viernes, 24 de mayo de 2024

DIEGO COLOMBA Hasta ver la verdad




REVERBERACIÓN 

     Nuestras voces se cascan en las cacerolas. Se duplican con un eco latoso. Seguramente es el aire que entra por los postigos entreabiertos. Risueños con el efecto, echamos las palabras por la boca, como si sopláramos las sílabas frente a las paletas animadas de un ventilador de pie. Los rayos solares también penetran, con el viento, los orificios del mosquitero. Pero apenas alcanzan a entibiar nuestras voces, algo temblorosas, casi irreconocibles en las recónditas revoluciones de la sangre


LENTES 

     Manipulo con cuidado los pesados anteojos de carey. El abuelo se los dejó otra vez en la mecedora. Con el diario. Las grietas de la tierra, las rugosidades del porlan se acercan. También las hormigas. A una escala muy pequeña, las cosas se comportan diferente. Y si una nube cargada, como ahora, se mueve, los rayos del sol pueden filtrarse entre las hojas y racimos de la parra. ¡Calurosos juegos de la luz! No dejaré de mirar las cosas pequeñísimas. Casi invisibles. Hasta ver la verdad. 


A PRIMERA VISTA 

     Puede parecer que tengamos una explicación física completa. Chupamos las raíces amargas de la razón, con una triste sonrisa, ilusionándonos con masticar sus dulces frutos. Después caemos en el error. Dicen que se puede vivir y no saber. Pero no. Nosotros necesitamos, como el mismo aire, nuestras ilusorias certezas.


*

LA POSIBILIDAD 

     Camino por la plaza nocturna. Piso la gramilla, toco un banco despintado, miro las ramas entretejidas de los fresnos… Dios no puede estar, como algo más, entre las cosas del mundo. Perdido en la soledad de la plaza, lo busco. ¿Estará en las raíces invisibles? ¿En el abismo que se abrió cuando enterraron la cápsula del tiempo por los cien años del pueblo? No lo sé. Apenas puedo recordar ahora la insidiosa nulidad del día.


VÉRTIGO 

     No me soporto. Siento que soy algo demasiado para mí. Para colmo de males, la brisa de la tarde me insufla nuevas energías. Giro loco como el mundo. Me trepo a la cortitrilla que herrumbra en el baldío. A sus resortes incomprensibles. Sin pensar me dejo caer por el tobogán carcomido. Oscilo. Decaigo, pero no dejo de ser. Siempre queda un resto doloroso. Que tiene que vérselas con Dios.


SOBRENATURAL 

     Cada uno de nosotros, subido a los techos, pide más luz. Busca más altura trepando por la antena torcida de televisión. ¡Esperamos la comunicación invisible! Libre de interferencias. No bajaremos aunque nos amenacen con una paliza. Sabemos que los escalones de madera no resisten mucho peso. De la falta de límites. Del vacío en la cornisa, que nos trae una íntima sensación de calor. 


BEBEMOS Y BEBEMOS 

      Sin miedo a morir. La gente habla y se saluda. Baila. Nosotros bebemos y bebemos. Hemos venido para eso, para beber hasta la muerte. Sin embargo, en los intervalos de nuestra ingesta, también hablamos, miramos, nos movemos. Alguien a mi lado espera. Lo hace desde hace mucho tiempo. Mucho antes de sentir este peso sobre la nuca. Una especie de caricia. Escucha silenciosamente. Espera que me desprenda por fin de todo este barullo vital. Seguramente seguirá esperándome. 


*

UN ÍDOLO MUERTO 

     Una paloma mecánica yace en la mesa de porlan. Es un juguete de la abuela. Lo guarda junto con sus muñecas antiguas. Una paloma de lata muerta que se arrastra si le damos cuerda. Pesadamente. ¡Qué fácil se descubren las honduras de nuestro ser! Ese caos de fuerzas ciegas. De locura. ¡Cuánto barullo en el pozo de nosotros mismos! Con apenas una sílaba, un sacudón de cabeza, podríamos despertar a un Dios dormido. 


UN NIÑO QUE MAMA, UN NIÑO QUE ORINA 

     No es más que un animal impúdico. La tía dice que no hay que tener vergüenza. Yo la tengo, sin embargo. Me cuesta levantar la cabeza cuando nos sacan la foto grupal en la escuela. Miro hacia adelante, con el rostro inclinado. Preferiría no levantar la voz en público ni pasar al frente. La tía, en cambio, se cree libre de ata duras, de dogmas, de pecados. Se ve a sí misma como algo importante. Da órdenes, consigue el dinero, se hace valer. Solo a veces, con lágrimas en los ojos y lejos de su hija, me da a entender que no tiene tiempo para escuchar su corazón. 


En Fotones que se enamoran de electrones / Ediciones op.cit., Buenos Aires, 2024 / Libro digital, PDF / 
Diego Colomba nació en San Nicolás (Provincia de Buenos Aires) en 1972 y vive en Rosario desde 1990 / Es profesor y licenciado en Letras, y doctor en Humanidades y Artes, con mención en Literatura / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

viernes, 17 de mayo de 2024

ROSARIO VALPARAÍSO Mientras espero, en la mecedora




TELÉFONO 

Mi amado me pregunta 
si tengo hambre, si 
tengo sed. 

Mientras espero, en la mecedora 
de las mujeres de la familia, 
para arrodillarme a sus pies 
con el rosario entre mis manos 
alegrándome y dando gracias
a la religión que me alimenta. 


ESTOY SOLA

Estoy sola, hoy 
nada espero
(por entre mis piernas corre 
el río que me dejaste). 


CÓPULA

Nos unió la tarde con sus risas.


De Adiós desde la vida, 1953 e inéditos en: Antología mínima, Ediciones RP, 1974 /  
Rosario Valparaíso (España, 1898 – Argentina, 1973) / Ph Mirella Moretti, c. 1970 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

viernes, 3 de mayo de 2024

PAUL AUSTER Las raíces se doblan al paso del gusano


Algunos libros de Paul Auster /


RADIOS

Las raíces se doblan al paso del gusano 
y el tamiz del reloj yace en el corazón 
del gorrión. Entre rama y aguja, la palabra 
menosprecia su nido, y la semilla, 
mecida por confines aún más simples, 
se niega a confesar. 
Sólo el huevo gravita.

