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sábado, 17 de febrero de 2024

CONSTANTINO CAVAFIS En el brillo del mediodía


Ph Mirella Moretti, c. 1974 / 



CUANDO APAREZCAN 
(1916) 

Trata de asirlas, poeta, 
aunque no consigas retenerlas 
Esas visiones eróticas. 
Sitúalas, veladas, en tus versos. 
Trata de asirlas, poeta, 
cuando aparezcan en tu cerebro 
a medianoche, o en el brillo del mediodía.


EN EL ORÍGEN 
(1921) 

Han satisfecho su placer 
prohibido. Y del lecho se levantan, 
vistiéndose apresuradamente sin hablarse. 
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y mientras 
caminan algo inquietos por las calles, parece 
como si sospecharan que algo en ellos traiciona 
en qué clase de lecho cayeron hace poco. 

Pero cuánto ha ganado la vida del artista. 
Mañana, otro día, años después escritos serán 
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio


MELANCOLÍA DE JASON HIJO DE CLEANDRO, POETA DE KOMAGENE, 595 d. C.
(1921) 

El envejecimiento de mi cuerpo y su apariencia 
son heridas de terrible puñal. 
Resignación no tengo. 
A ti recurro oh Arte de la Poesía, pues algo sabes de remedios; 
tentativas de envolver el dolor en la Imaginación y la Palabra. 

Son heridas de terrible puñal. — 
Ahora tráeme oh Arte de la Poesía 
tus consuelos para que —aunque sólo sea por un instante— no perciba la herida


ÉL VINO PARA LEER 
(1924) 

Vino para leer. Abiertos están 
dos o tres libros; historiadores y poetas. 
Pero apenas ha leído diez minutos, 
cuando los deja a un lado. Sobre un diván 
duerme ahora. Ama mucho los libros 
—pero tiene veintitrés años, y es hermoso; 
y esta tarde el amor atravesó 
su carne maravillosa, su boca. 
A través de la total belleza 
de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad; 
sin remordimientos ridículos por la forma de ese placer… 


EN EL MISMO LUGAR 
(1929) 

Alrededores de la casa, mi barrio, vecindades 
que contemplo y por donde camino; hace ya tantos años. 

Con alegría o con dolor os he creado: 
con tantos acontecimientos, con tantas cosas. 
Y todos tus sentimientos eran para mí.


EL ESPEJO DEL RECIBIDOR 
(1930) 

En el recibidor de aquella opulenta casa 
había un enorme espejo muy antiguo; 
adquirido cuando menos cien años atrás. 

Un hermosísimo joven, recadero del sastre 
(los domingos, atleta amateur), 
estaba de pie allí con un paquete. Lo entregó 
a una persona de la casa, quien lo llevó dentro 
para traer el recibo. El recadero del sastre 
quedó solo, aguardando. 

Se acercó entonces al espejo y se miró en él 
arreglándose la corbata. Cinco minutos después 
trajeron el recibo. Lo tomó y se fue. 

Mas aquel espejo que había visto, 
durante sus muchísimos años de existencia, 
miles de cosas y de rostros; 
el viejo espejo quedó esta vez alegre 
y orgulloso de haber recibido, aunque fuese un momento, 
la imagen de la belleza perfecta.


EN LA ESCALERA
(1904) 

Bajando por aquella escalera, 
junto a la puerta nos cruzamos, y por un instante 
vi tu cara desconocida y tú me viste. 
Yo me oculté en las sombras, y 
pasaste rápido, alejándote, 
y te perdiste en aquella casa vulgar 
donde no encontrarías el placer, 
como tampoco yo habría de hallarlo. 

Y sin embargo el amor que deseabas yo lo tenía para dártelo; 
el amor que yo deseaba, tus ojos me lo ofrecían 
con su ambigüedad y abandono. 
Se sentían los cuerpos y se buscaban; 
la sangre y la piel comprendían. 

Pero turbados los dos nos escondíamos.


Y SOBRE AQUELLOS LECHOS ME ABANDONABA Y ERA FELIZ
(1915) 

Al entrar en la casa de placer 
no permanecí en la sala donde celebraban 
los desconocidos amantes su gozo. 

