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lunes, 9 de mayo de 2016

Daniel Gayoso, Esa muchacha, que ya no puede oler


DEMASÍA

Esa muchacha, que ya no puede oler,
ahora come, devora los pimpollos
de la nueva estación en ramas bajas.
El aire del goce le ha gastado un sentido
y va con los otros a la misma belleza.
Abajo, unos pétalos esquivos
le rodean faldas y pies descalzos.
Y mira alrededor, sonriente
o temerosa del buen juicio;
pero sabe que todos somos ella.
Bien sabe, mientras brilla
en sus ojos ya libres,
qué cosa nos espanta.


FINAL DE LA SAGA

a Daniel Ponce, a nuestra generación perdida y recobrada

     Soy mi madera, soy el alto roble del que fui cortado una y otra vez. Y soy también el débil yacente que dice Soy mi madera; y ambos, al fin, volamos aguas abajo. El aire silba, sangra en los remos dormidos. Todos, menos esto que aún sueña, se han rendido: desgarradas frases, bocados en voces, migajas de letras… Y otros cenan, ahora, en el lecho fluvial.

     Allá voy…, vamos... La herrada cabeza bajo el timón de popa que vacila y no aprueba; que nunca me dará su bendición

     Soy también mi espalda rota, mis largas piernas señalando el rumbo y esta mano, ayer diestra, sobre las contadas posesiones.

     Soy mis ojos crucificados por la visión. ¿Mas hoy quién se apedrea en las guerras divinas? ¿Quién vive tan alto para morir en ellas?

     La mano ansía el borde dentado del hacha, impreca el basto hierro de las espadas o agita unos abalorios sin sonreír por ello.

     Aguas abajo. No has mezquinado ni una gota de sudor. Pacientemente escuchaste al Idiota que reencarna incesante entre pares e impares. Tu alma desovó en el origen… ¿Qué más de lo efímero?

     Soy roble y me acompaño; parto conmigo la suerte de los olvidados. Soy el veloz tajamar y la serpiente de proa, maldita ya por las verdades. Pero ¿no había a mi lado otro guerrero, su torvo espectro o su nada? De él será sin duda la mano siniestra que escancia el alquitrán, su roja ira. Oye a tu vela, feliz como esa luna, lamentándose.

     Aguas abajo, nada nos importa. Esos peces que vuelan de babor a estribor; el salmón de los rápidos aleteando al fin en el río turbado… Óyelos balbucear: “Olvida, olvida las palabras importantes.”

     Ardemos hacia abajo. Mira cómo acuden los brazos de las diosas. Allí, entre las cenizas… ¿Pero nadie las ve?...

     ¡Diablos!, ya libramos la batalla perdida.


LA INICIAL INFINITA

     Hay una Inicial inconcebible, que no reviste la forma de letra alguna y, por lo tanto, no puede ser presa del alfabeto o la caligrafía. De su misterio incesante surgen las otras iniciales, las palabras, líneas, estrofas o párrafos… Y este libro, que ya has leído o soñaste leer. Que recomienza.


En: “La inicial infinita (Poemas reunidos, 2013-2016)”, Imaginante editorial, 2016.
Daniel Gayoso (Buenos Aires, 1957).
Foto: Cecil Sarandon (Alemania, 1974).

jueves, 31 de marzo de 2016

Verónica Viola Fisher, Este es mi idioma


COMO UN GLANDE, CRUDO…

Como un glande, crudo
tu pezón se arrastra
en el nacimiento de mis muslos

tu pezón erguido derrama leche
espesa, pegajosa, salada
como la de un hombre

los labios bien apretados
se niegan a dejar entrar
—no tengo boca más que para herir—
otra lengua.

Este es mi idioma, no puedo
decir otro.


En: “Poesía erótica argentina”, selección y prólogo Daniel Muxica, Manantial, 2002.
Verónica Viola Fisher (Buenos Aires, 8 de abril de 1974).
Foto: Cecil Sarandon (Alemania, 1974). 

viernes, 19 de febrero de 2016

Muriel Rukeyser, Estás


ANÉMONA

Mis ojos se abren, mis ojos se cierran
me miras con tu mirada despierta.

