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miércoles, 25 de enero de 2017

José Lezama Lima, Dos poemas


ESPERAR LA AUSENCIA

Estar en la noche
esperando una visita,
o no esperando nada
y ver como el sillón lentamente
va avanzando hasta alejarse de la lámpara.
Sentirse más adherido a la madera
mientras el movimiento del sillón
va inquietando los huesos escondidos,
como si quisiéramos que no fueran vistos
por aquellos que van a llegar.
Los cigarros van reemplazando
los ojos de los que no van a llegar.
Colocamos el pañuelo
sobre el cenicero para que no se vea
el fondo de su cristal,
los dientes de sus bordes,
los colores que imitan los dedos
sacudiendo la ausencia y la presencia
en las entrañas que van a ser sopladas.
La visita o la nada
cubiertas por el pañuelo,
como el llegar de la lluvia
para oídos lejanos,
saltan del cenicero,
preparando la eternidad
de sus pisadas o se organizan
inclinándose sobre un montón de hojas
que chisporrotean sobre el jarrón
de la abuela,
huyendo del cenicero.

14 de mayo de 1974


¿Y MI CUERPO?

Me acerco
y no veo ninguna ventana.
Ni aproximación ni cerrazón,
ni el ojo que se extiende,
ni la pared que lo detiene.
Me alejo
y no siento lo que me persigue.
Mi sombra
es la sombra de un saco de harina.
No viene a abrazarse con mi cuerpo
ni logro quitármela como una capota.
La noche está partida por una lanza,
que no viene a buscar mi costado.
Ningún perro esmalta
el farol sudoroso.
La lanza sólo me indica
las órdenes de la luna
haciendo detener la marea.
Es la triada del colchón,
la marea y la noche.
Siento que nado dormido
dentro de un tonel de vino.
Nado con las dos manos amarradas.

Septiembre y 1974


En: Fragmentos a su imán, Lumen, Barcelona, 1997 (primera edición 1977).
José Lezama Lima (La Habana, Cuba, 19 de diciembre de 1910 – 9 de agosto de 1976). Foto: Jmp

martes, 24 de enero de 2017

José Lezama Lima, De pronto, una chispa


LO INAUDIBLE

Es inaudible,
no podremos saber si las hojas
se acumulan y suenan al encaramarse
la mirona lagartija sobre la hoja.
Nos roza la frente
y creemos que es un pañuelo
que nos está tapando los ojos.
El oro caminaba
después hacia la hoja
y la hoja iba hacia la casa
vacía del otoño, donde lo inaudible
se abrazaba con lo invisible
en un silencioso gesto de júbilo.
Lo inaudible
gustaba del vuelo de las hojas,
reposaba entre el árbol inmóvil
y el río de móvil memoria.
Mientras lo inaudible lograba
su reino, la casa oscilaba,
pero su interior permanecía intocable.
De pronto, una chispa
se unió a lo inaudible
y comenzó a arder escondido
debajo del sonido facetado del espejo.
La casa recuperó su inmovilidad
y comenzó de nuevo a navegar.

1º de febrero de 1975


En: Fragmentos a su imán, Lumen, Barcelona, 1997 (primera edición 1977).
José Lezama Lima (La Habana, Cuba, 19 de diciembre de 1910 – 9 de agosto de 1976). Foto: Jmp

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Juan Gelman, Octavio Paz Alberto Girri José Lezama Lima y demás


BELLEZAS

Octavio Paz Alberto Girri José Lezama Lima y demás obsedidos por la inmortalidad creyendo
que la vida como belleza es estática e imperfecto el movimiento o impuro
¿han comenzado a los cincuenta de edad
a ser empujados por el terror de la muerte?

el perro que mira acostado el domingo ¿no es inmortal en ese instante o diluvio
de la tarde contemplándose en sus ojos?
¿no ha quedado acaso el perro clavado a esa contemplación
que lo embellece o sobrevuela como ardor en la tarde?

y el deseo de Octavio Alberto José ¿no es movimiento acaso
y el movimiento su ser cuando atrapan la palabra justa o injusta?
¿no debe correr mucho quien quiera bañarse dos veces en el mismo río?
¿no debe amar mucho quien quiera amarse dos veces en el mismo amor?

y nuestro cuerpo ¿no ha sido inmortal uniéndose
al cuerpo amado con trabajos que pocos desdeñan
y despegándose desgarrándose o rompiendo incandescencias bocas
que rodarían en la noche como criaturas extraviadas que pueden hablar ya?

y esos cuerpos ¿no han venido para irse acaso dejando
un tránsito que nadie recorrerá sino ellos
que ardieron o arden como un perro mirando el domingo bajo el avión lento de Venus
y demás planetas en pura consumación?

y Octavio Alberto José eligiendo
sea cantar el término la finitud con voces melancólicas sea
emperrados en fijar un instante creyendo que la vida como belleza es estática
¿acaso no dan luz como planetas ciegos a sus propio destino?

¿y que piensan la estrella el perro contemplando a Octavio trabajar?
¿no es el sujeto del deseo la materia como el del macho la hembra?
¿no ha de girar Alberto como vida terrible cercenable
Indestructible en la noche del mundo?

y José preso en su José mirando la calle
mirándola desde esa eternidad verdaderamente
¿no mira contando comparando los quioscos de flores las vidrieras la gente?
bajo la sombra del patíbulo ¿no contempla la belleza que pasa como lejos de su propio terminar?

Octavio José Alberto niños ¿por qué fingen que no llevan la calma donde reina confusión?
¿por qué no admiten que dan valor a los oprimidos o suavidad o dulzura?
¿por qué se afilian como viejos a la vejez?
¿por qué se pierden en detalles como la muerte personal?


De: “Relaciones” (Buenos Aires, 1971-1973). En: “Interrupciones 1”, 1986, Página 12, 2011.
Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 – México D.F., 14 de enero de 2014).
Foto: Juan Gelman y su nieta Macarena (hija de Marcelo Gelman y María Claudia García), en Uruguay.