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martes, 27 de noviembre de 2018

ALBERTO GIRRI Tocar tambores para que llueva




Que el poema no nace, es hecho. Opera ataque artificia, producto del escribir y del arte. En ese acto, vagamente recordar cómo alguna vez el distingo entre artista y artesano no existió. Quizás tal hacer sea ilusorio, jactancia; lo literario atribuyéndose la creación de algo, poema, cuando lo que en realidad ocurre es que el poema “sucede”. No pasaría nuestro trabajo de ser más que una tenaz invocación: tocar tambores para que llueva.

***

Según lo anterior, este “sucede” le da al poema el carácter de una presencia, al margen, paradójicamente, de su condición verbal. Y no afectado por la, a la larga, imprecisión y limitación del lenguaje.

***

Complicaciones ociosas. Lectores, críticos, exégetas, escoliastas, al especular con la presunta verdad o falsedad de un poema. Por ejemplo, ¿cómo llegar a saber, en el caso de que se presente aspectos engañosos, que el poema se engaña también a sí mismo?

***

Utopía igual a embalsamiento. Los que defienden la posibilidad de un arte poética en cuyos logros (arte objetivo, lo llaman), no haya nada accidental, aleatorio, de tal modo que lo que los poemas transmitan permanezcan inalterable, idéntica impresión en cada lector. Cada poema, existiendo de, por y para él mismo, con lo cual nunca moriría. Una suerte de morts vivants, como caricaturas de clásicos.

***

Preciosa cualidad de la Atención, infalible conducirnos siempre a metas definidas. Su hacer esquivar el peligro de confundir la imaginación con el ensueño, y su constante advertencia: No tomar los frutos obtenidos por los deseados.
Complemento: “El ensueño es un tributo a la pereza intelectual”.

***

(…)



En 1989/1990, Editorial Fraterna, Buenos Aires, 1990. De El motivo es el poema.
Alberto Girri (Buenos Aires, 27 de noviembre de 1919 – 16 de noviembre de 1991). Foto: Jmp

lunes, 25 de junio de 2018

WALLACE STEVENS Me acordé del grito de los pavos reales


TATUAJE

La luz como una araña.
Se arrastra por el agua.
Se arrastra sobre los bordes de la nieve.
Se arrastra debajo de tus párpados
y esparce allí sus telarañas;
sus dos telarañas.

Las telarañas de tus ojos
se pegaron
a tu carne y tus huesos
como la viga y tu hierba.
Hay hilos en tus ojos,
en la superficie del agua,
y en los bordes de la nieve.

Versión de Alberto Girri


DOMINIO DE LO NEGRO
(Domination of Black)

De noche, junto al fuego,
Los colores de los arbustos
Y de las hojas caídas,
Repitiéndose así mismas,
Giraban en el cuarto
A igual que las hojas
Girando en el viento.

Sí, pero el color de los densos abetos
Se vino a grandes pasos.
Yo me acordé del grito de los pavos reales.
Los colores de sus colas
Eran como las hojas
Girando en el viento,
En el viento del crepúsculo.
Se deslizaron por el cuarto,
Como se desprendieron de las ramas de los abetos
Hasta llegar al suelo.
Los oí gritar - los pavos reales.
¿Era un grito contra el crepúsculo
O contra las mismas hojas
Girando en el viento,
Girando como las llamas
Giraban en el fuego,
Girando como colas de pavos reales
En el crispar del fuego,
Fuerte como los abetos
Llenos del grito de los pavos reales?
¿O fue su grito contra los abetos?
Afuera, por la ventana
Vi cómo los planetas se juntaron
Como si fueran hojas
Girando en el viento.
Vi cómo llegaba la noche,
A grandes pasos como el color de los demás abetos.
Sentí miedo.
Y me acordé del grito de los pavos reales.

Versión de Alfredo Casey


DOMINGO A LA MAÑANA

I

El placer de estar en bata, y a una hora tardía
el café y naranjas en una silla al sol,
y la verde libertad de un papagayo,
sobre un tapiz fúndense para disipar
el sagrado silencio del antiguo sacrificio.
Ella sueña un poco, y siente la oscura
intromisión de esa vieja catástrofe,
como entre las luces del agua se ensombrece una calma.
Las acres naranjas y las brillantes, verdes alas,
parten de un fúnebre cortejo,
serpenteando a través del agua, sin ruido.
El día es cual anchurosa agua sin ruido,
aquietado por el paso de ella con sus pies soñadores
sobre los mares, hacia la callada Palestina,
reino de la sangre y del crepúsculo.

II

¿Por qué habría de dar su dádiva a los muertos?
¿Qué es la divinidad si solamente
puede llegar en sigilosas sombras y en sueños?
¿No encontrará en los consuelos del sol,
en la fruta acre y en las brillantes verdes alas,
o en cualquier otro bálsamo o belleza de la tierra,
cosas que amar tanto como el pensamiento del cielo?
La divinidad debe vivir dentro de ella:
pasiones de la lluvia, o estados de ánimo con el caer de la nieve,
lamentos en soledad, o insumisos
entusiasmos cuando la selva florece, borrascosas
emociones por caminos mojados en noches de otoño;
todos los goces y todas las penas, recordando
la verde rama del verano y el ramaje invernal.
Tales son las medidas consagradas a su alma

III

En las nubes tuvo Júpiter su inhumano nacimiento.
Ninguna madre lo amamantó, ninguna dulce tierra
dio majestad a su mítica mente.
Pasó entre nosotros como un gruñón
y magnífico rey pasaría entre sus siervos,
hasta que nuestra sangre, mezclándose, virginal,
con el cielo, trajo al deseo recompensa tal
que hasta los siervos lo reconocieron en una estrella.
¿Fracasará nuestra sangre? ¿O tornárase
sangre del paraíso? ¿Y la tierra
semejará al paraíso que conocemos?
El cielo será entonces más amistoso que ahora,
una parte de esfuerzo y una parte de dolor,
y cercano en la gloria al amor perdurable,
no este divisorio e indiferente azul.

