domingo, 21 de marzo de 2010

Dardo Dorronzoro – Los buenos tiempos



LOS BUENOS TIEMPOS

Antes, en los buenos tiempos,
salíamos mi perro y yo y algunos amigos,
a esperar las cinco de la mañana, a esperar el sol,
a esperar las nubes rosas con jirafas,
a esperar un canto de gallo, un pedazo de viento,
y nos poníamos cada uno un gorrión sobre la cabeza
para que la gente fuera más feliz camino al trabajo,
para que los vendedores y compradores de almas se arrojaran al río
todos juntos, o todos oscuros,
y los chicos merodeadores de mendrugos y las muchachas
nos saludaran sonriendo,
y el mundo fuera así menos estúpido,
con menos bebedores de sangre en cada chimenea.


TODAS LAS MAÑANAS

No me cortarán el viento de los ojos,
yo te digo;
no me cambiarán de azul la torre de los pinos,
ni manejarán palomas con las nubes de mis dedos.
Yo soy todas las mañanas de los hombres, te digo,
todos los inviernos, todos los eneros,
yo soy una sangre perdida en la calle más antigua,
una espuma de llanto y una tos en los jergones;
yo soy para siempre en mi último camino.


MIENTRAS ME MATAN

Comenzaron a matarme de a uno hace muchos siglos,
después de a setenta, después de a quinientos,
hay que ver cómo me matan ahora de a miles en cada esquina,
en cada feriado,
cómo fabrican sueldos y galones con los huesos que me quedan,
cómo fabrican calabozos para poner algún rincón de mis pantalones,
y cómo se turnan entre gordo y gordo para
ver de qué ojo muero primero,
pero resulta
que cada vez soy más uno de los otros,
uno de los que nacen y renacen y vuelven a nacer entre los fuegos,
que cada vez tengo más luz, más pájaros, más flores en la puntería,
que cada vez
me soporto más elegantemente entre los fierros y los veranos,
y hay veces que me pregunto —me digo para mí— si ellos
no harían mejor en cambiar de uñas y de cuentas,
de andar de peldaño en peldaño hacia abajo de las luces,
o en comprarse una sangre nueva, una sangre más limpia
para usar en feriados y domingos.


En “Viernes 25”, Editorial Letras, México, 1989

Dardo Sebastián Dorronzoro, poeta, escritor y herrero, nació en San Andrés de Giles (provincia de Buenos Aires) el 14 de julio de 1913. Fue secuestrado en Luján el 25 de junio de 1976. Desde entonces, está desaparecido.
Foto: Dardo Sebastián Dorronzoro

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Presencia entrañable, insustituible a la hora de sacudir la modorra del alma y entibiar la utopía. Gracias por recordarnos a este honbrepoeta excepcional.

Claudio Simiz

Alan Rebottaro dijo...

Dardo es una voz que nunca va a morir, pasaran años y decadas y siglos y siempre lo vamos a poder escuchar, siempre y cuando, tengamos el alma bien abierta y la sangre en su lugar.

José María Pallaoro dijo...

"...(somos) comedores de estrellas". Dorronzoro es poeta nuestro, es de todos.