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lunes, 12 de septiembre de 2022

NIEVES VIVIANI Los muertos de esa noche




Palabras para una hermana de cualquier siglo

Si tuviésemos valor,
amabilidad tal vez,
recordaríamos la noche aquella 
en que los muertos cayeron desde el techo
atravesando el aire espeso,
la breve lumbre,
los ojos mudos,
tan certeramente,
y nosotras allí, en sillas de madera escarnecida,
tan quietitas,
haciendo encaje vos y yo leyendo a Marina, como siempre;
como si las horas, el río, la lluvia
se hubieran detenido bruscamente
y los huesos dolieran como el alma,
y de pronto supiéramos
que nadie nunca comprende a nadie
-menos aún nosotras a nosotras mismas-
y mil años o mil mundos nos hubieran separado,
pero albricias,
allí los muertos envolventes, rezumantes;
deslizándose desde las antiguas maderas
del más antiguo techo de la zona,
para que nadie dude jamás de mi pobreza ni de la tuya,
para que todo fuese
un festín de muertos
estrellándose seriamente
contra nuestros antiguos designios,
todos los olvidados viajes al país de los sueños,
las diameladas esporas de los cuerpos,
cerradas para siempre.
Los muertos de esa noche
convenientes fueron a nuestra fatalidad,
con su yermo estilo
de prófugos rebelados contra el natural orden
de las cosas.
Si tuviésemos valor, hermana mía,
o amables fuéramos,
recordaríamos la noche en que los muertos
bajaron desde el techo,
solidariamente,
sólo para consolarnos.


En Poemas, Ediciones del Clé, Nogoyá, Entre Ríos, 2020) / 
Nieves Viviani (Concordia, Entre Ríos, 1973) / Fotos: jmp, “City Bell en septiembre” / 

jueves, 30 de septiembre de 2021

NIEVES VIVIANI La canción del fuego haciéndose en nosotros




La canción del fuego

Tras la llama, la noche,
la noche siempre, hacia adelante siempre, arriba;
arriba el juego indescifrable de las constelaciones,
la ruta de los viajeros del arca,
arriba barcos, faros, ménades, solsticios;
arriba dioses perforando con su aliento el latido de tu pecho,
la crueldad inocente, el silencio puro,
arriba la paz ingrávida y los sortilegios sin misterio,
arriba la perfección aséptica de los arquetipos,
el método pulcro sin esgrima,
arriba la danza del fantasma sin huesos y sin velo,

abajo el tiempo, 
abajo la carne, el barro, el sudor y la fiebre,
abajo las flores, la miel y el dios coleóptero,
abajo los imponderables.
Abajo cuerpos y almas buscándose entre sí,
abajo las muertes (todas), los muertos (todos),
la memoria y las palabras,
abajo el poeta con la boca partida,
abajo miles y miles de Ifigenias con el cuerpo aceitado;
abajo el ojo  tenso, la voz quebrada;
las risas, los pájaros, las ruinas y el espejo.
Abajo la cuerda que salva o mata, según sea el naufragio,
abajo el encuentro y la partida,
abajo los zapatos, el valor, la traición y el algoritmo.
Abajo las velas y el misterio.
Abajo los quebrantahuesos, lo imposible como norma,
el amanecer y las semillas.

Abajo, sobre todo, la canción del fuego haciéndose en nosotros,
y  todas las formas del amor 
porque el amor siempre,
el amor siempre,
el amor siempre.

(Inédito)



Reclamo

No digo que te sobrepongas,
digo que aprendas a vivir con ellos
en tus huesos;
en tu sangre,
en tus sueños,
en el lado oscuro
y en el lado claro de tu alma;
digo que vuelvas
a decir pájaro
recordando
todos los vuelos
que te fueron dados
en sus cantos y versos
destrozados
y digo que asumas
con sereno valor
el tamaño exacto
de la Noche
cuando escuches 
los gritos de los muertos
de esta época
de egoismo y terror
clamando por el cálido abrazo
que les fue negado.


(De Poemas, Ediciones del Clé, Entre Ríos, 2020)





Nieves Viviani (Concordia, Entre Ríos, 1973) / Fotos: jmp, "City Bell, 30 de septiembre"