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sábado, 8 de junio de 2024

ARTHUR RIMBAUD Duerme en medio del sol

Cuadro de Henri Fantin-Latour Le Coin de table (1872), detalle


Cuadro de Henri Fantin-Latour Le Coin de table (1872)



EL DURMIENTE DEL VALLE 

Un hueco en la espesura, en donde un río cantante 
ensarta entre yerbas locamente jirones 
de plata; donde el sol, desde el monte arrogante, 
brilla; un valle en que hierven claras irradiaciones. 

Entreabierta la boca, desnuda la cabeza 
y la nuca en los berros azules, un soldado 
duerme; se halla tendido en la fresca maleza, 
blanco en su lecho verde donde el sol ha llorado. 

Duerme entre los gladiolos y sueña junto al río 
sonriendo como un niño que la fiebre consume. 
Naturaleza, mécelo con calor: tiene frío. 

Duerme en medio del sol con la mano en el pecho 
inmóvil. Ya no aspira su nariz el perfume. 
Tiene dos manchas rojas su costado derecho. 

Octubre de 1870


LAS BUSCADORAS DE PIOJOS 

Cuando la frente del niño, llena de rojas tormentas, 
implora el enjambre blanco de sueños indistintos, 
llegan junto a su cama dos hermanas encantadoras 
con endebles dedos de uñas argentinas.

Sientan al niño ante una ventana abierta 
donde el aire azul baña torbellinos de flores, 
y en sus duros cabellos llenos de rocío 
pasean sus dedos finos, terribles y encantadores.

Él escucha cantar sus alientos temerosos 
que expanden largas mieles vegetales y rosadas, 
y que interrumpe a veces un silbido —saliva 
que absorben los labios o deseos de besar.

Escucha sus pestañas negras batiendo bajo los silencios 
perfumados; y sus dedos eléctricos y suaves 
hacen crepitar, entre sus grises indolencias, 
a los piojitos muertos por sus uñas reales.

Y sube en él un vino de Pereza, 
un suspiro de armónica que podría delirar: 
y el niño siente, al ritmo de las lentas caricias, 
brotar y morir sus deseos de llorar.

Julio de 1871 


Dibujo de Rimbaud x Verlaine, 1872


Jean Nicolas Arthur Rimbaud (Charleville, 20 de octubre de 1854 - Marsella, 10 de noviembre de 1891) / 
En El barco ebrio (Poesía reunida), El Silencio, Caracas, Venezuela, Edición digital octubre de 2018 / De la traducción: Fundación Editorial El perro y la rana / Ilustraciones: en libro / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

viernes, 3 de mayo de 2024

PAUL AUSTER Las raíces se doblan al paso del gusano


Algunos libros de Paul Auster /


RADIOS

Las raíces se doblan al paso del gusano 
y el tamiz del reloj yace en el corazón 
del gorrión. Entre rama y aguja, la palabra 
menosprecia su nido, y la semilla, 
mecida por confines aún más simples, 
se niega a confesar. 
Sólo el huevo gravita.

*

En la aridez, mi ausencia: en el agua: Una flor. 
Una flor que define el aire. 
En el pozo más hondo, 
tu cuerpo es mecha.

*

La corteza no basta, envuelve 
fragmentos redundantes, no le importa 
cambiar roca por savia, o sangre 
por azarosos borboteos, 
mientras la hoja cuelga picada, moteada 
de aire y, ¿por cuánto más, surcada 
o envuelta, entre el perro y el lobo, 
por cuánto tiempo más habrá de señalarle 
al hacha su ventaja satisfecha?

*

Nada moja ese tronco, la piedra nada gasta. 
El habla no podría empedrar el pantano, 
por lo que bailas 
y buscas un silencio aún más brillante. 
La luz siega las olas, naufraga y se camufla; 
el viento parlotea, se desboca. 
Yo te nombro desierto.

*

Los picos 
anotan la cantera: desgastadas señales  
que no pudieron cifrar el mensaje. 
La riña desató su alfabeto, y las piedras, 
ceñidas al costado del abuso 
han memorizado la derrota.

*

Ebria, sí,  la blancura atesora sus fuerzas, 
mientras duermes, ebrio de sol, como semilla 
de aliento retenido 
bajo la tierra. Soñar, al fin, 
sumido en el calor, con el calor 
que infesta el equilibrio 
de una mano, que engendra 
el milagro de la aridez… 
En todos los lugares que has dejado 
crece la furia de los lobos 
con las hojas que no hablarán. 
Morir, sí. Acoger a lobos rojos 
Que muerden y arañan las verjas: página 
aullante; o bien duermes, y el sol 
jamás tendrá final. 
Es verde donde las semillas negras respiran. 

*

La flor es roja, cuelga 
entre raíces rotas, 
en el tronco nudoso de una torre, 
donde aspira su magro ayuno 
y retira el conjuro 
que suelda el paso a la palabra 
y ata la lengua a sus errores. 
Roja será la flor 
cuando la primera palabra rasgue la página, 
y medrará en el limo, y cobrará el color 
de un pico magullado, 
cuando el gorrión emerja ensangrentado 
y vuele entre una tierra y la campana. 

*

Entre el gorrión y el pájaro sin nombre: 
su presa. 

La luz escapa por el intervalo.

*

Palidecen los trances en el cubo, el furtivo 
equinoccio de nombres: fiel trinquete 
que obstruye la carraca, cielos desapacibles 
que cercan este austero comercio con el viento. 
La calma enmienda, pero la ventisca 
alimenta el azar: aliento que florece 
mientras la rueda anota su escritura 
sobre la tierra. Atada 
contra tus pies. Bajo un frescor 
de soles mortecinos, la mirada 
cuida la tierra. La canción 
está en el paso. 

*

Ascua en el labio de otro 
cielo inferior, la luz no ingerida del nido 
mengua y se vuelve pasto: entre el gorrión 
y el pájaro sin nombre, el intervalo 
es presa: humo 
que ablanda los rescoldos, no ya como esa secta 
de alas, donde bates, humo unido 
al brillo; en la memoria del gorrión 
perfecciona el sueño de las nubes. 

*

Ver es esta otra tortura, 
que el dolor de ser visto expía: 
lo dicho y lo visto, albergado 
en esta negativa a hablar, 
y la semilla de una sola 
voz, enterrada en cualquier piedra. 
Mis mentiras jamás han sido mías.

*

La concha implosiona en el cubo, 
perdura como un juego de palabras y dobles 
sentidos, greda y roca, se incorpora 
como un bastón y expulsa el balbuceo 
que pronunció su cuerpo 
y lo hizo emerger 
para esperar futuros golpes: 
ciudad en la raíz, en el acto, sin muelles, 
ciudad aun lejos de sí misma. Sal. La rueda 
era un engaño. No puede girar.

