martes, 10 de octubre de 2017

José Emilio Pacheco, El que piensa por todos prohibió pensar


LOS DESAIRADOS

Los desairados bajo el amor,
los que nadie quiere
por su gordura, rabia acumulada
o por su escualidez rencorosa;
los siempre desdeñados por feos o tontos o viejos,
llega un día en que se arman de valor,
gastan lo que no tienen en comprarse una Uzi
y antes de despedirse con un tiro en la sien,

ametrallan al mundo entero.


NUEVO ORDEN

Lo acumulado se rebela en caos,
secuestro bajo la muchedumbre ingobernable
de papeles y objetos.

No hay que rendirse al pasado
sino echar por la borda el lastre.

Lo que fue hecho para frenar el instante
se transforma en cadáver de aquel instante.

Vivir ligeros, sin souvenirs, sin archivos.
Lo que ha sido se ha ido.
Ya se fue.

El mañana
vendrá como quiera y sin miramientos.

Sobre todo sin miramientos.


LA DERROTA

El que piensa por todos prohibió pensar.
Su palabra es la única palabra.
Él dice todo sobre todas las cosas.

Sólo existe algo que él no puede prohibir:
los sueños.

Noche tras noche
la gente sueña en acabar con el que piensa por todos.


De: El silencio de la luna (1985-1996). En: Tarde o temprano (Poemas, 1958-2009), Fondo de Cultura Económica, 2009.

José Emilio Pacheco (México, 30 de junio de 1939 – 26 de enero de 2014). Foto: Jmp

lunes, 9 de octubre de 2017

Roberto Santoro, Te damos una faja



FÁBULA DE LAS INTERPRETACIONES

Dijo el optimista, en el país del orden:
“Cúmplense los planes en el plazo fijado. No veo
mendigos en las calles”.
Oído lo cual, respondió el subvertido:
“Es verdad, ya están muertos”.

2 de noviembre de 1976


EL HONOR A MUY BAJO PRECIO

“Vení por la Sociedad de Escritores –a un amigo le dijo el presidente-, que si tu libro no es muy explosivo, te damos una faja”.

10 de noviembre de 1976


FINALE AGITATO

y una sola bandera que nos guía:
la de la resistencia popular



En: Obra poética completa 1959-1977, Ediciones ryr, segunda edición, 2013.

Roberto Jorge Santoro nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1939. Un grupo de tareas de la última dictadura cívico-militar lo secuestró el 1 de junio de 1977. Sigue desaparecido. Foto: Jmp

viernes, 6 de octubre de 2017

Luis Luchi, Médicos pobres enojan a los hospitales con los pobres gratuitos



POBREZA DE MI ÉPOCA

tienen mis hombres penas
piden limosnas
pasan hambre esos hombres
poco le dan.
son pobres los hombres de mi país.
médicos pobres enojan a los hospitales
con los pobres gratuitos.
los pobres ladrones
roban a los pobres transeúntes
humillando su queja
a los pobres vigilantes.
hay gente rica en mi tiempo
tienen sus cantores
los pobres ricos los pobres cantores.
calor tienen
la vida no refresca.
cenan irregularmente
duermen sobresolados
mueren despreciados y humillados
son débilmente pobres.
aman
propagan la especie de pobreza,
más importante que amar tienen
llegan a hijos mis pobres
frío húmedo los hace viejos.
llueve y se mojan
si no está nublado
tristes y pobres
los recuerdos son los culpables
son muy muy pobres
van al colegio los pobres
un maestro pobre
descubre un retrato de un héroe pobre
y da el nombre a una calle pobre
sin árboles.
duelen las muelas
les duele no tener amigos
los amigos son pobres
y no hay nada para darles.
si no hay nada para dar
se empieza a sentir pobre
mira desde la vereda de enfrente su casa de pobre
su pobre país
su época pobre
y entra a averiguar
¿cuántos pobres en total somos?