Otra habitación secreta era la mía 
y en su lecho me abandonaba feliz. 

Oh aquella habitación secreta 
cuya sola mención hace avergonzarse. 
Mas no soy yo quien se avergüenza —¿qué clase 
de poeta o artista sería? 
Mejor entonces haber elegido una vida ascética. Más acordes, 
mucho más acordes con mi poesía son estos lugares; 
más me alegra este regocijo promiscuo.



Ph Mirella Moretti, s/t c. 1974 / 
En Poesías completas, Ediciones Hiperión, 1981/ Versiones directa del griego de José María Álvarez / Ph Mirella Moretti, c. 1974 / Ph jmp / 
Konstantinos Petrou Kavafis, también llamado Constantino Cavafis y C. P. Cavafis (Alejandría, 29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

domingo, 25 de diciembre de 2022

EUGENIO MANDRINI Los misterios de la poesía


LOS MISTERIOS DE LA POESÍA 

     El poeta Ezra Kiesinsky, famoso por sus visiones que la realidad prontamente imitaba, hacía meses que no escribía una sola línea, ni una palabra o sílaba o letra. Se estaba allí, de pie frente a la ventana que daba al patio de su vieja casa, esperando una sorpresa: la caída de algún fragmento de otra dimensión, de una hoja de otoño vestida de escarcha, o de una gota del sudor del sol, en fin, algo, alguna de esas súbitas apariciones que, como solía sucederle, le abrieran la puerta de entrada al tembladeral del poema. Entonces vio al elefante, que lo miraba desde el patio. Era de un color gris violáceo y tan enorme su edificio de carne que pareció cubrir de sombra la ventana y aun la casa entera. Debía pesar, se dijo, más de tres toneladas.

     Antes de que la sobrenatural imagen desapareciera tan súbitamente como había llegado, el poeta Ezra Kiesinsky se sentó, puso una hoja bajo su mano y, sin agitar la respiración, escribió un admirable poema sobre una insignificante hormiga.


En Las otras criaturas, Menoscuarto Ediciones, España, 2013 / Fotos: jmp 25 12 2022 / 
Eugenio Mandrini (Buenos Aires, 16 de diciembre de 1936 – 30 de noviembre de 2021) /
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

viernes, 11 de noviembre de 2022

RAFAEL CADENAS Huesos de la infancia





El juez 
-ese que separándose de nosotros 
dicta sus fallos- 
vive de nuestra sangre, 
a expensas de nuestras entrañas, 
comiéndose la fruta que nos llevamos a la boca; 
es él quien la saborea, la mastica, la traga. 
Se nutre aun perdonándonos. 

Caminamos lentamente 
y abriéndonos paso o pensando cada paso. 

Su mirada rígida en la noche 
se enciende con los huesos de la infancia.



Nada, nada se repite. 
Sólo yo, en la memoria, me tengo 
como un vestigio 
entre mis propias manos.



Como quien camina según un designio 
que no es suyo 
y diseña una figura 
que él mismo no puede leer, 
hace su trayecto el que debe explicar.



Me sostiene 
este vivir en vilo 
sin ninguna señal 
ni mapa 
ni promesa, 
en una antesala donde todos trajinan 
como empleados 
para olvidar.


11 

Bebo locura, yermo, corredor, libro, conversación, proximidad, vientre, sueldo; la bebida se riega con lentitud, se establece en las rodillas, sube a la boca confundiéndola, 

mi único suelo.


17 

Desemboco donde no estoy. 
Soy mi jugo, el hueso arrancado a la demencia, la rotura múltiple. 
Vomito salmos, cuevas, miedos.


18 

Es tan corta la distancia entre nosotros y el abismo, casi inexistente, una delgada lujuria. Basta detenerse y ahí está. Somos eso. 

Ni necesitamos mirarlo de cerca. Que no haya engaño. La separación nos pertenece.


22 

Cada quien lleva un fantasma incómodo. A espaldas suyas hacemos nuestra alegría. Somos los hombres de la tarea equivocada. Trabajamos para privarlo de comida, pero él nos ara por dentro. Los legados del error. Formamos mesnada. Labramos sin pausa disfraces.