*

En la aridez, mi ausencia: en el agua: Una flor. 
Una flor que define el aire. 
En el pozo más hondo, 
tu cuerpo es mecha.

*

La corteza no basta, envuelve 
fragmentos redundantes, no le importa 
cambiar roca por savia, o sangre 
por azarosos borboteos, 
mientras la hoja cuelga picada, moteada 
de aire y, ¿por cuánto más, surcada 
o envuelta, entre el perro y el lobo, 
por cuánto tiempo más habrá de señalarle 
al hacha su ventaja satisfecha?

*

Nada moja ese tronco, la piedra nada gasta. 
El habla no podría empedrar el pantano, 
por lo que bailas 
y buscas un silencio aún más brillante. 
La luz siega las olas, naufraga y se camufla; 
el viento parlotea, se desboca. 
Yo te nombro desierto.

*

Los picos 
anotan la cantera: desgastadas señales  
que no pudieron cifrar el mensaje. 
La riña desató su alfabeto, y las piedras, 
ceñidas al costado del abuso 
han memorizado la derrota.

*

Ebria, sí,  la blancura atesora sus fuerzas, 
mientras duermes, ebrio de sol, como semilla 
de aliento retenido 
bajo la tierra. Soñar, al fin, 
sumido en el calor, con el calor 
que infesta el equilibrio 
de una mano, que engendra 
el milagro de la aridez… 
En todos los lugares que has dejado 
crece la furia de los lobos 
con las hojas que no hablarán. 
Morir, sí. Acoger a lobos rojos 
Que muerden y arañan las verjas: página 
aullante; o bien duermes, y el sol 
jamás tendrá final. 
Es verde donde las semillas negras respiran. 

*

La flor es roja, cuelga 
entre raíces rotas, 
en el tronco nudoso de una torre, 
donde aspira su magro ayuno 
y retira el conjuro 
que suelda el paso a la palabra 
y ata la lengua a sus errores. 
Roja será la flor 
cuando la primera palabra rasgue la página, 
y medrará en el limo, y cobrará el color 
de un pico magullado, 
cuando el gorrión emerja ensangrentado 
y vuele entre una tierra y la campana. 

*

Entre el gorrión y el pájaro sin nombre: 
su presa. 

La luz escapa por el intervalo.

*

Palidecen los trances en el cubo, el furtivo 
equinoccio de nombres: fiel trinquete 
que obstruye la carraca, cielos desapacibles 
que cercan este austero comercio con el viento. 
La calma enmienda, pero la ventisca 
alimenta el azar: aliento que florece 
mientras la rueda anota su escritura 
sobre la tierra. Atada 
contra tus pies. Bajo un frescor 
de soles mortecinos, la mirada 
cuida la tierra. La canción 
está en el paso. 

*

Ascua en el labio de otro 
cielo inferior, la luz no ingerida del nido 
mengua y se vuelve pasto: entre el gorrión 
y el pájaro sin nombre, el intervalo 
es presa: humo 
que ablanda los rescoldos, no ya como esa secta 
de alas, donde bates, humo unido 
al brillo; en la memoria del gorrión 
perfecciona el sueño de las nubes. 

*

Ver es esta otra tortura, 
que el dolor de ser visto expía: 
lo dicho y lo visto, albergado 
en esta negativa a hablar, 
y la semilla de una sola 
voz, enterrada en cualquier piedra. 
Mis mentiras jamás han sido mías.

*

La concha implosiona en el cubo, 
perdura como un juego de palabras y dobles 
sentidos, greda y roca, se incorpora 
como un bastón y expulsa el balbuceo 
que pronunció su cuerpo 
y lo hizo emerger 
para esperar futuros golpes: 
ciudad en la raíz, en el acto, sin muelles, 
ciudad aun lejos de sí misma. Sal. La rueda 
era un engaño. No puede girar.

*

El huevo delimita su renuncia, no puede 
sonar en el tañido de otro (mínimo 
martilleo del otro) antes de que el gemido 
se abra paso de un tajo, y el ojo desperdicie 
el subterfugio de una lámpara 
aún más duradera. Vuelto habla, acarrea su propio nacimiento 
y, si se rompe, no dejes de aclamar 
su caída y contradicción. 
Tu tierra siempre estará lejos.



En Pista de despegue / Selección de poemas y ensayos, 1970-1979, Editorial Anagrama, Barcelona, 1998 / Traducción de los poemas: Jordi Doce (En Poesía completa corregiría estos textos) / Fotos: jmp 
Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, el 3 de febrero de 1947 - Nueva York, 30 de abril de 2024) / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

domingo, 21 de abril de 2024

MARIANNE MOORE Esto es eternidad

City Bell, 21 de abril de 2024



UNA BOTELLA EGIPCIA DE VIDRIO EN FORMA DE PEZ 

Aquí tenemos sed
y paciencia, desde el principio,
     y arte- como en una ola alzada para que veamos 
     en su perpendicularidad esencial 

no frágil sino 
intenso -el espectro, ese
     espectacular y vivaz animal, el pez,
     cuyas escamas desvían la espada del sol con su pulido.


A UN CARACOL

Si “la compresión es la principal gracia del estilo”,
tú la tienes. Lo contractilidad es una virtud,
como es una virtud la modestia.
No es la adquisición de cualquier cosa
Capaz de adornar, 
o la cualidad incidental que se da 
como concomitancia de algo bien dicho
lo que valoramos en el estilo,
sino el principio oculto: 
en ausencia de pies, “un método de conclusiones”;
“un conocimiento de los principios” 
en el curioso fenómeno de tu cuerno occipital.


¿QUÉ SON LOS AÑOS? 

¿Qué es nuestra inocencia,
qué nuestra culpa? Todos estamos
         desnudos, nadie a salvo. ¿Y de dónde 
el coraje: pregunta sin respuesta,
firme duda 
-mudo llamar, sordo escuchar- que
en la desgracia, hasta en la muerte
         anima a los demás 
         y, en su derrota, incita
 
         al alma a ser fuerte? Ve 
hondo y se contenta;  quien 
         acepta su mortalidad
y en su prisión se alza
sobre sí como 
el mar en su abismo, y luchando por ser
libre e incapaz de lograrlo,
         en su renuncia 
         encuentra su continuación. 
 