*

El huevo delimita su renuncia, no puede 
sonar en el tañido de otro (mínimo 
martilleo del otro) antes de que el gemido 
se abra paso de un tajo, y el ojo desperdicie 
el subterfugio de una lámpara 
aún más duradera. Vuelto habla, acarrea su propio nacimiento 
y, si se rompe, no dejes de aclamar 
su caída y contradicción. 
Tu tierra siempre estará lejos.



En Pista de despegue / Selección de poemas y ensayos, 1970-1979, Editorial Anagrama, Barcelona, 1998 / Traducción de los poemas: Jordi Doce (En Poesía completa corregiría estos textos) / Fotos: jmp 
Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, el 3 de febrero de 1947 - Nueva York, 30 de abril de 2024) / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

domingo, 21 de abril de 2024

MARIANNE MOORE Esto es eternidad

City Bell, 21 de abril de 2024



UNA BOTELLA EGIPCIA DE VIDRIO EN FORMA DE PEZ 

Aquí tenemos sed
y paciencia, desde el principio,
     y arte- como en una ola alzada para que veamos 
     en su perpendicularidad esencial 

no frágil sino 
intenso -el espectro, ese
     espectacular y vivaz animal, el pez,
     cuyas escamas desvían la espada del sol con su pulido.


A UN CARACOL

Si “la compresión es la principal gracia del estilo”,
tú la tienes. Lo contractilidad es una virtud,
como es una virtud la modestia.
No es la adquisición de cualquier cosa
Capaz de adornar, 
o la cualidad incidental que se da 
como concomitancia de algo bien dicho
lo que valoramos en el estilo,
sino el principio oculto: 
en ausencia de pies, “un método de conclusiones”;
“un conocimiento de los principios” 
en el curioso fenómeno de tu cuerno occipital.


¿QUÉ SON LOS AÑOS? 

¿Qué es nuestra inocencia,
qué nuestra culpa? Todos estamos
         desnudos, nadie a salvo. ¿Y de dónde 
el coraje: pregunta sin respuesta,
firme duda 
-mudo llamar, sordo escuchar- que
en la desgracia, hasta en la muerte
         anima a los demás 
         y, en su derrota, incita
 
         al alma a ser fuerte? Ve 
hondo y se contenta;  quien 
         acepta su mortalidad
y en su prisión se alza
sobre sí como 
el mar en su abismo, y luchando por ser
libre e incapaz de lograrlo,
         en su renuncia 
         encuentra su continuación. 
 
         Así quien siente fuerte 
se comporta. Hasta el pájaro,
         que crece cuando canta, acera 
su forma hacia arriba. Aunque cautivo,
su potente canto 
dice: qué bajeza la satisfacción, 
qué pura es la alegría. 
         Esto es mortalidad, 
         esto es eternidad.



Marianne Moore (Missouri, EEUU, 15 de noviembre de 1887 - Nueva York, 5 de febrero de 1972) / 
En El reparador de agujas de campanario / Selección y traducción de Mirta Rosenberg y Hugo Padeletti / Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

sábado, 6 de abril de 2024

RAYMOND CARVER El bebé estaba en una cuna junto a la cama



EL PADRE

     El bebé estaba en una canasta al lado de la cama, y llevaba puesto un pelele y un gorro blanco. La canasta de mimbre estaba recién pintada, acolchada con pequeños edredones azules y sujeta con cintas de color azul claro. Las tres hermanitas y la madre, que se acababa de levantar de la cama y aún no se había despertado del todo, y la abuela rodeaban todas al bebé y observaban cómo miraba con fijeza y de cuando en cuando se llevaba el puño a la boca. No sonreía ni reía, pero a veces parpadeaba y movía la lengua entre los labios cuando una de las niñas le pasaba la mano por la barbilla.
       El padre estaba en la cocina y les oía jugar con el bebé.
       —¿A quién quieres tú, pequeñín? —dijo Phyllis, y le hizo cosquillas en la barbilla.
       —Nos quiere a todos —dijo Phyllis—, pero al que quiere de veras es a papá, ¡porque papá también es chico!
       La abuela se sentó en el borde de la cama y dijo:
       —¡Mirad su bracito! Tan gordo. ¡Y esos deditos! Igualitos que los de su madre.
       —¿No es una preciosidad? —dijo la madre—. Tan sano, mi niñito. —Se inclinó sobre la cuna, besó al bebé en la frente y tocó la colcha que le tapaba el brazo—. Nosotros también le queremos.
       —¿Pero a quién se parece, a quién se parece? —exclamó Alice, y todas ellas se acercaron a la canasta para ver a quién se parecía.
       —Tiene los ojos bonitos —dijo Carol.
       —Todos los bebés tienen los ojos bonitos —dijo Phyllis.
       —Tiene los labios del abuelo —dijo la abuela—. Fijaos en esos labios.
       —No sé… —dijo la madre—. No sabría decir.
       —¡La nariz! ¡La nariz! —gritó Alice.
       —¿Qué pasa con su nariz? —preguntó la madre.
       —En la nariz se parece a alguien —dijo la niña.
       —No, no sé… —dijo la madre—. No creo.
       —Esos labios… —dijo entre dientes la abuela—. Esos deditos… —dijo, destapando la mano del bebé y extendiéndole los menudos dedos.
       —¿A quién se parece este niño?
       —No se parece a nadie —dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más a la canasta.
       —¡Ya sé! ¡Ya sé! —dijo Carol—. ¡Se parece a papá! —Todas miraron al bebé de muy cerca.
       —¿Pero a quién se parece su papá? —preguntó Phyllis.
       —¿A quién se parece papá? —repitió Alice, y entonces todas ellas miraron a la vez hacia la cocina, donde el padre estaba en la mesa, de espaldas a ellas.
       —¡Vaya, a nadie! —dijo Phyllis, y se puso a lloriquear un poco.
       —Calla —dijo la abuela, apartando la mirada. Luego volvió a mirar al bebé.
       —¡Papá no se parece a nadie! —dijo Alice.
       —Pero tendrá que parecerse a alguien —dijo Phyllis, secándose los ojos con una de las cintas. Y todas salvo la abuela miraron al padre, que seguía sentado en la cocina.
       Se había dado la vuelta en su silla y tenía la cara pálida y sin expresión.




En ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (primera edición de 1976), Editorial Anagrama, Barcelona, 1997 / Traducción: Jesús Zulaika / 
Raymond Carver (EEUU, 25 de mayo de 1938 – 2 de agosto de 1988) / Foto: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 


miércoles, 27 de marzo de 2024

ELLEN BASS Una fiesta sobre tu vendimia




EN CELEBRACIÓN 

Ayer noche lamí 
tu amor, amor, 
como una gata. Y 
observé como crecías 
como pan en el horno, como 
un globo lleno de helio, crecías 
como crece un soufflé, 
tu amor se mecía como 
pasajeros en un barco que llega. 
Mi mejilla descansando en tu vientre, 
húmeda como espejo de baño, descansando 
en tu pelo como 
hierba mojada de rocío, saqué 
tu amor hacia afuera como 
la cabeza de una tortuga, como 
un acordeón, como 
un vaso que se agranda. 
Lamí 
tu amor, amor, 
duro como un caramelo, lleno 
y tierno como una ciruela. 
Te cogí 
como a un mitón, como una copa, 
y, como la gente bajo la espuma de un géiser en Yellowstone 
como los chicos salpicando en verano en las bocas de agua para incendio 
como un invitado que muerde un tomate entero 
jadeé, 
me reí, 
tuve una fiesta sobre tu vendimia. 




