jueves, 12 de enero de 2017

¿Viste? Para un poeta beatnik siempre hay una opción


REVOLUCIÓN O PIC NIC

Mi mejor amigo
me entregó al enemigo
mi madre se escapó con él
en un Torino rojo como el sol
como mi sangre
como el pimiento de mi corazón 

Un kilo de fierro en una mano
y uno es otro
y sos Caín o sos Abel
y eso si tenés tiempo de elegir
la mayoría no llega
ni a romper el cascarón 

Pero no es por protestar
si siempre ha sido igual
vamos a pescar…

¿Viste? Para un poeta beatnik
siempre hay una opción
revolución o picnic  

Mi canción ha sido
la del gaucho perseguido
un trasnochado perdedor
que aún añora la revolución
o por lo menos la ilusión
de la revolución 

Y vos con paso apresurado
de camino del taller
y yo mirándote embobado
como en un vals de Gardel

y luego los dos de la mano
borrachos disecados
nos despertamos solos otra vez

Pero no es por protestar
si siempre ha sido igual
vamos a pescar…

¿Viste? Para un poeta beatnik
siempre hay una opción
revolución o picnic  


Vals de Acho Estol. La Chicana en Revolución o picnic, 2011. La Chicana es Dolores Solá y Acho Estol.

miércoles, 11 de enero de 2017

Leónidas Lamborghini, El mundo sería un edén con gente blanca de ojos celestes, si es posible, y rubia


LA MORAL DEL BUFÓN

–La verdad del Modelo, es su propia
caricatura, y ésta revela
la mentira de su falsa perfección.

Viéndonos, así, caricaturescos,
nos entendemos: espejo somos,
de lo deforme que el Modelo oculta.

Vida como parodia de la vida,
risible senda en la que el suicidio,
su idea, ronda hasta el bebé.

La mezcla, el remedo y el disfraz
que a nosotros el Modelo inspira,
anuncian, desde siempre, la tragedia.

Desde el reír, lo trágico mirado;
la tragedia que empieza en la parodia,
sigue en caricatura y da en grotesco.

La tragedia que cede su lugar
a esas tres formas y, con ellas,
se confunde en violento carnaval.

En ese albur, es claro, estamos todos;
somos batracios de una misma charca,
con un croar que nos identifica,

el croar de la época: un griterío,
que expresa nuestro horror que causa risa
y nuestra risa que provoca horror.

Así, el torniquete de la historia
sentir nos hace su chiste a carcajadas,
que devolvemos con más locura y crimen.

Y trágicos por cómicos y cómicos
por trágicos, en este laberinto
de horror y risa, sea nuestra guía

la moral del bufón: sus comiqueos.


COMIQUEOS I:
de un accidente

–Esa niña se ahoga mas no es blanca;
es oscura, seguro una ilegal:
traga agua y se la traga el agua.

Estamos padeciendo, esta invasión
de gente sospechosa por su raza
o subraza; gente oscura, sucia.

Está gritando, escuchemos cómo grita,
acaso canta en su salvaje estilo;
chillando está, no oírla es imposible.

Entonces, veámosla, se aferra
a su pequeño salvavidas, su juguete,
con el que entró a flotar en el estanque.

Se agarra y chilla, chapotea, se hunde
y ahora vuelve a salir; en todo caso,
no es culpa nuestra lo que está pasando.

Es culpa de ellos que vienen y se quedan
trasgrediendo la ley de migraciones,
¿qué culpa deberíamos sentir?

El mundo sería un edén con gente blanca  
de ojos celestes, si es posible, y rubia;
pero esta gente del mundo hace un infierno.

Vienen, llegan, se instalan subrepticios,
se esconden, se aprovechan de nosotros,
nos avanzan, acechan nuestra sangre.

¿Qué hacer (ella se ahoga), la salvamos?
¿Intentamos hacerlo?; manotea,
ya no hay tiempo, ha sido un accidente:

ya ha desaparecido bajo el agua.