PASEO POR LA CAPITAL DE LA VILLA MISERIA

la fábrica eras vos enorme
crecías más
la parte de atrás daba a un desvío
por el portón de la manufactura
digna de verse
parecía un castillo inexpugnable
aunque no los trataba con cariño
elogiaba la hora esfinge
fruncía el entrecejo
cuando por diversas no venían eran huelgas
vísperas o post fiestas
baños de sangre para difuntos
muertos asesinados testarudos
racionales accidentados llevados
la desconfianza primaba en su estado
en su contrato social
trato social
su vivienda era una cueva
cada tormenta se la agarraba con sus techos
su casa era un agujero
la lluvia llovía reservas de agua
tenía que comer dormir-dormir
dominar un cuerpo mandándolo
cambiar idiomas
el sol directo en su crianza de vinchucas
ondulado en su enrollarse en virutas
nada hacía
aparte de las horas libres
pelearse con sus congéneres
motivos frente a frente
tributos de despensa vacía
muriendo endémico
los días aciagos


EL CANTO

en este continente inconcluso y sin empezar
se puede estar contento
sincronizar una acción muscular
desde la décima generación
y en determinado momento
las palancas y bostezos funcionando
el sin de los defectos físicos heredados
trasladarlos de un día al otro
el actuante está hecho
formado y amasado en experiencias del pasado
en lo horizontal se entona
la salida está lejos
el domingo una conjetura
las posibilidades de redención
esperan las crisis de voluntad
sano no es, hernia
ni bienes ni promesas de regalos
los encuentros de amor perdieron su virginidad
canta con sonido varonil y fuerte
canta
confundiendo la melodía y los refranes
mientras trabaja distraído



En: Ave de paso, Ediciones Noé, Buenos Aires, 1973. Foto: Jmp

Luis Luchi (Luis Yanischevsky Lerer, Villa Crespo, Buenos Aires, 11 de octubre de 1921 - Barcelona, España, 21 de octubre de 2000). 

domingo, 1 de octubre de 2017

Marín Sorescu, Un gran número de borradores


DON JUAN

Cuando un amor
en el que ya tenía tiempo trabajando
me sale bien
lo paso en limpio
en el corazón de otra mujer.

La naturaleza fue sabia
al crear más mujeres
que hombres,
porque de esta manera podemos perfeccionar
un sentimiento
usando un gran número
de borradores.


SEGMENTO

Podías, como en los cuentos, haberme puesto a
prueba,
pidiéndome hacer
cosas extraordinarias.
Por ejemplo:
abrir un abismo en el cielo
y traerte el cielo extraído
en los bolsillos.

Podías haberme pedido que te resuelva
tres importantes problemas de la vida
y yo te los hubiese resuelto al momento,
con los dientes,
como los nudos en un hilo.

Podías haber sugerido que me abandonase a mí
mismo
arrojando afuera toda mi personalidad
como lava de un volcán
que me desvistiese de toda particularidad
hasta llegar al fondo humano común
y que me quedase así , desnudo, en el frío.

o por el contrario,
que me mudase por completo
en un solo rasgo característico.


CONTABILIDAD

Llega un momento
en que debemos trazar bajo nosotros
una raya negra
y hacer las cuentas.

Unos cuantos momentos en que casi fuimos
felices,
unos cuantos momentos en que casi fuimos
hermosos,
unos cuantos momentos en que casi fuimos
geniales.
Nos hemos encontrado unas cuantas veces con algunos
montes, algunos árboles, algunas aguas.
(¿Dónde habrán quedado? ¿Vivirán aún?)
Todo esto nos daría un futuro brillante pero
que ya hemos vivido.

Una mujer que hemos amado
más esta misma mujer que no nos amó
suman cero.
La cuarta parte de los años de estudio
es igual a varios miles de millones de palabras forrajeras
que poco a poco hemos vaciado de toda sabiduría.

Y al final un destino
más otro destino (¿de dónde habrá salido?)
suman dos (anotamos uno, llevamos otro, quién sabe,
tal vez habrá otra vida en el más allá).


LA MONTAÑA

Estoy sustituyendo una piedra del pavimento - 
Llegué a esto
por una muy lamentable confusión.

Pasaron sobre mí
carros, camiones de carga,
tanques
y pies de toda clase.

Sentí el sol hundirse hasta los ejes
y a medianoche
sentí la luna.

Las mismas nubes me aplastaron con sus sombras
y de tantos acontecimientos pesados e importantes
me salieron callos.