En Celebración Poesía erótica de lengua inglesa, antología de Mauricio Schoijet, edición bilingüe,  Juan Pablos Editor, México 1984 (primera edición 1975) /
Ellen Bass (Filadelfia, EEUU, 16 de junio de 1947) / Graduada en escritura creativa en la Boston University, donde estudió con Anne Sexton / Ph Mirella Moretti, c. 1974 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

domingo, 10 de marzo de 2024

ERICA JONG Ya que no puede deslizarse fuera del poema




CULI NARIA POÉTICA (Arse Poética) 

A Leonard y Patricia 

     I

     Ítem: el poeta debe alimentarse y cogerse él mismo. 


     II

     Échese sobre las metáforas. Póngalas pechuga hacia arriba sobre las verduras y rocíelas con el jugo de la cacerola. Ponga hoja de papel de aluminio sobre el poema, cubra la cacerola y caliéntela sobre la hornalla hasta que escuche el chisporroteo de las imágenes. Coloque entonces el poema sobre la bandeja dentro del horno precalentado previamente. 


     III

     Una vez que el pene ha sido introducido en el poema, la poeta se baja hasta quedar sentada sobre el muso con sus piernas hacia afuera. Él no necesita moverse. La poeta estará sentada en posición erguida y subirá y bajará su cuerpo rítmicamente hasta alcanzar la última línea. Ella podrá hacer una pausa en sus movimientos y también podrá mover su pelvis y abdomen hacia adelante y atrás, o hacia los costados, o con un movimiento circular de tirabuzón. Este método resulta en imágenes excepcionalmente agudas y es frecuentemente recomendado para llegar a la cumbre del goce estético. La penetración es más profunda que en otras posturas. Sin embargo, la concepción es menos probable. 

     Esta postura es también conveniente cuando el muso está cansado o falto de vigor, ya que la poeta toma el papel más activo. La penetración es más profunda cuando el cuerpo de la poeta hacen ángulo de 45 grados con el del muso. Un muso en erección a medias permanecerá en posición cuando se esté en esta postura, ya que no puede deslizarse fuera del poema. 



En Celebración Poesía erótica de lengua inglesa, antología de Mauricio Schoijet, Juan Pablos Editor, México 1984 (primera edición 1975) / (En notas biográficas: EMJ… estudió en Columbia y vivió durante algún tiempo en Alemania. En su poesía y en un interesante ensayo sobre la mujer como escritora publicado en la revista Ms se nota una fuerte influencia de las ideas del movimiento de liberación femenina) / Ph Mirella Moretti, s/t, c. 1973-4 / 
Erica Jong (Nueva York, Estados Unidos, 26 de marzo de 1942) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

sábado, 17 de febrero de 2024

CONSTANTINO CAVAFIS En el brillo del mediodía


Ph Mirella Moretti, c. 1974 / 



CUANDO APAREZCAN 
(1916) 

Trata de asirlas, poeta, 
aunque no consigas retenerlas 
Esas visiones eróticas. 
Sitúalas, veladas, en tus versos. 
Trata de asirlas, poeta, 
cuando aparezcan en tu cerebro 
a medianoche, o en el brillo del mediodía.


EN EL ORÍGEN 
(1921) 

Han satisfecho su placer 
prohibido. Y del lecho se levantan, 
vistiéndose apresuradamente sin hablarse. 
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y mientras 
caminan algo inquietos por las calles, parece 
como si sospecharan que algo en ellos traiciona 
en qué clase de lecho cayeron hace poco. 

Pero cuánto ha ganado la vida del artista. 
Mañana, otro día, años después escritos serán 
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio


MELANCOLÍA DE JASON HIJO DE CLEANDRO, POETA DE KOMAGENE, 595 d. C.
(1921) 

El envejecimiento de mi cuerpo y su apariencia 
son heridas de terrible puñal. 
Resignación no tengo. 
A ti recurro oh Arte de la Poesía, pues algo sabes de remedios; 
tentativas de envolver el dolor en la Imaginación y la Palabra. 

Son heridas de terrible puñal. — 
Ahora tráeme oh Arte de la Poesía 
tus consuelos para que —aunque sólo sea por un instante— no perciba la herida


ÉL VINO PARA LEER 
(1924) 

Vino para leer. Abiertos están 
dos o tres libros; historiadores y poetas. 
Pero apenas ha leído diez minutos, 
cuando los deja a un lado. Sobre un diván 
duerme ahora. Ama mucho los libros 
—pero tiene veintitrés años, y es hermoso; 
y esta tarde el amor atravesó 
su carne maravillosa, su boca. 
A través de la total belleza 
de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad; 
sin remordimientos ridículos por la forma de ese placer… 


EN EL MISMO LUGAR 
(1929) 

Alrededores de la casa, mi barrio, vecindades 
que contemplo y por donde camino; hace ya tantos años. 

Con alegría o con dolor os he creado: 
con tantos acontecimientos, con tantas cosas. 
Y todos tus sentimientos eran para mí.


EL ESPEJO DEL RECIBIDOR 
(1930) 

En el recibidor de aquella opulenta casa 
había un enorme espejo muy antiguo; 
adquirido cuando menos cien años atrás. 

Un hermosísimo joven, recadero del sastre 
(los domingos, atleta amateur), 
estaba de pie allí con un paquete. Lo entregó 
a una persona de la casa, quien lo llevó dentro 
para traer el recibo. El recadero del sastre 
quedó solo, aguardando. 

Se acercó entonces al espejo y se miró en él 
arreglándose la corbata. Cinco minutos después 
trajeron el recibo. Lo tomó y se fue. 

Mas aquel espejo que había visto, 
durante sus muchísimos años de existencia, 
miles de cosas y de rostros; 
el viejo espejo quedó esta vez alegre 
y orgulloso de haber recibido, aunque fuese un momento, 
la imagen de la belleza perfecta.


EN LA ESCALERA
(1904) 

Bajando por aquella escalera, 
junto a la puerta nos cruzamos, y por un instante 
vi tu cara desconocida y tú me viste. 
Yo me oculté en las sombras, y 
pasaste rápido, alejándote, 
y te perdiste en aquella casa vulgar 
donde no encontrarías el placer, 
como tampoco yo habría de hallarlo. 

Y sin embargo el amor que deseabas yo lo tenía para dártelo; 
el amor que yo deseaba, tus ojos me lo ofrecían 
con su ambigüedad y abandono. 
Se sentían los cuerpos y se buscaban; 
la sangre y la piel comprendían. 

Pero turbados los dos nos escondíamos.