COMIQUEOS II:
de Santillán:

–Vi a Kosteki caer ensangrentado
y acudí a cubrirlo: caí, como él,
 muerto por la jauría policial.

Ni muertos ni vivos; ahora nos vemos
en la memoria del puente que cortamos,
haciendo memoria como hacíamos pan:

contra el olvido que nos pide paso.


“Nota: La risa canalla incorpora varios comiqueos más a los de Comedieta (de la globalización y el arte del bufón -1995-) y queda –a partir de la presente edición- como título definitivo. L.L.”. Selección: Jmp. En: La risa canalla (o la moral del bufón), Paradiso Ediciones, 2004.
Leónidas Lamborghini (Buenos Aires, 10 de enero de 1927 - 13 de noviembre de 2009). Foto: Jmp.

martes, 10 de enero de 2017

John Berger, Durante los siglos XVIII y XIX, la mayoría de las protestas más directas en contra de la injusticia social se hacían en prosa





     Durante los siglos XVIII y XIX, la mayoría de las protestas más directas en contra de la injusticia social se hacían en prosa. Eran discursos lógicos escritos con el convencimiento de que, llegado el momento, el mundo volvería a entrar en razón, y de que, al fin y al cabo, ésta está del lado de la historia. Hoy esto no está tan claro. No hay nada que garantice ese final. No es muy probable que una era futura de felicidad universal vaya a redimir el sufrimiento del presente y del pasado. El mal es una realidad constante, irradicable. Todo esto significa que la resolución, el aceptar el sentido que hemos de darle a la vida, no puede quedar aplazada por más tiempo. No podemos fiarnos del futuro. El momento de la verdad es ahora. Y cada vez más será la poesía, y no la prosa, la receptora de esta verdad. La prosa es mucho más confiada que la poesía; ésta habla a la herida inmediata.



En: “Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos”, Hermann Blume, España, 1986 (primera edición inglesa, 1984). Traducción: Pilar Vázquez Álvarez.
John Berger (Londres, Inglaterra, 5 de noviembre de 1926 – París, Francia, 2 de enero de 2017). Foto: Jmp

viernes, 6 de enero de 2017

Raúl Gustavo Aguirre, Yo hacía el amor


DAMA DE CORAZÓN

     Yo hubiese perseguido un objetivo, pero no tengo objetivo. Como la gramilla en la tierra áspera soy apenas una pluma, apenas una espina en el invierno, y bajo las lluvias y los soles del estío una insensata exaltación. Guadaña en mano, me vuelves apacible, pero por poco tiempo, si no te ayuda mi sed. De esta manera, a veces creo en mi eternidad, aunque no es eso lo que importa. Lo que importa es esta condición salvaje en una tierra a la que, en todas direcciones, asuelan, oh cuidadoso, tus cementes armados.


EPIGRAFÍA

     “Cuando tú, Señor, urdías y atesorabas, yo fui dispensador de puros signos, y era más grande la extensión de mi reino. Cuando temías, yo avanzaba en la noche, y eran asombrosos mis encuentros. Cuando depredabas, yo hacía el amor. Y ahora somos la misma tierra y el mismo silencio.”


LA VOZ

     No buscamos la paz –menos aún la paz de los justos–, buscamos las tierras altas. Cobre ardiente buscamos. Y, como siempre, la magnífica libertad. Por eso comenzamos por emprender, serenamente, una terrible guerra de lenguajes. Danza nupcial o macabra, un mismo esplendor nos sirve de intermediario. El hombre a quien los dioses hicieron el honor de la llaga será nuestro amigo. Su voz resuena más allá de la muerte y guarda nuestros cantos.



