martes, 25 de octubre de 2022
MERY YOLANDA SÁNCHEZ En los labios de los muertos
martes, 18 de mayo de 2021
GIOVANNI QUESSEP Alguien me nombra
MIENTRAS CAE EL OTOÑO
Nosotros esperamos
envueltos por las hojas doradas.
El mundo no acaba en el atardecer,
y solamente los sueños
tienen su límite en las cosas.
El tiempo nos conduce
por su laberinto de hojas en blanco
mientras cae el otoño
al patio de nuestra casa.
Envueltos por la niebla incesante
seguimos esperando:
La nostalgia es vivir sin recordar
de qué palabra fuimos inventados.
EPITAFIO DEL POETA ADOLESCENTE
Conoció
a una muchacha
Bella
como la palma del templo de Delos
Cambió
su nombre por el de Ulises
Navegante
y encantador
Y en
las islas innumerables
Apenumbró
su corazón la flor del olvido
Lo
sorprendió la muerte
Cuando
trataba de contar la Odisea
QUIEN AMA LA PENUMBRA MELODIOSA
La desdicha
me acerca a mi destino
y a mi
naturaleza verdadera,
la
desdicha, que hace fantasía y palabras
del
telar rumoroso de la vida.
Esperanzas
no tengo si no es en la leyenda,
vive
el poeta a solas y su canto es su cielo
Quien
ama la penumbra melodiosa
despertará
del polvo entre alas y violetas.
Por eso
quiero estar tan solo como nunca
y ver
las maravillas de la muerte:
Afuera
hay un jardín y alguien, en sueños,
me da
un ramo de flores y se aleja cantando.
ALGUIEN ME NOMBRA
Sólo
en el alba escucho un canto,
un ala
de los bosques
que
podrían ser la dicha,
la
redención acaso.
Sólo en
la penumbra
que
hace la palma bajo el aire celeste
alguien
me nombra, y pienso entonces
que no
todo he perdido de la vida.
Siquiera
hay una música que me ama,
y
existo para alguien, para un azul o reino solitario,
pero
es fiel mi demonio y torna el sufrimiento,
mi
pasión en los valles de la nieve.
ALGUIEN SE SALVA POR ESCUCHAR AL RUISEÑOR
Digamos que una tarde
El ruiseñor cantó
Sobre esta piedra
Porque al tocarla
El tiempo no nos hiere
No todo es tuyo olvido
Algo nos queda
Entre las ruinas pienso
Que nunca será polvo
Quien vio su vuelo
O escuchó su canto
En
Antología de la poesía Hispanoamericana.
Selección, prólogo y notas de Juan Gustavo Cobo Borda, Fondo de Cultura Económica,
México, primera edición 15 de julio de 1985
Giovanni
Quessep (San Onofre, Sucre, Colombia, 6 de enero de 1939) / Foto: jmp
viernes, 5 de junio de 2020
CAROLINA DÁVILA La suerte está en lo quieto
viernes, 30 de marzo de 2018
Piedad Bonnett, Como el molusco los poetas tenemos una belleza extraña, que atrae y que repugna
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas.
los poetas tenemos una belleza extraña,
que atrae y que repugna.
Nos gusta el fondo amargo de las aguas,
y en las profundidades vivimos, respiramos,
escondidos debajo de las conchas calcáreas
y a menudo aferrados a las piedras.
Cada tanto,
un elemento extraño nos invade,
se enquista en nuestra entraña
y comienza a crecer.
Una hermosa señal de que no estamos solos,
de que somos del mundo, para el mundo.
Amamos esa masa que crece en nuestros vientres,
que se hace dura y bella a expensas de lo blando.
La cerrazón asfixia, sin embargo.
Por eso nos abrimos y expulsamos
esas íntimas lágrimas,
casi siempre imperfectas.
Lo oscuro pare luz, y eso consuela.
Es, en verdad, un animal sin gracia,
como su nombre.
En el fondo de los grandes océanos,
inmóvil, blando, amorfo,
permanece,
condenado a la arena,
y ajeno a la belleza que encima de su cuerpo
despliega el mar.
cuando el pepino de mar huele la muerte
en el depredador que lo amenaza,
expele
sino el racimo entero de sus vísceras,
que sirven de alimento a su enemigo.
huye el pepino de aquello que amenaza con dañarlo.
Para sobrevivir queda vacío.
muda de ser.
Y poco a poco,
sus entrañas
se recomponen.