23 

Repetirse, repetirse, repetirse, y vivir ¿dónde es? ¿Quién sabe ceder el paso al deslumbramiento como el que se siente incumplido? 

Ser a lo vivo, amor real.



En Intemperie, Editorial La Castalia y Ediciones de la Línea Imaginaria / 1ª edición, 1977 / 1ª La Castalia - Línea imaginaria, 2021 / Foto: jmp “Taller La Plata puerta de calle” / 
Rafael Cadenas (Barquisimeto, ciudad antiguamente llamada Nueva Segovia, Venezuela, abril de 1930) / Premio Cervantes 2022 /
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

viernes, 21 de octubre de 2022

ROBERTO DÍAZ Un fragmento de mundo que cayó entre nosotros


X

El amor es lo único que conserva su rostro. 
Rostro de día transparente, de ojos asombrados, 
de gato mirando amanecer. 
El amor es lo único que sirve para limpiar la cara, 
para secarnos, una y otra vez, el agua del origen. 
El amor cierra las ventanas en invierno 
y abre los postigos en verano. 
Está hecho de lumbre, pero también de viento, 
de palabra furtiva, de claves y de dulces penumbras. 
Está hecho para ti y para mí, 
es un regalo que nos trajo un duende 
juguetón y travieso. 
El amor es un fragmento de mundo 
que cayó entre nosotros. 


Querido amigo, te recuerdo en tus textos / 
En Música de ausente, Editorial, Buenos Aires, 2006 / Poema X de primera parte del libro, La canción del pez / 
Roberto Díaz (Avellaneda, provincia de Buenos Aires, 23 de julio de 1938 – 16 de agosto de 2011) / Fotos: jmp /

lunes, 17 de octubre de 2022

RUBÉN DERLIS Hay demasiada poesía inofensiva




Hay demasiada poesía inofensiva,
un exceso de palabra cáscara,
de versitos chatarra.
Falacias en líneas desparejas,
claves del círculo cerrado,
delectación de grupos áureos.

En tanto los que pudrieron el siglo ya muerto
se aprestan a infectar el que comienza.

Por cada hombre que grita, cien cayeron.
El cambio que no fue merece un nuevo intento.

La voz del poeta debe empujar con todos,
vibrar enraizada en su tiempo.

Despierte la poesía como espada,
piedra filosa,
dientes en el alma.


Ayer domingo 16 de octubre viajamos a Buenos Aires, y visitamos el bar “La Poesía” (en la esquina de Bolívar y Chile, San Telmo). Años atrás lo solíamos frecuentar con Jorge Rivelli y, creo, en dos oportunidades leímos nuestros poemas. Pregunté por Rubén y la chica que nos atendió dijo que desde el inicio de la pandemia no va. En uno de los estantes entre los cajones de Crush y botellas Deleuze veo libros, le pido al muchacho que está en la barra me baje uno. Y me lo llevo. Lo compro. Es un libro de Rubén Derlis publicado en 2010: Esquina de encuentro. Historia del Café “La Poesía”. Y acá estamos, en City Bell, leyéndolo. 
Rubén Derlis nació en Chivilcoy el 12 de abril de 1938. En 1942 junto a sus padres se radica en Buenos Aires. 

miércoles, 5 de octubre de 2022

EMMA BARRANDÉGUY Dos poemas




EL OSITO EN LA CAJA

Es un osito de mármol
no más grande que mi pulgar
pero me mira desde que era niña.
Está guardado en una cajita
junto a un perro de pasta
echado en el camino del pesebre.
Son mis juguetes,
restos de grandes manadas
que caminan por mis sueños.
Los tigres de actitudes sinuosas
murieron en formidables batallas
pero el osito resta,
sentado en sus patas traseras
todo blanco salvo sus ojos.
Cabe holgadamente en mi mano
y lo aprieto para calentarlo
pero el osito permanece igual y quieto
como cuando en la selva del jardín
aguardaba las otras bestias,
soñando con los témpanos lentos.
Igual que yo,
mirando las verdes vegetaciones de la vida
desde la cajita de tarjetas
que me contiene.


