Mostrando entradas con la etiqueta Poesía colombiana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Poesía colombiana. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de octubre de 2022

MERY YOLANDA SÁNCHEZ En los labios de los muertos



EN QUÉ PENSASTE 

Qué pensaste cuando al cerrar los ojos dejaste la carga de tu silencio en mil cuerpos. Cuando descargaste tus vísceras en el baño y te sentiste liviano y liberado de las quejas que eructa la tierra. En tu rostro quedaron señales, miradas pasadas y ajenas. Habrá crecido en ti la cicatriz que resalta la arruga pedazos del juego en la mitad del poniente. Ya ni siquiera eres un hombre común, ni sabrás nunca de los que se han ido después de ti. No imaginarás las cartas que mordemos detrás del muro, ni cómo aprendemos a separar consonantes y evitar adjetivos, porque en los labios de los muertos, la verdad es un error más.


EL INVENTARIO 

Te hicieron viejo siete puntos en la cabeza. A pesar de las lluvias que silencio son, volverás para señalar tu espejo con un círculo sobre el blanco de tu piel. Desafiarás a los que buscaron tu cuerpo para guardar una culpa más y recuperar la sonrisa entre la sangre de tu rostro.


LA FRONTERA 

Preguntan y no esperan las respuestas. Lloran en las calles, frente a las obras de arte lloran. Lloran de perfil ante las listas de los desaparecidos. Están aquí y allá. Después del horror pendulan un halo del abismo en diagonal a la razón. Ya no firman las crónicas ni registran sus pertenencias. Son de aire sus pasos y de salsa parece su vaivén.


LOS OTROS 

No alcanzaron a sentir miedo. Cuando los cortaron el dolor llegó primero, la boca de la bota en la cara. Pronto el susurro de la sierra fue lejano. Un pajarito almorzó los pecados de las vísceras. 

Sus sombras siguen y recogen los sombreros que atajó el viento. 

Las mujeres orinan cualquier lugar. 

Los niños se volvieron ancianos amarrados a los alambres de púa. 

Tres territorios debajo de las carcajadas de los asesinos. 

Y sus sombras también son perseguidas, señaladas y marcadas desde los pájaros metálicos, dueños del cielo.


SUERTE DEL SILENCIO 

Los homicidas de un suicida tienen fortuna. Nunca se sabe de sus rostros, aunque se hacen necesarios para el concierto de culpas. Al Estado no le importan los suicidas, la Iglesia los destierra. Los suicidas se llevan las mejores conclusiones.


EL REGRESO 

Una extraña atmósfera le determina la vida. Un olor denso y pesado, nunca antes presentido, se cuela por el vestido y se esconde entre el ombligo. 

Sí, sacaron al muerto, pero su olor se instaló en las axilas de la noche, en los pliegues del pañuelo en desuso; se mantuvo ocho días entre las subidas y bajadas de los inquilinos. Tal vez, Dios también utilizó el ascensor inhalando su propio sabor. Es la costumbre de dormir entre el incienso.


LA GUARDILLA 

Dos cuerpos se necesitan 
se dicen desde los poros. 
Enredados en barrotes de humo 
escriben país en las paredes de la guerra. 


LUGAR TRES 

Recostada sobre su brazo derecho, en el borde de las cosas, ve pasar razones de papel. Una mosca lee su pierna izquierda, ella construye pedales para sus horas de quince sueños. Se mece, no puede decidir para dónde dejarse caer: a lado y lado la esperan monstruos que vomitan la sangre de las orquídeas.


PATIO 

Una mano fría trata de entregarme 
la salida. 
La mujer que asesiné hace tiempo, 
lava sus ropas con la sangre de mi boca.


AVIONES 

Anoche 
mientras comía metáforas 
un mirage 
rondaba mi casa. 

Esta mañana 
no pude salir 
el ala del mirage 
estorba en mi puerta. 


CARTA A CARLOS IVÁN 

Pienso en ti 
para contestar 
el saludo a mis muertos. 

Pienso en ti 
para olvidar la rumba 
donde los disparos 
son la partitura 
del himno nacional.


ENTRE MIS HORAS MUERTAS 

Ayer traté de buscarte 
en las horas muertas 
de mi escritorio. 
Te busqué en la ciudad que me habita 
pero a lo lejos una detonación 
me mostró el vacío de la multitud.