         Así quien siente fuerte 
se comporta. Hasta el pájaro,
         que crece cuando canta, acera 
su forma hacia arriba. Aunque cautivo,
su potente canto 
dice: qué bajeza la satisfacción, 
qué pura es la alegría. 
         Esto es mortalidad, 
         esto es eternidad.



Marianne Moore (Missouri, EEUU, 15 de noviembre de 1887 - Nueva York, 5 de febrero de 1972) / 
En El reparador de agujas de campanario / Selección y traducción de Mirta Rosenberg y Hugo Padeletti / Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1988 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

lunes, 15 de abril de 2024

JORGE AULICINO No era la muerte sino una posibilidad entre las cosas

City Bell, 15 de abril de 2024




BERSERKERS

No contabas los muertos entre aquellos
cuyos perfiles de tormenta daban siempre el par.
Pero de esas batallas y de aquellos inmortales no quedan,
en esta luz de cobre de tardes argentinas,
más que polvorientos reflejos.
Ya ves: cuánta furia entonces, cuántas las torres
desmoronadas en procura de un jardín incomprensible.
No era de viento tu lengua, ni de nube:
era del pedernal que ellos entendían.
¿Qué ley, qué disposición secreta,
qué alquimia o signo hubiesen contemplado?
Es cierto que te desafiaban con un grito
en los valles nublados del Orco.
Cierto que tomaban el pan y la mujer, el rocío o la sangre,
con aquel gesto aprendido en tu mesa y al pie de tus murallas.
¡Oh, que no comprendieran lo que aún decías;
la palabra que tañía,
la piedra blanca que dejaste ver entre tus manos!
Y sin embargo -¿recuerdas?-
los habías lanzado por el filo del abismo y a las 
comisuras del diablo,
al raleado monte o a las ciénagas
donde las aves zancudas y el relámpago
hablan de tu reino.
Iban ellos, conquistadores de tu Elam, ceñudos.
Pensaban que no era la muerte sino una posibilidad entre las cosas
que todavía giraban en el azar de tu nombre. 





En Hostias, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2004 / 
Jorge Aulicino, (Buenos Aires, 1949) / Poeta, periodista, traductor / Administra el blog Otra Iglesia es Imposible / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

viernes, 12 de abril de 2024

EDITH GALARZA Los próximos días iré viendo morir lentamente a esta planta

City Bell, 12 de abril de 2024



PROPIETARIO 

Mis vecinos nuevos
decidieron sacar la enredadera que desde hace quince años 
cubre por completo las paredes de mi patio y las de otros vecinos.

Hablamos. 
La belleza.
La generosidad de esta planta que tiene la raíz de su lado de la pared 
y extiende el follaje en las paredes vecinas.

También crece hacia el cielo erguida sobre sí misma
y da intimidad a nuestras casitas, a veces demasiado cercanas.

Pero no. Ayer serruchó el tronco principal y sacó la raíz de la tierra.
Cortó la planta exactamente en el borde de la medianera: el límite de su propiedad.

Ahora la trepadora 
extendida sobre las paredes de las casas vecinas 
se ha quedado sin conexión con la tierra.

Los próximos días iré viendo morir lentamente a esta planta 
que fue testigo de nuestra vida todos estos años. 

Cuando comenzó a asomar de este lado del muro
decidí ofrecerle agua sobre la pared de ladrillos y así se fue viniendo día tras día 
hasta cubrir por completo mi patio. 

Vivo en un desierto. Aquí una planta es un regalo. Algo que se cuida y se agradece.

Solía regarla por las noches. 
Recorría las paredes con la manguera hasta que todas sus hojas estaban
mojadas y brillantes.

Me pregunto cuánto tardará en morir. En soltarse de los ladrillos y caer. 
Obcecada, la riego sobre la pared como siempre. 
Pienso si habrá alguna forma de sobrevida para ella.  
Se alivia un poco. Luego vuelve a su agonía.

Jamás echó una raíz de este lado.
Nunca un gajo.
Pero sí toda la gama de verdes, hojas de distinto tamaño, ramas y frutos.
Perenne. En invierno sus hojas gruesas de un verde oscuro casi negro
soportaban las finas capas de hielo. Luego renacía fortalecida.
Lanzaba ramas nuevas largas y delgadas con hojas pequeñas y tiernas
que con ansia expansiva seguían estirándose por las paredes.

Tiene un esqueleto fuerte que se extiende como si fueran venas sobre la pared.
Cuando se caigan todas las hojas, quedará aferrado y desnudo
o tal vez, se desplome vencido.

Crecía salvaje.
Me gustaba su desmesura.
Tenía yo una pequeña selva en mi patio.

Mis amigos la conocen como conocen a mi perro.
Una presencia en mi casa.
Los reflejos verdes del comedor a través del ventanal.

Hago consultas desde ayer.
¿puede una planta sobrevivir sin su raíz?

Sé que no es posible. Se irán secando las hojas, volviéndose quebradizos los tallos. 
En unos días aparecerán los ladrillos que la planta fue cubriendo por completo en estos años.
Cuando crecían los hijos.
Mientras colgaba la ropa.
En nuestro descanso del sol.

Era mi lugar para mirar el cielo.
Buscar tu estrella. Hablarte.
Porque en ese lugar del patio, al mirar hacia arriba solo se veía el follaje y el cielo
algo difícil en la ciudad. 

La planta hizo que mi patio fuera visitado por pájaros todas las mañanas.
Cantaban cerca de las ventanas, tomaban el agua de sus hojas.
Hoy los escucho desconcertados, se llaman, se alborotan ante la novedad.

Ella que había sido plantada del otro lado de la pared
se fue a vivir la vida a la casas vecinas
y en la mía se instaló.

Ensayamos procedimientos de emergencia
cortes, bajadas a tierra, trasplantes, extranutrición.
Mi perro olfatea que algo extraño sucede en el patio.

Busco información: ficus pumila
Leo como hacer esquejes.
Los amigos me envían videos de jardinería. Se acercan a evaluar la situación.
No encuentro como hacer vivir una planta sin raíces.
No busco ninguna metáfora en esto.
No la necesito.
No hay artificio aquí,
ni más profundidad que lo que tengo ante mis ojos
en este comienzo del invierno
casi llegando al wiñoyxipantv,
mi planta se muere.