IV

Ella dice: “Me gusta cuando los pájaros, al despertar,
antes de volar prueban con sus dulces preguntas
la realidad de los brumosos campos;
pero cuando los pájaros se han ido y sus tibios campos
no vuelven más, ¿dónde está, entonces, el paraíso?
No ronda ninguna profecía,
ni quimera alguna de la tumba,
ni el dorado subterráneo, ni isla
melodiosa donde los espíritus retornan a su hogar,
ni visionario sur, ni nebulosa palmera
remota sobre la colina celestial, que haya perdurado
como perdura el verde de abril, o que perdure
como el recuerdo de los pájaros despiertos,
o su ansia de junio y del atardecer, tocada
por el extenuarse de las alas de la golondrina.

V

Ella dice: “Pero en la satisfacción siento aún
la necesidad de una dicha imperecedera”.
La muerte es la madre de la belleza; por eso
sólo de ella vendrá el cumplimiento de nuestros sueños
y nuestros deseos. Aunque ella esparce por nuestros
senderos las hojas de la destrucción,
el sendero que tomó la doliente pena, los muchos senderos
por donde el triunfo hizo sonar su fanfarria descarada,
o donde el amor impulsado por la ternura algo susurró.
Ella hace que el sauce tiemble al sol
para las doncellas que solían sentarse y contemplar
los prados, abandonados a sus pies.
Ella induce a los muchachos a amontonar más ciruelas y peras
en desdeñadas bandejas. Las doncellas prueban
y se extravían apasionadamente por las desordenadas hojas.

VI

¿No habrá en el paraíso otra muerte?
¿No cae jamás el fruto maduro? ¿O las ramas
cuelgan siempre henchidas bajo ese cielo perfecto,
inmutable y sin embargo tan similar a nuestra perecedera tierra
con ríos como los nuestros, siempre en busca
de inencontrables mares, y playas que se alejan
y que nunca tocan con articulado dolor?
¿Por qué plantar el peral en las márgenes de esos ríos,
o perfumar las playas con el aroma del ciruelo?
¡Ay, que luzcan allí nuestros colores,
la sedosa trama de nuestras tardes,
y hagan vibrar las cuerdas de nuestros insípidos laúdes!
La muerte es la madre de la belleza, mística,
y en su ardiente regazo entrevemos
a nuestras madres terrestres que esperan, insomnes.

VII

Ágil y turbulento, un círculo de hombres
cantará, orgiástico, una mañana de verano,
su tumultuosa adoración del sol,
no como un dios, sino como uno que podría ser un dios,
desnudo entre ellos, como una fuente salvaje.
Su canto será un cántico del paraíso,
salido de la sangre, retornando al cielo;
y en su canto entrarán, voz tras voz,
el tempestuoso lago donde su señor se deleita,
los árboles como serafines, y las colinas con sus ecos
que prolongan el coro hasta mucho tiempo después.
Ellos conocerán bien la celestial camaradería
de los hombres que sucumben y de la estival mañana.
Y el rocío de sus pies dirá de dónde
han venido y hacia dónde irán.

VIII

Ella escucha, sobre esa agua sin ruidos,
una voz que grita: “La tumba en Palestina
no es el pórtico de los espíritus que se demoran.
Es la sepultura de Jesús, donde Él yació”.
Vivimos en un antiguo caos del sol,
o en la vieja dependencia del día y la noche,
o en la soledad insular, libre, sin tutela,
de esas anchurosas aguas, ineludibles.
Los ciervos recorren nuestros montes, y las codornices
silban en torno de nosotros sus espontáneos gritos.
Dulces bayas maduran en el páramo,
y en la soledad del cielo, al atardecer,
peregrinas bandadas de palomas describen
ambiguas ondulaciones al hundirse en la oscuridad,
sobre las abiertas alas.

Versión de Alberto Girri



En Dos siglos de poesía norteamericana. Selección, traducción y presentación de Alfredo Casey, Ediciones Antonio Zamora, primera edición, Buenos Aires, septiembre de 1969: y en Wallace Stevens, Domingo a la mañana y otros poemas, selección y prólogo de Daniel Chirom, CEAL, Buenos Aires, 1988. Varios traductores, en los poemas aquí presentados, versiones de Alberto Girri.
Wallace Stevens (Reading, Pensilvania, EE.UU, 2 de octubre de 1879 – Hartford, Connecticut, 2 de agosto de 1955).

viernes, 4 de noviembre de 2016

T. S. Eliot, Las almas húmedas de las sirvientas


MAÑANA EN LA VENTANA

Hay un tintinear de platos del desayuno en las cocinas del subsuelo,
y por las aceras pisoteadas
descubro las almas húmedas de las sirvientas
brotando melancólicamente desde las entradas del servicio.

Pardas oleadas de niebla lanzan hacia mí
desde el fondo de la calle rostros contorsionados,
y arrancan de una viandante con la falda enlodada
una vacua sonrisa que revolotea por el aire
y se desvanece a la altura de los techos.

MORNING AT THE WINDOW
They are rattling breakfast plates in basement kitchens,     
And along the trampled edges of the street          
I am aware of the damp souls of housemaids        
Sprouting despondently at area gates.      

     The brown waves of fog toss up to me        
Twisted faces from the bottom of the street,        
And tear from a passer-by with muddy skirts         
An aimless smile that hovers in the air     
And vanishes along the level of the roofs.


