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domingo, 24 de marzo de 2019

JUAN GELMAN Querido Paco



Querido Paco:


     Me estoy haciendo de comer en mi cocina de Roma. Me acuerdo de hace años -¿ocho? ¿diez?-, cuando nos hicimos de comer en tu casita de Ciudad de la Paz, en Buenos Aires. Te gustaba decir casita. Se había muerto el Moro y decidimos, antes de acompañarlo a su penúltima morada, comer bien, chupar bien, como tantas veces hicimos con él antes de llevarlo al cementerio.


     Entonces mucha gente moría de muerte natural. La del Moro fue por enfermedad, pero no tan natural. Había tomado mucho en su vida, nos llevaba -calculo- unos doce mil litros de vino de ventaja, y llegó el momento en que tuvo que elegir: una vida ascética, sin alcohol, sin mujer, sin tabaco, o una muerte rápida. Eligió lo segundo, por elegancia moral.


   A la mujer que amó, el Moro le escribía cartas como ésta (más o menos): "El postillón me arrastra lentamente por la tundra, estirando las verstas que me alejan de vos", escribía el porteño caradura, nato en el barrio de Belgrano. "Está borracho -continuaba-, solloza, dice 'mamuschka', 'mamuschka'(que viene a ser más trágico y más tierno que 'mammamia', 'mamma mia') y cada tanto le pega un tarascón al vodka que le vidria los ojos. ¿O se vidrea? Un ojo, por lo menos, seguro que lo tiene de vidrio. Debe ser el izquierdo, porque el tarantás se aleja peligrosamente del borde derecho del camino. Naturalmente: el postillón ladea la vista hacia la izquierda, hacia lo que no puede ver. Yo también me ladeo hacia lo que no puedo ver. La dacha de mi infancia, mi padre, general de la nación, las marquesinas que arreglaba Piótr Ivánovich, el rengo. Te amo, Katiénka, tu recuerdo se enlaza con los maravillosos blínchekis que me servís con tu manita de seda, como si fueran niños. Quién sabe qué me espera al final de la jornada. Seguramente, el estarosta en la puerta de mi finca. Pero yo no quiero verlo nunca más."


     De tanto de eso nos reímos.


     También me acuerdo, Paco, años después -¿cuatro? ¿cinco?- de la casa clandestina `pr el barrio de Constitución, donde nos reuníamos a veces. Y del gesto que me hiciste -pulgar derecho hacia abajo, como los emperadores de Roma- cuando me abrías la puerta esa vez que me tuviste que anunciar que la organización me mandaba a Europa, al exterior. Ni vos ni yo queríamos que yo me fuera. Ya se moría menos de muerte natural y ninguno de nosotros quería irse del país, de eso que había empezado en el país.


     Y después, te mataron. Te ibas volviendo cada vez más hondo para entonces, más alegre y más humano. Sigo pensando, hace años que lo pienso -¿cuatro? ¿cinco?-, que era mejor que te mandaran a Roma a vos. Ahora estarías haciéndote de comer en tu casita, recordándolo al Moro, recordándome, lejos, cerca. 


     No me quiero morir en lugar tuyo, aunque a veces quisiera estar en tu lugar. Lo que pasa es que una vez me dijiste que ibas a vivir ochenta años, y yo te creí. Y todavía te creo. 




Roma/ 29-5-80

Poema XXI de Bajo la lluvia ajena (notas al pie de una derrota); en Interrupciones II
Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1986.
Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 – Ciudad de México, 14 de enero de 2014).  Foto: Jmp

viernes, 20 de enero de 2017

Francisco Urondo, Los carbones con que se alimenta la poesía


ENUNCIACIÓN

alejados los camellos que merodeaban esos días desiertos
sabiendo que los mismos días nos utilizan
gesto a gesto
y de qué manera airada el estremecimiento alcanza los cabellos
y que la lluvia empaña los buenos recuerdos
y sus cristales

ocurriéndosenos que hemos llorado sobre el secreto de las horas
y que han agitado pañuelos como banderas nacionales
pero desde otros balcones menos expuestos
y que nos hemos refugiado con altivez feudal
de las noches en sus tabernas
y que apelamos en algún momento al concierto de las mañanas
como ahora
en que un trolebús me acelera
entre el amor y el odio y la aventura de los hombres

sin olvidar que los días buenos golpean
y que los malos asesinan a medida que avanzan en su camino
y en la herida ya abierta
tratando de ostentar algunas aventuras macilentas
escuchando buenos consejos
y exhortando a la paciencia
redimiéndonos de la premura
conociendo el lecho de maíz en que reposa
y los carbones con que se alimenta la poesía

augurando que mañana o pasado será domingo para todos
y que descansaremos como dioses
desconfiando de los vecinos
y dándonos a los viajeros
porque ellos descubrirán nuevas razones
amando en última instancia a todos
presuponiendo que será hora de partir
cuando el delirio sea una dura escarcha
y las rutas abandonen su rebeldía
recordando que el mar aguarda con las jarcias
que no fueron destrozadas por la literatura
sino por los verdaderos huracanes
aquellos que nos arrastraron
al auge mismo de los corales
todavía entusiasmados por vivir
y al sigiloso misterio de las especies
donde dormiremos la paz de los cometas
enjuta y ágil




Poema de un joven Francisco “Paco” Urondo, no recopilado en su poesía completa (y hasta donde sé, en ninguno de sus libros individuales). En: revista Poesía Buenos Aires, números 16-17, invierno y primavera de 1954. Director: Raúl Gustavo Aguirre.
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe, provincia de Santa Fe. Murió, en Guaymallén, provincia de Mendoza, combatiendo a la dictadura cívico-militar, el 17 de junio de 1976. Foto: Jmp

lunes, 2 de enero de 2017

Francisco Urondo, Hoy hace menos que el año que vendrá


QUIROMANCIA

Hoy hace menos frío
que el año que viene, si viene. Vendrá
seguramente para que nadie
crea en las groserías de las profecías, o de los meros
sueños premonitorios. Esas tonterías
solferinas, esas fantasías sin importancia, tardes
en las que el corazón humano
se pone al rojo morado, se
diría. Se dirá, cuando haya
algo que decir: hoy
hace menos que el año que vendrá.