Y aunque todavía logro soportar
con suficiente estoicismo
mi presente destino de piedra,
rompo a veces a gritar:
circulen sólo por la parte transitable
de mi alma,
¡Bárbaros!


En Revista de la Universidad de México, nº 414, julio de 1985. Traducción del rumano: Ruxandra Chisalita.

Marín Sorescu (Rumania, 29 de febrero de 1936 – 8 de diciembre de 1996). Foto: Manojo, Jmp

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Daniel Freidemberg, Empezar a ver todo de nuevo


10 de enero de 2016
     Todo el tiempo, hasta donde se pueda, empezar a ver todo de nuevo.


18 de enero de 2016
     La poesía imbeciliza a las personas. No, por supuesto, leer poesía (si se asume en serio lo que implica “leer”), ni necesariamente escribir poesía, sino cuando "poesía" viene pegado a creerse “poeta”: se queda uno embobado en una burbuja de narcisismo y confortable autocomplacencia que le impide atender a cualquier otra cosa. El mundo sigue andando, para bien o para mal, destrozándose y sangrando o reclamando el trabajo de sostener las perspectivas de una vida menos limitada que puedan existir, y uno mientras tanto preocupado solamente porque alguien se fije en sus versitos y le prodigue las palmadas correspondientes.


26 de enero de 2016
     Lo peor de entrar a denunciar a los miserables y a los que se quedan en la chiquitada (no estoy hablando de política, por si hace falta aclarar, aunque también puede suscitarse por cuestiones supuestamente políticas) no es que uno les habilita un campo para que puedan desplegar, en respuesta, más chiquitada y miserabilidad, sino que es uno el que, al entrar en ese terreno, se vuelve uno de ellos, consolida esa manera de vivir en la que están hundidos, y que ante cualquier estímulo se extiende sobre todas las cosas. Como la de las arenas movedizas o la de los agujeros negros, tanta es la atracción de la que la chiquitada y la miserabilidad son capaces –porque convocan a lo más inmediatista y narcisista de cada uno, como ciertas drogas o como el alcohol mal consumido– que salir se vuelve muy difícil, requiere un fuerte y sostenido esfuerzo de lucidez y voluntad. Si uno lo consigue, y si desde ahí uno puede volver a echar una mirada hacia lo que lo llevó a ponerse en denunciador, va a darse cuenta de hasta qué punto es imbécil denunciar o atacar a esas personas: a lo que corresponde atacar es a la imbecilidad y a la chiquitada mismas, y a la cultura que las suscita y promueve, que tienen a esas personas atrapadas, autolimitadas, sacrificando su vida en el altar de tonterías que no merecen atención y ante las que uno, al prestarles atención justamente, termina sacrificando también valiosos tramos de su vida, restando precisamente tiempo a la vida para dedicarlo a los modos por los cuales la cultura real nos mantiene entretenidos y estupidizados. Lo único bueno que tienen tropezones como ese es que, al percibir que uno tiende a ser tan mediocre y miserable como esos a los que atacó, empieza a estar en mejores condiciones para evitarlo, y así vivir mejor, es decir ser más libre.


En blog de DF, Días después del diluvio. Un block de apuntes. Selección y foto: Jmp.
Daniel Freidemberg (Resistencia, Provincia de Chaco, 27 de septiembre de 1945). Reside desde 1966 en Buenos Aires. 

martes, 26 de septiembre de 2017

Marín Sorescu, Dormir tranquilo


NOS CONOCEMOS

Nos vimos un día
En la tierra,
Yo iba por un lado de ella
Tú por el otro.

Tú eras así y asá,
Oh, eras como todas las mujeres,
Fíjate cómo he retenido
Tu rostro.

Yo me emocioné
Y dije algo con la mano en el corazón,
Pero no había manera de que me escucharas.
Porque entre nosotros pasaban todo el tiempo
Automóviles y aguas y especialmente montes,
En fin, todo el globo.

Me miraste a los ojos
Pero, ¿qué podías ver?
En mi hemisferio
Se había hecho justamente la noche.
Extendiste la mano: diste con una nube.
Yo abracé los hombros de una hoja.