TÍA HELEN

Miss Helen Slingsby era mi tía solterona
y habitaba en una casita cerca de una plaza elegante
atendida por sirvientes en número de cuatro.
Pues bien, cuando murió hubo silencio en el cielo
y silencio al final de su calle.
Fueron cerrados los postigos y el de la funeraria limpióse los zapatos:
era consciente de que cosas de este tipo ya habían sucedido antes.
El testamento tuvo en cuenta generosamente a los perros,
pero poco tiempo después también murió el loro.
El reloj de Dresden en la chimenea continuó su tictac,
y el lacayo sentóse en la mesa del comedor
estrechando sobre sus rodillas a la segunda criada,
que en vida de su señora fuera tan discreta.

AUNT HELEN
Miss Helen Slingsby was my maiden aunt,
And lived in a small house near a fashionable square
Cared for by servants to the number of four.
Now when she died there was silence in heaven
And silence at her end of the street.
The shutters were drawn and the undertaker wiped his feet-
He was aware that this sort of thing had occurred before.
The dogs were handsomely provided for,
But shortly afterwards the parrot died too.
The Dresden clock continued ticking on the mantelpiece,
And the footman sat upon the dining-table
Holding the second housemaid on his knees-
Who had always been so careful while her mistress lived.


En: Retrato de una dama y otros poemas. Versión y notas por Alberto Girri y Enrique Pezzoni. Corregidor, 2007.
Thomas Stearns Eliot (1888 – 1965).
NOTAS: “Mañana en la ventana”: Evocación, al decir del mismo Eliot, de uno de los miles de cuadros penosos que ofrece el mundo contemporáneo. (El poema, 1916) combina hábilmente en su brevedad la precisión objetiva con la sugerencia irónica, sugerencia cuyo efecto se basa en que los epítetos utilizados tanto califican la escena observada cuanto la mirada del observador.
“Tía Helen”: integra un grupo de poemas juveniles (1915). (En este poema el) humor se manifiesta con referencias a objetos, costumbres, que pintan un carácter, y sus consiguientes avatares cuando la dueña de casa se muere, expuestos mediante antítesis.
Imagen: Eduardo Sivori, “El despertar de la criada”, 1887.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Juan Gelman, Octavio Paz Alberto Girri José Lezama Lima y demás


BELLEZAS

Octavio Paz Alberto Girri José Lezama Lima y demás obsedidos por la inmortalidad creyendo
que la vida como belleza es estática e imperfecto el movimiento o impuro
¿han comenzado a los cincuenta de edad
a ser empujados por el terror de la muerte?

el perro que mira acostado el domingo ¿no es inmortal en ese instante o diluvio
de la tarde contemplándose en sus ojos?
¿no ha quedado acaso el perro clavado a esa contemplación
que lo embellece o sobrevuela como ardor en la tarde?

y el deseo de Octavio Alberto José ¿no es movimiento acaso
y el movimiento su ser cuando atrapan la palabra justa o injusta?
¿no debe correr mucho quien quiera bañarse dos veces en el mismo río?
¿no debe amar mucho quien quiera amarse dos veces en el mismo amor?

y nuestro cuerpo ¿no ha sido inmortal uniéndose
al cuerpo amado con trabajos que pocos desdeñan
y despegándose desgarrándose o rompiendo incandescencias bocas
que rodarían en la noche como criaturas extraviadas que pueden hablar ya?

y esos cuerpos ¿no han venido para irse acaso dejando
un tránsito que nadie recorrerá sino ellos
que ardieron o arden como un perro mirando el domingo bajo el avión lento de Venus
y demás planetas en pura consumación?

y Octavio Alberto José eligiendo
sea cantar el término la finitud con voces melancólicas sea
emperrados en fijar un instante creyendo que la vida como belleza es estática
¿acaso no dan luz como planetas ciegos a sus propio destino?

¿y que piensan la estrella el perro contemplando a Octavio trabajar?
¿no es el sujeto del deseo la materia como el del macho la hembra?
¿no ha de girar Alberto como vida terrible cercenable
Indestructible en la noche del mundo?

y José preso en su José mirando la calle
mirándola desde esa eternidad verdaderamente
¿no mira contando comparando los quioscos de flores las vidrieras la gente?
bajo la sombra del patíbulo ¿no contempla la belleza que pasa como lejos de su propio terminar?

Octavio José Alberto niños ¿por qué fingen que no llevan la calma donde reina confusión?
¿por qué no admiten que dan valor a los oprimidos o suavidad o dulzura?
¿por qué se afilian como viejos a la vejez?
¿por qué se pierden en detalles como la muerte personal?


De: “Relaciones” (Buenos Aires, 1971-1973). En: “Interrupciones 1”, 1986, Página 12, 2011.
Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 – México D.F., 14 de enero de 2014).
Foto: Juan Gelman y su nieta Macarena (hija de Marcelo Gelman y María Claudia García), en Uruguay.

martes, 16 de febrero de 2016

W. B. Yeats, Dos poemas en versión de Alberto Girri


LOS ERUDITOS

Calvas cabezas olvidadas de sus pecados,
viejas, doctas, respetables calvas,
preparan la edición y anotan los versos
que jóvenes, agitándose en sus lechos,
rimaron en angustias de amor
para lisonjear al oído de la belleza.

Toserán sobre la tinta hasta el día del juicio;
gastarán la alfombra con sus zapatos,
adquiriendo respetabilidad; no tendrán amigos desconocidos;
si alguna vez pecaron nadie lo sabe:
¡Señor, qué dirían
si su Catulo pasara por allí! 

Bald heads forgetful of their sins,
Old, learned, respectable bald heads
Edit and annotate the lines
That young men, tossing on their beds,
Rhymed out in love’s despair
To flatter beauty’s ignorant ear.

All shuffle there; all cough in ink;
All wear the carpet with their shoes;
All think what other people think;
All know the man their neighbour knows.
Lord, what would they say
Did their Catullus walk that way?


ACEITE Y SANGRE

En tumbas de oro y lapislázuli
cuerpos de santos y santas exudan
aceite milagroso, fragancia de violeta.