Y SOBRE AQUELLOS LECHOS ME ABANDONABA Y ERA FELIZ
(1915) 

Al entrar en la casa de placer 
no permanecí en la sala donde celebraban 
los desconocidos amantes su gozo. 

Otra habitación secreta era la mía 
y en su lecho me abandonaba feliz. 

Oh aquella habitación secreta 
cuya sola mención hace avergonzarse. 
Mas no soy yo quien se avergüenza —¿qué clase 
de poeta o artista sería? 
Mejor entonces haber elegido una vida ascética. Más acordes, 
mucho más acordes con mi poesía son estos lugares; 
más me alegra este regocijo promiscuo.



Ph Mirella Moretti, s/t c. 1974 / 
En Poesías completas, Ediciones Hiperión, 1981/ Versiones directa del griego de José María Álvarez / Ph Mirella Moretti, c. 1974 / Ph jmp / 
Konstantinos Petrou Kavafis, también llamado Constantino Cavafis y C. P. Cavafis (Alejandría, 29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

lunes, 12 de febrero de 2024

ROBERT WALSER Un poeta se inclina sobre sus poemas




"Lejos del mundo"

DE UN POETA 

     Un poeta se inclina sobre sus poemas: ha hecho veinte. Pasa una página tras otra y descubre que cada poema despierta en él un sentimiento muy particular. Se devana penosamente los sesos tratando de averiguar qué es lo que planea por encima o en torno a sus poesías. Presiona, mas no sale nada, golpea, mas no logra sacar nada, tira, pero todo sigue tal cual, es decir, oscuro. Se apoya sobre el libro abierto entre sus brazos cruzados y rompe a llorar. Yo, en cambio, el pícaro autor, me inclino ahora sobre su obra y descubro con infinita indeliberación en qué consiste el problema. Se trata simple y llanamente de veinte poemas, uno de los cuales es sencillo, otro pomposo, otro mágico, otro aburrido, otro conmovedor, otro delicioso, otro infantil, otro muy malo, otro bestial, otro inhibido, otro ilícito, otro incomprensible, otro repugnante, otro encantador, otro comedido, otro extraordinario, otro esmerado, otro abyecto, otro pobre, otro inefable y otro que ya no puede ser nada más, porque sólo son veinte poemas distintos que en mi boca han encontrado una valoración, si no precisamente justa, al menos rápida, lo que para mí supone siempre el mínimo esfuerzo. Una cosa es, sin embargo, segura: el poeta que los escribió aún sigue llorando, inclinado sobre el libro; el sol brilla encima de él; y mi risa es el viento que corre impetuoso y frío entre sus cabellos.


ÉRASE UNA VEZ UN POETA… 

     Érase una vez un poeta tan enamorado del espacio de su habitación que se pasaba el día entero sentado en su sillón y empollaba las paredes que tenía ante sus ojos. Retiró los cuadros de aquellas paredes para que ningún objeto lo distrajese o lo indujese a contemplar algo que no fuera una pequeña pared, manchada y poco amable. No puede decirse que estudiara adrede aquel espacio, sino que —preciso es confesarlo— yacía, con la mente en blanco, en los lazos de un insondable ensueño, en el que su estado de ánimo no era alegre ni triste, ni jovial ni melancólico, sino tan frío e indiferente como el de un loco. Pasó en aquel estado tres meses, y el día en que empezaba el cuarto, ya no pudo levantarse de su asiento. Estaba pegado a él. Esto es algo extraño y hay cierta inverosimilitud en la promesa del narrador, quien asegura que a continuación vendrá algo todavía más extraño. Pues resulta que, en aquellos días, un amigo de nuestro poeta fue a buscarlo a su habitación y, al entrar en ella, cayó en la misma ensoñación ridícula o melancólica de la que el otro era presa. Tiempo después le ocurrió la misma desventura a un tercer poeta o novelista que llegó a interesarse por su amigo, y así fueron cayendo uno tras otro seis poetas que vinieron a preguntar por su amigo. Y ahora están los siete en ese pequeño espacio oscuro, lóbrego, frío, poco amable y vacío, y fuera está nevando. Están pegados a sus asientos y nunca más harán, sin duda, un estudio de la naturaleza. Sentados, miran fijamente ante ellos, y la amable carcajada que premia esta historia no consigue liberarlos de su triste encantamiento. ¡Buenas noches!


EL LUGAR BONITO 

     Aunque dude de su verosimilitud, la historia me divirtió muchísimo cuando me la contaron, y aquí la ofrezco ahora como mejor puedo, con la única condición, eso sí, de que no me interrumpan hasta el final con ningún bostezo. 

     Había una vez dos poetas, uno de los cuales se llamaba Emanuel y era un joven muy nervioso y sensible. El otro, de naturaleza más cerril, llamábase Hans. Emanuel había descubierto, en el bosque, un rincón a salvo de todo el mundo en el que solía hacer poesías muy a gusto. Con este fin escribía versitos juiciosos y sin importancia en una libreta que heredara de su abuelo, y parecía muy contento con esta ocupación. Y, en verdad, ¿por qué no habría de estarlo? El lugar en el bosque era tan silencioso y agradable, el cielo encima de él tan azul y sereno, las nubes tan amenas, los árboles de la orilla opuesta tan variados y de tan exquisito colorido, el prado tan suave y el arroyo que regaba aquel prado solitario tan refrescante que el señor Emanuel hubiera tenido que estar loco para sentir algo que no fuera dicha. Viéndolo poetizar candorosamente desde lo alto, el cielo sonreía sobre él tan azul y bello como lo hacía sobre los árboles del bosque; y la paz de aquel idilio parecía tan indestructible que la perturbación que se producirá de aquí a un instante, como rayo caído de cielo sereno, habrá de parecer bastante increíble. Pero el asunto es el siguiente: ya os he nombrado a Hans. Impelido por el azar, este segundo poeta deambulaba una vez por el bosque, cerca de aquel lugar solitario, cuando descubrió el rincón y a su ocupante, el hermano Emanuel. Al instante, y aunque jamás se hubieran visto antes, reconoció Hans al poeta en Emanuel, tal como un pájaro reconoce a otro en seguida. Se le acercó deslizándose por detrás y, para abreviar, diré que le asestó un golpe tan fuerte en la mejilla que el otro lanzó un grito y, sin volverse a ver quién lo había tratado así, puso pies en polvorosa tan rápido que se perdió de vista en un instante. ¡Hans había triunfado! Podía esperar haber ahuyentado para siempre a su rival de aquel bello y productivo lugar, y al punto se puso a meditar sobre la forma más eficaz de recrear la amenidad de ese solitario paraje del bosque. También él llevaba una libreta repleta de versos, malos y buenos, que esperaba publicar poco después. Sacó, pues, la libreta y se puso a garrapatear en ella mil y una tonterías, como suelen hacer los poetas para colocarse en el estado anímico adecuado. Pero parecía tener grandes dificultades para comprimir en tiernas sílabas la suave y plácida belleza del paisaje recién conquistado, y hacerlo de modo que aún pudiera asomar en ellas un atisbo de vida. Y mientras estaba en ésas, torturándose de aquella forma, una nueva aflicción le surgió por delante o por detrás, y era tal que también le echó a perder el paraíso que, como un perro gruñón, él le había arrebatado al otro. Entró entonces en escena una tercera persona en la figura de una poetisa. Hans, que alzó la vista asustado por el ruido, la reconoció en seguida como tal y no perdió un solo minuto en galanterías, sino que desapareció al instante como su predecesor. 