Tienen un hijito y un perro guardián.
¿Miraba tu niño mientras cortabas, cuando sacaste la raíz? 
Y cuando me contestaste que era mi responsabilidad 
haberla dejado crecer de mi lado.
Propietario.

City Bell, 12 de abril de 2024


CÓPULA

la flor llega en silencio
llega la flor

la flor llama al rocío
el rocío refleja los rayos del sol

el sol se vierte sobre el rocío
sobre la flor.


TUYA

¿cuándo fue que nos vimos?
en qué verso
en qué palabra nunca hallada
en qué dolor

cómo fue
que en la risa breve de mi boca
se abrió la tuya.





Edith Galarza: “Nací y estudié en la ciudad de La Plata, vivo en Neuquén, en la Patagonia Argentina. Soy poeta y abogada. Soy Diplomada en Escritura Creativa por la Universidad Nacional de Tres de Febrero…”. / Envío de poemas: EG / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

sábado, 6 de abril de 2024

RAYMOND CARVER El bebé estaba en una cuna junto a la cama



EL PADRE

     El bebé estaba en una canasta al lado de la cama, y llevaba puesto un pelele y un gorro blanco. La canasta de mimbre estaba recién pintada, acolchada con pequeños edredones azules y sujeta con cintas de color azul claro. Las tres hermanitas y la madre, que se acababa de levantar de la cama y aún no se había despertado del todo, y la abuela rodeaban todas al bebé y observaban cómo miraba con fijeza y de cuando en cuando se llevaba el puño a la boca. No sonreía ni reía, pero a veces parpadeaba y movía la lengua entre los labios cuando una de las niñas le pasaba la mano por la barbilla.
       El padre estaba en la cocina y les oía jugar con el bebé.
       —¿A quién quieres tú, pequeñín? —dijo Phyllis, y le hizo cosquillas en la barbilla.
       —Nos quiere a todos —dijo Phyllis—, pero al que quiere de veras es a papá, ¡porque papá también es chico!
       La abuela se sentó en el borde de la cama y dijo:
       —¡Mirad su bracito! Tan gordo. ¡Y esos deditos! Igualitos que los de su madre.
       —¿No es una preciosidad? —dijo la madre—. Tan sano, mi niñito. —Se inclinó sobre la cuna, besó al bebé en la frente y tocó la colcha que le tapaba el brazo—. Nosotros también le queremos.
       —¿Pero a quién se parece, a quién se parece? —exclamó Alice, y todas ellas se acercaron a la canasta para ver a quién se parecía.
       —Tiene los ojos bonitos —dijo Carol.
       —Todos los bebés tienen los ojos bonitos —dijo Phyllis.
       —Tiene los labios del abuelo —dijo la abuela—. Fijaos en esos labios.
       —No sé… —dijo la madre—. No sabría decir.
       —¡La nariz! ¡La nariz! —gritó Alice.
       —¿Qué pasa con su nariz? —preguntó la madre.
       —En la nariz se parece a alguien —dijo la niña.
       —No, no sé… —dijo la madre—. No creo.
       —Esos labios… —dijo entre dientes la abuela—. Esos deditos… —dijo, destapando la mano del bebé y extendiéndole los menudos dedos.
       —¿A quién se parece este niño?
       —No se parece a nadie —dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más a la canasta.
       —¡Ya sé! ¡Ya sé! —dijo Carol—. ¡Se parece a papá! —Todas miraron al bebé de muy cerca.
       —¿Pero a quién se parece su papá? —preguntó Phyllis.
       —¿A quién se parece papá? —repitió Alice, y entonces todas ellas miraron a la vez hacia la cocina, donde el padre estaba en la mesa, de espaldas a ellas.
       —¡Vaya, a nadie! —dijo Phyllis, y se puso a lloriquear un poco.
       —Calla —dijo la abuela, apartando la mirada. Luego volvió a mirar al bebé.
       —¡Papá no se parece a nadie! —dijo Alice.
       —Pero tendrá que parecerse a alguien —dijo Phyllis, secándose los ojos con una de las cintas. Y todas salvo la abuela miraron al padre, que seguía sentado en la cocina.
       Se había dado la vuelta en su silla y tenía la cara pálida y sin expresión.




En ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (primera edición de 1976), Editorial Anagrama, Barcelona, 1997 / Traducción: Jesús Zulaika / 
Raymond Carver (EEUU, 25 de mayo de 1938 – 2 de agosto de 1988) / Foto: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 


miércoles, 27 de marzo de 2024

ELLEN BASS Una fiesta sobre tu vendimia




EN CELEBRACIÓN 

Ayer noche lamí 
tu amor, amor, 
como una gata. Y 
observé como crecías 
como pan en el horno, como 
un globo lleno de helio, crecías 
como crece un soufflé, 
tu amor se mecía como 
pasajeros en un barco que llega. 
Mi mejilla descansando en tu vientre, 
húmeda como espejo de baño, descansando 
en tu pelo como 
hierba mojada de rocío, saqué 
tu amor hacia afuera como 
la cabeza de una tortuga, como 
un acordeón, como 
un vaso que se agranda. 
Lamí 
tu amor, amor, 
duro como un caramelo, lleno 
y tierno como una ciruela. 
Te cogí 
como a un mitón, como una copa, 
y, como la gente bajo la espuma de un géiser en Yellowstone 
como los chicos salpicando en verano en las bocas de agua para incendio 
como un invitado que muerde un tomate entero 
jadeé, 
me reí, 
tuve una fiesta sobre tu vendimia. 




En Celebración Poesía erótica de lengua inglesa, antología de Mauricio Schoijet, edición bilingüe,  Juan Pablos Editor, México 1984 (primera edición 1975) /
Ellen Bass (Filadelfia, EEUU, 16 de junio de 1947) / Graduada en escritura creativa en la Boston University, donde estudió con Anne Sexton / Ph Mirella Moretti, c. 1974 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

domingo, 10 de marzo de 2024

ERICA JONG Ya que no puede deslizarse fuera del poema




CULI NARIA POÉTICA (Arse Poética) 

A Leonard y Patricia 

     I

     Ítem: el poeta debe alimentarse y cogerse él mismo. 