Pero bajo los pesados cúmulos de arcilla pisoteada
yacen cuerpos de vampiros pletóricos de sangre;
sus mortajas están ensangrentadas y sus labios están húmedos.

In tombs of gold and lapis lazuli
Bodies of holy men and women exude
Miraculous oil, odour of violet.

But under heavy loads of trampled clay
Lie bodies of the vampires full of blood;
Their shrouds are bloody and their lips are wet. 



Versiones de Alberto Girri (Buenos Aires, Argentina, 27 de noviembre de 1919 – 16 de noviembre de 1991). En: Alberto Girri, “Versiones”, Editorial Corregidor, 1974.
William Butler Yeats (Dublín, Irlanda, 13 de junio de 1865 – Menton, Francia, 28 de enero de 1939).
Foto: WB Yeats, 14 de septiembre de 1935.

jueves, 11 de febrero de 2016

W. C. Williams, Dos poemas en versión de Alberto Girri




EL COMPAÑERO DE LOS PÁJAROS

Como el amor
                  que se posa
cada día sobre la ramita
               que puede morir

Así brota tu amor
lozano
          vigoroso de sol
compañero de los pájaros…



PARA DESPERTAR A UNA ANCIANA

La vejez es
un volar
de pájaritos que pían
rozando
árboles desnudos
sobre el brillo de la nieve.
Adelantándose y retrocediendo
son azotados
por un oscuro viento.
¿Pero qué?
Sobre duras briznas de hierba
la bandada ha descansado,
la nieve
se cubre de rotas
vainas de semillas,
y el viento es contenido
por un penetrante
silbar de abundancia.



Versiones de Alberto Girri (Buenos Aires, Argentina, 27 de noviembre de 1919 – 16 de noviembre de 1991). En: Alberto Girri, “Homenaje a W. C. Williams”, Editorial Sudamericana, 1981. 
William Carlos Williams (Rutherford, Nueva Jersey, EEUU, 17 de septiembre de 1883 – 4 de marzo de 1963). 

martes, 14 de junio de 2011

Alberto Girri – Es mejor odiar en compañía



A UN DESDICHADO


Ya se sabe
                  empleó
gran parte del tiempo
en adquirir su odio,
y mucho más tiempo,
en gozarlo sin decirlo,
                                cuervo
que solitario come, ajeno a la envidia
y no para jactarse,
                             a la espera, quizás,
de un cielo del odio donde todos
los odios son contemplados para todos, incluso
los ignorantes del propio odio, corruptos;
                                 y dispuesto al goce
de ser contemplado en su odio,
como aplicando una máxima:
                                            Bueno es
odiar a solas, pero es mejor
odiar en compañía, el odio crece.
Entretanto
                se sabe también.



En “Francisco Urondo. Veinte años de poesía argentina, 1940-1960”, Editorial Galerna, 1968.
Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 – 1991).

sábado, 3 de julio de 2010

Alberto Girri – Memorial


Foto: “Fuego”, Jmp 3-7-10

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MEMORIAL

Diversos son los tropiezos
los indicios del fracaso:

presente culpable,
falta, sin esperanza,
del ímpetu que llegue
al campo prometido,
a lo que resucita
incólume y perfeccionado.

Que se nos diga, quiero,
cuál es nuestra fortuna
de amados, de vivientes
seducidos por la vida.

En “La penitencia y el mérito”, Sur, 1957.

_
Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 – 1991).
_

Alberto Girri – Poema


Foto: “Fuego”, Jmp 3-7-10

_
POEMA

Contra la permanente
mordedura del polvo
y el arbitrio de hados
perfectísimos, sumos,
y demás apelativos;

contra la fugacidad
buena, mala, neutra,
y las huellas que obsequia;

contra un fuego elemental
que ordena el universo
y después, saciado…

Contra este hervidero
la unidad par e impar,
el número,
el fiel retrato de una ley
indivisible de su letra.

En “La penitencia y el mérito”, Sur, 1957.

_
Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 – 1991).
_

Alberto Girri – Arte poética


_
ARTE POÉTICA

Un elemento de controversia
que nos lleve a lo paradojal
tras cada línea, cada pausa;
la ambigüedad a expensas de la convención.

Una premisa constante, la duda,
indagando en la realidad,
buscándola fuera del contexto;
la materia a expensas del lenguaje.

Una síntesis intransferible y bella
con ánimos, bestias, escrituras,
profanados sub specie aeternitatis;
la imaginería a expensas de tormentos.

Una teología creadora de objetos
que se negarán a ser hostiles a Dios.

En “La penitencia y el mérito”, Sur, 1957.

_
Alberto Girri (Buenos Aires, 1919 – 1991).
_

domingo, 17 de mayo de 2009

Alberto Girri: El poema como idea de la poesía




EL POEMA COMO IDEA DE LA POESÍA


Que la finalidad
sea provocar el sentimiento
de las palabras,
y alcanzar
el desafío de la expresión,
perseguir objetos
que se ajustan al sentimiento,
hundirse en objetos
hasta la emoción adecuada,
está probado,
y tanto, probado y probado,
como no lo está
el que en esos tránsitos
la tendencia madre sea
por dónde va la inspiración,
«si en frío o en caliente»,

y no lo está
que haya que seguir a Homero
entre las Musas, su rogar que lo asistan,
y a Platón
saludando hermosos versos
más en mediocres pero iluminados
que en sagaces y hábiles exclusivamente
al amparo de sus propias fuerzas,
y a Dante, el reclamar
la intervención de dioses
acaso sin creer en ellos:
O buono Apollo, all'ultimo lavoro
fammi del tuo valor...


Pero tampoco ninguna
terminante prueba hacia lo opuesto,
que el poema
se conduzca en la mente como un
experimento en una ciencia natural,
y que la aptitud
combinatoria de la mente sea
la solo inspiración reconocible.