Mi boca se cierra, mi boca se abre
me estás mirando con tus rojas promesas.

Mi sexo se cierra, mi sexo se abre
tú cantas y ofreces: camino hacia adentro.

Mi vida se cierra, mi vida se abre.
Estás dentro de mí.

My eyes are closing, my eyes are opening.
You are looking into me with your waking look.

My mouth is closing, my mouth is opening.
You are watching with your red promises.

My sex is closing, my sex is opening
You are singing and offering: the way in.

My life is closing, my life is opening. 
You are here. 


En: “Celebración. Poesía erótica de lengua inglesa”, Juan Pablos Editor, México, 1984 (segunda edición; primera ed. 1975), bilingüe. Antología de Mauricio Schoijet. Sin mención trad. 
Muriel Rukeyser (Nueva York, EEUU, 15 de diciembre de 1913 - 12 de febrero de 1980).
Foto: Cecil A. Sarandon (Alemania, 1974). 

lunes, 4 de enero de 2016

Edgar Bayley, Entonces sí


LLEGARÉ POR SIEMPRE A TU COSTADO

no somos más que dos
lo somos todo
un hombre una mujer
los dos llamados

alguna vez alguna
tendremos juntos
caolín lámpara fuego

entonces sí
habrá llegado
no un minuto
ni dos
sino por siempre
llama bordón canto guijarro
la incandescente noche
y el día prodigioso

entonces sí
vendrán horas rubí alba mañana
entonces sí
llegaré por siempre
a tu costado
al cuerpo todo
y a tu voz
y tu llamado

por siempre
los dos
un solo río
más allá de jazmín casa cultivo
segura puerta
y llanto cerrazón corral olvido
y tarde sayal viaje deseo
y la esperanza trunca

más allá del nunca nunca
muertevida esplendor
rosal manzana

no somos más que dos
un hombre una mujer
sin lumbre ni ventura

alguna vez alguna
en otro tiempo
quizás
en otro cielo
tendremos juntos
caolín lámpara fuego


En: “Alguien llama”, Editorial Argonauta, impreso el 25 de agosto de 1983.
Edgar Bayley (Buenos Aires, 1919-1990).
Foto: Cecil A. Sarandon (Alemania, 1974). 

lunes, 28 de diciembre de 2015

Bruno Di Benedetto, Dejar el tendal



I. LA ROPA DE MAÑANA

Es primavera.
La cuerda bien tensada.
Trapitos al sol.


La vieja ropa
retorcida por el cuello:
caen, caen las gotas.


Rastros de jabón
en esta ropa oscura:
fregar de nuevo.


Cantar y coser.
Atar el hilo de agua.
Soplar botellas.


Manchas de sangre
en la sábana usada:
o amor o crimen.


Un calzoncillo
está perdiendo color.
Mala calidad.


La toalla seca
recuerda el agua clara
de la desnudez.


Las medias cuelgan,
las vence la humedad.
Dos no son un par.


Un repasador
bien repasado de sol:
la boca seca.


El pulóver chorrea
agua negra en el jardín.
Mueren hormigas.


Gran agujero:
la polilla no deja
pecho al abrigo.


Qué buen charquito
bajo las ropas al sol:
el tiempo pasa.


Un hombre cuelga
la ropa que no sabrá
usar mañana.