EL ÁRBOL DE LA VIDA

Una cisterna me ha descubierto
la cara del futuro. No hay bemoles
ni demonios más allá del agotamiento; ni figuras
consulares, ni ternura que vuele siquiera
como una transpiración sobre el horizonte luminoso.

Miro el pantano, la cisterna
que me rodea. La mirada
que no vislumbro, la acacia que no huelo: ay hijos
míos cómo pensaba no quejarme, cómo
odiaba todo lamento; pero queja
y batalla suenan en la misma campana,

especialmente cuando miramos
el tiempo de derecha a izquierda, de adentro
hacia atrás y vuelan
los aires ambiguos, las luces
cruzadas del pecado de Alejandría.



De: Poemas póstumos, 1970-1972. En: Poemas, Colección La Honda, Casa de las Américas, Cuba, 1984.
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe, provincia de Santa Fe. Murió, en Guaymallén, provincia de Mendoza, combatiendo a la dictadura cívico-militar, el 17 de junio de 1976. Foto: Jmp

lunes, 31 de octubre de 2016

Francisco Urondo, Antes de que se haga la noche


CANDILEJAS

                                                                                     a Jorge Souza.

el frac está impecable
como en la mejor noche de su antepasado
en su mano brilla la galera alta
junto a los guantes blancos
eres un hombre elegante
en el foyer lustroso de un teatro


pero adentro no hay rigoletto
adentro hay sombras
fantasmas dicen
algún hombre que fracasó con un chasquido
–una guitarra a la que se le han roto las cuerdas-
o el amigo que no ve hace muchos años
y no quiere reencontrar
pues teme por su pulso
y por su timbre de voz


ahora comienza el número femenino
el cuadro central al parecer
de este espectáculo
pero no hay bataclanas desnudas
sino cierto cansancio en los ojos
alguna medrosidad en los trajes azules
decadencia en el compás

en este cuadro confunde todo
el engaño y las traiciones
cierta pasión muy grande o algún olvido
no recuerda el nombre de su primer amor
y mezcla sus cabellos rubios
con los teñidos de una muchacha delgada
de buen corazón

de ésta sí recuerda el nombre
muchos la llamaban y ella acudía dispuesta
con los años que han pasado
también ahora llega a su pequeño escenario
y le parece estar en aquella pensión ruinosa
y que es la primera vez
y que son las mismas caricias


en este momento nada se representa
un hombre llora simplemente
no tienes dinero para pagar el dolor de una mujer
pero cobran diariamente tu pasión oscura
tu sueño acompasado
adiós adiós hijo mío
todo está concluido de antemano
para muchos que creen vivir
tú no llegarás a ser en cambio
-algo similar pero más digno-

qué será de nosotros sin nosotros
de tu mano solitaria en la jungla
sin tus olas de aventura
sin mí sin alguien al menos

el instigador vuelve arrepentido a tu golpe de sangre
sobran las razones para ti
pero es demasiado temprano todavía
demasiado frío el aire
el hombre solo no tiene consuelo
se ha interrumpido el espectáculo
adiós adiós nos veremos luego


han desaparecido las mujeres
sus medias eran de muselina
su calor no era el que pensaba
no imaginó así sus manos
su gesto de ayuda
está cansado de admirar sus carnes que decaen
siente el pecho oprimido
y la boca amarga
y ayer no corrió el vino
su conciencia no está muy tranquila
hay que abrir las ventanas
y recibir las risas frescas
antes de que se haga la noche


es entonces el mar en escena
a toda orquesta
un director trata de mezclar
su melena blanca
con la espuma del oleaje
no
no quiero ser otra vez engañado
ya no soy un niño
he vivido con cierta rapidez
he sabido enamorarme
tengo una mano que cae donde no debe
alguna forma de comprensión


el mar se ha alejado sonriente
está lejos de los naufragios
lejos del hombre que está por ahogarse
y nada a brazo partido hacia la orilla borrosa

el propósito es el mismo
él nada por salvarse
y yo me hundo en el papel vacío
liso como las aguas

¿alguna vez alcanzaré ese rumor
serán las aguas una esperanza
me salvarán sus riendas
navegaré este mar de fondo?

tu hija tiene la pureza que has olvidado
y que ella no puede revelar


las aguas te han dejado un regalo
es un caracol que zumba como una tormenta


en eso apareces en escena
te mueves torpemente
eres una marionetta
como aquellas que tú mismo manejabas
fernando viene a tu memoria
él es otro semejante
muchos espejos te reflejan
vas a aflojar
pero rompes las luces de una trompada
todo el mundo grita
como si estuviera en un terremoto
no es para tanto
digo
y una gran ola envuelve las voces
con su brazo nocturno


ya nadie silba a la salida del teatro
ya no hay teatro bueno
no existe maese pedro y su música
está solo con su propia imagen
el hallazgo de esta nueva semejanza
lo enorgullece
va a felicitarse
pero advierte que no se trata
de una revelación divina
y que tal vez haya poco tiempo
puede ser el séptimo día de la creación
los dioses bostezan
y antes de calzarse los guantes blancos
y la galera alta de felpa
habrá que empezar de nuevo
y terminar enseguida
en un solo instante

                                                                                                                     Ituzaingó – febrero
                                                                                                                                          1956


En: Dos poemas, Ediciones Poesía Buenos Aires, 1959. El poema está dedicado a Jorge Souza, quien realizó la diagramación y la cubierta de este cuadernillo.
Esta versión del poema “Candilejas” (posiblemente la primera en ser editada en papel), tiene diferencias con las presentadas en Poemas (Colección La Honda, Casa de las Américas, Cuba, 1984) y Obra poética (Adriana Hidalgo, 2006), ediciones que suelo frecuentar.
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe, provincia de Santa Fe. Murió, en Guaymallén, provincia de Mendoza, combatiendo a la dictadura cívico-militar, el 17 de junio de 1976. Foto: José María Pallaoro. City Bell, después de la lluvia, nido de hornero sacado de sauce seco de la vereda.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Francisco Urondo, Qué ha sucedido en esta casa


