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viernes, 28 de julio de 2017

Vladimir Nabokov, En el viejo puente



LA GOLONDRINA

Una vez, al atardecer,
estábamos juntos en el viejo puente.
Te pregunté: ¿Ahí, ves, de aquella golondrina
te acordarás hasta la muerte?
Y me contestaste: ¡Claro, seguramente!

¡Y cómo, de repente, sollozamos juntos!
¡Cómo gritó la vida en su vuelo rasante!
“¡Hasta mañana, hasta siempre, hasta la muerte!”.
Una vez, en el viejo puente.






Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski. Archivo personal Jmp.
Foto familiarJmp, circa 1980. 
Vladimir Nabokov (Rusia, 22 de abril de 1899 – Suiza, 2 de julio de 1977).

lunes, 22 de mayo de 2017

Vladimir Maiakovski, Soy poeta, y esperaba el futuro


AMOR


Tal vez,
          quizá,
                  alguna vez,
por el camino de una alameda del zoológico,
entrará también ella.
Ella,
     ella también amaba a los animales,
y sonriendo llegará,
                           así como está,
                                               en la foto de la mesa.
Ella es tan hermosa,
a ella con seguridad la resucitarán.
Vuestro siglo XXX
                          vencerá,
al corazón destrozado por las pequeñeces.
Ahora,
          trataremos de terminar,
todo lo que no hemos podido amar en la vida,
en innumerables noches estrelladas.
¡Resucitadme,
                     aunque más no sea,
                                                 porque soy poeta,
y esperaba el futuro,
luchando contra las mezquindades de la vida cotidiana!
¡Resucitadme,
                     aunque más no sea por eso!
¡Resucitadme!
                     Quiero acabar de vivir lo mío,
                                                                mi vida
para que no exista un amor sirviente,
ni matrimonios, sucios,
                         sucios,
                                  concupiscentes,
Maldiciendo la cama,
                               dejando el sofá,
alzaré por el mundo,
                              un amor universal.
Para que el día,
                       que el dolor degrada,
cambie,
y no implorar más,
                            mendigando,
y al primer llamado:
                              ¡Camarada!
se dé vuelta toda la tierra.
Para no vivir,
sacrificándose por una casa, por un agujero.
Para que la familia,
                             desde hoy,
                                             cambie,
el padre,
             sea por lo menos el universo,
y la madre
                 sea por lo menos la Tierra.




Traducción de Lila Guerrero. En: Antología de la poesía universal, CEAL, 1978.
Vladimir Maiakovski (Rusia, 19 de julio de 1893 – 14 de abril de 1930). Foto: Jmp. 

miércoles, 20 de enero de 2016

Joseph Brodsky, Sobre Novogódneie de Marina Tsvietáieva


JOSEPH BRODSKY: SOBRE NOVOGÓDNEIE DE MARINA TSVIETÁIEVA
(Fragmento)

El 7 de febrero de 1927, en Bellevue, en las afueras de Paris, Marina Tsvietáieva terminaba “Novogódneie” (“Felicitación por el Año Nuevo”), que por muchas razones constituye un hito no sólo en la obra de la autora, sino también en el conjunto de la poesía rusa. En cuanto al género, el poema puede considerarse como una elegía, que es el género poético más plenamente desarrollado, clasificación adecuada aun cuando sólo fuese por la concurrencia de ciertas circunstancias, una de las cuales es que se trata de una elegía con ocasión de la muerte de otro poeta.
Cualquier poema “a la muerte de” sirve, generalmente, no sólo como medio por el cual el autor expresa sus sentimientos ante una pérdida, sino también como pretexto para especulaciones más o menos generales sobre la muerte en sí misma. Al llorar su pérdida, —un ser amado, un héroe nacional, un amigo íntimo o una luz orientadora—, a veces el autor llora al mismo tiempo, ya sea directa, o indirectamente, a menudo de manera inconsciente, por sí mismo, porque la vena trágica es siempre autobiográfica. En otros términos, todo poema “a la muerte de” es, en cierto sentido, autobiográfico. Este aspecto es simplemente inevitable si el objeto del lamento es un escritor a quien el autor estaba unido por vínculos, reales o imaginarios, demasiado fuertes como para poder eludir la tentación de identificarse con el tema del poema. En esta lucha por resistir semejante tentación, el autor choca con el obstáculo que interpone su sentido de asociación profesional, cierta exaltación que es afín al tema de su propia muerte, y por último, la experiencia puramente personal y privada de la pérdida : algo importante le ha sido arrebatado, y habrá que establecer una relación con este hecho. Acaso, el único inconveniente de estos sentimientos absolutamente naturales y, por lo demás, respetables, estriba en que nos ofrecen más datos acerca del autor y de su actitud respecto de su posible muerte, que acerca lo realmente sucedido con la otra persona.
Por otro lado, aunque el poema no es un artículo periodístico, muchas veces la música trágica de un poema nos informa con mayor precisión acerca de lo que ocurre, que una descripción detallada. No obstante, es difícil y muy delicado a veces reprimir el sentimiento cuando, respecto a este tema, el autor adopta la misma actitud que un espectador ante un escenario, y cuando su propia reacción (lágrimas, no aplausos) tiene para él consecuencias mayores que el horror de lo que se representa. En el mejor de los casos él se limita a ser aquel quien observa todo desde la primera fila. (…)



Traducción de Irina Bogdaschevski (Belgrado, ex Yugoslavia, 1927 - La Plata, Argentina, 14 de enero de 2016).
Marina Tsvietáieva (Rusia, 26 de septiembre de 1892 – 31 de agosto de 1941).
Joseph Brodsky (Rusia, 24 de mayo de 1940 – EEUU, 28 de enero de 1996).
Fotos: Tsvietáieva y Brodsky. 

jueves, 14 de enero de 2016

Vladimir Maiakovski, Una sola estrella


¡ESCUCHEN!