     Aquí se interrumpe el hermoso relato, y yo comprendo y apruebo perfectamente su impotencia, pues, al igual que él, sería incapaz de proseguir ahora que cualquier prosecución conduciría necesariamente al abismo de la infructuosidad. Pues ¿no sería infructuoso seguir canturreando el comportamiento de la poetisa tras haber celebrado ya a dos poetas? Me conformo con informar que la primera no encontró nada bello en la belleza del paraje del bosque y nada singular en su singularidad, y desapareció tan silenciosamente como había aparecido. ¡Que el diablo se haga poeta! 



"Lejos del mundo"
En Historias, Edición digital Titivillus, 2020 / Primera edición: 1914 / Título original: Geschichten / Traducción: Juan José del Solar / Ph Mirella Moretti, "Lejos del mundo" / 
Escribe Hermann Hesse: “Si los poetas como Walser se contaran entre los espíritus que gobiernan, no habría guerras. Si tuviera cien mil lectores, el mundo sería mejor. Sea como fuere, el mundo está justificado por haber gente como Walser.” / 
Robert Otto Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de 1878 - cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 



martes, 23 de enero de 2024

AMY HEMPEL El regocijo de tu corazón

Biblioteca Taller CB 23 01 2024



EN LA BAÑERA 

     El corazón... creí que se me paraba. Así que me subí al coche y puse rumbo a Dios. Pasé por delante de dos iglesias ante las que había coches aparcados. Después paré en una tercera porque nadie había aparcado allí. 
     Ocurrió a primera hora de la tarde, a mediados de semana. Elegí un banco de las filas centrales. Episcopal o metodista, eso daba lo mismo. Estaba tan silenciosa como cabe esperar de una iglesia. 
     Pensé en lo que sentí cuando me dio la larga parada cardiaca, y en el desorden de los latidos que vinieron después, cuando se precipitaron para llenar el espacio vacío. Sentada allí, bajo la alta riostra de la silenciosa vidriera, me puse a escuchar.


     En la parte trasera de mi casa, ante la claridad que trasluce la puerta corredera de cristal, puedo mirar el porche. En el porche hay margaritas y suculentas sembradas en macetas de barro rojo. Una de las macetas está vacía. Es poco profunda, pero ancha, y está llena de agua, como una pila para que los pájaros se bañen en ella. 
     Mi gata suele adormecerse encima de la jardinera de la ventana. Su barbilla gris está empolvada con la pelusa iridiscente de las alas de mariposa. Si doy un golpe suave en el cristal, la gata no levanta la mirada. 
     El sonido que hago no es una señal para la comida. 
     De niña, me escapaba por las noches. Me estrechaba a los setos y me fundía con las sombras de los árboles. Iba a un solar en construcción que había cerca del lago. Cogía la cuba de una hormigonera, la arrastraba hasta la orilla y me sentaba dentro, como si fuera el platillo de una taza. Con la ayuda de un remo robado la empujaba hacia el agua y me pasaba horas flotando, sin oír ruido alguno. 
     La pila para pájaros tiene la misma forma que aquella cuba.


     Me miro las uñas bajo la luz cruda del cuarto de baño. El miedo aparecerá en forma de onda en la base. Tardará un par de semanas en manifestarse. 
     Echo el pestillo y dejo que la bañera se llene. 
     En realidad, la mayor parte del tiempo no lo oyes. Una pulsación es algo que se siente. Aunque estés en silencio. A veces la oyes de noche, cuando apoyas la cabeza en la almohada. Pero sé de un lugar donde puede oírse incluso mejor que en la almohada. 
     Solo tienes que hacer esto: te metes poco a poco dentro de una bañera llena de agua. Te sientas con cuidado. Te recuestas y esperas a que las ondas desaparezcan. Después respiras hondo, deslizas la cabeza dentro del agua y escuchas el regocijo de tu corazón.




En Cuentos completos, Seix Barral, Editorial Planeta, Barcelona, 2023 / Traducción del inglés por Silvia Barbero e Inga Pellisa /
Amy Hempel (Chicago, Estados Unidos, 14 de diciembre de 1951) / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

miércoles, 17 de enero de 2024

DENISE LEVERTOV El poema no escrito

"Espejo y cámara", City Bell, 17 01 2024



NO TENER 

No tener sino ser. 
El corazón negro de la amapola, 
ah yacer allí como semilla. 
Transformarse en la amada. 
Mientras el mundo termina, entrar 
en la última nota de su música.


LAS HUELLAS 

Alguien cruzó este campo anoche: 
el día revela 
una perspectiva de cuevas color lavanda 
a través de la nieve.           Alguien 
entró al bosque sombrío. 


CANCIÓN PARA ISTAR 

La luna es una cerda 
y gruñe en mi garganta 
Su brillo brilla a través de mí 
y el barro de mi hoyo fulgura 
y se quiebra en burbujas plateadas 

Ella es una cerda 
y yo un puerco y un poeta

Cuando ella abre sus blancos 
labios para devorarme la muerdo 
y la luna se hamaca a carcajadas

En lo negro del deseo 
nos hamacamos y gruñimos, gruñimos y 
brillamos


EL POEMA NO ESCRITO 

Por semanas el poema de tu cuerpo, 
de mis manos sobre tu cuerpo 
          que acarician, recorren, en el rito de 
          adoración, descendiendo 
          su camino de maravilla 
          desde el latido de la garganta al vello del pecho 
          al sereno vientre al pene; 
por semanas aquel poema, aquella oración 
no escrita. 
                                 El poema no escrito, el acto 
abandonado en la mente, sin hacer. Los años 
un bosque de piedras gigantes, de troncos fósiles, 
bloqueando el altar. 


HABLANDO AL DOLOR 

Ah dolor, no debo tratarte 
como a un perro sin hogar 
que llega a la puerta de atrás 
por un hueso pelado, una costra de pan. 
Debo confiar en ti.

Debo llevarte con paciencia 
hasta la casa y darte 
tu propio rincón, 
un felpudo gastado para que te acuestes, 
tu propio plato de agua.

Tú piensas que no sé que has estado viviendo 
bajo mi portal. 
Anhelas que tu lugar verdadero esté preparado 
antes de que llegue el invierno. Necesitas 
tu nombre, 
tu collar y tu medalla. Necesitas 
el derecho de alejar a los intrusos, 
de considerar 
mi casa la tuya 
y tuya mi persona 
y a ti mismo 
mi propio perro.