LA GRUTA

Corren ciertos rumores
en la gruta,
que yo, en fin, te he llamado,
que tú, en fin, respondiste.

Nuestras palabras se encontraron
o se buscan hasta el infinito,
ya no sabemos cuál es la pregunta,
ya no sabemos cuál es la respuesta.

Hemos dado algunos gritos
en el Universo,
las palabras se acechan,
se cazan,
se mezclan entre los murciélagos,
con los huecos de la piedra, del agua,
el bramido crece hasta el infinito,
veremos al final
qué resulta.


HISTORIOTERAPIA

Cuando tengo insomnio,
por la noche, antes de acostarme,
tomo un atlas histórico
con un poco de agua.

Y esperando que surta efecto,
sigo con el dedo
el imperio de los hititas,
mas luego de un momento
debo volver a empezar,
porque, de hecho, el imperio de los hititas
es el imperio de los egipcios,
pero no, el de los asirios...
de los medo-caldeos...
de los persas...

Si así están las cosas, pienso yo,
puedo dormirme
tranquilo.




Selección de textos: Jonio González.
En: La juventud de Don Quijote. Poemas, Visor, Madrid, 1981. Traducción del rumano: Omar Lara. Foto: Manos. Jmp.
Marín Sorescu (Rumania, 29 de febrero de 1936 – 8 de diciembre de 1996). 

sábado, 23 de septiembre de 2017

Ileana Malancioiu, Que la muerte lo invada a través de mí


AVE DEGOLLADA

Me apartaron los mayores, según es costumbre,
No sea que olvide el horror del ave sin cabeza,
Tras una puerta, encerrada, la escucho
Mientras se debate y agoniza.

Hago girar el pestillo aflojado por el tiempo,
Para huir y olvidar lo que oía,
Este estertor en el que el cuerpo corre
Todavía en pos de la cabeza.

Y me estremezco cuando, fulminados de terror,
Sus ojos giran hasta quedar en blanco,
Se asemejan a granos de maíz
Que otras aves buscan, picoteando.

Tomo en una mano la cabeza y en la otra el resto,
Los intercambio cuando llega el tedio,
Hasta que no hayan muerto, que sigan unidos
Al menos de este modo, con mi cuerpo en medio.

Y, sin embargo, la cabeza muere antes,
Como si no estuviera bien cortada,
Y para que el cuerpo no se revuelva solo
Espero a que la muerte lo invada a través de mí.


Tomado de Jonio González (Buenos Aires, 1954. Reside en España), que nos aclara: En "Miniaturas de tiempos venideros: Poesía rumana contemporánea", Vaso Roto, Madrid, 2013. Edición y traducción de Catalina Iliescu Gheorghiu. Imagen: Jeffrey Harp. Ileana Malancioiu (Godeni, Rumania, 23 de enero de 1940).
Poemas de Jonio por acá: Acá.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Joaquín Giannuzzi, Pienso en la oscura poesía



EL INSECTO

Herido en vuelo, golpeado por un desequilibrio
en el orden violado
un insecto cae en mi mesa desde el jardín.
He aquí una agonía, un acorde final
alertando mis verdades.
Un espasmo en el abdomen
estriado de azul y oro, las alas que se tornan
mortecinas, lentamente agitadas por un resto
de instinto aéreo, las patas que se abren
como pinzas sin porvenir
hacia una tensión insoportable.
Lo fortuito ha completado una obra mortal
y me lo advierte cuando todavía
hay luz en el jardín. ¿Puede significar algo
una vida librada al puro accidente?
Pienso en la oscura poesía de la caída sin ley,
en el confuso y enfermo destino de mi época
incubando la bala que aún no me alcanzó,
la existencia respirando en lo casual,
el síncope detrás de la puerta.



De Principios de incertidumbre, 1980. En Obra Poética, Emecé, 2000.