     II

     Échese sobre las metáforas. Póngalas pechuga hacia arriba sobre las verduras y rocíelas con el jugo de la cacerola. Ponga hoja de papel de aluminio sobre el poema, cubra la cacerola y caliéntela sobre la hornalla hasta que escuche el chisporroteo de las imágenes. Coloque entonces el poema sobre la bandeja dentro del horno precalentado previamente. 


     III

     Una vez que el pene ha sido introducido en el poema, la poeta se baja hasta quedar sentada sobre el muso con sus piernas hacia afuera. Él no necesita moverse. La poeta estará sentada en posición erguida y subirá y bajará su cuerpo rítmicamente hasta alcanzar la última línea. Ella podrá hacer una pausa en sus movimientos y también podrá mover su pelvis y abdomen hacia adelante y atrás, o hacia los costados, o con un movimiento circular de tirabuzón. Este método resulta en imágenes excepcionalmente agudas y es frecuentemente recomendado para llegar a la cumbre del goce estético. La penetración es más profunda que en otras posturas. Sin embargo, la concepción es menos probable. 

     Esta postura es también conveniente cuando el muso está cansado o falto de vigor, ya que la poeta toma el papel más activo. La penetración es más profunda cuando el cuerpo de la poeta hacen ángulo de 45 grados con el del muso. Un muso en erección a medias permanecerá en posición cuando se esté en esta postura, ya que no puede deslizarse fuera del poema. 



En Celebración Poesía erótica de lengua inglesa, antología de Mauricio Schoijet, Juan Pablos Editor, México 1984 (primera edición 1975) / (En notas biográficas: EMJ… estudió en Columbia y vivió durante algún tiempo en Alemania. En su poesía y en un interesante ensayo sobre la mujer como escritora publicado en la revista Ms se nota una fuerte influencia de las ideas del movimiento de liberación femenina) / Ph Mirella Moretti, s/t, c. 1973-4 / 
Erica Jong (Nueva York, Estados Unidos, 26 de marzo de 1942) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

jueves, 22 de febrero de 2024

JOSÉ EMILIO PACHECO En el silencio de la noche



II: El arte de la sombra 


SIGLO 

En el silencio de la noche se oye 
el discurso del polvo como un murmullo incesante. 
Pues todo lo que abarca la mirada 
está por deshacerse. 


ILUSIÓN 

Cuando esperaba el día se hizo la noche. 
Y nunca aprendí 
a caminar en tinieblas. 


FOTOS 

No hay una sola foto de entonces. 
Mejor así: para verte 
necesito inventar tu rostro. 


BIOGRAFÍAS 

Ningún sendero quedará. 
Nuestros pasos 
conducen siempre a la nada. 
Todo lo devora 
el sol desconoce la piedad 
y arrasa lo inventado por el vacío. 


MAÑANA 

El alba está lejana. 
No sé qué busca el pájaro 
entre la noche densa. 

Habla, murmura, insiste. 
Se acerca a la ventana. 

Dice que el sol no ha muerto 
y existe otro mañana. 



En Tarde o temprano (Poemas, 1958-2009), Fondo de Cultura Económica, 2009 / De La arena errante (1992-1998) / Ph: jmp / 
José Emilio Pacheco (México, 30 de junio de 1939 – 26 de enero de 2014) / 
Los autores y textos seleccionados forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

sábado, 17 de febrero de 2024

CONSTANTINO CAVAFIS En el brillo del mediodía


Ph Mirella Moretti, c. 1974 / 



CUANDO APAREZCAN 
(1916) 

Trata de asirlas, poeta, 
aunque no consigas retenerlas 
Esas visiones eróticas. 
Sitúalas, veladas, en tus versos. 
Trata de asirlas, poeta, 
cuando aparezcan en tu cerebro 
a medianoche, o en el brillo del mediodía.


EN EL ORÍGEN 
(1921) 

Han satisfecho su placer 
prohibido. Y del lecho se levantan, 
vistiéndose apresuradamente sin hablarse. 
Abandonan por separado, furtivamente la casa; y mientras 
caminan algo inquietos por las calles, parece 
como si sospecharan que algo en ellos traiciona 
en qué clase de lecho cayeron hace poco. 

Pero cuánto ha ganado la vida del artista. 
Mañana, otro día, años después escritos serán 
los versos vigorosos que aquí tuvieron su principio


MELANCOLÍA DE JASON HIJO DE CLEANDRO, POETA DE KOMAGENE, 595 d. C.
(1921) 

El envejecimiento de mi cuerpo y su apariencia 
son heridas de terrible puñal. 
Resignación no tengo. 
A ti recurro oh Arte de la Poesía, pues algo sabes de remedios; 
tentativas de envolver el dolor en la Imaginación y la Palabra. 

Son heridas de terrible puñal. — 
Ahora tráeme oh Arte de la Poesía 
tus consuelos para que —aunque sólo sea por un instante— no perciba la herida


ÉL VINO PARA LEER 
(1924) 

Vino para leer. Abiertos están 
dos o tres libros; historiadores y poetas. 
Pero apenas ha leído diez minutos, 
cuando los deja a un lado. Sobre un diván 
duerme ahora. Ama mucho los libros 
—pero tiene veintitrés años, y es hermoso; 
y esta tarde el amor atravesó 
su carne maravillosa, su boca. 
A través de la total belleza 
de su cuerpo pasó la fiebre de la voluptuosidad; 
sin remordimientos ridículos por la forma de ese placer… 


EN EL MISMO LUGAR 
(1929) 

Alrededores de la casa, mi barrio, vecindades 
que contemplo y por donde camino; hace ya tantos años. 

Con alegría o con dolor os he creado: 
con tantos acontecimientos, con tantas cosas. 
Y todos tus sentimientos eran para mí.


EL ESPEJO DEL RECIBIDOR 
(1930) 

En el recibidor de aquella opulenta casa 
había un enorme espejo muy antiguo; 
adquirido cuando menos cien años atrás. 

Un hermosísimo joven, recadero del sastre 
(los domingos, atleta amateur), 
estaba de pie allí con un paquete. Lo entregó 
a una persona de la casa, quien lo llevó dentro 
para traer el recibo. El recadero del sastre 
quedó solo, aguardando. 