Alberto Girri. De: "El motivo es el poema", 1976
Foto: “Alberto Girri” Copyright © Susana Mulé

lunes, 23 de febrero de 2009

“Alberto Girri: la búsqueda de la lengua”, por Esteban Moore



Los premios nacionales de poesía del período 1961-65 correspondieron a Silvina Ocampo, Alberto Girri y Jorge Vocos Lescano, autores cercanos a la revista Sur. Este acontecimiento fue celebrado en la sede de la editorial y el orador principal fue Jorge Luis Borges. En esa oportunidad Borges le dedicó a Girri unas pocas palabras:

“... ha buscado y sigue emprendiendo las aventuras más audaces del arte contemporáneo, al mismo tiempo ha traducido ejemplarmente a Donne. Y este hecho tiene una significación especial ya que esas traducciones no están hechas como un ejercicio filológico sino porque hay una esencial afinidad entre el traducido y el traductor. Por lo demás Donne está quizás más cerca de nuestra sensibilidad que de la sensibilidad de muchos de sus contemporáneos. Y de igual manera que Donne buscó no la poesía de la dulzura que todos buscaban en su tiempo, sino esa otra poesía, no menos admirable y ardua, de lo áspero, así Girri ha buscado deliberadamente la misteriosa poesía de la aspereza y de lo –pero sólo aparentemente- caótico. Es una ardua tarea, como lo he dicho, y él lo ha logrado con la felicidad que todos sabemos.” 1

Llaman la atención en este discurso de ocasión, eminentemente social, en el que también se alude al tópico central de El escritor argentino y la tradición, algunos de los términos utilizados y asombra también la intención de establecer una forzada afinidad entre los poetas aludidos y luego definir sus respectivas búsquedas poéticas con un adjetivo más apropiado para calificar una lija, una escofina o el duro concreto de las autopistas.

Años más tarde, en una entrevista, Borges hablaría de su experiencia como lector de la obra del autor de Casa de la mente:

“De Girri puedo decir esto: a veces no lo he entendido; pero siempre que lo he entendido, lo he admirado. A veces el poema me ha excluido, sin duda por incapacidad mía, no por torpeza suya. Yo querría conversar con él, y querría pedirle, humildemente, explicaciones sobre algunas cosas.” 2

A buen entendedor pocas palabras, toda una boutade borgeana, pura estrategia literaria. Lo paradójico es que estas opiniones que pertenecen al personaje público, políticamente incorrecto construido por Borges, han trascendido convirtiéndose en un dictum irrevocable. En la actualidad no son pocos los que consideran que la escritura de Girri conforma un cuerpo textual de difícil penetración, áspero y enigmático, opinión que en una sociedad mediatizada como la nuestra ha funcionado como una perfecta maldición. Pese a ella Girri halló su público, que incluyó un núcleo de lectores atentos, entre ellos: Juan Liscano, Jorge Cruz, Guillermo Sucre, Octavio Paz, Enrique Pezzoni, Danubio Torres Fierro, Jason Wilson, Thomas Merton, Aldo Pellegrini y Jorge A. Paita.

Alberto Girri, argentino de primera generación por parte de padre, nació en 1919 en el barrio de Almagro, realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Rivadavia y finalizó su educación formal en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Allí conoció a Héctor A. Murena y a otros integrantes de diversos círculos literarios e inició una larga y fructífera relación con el suplemento literario del diario La Nación y la revista Sur.
En 1946 publica Playa sola, el primero de una serie de eslabones de una cadena que se extendería hasta su muerte en la década de los 90. A partir de este título inicial surgirían una serie de malentendidos alrededor de este poeta y su obra que se renovarían tenaz y cíclicamente a través de los años. Se ha dicho de él, entre otras muchas cosas, que es un poeta cercano a las poéticas de la generación del 40, que sus textos no sugieren verbalmente, que fue influenciado por el verso blanco inglés, que es un poeta de tono extranjero, que sus intereses se volcaban exclusivamente hacia las literaturas sajonas, que su fraseo no posee musicalidad, que sus textos pueden ser leídos como aforismos, que es un hombre ajeno a la emoción poética y que su poesía es ininteligible.
En Arte poética, incluida en La penitencia y el mérito, esboza un primer plan de trabajo. Esta puede ser considerada una síntesis de los objetivos trazados en lo que podemos denominar su primer período:

“Una premisa constante, la duda,
indagando en la realidad,
buscándola fuera de contexto;
la materia a expensas del lenguaje.

“Una síntesis intransferible y bella
con ánimos, bestias, escrituras,
profanados sub especie aeternatis;
la imaginería a expensas de los tormentos.

Una teología creadora de objetos
que se negarán a ser hostiles a Dios.”
3

Más de veinte años más tarde declararía que estas conclusiones que para él en su momento fueron un programa se cumplieron a medias. ¿Pesaba en su memoria la escritura de Borges que en su juventud le deparó una grata revelación que nunca olvidaría?

En una entrevista realizada a mediados de los 70 por Santiago Kovadloff y publicada en la revista Crisis, señaló que existe:
“Una literatura, una poesía escrita en lengua española, antes de Borges y a partir de él.”4

En otra ocasión, en una entrevista otorgada a Danubio Torres Fierro reproducida en Plural 5, dice a modo de confesión:
“En algún lugar Pound observa que es imposible escribir buena poesía si no se ha leído a Stendhal o a Flaubert, lo que es una verdad indiscutible. Entre nosotros, ese Stendhal o ese Flaubert era -es- Borges. Él me mostró la posibilidad de una concisión epigramática, de una sintaxis estricta en el español, cosas que en un principio me parecían inalcanzables.”

