miércoles, 14 de octubre de 2015

Alfredo Veiravé, No tengo la obligación de escribir poesía de compromiso o canciones de protesta


POEMA

Claudia Cardinale ave de grandes plumajes y sus pechos como torres
me despierta temprano se pasea por el hueco que dejamos los dos entre medio 
y pone en la vitrola discos de Gardel o Joan Baez
me lee —es un decir— los últimos poemas ya borracho alucinatorio
Dylan Thomas A propósito escribe mal su apellido y de pronto un golpe
de amigos lejanos me sube por las piernas
pido un mate y la veo pasearse desnuda entre los huecos del tango
“las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?”
y me digo con alegría hoy no iría para nada al empleo si no estuviera realmente
piantao piantao como ella me dice pero Claudia Cardinale me consuela me arregla el pelo con ternura italiana me cuenta con sus dedos larguísimos y sus uñas violetas
las seis o siete arrugas horizontales de la frente (casa de los gusanos
en la morera
templo del dios del trópico
escritura de puertas cerradas
el lugar donde los pensamientos eróticos se sientan
en cuclillas mariposa que imagina rápidamente el golfo estrecho
de Magallanes de tu cintura la magia de esos pantalones ajustados)
después se mete en el pecho (departamento horizontal en pleno campo
con vistas a las vacaciones anuales a los días sin nada y sin nadie
la máquina del mundo que pusiste a andar adentro
de mí, gramaticalmente correcto)
y me dice con tranquilidad no exenta de ironía
(la inocencia como estado ahistórico)
que no tengo la obligación de escribir poesía de compromiso  o canciones de protesta que nuestro amor es puro
y que nada nos salvará
cuando ella se haya ido cuando yo detenga los dedos sobre
los broches de su corpiño Inútilmente me dejo arrastrar
por las dudas y después me siento a escribirle este poema
que le dirá “buen día Claudia” “tomemos juntos el
desayuno” No sé por qué la historia contemporánea de América Latina no
consigna estos detalles feroces
pero lo que sé muy bien es que Claudia y yo nos amamos como dos buzos
bajo el mar como dos caracoles bajo la playa
como dos turistas en Venecia como dos espinas de la corona
de Cristo en un relicario como dos
sombras revolucionarias de espaldas en la tierra.


De: “El imperio milenario”, 1973. En “La poesía del cincuenta. E. Bayley, R. G. Aguirre, C. Fernández Moreno y otros”. Selección, prólogo y notas por Daniel Freidemberg. Centro Editor de América Latina, 1981.
Alfredo Veiravé (Gualeguay, Entre Ríos, 1928 - Resistencia, Chaco, 1991).
Foto: Claudia Cardinale y Frank Zappa.

2 comentarios:

fernando delgado dijo...

como me gustó este poema!!!


abrazo José María

José María Pallaoro dijo...

abrazo fernando!