Se acercó entonces al espejo y se miró en él 
arreglándose la corbata. Cinco minutos después 
trajeron el recibo. Lo tomó y se fue. 

Mas aquel espejo que había visto, 
durante sus muchísimos años de existencia, 
miles de cosas y de rostros; 
el viejo espejo quedó esta vez alegre 
y orgulloso de haber recibido, aunque fuese un momento, 
la imagen de la belleza perfecta.


EN LA ESCALERA
(1904) 

Bajando por aquella escalera, 
junto a la puerta nos cruzamos, y por un instante 
vi tu cara desconocida y tú me viste. 
Yo me oculté en las sombras, y 
pasaste rápido, alejándote, 
y te perdiste en aquella casa vulgar 
donde no encontrarías el placer, 
como tampoco yo habría de hallarlo. 

Y sin embargo el amor que deseabas yo lo tenía para dártelo; 
el amor que yo deseaba, tus ojos me lo ofrecían 
con su ambigüedad y abandono. 
Se sentían los cuerpos y se buscaban; 
la sangre y la piel comprendían. 

Pero turbados los dos nos escondíamos.


Y SOBRE AQUELLOS LECHOS ME ABANDONABA Y ERA FELIZ
(1915) 

Al entrar en la casa de placer 
no permanecí en la sala donde celebraban 
los desconocidos amantes su gozo. 

Otra habitación secreta era la mía 
y en su lecho me abandonaba feliz. 

Oh aquella habitación secreta 
cuya sola mención hace avergonzarse. 
Mas no soy yo quien se avergüenza —¿qué clase 
de poeta o artista sería? 
Mejor entonces haber elegido una vida ascética. Más acordes, 
mucho más acordes con mi poesía son estos lugares; 
más me alegra este regocijo promiscuo.



Ph Mirella Moretti, s/t c. 1974 / 
En Poesías completas, Ediciones Hiperión, 1981/ Versiones directa del griego de José María Álvarez / Ph Mirella Moretti, c. 1974 / Ph jmp / 
Konstantinos Petrou Kavafis, también llamado Constantino Cavafis y C. P. Cavafis (Alejandría, 29 de abril de 1863 – 29 de abril de 1933) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

lunes, 12 de febrero de 2024

ROBERT WALSER Un poeta se inclina sobre sus poemas




"Lejos del mundo"

DE UN POETA 

     Un poeta se inclina sobre sus poemas: ha hecho veinte. Pasa una página tras otra y descubre que cada poema despierta en él un sentimiento muy particular. Se devana penosamente los sesos tratando de averiguar qué es lo que planea por encima o en torno a sus poesías. Presiona, mas no sale nada, golpea, mas no logra sacar nada, tira, pero todo sigue tal cual, es decir, oscuro. Se apoya sobre el libro abierto entre sus brazos cruzados y rompe a llorar. Yo, en cambio, el pícaro autor, me inclino ahora sobre su obra y descubro con infinita indeliberación en qué consiste el problema. Se trata simple y llanamente de veinte poemas, uno de los cuales es sencillo, otro pomposo, otro mágico, otro aburrido, otro conmovedor, otro delicioso, otro infantil, otro muy malo, otro bestial, otro inhibido, otro ilícito, otro incomprensible, otro repugnante, otro encantador, otro comedido, otro extraordinario, otro esmerado, otro abyecto, otro pobre, otro inefable y otro que ya no puede ser nada más, porque sólo son veinte poemas distintos que en mi boca han encontrado una valoración, si no precisamente justa, al menos rápida, lo que para mí supone siempre el mínimo esfuerzo. Una cosa es, sin embargo, segura: el poeta que los escribió aún sigue llorando, inclinado sobre el libro; el sol brilla encima de él; y mi risa es el viento que corre impetuoso y frío entre sus cabellos.


ÉRASE UNA VEZ UN POETA… 

     Érase una vez un poeta tan enamorado del espacio de su habitación que se pasaba el día entero sentado en su sillón y empollaba las paredes que tenía ante sus ojos. Retiró los cuadros de aquellas paredes para que ningún objeto lo distrajese o lo indujese a contemplar algo que no fuera una pequeña pared, manchada y poco amable. No puede decirse que estudiara adrede aquel espacio, sino que —preciso es confesarlo— yacía, con la mente en blanco, en los lazos de un insondable ensueño, en el que su estado de ánimo no era alegre ni triste, ni jovial ni melancólico, sino tan frío e indiferente como el de un loco. Pasó en aquel estado tres meses, y el día en que empezaba el cuarto, ya no pudo levantarse de su asiento. Estaba pegado a él. Esto es algo extraño y hay cierta inverosimilitud en la promesa del narrador, quien asegura que a continuación vendrá algo todavía más extraño. Pues resulta que, en aquellos días, un amigo de nuestro poeta fue a buscarlo a su habitación y, al entrar en ella, cayó en la misma ensoñación ridícula o melancólica de la que el otro era presa. Tiempo después le ocurrió la misma desventura a un tercer poeta o novelista que llegó a interesarse por su amigo, y así fueron cayendo uno tras otro seis poetas que vinieron a preguntar por su amigo. Y ahora están los siete en ese pequeño espacio oscuro, lóbrego, frío, poco amable y vacío, y fuera está nevando. Están pegados a sus asientos y nunca más harán, sin duda, un estudio de la naturaleza. Sentados, miran fijamente ante ellos, y la amable carcajada que premia esta historia no consigue liberarlos de su triste encantamiento. ¡Buenas noches!


EL LUGAR BONITO 

     Aunque dude de su verosimilitud, la historia me divirtió muchísimo cuando me la contaron, y aquí la ofrezco ahora como mejor puedo, con la única condición, eso sí, de que no me interrumpan hasta el final con ningún bostezo. 