LA TRISTEZA NO TIENE FIN

qué ha sucedido en esta casa
tan deshabitada a menudo
tan muda  tan disoluta

qué ha ocurrido en sus peregrinas maneras
en sus formas
en el filo

qué hábitos han perdido terreno
qué sol enmudeció
qué alcohol pudo quedar abandonado

qué ha pasado con sus esperanzas
con sus fracasos  con sus aires fastos
y sus fuegos eróticos

qué pasó con sus árboles
con su primavera
con su rencor

qué sueño creció sin reservas
qué amor sin destino
qué suerte sin vuelos

qué pasó con sus sombras
con su olor a mujer
con su prestigio

y con sus palabras deshabitadas
y con su triste desapego
con su necesidad
qué ha pasado en la casa

qué ha sucedido 
quién la ha destruido para siempre



De: “Nombres” (1956-1959). En: “Poemas”, Colección La Honda, Casa de las Américas, Cuba, 1984. Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe, provincia de Santa Fe. Murió, en Guaymallén, provincia de Mendoza, combatiendo a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Francisco Urondo, Casi al alcance de la mano


LA VIDA POR DELANTE

A Matilde Herrera

Por qué hoy, precisamente,
voy a sentir miedo, teniendo
la seguridad de que mamá nos cuida, como
hace tantos años, y
llora desde la puerta
porque estamos enfermos y vamos a morir.

–Mamá no lloraré nunca
desde la puerta: hace frío
cuando alguien se enferma de cuidado
y puede morir–

Por qué hoy se me ocurren
estas cosas tan consabidas; por qué
no hablo de la revolución social o del sufrimiento
anegado en una mujer
de quien su hijo está enfermo; del desarme de la ternura, de
las mareas, de los coches de plaza, de los
cereales, que más no fuera.

–Ah soledad que no puedo
romper. Ah tristeza
aquerenciada,
dueña de tanta memoria­–

Por qué hoy no puedo estar alegre. Descuido
lo que tengo, no he sabido vivir, suelo
mirar la vida del otro lado de una puerta. Tengo
frío y ganas de vomitar, te hago
cosquillas en la palma de la mano
para que sonrías un poco, para que me olvides
un poco, para que sueñes un poco, para que saltes
un poco
dormida,
asombrada, lejos, mirando
desde la puerta.

Por qué hoy me doy cuenta de que nunca he tenido
talento para el amor; por favor
una mano; por lo que más quieran,
si llegan a necesitarme, no se olviden de mí. Hoy no puedo
hacer otra cosa que esperar inútilmente
desconsolado, con rabia, con desidia, con miedo,
con vergüenza, con todo lo de siempre: la puerta un poco
entornada, cerca de allí, casi al alcance de la mano.


De: “Del otro lado” (1960-1965). En: “Poemas”, Colección La Honda, Casa de las Américas, Cuba, 1984.  
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió, combatiendo a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976.

lunes, 30 de enero de 2012

Francisco Urondo – Cerrar los ojos


CINCO DE LA MAÑANA


Cuando al amanecer describo el rumbo de las calles desiertas, grandes y cambiantes formas de colores estridentes, me alcanzan la armonía y la fe de las hojas; pero me niego, cierro los ojos y me quedo con el desequilibrio acostumbrado.

A ciegas llego al primer andén; allí veo trenes que salen para cualquier parte; generalmente van a estrecharse con la Pampa y a veces tomo alguno de ellos, cuando ya no tengo necesidad de cerrar los ojos.


De: “Textos. Historia antigua” (1950-1957). En: “Poemas”, Casa de las Américas, Cuba, 1984.
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió en Mendoza, combatiendo a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976
.

Francisco Urondo – La hormiga


LA HORMIGA


La hormiga pasea alrededor de la gorda naranja. La naranja es dorada, jugosa, correntina, y el camino infinito.

Ella podrá penetrar el fruto absolutamente, terminar con su marcha, eludir el hastío, lograr el poder
pero teme terminar con su imaginación.

a Raúl Gustavo Aguirre



De: “Historia antigua” (1950-1957). En: “Poemas”, Casa de las Américas, Cuba, 1984.
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió en Mendoza, combatiendo a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976
.

miércoles, 28 de abril de 2010

Francisco Urondo – La verdad es la única realidad


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LA VERDAD ES LA ÚNICA REALIDAD

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el ángelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente
el presente, pero pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.

Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973

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En: “Poemas de batalla”. Antología poética, Seix Barral, 1998. Palabras previas. Juan Gelman. Y en: “Obra poética”. Cuidado de la edición y prólogo de Susana Cella, Adriana Hidalgo Editora, 2006 (incluido en “Cuentos de batalla”, 1973-1976).
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Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió en Mendoza, combatiendo a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976.
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Ilustración: “Lady Godiva” (detalle), ca 1897, por John Collier (1850–1934).
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martes, 23 de marzo de 2010

Francisco Urondo – ¿Soy el Poeta de la Revolución?



¿SOY EL POETA DE LA REVOLUCIÓN?

¿Soy el Poeta de la Revolución
acaso, como dice
por ahí –bromeando–
un compañero de cárcel? No. El poeta
de la Revolución es el Pueblo; pero el
pueblo concreto, de persona a
persona; el Viejo Ponce que
ayer cumplió años y casi
le revienta el corazón de alegría
cuando le cantaron La Marchita
Revolucionaria del Pueblo. La cantaron
como si fuera el Happy Birthday, y se fumó
un habano legítimo, regalado
por Fidel al Chicho, y por éste a
un amigo, y del amigo a mí y de mí al Viejo
Ponce, por la Gracia Divina. Ponce,
el viejo gladiador peronista,
es el Poeta de la Revolución.



En: “Obra poética”. Cuidado de la edición y prólogo de Susana Cella, Adriana Hidalgo Editora, 2006 (incluido en “Cuentos de batalla”, 1973-1976)
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió en Mendoza, combatiendo a la dictadura cívico-militar, el 17 de junio de 1976.
Foto: Paco jugando en la orilla del río. En “Francisco Urondo. La palabra en acción. Biografía de un poeta y militante”, Pablo Montanaro, Homo Sapiens, 2003.

lunes, 22 de marzo de 2010

Francisco Urondo – Garza mora y El tiempo sigue



GARZA MORA

una nube blanca
roza los vidrios
y pasa

una bandurria, enamorada
esgrimiendo
sus plumas grandes
de mujer

un bañado intenso
y largo
reflejando el rostro
que quisieras
mirar

y los pasos
en las aguas espesas
hundiéndose
en los charcos
y en la aprensión

vida linda y fuerte
ésta
vida grande
difícil de vivir


EL TIEMPO SIGUE

la tarde se va
y los colores
y el agua
y ese aire
entre nosotros
ese soplo
que nos rodeaba

cómo vivir
sin ese sol
con este desaliento

qué penoso hablar
tocar un árbol

qué veremos después
más hermoso y más lento



En: “Poemas”, Colección La Honda Casa De Las Américas, Cuba, 1984 (incluido en “Lugares”, 1956-1957)
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió en Mendoza, combatiendo a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976.
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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Francisco Urondo – Mi tierra querida



MI TIERRA QUERIDA

Ya es hora de perder
la inocencia, ese
estupor de las criaturas que todavía
no pudieron hacerse cargo
de la memoria
del mundo al que recién nacieron.

