domingo, 5 de marzo de 2017

Federica Rosenfeld, No hay cómo ni quién


CORDILLERA

No hay cómo ni quién.
Tan sólo el lila y la nieve.

En el ocaso es de acero.
         Un espejo
                  más oscuro.


LOS RUIDOS

   Los ruidos son triángulos chatos, especulares y rotos. Insignificados introducidos hasta mi sangre
con tijeras de cirujano.

   El ruido es un monstruo de órganos grandes, sueltos. Cuando se acerca me da la fiebre de los maxilares y empieza a dolerme la nariz.

   Los ruidos se pasean por mis encías, me pellizcan el entrecejo y al irse dejan todos los puentes levantados.

   La tonadillera Kitty lapida cada día mis ojos. Por detrás y desde su garganta se avecina un mazo ululante que gira por la cara interna de un tubo opaco.

   Los ruidos pueden ser distraídos con harina o corcho molido, pero emergen.


LA MEDIA DE SEDA

La máquina la hizo
sutil y a la moda de Jauja
por eso hoy
día de descanso
cuelga como una baba.


FUNCIÓN Y CENA

Parado en la mitad de la acera
el rengo juega con el mono
atado a un muñón.
No lleva bolsillo,
no pide limosna,
el policía le tolera
estos juegos.
Debajo del gorro de paja
su boca es una mancha negra
que dice a todos buenas tardes,
buenas tardes.
El mono salta, actúa,
come frutas
que el público le da.
El rengo nunca pide nada,
dice tan solo buenas tardes,
buenas tardes
y cuando ya no queda nadie,
camina sobre el pie de palo
con el mono,
hasta el palacio donde cena
y siempre es acogido.





Los poemas “Cordillera” y “Los ruidos” pertenecen al libro La matinée danzante, 1963. “La media de seda” y “Función y cena”, a Cerco, 1978. En: Antología de la Poesía Argentina, Tomo 1, selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires, 1979.

Federica Rosenfeld (Buenos Aires, 1914 – 1998). Foto: Jmp.