos años atrás, mamá quemó todos mis diarios y revistas políticas, urgida por el miedo y los chismes de las vecinas.


25 de mayo de 1982

Salimos callados de la improvisada sala de ensayos. Un frío garaje con entrada imperial, una de las tantas casitas de italianos del barrio de Los Hornos. Yo estaba contento, sin embargo. El ensayo había sido bueno. Hubo “química” entre el flaco y yo, el Bufón y el Rey, los protagónicos de una obra difícil, un gran desafío para un actor inexperto pero entusiasmado. Nos conocíamos poco con el tano, el había llegado de Italia, pocos meses atrás, donde resolvió su destino de director teatral, y nos contactamos en una clase común de entrenamiento corporal. Esta era una época de pocas palabras calientes y muchas miradas, todos buscábamos algo indecible y entre nosotros circulaba aún la invisible serpiente del miedo y su peor cría: la sospecha.
Caminamos hacia el colectivo, absortos en nosotros mismos. Hice algunos comentarios sobre las reiteradas modificaciones al texto, que el tano insistía en proponer, mientras caminábamos bajo un cielo nublado y ráfagas de viento helado.
Entonces el tano gritó, con la voz cortada por una emoción largamente masticada:
- ¡Qué mierda estamos haciendo acá, mientras esos pibes están cayendo como pajaritos!.
Permanecí callado unos cuantos metros, golpeado por esas palabras inesperadas. De pronto asomaba un tipo con su historia y sus dolores, y pisaba impunemente a la maldita serpiente.
– Hacemos teatro, hacemos lo que podemos hacer, para cuando vuelvan.- Dije, en vos alta, tratando también de convencerme, con mis propias palabras, que esa vida nuestra tenía algún sentido. Apenas lo lograba en esos días, cuando cada encuentro verdadero se parecía al hallazgo de una piedra preciosa.
El tano me miró, con una mezcla de rabia y derrota que yo no conocía en él y como surcando un cuchillo destemplado, tajeó el aire con sus ojos:
- ¿Cuántos volverán?,¿y cómo?, ¿a dónde, a qué país?-
No pretendía una respuesta. Yo no podía improvisar ninguna, comprendía entonces que el arte del actor no elude la verdad pero se nutre apenas de la verdad posible.


12 de junio de 1982

¿Porqué estaba allí, en la esquina del Camino Centenario y Arana? No alcanzo a recordar ahora. Necesitaba cigarrillos. Era media mañana. Tenía una campera azul oscuro, la barba crecida y desalineada, el pelo largo, lo recuerdo. Pero no sé qué carajo estaba haciendo ahí esa mañana. No tenía auto en esa época y era media mañana, supongo que sábado, porque de lo contrario hubiese estado trabajando. No lo sé. El caso es que crucé las calles en diagonal, desde la estación de servicio, directo al pequeño quiosco y pedí Particulares. No se porqué, pero no estaba de buen humor.
Me atiende un viejo, de una edad difícil de precisar ahora, tendría 55 o 60 años pero estaba medio arruinado, demasiados años en una oficina o en ese quiosquito destartalado.
-¿Y?,¿qué le parece?- me dice, mientras me entrega el vuelto- ¡Al final estos pendejos cagones perdieron...!-
Lo miré a los ojos, entre el vidrio partido de la ventanita por donde me atendía. Miré a los ojos de esa cara grasosa y gastada, vaya a saber por qué rutina o cuántos años de renuncia y cobardía. Por adentro, algo subió de mi, abrupto como un vómito, y le grité:
-¡Viejo hijo de puta!, ¿porqué no fuiste vos allá?, ¡porqué no te anotaste como voluntario y te cagabas bien de frío, antes de hablar pelotudeces!.¡Hijo de remil putas y la puta madre que te parió!-El pobre imbécil reculó, espantado, temeroso. Yo me fui. No se para dónde iba. Me fui temblando de rabia, de asco. Con ganas de pegarle a alguien, con ganas de encontrar refugio. Llorando. El cielo seguía nublado. No se para dónde iba. No se cómo me fui.

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Carlos Aprea nació en La Plata en 1955. Tiene dos libros de poemas publicados: La intemperie, 1999 (cuya versión completa editamos en POESÍA LA PLATA) y Abrigo, 2006. Más poemas: http://www.laintemperie.wordpress.com
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