     Había una vez dos poetas, uno de los cuales se llamaba Emanuel y era un joven muy nervioso y sensible. El otro, de naturaleza más cerril, llamábase Hans. Emanuel había descubierto, en el bosque, un rincón a salvo de todo el mundo en el que solía hacer poesías muy a gusto. Con este fin escribía versitos juiciosos y sin importancia en una libreta que heredara de su abuelo, y parecía muy contento con esta ocupación. Y, en verdad, ¿por qué no habría de estarlo? El lugar en el bosque era tan silencioso y agradable, el cielo encima de él tan azul y sereno, las nubes tan amenas, los árboles de la orilla opuesta tan variados y de tan exquisito colorido, el prado tan suave y el arroyo que regaba aquel prado solitario tan refrescante que el señor Emanuel hubiera tenido que estar loco para sentir algo que no fuera dicha. Viéndolo poetizar candorosamente desde lo alto, el cielo sonreía sobre él tan azul y bello como lo hacía sobre los árboles del bosque; y la paz de aquel idilio parecía tan indestructible que la perturbación que se producirá de aquí a un instante, como rayo caído de cielo sereno, habrá de parecer bastante increíble. Pero el asunto es el siguiente: ya os he nombrado a Hans. Impelido por el azar, este segundo poeta deambulaba una vez por el bosque, cerca de aquel lugar solitario, cuando descubrió el rincón y a su ocupante, el hermano Emanuel. Al instante, y aunque jamás se hubieran visto antes, reconoció Hans al poeta en Emanuel, tal como un pájaro reconoce a otro en seguida. Se le acercó deslizándose por detrás y, para abreviar, diré que le asestó un golpe tan fuerte en la mejilla que el otro lanzó un grito y, sin volverse a ver quién lo había tratado así, puso pies en polvorosa tan rápido que se perdió de vista en un instante. ¡Hans había triunfado! Podía esperar haber ahuyentado para siempre a su rival de aquel bello y productivo lugar, y al punto se puso a meditar sobre la forma más eficaz de recrear la amenidad de ese solitario paraje del bosque. También él llevaba una libreta repleta de versos, malos y buenos, que esperaba publicar poco después. Sacó, pues, la libreta y se puso a garrapatear en ella mil y una tonterías, como suelen hacer los poetas para colocarse en el estado anímico adecuado. Pero parecía tener grandes dificultades para comprimir en tiernas sílabas la suave y plácida belleza del paisaje recién conquistado, y hacerlo de modo que aún pudiera asomar en ellas un atisbo de vida. Y mientras estaba en ésas, torturándose de aquella forma, una nueva aflicción le surgió por delante o por detrás, y era tal que también le echó a perder el paraíso que, como un perro gruñón, él le había arrebatado al otro. Entró entonces en escena una tercera persona en la figura de una poetisa. Hans, que alzó la vista asustado por el ruido, la reconoció en seguida como tal y no perdió un solo minuto en galanterías, sino que desapareció al instante como su predecesor. 

     Aquí se interrumpe el hermoso relato, y yo comprendo y apruebo perfectamente su impotencia, pues, al igual que él, sería incapaz de proseguir ahora que cualquier prosecución conduciría necesariamente al abismo de la infructuosidad. Pues ¿no sería infructuoso seguir canturreando el comportamiento de la poetisa tras haber celebrado ya a dos poetas? Me conformo con informar que la primera no encontró nada bello en la belleza del paraje del bosque y nada singular en su singularidad, y desapareció tan silenciosamente como había aparecido. ¡Que el diablo se haga poeta! 



"Lejos del mundo"
En Historias, Edición digital Titivillus, 2020 / Primera edición: 1914 / Título original: Geschichten / Traducción: Juan José del Solar / Ph Mirella Moretti, "Lejos del mundo" / 
Escribe Hermann Hesse: “Si los poetas como Walser se contaran entre los espíritus que gobiernan, no habría guerras. Si tuviera cien mil lectores, el mundo sería mejor. Sea como fuere, el mundo está justificado por haber gente como Walser.” / 
Robert Otto Walser (Biel, Suiza, 15 de abril de 1878 - cerca de Herisau, Suiza, 25 de diciembre de 1956) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 



miércoles, 7 de febrero de 2024

JORGE CURINAO Un puñado de viento en la memoria

City Bell, un día de calor, 07 02 2024 /



PUERTAS ADENTRO 

Con sus muertos 
acomodándole la sonrisa 
se sienta a la mesa 
sólo para comprobar 
que la soledad 
es un puñado de viento en la memoria. 


CRUZ DEL SUR 

Entro en mi cama
como quien espera 
ser rescatado de este mundo. 


ÁNGELES PERDIDOS

Esta mano 
que lleva tu mano 
nunca termina de borrarme. 


MANIFIESTO 

Lo realmente difícil de la poesía 
es escribir sobre la felicidad
lo intenté 
pero no pude
no sé
debo ser algo masoquista
porque siempre cuando escribo la palabra felicidad
la tacho y la vuelvo a escribir.

Imagino que la felicidad es también eso:
borrar y volver a escribir.


LEYENDO A ANAHÍ LAZZARONI

Mis amigos poetas
también me escriben cartas
me preguntan por el viento
les digo
que sigue aquí,
galopando en los cerros nevados
del corazón.

De Restos de ciudad (Fondo Editorial Santacruceño, 2023) / 


/


     Quien mira el cielo sabe que los límites son de agua. 


     Abrir un libro y leer, en la primera página, que todos los pájaros se han ido.


     De noche, el viento se detiene. Un perro que ladra inventa el desierto.


     El viento abre una herida en la noche. Ahí los pájaros hacen sus nidos. 


     Como una hoja caída, de esas que nadie pisa por temor a lastimarse. 


     Se trata de la misma soledad: las hojas golpeando en la pared, la caída de la nieve sobre lo que se creía perdido.


     No sé si alma o cuerpo, pero algo duele. Los gorriones, que juegan en el techo de mi casa, saben que la muerte viene y desordena todo.


     Casi no he conocido a mi padre, pero siempre lo he extrañado. 
Su ausencia es un niño sin alas: dibuja un pájaro.

De Gorriones de la noche (Editorial Remitente Patagonia, 2020) / 


/

     Desnudo te enseño mis poemas. Uno a uno mis silencios. Tiene rostro mi dolor. Existe. No quisiera hablar pero lo hago. No sé del sol. El mar es sombra encendida. Mi habitación, una cajita musical. Un fuego.


     Las veredas ocultan mis pasos. Deambulo con el cansancio del mundo, el cansancio de las luces apagadas. De aquí brotaron ruidos jamás oídos. Aquí mis muertos, pajaritos de la noche, empezaron a soñar con el mar. Y pude volver al poema. 