Pero nosotros, hombres
grandes ya, podemos olvidar, sabemos
perfectamente qué tendríamos
que hacer para dañar
el presente, para romperlo.

Aquí nadie
tiene derecho a distraerse,
a estar asustado, a rozar
la indignación, a exclamar su sorpresa.



En: “Poemas”, Colección La Honda Casa De Las Américas, Cuba, 1984 (incluido en “Son memorias” -1965/1969-)
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe. Murió, combatiendo a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976.

martes, 24 de marzo de 2009

“Voces de Vidas”. Poesía y memoria: Conti, Urondo, Lamonega, Dorronzoro, Aiub, Santoro, Bustos, Favero, Gelman, Mux, Pallaoro, Eustratenko, Aprea.



-
“Voces de Vidas”. Poesía y memoria.


Poemas y textos de:

Haroldo Conti
Francisco Urondo
Imar Lamonega
Dardo Dorronzoro
Carlos Aiub
Roberto Santoro
Miguel Ángel Bustos
Daniel O. Favero
Juan Gelman
Néstor Mux
José María Pallaoro
Griselda Eustratenko
Inés Aprea


En las voces de:


Ana María Haramboure, Graciela Sandoval, Carolina Donnatuoni, Omar Musa, Liliana Perdomo, Oscar Vernales y Carlos Aprea
Intervención Musical: Nina Rapp

Lunes 23 de marzo - 22hs.
Centro Cultural El Núcleo (6 Nº 420 e/40 y 41) - La Plata

“Voces de Vidas”. Poesía y memoria. 2


-
GIECO: TEMA SOBRE LAS FLORES 2ª PARTE

NUEVE ------------------------------------- Lee (OSCAR Vernales)

te cuento de las flores aquellas que decidimos un día cuidar juntos
de cómo intentamos hacerlo
de cómo hay que regarlas día a día para que no mueran
de cómo el yuyal avanza si nosotros nos quedamos
si bajamos los brazos
de cómo las hormigas pueden matarlas
de cómo sus tallos son aún débiles
de cómo su verde aún no alcanza
de cuánto falta para que florezcan
y cuánto falta aún sembrar
te cuento de las flores aquellas que decidimos un día cuidar juntos
y tengo miedo de no verlas.-
---------------------------------------------------------------- Texto (CARLOS AIUB, detenido desaparecido)
-
EL OCASO DE LOS DIOSES ------------------------------ Lee (GRACIELA Sandoval)


No hay nadie en la calle, en los ruidos húmedos, en el
vuelo de las hojas y mis pasos quieren reiniciar
las maderas de la adolescencia.

Pero todo está abandonado, no hay nada que pueda
favorecernos; ningún aire de inconsciencia, ningún
reino de libertad. Sólo hábitos tolerantes haciendo
crujir nuestra memoria. "Ha estado bien", decimos.

Dueños del incendio, de la bondad del crepúsculo,
de nuestro hacer, de nuestra música, del único
amor incoherente; soberanos de esa calle donde los
tactos y la impresión hicieron su universo.

Las sombras acarician aún sus veredas, tu mismo
nombre y tu gesto son una forma nocturna que en
esa constelación crece y sabe enrostrar nuestra
culpa.

Y todo termina con una esperanza, con una dilación
–"ha estado bien"–, o en un bostezo, o en otro
lugar donde es menester el coraje.

------------------------------------------------------- Texto (FRANCISCO “PACO” URONDO)
-
UNO MÁS UNO HUMANIDAD ---------------------- Lee (LILIANA Perdomo)

II

mañana un general con viruela boba habrá de acuartelar a mil conscriptos
porque una mosca le ensució un tintero de la guerra del paraguay
y su esposa tendrá un hijo con un coronel
un forzudo canta un jingle
y en el décimo piso del ministerio dos empleados juegan a la generala
mientras una mujer les muestra la bombacha a dos cadetes

parece que van a tapizar el sillón de la presidencia
y está en estudio clausurar la poesía

¿qué hace el tanque ése parado en la puerta de mi casa?


III

el hijo del poeta surrealista
remontó clandestinamente un barrilete
viendo a un albañil leer a Kant en el tranvía

y cuando vi que el padre del ministro se transformaba en iguana
recuerdo que se organizó un campeonato de ajedrez en una villa miseria

así empezaron las cosas
fue cuando las gallinas todavía empollaban huevos

ahora
a los almaceneros se les ocurrió estudiar taquigrafía y bailes clásicos

no creo que aguantemos mucho tiempo.
------------------------------------- Texto (ROBERTO J. SANTORO, desaparecido el 1° de junio de 1977)
-
MÚSICA: TEMA DE LA RESACA

CADA DÍA QUE PASA ----------------- Lee (CARLOS Aprea)

Sin excepción, casi por naturaleza o desatino,
todos los días, a la mañana, temprano,
ando por este camino. Llego tarde al trabajo y con
alegría, cuando
es necesario llegar más temprano
y con indignación o repugnancia o sed
de venganza o rabia. Todo esto
no me martiriza ni me apena, aunque parezca
lo contrario y tenga olor a traición; sé muy bien,
con toda impaciencia, que el ocio
llegará algún día con la revolución. Y que ni una cosa
ni la otra vienen de la tristeza o de la impotencia.

