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martes, 16 de febrero de 2010

Héctor Libertella – Uno en “Zettel”


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UNO

¿A medida que el tiempo pasa
la distancia entre las cosas
se va haciendo más corta?


1
El arte es un fenómeno de tipo ambiental. En días de mucho calor y alta densidad atmosférica puede parecer un espejismo.

2
¿Cómo discutir la preeminencia del soporte o del ornato? ¿La tela soporte y el ladrillo ornato? ¿Lo sólido, en arquitectura, es blando? Esta dama pasa frente a mí como un bello peinado de moda. ¿Ese peinado me explica más que el enorme edificio del Congreso de la Nación que veo a sus espaldas?

3
Teoría de la reescritura. ¿Por qué el libro viejo desaparece a favor del joven? ¿Qué ha hecho el joven en el viejo? ¿Cuál es cuál y cuál es más viejo ahora?

4
La biología diría que las células del cuerpo cambian íntegramente cada siete años, y que el cuerpo no muere por viejo sino por cansancio de tanto rejuvenecer.
(Si el personaje de la novela es una formación discursiva con su cuerpo sintáctico, cada siete años ese cuerpo exigiría ser reescrito por completo. Lunáticos como Robert Waiser hubieran intentado esta aventura que hace de la literatura una verdad biológica.)

5
¿Cómo una liebre que corre a campo traviesa atrae al diseñador de escopetas? ¿Por qué la Forma convoca cuando este cardo ruso trota al viento como un ñandú?

6
Pensemos en la muerte como un acontecimiento retrospectivo. Esa manera de irle pidiendo cosas al futuro para devolvérselas, al final, intactas. Como si uno no hubiera vivido.

7
Ahora camino Manhattan y la ciudad va recorriendo un caprichoso diseño, dibuja con mis pasos avenidas y diagonales –estoy en Broadway–. En ese plano entrecruzado de calles tal vez sólo soy lo que hace extraño este lugar. Tal vez soy el extranjero que se hizo un lugar aquí. En fin. El mapa que compro en este kiosco con un ejemplar del diario de hoy, no me figura nada; ni yo figuro en él.

8
Minimalismo. Es el lento, imperceptible cambio que la luz produce en poquísimos objetos, y en breve lapso que va de las seis a las siete de la tarde. (Confirmar.)

9
Hablemos de un arte que roe en fino su propio hueso, que se alimenta de la radiografía de sus propias costillas –como si fueran viejas resecas tablillas asirias–.

10
La dimensión desconocida, la distancia. Dimensión nos devuelve a la proporción y medida de nuestra mirada (digámoslo así: a nuestras ilusiones ópticas) y Desconocida remite a lo que está aquí pero no identificamos. Tal vez como funciona el “aparecido” en literatura: no una cosa que llega del inescrutable futuro sino algo de cuerpo presente que no se deja leer, pero que crea la diferencia literaria entre unos libros sí y otros no. (Todo esto es un poco argumentativo. ¿Sacar todo este poco y hacer que vuelva en otra dimensión?)

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En: “Zettel”, Editorial Letranómada, Colección Biblioteca de Autores Argentinos, Córdoba, 2009.
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Héctor Libertella, Bahía Blanca, 1945 – Buenos Aires, 2006.
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martes, 8 de diciembre de 2009

Héctor Libertella - Siete en “Zettel”





SIETE

Visto así, desde la barra,
un vaso no es un “vaso” sino un
pedazo de vidrio con la boca abierta.



73
Pronóstico de los chicos que algún día jugarán a la literatura con los ecos del hombre.

74
TRADUCIDO de Zettel, de uno de los papelitos de Wittgenstein: “¿Qué ocurre con los dos enunciados: ‘esta hoja es roja’ y ‘esta hoja tiene el color que en castellano se llama rojo’? ¿Dicen ambos lo mismo? ¿No depende esto de cuál sea el criterio para que un color se llame ‘rojo’ en castellano?”.

75
NO IMPORTA que la novela clásica de Cervantes parezca verosímil, convincente o segura de sí porque, incluso, el lugar llamado La Mancha podría traducirse (sin disparate alguno) como una mancha de tinta, o de salsa de tomate, y ese lugar de la mancha de cuyo nombre alguien no quiere acordarse puede ser, literalmente, la bragueta de un pantalón: el lugar avergonzado donde cayó esa mancha. (Seguir este procedimiento a lo largo de todo el Quijote a ver si aparece, aquí y allá de pronto, un Lewis Carroll agazapado.)

76
Siniestro sería lo exótico que está presente en la estructura familiar de un edificio. Lo que debe estar ahí porque, si no, el edificio se derrumba.

77
El grafismo, ese suspenso del sentido, ese molde hueco como hueco es el molde donde se alojan los ojos, a la espera de todos los efectos que luego le serán leídos, así el grafismo y, en el otro extremo, el vagido (dos manifestaciones antiguas y muy infantiles). ¿Qué política vaticana emplea el bebé para llamar la atención de sus padres? ¿Cómo es posible que ellos lean y disciernan perfectamente varios tipos de demanda en lo que es, apenas, un mismo llanto? ¿Cómo intervendrá la mezcla de perversión y deseo en este tipo inaugural de traducción? En literatura parece haber textos igualmente vaticanos. Se rozan con una instancia última: el idiolecto, que aquí pasa por ser otra de las formas del vagido. (Dar nombres y títulos.)

78
¿El carácter literario en estado alquímicamente puro si parece perdido en el papel? Tal vez. Habla desde ningún lugar intelectual porque simplemente tachó el centro y, en eso mismo, instala la posibilidad de una nueva lírica o la recuperación de la lírica, a secas: la del que está suspendido, exonerado o soñado momentáneamente hasta de la caja negra de sus propias creencias y convicciones. Una caja (tipográfica) llena de letras, pero con un escritor ausente.

79
Atraer la cosa concreta: de trahere, tractus, por el camino abstracto. Es posible. (Volver a esto con una pincelada de Kandinsky, una sola.)

80
Hipótesis. En las celdas del mercado no hay papel; cualquiera puede escribir en la pared. Y si no hay paredes el retendrá en el paladar los restos que le devuelva su propia canción, su canción de ausencia. ¿Así rezaba Cicerón?: “Lanza palabras fuera de la boca, y en la gruta de esa boca (rajadura, unión, juntura, grieta, comisura) escucha como memoria o eco lo que evoque ese canto que se va como el viento”. (¿Ya cité esto, la más curiosa paradoja? Cicerón hablando de “palabras que se lleva el viento” cuando en el mismo momento introduce la taquigrafía en Roma. Cfr. “Tachygraphy”, en The Oxford Classical Dictionary.)





En: “Zettel”, Editorial Letranómada, Colección Biblioteca de Autores Argentinos, Córdoba, 2009.

Héctor Libertella, Bahía Blanca, 1945 – Buenos Aires, 2006.