En Poemas / Fundarte (Fundación para la Cultura y las Artes del Distrito Federal), Caracas, Venezuela, 1980 / Selección y traducción: Diana Bellessi / Fotos: jmp / 
Denise Levertov  (Ilford, Essex, Inglaterra, 24 de octubre de 1923 – Seattle, EE.UU, 20 de diciembre de 1997) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

lunes, 8 de enero de 2024

STEFANIA ONIDI El olor de la noche

City Bell, Casa verde, 08 01 2024



A MÍ MISMA 

Cuando estás sola 
eres como el silencio, 
inmóvil y sincera. 
Abierta como un pimpollo 
tienes el olor de la noche.

A ME STESSA 
Quando sei sola 
sei come il silenzio, 
immobile e sincera. 
Dischiusa come un bocciolo 
hai l'odore della notte.


FLEURS 

He llenado la casa de flores. 
Para no sentirme 
sola, 
para defenderme 
para liberarme 
de esta absurda estación 
de inciertas emociones 
de secretos miedos. 

FLEURS 
Ho riempito la casa di fiori. 
Per non sentirmi 
sola, 
per difendermi 
per liberarmi 
da questa assurda stagione 
di malcerte emozioni 
di segrete paure.


HOY…  

Hoy está todo aquí 
música, 
libros, 
hojas, 
plumas, 
un plato, 
un vaso, 
mis flores 
su perfume, 
la ventana, 
los árboles, 
el sol –un sentido discreto de las cosas 
comprendido entre los pliegues de la cotidianidad. 

El abandono es difícil 
y sin embargo dulce. 

Vivo, 
siento, 
participo del inmenso latido. 
Persiste el viento 
el deseo de volar.

OGGI... 
Oggi è tutto qui 
musica, 
libri, 
fogli, 
penne, 
un piatto, 
un bicchiere, 
i miei fiori 
il loro profumo, 
la finestra, 
gli alberi, 
il sole – un senso discreto delle cose 
compreso tra le pieghe della quotidianità. 

L’abbandono è difficile 
eppure dolce. 

Vivo, 
sento, 
partecipo dell’immenso battito. 
Persiste il vento 
il desiderio di volare.



Stefania Onidi nació en San Gavino Monreale, Cagliari, Cerdeña, Italia, 1973 / 
En Doce poetas italianas para el siglo XXI, La Náusea Ediciones, Barcelona, España / Primera Edición electrónica: Febrero de 2017 / Selección y traducción de Carlos Vitale / Fotos: jmp / 
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miércoles, 29 de noviembre de 2023

DINO CAMPANA Pum




EL CANTO DE LA TINIEBLA 

Luz del crepúsculo se atenúa:
Inquietos espíritus ¡sea dulce las tiniebla
Para el corazón que ya no ama!
Manantiales, manantiales hemos de escuchar,
Manantiales, manantiales que saben
Manantiales que saben que los espíritus están
Que los espíritus están escuchando… 
Escucha: la luz del crepúsculo atenúa
Y para los inquietos espíritus es dulce la tiniebla: 
Escucha: te ha vencido la Suerte:
Pero para los corazones ligeros otra vida está a las puertas:
No hay dulzura que pueda igualar la Muerte
Más más más 
Oyes  que todavía te acuna:
Oyes la dulce muchacha
Que dice al oído: Más más 
Y aquí se alza y desaparece
El viento: aquí vuelve del mar
¡Y aquí sentimos jadear 
El corazón que más nos amó!
Miramos: ya el paisaje
De los árboles y las aguas es nocturno
El río se va taciturno… 
¡Pum! ¡mamá, ese hombre allá arriba!



     En Cantos órficos y otros cantos / Campana, Saba, Ungaretti, Montale, Quasimodo / Versiones de Rodolfo Alonso / Centro Editor de América Latina, 1982 / Fotos: jmp /  
     Dino Campana (Marradi, Romaña, Italia, 20 de agosto de 1885 – Manicomio de Castel Pucci, internado desde 1918, San Martín La Palma, cerca de Florencia, 1 de marzo de 1932) / 
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martes, 21 de noviembre de 2023

ES TAN FÁCIL PASAR DE LA LUZ A LA OSCURIDAD





BAUTISMO 

     Es tan fácil pasar de la luz a la oscuridad. El poema (lo podés leer más abajo) es de Henry Treece (1911-1966). La versión de Juan Carlos Villavicencio. El poema lo canta Joan Báez (1941), está en su disco “Baptism” (Bautismo, Un viaje a través de nuestro tiempo, 1968). Entre otras pequeñas maravillas de los cántaros, canta y dice poemas y textos de Whitman, Prevert, García Lorca, James Joyce, Rimbaud, John Donne… Ningún hombre es una isla. Lo escuché ayer mientras esperaba. De tropezar, caerse, levantarse otra vez, estamos hechos de equivocaciones. Es tan fácil pasar de la luz a la oscuridad, cuando en realidad no somos ni lo uno ni lo otro.


¡NO DEBES ENTRAR DE NOCHE AL BOSQUE!

“El bosque está lleno de fulgurantes ojos,
El bosque está lleno de pies arrastrándose,
El bosque está lleno de diminutos alaridos:
¡No debes entrar de noche al bosque!”

Encontré a un hombre con ojos de vidrio,
Y un dedo tan enroscado como gusano retorciéndose,
Y el pelo todo rojo con podridas hojas,
Y un palo que silbó como una serpiente de verano.

“El bosque está lleno de fulgurantes ojos,
El bosque está lleno de pies arrastrándose,
El bosque está lleno de diminutos alaridos:
¡No debes entrar de noche al bosque!”

Él me cantó una canción usando palabras al revés,
Y dibujó un dragón en el aire para mí.
Vi sus dientes a través del dorso de su cabeza,
Y de su pelo ojos de una rata pestañeando.

“El bosque está lleno de fulgurantes ojos,
El bosque está lleno de pies arrastrándose,
El bosque está lleno de diminutos alaridos:
¡No debes entrar de noche al bosque!”

Él me hizo un centavo de una piedra,
Y me mostró cómo atrapar una alondra
Con una paja y una nuez y una palabra susurrada
Y una pizca de jengibre envuelto en una hoja.

“El bosque está lleno de fulgurantes ojos,
El bosque está lleno de pies arrastrándose,
El bosque está lleno de diminutos alaridos:
¡No debes entrar de noche al bosque!”

Él me preguntó mi nombre, y dónde vivo yo;
Le dije un nombre de mi Libro de Cuentos;
Él me pidió venir con él al bosque
Y bailar con los Reyes que viven bajo las colinas.

“El bosque está lleno de fulgurantes ojos,
El bosque está lleno de pies arrastrándose,
El bosque está lleno de diminutos alaridos:
¡No debes entrar de noche al bosque!”

Pero yo vi que sus ojos tornaban en fuego;
Y vi crecer las uñas en su retorcida mano;
Dije todos mis rezos precipitadamente,
Y me encontré a salvo en la tierra de mi padre.