PERIÓDICO VIEJO 

Cuando ya no importa 
que los muertos se mojen 
es fácil cubrirnos de la lluvia 
con un periódico viejo 
las manchas de las noticias 
se deslizan por el cuello 
dejando nombres propios en la piel. 

Recorremos el invierno 
atragantados con los mismos titulares 
de ayer, de mañana y cien años más 
con un hombre inmóvil en cada semáforo 
como última señal 
de que estamos cambiando de piel.


LUGAR DE HIERBA 

En las oraciones el olor a huesos es la memoria de risas y afanes. Detrás de los muros la tierra espera nacer en manos de hortalizas


En Un día maíz, Editado por el Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia en febrero de 2010 / Selección: jmp / Foto: Mery Yolanda Sánchez y José María Pallaoro, por Lucrecia Handula / X Festival Internacional de VaPoesía, Teatro Asociación Bancaria, Buenos Aires, lunes 24 de octubre de  2022 / 
Mery Yolanda Sánchez (Guamo, Tolima, Colombia, 1956) / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller.-

martes, 18 de mayo de 2021

GIOVANNI QUESSEP Alguien me nombra


         MIENTRAS CAE EL OTOÑO


Nosotros esperamos
envueltos por las hojas doradas.
El mundo no acaba en el atardecer,
y solamente los sueños
tienen su límite en las cosas.
El tiempo nos conduce
por su laberinto de hojas en blanco
mientras cae el otoño
al patio de nuestra casa.
Envueltos por la niebla incesante
seguimos esperando:
La nostalgia es vivir sin recordar
de qué palabra fuimos inventados.

 

 

         EPITAFIO DEL POETA ADOLESCENTE

 

Conoció a una muchacha

Bella como la palma del templo de Delos

Cambió su nombre por el de Ulises

Navegante y encantador

Y en las islas innumerables

Apenumbró su corazón la flor del olvido

Lo sorprendió la muerte

Cuando trataba de contar la Odisea

 

 

         QUIEN AMA LA PENUMBRA MELODIOSA

 

La desdicha me acerca a mi destino

y a mi naturaleza verdadera,

la desdicha, que hace fantasía y palabras

del telar rumoroso de la vida.

 

Esperanzas no tengo si no es en la leyenda,

vive el poeta a solas y su canto es su cielo

Quien ama la penumbra melodiosa

despertará del polvo entre alas y violetas.

 

Por eso quiero estar tan solo como nunca

y ver las maravillas de la muerte:

Afuera hay un jardín y alguien, en sueños,

me da un ramo de flores y se aleja cantando.

 

 

         ALGUIEN ME NOMBRA

 

Sólo en el alba escucho un canto,

un ala de los bosques

que podrían ser la dicha,

la redención acaso.

 

Sólo en la penumbra

que hace la palma bajo el aire celeste

alguien me nombra, y pienso entonces

que no todo he perdido de la vida.

 

Siquiera hay una música que me ama,

y existo para alguien, para un azul o reino solitario,

pero es fiel mi demonio y torna el sufrimiento,

mi pasión en los valles de la nieve.

 

 

         ALGUIEN SE SALVA POR ESCUCHAR AL RUISEÑOR

Digamos que una tarde
El ruiseñor cantó
Sobre esta piedra
Porque al tocarla
El tiempo no nos hiere
No todo es tuyo olvido
Algo nos queda
Entre las ruinas pienso
Que nunca será polvo
Quien vio su vuelo
O escuchó su canto

 

 

En Antología de la poesía Hispanoamericana. Selección, prólogo y notas de Juan Gustavo Cobo Borda, Fondo de Cultura Económica, México, primera edición 15 de julio de 1985

Giovanni Quessep (San Onofre, Sucre, Colombia, 6 de enero de 1939) / Foto: jmp


viernes, 5 de junio de 2020

CAROLINA DÁVILA La suerte está en lo quieto




POSTAL DE CITY BELL

Ignoran la furia del viento
los árboles se abrazan
y el sol se desangra brillante
por los agujeros

El tren no pasa
el paso del tren es una sucesión de imágenes

El niño en la bicicleta no se mueve,
pero su imagen tras su imagen
así mil veces
alcanza el umbral donde el perro aguarda