Girri descubrió tempranamente aquello que Augusto Monterroso hallaría en 1945 en el prólogo a La metamorfosis:
“…el lenguaje. Hoy lo recibimos con cierta naturalidad, pero entonces aquel español tan ceñido, tan conciso, tan elocuente, me produjo la misma impresión que experimentaría el que, acostumbrado a pensar que alguien está muerto y enterrado, lo ve de pronto en la calle, más vivo que nunca. Por algún arte misterioso, este idioma nuestro, tan muerto y enterrado para mi generación, adquiría de súbito una fuerza y una capacidad para las cuales lo considerábamos ya del todo negado. Ahora resultaba que era capaz de expresar cualquier cosa con claridad y precisión y belleza; que alguien nuestro podía contar nuevamente e interesarnos nuevamente en una aporía de Zenón, y que también alguien nuestro podía elevar (no sé si también nuevamente) un relato policial a categoría artística. Súbditos de resignadas colonias, escépticos ante la utilidad de nuestra exprimida lengua, debemos a Borges el habernos devuelto, a través de sus viajes por el inglés y el alemán, la fe en las posibilidades del ineludible español.”6

Recuperada la fe en su propia lengua, no solo a través de Borges, sino también a través de aquellos a los que éste se refiere en El idioma de los argentinos:
“Mejor lo hicieron nuestros mayores. El tono de su escritura fue el de su voz; su boca no fue la contradicción de su mano. Fueron argentinos con dignidad: su decirse criollos no fue una arrogancia orillera ni un malhumor. Escribieron el dialecto usual de sus días: ni recaer en españoles, ni recaer en malevos fue su apetencia. Pienso en Esteban Echeverría, en Domingo Faustino Sarmiento, en Vicente Fidel López, en Lucio V. Mansilla, en Eduardo Wilde”7; Girri emprendió su solitario camino, la búsqueda de su propio lenguaje, de uno que nada tuviera que ver con ciertas características que Jorge Semprún asocia a: “la complejidad gutural y barroca del castellano.” 8

En el contexto literario vernáculo signado por las corrientes neorromántica y surrealista, decidió que la poesía no era eso que le ofrecían sus contemporáneos. De los neorrománticos rechaza la multiplicación constante de imágenes, el predominio del yo de la enunciación, y una visión del mundo y de las cosas que se resolvía exclusivamente en un lirismo almibarado de exageradas proporciones elegíacas y nostálgicas. De los surrealistas, su actitud grupal; y las consecuencias de ella incentivaron su mordacidad: “…si usted toma una antología surrealista y borra los nombres de los autores de los poemas, en la mayoría de los casos esos poemas pueden ser intercambiables.” 9 Palabras que nos hacen recordar por otra parte el absoluto terror que despertaba en él la uniformidad, el ejercicio de la reproducción impuesta por los modelos de culto. “Y a propósito, ¿no es aguda la observación de Barthes, de que cuando el adjetivo es estereotipado sirve a la ideología, y que hay identidad entre ideología y estereotipo?10
Girri, que había accedido a una educación formal, poseía nociones de las lenguas clásicas y una debilidad por la lengua italiana que sólo podía rivalizar con el amor que sentía por el inglés. Sus lecturas fueron variadas y maratónicas, reconoció influencias de Charles Baudelaire, Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Dante, Catulo, los Padres de la Iglesia (particularmente San Agustín), Celedonio Flores, Wallace Stevens, T.S. Eliot, San Juan de la Cruz, John Keats, y de los letristas de tango como así de la obra de Julio y Francisco De Caro:
“La inigualada estilización de esas composiciones […] música de tango que es música a secas, y que en no pocas veces estuvieron en mis afanes por la literatura. Quizás, tanto como en algunos libros, aprendí de su espíritu a perseguir ese ideal de unidad y equilibrio a que todo escritor aspira, y la lección de la parquedad, el apartarse de lo trillado y la falsa elocuencia.”11

Todos ellos compartieron sus preferencias con aquellos otros poetas que traduciría posteriormente y cuyas traducciones -versiones- daría a conocer como apéndices de sus propios libros. Algunos de estos autores, no cabe duda, fueron elegidos por afinidad y gusto personal, otros en cambio, distantes de su propia concepción de la poesía, penetran su mundo referencial porque resultaban funcionales a un proyecto que se iba armando de pequeños fragmentos y descubrimientos.

A partir de la edición de Playa sola el autor dio a conocer: Coronación de la espera (1947), Trece poemas (1949), El tiempo que destruye (1951), Escándalos y soledades (1952), Línea de la vida (1955), Examen de nuestra causa (1956), La penitencia y el mérito (1957), Propiedades de la magia (1959), La condición necesaria (1960) y Elegías italianas (1962). Pero no es hasta la publicación de El ojo (1963), que ciertas tendencias ya identificables en su producción se acentúan ¿se exacerban? Este libro parece ser el definitivo punto de inflexión en su obra, a partir de él ya podemos hablar de un estilo o de una escritura Girri. Significativamente, a este título le siguió una importante antología, Poemas elegidos (1965), cuya selección realizó el autor, y que fue prologada por Jorge Andrés Paita. En ella Paita, un poeta de formación clásica y un lector sagaz, comenta pertinentemente que “…la intuición central del poeta de Elegías Italianas consiste en concebir el mundo y la vida como una corrupción de lo eterno. […] “En el curso de una labor tan sostenida y vasta esa intuición central no sólo ha permanecido sino que ha logrado concentrarse y ramificarse como un árbol de poderosa arquitectura. Fragmentos de ese sombrío destello, convocados por temas superficialmente distantes aparecen y reaparecen, componiendo con los rasgos de una escritura ya inconfundible esa fuerte y viva unidad que es esencia del arte. Porque en todos los poemas, más o menos a flor de verso, hay en gestación permanente un único motivo, que es la preocupación ética ante un mundo desarticulado.” 12

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En El ojo y a partir de él, su verso se despoja definitivamente de lo que él considera excesos retóricos, decorativos y convencionales de la lengua castellana, excluye todo pintoresquismo y adopta un ritmo marcado y fluctuante; el poema desconfía de la imagen, transformándose en un objeto de rígida estructura. En este volumen incluye un texto significativo, en el que se intuye un adelanto de aquello que podríamos esperar a partir de ese momento:


Cuando la idea del yo se aleja:

De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: “Yo soy”
y en la enfermedad y la muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.