“El bosque está lleno de fulgurantes ojos,
El bosque está lleno de pies arrastrándose,
El bosque está lleno de diminutos alaridos:
¡No debes entrar de noche al bosque!”


sábado, 14 de octubre de 2023

LOUISE GLÜCK Mentiría si digo que no tengo miedo




PRIMER RECUERDO 

Hace mucho me hirieron. Viví 
para vengarme 
de mi padre, no 
por lo que fue 
sino por lo que era yo: 
desde el principio de los tiempos, 
en la infancia, pensé 
que el dolor significaba 
que no era amada. 
Significaba que yo amaba.


EL ESPEJO 

Mirándote en el espejo me pregunto 
qué será ser tan bello 
y por qué no te amas 
sino te cortas, afeitándote 
como un ciego. Creo que me dejas mirar 
para poder ir contra ti mismo 
con más violencia 
necesitas mostrarme cómo te arrancas la carne 
con desprecio y sin vacilación 
hasta verte en la forma correcta, 
como un hombre que sangra, no 
como el reflejo que deseo.


CONFESIÓN 

Mentiría si digo que no tengo miedo. 
Le temo a la enfermedad, a la humillación. 
Como todo el mundo tengo mis sueños. 
Pero he aprendido a esconderlos, 
a cuidarme a mí misma 
de la plenitud: cualquier felicidad 
atrae a las Furias del Destino. 
Son hermanas, salvajes. 
No poseen ningún tipo de emoción, 
sólo envidia



En Casa Palabras, revista cultural de la CCE (Casa de la Cultura Ecuatoriana), número 48, diciembre de 2020: / (Versiones de Andrés Catalán, Eduardo Chirinos) / 
“Louise Glück es una de las voces capitales de la poesía estadounidense. Se graduó en 1961 en la Hewlett High School neoyorquina, y luego asistió al Sarah Lawrence College y a la Universidad de Columbia. Es profesora adjunta del Departamento de Inglés en la Universidad de Yale y vive en Cambridge (Massachusetts). En el curso de varias décadas ha publicado numerosos libros de poesía, entre los cuales destacan The Wild Iris, que le mereció el Premio Pulitzer, Averno, merecedor del Premio L. L. Winship/PEN New England y Faithful and Virtuous Night, Premio Nacional del Libro en Estados Unidos. Su volumen de ensayos Proofs and Theories ganó el Premio PEN/Martha Albrand. Su obra ha sido reconocida con galardones como la Medalla Nacional para las Humanidades, el Premio Bollingen y las becas Guggenheim y Rockefeller. Es miembro de la Academia Americana de las Artes y las Letras, así como de la Academia de Poetas Americanos. En 2020 fue galardonada con el Premio Nobel de Literatura.” / 
Louise Elisabeth Glück (Nueva York, 22 de abril de 1943 - 13 de octubre de 2023). / Fotos: jmp / Taller City Bell, espejos / Taller La Plata, nadie duerme / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

jueves, 13 de julio de 2023

STIG DAGERMAN Matar a un niño




MATAR A UN NIÑO 

     Es un día apacible y el sol cae oblicuamente sobre los campos. Como es domingo, no tardarán en repicar las campanas. Entre dos campos de centeno, dos jóvenes han encontrado una senda por la que no han pasado nunca y en los tres pueblos de la llanura relucen los cristales de las ventanas. Los hombres se afeitan delante de espejos colocados en la mesa de la cocina y las mujeres cortan canturreando el bizcocho para el café, y los niños, sentados en el suelo, se abrochan los justillos. Es la mañana feliz de un mal día, porque este día un hombre feliz va a matar a un niño en el tercer pueblo. Todavía está el niño sentado en el suelo abrochándose el justillo y el hombre que está afeitándose dice que hoy va a dar una vuelta remando río abajo y la mujer canturrea y pone el bizcocho recién cortado en una fuente azul. 
     No se cierne sombra alguna sobre la cocina y, sin embargo, el hombre que va a matar al niño está junto a un surtidor de gasolina rojo en el primer pueblo. Es un hombre feliz que mira a través de una cámara y en el cristal ve un pequeño coche azul y junto al coche una joven riéndose. Mientras la chica se ríe y el hombre hace la hermosa fotografía, el vendedor de gasolina enrosca la tapa del depósito y dice que van a tener un buen día. La chica se sienta en el coche y el hombre que va a matar a un niño saca la cartera del bolsillo y dice que van a ir al mar y que cuando estén en el mar van a pedir prestada una barca y van a remar hasta muy adentro. A través de las ventanillas bajadas la chica sentada en el asiento de delante oye lo que él dice, cierra los ojos y cuando cierra los ojos ve el mar y al hombre a su lado en la barca. No es en absoluto un hombre malo, está contento y feliz y antes de montarse en el coche se queda un instante delante del radiador que centellea al sol y goza del brillo y del olor a gasolina y a cerezo aliso. No cae sombra alguna sobre el coche y el brillante parachoques no tiene la menor abolladura y tampoco está rojo de sangre. 
     Pero al mismo tiempo que el hombre del primer pueblo cierra la portezuela de la izquierda del coche y lo pone en marcha, la mujer del tercer pueblo abre el armario de la cocina y no encuentra azúcar. El niño que se ha abrochado el justillo y se ha atado los zapatos está de rodillas en el escaño mirando el río que serpentea entre los alisos y la barca negra varada sobre la hierba. El hombre que va a perder a su hijo ha terminado de afeitarse y está plegando el espejo. En la mesa están las tazas, el bizcocho, la nata y las moscas. Lo único que falta es el azúcar y la madre le dice a su hijo que vaya corriendo a casa de los Larsson a pedirles unos terrones. Y mientras el niño abre la puerta el hombre le grita que se dé prisa porque la barca está esperando en la orilla y van a remar más lejos que nunca. Cuando el niño luego corre por el jardín va pensando todo el tiempo en el río y en la barca y en los peces que tropiezan y nadie le dice en voz baja que sólo le quedan ocho minutos de vida y que la barca se quedará donde está todo ese día y muchos otros días. 
     La casa de los Larsson no está lejos, sólo hay que cruzar la carretera, y mientras el niño la cruza corriendo, el pequeño coche azul entra en el segundo pueblo. Es un pueblo pequeño con pequeñas casas rojas y gentes que se acaban de despertar y están en la cocina con la taza de café en la mano y ven pasar a toda velocidad, por el otro lado del seto, el coche que deja una gran nube de polvo tras de sí. Va muy rápido y el hombre del coche ve desfilar los manzanos y los postes de telégrafo recién embreados, como sombras grises. El esplendoroso verano entra por la ventanilla, ellos dejan el pueblo atrás a toda velocidad, van bien y seguros por el medio de la carretera y están solos en ella –todavía-. Da gusto conducir completamente solos por una carretera lisa y ancha y en la llanura se va todavía mejor. El hombre es feliz y fuerte y con el codo derecho siente el cuerpo de su mujer. No es, en absoluto, un hombre malo. Tiene prisa por llegar al mar. Sería incapaz de hacerle daño a una mosca y, sin embargo, pronto va a matar a un niño. Mientras se acercan rápidamente al tercer pueblo, la chica vuelve a cerrar los ojos y juega a que no va a abrirlos antes de que puedan ver el mar y sueña al compás de los suaves tumbos del coche con lo brillante que estará.
     Y es que la vida está construida de manera tan despiadada que un minuto antes de que un hombre feliz mate a un niño, el hombre es todavía feliz, y un minuto antes de que una mujer grite de espanto puede cerrar los ojos y soñar con el mar y en el último minuto de la vida de un niño, los padres de este niño pueden estar sentados en una cocina esperando azúcar y hablando de los blancos dientes de su hijo y de una vuelta en barca, y el niño mismo puede cerrar una verja y empezar a cruzar una carretera con unos terrones de azúcar envueltos en un papel blanco en la mano derecha y durante todo este último minuto no ver nada más que un largo y brillante río con grandes peces y una barca ancha con remos silenciosos. 
     Después todo es demasiado tarde. Después hay un coche azul atravesado en la carretera y una mujer que grita se quita la mano de la boca y la mano sangra. Después un hombre abre una portezuela y trata de mantenerse en pie aunque lleva un abismo de terror dentro de sí. Después hay unos blancos terrones de azúcar esparcidos de cualquier manera entre sangre y grava y un niño yace inmóvil boca abajo con la cara violentamente aplastada contra la carretera. Después dos personas pálidas que aún no han podido tomarse el café llegan corriendo a través de una verja y ven un espectáculo en la carretera que jamás olvidarán. Porque no es verdad que el tiempo cura todas las heridas. El tiempo no cura la herida de un niño muerto y cura muy mal el dolor de una madre que ha olvidado comprar azúcar y manda a su hijo que cruce la carretera para pedirlo prestado e igual de mal cura la angustia del hombre, antes feliz, que le ha matado. 
     Porque quien ha matado a un niño no va al mar. Quien ha matado a un niño vuelve a casa despacio en silencio y lleva a su lado a una mujer muda con la mano vendada y no ven una sola persona alegre en ninguno de los pueblos por los que pasan. Todas las sombras son muy oscuras y cuando se separan siguen en silencio y el hombre que ha matado a un niño sabe que este silencio es su enemigo y que va a necesitar años de su vida para vencerlo gritando que él no tuvo la culpa. Pero sabe que es mentira y en los sueños de sus noches lo que desea es recobrar un único minuto de su vida para hacer diferente ese minuto único. 
     Pero la vida es tan despiadada con quien ha matado a un niño que todo después es demasiado tarde.