El perro o la imagen del perro
el umbral o la imagen del umbral

Cuando indagaste contesté:
“No es la felicidad, es su retrato
la suerte está en lo quieto”


SEÑALES DE PISTA

No es una virtud permanecer
         hastiar, hastiarse

Es por eso que iniciado
el viaje no termina

A los otros les llegan pistas
                  breves notas

no las manos, no el vientre
menos el cuerpo entero
y sus espasmos

El viaje consiste en descubrir
que se es triste
                  se es solo
                           y siempre se está lejos

El viaje consiste en descubrir
cuánta inutilidad esconde el movimiento



 

En revista Puesto de Combate, Bogotá, Colombia, número 78, año XXXX, 2012
Carolina Dávila (Bogotá, Colombia, 1982)
Foto: jmp

viernes, 30 de marzo de 2018

Piedad Bonnett, Como el molusco los poetas tenemos una belleza extraña, que atrae y que repugna



LAS CICATRICES 

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son  las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas. 


PERLAS

Como el molusco
los poetas tenemos una belleza extraña,
que atrae y que repugna.
Nos gusta el fondo amargo de las aguas,
y en las profundidades vivimos, respiramos,
escondidos debajo de las conchas calcáreas
y a menudo aferrados a las piedras.
Cada tanto,
un elemento extraño nos invade,
se enquista en nuestra entraña
y comienza a crecer.
Una hermosa señal de que no estamos solos,
de que somos del mundo, para el mundo.
Amamos esa masa que crece en nuestros vientres,
que se hace dura y bella a expensas de lo blando.
La cerrazón asfixia, sin embargo.
Por eso nos abrimos y expulsamos
esas íntimas lágrimas,
casi siempre imperfectas.
Lo oscuro pare luz, y eso consuela.


LECCIÓN DE SUPERVIVENCIA

Nada hay de bello en el pepino o carajo de mar.
Es, en verdad, un animal sin gracia,
como su nombre.
En el fondo de los grandes océanos,
inmóvil, blando, amorfo,
permanece,
condenado a la arena,
y ajeno a la belleza que encima de su cuerpo
despliega el mar.

Se sabe que
cuando el  pepino de mar huele la muerte
en el depredador que lo amenaza,
expele
no solo su intestino
sino el racimo entero de sus vísceras,
que sirven de alimento a su enemigo.

Con un limpio ritual
huye el pepino de aquello que amenaza con dañarlo.
 
Para sobrevivir queda vacío.

Liviano ya de sí y libre de otros
muda de ser.
Y poco a poco,
sus entrañas
                  se recomponen.
Y vuelve a ser, en letargo de sal,
una entidad en paz que vive a su manera.


FOTOS

Al otro lado del teléfono
mi hermana habla de fiordos, de glaciares,
de rías, de bahías,
de “sastrugis”
(que son dunas de nieve).
No puedes –dice- ni imaginar los matices del blanco,
su belleza.
Y anuncia fotos, muchas fotos.
Yo no la decepciono:
también me agito, muestro mi deseo
de ver a su regreso
lo que no alcanzan a decir sus palabras.

No le digo a mi hermana lo que en su fondo sabe:
que lo que quiere atar allá se queda;
que en su maleta
ya se comienza a derretir la nieve;
que no hay segundos tiempos,
que escribimos historias
con flores disecadas y mariposas muertas
que asfixian con su polen nuestros días.

Le digo en cambio
que aquí estoy, esperando su promesa.


EL QUEHACER DEL TRABAJO SUCIO, III

Siete estómagos tiene el poema.
Por cada uno de ellos pasa el bolo
del amargo alimento.
Lo rumian, lo maceran,
lo disuelven.
Finalmente, lo excretan.
A veces –quien creyera-
su materia ilumina.


DESGARRADURA

Otra vez sales de mí, pequeño, mi sufriente.
Otra vez miras todo con mirada reciente,
y llenas tus pulmones con el aire gozoso.
Ya no lloras.
El mundo, de momento, no te duele.
Todo es tibio esta vez, caricia pura,
como una prolongada primavera.
Ignoras
mi útero vacío, mi sangrado.
Desconoces
que el grito de dolor de parturienta
va hacia adentro y se asfixia, sofocado,
para que no trastorne
el silencio que ronda por la casa
como una mosca azul resplandeciente.
Mis manos ya no pueden cobijarte.
Sólo decirte adiós como los días
en que al girar, ansioso, tu cabeza,
mi sonrisa se abría detrás de la ventana
para encender la tuya. Cuando todo
era sencillo transcurrir, no herida,
ni extraña expuesta, ni desgarradura.