Antes hacía, ahora comprendo. 13

Desde aquí en más y, hasta sus días finales, Alberto Girri dedicaría todas sus energías físicas y espirituales a la literatura, destilando en un renovado proceso dialógico una serie de influencias. En el poema transcrito denota el comienzo de la erosión del yo y la voluntad de señalar una de sus fuentes, Lao-tsé, cuyos ecos serán audibles a partir de aquí en la obra de Girri:
“Aquel que se muestra no es luminoso / Aquel que se justifica no tiene eminencia / Aquel que alardea no será recompensado con el reconocimiento / Aquel que se jacta no perdura por mucho tiempo.” 14
“El espíritu individual alcanza el absoluto de sí mismo por sucesivas negaciones; yo soy el que piensa, no el que es pensado; el sujeto puro no se concibe sino como límite de una negación perpetua. La idea misma de negación es pensamiento; no es yo. Una negación que se niega simultáneamente se afirma: negación no es simple privación, sino acto positivo.”15

Esta actitud se refuerza con su condena a “La noción del poeta-máscara, tan pueril en cualquiera que haya escrito alguna vez poemas de aceptable lucidez.”16
“Ahora comprendo”, nos dice en la última línea; comprende que debe desarrollar aquello a lo que en varias ocasiones se refirió como “una sintaxis personal”, “una sintaxis que pueda ser reconocida”, la marca en el orillo de cada texto, su estilo. En el “Que el tono se aproxime al del discurso normal. Que la singularidad de la dicción poética radique más en la estructura que en los detalles. […] Vocabulario extremadamente lineal. Ninguna ambigüedad elaborada, ni asociaciones dificultosas, ni transiciones muy marcadas. […] Que los poemas se eleven a la diafanidad de la prosa. Discurso corriente, transformado en poema. Con idénticas palabras, lograr una forma distinta de comunicar lo mismo.” 17
Este lenguaje cotidiano, las palabras de todos los días, es el que deberá encontrar un modo renovado de expresión en el poema, cuyos versos ajenos al canto y el enfásis hallarán los cortes según las emisiones naturales de la voz y configurarán como lo imagina en El dibujo como poema 18, una forma sobre la página en blanco: “por fervor de la mente, el valimiento / de no ser copias serviles sino formas, / purificada acentuación de formas”.

Se ha dicho que por su tono, su precisión, el enfrentamiento de los opuestos, el lenguaje de Girri es comparable al de las ciencias y, que es el discurso de las ciencias, en el que se inspira para definir ciertos aspectos del funcionamiento interno del poema. Ezra Pound ya había dicho: “El ritmo es una forma; existe como existe la quilla de un barco, o las líneas de un motor de automóvil, para un propósito definido, y debe existir con eficiencia, una tan clara y definitiva como aquélla que hallamos en los barcos y los automóviles.” 19
Estas palabras de quien es considerado uno de los maestros de la métrica contemporánea nos guían hasta Walter Gropius, quien en 1923 expresó: “Cada cosa es determinada por su naturaleza, y solo el conocimiento íntimo de ésta nos permite modelarla adecuadamente, con el fin de que cumpla eficientemente sus funciones.”20
Pero estos conceptos ya habían sido expuestos más de tres décadas antes, en los Estados Unidos, por Louis Henry Sullivan, un adelantado en la utilización de estructuras de acero en la construcción, quien defendió la tesis de que la forma es determinada por su función. Este principio del funcionalismo, adoptado de la ingeniería mecánica, tendría distintos grados de influencias en el campo de las artes.
Citar a Pound, un poeta poco comentado por Girri y siempre como al pasar, no es, aunque lo parezca, un capricho. Pues fue él quien en uno de los manifiestos del Imaginismo elevó al rango de “mandamiento” ciertas premisas: no se deben utilizar palabras superfluas, ningún adjetivo que no nos revele algo; el poeta debe comprender que el “objeto natural es siempre el símbolo adecuado”; y en Los Cantos utilizó continuamente el método de “juxtaposición sin cópula”, elaborado a partir del ensayo de Ernest Fenollosa El ideograma chino como un medio para la poesía. Tenía además algunas ideas personales acerca del ritmo: éste debía producir una especie de estado hipnótico y “se debía componer en la secuencia de la frase musical, no en la secuencia del metrónomo.”21

Estas ideas de un modo u otro tienen un grado de presencia en la poesía del argentino haciendo de Pound, el que habría sostenido que la lengua inglesa es la hermanita menor de las lenguas romances, una fuente que se oculta.
Otros dos casos interesantes son los de Marianne Moore y William Carlos Williams cuyas experiencias poéticas recibieron la atención de Girri La primera comprendió rápidamente que necesitaba desarrollar una mayor disciplina prosódica y diseñó un verso cuyas características nada tienen que ver con la libertad, todo lo contrario, sus textos son de una estudiada complejidad, su diseño visual se articula cuidadosamente sobre la página en blanco, recurren al uso sistemático de la rima y en ellos practica un isosilabismo de número variable, particularidades que le aportan a una tradición poética acentual, una poesía cuantitativa.