Y vuelve a ser, en letargo de sal,
una entidad en paz que vive a su manera.
Otra vez miras todo con mirada reciente,
y llenas tus pulmones con el aire gozoso.
Ya no lloras.
El mundo, de momento, no te duele.
Todo es tibio esta vez, caricia pura,
como una prolongada primavera.
Ignoras
mi útero vacío, mi sangrado.
Desconoces
que el grito de dolor de parturienta
va hacia adentro y se asfixia, sofocado,
para que no trastorne
el silencio que ronda por la casa
como una mosca azul resplandeciente.
Mis manos ya no pueden cobijarte.
Sólo decirte adiós como los días
en que al girar, ansioso, tu cabeza,
mi sonrisa se abría detrás de la ventana
para encender la tuya. Cuando todo
era sencillo transcurrir, no herida,
ni extraña expuesta, ni desgarradura.
ha entrado una monja que se persigna apenas se sienta,
una muchacha de una belleza dolorosa,
un hombre de negocios en cuyos zapatos relucientes
podríamos mirarnos mientras nos cepillamos los dientes,
un niño con un letrero colgado al cuello,
una vieja celebridad de la tele.
Ni aún así, en caso de emergencia,
podríamos salvarnos.
viernes, 4 de marzo de 2016
Yadi María Henao, Con absoluta eficacia
domingo, 28 de junio de 2015
Gonzalo Arango, Los Nadaístas invadieron la ciudad como una peste
de los bares saxofónicos al silencio de los libros
de los estadios olímpicos a los profilácticos
de las soledades al ruido dorado de las muchedumbres
de sur a norte
al encenderse de rosa el día
hasta el advenimiento de los neones
y más tarde la consumación de los carbones nocturnos
hasta la bilis del alba.
porque no hay sitio para él en el mundo
no está triste por eso
le gusta vivir porque es tonto estar muerto
o no haber nacido.
está marcado por el dolor de esta pregunta
que sale de su boca como un vómito tibio
de color malva y emocionante pureza:
“¿Por qué hay cosas y no más bien Nada?”
Este signo de interrogación lo distingue
de otras verdades y de otros seres.
lleva encima su color que lo define revolucionario
como es propia la liquidez del agua
del hombre ser mortal
del viento ser errante
del gusano arrastrarse a su agujero
de la noche ser oscura como un pensamiento
sin porvenir.
en los resplandores de los incendios
en el asesinato de la belleza
en el suicidio eléctrico del pensamiento
en las violaciones de las vírgenes
o simplemente en el barrio pobre de los tintoreros.
como un cielo lleva su estrella
como un semáforo produce su luz intermitente
de catástrofe
como una envoltura de “pall-mall”
perfumando su pecho de adolescente.
es un eclipse bajo los neones pálidos
y los alambres del telégrafo
es, en el estruendo de la ciudad
y entre sus rascacielos,
el asombro de una flor teñida de púrpura
en los desechos de la locura.
mira los objetivos con ojos tristes de aniversario
es el terror de los retóricos
y los fabricantes de moral
es sensitivo como un gonococo esquizofrénico
inteligente como un tratado de magia negra
ruidoso como una carambola a las dos de la mañana
amotinado como un olor de alcantarillo
frívolo como un cumpleaños
es un monje sibarita que camina sin temblor
a su condenación eterna
sobre zapatos de gamuza.
electrónicos del jazz
y las velocidades a contra-reloj
corazón de rayo de voltio que estalla
en el parabrisas de un Volkswagen
deseando la mujer de tu prójimo.
jugar billar-pool en las noches inagotables
brindar ron en honor a su existencia
estirarse en los prados bajo las lunas metálicas
no pensar
no cansarse
no morirse de felicidad
ni de aburrimiento.
que gira con radar en los vagos cielos vacíos.
No es nada pero es un Nadaísta
¡Y está salvado!
miércoles, 13 de noviembre de 2013
José Asunción Silva y Eduardo Darnauchans, cápsulas
CÁPSULAS
del amor de Aniceta, fue infeliz.
Pasó tres meses de amarguras graves,
y, tras lento sufrir,
se curó con copaiba y con las cápsulas
de Sándalo Midy.
Enamorado luego de la histérica Luisa,
rubia sentimental,
se enflaqueció, se fue poniendo tísico
y al año y medio o más
se curó con bromuro y con las cápsulas
de éter de Clertán.