EN CASO DE EMERGENCIA

Al vuelo cero cero setenta y ocho
ha entrado una monja que se persigna apenas se sienta,
una muchacha de una belleza dolorosa,
un hombre de negocios en cuyos zapatos relucientes
podríamos mirarnos mientras nos cepillamos los dientes,
un niño con un letrero colgado al cuello,
una vieja celebridad de la tele.
Ni aún así, en caso de emergencia,
podríamos salvarnos.


VOLVER

Abro la puerta de mi casa, enciendo las luces,
saco de mi maleta la ropa sucia, el cepillo de dientes,
los libros recién comprados,
apilo los periódicos de los últimos días, las cuentas,
abro una ventana para ventilar un poco,
y en el reflejo miro, de reojo,
a la recién llegada
que así
sin más ni más
se deshabita.


En Explicaciones no pedidas, Premio de poesía José Lezama Lima, Casa de las Américas, Cuba, 2014.
Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía, Colombia, 1951). Foto: Jmp

viernes, 4 de marzo de 2016

Yadi María Henao, Con absoluta eficacia


NOTICIA

A María Mercedes Carranza

Alzó su capa y montó en su escoba.
Océanos y continentes
vieron a la bruja loca
volar, ebria de amor.
Nada se supo de ella,
hasta que una colisión
contra la luna
fue anunciada en el
New York Times.



TRAVESÍA

Desde todos mis huesos, viajo.
Todavía no llego.

La duda tampoco fue camino.
La melancolía cruza el paralelo del otoño,
el atroz meridiano de la peste.

El sueño de los dioses,
el insomnio del Sahara.

Las plagas del enigma,
la cabeza de la esfinge.

La flecha clavada en el ojo del deseo,
las cerraduras en muros desolados.

El dragón que se apaga
hundido en el mar Rojo.

Las cartas que escribí
en el hotel del infierno.


ACERTIJO

En mi condición de mujer
tres oficios me fueron legados:

Prostituta

Cantante

y Monja

De los tres ejercí dos
con absoluta eficacia.


FUNERALES DE MARÍA

Los periódicos anuncian mi sepelio.

En Posadas de la Atlántida,
Platón lamenta su ideal de sombras.

Me declaro legalmente impedida.

La luz envejece en el recuerdo;
también mi nombre.

La caverna soy yo.


En: “El otoño escribe mi nombre”, Ediciones Extranjera a la intemperie, 2005.
Yadi María Henao (Manizales, Colombia, 1975). Vive en Argentina.
Foto: Yadi María Henao.

domingo, 28 de junio de 2015

Gonzalo Arango, Los Nadaístas invadieron la ciudad como una peste


LOS NADAÍSTAS

Los Nadaístas invadieron la ciudad como una peste:
de los bares saxofónicos al silencio de los libros
de los estadios olímpicos a los profilácticos
de las soledades al ruido dorado de las muchedumbres
                     de sur a norte
al encenderse de rosa el día
hasta el advenimiento de los neones
y más tarde la consumación de los carbones nocturnos
                     hasta la bilis del alba.

Va solo hacia ninguna parte
porque no hay sitio para él en el mundo
                     no está triste por eso
                     le gusta vivir porque es tonto estar muerto
                     o no haber nacido.

Es un nadaísta porque no puede ser otra cosa
está marcado por el dolor de esta pregunta
                     que sale de su boca como un vómito tibio
                     de color malva y emocionante pureza:
                     “¿Por qué hay cosas y no más bien Nada?”
Este signo de interrogación lo distingue
de otras verdades y de otros seres.

El es él como una ola es una ola
lleva encima su color que lo define revolucionario
como es propia la liquidez del agua
                     del hombre ser mortal
                     del viento ser errante
                     del gusano arrastrarse a su agujero
de la noche ser oscura como un pensamiento
                     sin porvenir.