     Mi vida, mi única vida sabe que no pedí nacer pero acá estoy, en el lugar preciso: no poder salir porque no hay afuera. Y adentro es sólo el viento. Y el viento es herida que viene del mar. 

De Plegarias del humo (Editorial Remitente Patagonia, 2019)


/

     He sido mi gran abismo, una sombra desaparecida entre luces lejanas, un pequeño ausente en el corazón de los días. 
La creencia va más allá de la propia creencia: ser pájaro y no saberlo. 

De Otros animales (2014) / 


El poeta santacruceño Jorge Curinao (Río Gallegos, 3 de mayo de 1979)  me envió por correo tradicional cuatro de sus libros. Los recibí el 25 de enero y ahora puedo hacer acuse de recibo. (Gracias Jorge). 
Jorge Curinao (Río Gallegos, Santa Cruz, 3 de mayo de 1979) / Selección y fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

sábado, 27 de enero de 2024

LEILA GUERRIERO Antes de que todo esto se termine

Bajo la sombra del sauce, City Bell, 27 01 2024


ANTES 

     Antes de que todo esto se termine. Antes de que cierren la casa y vendan los muebles y regalen los libros. Antes de que se repartan los cosméticos y los zapatos. Antes de que arrojen las cacerolas a la basura. Antes de que vacíen las alacenas, de que se lleven las especias, los fideos. Antes de que se terminen los días felices y las tardes de domingo. Antes de la última de las madrugadas. Antes del final de la angustia. Antes de que se acaben el sexo sin amor y el amor sin sexo. Antes de que la ropa se pudra en los placares. Antes de que descuelguen los cuadros y cubran los sillones con lienzos y cierren las ventanas para siempre. Antes de que quemen las fotos. Antes de que se resequen los felpudos, de que se oxiden las cortinas en sus rieles. Antes de que se terminen la curiosidad, los huesos, el hígado y las córneas. Antes de que se sequen todas las plantas del balcón. Antes de que no haya más nieve, ni colores, ni trópicos. Antes del final de todas las selvas, de todos los mares, de todos los reflejos en el agua. Antes del último poema. Del final de las veredas y las calles. Del fin de todos los paseos. Antes del adiós a todos los aeropuertos y todos los aviones y todas las ciudades y todos los cafés con vidrios empañados. Antes de la cancelación de todas las discusiones, de todos los argumentos, de toda la furias, de todos los desprecios. De todas las metálicas ansiedades. Antes del fin de los gritos, de la desolación y de la culpa. Antes de la última agenda, del último viernes, del último bar, del último baile. Antes de que se apaguen todas las cúpulas y todas las pantallas. Antes de que las polillas se coman los restos de la lana y de la almohada. Antes del final de las mascotas. Antes, mucho antes: hay que vivir. Pero, ¿cómo? ¿Cómo? 

                   Qué admirable 
                   el que no piensa ´la vida huye´  
                   cuando ve un relámpago

escribió Basho. Admirables los que están en el tiempo sin pensar en él. 




En Teoría de la gravedad, Libros del Asteroide, Barcelona, España, primera edición 2019 / Publicado en el diario El País de España el 2 de enero de 2018 / 
Leila Guerriero (Junín, provincia de Buenos Aires, 17 de febrero de 1967) / Escritora, periodista y editora argentina / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-

martes, 23 de enero de 2024

AMY HEMPEL El regocijo de tu corazón

Biblioteca Taller CB 23 01 2024



EN LA BAÑERA 

     El corazón... creí que se me paraba. Así que me subí al coche y puse rumbo a Dios. Pasé por delante de dos iglesias ante las que había coches aparcados. Después paré en una tercera porque nadie había aparcado allí. 
     Ocurrió a primera hora de la tarde, a mediados de semana. Elegí un banco de las filas centrales. Episcopal o metodista, eso daba lo mismo. Estaba tan silenciosa como cabe esperar de una iglesia. 
     Pensé en lo que sentí cuando me dio la larga parada cardiaca, y en el desorden de los latidos que vinieron después, cuando se precipitaron para llenar el espacio vacío. Sentada allí, bajo la alta riostra de la silenciosa vidriera, me puse a escuchar.


     En la parte trasera de mi casa, ante la claridad que trasluce la puerta corredera de cristal, puedo mirar el porche. En el porche hay margaritas y suculentas sembradas en macetas de barro rojo. Una de las macetas está vacía. Es poco profunda, pero ancha, y está llena de agua, como una pila para que los pájaros se bañen en ella. 
     Mi gata suele adormecerse encima de la jardinera de la ventana. Su barbilla gris está empolvada con la pelusa iridiscente de las alas de mariposa. Si doy un golpe suave en el cristal, la gata no levanta la mirada. 
     El sonido que hago no es una señal para la comida. 
     De niña, me escapaba por las noches. Me estrechaba a los setos y me fundía con las sombras de los árboles. Iba a un solar en construcción que había cerca del lago. Cogía la cuba de una hormigonera, la arrastraba hasta la orilla y me sentaba dentro, como si fuera el platillo de una taza. Con la ayuda de un remo robado la empujaba hacia el agua y me pasaba horas flotando, sin oír ruido alguno. 
     La pila para pájaros tiene la misma forma que aquella cuba.


     Me miro las uñas bajo la luz cruda del cuarto de baño. El miedo aparecerá en forma de onda en la base. Tardará un par de semanas en manifestarse. 
     Echo el pestillo y dejo que la bañera se llene. 
     En realidad, la mayor parte del tiempo no lo oyes. Una pulsación es algo que se siente. Aunque estés en silencio. A veces la oyes de noche, cuando apoyas la cabeza en la almohada. Pero sé de un lugar donde puede oírse incluso mejor que en la almohada. 
     Solo tienes que hacer esto: te metes poco a poco dentro de una bañera llena de agua. Te sientas con cuidado. Te recuestas y esperas a que las ondas desaparezcan. Después respiras hondo, deslizas la cabeza dentro del agua y escuchas el regocijo de tu corazón.




En Cuentos completos, Seix Barral, Editorial Planeta, Barcelona, 2023 / Traducción del inglés por Silvia Barbero e Inga Pellisa /
Amy Hempel (Chicago, Estados Unidos, 14 de diciembre de 1951) / Fotos: jmp / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.-