Joaquín Giannuzzi (Buenos Aires, 29 de julio de 1924 – Campo Quijano, Salta, 26 de enero de 2004). Foto: Jmp

lunes, 18 de septiembre de 2017

Daniel Giribaldi, La maravilla y el milagro



RETORNO EN EL MÁS ALTO CERRO

     Pero retornas, húmeda la risa, fresca
la voz y clara la presencia lejana; pero
retornas dando sentido a este rumor que brota del poema
cuando menciono el agua
que corre allá debajo y que te nombra,
el sol, que pesa menos; el aire
interesado en todo lo que vive,
en la ternura de las bestias,
en el yacer paciente de las piedras,
en las distantes lámparas que alumbran y presiden nuestro día.

     Hay un jirón de luz en cada espina
y la sierra está ahora más cerca
del corazón de la mañana, la tierra
tiene alas en el vado, el arroyo
va cantando a morir. Las bocas ávidas de octubre
absorben su frescura y en el cielo gira
una noria de pájaros.

     Hoy es feriado en la tristeza. Las abejas
trabajan sus seis horas y expiran. La estación se descalza
y cumple su ritual, talla
su aguamarina el trino y hay pedazos de cielo en los charcos.
Todo reafirma tu presencia, en tanto
el arco de tu voz en el recuerdo dispara y recupera
los domingos del tiempo.

     Pliegan las nubes su extenuado velamen, fragatas
celestes navegan este azul que te proclama. Lejano,
un camino
mira pasar rebaños de horas extenuadas, un carro
que conduce tardes muertas, el frágil ataúd de la dicha.
Pero retornas, y aunque el recuerdo es cárcel
de doradas columnas verdes, borra
las cicatrices de encuentros no tenidos, de voces
que no nos fueron reveladas.

     Hablo de lo ideal, naturalmente, de nacimientos
que no se produjeron, de partidas registradas tan sólo
en la novela cursi que el día desbarata
y de esta persistencia en la gracia, que vuelve
cuando vuelves y que se va
Cuando te alejas, o de este vano
tenerte en un poema, cuando la vida
a un paso de este pie,
torna azules los cerros a lo lejos,
al par que nos mantiene
maduros aún para la maravilla y el milagro.



En: Diez poemas de amor, Ediciones Poesía Buenos Aires, 1956.

Daniel Giribaldi (Diógenes Jacinto Giribakdi, Buenos Aires, 1930 – 1984). Foto: Jmp

martes, 12 de septiembre de 2017

Miguel Grinberg, La necesidad de creer




CREER

Creer
con la mirada con los dientes con la tarde
entre las agujas sobre los espejos horizontales y el ocio
después de la letra adelante despacio yendo como bengalas
promesas conjeturas diseminadas porque no cuesta nada
antes del miedo  en la vasta inservibilidad del fraseo
Ninguna parte del todo cumple las funciones de la unidad
pero está la piel con su vaticinio incoloro y su multitud
están las habituales criaturas de la imaginación famélica
qué bello el azar y caminar sin saber por qué pero caminar 
porque las piernas y la calle y las muchachas y el olor
de los árboles y ninguna pregunta para
adormecer el pretencioso reclamo del poema y no hay muerte capaz de amedrentar al fuego y al corazón cuando gime y al sueño cuando se descuelga con su cargamento
Así desconozco lo que no quiero conocer y sé lo que deseo
saber y poseo los inapreciables frutos de los tesoros
que nadie aprecia y no hay cadena capaz de aprisionarme
y no hay muerte capaz de silenciar mi silencio así en la
tierra como en la carne así en la luz como en la sombra
así en el mar como en la ciudad  
porque creo y no conozco
el sí y tampoco el no
y porque nada espero
de todo dispongo
y porque anhelo todo
sis aprisionarlo
no te retengo
no me acorralás
y nos poseemos como
felices insatisfechos
en la vigilia
porque creemos
que no hace falta creer
porque creamos
la necesidad de creer.