Voy cansado, es cierto, harto como todo el mundo que se precie,
o con desaliento; pero nunca falta
alguna cosa, un olor,
una risa que me devuelva,
para valer la pena; recién entonces empiezo a convencerme;
calles sucias y bocinas y el tráfico
alucinado y dormido todavía; viejos conocidos,
como el destino
o la bruma de la ciudad. Y
el mal semblante; la desconfianza
en los ojos, en los grandes ojos de la gente
hechos para volar. Manos enrarecidas
que rodean
la calle sitiando su respiración. Dominados
del mundo; empleadas
tersas y vulgares bajando
de coches lujosos de los dueños
de otras empleadas, y así sucesivamente.
------------------------------------------------ Texto (FRANCISCO “PACO” URONDO)

-
MÚSICA: CANCIÓN DEL ÁRBOL DEL OLVIDO

LA PURA VERDAD -------------------------------- Lee(ANA María Haramboure)

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.
Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:
siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.
Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.
Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.
Me avergüenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.
Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.
Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.
El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algún día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos
me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.
No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.
La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.
Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:
sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.
Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.
Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.
Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida
Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.
Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme
Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.
--------------------------------------------------- Texto (FRANCISCO “PACO” URONDO)

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MÚSICA: TEMA M. E. WALSH

ARGENTINAZO ---------------------------- Lee (LILIANA Perdomo)

He vuelto.
Ni la luna naranja ni el velamen chinesco
me importan,
ni les pido a los focos del muelle
que hagan niños de niebla,
rondas que me conduzcan, jugando al Gallo Ciego,
a la infancia perdida.

Puerto, dame ruidos de güinches y anclas,
cataratas de trigo,
el rechinar de un tren que huela a estiércol,
el cencerro de la vaca judas
deshaciendo muuues de uno en fondo
por los bretes que dan al matadero.

Dame un fulgor de ocaso
(pon, si gustas, alguna nube lila,
el parpadeo de la Cruz del Sur),
que vaya dorando:
letrinas de cartón, techos de pajabrava,
arrabales de cinc, chimeneas sajonas,
palo mayor de un barco…

Y fuime con mi cóndor riesgo adentro,
buscando el epicanto del sismo del coraje,
el volcán del fervor.
Todos eran muchachos. Tenían en los ojos
un severo destello y llevaban la edad
barbada y miliciana.
Escapados del cerco de la droga y lo morbo,
fueron formando oleaje,
un trueno hecho de venas dilatadas en grito
rodando largamente por la urbe y el mapa,
una carga suicida de amor loco y furioso
por sentir que los beses
emancipada, Patria,
contra la turbia horca de la traición
cerrándose
para quebrar sus himnos.

-------------------------------------------- Texto (IMAR LAMONEGA, detenido desaparecido)
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MÚSICA: FINAL TEMA M. E. WALSH

NO OLVIDAMOS NADA --------------------------- Lee (CARLOS Aprea)

No olvidamos el llanto
ni el vacío de los muertos en la tierra.
América circula con todo sufrimiento.
Pero canta.
No con voz de fuerza.
Canta el día de luz que llega
por el río de trigo,
al ardor de sus hombres
erguidos y en marcha.
No olvidamos nada.
Pero el canto es la fiebre más alta.
Huye de nuestras frentes,
señala nuestra sangre.
Alto. Altísimo.
Como nuestro amor.
------------------------------------- Texto (MIGUEL ÁNGEL BUSTOS, detenido desaparecido)
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SONIDO DE LA VOZ HUMANA ----------------------- Lee (OSCAR Vernales)

Llueve húmeda será la luna cortada
a ras del cielo sangriento que me cae.
Por cada vez siempre
me pongo y salgo
con mi corazón de sol sobre el horizonte.
Daré a todos
la puesta de corazón aquella
de las seis de la mañana del día más puro..
Hago la noche hago de cuenta que hablo visible invisible.
No seré de los de un hierro y un alma solos.
Luz no olvido lo que imagina mi sangre en tus venas mi boca
que no es mía.
Soy mil por mil a cuatro costados
un cuerpo mundo de mil lenguas.
No olvido créeme no olvido
acabo de nacer no olvido para siempre.
---------------------------------------------- Texto (MIGUEL ÁNGEL BUSTOS, detenido desaparecido)
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VERBO IRREGULAR -------------------- Lee (GRACIELA Sandoval)


yo amo
tu escribes
él sueña
nosotros vivimos
vosotros cantáis
ellos matan
--------------------------- Texto (ROBERTO J. SANTORO desaparecido el 1° de junio de 1977)
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MAREA DE ELEGÍA ---------------------------- Lee (CARLOS Aprea)

El aire de la marcha es nuevo para todos.
Tengo aún la palabra; la ejerceré más alto.

Llegué con los escombros de un cielo sobre el rostro
y escucho crepitar hogueras de fervor,
fuegos poniendo en fuga bestias que me asolaban.

Nada impide que vea pasar incandescencias,
que sienta una península como siento a mi padre,
que vaya a mirar rostros que quiere la ternura
o el azogue de nada que me revela vida.

La marea está alta, acumula en Los Andes
Nilos como el de Cuba con limo para todos.

El corazón es patria soñada, prometida,
del vuelo vagabundo de la sangre del hombre.

Todo obliga a explorar hasta el adiós final.
------------------------------------------ Texto (IMAR LAMONEGA, detenido desaparecido)-
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FOTO: Oscar Vernales y Carlos Aprea.
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“Voces de Vidas”. Poesía y memoria. 3


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MÚSICA: PALOMITA BLANCA 1ª PARTE

-------------------------------------------------------- Lee (CAROLINA Donnatuoni)
MARÍA VIENE CON ESTELLAS EN EL PELO,
ella recién nacida de raza milenaria,
como si la empujaran los fantasmas furiosos,
aquellos mismos vientos, la llanura salvaje.

Pero lleva puestos su tapado y sus zapatos
vulgarmente modernos, para mentir que es buena,
perfecta occidental. Habla un buen español
para que no descubran su lengua vengadora.

