lunes, 12 de septiembre de 2016

Antonio Porchia, Lo lejano, lo muy lejano, lo más lejano


VOCES

Situado en alguna nebulosa lejana hago lo que hago, para que el universal equilibrio de que soy parte no pierda el equilibrio.


Quien ha visto vaciarse todo, casi sabe de qué se llena todo. 


La verdad tiene muy pocos amigos y los muy pocos amigos que tiene son suicidas. 


Trátame como debes tratarme, no como merezco ser tratado. 


No hallé como quien ser, en ninguno. Y me quedé, así: como ninguno. 


Dios mío, casi no he creído nunca en ti, pero siempre te he amado. 


Se vive con la esperanza de llegar a ser un recuerdo.


Una cosa sana no respira.


Han dejado de engañarte, no de quererte. Y te parece que han dejado de quererte.


Un rayo de luz borró tu nombre. No sé más quién eres. 


Cien hombres, juntos, son la centésima parte de un hombre. 


Lo lejano, lo muy lejano, lo más lejano, solo lo hallé en mi sangre.


Quien dice la verdad, casi no dice nada. 


Éramos yo y el mar. Y el mar estaba solo y solo yo. Uno de los dos faltaba. 


La tierra tiene lo que tú levantas de la tierra. Nada más tiene. 


Entra una nueva pena y las viejas penas de la casa la reciben calladas, no muertas. 


Quiero por lo que quise, y lo que quise, no volvería a quererlo. 


Sí, son millones de estrellas. Y millones de estrellas son dos ojos que las miran. 


Hablo pensando que no debiera hablar: así hablo. 


A veces creo que no existe todo lo que veo. Porque todo lo que veo es todo lo que vi. Y todo lo que vi no existe. 


Hay dolores que han perdido la memoria y no recuerdan por qué son dolores. 


Dirán que andas por un camino equivocado, si andas por tu camino. 


Y seguiré navegando por mares ajenos hasta naufragar en mi mar. 


El dolor no nos sigue: camina adelante. 


Cuando todo está hecho, las mañanas son tristes. 


El ir derecho acorta las distancias, y también la vida. 


El fenecer de un alma es leve, muy leve, casi silencio. 


Como me hice, no volvería a hacerme. Tal vez volvería a hacerme como me deshago. 


Quien no sabe creer, no debiera saber. 


Qué te he dado, lo sé. Qué has recibido, no lo sé. 


Cayó como un ala para no lastimarte.


Quien asciende peldaño a peldaño, se halla siempre a la altura de un peldaño.


Hallé lo más bello de las flores en las flores caídas.


La tragedia del hombre es mayor cuando se la deja caer. 


El sol ilumina la noche, no la convierte en luz. 


Ellos también son como yo, me digo. Y así me defiendo de ellos. Y así me defiendo de mí. 


Si nunca me olvidase de nada de lo que hay en ti, nunca hallaría nada nuevo en ti. 


VOCES NUEVAS

Todas las cosas pronuncian nombres.


El viaje: un partir de mí, un infinito de distancias infinitas y
un arribar a mí. 


La selección de textos de Porchia las realicé basándome en mis lecturas de hace 30 años atrás, marcadas con lápiz en una de las varias ediciones que poseo de “Voces”. Una manera de recuperar a ese lector que una vez fui, tan diferente al de ahora, con muchas más lecturas y, posiblemente, la misma pasión. jmp
En “Voces”, Hachette, Buenos Aires, décima edición, 1974.
Antonio Porchia (Conflenti, Italia, 13 de noviembre de 1886 - Buenos Aires, 9 de noviembre de 1968). Foto. Antonio Porchia. Lysandro Z. D. Galtier, 1964.

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