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miércoles, 8 de febrero de 2017

Alberto Vanasco, El poema escrito por nadie


LAS TAREAS INVENCIBLES

es cierto que a veces la alta marea de los días sobrepasa tu nombre
que tu abrazo se pierde en la gran cruzada del alba
que los juegos que hemos iniciado juntos han llevado tu rostro

pero tanto tiempo
combatimos la lava en regreso de los años
y bloqueamos el circo de los hechos ha cesado de pronto
el golpe acreditado de los meses ha seguido su curso
y nada en el tiempo ha cambiado tu sitio

solamente tus brazos cruzaron la soledad
y nada más que tus pies calzaron el porvenir
y como las amplias grietas que soportan tu peso
y las tardes ligeras que conservan tu apego
vuelvo a encontrarte en las tareas invencibles
en los arranques truncos de lo infinito
en las primeras erupciones de la eternidad

vuelvo a mirarte junto a las agallas tranquilas del universo
en las branquias costosas de los astros que nos respiran
en los acuarios informes donde vigilan las constelaciones


VIDA Y POESÍA

el poema que no pudo nacer trabaja por si mismo
mantiene a sus miembros durante el verano
y trata de esquivar mis horas de olvido

es el poema eternamente rechazado
no querido por nadie ni vivido por ninguno
sin forma sin contenido especial sin urgencia alguna por vivir o por saludarte

y así los hombres hablarán de su pasado y las mujeres de su porvenir
mientras sentado en el borde de un verso el poema frustrado
espera su turno

y cerca de las vastas playas donde el mundo espera mis versos
yo recuerdo mi poema frustrado
mientras el poema escrito por nadie y rechazado por todos
saca su número del fondo de mí mismo
y se reclina en tu hombro para descansar




En: Ella en general, Ediciones Poesía Buenos Aires, 1954. Foto: Jmp

Alberto Vanasco (Buenos Aires, 18 de enero de 1925 – 11 de mayo de 1993).

viernes, 9 de diciembre de 2016

Alberto Vanasco, La ciega insistencia de este diluvio irreparable


SAN SALVADOR DE JUJUY

Aquí es la siesta del cobre
y la tarde del agua.

Aquí el ombligo del mundo se cubre de ternura.

Y el tiempo se dilata hasta tocar sus bordes
y el aire suena hasta volverse vidrio
y la luz se adelgaza hasta entrar en las rocas.

El glaciar se alejó dejándote estas piedras que los siglos y tus aguas lamen
y este nudo de cauces
que te ata a las cumbres.


MUERTE DE LA POESÍA

Oigo caer la lluvia
y es sólo el agua que se precipita en la luz vacía del amanecer.

Toco la claridad del día que nace
y es sólo la mañana y aquello que la mañana aún no ha vencido.

Miro tu piel, tus manos
y hallo solo la soledad más cruda de la tierra.

Huelo el aire difuso del otoño
y es solo la opresión, el peso de una atmósfera gastada.

Palpo los objetos, las ropas, los vidrios transpirados
y es nada más que la fatiga de la materia, la desolación del tiempo.

Todo todo ha sido arrasado para siempre
por la ciega insistencia de este diluvio irreparable.



En: Canto rodado, Editorial Sudamericana, 1970. El poema “Muerte de la poesía” está dedicado a Enrique Molina.
Alberto Vanasco (Buenos Aires, 18 de enero de 1925 – 11 de mayo de 1993). Foto: Jmp.

jueves, 21 de julio de 2016

Enrique Molina, Un viejo cajón con una naranja podrida


REALIDADES PARALELAS

Un viejo cajón con una naranja podrida arrastrado por la corriente del Tigre
generó misteriosamente la imagen
de un ataúd lleno de frutas instalado con viejas coronas
en una sala in-vernáculo para desfile de modelos
y rodeado por gentes prodigiosas
en una sofocante atmósfera de calor
donde el dorso desnudo de las mujeres
desprendía luces remotas pero fascinantes
hasta la irrupción
de una suelta de mariposas negras que bien miradas
eran la cabellera de una mujer
la última hoja del día con un brillo sombrío
la desconocida que la calle con un aletazo
lanza a tu encuentro un instante con rostro de fantasma
el nudo del estrangulador alrededor de tu cuello
la deslumbradora amenaza
la belleza del mundo



En revista “Macedonio”, año II, número 6/7, invierno de 1970. Directores: Juan Carlos Martini y Alberto Vanasco. Imagen: detalle de tapa.
Enrique Molina (Buenos Aires, 1910 – 1997).

sábado, 8 de agosto de 2009

Alberto Vanasco – Hurra


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HURRA


Yo, por el contrario, he visto a los mejores espíritus de mi generación salvarse milagrosamente de la locura y de la infamia, del alcohol y de las drogas, de la estupidez y del suicidio, del olvido y de la incertidumbre y de todas las otras plagas que de vez en cuando acaban con nosotros.

Los he visto salvarse entre el amor y el desprecio, entre el arrojo y la indiferencia, asidos al marxismo y al psicoanálisis, a las mujeres y a los libros, en noches inexplicables, en días velocísimos, esforzados en escuchar el latido apagado de la tierra, el estrépito de la sangre, las estridencias de los sueños.

Los he visto en plazas incendiadas, en los muelles abandonados aunque no para siempre, en las escalinatas del congreso, en Lavalle a la salida de los cines y en redacciones desvastadas; los he visto en sótanos repletos de humo y de palabras, en cuartos desmantelados y en celdas fraternales.

Los he visto salvarse de la soledad y del cinismo: pero pienso que si alguien se salva es para algo.

Los sigo viendo ahora, un poco pálidos de porvenir, cuadrados de mandíbulas, flacos de ocasiones, empedernidos en su tiempo, dura, inexorablemente inclinados hacia la vida.

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En: “Canto rodado”, Editorial Sudamericana, 1970 (primera edición Maldoror, Buenos Aires, 1962).
Hurra es la mirada personal de Vanasco acerca del hermoso poema Aullido de Allen Ginsberg, 1926 - 1997 (foto de cabecera).
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Alberto Vanasco (Buenos Aires, 1925 – 1993).
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