Ha teñido su camisa de revolución
en los resplandores de los incendios
en el asesinato de la belleza
en el suicidio eléctrico del pensamiento
en las violaciones de las vírgenes
o simplemente en el barrio pobre de los tintoreros.

Lleva su camisa roja como un honor
como un cielo lleva su estrella
como un semáforo produce su luz intermitente
                     de catástrofe
como una envoltura de “pall-mall”
perfumando su pecho de adolescente.

El Nadaísta es joven y resplandece de soledad
                     es un eclipse bajo los neones pálidos
                     y los alambres del telégrafo
                     es, en el estruendo de la ciudad
                     y entre sus rascacielos,
                     el asombro de una flor teñida de púrpura
                     en los desechos de la locura.

Tiene el peligro de los labios rojos y los polvorines
mira los objetivos con ojos tristes de aniversario
                     es el terror de los retóricos
                     y los fabricantes de moral
es sensitivo como un gonococo esquizofrénico
inteligente como un tratado de magia negra
ruidoso como una carambola a las dos de la mañana
amotinado como un olor de alcantarillo
                     frívolo como un cumpleaños
es un monje sibarita que camina sin temblor
                     a su condenación eterna
                     sobre zapatos de gamuza.

Sufre el vértigo de los sacudimientos
                     electrónicos del jazz
                     y las velocidades a contra-reloj
corazón de rayo de voltio que estalla
                     en el parabrisas de un Volkswagen
                     deseando la mujer de tu prójimo.
                    
                     Se aburre mortalmente pero existe.

No se suicida porque ama furiosamente fornicar
jugar billar-pool en las noches inagotables
                     brindar ron en honor a su existencia
estirarse en los prados bajo las lunas metálicas
                     no pensar
                          no cansarse
                                no morirse de felicidad
                                      ni de aburrimiento.

Es espléndido como una estrella muerta
      que gira con radar en los vagos cielos vacíos.
          No es nada pero es un Nadaísta
              ¡Y está salvado!


En “Obra negra. Contiene prosas para leer en la silla eléctrica y otras sillas”, Cuadernos Latinoamericanos, Ediciones Carlos Lohlé, 1974.
Gonzalo Arango (Colombia, 1931 – 1976).

miércoles, 13 de noviembre de 2013

José Asunción Silva y Eduardo Darnauchans, cápsulas



CÁPSULAS

El pobre Juan de Dios, tras de los éxtasis
del amor de Aniceta, fue infeliz.
Pasó tres meses de amarguras graves,
y, tras lento sufrir,
se curó con copaiba y con las cápsulas
de Sándalo Midy.

Enamorado luego de la histérica Luisa,
rubia sentimental,
se enflaqueció, se fue poniendo tísico
y al año y medio o más
se curó con bromuro y con las cápsulas
de éter de Clertán.

Luego, desencantado de la vida,
filósofo sutil,
a Leopardi leyó, y a Schopenhauer
y en un rato de spleen,
se curó para siempre con las cápsulas
de plomo de un fusil.



Poema: JAS. Música e interpretación: Darno.
José Asunción Silva (Bogotá, Colombia, 27 de noviembre de 1865 - 24 de mayo de 1896).

Eduardo Darnauchans (Montevideo, 15 de noviembre de 1953 - 7 de marzo de 2007).
Foto: ED.

miércoles, 16 de enero de 2013

Giovanni Quessep, dos poemas



ALGUIEN SE SALVA POR ESCUCHAR AL RUISEÑOR


Digamos que una tarde
el ruiseñor cantó
sobre esta piedra
porque al tocarla
el tiempo no nos hiere
no todo es tuyo olvido
algo nos queda
Entre las ruinas pienso
que nunca será polvo
quien vio su vuelo
o escuchó su canto


POEMA PARA RECORDAR A ALICIA EN EL ESPEJO

Aquí lo legendario y lo real
Nuestra historia resulta semejante
A la de esa muchacha maravillosa que penetró en el espejo
Estuvo siempre a punto de desaparecer
Pero ninguno pronunció la fórmula que la devolviera al polvo
Ni Tweedledum ni Tweedledee ni la Reina ni el Rey Rojo
Que lo único que tenía que hacer era despertarse
Tal vez somos un cuento
Tal vez sin que nunca nos percatemos
La nave de Ulises
O el ruiseñor de Keats
(Ese pájaro no destinado a la muerte)
Digamos entonces que lo que ha sido un canto de la Odisea
Continuará siendo nosotros
Sin dejar de ser por eso el país de las maravillas
Y alguien podrá reconocemos
Al escuchar la historia no escrita todavía
En la historia castillo la historia luna múltiple
En la historia juguete destruido
La historia en fin cuando pasó una nube sobre Alicia
Tal vez somos la sombra de ese azul en su mano 


De: “Duración y leyenda”, 1972.
Giovanni Quessep, San Onofre, Colombia, 31 de diciembre de 1939.