María, que admitió mi mano blanca, sabe
que llevo, yo también una mascara: nombre
y apellido y corbata y algunos papeluchos
de acuerdo con las leyes, por hoy y mientras tanto,

seguiremos soñando poder amanecer
un día despeinados, desnudos y aborígenes,
salir y caminar por Nuestras avenidas
y saludar a gritos al resto de la tribu.
-------------------------------------------------- Texto (DANIEL O. FAVERO, detenido desaparecido)
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MÚSICA: PALOMITA BLANCA 2ª PARTE

LLUVIA EN LA VILLA ------------------------- Lee (ANA María Haramboure)

afuera
el agua cae
de arriba para abajo
adentro
el agua sube
de abajo para arriba
-------------------------- Texto (ROBERTO J. SANTORO, detenido desaparecido)

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CÁRCEL DEL PUEBLO ------------------------------- Lee (CARLOS Aprea)


ciudadano de la clase 39
factor rh negativo
comunica a la división de investigaciones
policiales antidemocráticas
haber descubierto una cárcel del pueblo
está ubicada cerca de mi casa
es la villa miseria
a la que da su espalda
la manufacturera algodonera argentina
sociedad anónima.
---------------------------------- Texto (ROBERTO J. SANTORO, detenido desaparecido)

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MÚSICA: HOY VENGO A ENTREGAR MI CORAZÓN

¿QUÉ ALTURA PISÉ AHÍ? --------------------------- Lee (OMAR Musa)

Me pareció petiza mi ciudad.
Mi Paraná emotivo corría embarrancado
a lo largo del centro
y al final fluyó en su delta de barriadas de cine.

Delante de mis pasos iba el galgo del ansia
y un rastro de mujer me conducía
a una dicha olvidada.

De pronto, boquiabierto, me encontró
ante el presidio.
¿Qué altura pisé ahí,
tirado en la humedad, bajo la manta
que olía a otras angustias?.

Seguro que no fue cuando llenaron
la cárcel de escolares
y sacáronme adrede, para apagar las risas
y chocar con la triste mirada de mi pibe,
quien me colgó la mustia guirnalda del abrazo
y alejose, humillado.

¿Fue acaso en el banquito,
con mi Rosa de un lado y un milico del otro
cuando ví que salía entera de su cara
la lumbre del amor
y por fin divisé
tierra de eternidad?
--------------------------------------------- Texto (IMAR LAMONEGA, detenido desaparecido)
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MÚSICA: FINAL HOY VENGO A ENTREGAR MI CORAZÓN

EL ÁRBOL -------------------------------------- Lee (GRACIELA Sandoval)

De la violenta madrugada
un hombre entra a su casa y el olor de sus hijos
le golpea la cara, los olvidos, la furia,
ahora cierra la puerta con doble llave
y se saca la gente, la ropa con cuidado,
apaga los gritos de la camisa
o los ojos del camarada que brillan en la cárcel
y oye cómo se mueve la ternura en la pieza,
bajo sus ramas dormirá todavía una noche,
bajo sus ramas yacerá cuando caiga.
------------------------------------------------- Texto (JUAN GELMAN)

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DOCE ---------------------------------------------- Lee (OSCAR Vernales)

la tristeza es una figura de humo
muy cierta por cierto
la tristeza es una niña vestida de otoño
un encuentro común aunque no la busco
la tristeza es un pedazo de cielo tras la ventana pequeña de una celda
es morir y no ver el triunfo.-
-------------------------------------------------- Texto(CARLOS AIUB, detenido desaparecido)
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MÚSICA: TONADA DEL VIEJO AMOR

EL HOMBRE LIBRE ----------------------------------------- Lee (LILIANA Perdomo)

Estaban los dos hombres en un calabozo.
- ¿Por qué estás preso? - preguntó uno.
- Porque soy libre - contestó el otro.
- ¿Y qué es la libertad?
- La libertad no existe, como no existe el hombre. Sólo existe el hombre hambriento y el hombre libre.
- ¿Y qué es ser un hombre libre?
- No decir y no hacer lo que los hombres libres quieren que uno diga y haga.
- ¿Y si te obligan?
El hombre libre se rió.
- Precisamente – dijo-, ahí está la fuerza del hombre libre. Nadie puede obligarlo a decir ni hacer lo que no quiere.
- Sin embargo – dijo el otro-, ahora, por ejemplo, te obligan a no estar con la mujer que amas.
- ¿Y quién te dijo – contestó el hombre libre- que no estoy con ella?
------------------------------------------------------------ Texto (DARDO DORRONZORO, detenido desaparecido)
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MÚSICA: FINAL TONADA DEL VIEJO AMOR

LA VERDAD ES LA ÚNICA REALIDAD ------------------ Lee (OSCAR Vernales)

Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el ángelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, pero
pertenecen a la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las
masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad como
la esperanza recatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar
lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.
------------------------------------------------- Texto (FRANCISCO URONDO, Junio de 1976)
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NOTA XII ------------------------------------- Lee (ANA María Haramboure)

Los sueños rotos por la realidad
Los compañeros rotos por la realidad/
Los sueños de los compañeros rotos
¿Están verdaderamente rotos / perdidos / nada
se pudren bajo tierra? / ¿su rota luz
diseminada a pedacitos bajo tierra? / ¿alguna vez
los pedacitos se van a juntar?
¿va a haber la fiesta de los pedacitos que se reúnen?
Y los pedacitos de los compañeros / ¿alguna vez se juntarán?
¿caminan bajo tierra para juntarse un día como dice manuel? / ¿se
juntarán un día?
De esos amados pedacitos está hecha nuestra concreta soledad /
Per / dimos la suavidad de paco / la tristeza de haroldo / la lucidea de
/ rodolfo / el coraje de tantos
ahora son pedacitos desparramados bajo todo el país
hojitas caídas del fervor / la esperanza / la fe /
pedacitos que fueron alegría / combate / confianza
en sueños / sueños / sueños / sueños
y los pedacitos rotos del sueño / ¿se juntarán alguna vez?
¿se juntarán algún día / pedacitos?
¿están diciendo que los enganchemos al tejido del sueño general?
¿están diciendo que soñemos mejor?
--------------------------------------------------- Texto (JUAN GELMAN)

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MÚSICA: ANA CANCIÓN INFANTIL

-------------------------------------------------------------- Lee (OSCAR Vernales)
YO NO QUISE SALVARME SINO DEL EGOÍSMO;
Quise hacer con mis venas una comunidad
De vida y esperanzas; quise amarte; luche
Para enterrar el odio y odié como un soldado

De la paz que no nace con su libertad única.
Comprobé los engaños fatales donde están
Sometidos millones de hermanos, milenarias
Tristezas donde duermen los dientes dominantes.

Comprobé la dulzura cuando fuiste mujer
De mis combates, cuando vi más allá
Mirándote, menuda, compañera infinita
Y descubrí la madre del hombre nuevo andando.