En El hombre desconocido, Nórdica, España, 2014 (Título original: Nattens lekar / Vårt behov av tröst, Stig Dagerman, 1947 / Traducción: Juan Capel) / 
Stig Dagerman (Suecia, 5 de octubre de 1923 - 4 de noviembre de 1954) / Fotos: jmp / 
Escribe Juan Capel en el prólogo: 
“Stig Dagerman murió una mañana de noviembre de 1954. Se encerró en el garaje de su casa, arrancó el motor del coche y esperó a que los gases tóxicos hicieran el resto. Tenía treinta y un años y ponía fin así a una brillante y meteórica carrera literaria. Dejaba una obra de reconocido éxito y calidad: cuatro novelas, un libro de viajes, numerosos relatos, varias piezas de teatro e innumerables artículos de prensa y reseñas de crítica literaria. 
Aunque la práctica totalidad de su obra testimonia un fundamento temático unitario, refractario en principio a cualquier criterio selectivo o clasificatorio, los traductores de este volumen hemos escogido veinticinco de sus relatos operando sin más guía que la dictada por nuestro propio gusto y preferencias, y los hemos reunido, salvedad hecha del primer relato, en estricta secuencia cronológica, es decir, en el orden en que fueron publicados, pero tratando de abarcar en todo momento las alternancias de punto de vista y de tratamiento que Stig Dagerman aplicó al meollo fundamental de su obra literaria.
Stig Dagerman nació en 1923 en Älvkarleby, una localidad rural a 110 km al norte de Estocolmo y a orillas del Dalälven, el río que delimita las provincias del norte y del centro de Suecia. Allí se crió al cuidado de sus abuelos en una granja del campo y allí mismo, en el pueblo, cursó estudios de primaria. A pesar de la ausencia de sus padres, Stig Dagerman gozó al parecer de una infancia bien atendida que, sin embargo, le dejó una marcada impronta. A Stig Dagerman le tocó vivir el ocaso definitivo de toda una era, el último suspiro de una cultura y de un país eminentemente agrícola y campesino, la Suecia de «los caballos y los tozudos», a decir de Olof Lagercrantz, la Suecia de los sembradíos ganados palmo a palmo, a punta de hacha y barreno, al bosque y al granito. 
Siendo ya un adolescente, se trasladó a Estocolmo para cursar el bachillerato. En la capital vivió con su padre, cantero empleado en el servicio de obras del ayuntamiento, de quien adquirió su ideario y militancia anarquista. Años después, al cabo de sus estudios y de ciertas experiencias y sucesos, cobró plena conciencia de su vocación e identidad de escritor y se propuso sin titubeos el quehacer inmediato de su razón creativa: escribir el libro de sus ausencias, el libro de sus muertos. 
(…) Hay un tema, no obstante, que recorre y preside toda su obra y, en realidad, toda su vida. Se trata de la solidaridad como idea suprema, principio ético y compromiso responsable. Stig Dagerman pudo saborear la dicha de la solidaridad desde niño, en medio de los estragos de la Gran Depresión. En algún lugar cuenta que toda su infancia fue un interminable convoy de pordioseros. En este contexto merece especial mención su solidaridad con la España republicana y con los represaliados de la dictadura franquista. Su casa fue lugar de encuentro de numerosos antifascistas y miembros de las Brigadas Internacionales. Se casó de hecho con una joven alemana, Annemarie Götze, cuya familia había recalado en Suecia después de haber huido de España, tras la Guerra Civil, y de Francia y Noruega por motivo de la ocupación alemana. 
En la vida cultural y política de Suecia, la solidaridad con España constituye un gran capítulo aparte, aún no escrito, que se extendió a lo largo de cuatro décadas. A Stig Dagerman le cabe el honor de haber sido, con su pluma e iniciativas, uno de sus primeros impulsores. 
Tal vez pudiera afirmarse que Stig Dagerman, quién sabe si consumido por su propio fuego, fue más que ningún otro el intérprete de los elementos de angustia, desconcierto y desesperación de una generación. Pero su comprensión y humildad fueron mayores cuanto más profundizó, con empatía y sensibilidad, en el laberinto del dolor y la angustia. Eso pretende expresar este pequeño poema suyo que ojalá pueda servir como colofón de su obra y destino.” / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-