Luego, desencantado de la vida,
filósofo sutil,
a Leopardi leyó, y a Schopenhauer
y en un rato de spleen,
se curó para siempre con las cápsulas
de plomo de un fusil.
miércoles, 16 de enero de 2013
Giovanni Quessep, dos poemas
el ruiseñor cantó
sobre esta piedra
porque al tocarla
el tiempo no nos hiere
no todo es tuyo olvido
algo nos queda
Entre las ruinas pienso
que nunca será polvo
quien vio su vuelo
o escuchó su canto
Nuestra historia resulta semejante
A la de esa muchacha maravillosa que penetró en el espejo
Estuvo siempre a punto de desaparecer
Pero ninguno pronunció la fórmula que la devolviera al polvo
Ni Tweedledum ni Tweedledee ni
Que lo único que tenía que hacer era despertarse
Tal vez somos un cuento
Tal vez sin que nunca nos percatemos
La nave de Ulises
O el ruiseñor de Keats
(Ese pájaro no destinado a la muerte)
Digamos entonces que lo que ha sido un canto de
Continuará siendo nosotros
Sin dejar de ser por eso el país de las maravillas
Y alguien podrá reconocemos
Al escuchar la historia no escrita todavía
En la historia castillo la historia luna múltiple
En la historia juguete destruido
La historia en fin cuando pasó una nube sobre Alicia
Tal vez somos la sombra de ese azul en su mano
Giovanni Quessep, dos poemas
Destino de la hiedra
que va aferrada al tiempo, al blanco muro:
penetrar en la piedra
y revelar los lirios de lo oscuro.
¿Qué silencios persigue?
¿De qué músicas huye?
¿No hay ala que hacia el cielo la desligue?
Vuela un pájaro en torno, el agua fluye.
Jardín final: al cielo
renuncia el girasol que se desdora.
Perdida en su desvelo
el agua
Todo ha sido cantado;
quizá un tapiz se teje en el pasado.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Federico Díaz-Granados – Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida
Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida.
No he sabido cuando salen, cuando entran,
en qué estación desconocida descansan sus miserias.
Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos
quejándose de mi tristeza,
en algunas temporadas se han quejado de humedad
de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.
Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida
y el patio queda nuevamente solo
en este hotel de paso donde siempre es de noche.
No creo en retornos
pero este amargo corazón de casas viejas y calles rotas
late en cada regreso
sin gestos ni ademanes
y sabe que el mundo es un mal lugar para llegar
Y se regresa a escribir un poema que trate de una muchacha en un aeropuerto
que espera un avión de quién sabe dónde
o escribir sobre la carta que nunca recibí aquel sábado
escuchando el viejo cassette con mis nostalgias favoritas
o sobre los versos robados a Salinas, Borges, Walcott
y las tardes de sol en el estadio de fútbol
No creo en los regresos
pero este seco corazón de otros días canta a destiempo
sobre el cielo que quema el nombre que una mujer
que amé
No creo en retornos
pero mi vocación de viajero hace que siempre que
parto hacia la intemperie en el mundo
deje, como en mis días de boy scout, piedritas y migas
de pan
para no perder el camino de regreso a tu cuerpo.
En: “Poesía ante la incertidumbre, antología de nuevos poetas en español”, El suri porfiado / Visor, 2011.
Federico Díaz-Granados (Bogotá, Colombia, 1974)
Poeta, ensayista y divulgador cultural. Ha publicado los libros de poesía: Las voces del fuego (1995); La casa del viento (2000) y Hospedaje de paso (2003). Preparó las antologías de nueva poesía colombiana Oscuro es el canto de la lluvia (1997), Inventario a contraluz (2001), Doce poetas jóvenes de Colombia (1970-1981) y Antología de poesía contemporánea de México y Colombia (2011). Es coautor de El amplio jardín (Antología de poesía joven de Colombia y Uruguay, 2005). En el año 2009 le fue concedida la Beca Álvaro Mutis en la Casa Refugio Citlaltépetl en México. Forma parte del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Bogotá.
Leen los poetas de Poesía ante la incertidumbre: Fernando Valverde (España), Alí Calderón (México), Raquel Lanseros (España), Federico Díaz Granados (Colombia), Carlos Aldazábal (Argentina), Jorge Galán (El Salvador) y Ana Wajszczuk (Argentina).
Anfitriones: Julián Axat y José María Pallaoro.