Yo no quise salvarme sino de la traición,
De la cobarde fuga, de la filosofía
De los desentendidos, cómplices del sepulcro;
Entonces, sus gatillos, sin querer, me salvaron.
--------------------------------------------- Texto (DANIEL O. FAVERO, desaparecido el 24 de junio de 1977)-
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FOTO: Omar Musa.
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sábado, 29 de noviembre de 2008

Juan Gelman: Acerca de escritura y militancia. Walsh. Urondo. Conti.

número 05, noviembre de 2008
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las cosas que yo amo reservan un rincón de abrigo
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“Lo que me parece importante destacar es que ellos se murieron, pero todo lo que hicieron, desde sus actos hasta su literatura, fueron hechos de vida.”

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Juan Gelman: “(...) en los años `45 y `46, cuando termina la Guerra y Europa queda devastada y hambrienta, o bien en la América Latina de los años `60-`70, cuando se empiezan a desarrollar los grupos armados, fueron momentos en los que se le crearon a los intelectuales de izquierda varias disyuntivas. Algunas de sus expresiones, en el caso latinoamericano, fueron abordadas por Mario Benedetti en un libro de reportajes a varios poetas, publicado en 1972.

(...) (me refiero) a la disyuntiva de “escribís o militás”. Es así que hubo gente que decía “bueno, yo hago la revolución en la escritura”. Otros que decían “como yo milito, no escribo, porque las condiciones de la militancia son sumamente duras, de clandestinidad, de riesgo personal,, de peligros de muerte; así que todo esto me impide tener tiempo para escribir y renuncio a la literatura”.
A mi me parecen argumentos válidos en cada caso. Está el que no quiere militar porque su caracterología de escritor lo lleva a necesitar determinadas condiciones y viceversa, el que elige la militancia y abandona la escritura porque juzga más importante la lucha por la liberación.


Pero los ejemplos de Rodolfo Walsh y de Paco Urondo y también de Haroldo Conti demuestran claramente que la actividad literaria y la militancia revolucionaria no son necesariamente contradictorias. Que eso depende de cada uno y que, evidentemente, es respetable cada elección personal.
Paco lo dijo una vez: “Yo empuñé las armas porque busco la palabra justa.” Eran hombres que supieron aunar todo: no consideraban la escritura como fenómeno al margen de la vida de su pueblo ni la vida de su pueblo al margen de su literatura. Y no estoy hablando de novatos, sino de hombres de gran calidad literaria que con su ejemplo cuestionan toda una actitud política obrerista que ciertas dirigencias revolucionarias –en el poder o no– suelen tener frente a los intelectuales. Digamos la verdad, escritores del nivel de Rodolfo Walsh no hay muchos en América Latina o en lengua española, ni muchos Paco Urondo ni muchos Haroldo Conti.
El mismo rigor intelectual que tuvo Rodolfo Walsh como periodista, en sus análisis políticos y en su vida personal, campea en su escritura y por eso, como por tantas cosas, me parece un ejemplo.

(...) Aunque hay cosas que se deben señalar: ninguno de los tres fue suicida. Los tres, de modo distinto, contribuyeron a la lucha por la unidad nacional no sólo con sus escritos, que ya estaba bien, sino también como ciudadanos. Ellos supieron que morir era uno de los riesgos de esa lucha y creo que su grandeza consiste, entre otras cosas, en que esa conciencia no los amilanó. Esa es la grandeza de cualquiera, sea escritor o no, que sabe que resistir al imperialismo, que resistir a la oligarquía, resistir a los poderes que oprimen, conlleva el peligro de la muerte. Esa grandeza la tenían los obreros desconocidos del peronismo que fueron fusilados en José León Suárez, los que iban a parar las bombas de la Revolución Libertadora con sus cuchillos de matarifes en 1955, los caídos peleando contra la última dictadura. Esa es una grandeza común a mucha gente. En el caso especifico de Walsh, Urondo y Conti, ellos emprendieron ese camino sin importarles los prestigios literarios que bien se habían ganado. Fue así que plasmaron en un nudo de vida el problema de la creación y el de la lucha, cuando ya eran gente grande, con una vida hecha atrás, libros, hijos, hasta nietos. Y sin embargo no cejaron.
Lo que me parece importante, sobre todo... Pará la grabación, viejo.

Lo que me parece importante destacar es que ellos se murieron, pero todo lo que hicieron, desde sus actos hasta su literatura, fueron hechos de vida.
Hoy hay una cantidad de enanos que no les llegan ni a los talones desde ningún punto de vista, ni literario un mucho menos humano, que opinan que aquellos hombres se suicidaron. Hay quien, con más de 20 años de vivir en París, se permite perdonarles la muerte a Paco, a Rodolfo o Haroldo. Gente que me ha dicho: “Lo que nosotros no les podemos perdonar, porque los queríamos tanto, es que se hayan suicidado, ya que sabían que los estaban por matar”. Eso me parece una mezquindad humana extraordinaria.

(...) Creo que cuando esos argumentos se esgrimen en el país, se hace con un criterio eminentemente político. Este sacrificio que no es sólo de algunos escritores sino el de tantos miles de seres anónimos empeñados en cambiar las estructuras de opresión, pretende hacerse aparecer como un acto de suicidio. Y este concepto, como tantos otros que mencionaste y giran en el debate sobre los pecados originales de las organizaciones revolucionarias, siempre lleva a la parálisis.

(...) Creo que hay que dar testimonio; perder la vida es uno de los riesgos de esa tarea, pero nada más, nada más. También podés pasar por esta callecita y se te cae un piano desde el quinto piso y moriste. Esto tiene que ver con lo que hablábamos antes y no sólo referido al caso de Paco, Rodolfo y Conti, sino de tantos héroes anónimos de los cuales se hace cada vez más difícil escribir la historia. Sin ir más lejos, empecemos con la década del `30: hay una cantidad de luchas que protagoniza el Partido Comunista, los socialistas, los extranjeros, los anarquistas y otros que podían estar desfasados de la nación, pero no de la lucha de clases. Esa fue gente que sufrió la cárcel, la expulsión, la tortura en la Sección Especial, cuyos nombres no se conocen. Hay una larga línea de resistencia en nuestro país: está la Resistencia Peronista, la Resistencia de los años `70. hay un tejido permanente que está en la base de todo lo que proponen los grupos armados de la resistencia, cuyas conducciones no supieron vincular con la historia. Esa es la raíz de los errores cometidos.