COMPARTIDA

Miro subir la luna llena
en el cielo malva de este otoño porteño
y siento que en la ciudad
los atardeceres tienen asimismo su belleza,
y abril trae las uvas del oeste
tan sensuales que es necesario morderlas,
romper su carne
como cuando pelamos los morrones asados
y el jugo nos cae por los dedos.
Estos frutos
y el andar por las calles
perdida entre las gentes
sin que la comarca traiga
sus voces repetidas,
me permiten mirar con delicia las tardes
y compadecerme de las oficinas
donde muere la piel de las mujeres
y se embellecen
las corbatas de los hombres,
a medida que pasan los años.
Aquí o allá
la vida es ese fulgor
que se abre entre las nubes
y la persistencia pausada y aleve
de un dolor en el hombro derecho,
en todos los hombros.



En Poesías completas, Ediciones del Copista, Córdoba, Argentina, 2009 / 
Emma Barrandéguy nació en Gualeguay, Entre Ríos, el 8 de marzo de 1914. Murió, en su ciudad natal, el 19 de diciembre de 2006 / Foto: jmp /

lunes, 19 de septiembre de 2022

ABELARDO CASTILLO El olor del agua



ESCALOFRÍO 

De pronto te han cambiado los ojos 

de pronto me mirabas 
desde el fondo de un íntimo misterio 

mirarte fue, de pronto, 
como entrar en un río a medianoche. 

(c. 1979)


DE ALLÁ, DEL PUEBLO DONDE 

De allá, del pueblo donde las noches son más altas 
y el viento cambia de lugar al crepúsculo 
donde el olor del agua, 
                                     de allá 
donde la muerte era una cosa lejos 
a veces, todavía 
llega y llama a mi puerta 
un nombre 
con un golpe apagado como el rumor de un ala. 

(c. 2009)


LA PALOMA 

Hoy vino la paloma. 
Yo estaba bebiendo no diré 
qué ceniza 

y de pronto llegó con reverencias de paloma. 

Era un precioso animalito gris 
con los ojos redondos y de púrpura. 

Llegó hasta mi balcón 
se despiojó 
y su cuello brillaba con realeza y en el pico 
tenía un majestuoso puñadito de nieve. 

Y yo supe que no lo olvidaría, y eso 
sencillamente 
                                es todo. 

(c. 2010)


En La fiesta secreta, Ediciones en Danza, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2022 / Gracias Lis / 
Abelardo Castillo (Buenos Aires, 27 de marzo de 1935 - 2 de mayo de 2017) / Fotos: jmp / 


José María Pallaoro lee poemas de Abelardo Castillo

 

sábado, 20 de agosto de 2022

JOSÉ LARRALDE En vos encontré la calma




MI VIEJO MATE GALLETA 

Mi viejo mate galleta
que pena me dio perderte, 
que mano tronchó tu suerte, 
tal vez la mano del tiempo. 
Si hasta creí que eras eterno, 
nunca imaginé tu muerte. 
En tu pancita verdosa
cuántos paisajes miré, 
cuántos versos hilvané, 
mientras gozaba tu amargo. 
Cuántas veces te hice largo
y vos sabías por qué. 
Cuando la yerba escasiaba
por falta de patacones, 
nunca pediste razones, 
pero me diste consejos: 
chupá, pero hacete viejo
sin llegar a los talones. 
Y en esos negros inviernos
cuando la escarcha blanquiaba, 
tu cuerpito calentaba
mis manos con su calor, 
pa' que el amigo cantor
se prendiera a la guitarra. 
Y ai´nomás se hizo la farra, 
vos y yo en un mano a mano, 
mate y guitarra en el claro, 
mate y guitarra en la sombra, 
en leguas a la redonda 
no hubo jagüel orejano. 
¡Ah! Compañero y hermano, 
qué destino más sotreta, 
nunca le di a la limeta, 
en vos encontré la calma, 
en este adiós pongo el alma, 
mi viejo mate galleta. 