Giovanni Quessep, dos poemas



HIEDRA

Destino de la hiedra
que va aferrada al tiempo, al blanco muro:
penetrar en la piedra
y revelar los lirios de lo oscuro.

¿Qué silencios persigue?
¿De qué músicas huye?
¿No hay ala que hacia el cielo la desligue?
Vuela un pájaro en torno, el agua fluye.




JARDÍN FINAL

Jardín final: al cielo
renuncia el girasol que se desdora.
Perdida en su desvelo
el agua del aljibe da la hora.
Todo ha sido cantado;
quizá un tapiz se teje en el pasado.




De: “Brasa lunar”, 2004. Selección: Jorge Ariel Madrazo.
Giovanni Quessep, San Onofre, Colombia, 31 de diciembre de 1939.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Federico Díaz-Granados – Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida

HOSPEDAJE DE PASO


Nunca he conocido a los inquilinos de mi vida.
No he sabido cuando salen, cuando entran,
en qué estación desconocida descansan sus miserias.
Las mujeres han salido de este cuerpo a los portazos
quejándose de mi tristeza,
en algunas temporadas se han quejado de humedad
de mucho frío, de algún extraño moho en la alacena.
Se marchan siempre sin pagar los inquilinos de mi vida
y el patio queda nuevamente solo
en este hotel de paso donde siempre es de noche.


RETORNOS


No creo en retornos
pero este amargo corazón de casas viejas y calles rotas
late en cada regreso
sin gestos ni ademanes
y sabe que el mundo es un mal lugar para llegar
Y se regresa a escribir un poema que trate de una muchacha en un aeropuerto
que espera un avión de quién sabe dónde
o escribir sobre la carta que nunca recibí aquel sábado
escuchando el viejo cassette con mis nostalgias favoritas
o sobre los versos robados a Salinas, Borges, Walcott
y las tardes de sol en el estadio de fútbol
No creo en los regresos
pero este seco corazón de otros días canta a destiempo
sobre el cielo que quema el nombre que una mujer
que amé
No creo en retornos
pero mi vocación de viajero hace que siempre que
parto hacia la intemperie en el mundo
deje, como en mis días de boy scout, piedritas y migas
de pan
para no perder el camino de regreso a tu cuerpo.

En: “Poesía ante la incertidumbre, antología de nuevos poetas en español”, El suri porfiado / Visor, 2011.
Federico Díaz-Granados (Bogotá, Colombia, 1974)

Poeta, ensayista y divulgador cultural. Ha publicado los libros de poesía: Las voces del fuego (1995); La casa del viento (2000) y Hospedaje de paso (2003). Preparó las antologías de nueva poesía colombiana Oscuro es el canto de la lluvia (1997), Inventario a contraluz (2001), Doce poetas jóvenes de Colombia (1970-1981) y Antología de poesía contemporánea de México y Colombia (2011). Es coautor de El amplio jardín (Antología de poesía joven de Colombia y Uruguay, 2005). En el año 2009 le fue concedida la Beca Álvaro Mutis en la Casa Refugio Citlaltépetl en México. Forma parte del comité organizador del Festival Internacional de Poesía de Bogotá.


El suri porfiado / en La Plata: Presentación el viernes 9 de diciembre, Centro Cultural Islas Malvinas (Calles 19 y 51), 19:30 hs, La Plata.

Leen los poetas de Poesía ante la incertidumbre: Fernando Valverde (España), Alí Calderón (México), Raquel Lanseros (España), Federico Díaz Granados (Colombia), Carlos Aldazábal (Argentina), Jorge Galán (El Salvador) y Ana Wajszczuk (Argentina).
Anfitriones: Julián Axat y José María Pallaoro
.