(...) Te reitero una cosa: Rodolfo no decidió morir, Rodolfo decidió vivir de determinado modo que entrañaba un riesgo de muerte. La circunstancia de su muerte nace de una delación: él va a la cita, allí lo rodean. Rodolfo, al parecer, tenía una pistola 22 en la bragueta con la que sabía que era muy difícil hacerles frente, pero que por lo menos era algo. Cuando echó mano a eso para resistir, los emboscados tiraron y llevaron su cuerpo a la ESMA. Haroldo Conti, ni siquiera tuvo la 22 en la bragueta.
No creo que Rodolfo se sintiera solo cuando resolvió dejar la Organización, porque entonces creía, sentía y pensaba que era la Organización la que se había quedado sola de pueblo. Es la Organización la que se ha alejado tanto que se ha quedado aislada; pero no él que, aún viviendo clandestinamente siguió en comunicación con su gente. Es por todo eso que elige volver a su tarea periodística, que da testimonio, que cuenta lo que ocurre, que construye una memoria. Y esto significó llanamente el riesgo de la muerte; porque Walsh no se limita a escribir y a guardarse, sino que además publica y difunde. Y mirá vos, él cae el día en que está echando copias de su carta en distintos buzones. Esa carta primera de balance de la dictadura militar.

Digamos que Walsh nunca estuvo solo de lo esencial. La soledad en la que a hombres como Rodolfo puede dejarlo una organización es algo verdaderamente transitorio y, si vos querés, poco importante. Lo grave habría sido que Walsh hubiera estado solo de su pueblo. Algo que jamás sucedió, como creo que jamás el pueblo va a quedarse solo de él, de la belleza que él supo crear.
Las criticas a Montoneros que Rodolfo formuló antes de ser muerto, fueron similares a las que formuló (Juan Julio) Roqué y, aunque estamos hablando de dos hombres de origen diferente, ya que Roqué venía de las FAR y Walsh de las FAP, ambos coincidieron.
Walsh habló en sus documentos, sobre la relación que debe haber entre una organización de vanguardia y el pueblo. Señaló que la organización de vanguardia debe estar un pasito más adelante, es cierto, pero no alejarse tanto, porque entonces se convierte en una patrulla perdida en la neblina. Aquellos fueron los documentos que nosotros rescatamos y publicamos cuando rompimos con el Movimiento Peronista Montonero, sabiendo de la justeza de sus señalamientos: que todo ese abandono de espacios políticos que nadie ocupaba era una locura.
Ese espacio, repito, estuvo vacío: ningún partido político lo ocupó en términos de resistencia. Si la clase obrera que, pese a determinadas conducciones como la de Casildo Herrera –que se raja a Montevideo, saca una goma gigante y dice “yo me borré” – hicieron la vida imposible a la dictadura desde el mismo comienzo del régimen. Los obreros fueron los que le pasaron por encima a los líderes de esa burocracia, que se fueron avisados por los milicos de la inminencia del golpe. Y nada es casual: gente como Rodolfo o Paco o Haroldo, que podían haberse ido por cultura, por contactos o para salvar una obra, sin pasaje sacado con el dinero de alguna obra social, se quedaron a vivir lo que el pueblo viviera y a luchar contra la dictadura, aunque eso tuviera el precio de la muerte.

...

(...) Empecemos por decir que, escritores o no, aquella generación se jugó porque creía en las posibilidades de cambio en el país. Creyó en la posibilidad de acceder a una sociedad más justa, en pocas palabras.
En cuanto a la crítica de esa literatura, si era demasiado testimonial o no, mirá, Mero, eso me recuerda una especie de repetición de la misma polémica que se da cada tanto sobre ejes que son siempre bastante zonzos. Y el eje de esa discusión es que aparentemente el tema de la obra de arte es el que determina su valor, lo cual es una zoncera antes, durante y después de ésta y de todas las épocas, fuera y dentro de la Argentina.
Yo sé que te voy a decir una verdad de Perogrullo: con el mismo tema se puede hacer una obra extraordinaria y se puede hacer una mierda. El tema no es lo que determina la calidad, de ningún modo. Con el tema del exilio se hicieron obras estupendas y también se hizo basura; lo mismo ocurrió con el de los militares, de las luchas populares, etcétera. Hay quienes pretenden que sólo temas que hacen a la esencia del hombre –como el amor– permite crear obras de “calidad”. Pero todos hemos leído novelas o visto obras de teatro y películas o leído poemas de amor que son una porquería y de ninguna manera llegan a la altura a la que llegó Safo hace 2600 años.

Ahora, si esta gente cree que la obra de un Haroldo Conti –para hablar concretamente– o de un Rodolfo Walsh se pueden descalificar por sus temas, me gustaría que me presentasen muchos, pero muchos escritores que alcanzaron el nivel literario en un mismo plano, sólo porque hablaron de otros temas. Los hay en nuestra literatura, desde luego; pero digamos que si están al mismo nivel no es porque usaron otros temas, sino porque son escritores de la misma excelencia que tuvieron Conti y Walsh.
En todo caso veo un tipo de critica tan sociologista como el que hace veinte años atrás existió, pero al revés: digamos que es una suerte de stalinismo crítico a la inversa.
Hace veinte años, si vos, en Argentina o en América Latina, escribías sobre el amor o temas, por así decirlo, inherentes a la esencia humana, en vez de hacer literatura testimonial o “de combate” te criticaban porque no respondías a la problemática de la sociedad. Y ahora resulta que la critica es a la inversa; pero en ambos casos se basan en un eje falso: considerar que la obra de arte deber ser juzgada por el tema. Hoy, que prevalece la critica contra la literatura llamada “política”, le harían la vida imposible a Dante, por ejemplo, o tirarían por la borda a Shakespeare que, entre otras cosas y como nadie, trató temas muy concretos de su época como las luchas por el poder...

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Textos extraídos de: “Conversaciones con Juan Gelman. Contraderrota. Montoneros y la revolución perdida.” Roberto Mero. Editorial Contrapunto, 1987. Capítulo 7: Walsh – Urondo: Los críticos de la patrulla perdida. Pág. 120-122. Capitulo 11: Las contraofensivas de Firmenich. Pág. 167-169. Fragmentos seleccionados por JMP.
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Francisco Urondo – La vida por delante

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