En revista Barrilete, nueva época, año 5, nº1, octubre de 1968. Directores: Alberto Costa y Carlos Patiño.
Miguel Grinberg (Buenos Aires, 18 de agosto de 1937). Foto: Jmp. Archivo de la talita dorada. 

sábado, 26 de agosto de 2017

Mario Benedetti, Una estricta composición de lugar




EL CUMPLEAÑOS DE JUAN ÁNGEL
(Fragmento, inicio de la novela en verso)


a Raúl Sendic


Este viernes intacto se abre
en una habitación a ciegas

este veintiséis de agosto 
a las siete y cincuenta
yo osvaldo puente empiezo por ser un niño
de miedo enterizo y ojos cerrados
y sobtre todo de pies fríos
que suena cuestabajo con dos tucanes
dos tucanes hermosos y balanceándose
de esos que sólo vienen en los almanaques

seguiré algunas horas siendo niño

ante todo una estricta composición de lugar
no todas las mañanas se cumplen ocho agostos
y ahora vendrá la madre o sea mamá
con su sonrisa quieta
sus delgados brazos color flamenco
a decir
a volar
a romper el champán
sobre el barco del año

seguiré algunas horas

pero los postigos están cerrados
el día externo se limita a líneas perfectas verticales luminosas
pequeñas concesiones que hace la sombra poco menos que vencida
la oscuridad que ya no puede más
la pobre

quiere decir entonces que a esta altura tengo los ojos otra vez receptivos
que el miedo compacto empieza a desfibrarse
que los tucanes quedaron allá arriba
y yo estoy aquí abajo con los pies fríos

buendía dice la madre o sea mamá
con su sonrisa quieta
su color de flamenco
y además cosa nueva con las piernas muy juntas
y el largo cabello que se dobla en los hombros

cuidando que me estoy despertando
yo compatriota de ocho años
comienzo a joderme desde infante
a consolarme como
si vivir mereciera consuelo

sé que estoy lleno de parientes
de primos segundos
padres equidistantes
grandes trinchantes y roperos cómodas
sillas con abuelos
monopatines
hermanita
etcétera

tengo en la mano un naipesueño
no está mal pero sobre todo no está bien
debo acostumbrarme de una vez por todas al vacío
y así mismo a la desbordante plenitud

cuidado mundo gente cosas cuidadito
que me estoy despertando
los hermosos tucanes se balancean aún
pero en su inminente desequilibrio ya no me miran con su ojo lateral y admonitorio

yo compatriota de ocho años
traigo una serie completa de intenciones
que incluye las celestiales y aviesas
un estuche de intenciones que todavía no he abierto
porque entiéndanme apenas tengo ocho años
y eso significa caramelos de menta
bochones de colores en maraña
gaudeamus varios de dulce de leche
y maestras de guardapolvo blanco
de las que estoy condenado a enamorarme
nada más que para no defraudar a freud

un baúl de propósitos que aún desconozco
pero que están seguramente en mí como la pupila el bazo la vejiga
justamente me estoy despertando y tengo tatas ganas de orinar
como en cualquier día que no sea mi cumpleaños

(…)


La Habana, marzo a noviembre de 1970


En: El cumpleaños de Juan Ángel (novela en verso), Seix Barral, 1993. Impreso en Colombia. Foto: Jmp
Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia (Paso de los Toros, 14 de septiembre de 1920 - Montevideo, 17 de mayo de 2009).

miércoles, 23 de agosto de 2017

Haroldo Conti, Inicio de cuatro cuentos



TODOS LOS VERANOS

     A veces pienso en mi viejo. O es un barco que parte o esa gente vagabunda que trae el verano o simplemente una luz en el río. Entonces me siento en la costa y pienso en mi viejo.
(…)



COMO UN LEÓN

     Todas las mañanas me despierta la sirena de la Ítalo. Ahí empieza mi día. El sonido atraviesa la villa envuelta en las sombras, rebota en los galpones del ferrocarril y por fin se pierde en la ciudad. Es un sonido grave y quejumbroso y suena como la trompeta de un ángel sobre un montón de ruinas. Entonces abro los ojos en la oscuridad y me digo, cuando todavía dura el sonido, "Levántate y camina como un león". No sé dónde escuché eso, porque a mí no se me hubiera ocurrido, tal vez en la tele, tal vez a un pastor de la escuela del Ejército de Salvación, pero eso es lo que me digo cada mañana y para mí tiene su sentido. "Levántate y camina como un león". 
(…)