CUANDO ME MUERA

El día en que yo me muera
que nadie llore por mí,
el llanto es agua salada
y la sal no echa raíz.
El llanto es agua salada
y la sal no echa raíz.
Tírenme de lomo al campo
y los ojos ábranme,
que quiero seguir mirando
el cielo que no alcance.
Que quiero seguir mirando
el cielo que no alcancé.
Que nadie rece por mi alma
y que nadie ruegue a dios,
ya no me quedan ni gracias
pa´pagar ese favor.
Ya no me quedan ni gracias
pa´pagar ese favor.
Voy caminando despacio,
total, igual via llegar.
La vida no tiene apuro,
la muerte sabe esperar.
La vida no tiene apuro,
la muerte sabe esperar.
Un día pensando en algo
quise soñar, ¿y pa´qué?
Me sobraba pensamiento
pero al sueño no lo hallé.
Tírenme de lomo al campo
y los ojos ábranme,
que quiero seguir mirando
el cielo que no alcancé.




En elepé Canta José Larralde, RCA Camben, 1967 / Letra y música: José Larralde / 
José Teodoro Larralde Saad (Huanguelén, partido de Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, 22 de octubre de 1937) / Fotos: jmp / 
Los autores y textos seleccionados por el coordinador forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-







martes, 16 de agosto de 2022

VLADIMÍR HOLAN En poesía no pasa otra cosa




CAMBIOS

Nuestra esperanza reside en esto: estamos casi casi
más allá del límite de la última realidad.
Pero junto a la conciencia que se desvanece,
se encuentra precisamente la conciencia
cuyos cambios continuos permanecen…


MERECEN BESOS

Primero solo, segundo sin los otros,
tercero como guarda del faro…
¿Por qué pensar aún en las mujeres: esas puertas
cerradas de golpe o abiertas de par en par?
Hay libros que merecen besos…


ENTRADAS GRATUITAS

Vivimos en el mundo sin amor tal vez sólo porque
tememos la crueldad del amor…
No nos confesamos nuestra esperanza,
ni siquiera aquella sin la cual vivimos…
La impaciencia de nuestra desesperación reclama
ya sólo la autodestrucción o el milagro.
Y queremos un milagro
sólo para tentar a los santos…


LECTURA

Aquí dentro la noche y la lámpara
y los muslos del libro descaradamente abiertos
a la virilidad de tres palmos de Gilgamesh,
mientras que afuera el árbol de otoño
va resistiendo a todas las objeciones
de la hoja que se marchita,
y cuando la hoja cae lo ha conseguido ya…


CUANDO LLOVÍA

Ayer, cuando llovía y estaba contigo, aún una adolescente,
bajo el plátano, que arrojaba sobre nosotros
el examen escrito de las sombras y el examen oral del viento,
no quise, al besarte,
pasar inmediatamente del destino al oráculo,
y no quise preguntar cómo se dice:
te quiero, cuando eso se ha dicho ya…
Y tú tampoco necesitaste cambiar de nombre,
porque después
se produjo en tu regazo un eclipse…


PARA SÍ MISMO

¡Tantas manzanas y ningún manzano! Pero
ahora ya no hay aquí ni manzanas.
¡Tanta pasión y ningún amor! Pero
ahora ni siquiera hay aquí no bautizados.
Cada cual para sí,
y tenemos tiempo sólo para momentos.
No hay permanencia…


MAL

¡Que estamos mal, que no amamos,
oh amor y nada, oh ser por necesidad,
vosotros, enemigos de la vida!
En poesía no pasa otra cosa
aunque hay quien no sabe leer…


DE VERDAD ES ASÍ

No es que oscureciera, puesto que
la tiniebla es perpetua.
Y como no sabe lo que va a suceder
es también inactiva.
Y ésta es nuestra existencia: ciegos,
a tientas entre muros videntes,
ya que incluso lo que está en nosotros
nos escapa…



En La gruta de las palabras / Ediciones Galaxia Gutenberg, España, 2011 / Traducción: Clara Janés /
Los primeros cinco poemas pertenecen al libro En el último trance (1961 – 1965), 1967; los tres últimos a Un gallo para Esculapio (1966 – 1967), 1970 / Selección y fotos: jmp / Gracias Nieves Viviani / 
Vladimír Holan (Praga, 16 de septiembre de 1905 - 31 de marzo de 1980) /
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

domingo, 13 de febrero de 2022

ALFREDO FRESSIA En la lava endurecida del poema



EPITAFIO 

Aquí yace el despojo de un poeta. 
Nació bajo un eclipse, fue extranjero, 
nada os pidió, labró un Edén de ausencia 
y al fin reunió en la aurora a sus espectros. 