Williams, a quien Girri le rinde un inusual tributo en Homenaje a W.C. Williams,22 construyó su verso convencido de que el poema desarrolla una forma rítmica en directa relación a la forma del poema-objeto. En su autobiografía detallaría: “…el poema, como toda otra forma de arte, es un objeto que presenta formalmente su caso y su significado a través de la forma que asume. Por lo tanto, siendo un objeto, así debería ser tratado y controlado.”23

En El motivo es el poema, 24 un libro central para su poética, su pensamiento intenta arrojar nueva luz sobre las relaciones y los vínculos que se establecen entre el universo de los significados y el mundo de lo real. En la primera parte Pretextos, Girri utiliza como epígrafe una frase de Vladimir Nabokov: “Not the things you can say so much better in plain prose” (“No las cosas que podés decir tanto mejor en simple prosa”). Con ella no pretende instituir la existencia de tópicos exclusivos para el campo de la poesía. Nos refiere a una lucha espiritual en la que la caracterización del hombre estará dada por el grado de profundidad de su intuición en la recuperación de experiencias originales.
En una sociedad regida por un extremo individualismo las percepciones consisten mayoritariamente de intuiciones no-organizadas. Sólo pueden reaccionar “espontáneamente” hacia el mundo de lo aparente. En este sentido la reacción se transforma en el contrario de la acción y es incapaz de desarrollar una visión más allá de los hechos y los objetos.
Desde este punto de vista y parafraseando a Vladimir Ilich Ulianov podemos decir que para Girri: “…el pensamiento que asciende desde lo concreto hacia lo abstracto, no nos aleja de la verdad, nos acerca a ella.”25 A lo que el poeta seguramente agregaría que el grado de verdad y o de error de tales experiencias serán expuestos por el poema en directo comercio con su posible lector. En este aspecto la abstracción posibilita que la poesía ejerza una de sus funciones sociales: convertirse en un modelo que escape a la alienación, proponiéndose como una posibilidad utópica en un mundo pleno de dolor y muerte.

La poesía de Alberto Girri, un conjunto de textos de una desesperante unidad, no nos deja solamente una visión del mundo, nos entrega una prolongada y rica experiencia, renovada texto a texto, en la que la realidad es el propio lenguaje y éste es constitutivo del devenir humano. Pero también nos entrega una aguda reflexión acerca de la creación poética, de la que no están excluidas las tradiciones de Occidente y Oriente. Asimismo, Girri en este trayecto mucho ha pensado, hablado y comentado acerca de nuestra incipiente tradición poética. Ésta le debe un tono y una prosodia que no se apartó de nuestra lengua coloquial, y el hecho de que éste fue su instrumento para tratar las más variadas cuestiones estéticas y metapoéticas.

Quizás ha llegado el momento de dejarlo vivir en nuestro barrio, o invitarlo a que se siente en nuestra mesa del café. Para ello, tal vez sea necesario escuchar sus textos y mientras lo hacemos no disparar frases como “se inclina por el verso blanco”. Pues podría contestarnos: No siento inclinaciones por el pentámetro yámbico sin rima final. Metro que no es original ni exclusivo de la lengua inglesa, fue introducido por Henry H. Surrey, un estudioso de los modelos italianos, en su traducción de La Eneida (libros II y IV). Tampoco me inclino por su antecedente el versi sciolti o endecasillabi Sciolti, aunque el verso piano me trae constantemente a la memoria la primera línea de La divina comedia: “Nel mezzo del cammin di nostra vita”. Si usted hallara un endecasílabo en alguno de mis textos, diría que se me piantó, después de una relectura de Urania de Manzoni.

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1- Revista Sur, Nº 291, 1964.
2- A. Gurri, La figura de Alberto Girri, (internet), 2000.
3- Alberto Girri, La penitencia y el mérito, Editorial Sur, 1957.
4- Revista Crisis, Nº 40, 1976.
5- Revista Plural, México, (julio 1976).
6- Augusto Monterroso, Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges, Movimiento Perpetuo, Alfaguara, 1999.
7- Jorge Luis Borges, El lenguaje de Buenos Aires, Emecé, 1963.
8- Jorge Semprún, La escritura o la vida, (pág.159), Tusquets, Barcelona, 1998.
9- Alberto Girri, entrevista Jorge Ricardo Aulicino y Daniel Freidemberg, Diario de Poesía Nº 18.
10- Alberto Girri, Cuestiones y razones (conversaciones), Editorial Fraterna, Buenos Aires1987 -prólogo de Jorge Cruz)
11- Alberto Girri, Cuestiones y razones (conversaciones), Editorial Fraterna, Buenos Aires1987 -prólogo de Jorge Cruz)
12- Alberto Girri, Poemas elegidos, antología, Losada, Buenos Aires, 1965, prólogo Jorge Andrés Paita.
13- Alberto Girri, El ojo, Losada, Buenos Aires 1963.
14- Lao-Tsé, Tao Te Ching, capítulo XXIV, (pág. 81) traducción D.C. Lau, Penguin, Londres, 1979.
15- Alberto Girri, El motivo es el poema (pág. 128) incluido en Lo propio lo de todos, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1980.
16- Alberto Girri, El motivo es el poema (pág.50), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1976.
17 - Alberto Girri, Diario de un libro, (págs. 42-43,96) Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1972.
18- Alberto Girri, El motivo es el poema (pág.13-14), Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1976.
19- Ezra Pound, Antheil an the Treatise of Harmony, Chicago, 1927.
20- Eberhard Schulz, Zwischen Glashaus und Wohnfabrik, Bremen, 1959.
21- Ezra Pound, Litterary Essays of Ezra Pound, ed. T.S.Eliot (Londres, 1954).
22- Alberto Girri, Homenaje a W.C. Williams, Sudamericana, Buenos Aires, 1981.
23- William Carlos Williams, The Autobiography, Random House, N.Y. 1951.
24- Alberto Girri, El motivo es el poema, Sudamericana, Buenos Aires, 1976.
25- Ferruccio Rosi-Landi, comentario de Lenin citado en Linguistics and Economics, Mouton, 1975.

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Foto cabecera: “Alberto Girri” Copyright © Susana Mulé
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