OTRA GENTE

     El abuelo está sentado frente a la casa en medio de una gran mancha de luz. El sol le golpea desde arriba y a ratos la cabeza desaparece en una llamarada que le baja por el cuerpo. Tiene los pantalones recogidos hasta las rodillas para que el calor se le meta en los huesos, pero por lo visto ya no le cabe ni siquiera eso dentro del pellejo. Está flaco y sumido como una urraca y las piernas son dos estacas peladas de esas que escupe el río. No se le mueve un pelo y a ratos simplemente parece un muñeco. Sin embargo el hueco negro de los ojos se le vacía de repente y los anteojos relumbran como fogonazos que le vuelan la cara.
(…)



EL ÚLTIMO

     Un buen día me hice un vago. Así como lo oyen. No sé cuándo empezó pero aquí me tienen, tumbado a un costado del camino esperando que pase un camión y me lleve a cualquier parte. Ustedes deben haber visto un tipo de esos desde la ventanilla de un ómnibus o del tren. Pues yo soy uno de esos exactamente y puedo asegurarles que me siento muy a gusto. Cualquiera de ustedes dirian que solamente al último de los hombres se le puede ocurrir tal cosa. Soy el último de los hombres. (…)



Inicio de los cuentos: “Todos los veranos”, “Como un león”, “Otra gente” y “El último” (de Con otra gente, 1967). En: Los novios y otros cuentos, Página/12, 1994. Foto: Jmp

Haroldo Pedro Conti (Chacabuco, 25 de mayo de 1925 – Secuestrado y desaparecido en Buenos Aires el 5 de mayo de 1976).

lunes, 21 de agosto de 2017

Jean Paul Sartre, Lo mejor sería escribir los acontecimientos cotidianamente



HOJA SIN FECHA

     Lo mejor sería escribir los acontecimientos cotidianamente. Llevar un diario para comprenderlos. No dejar escapar los matices, los hechos menudos, aunque parezcan fruslerías, y sobre todo clasificarlos. Es preciso decir cómo veo esta mesa, la calle, la gente, mi paquete de tabaco, ya que es esto lo que ha cambiado. Es preciso determinar exactamente el alcance y la naturaleza de este cambio.
     Por ejemplo, ésta es una caja de cartón que contiene la botella de tinta. Habría que tratar de decir cómo la veía antes y cómo la (1)           ahora. ¡Bueno! Es un paralelepípedo rectángulo; se recorta sobre… es estúpido, no hay nada que decir. Pienso que éste es el peligro de llevar un diario: se exagera todo, uno está al acecho, forzando continuamente la verdad. Por otra parte, es cierto que de un momento a otro —y precisamente a propósito de esta caja o de otro objeto cualquiera—, puedo recuperar la impresión de ante ayer. Debo estar siempre preparado, o se me escurrirá una vez más entre los dedos. No          (2) nada, sino anotar con cuidado y prolijo detalle todo lo que se produce.
     Naturalmente, ya no puedo escribir nada claro sobre las cuestiones del miércoles y de anteayer; estoy demasiado lejos; lo único que puedo decir es que en ninguno de los dos casos hubo nada de lo que de ordinario se llama un acontecimiento. El sábado los chicos jugaban a las tagüitas y yo quise tirar, como ellos, un guijarro al agua. En ese momento me detuve, dejé caer el guijarro y me fui. Debí de parecer chiflado, probablemente, pues los chicos se rieron a mis espaldas.
     Esto en cuanto a lo exterior. Lo que sucedió en mí no ha dejado huellas. Había algo que vi y que me disgustó, pero ya no sé si miraba el mar o la piedrecita. La piedra era chata, seca de un lado, húmeda y fangosa del otro. Yo la tenía por los bordes, con los dedos muy separados para no ensuciarme.
     Anteayer fue mucho más complicado. Y hubo además esa serie de coincidencias y de quid pro quo que no me explico. Pero no me entretendré poniendo todo esto por escrito. En fin; lo cierto es que tuve miedo o algo por el estilo. Si por lo menos supiera de qué tuve miedo, ya sería un gran paso.
     Lo curioso es que no estoy nada dispuesto a creerme loco; hasta veo con evidencia que no lo estoy: todos los cambios conciernen a los objetos. Por lo menos quisiera estar seguro de esto.