¡Escuchen!
Si encienden a las estrellas, —
quiere decir, ¿que alguien lo necesita?
Quiere decir, ¿alguien quiere que existan?
Quiere decir, ¿que alguien llama perlas a esos escupitajos?
Y esforzándose
entre ventiscas de polvo meridional
irrumpe a lo de Dios,
teme haberse retrasado,
llora,
le besa la mano nudosa,
le pide —
¡que aparezca con seguridad la estrella!,
y jura —
¡que no podrá soportar el dolor por falta de ella!
Y luego
anda angustiado,
pero tranquilo en apariencia.
Le dice a alguien:
“¿Pues, ahora, no te sientes mal?”
“¿No tienes miedo?”
“¿No?”
¡Escuchen!
Si a las estrellas,
las encienden,
quiere decir, ¿qué alguien lo necesita?
Quiere decir, — es indispensable
que cada atardecer
por encima de los techos
¿¡se encendiera por lo menos una sola estrella!?

1914


Versión de Irina Bogdaschevski (Belgrado, ex Yugoslavia, 1927 - La Plata, Argentina, 14 de enero de 2016).
Vladimir Maiakovski (Rusia, 19 de julio de 1893 – 14 de abril de 1930).

jueves, 8 de octubre de 2015

Serguei Esenin, No te aflijas



HASTA LUEGO…

¡Hasta luego, amigo mío, hasta siempre!
Querido, en mi pecho siento tu latir…
La separación destinada por el tiempo
promete el reencuentro en el porvenir.

Hasta luego, amigo mío, sin mano, sin palabras,
no te aflijas, no guardes rencor,
morir no es nuevo en esta vida,
pero tampoco es más nuevo vivir.

Diciembre de 1925.


Es el 27 de diciembre de 1925, y Esenin, solo en un hotel de Leningrado, se corta las venas y escribe, con sangre, su último poema.
En: “Diez poetas rusos del Siglo de Plata, Blok, Pasternak, Maiakovski y otros”, CEAL, 1983. Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski. 
Serguei Esenin (Rusia, 1895 – 1925).  Foto: SE en 1914. 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Boris Pasternak, La vela ardía sobre la mesa


LA NOCHE DE INVIERNO

La ventisca barría toda la tierra,
y los confines todos.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Como enjambre de moscas en el verano,
atraídas por el fuego,
así se juntaban los copos de nieve
en la ventana.

La ventisca pegaba sobre el cristal
círculos y flechas.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Al cielorraso iluminado
caían las sombras.
Brazos cruzados, piernas cruzadas,
y los destinos cruzados.

Y caían dos zapatitos
al piso, con ruido.
Y goteaban lágrimas de cera
desde el candil al vestido.

Y todo se perdía en la nevada bruma
canosa y blanca.
La vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.

Del rincón el aire movía la llama,
y el ardor de la tentación,
como un ángel, dos alas grandes
alzaba cruciformes.

La ventisca barría todo febrero,
y frecuentemente
la vela ardía sobre la mesa,
la vela ardía.



Poema incluido en la novela Doctor Zhivago, 1957. En: “Diez poetas rusos del Siglo de Plata, Blok, Pasternak, Maiakovski y otros”, CEAL, 1983. Traducción directa del ruso: Irina Bogdaschevski.
Boris Pasternak (Moscú, Rusia, 1890 – Peredélkino, 1960). Foto: BP en 1948.

viernes, 2 de octubre de 2015

Vladímir Maiakovski, Un nocturno con caños de desagüe



¿Y USTED PODRÍA?


Barrí de golpe el mapa cotidiano,
echando la pintura de un vaso;
mostré en la fuente con gelatina
los pómulos oblicuos del océano.
En las escamas del pez de hojalata  
leí llamados de labios nuevos.
Y usted,
¿podría tocar
un nocturno
con la flauta de los caños de desagüe?

1913


En: “Sobre los poetas y otros poemas”, CEAL, 1988. Traducción: Irina Bogdaschevski.
Vladímir Maiakovski (Rusia, 19 de julio de 1893 – 14 de abril de 1930). 

viernes, 28 de agosto de 2015

Arseni Alexandrovich Tarkovski, Allí, al margen del mundo


DÍA DE INVIERNO

Lo he soñado y ahora sueño,
y lo soñaré también alguna vez,
todo volverá a ser y llegará a encarnarse
para que usted sueñe lo que yo soñé.

Allí, al margen del mundo, a nuestro costado
la ola sigue a otra ola para batir la orilla,
sobre su cresta están el pájaro, el hombre, la estrella,
y la realidad, sueños, la muerte, oleada tras oleada.

He sido, estoy y estaré, no necesito fechas ni guarismos.
La vida es milagro de los milagros, y en su regazo
como a un huérfano, me coloco a mi mismo.

Sólo entre los espejos, en su cerco, como chispazos
se reflejan mares, ciudades y brillan entre los efluvios.
Y la madre llorando pone al niño en su regazo.


En revista de poesía de las cuatro estaciones “El espiniyo”, número 2, invierno de2005. Director: José María Pallaoro. Poema escrito en 1980. Versión especial para El espiniyo de Irina Bogdaschevski (Belgrado, 1927).
Arseni Alexandrovich Tarkovski (Rusia, 25 de junio de 1907 – 27 de mayo de 1989).