NAÏF 

A Pablo Atchugarry 

El poema vagaba sin poeta, 
por el aire giraba como un trompo 
venido de la infancia y ya sin cuerda, 
sin rigor de la física y sin logos, 

buscaba un alma que lo recogiera 
en el tiempo de los hombres, el siglo 
donde nacer, después de las fronteras, 
mecido por la historia o los molinos 

o la sal, el Sur, el viento, otros versos 
que ondean en el cielo, panaderos 
soplados en la infancia contra el miedo, 

poemas del poema sin palabras, 
los del salto nupcial de los insectos, 
babas del diablo, celo de la nada. 


FALSAS VERDADES 

Soy un poeta con piel de cordero, 
tejo con lana las falsas verdades. 
De mí doy a elegir las variedades 
y cuando miento soy hombre sincero. 

Confío en la trampa, juego al desespero, 
confundo el Paraíso con el Hades 
y hasta un libro escribí con inverdades: 
de un vago Edén fui el cantor más certero. 

Fue larga y honda mi amistad por Eva. 
Puso en mi pecho mustios agapantos 
y dejó en mis sonetos como prueba 

rancio el perfume, mordaces los llantos. 
Y la serpiente que cebo en la cueva 
solaza a cada rima mis quebrantos.


EL POETA 

En tierra árida 
habrá un tronco enterrado. 
Será el poeta. 

Poeta en ruta. 
¿Quién persigue y qué huye? 
Verso horizonte. 

Brotes hinchados. 
El poeta no crece 
en tierra fértil. 


FRACASO 

Llegó tarde el poema, la piedra 
lanzada al azar del tablero, y pujaba al nacer 
en la violencia de un volcán, el del basalto 
en bruto, hecho oscuro adoquín, 
era rosado el de granito, adoquines de mi infancia 
que no evocan nada 
y el poema emanaba sin respuestas, cubría 
el adoquinado, entre el futuro 
y la calle Marsella, rocío 
en las mañanas sobre la piedra que giraba 
entre el blanco y el negro, sibila 
de mi barrio, piedra rota que ya no lee nada 
en la lava endurecida del poema.


QUIROMANCIA 

Esta es la línea de tu vida, 
estírala, no es dura, 
recuerda la travesía, recorriste 
la cuerda floja y tú decías 
soy un funámbulo y lo repetías 
con aire profesional 
pero era un verso, un mantra 
para no caer, no resbalar 
del poema al vacío 
de tu mano.


HORIZONTE 

Más allá de los pinos está el Uruguay. 
¿Y después? 
Después vienen mis muertos.



Me acabo de enterar. Falleció Alfredo. Sabía de su enfermedad pero no esperaba este desenlace. No lo conocí personalmente, sí nos escribimos. Fue de los primeros en leer el original de mi libro El flautista de City Bell. Me hizo una hermosa devolución que luego con su permiso incorporé en el libro (un fragmento): “Un libro precioso, variado, que yo llevaría conmigo, liviano a veces, sordo y profundo otras (como temas musicales). Una joyita (de género indefinido, o no reductible a un género, hay relatos cortos, casi aforismos y poemas en prosa, memorias autobiográficas o no, o falsas, o de verdad literaria).” Gracias Alfredo, poeta. Siempre vas a estar en mí. / 
En La mar en medio, Civiles Iletrados Editores, Colección Ojo de Rueda, Montevideo, 2017 / Prefacio de Horacio Cavallo y Posfacio de Álvaro Ojeda / Selección de poemas y fotos de jmp / 
Alfredo Fressia (Montevideo, Uruguay, 2 de agosto de 1948 - São Paulo, Brasil, 7 de febrero de 2022) / Poeta, maestro /