Fuente: Blog personal de Bruno Di Benedetto.
Bruno Di Benedetto (Avellaneda, provincia de Buenos Aires, 1955). Desde 1979 reside en Puerto Madryn, provincia de Chubut. Foto: Cecil A. Sarandon, Alemania, 1974.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Daniel Ponce, Como la monja del poema


LA MUJER QUE REZA

Como la monja del poema de Vitier,
la mujer del subterráneo
iba rezando el rosario,
fija en su oración,
mientras la ventanilla, a su espalda,
era un fondo líquido y urgente.
Es seguro que rezaba
por todos y por mi.
El rostro era reconcentrado,
oscurecido por la profundidad
de la intención
como el de un jazzista.
El mentón contra el pecho,
las manos hilando sus cuentas,
el sabor secreto de ciertas frases.
Yo esperaba que abriese los ojos.
Su ímpetu la llevaba
lejos de todo,
lejos de mi mirada interrogativa.
Creí, durante un rato,
que sus palabras inaudibles
eran mi consuelo.


YO FUI SHAKESPEARE

Si estas temblorosas manos hablaran
como alguna vez hablaron para dar noticias
a los que susurraban desde los asientos
tan apegados a su mugre y a sus mendrugos
que el aliento ganaba el escenario, ajo, cebollas,
vahos de animales que respiran su agonía,
dirían que ya no consiguen
sostener ni una gardenia ni una mansa hormiga
delante de los ojos para estudiar su cuerpo:
escuetas partes anudadas y acción sin sosiego.
Y si sostuvieran algún peso, por módico que fuera,
no sería para levantar la pluma y firmar, de nuevo,
delante de los usureros que me incriminaban
con los ojos, uno enclenque, de cara plana,
sin gestos, como un pupitre, y otro
seboso, comido de viruela y voz de trueno,
con cincha de caballo en el abdomen,
para convertirme en el vicario de Shakespeare,
en el testaferro que distraería al enemigo
cuando arreciaran los reclamos, abandonado
a su suerte, como los reos que se envían
a morir a las Indias o tragados por el mar.
Firmé fingiendo que era Shakespeare
y vestí sus ropas que olían a hervor de coles
y lo espié cuando urdía sus intrigas
sumando pagarés y escondiendo monedas.
Fui Shakespeare para los que no pisaban el teatro,
aquellos señores golosos del infortunio ajeno,
los dueños del oro, reptiles de la codicia,
los prestamistas, y también fui Polonio,
Gertrudis, Oliver Matatextos
y, mientras Heminges estuvo enfermo,
fui Macduff y Goneril.
Durante meses usé una barba falsa,
tejida con pelo de nutria, y un aro brilloso,
similar al de Shakespeare aunque menos notorio.
Debía comparecer en sitios prohibidos,
conducirme con modales olvidados, dejar rastros
en rincones de mala reputación
y, si me importunaban acerca del estilo,
repetir que la poesía debe causar perplejidad.
Mi naturaleza sumisa me hizo pecador

de pecados impropios y recibía mi paga:
un jornal de bufón y algunas propinas
de impostor y de mensajero.
Viví de favores hasta hoy,
luego de que Shakespeare se retirara
para morir en el cottage de Will Underhill
que fue envenenado por un hijo mezquino.
Los años me amigaron con el hinojo,
las rosas y el perdón.
Condell me hizo posar para un grabador
luciendo la vieja barba postiza
con el fin de remedar a Shakespeare
en la portada del libraco
que reuniría sus libretos.
El impresor hizo suprimir la barba
por indecorosa
y sólo preservó mi bigote.


POEMA

De algún sitio
debo obtener el poema,
allí donde se esconda
estoy obligado a extraerlo,
sucio de barro o iluminado
por una palabra enigmática,
detrás de un concepto
o cautivo en una historia,
en las páginas del diccionario
u oculto en el poema de otro.
Debo deducirlo
de una escena pasajera
o de la terca obsesión
que malgasta mis días.
Debo atraparlo vivo
a riesgo de que se desvanezca
en el aire.
Debo abandonarlo, falsificado,
en esta página,
y recomenzar su búsqueda.



Poemas inéditos del libro “Tiempo y azar”. Capítulo “Transfiguraciones”. Selección de textos: Jmp.
Daniel Ponce (Buenos Aires, 1956). 
Foto: Cecil A. Sarandon, Alemania, 1974.