Las diez y media (3)

     Acaso después de todo, fue una ligera crisis de locura. Ya no quedan rastros. Hoy los extraños sentimientos de la otra semana me parecen muy ridículos: ya no me convencen. Esta noche estoy muy a mis anchas, burguesamente, en el mundo. Éste es mi cuarto, orientado hacia el noreste. Abajo la calle des Mutilés y el depósito de la nueva estación. Desde mi ventana veo, en la esquina del bulevar Victor-Noir, la luz roja y blanca del Rendez-vous des Cheminots. Acaba de llegar el tren de París. La gente sale de la antigua estación y se desparrama por las calles. Oigo pasos y voces. Muchas personas esperan el último tranvía. Han de formar un grupito triste alrededor del pico de gas, justo debajo de mi ventana. Bueno, todavía tienen que esperar unos minutos: el tranvía no pasará antes de las diez y cuarenta y cinco. Con tal de que esta noche no lleguen viajantes de comercio; tengo tantas ganas de dormir y tanto sueño atrasado. Una buena noche, una sola, barrerá con todas estas historias.
     Las once menos cuarto; no hay nada que temer, ya estarían aquí. A menos que sea el día del señor de Rouen. Viene todas las semanas; le reservan el cuarto Nº 2 del primero, el que tiene bidé. Todavía puede llegar; muchas veces toma un bock en el Rendez-vous des Cheminots antes de acostarse. Por otra parte, no hace demasiado ruido. Es muy bajito, y muy limpio, con bigote negro, encerado, y peluca. Aquí está.
     Bueno; era tan tranquilizador oírlo subir la escalera, que el corazón me dio un saltito: ¿qué puede temerse de un mundo tan regular? Creo que estoy curado.
     Y ahí viene el tranvía 7 “Mataderos-Grandes Diques”. Llega con gran ruido de hierro viejo. Arranca. Ahora se hunde, cargado de valijas y niños dormidos, en dirección a los grandes diques, a las fábricas, al este negro. Es el penúltimo tranvía; el último pasará dentro de una hora.
     Voy a acostarme. Estoy curado, renuncio a escribir mis impresiones día por día, como las niñas, en un lindo cuaderno nuevo.
     En un solo caso podría ser interesante llevar un diario: si (4)

Posiblemente inicio de enero de 1932.
  
(1) Espacio en blanco.
(2) Hay una palabra tachada (quizá “forzar” o “forjar”); otra, agregada encima, es ilegible.
(3) De la noche, evidentemente. El párrafo que sigue es posterior a los anteriores. Nos inclinamos a creer que, a más tardar, fue escrito al día siguiente.
(4) El texto de la hoja sin fecha se detiene aquí.


Fragmento inicial de la novela La Náusea, Editorial Losada, Buenos Aires, cuarta edición 3-9-1953 (primera edición 9-10-1947). Traducción: Aurora Bernárdez (Buenos Aires, 23 de febrero de 1920 – París, 8 de noviembre de 2014)​​.  Foto: Jmp
Jean-Paul Charles Aymard Sartre (París, 21 de junio de 1905 – 15 de abril de 1980). 

martes, 15 de agosto de 2017

Litto Nebbia, Puedo estar feliz a tu lado



EL COMPOSITOR NO SE DETIENE


     Yo sé que estas calles
no me pueden parar,
ando como el río,
sin mirar atrás.

     Si alguien me detiene
es porque no entendió,
que el dolor fortaleció a mi corazón.

     Y puedo estar feliz a tu lado,
aunque haya gente que me haga a un costado,
porque además yo sé que el destino
fortalece esta forma de vivir.

     Nunca estas calles
me dejarán desear,
por eso, como el viento,
voy a cualquier lugar.

     Si alguien se me cruza
es porque lo encegueció
esta llama que enciende mi corazón.

     Y puedo estar feliz a tu lado,
aunque haya gente que me haga a un costado,
porque además yo sé que el destino
fortalece esta forma de vivir.









En CD: Andrés Calamaro. El palacio de las flores, editado en noviembre de 2006. Producido por Litto Nebbia. Foto: Jmp
Letra y música: Litto Nebbia (Rosario, 21 de  julio de 1948).
Andrés Calamaro (Buenos Aires, 22 de agosto de 1961).