En revista Macedonio, año 2, número 6/7, junio de 1970. Directores: Juan Carlos Martini y Alberto Vanasco.
Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 2 de enero de 1927 – 18 de enero de 1983). Foto: Jmp

jueves, 5 de enero de 2017

Oscar Hahn, Detrás de todo gran amor


ESCRITO CON TIZA

Uno le dice a Cero que la nada existe
Cero replica que Uno tampoco existe
porque el amor nos da la misma naturaleza

Cero más Uno somos Dos le dice
y se van por el pizarrón tomados de la mano

Dos se besan debajo de los pupitres
Dos son Uno cerca del borrador agazapado
y Uno es Cero mi vida.

Detrás de todo gran amor la nada acecha



Oscar Hahn (Iquique, Chile, 5 de julio de 1938).
En suplemento El País Cultural, nº 363, viernes 18 de octubre de 1996, Montevideo, Uruguay. Foto: Jmp

miércoles, 4 de enero de 2017

Rosario Castellanos, Damos la vida sólo a lo que odiamos


DESTINO

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
–antes que lo devoren– (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.
Damos la vida sólo a lo que odiamos.


En suplemento El País Cultural, nº 363, viernes 18 de octubre de 1996, Montevideo, Uruguay.
Rosario Castellanos (México, 25 de mayo de 1925 – 7 de agosto de 1974). Foto: Jmp

martes, 3 de enero de 2017

John Berger, Cuando lloramos la muerte de alguien, lo que lamentamos es la pérdida de sus esperanzas


UNA VEZ EN UN POEMA

     Los poemas no se parecen a los cuentos, ni tan siquiera cuando son narrativos. Todos los cuentos tratan de batallas, de un tipo o de otro, que terminan en victoria y derrota. Todo avanza hacia el final, cuando habremos de enterarnos del desenlace.
     Indiferentes al desenlace, los poemas cruzan los campos de batalla, socorriendo al herido, escuchando los monólogos delirantes del triunfo y del espanto. Procuran un tipo de paz. No por la hipnosis o la confianza fácil, sino por el reconocimiento y la promesa de que lo que se ha experimentado no puede desaparecer como si nunca hubiera existido. Y, sin embargo, la promesa no es la de un monumento. (¿Quién quiere monumentos en el campo de batalla?) La promesa es que el lenguaje ha reconocido, ha dado cobijo, a la experiencia que lo necesitaba, lo pedía a gritos.
     Los poemas están más cerca de las oraciones que los cuentos, pero en la poesía no hay nadie detrás del lenguaje que se recita. Es el propio lenguaje el que tiene que oír y agradecer. Para el poeta religioso, la Palabra es el primer atributo de Dios. En toda la poesía, las palabras son una presencia antes de ser medios de comunicación.
     No obstante, la poesía utiliza las mismas palabras y, más o menos, la misma sintaxis que, por ejemplo, el informe anual de una empresa multinacional. (Empresas que preparan, para su propio provecho, los más terribles  campos de batalla del mundo moderno). ¿Qué hace entonces la poesía para transformar tanto el lenguaje que, en lugar de limitarse a comunicar información, escucha y promete y desempeña el papel de un dios?
     El que un poema use las mismas palabras que el informe de una multinacional no es más significativo que el hecho de que un faro y una celda de prisión puedan estar construidos con piedras de la misma cantera, unidas con la misma argamasa. Todo depende de la relación entre las palabras. Y la suma total de todas esas relaciones posibles depende de la manera en la que el escritor se relaciona con el lenguaje, no como vocabulario, no como sintaxis, ni siquiera como estructura, sino como un principio y una presencia.
     El poeta sitúa el lenguaje fuera del alcance del tiempo; o, más exactamente, el poeta se aproxima al lenguaje como si fuera un lugar, un punto de encuentro,  en donde el tiempo no tiene finalidad, en donde el propio tiempo queda absorbido y dominado.
     La poesía habla, con frecuencia, de su propia inmortalidad, y esta reivindicación es mucho más trascendente que la de un poeta determinado perteneciente a una historia cultural determinada. No debe confundirse aquí la inmortalidad con la fama póstuma.  La poesía puede hablar de inmortalidad porque se abandona al lenguaje en la creencia de  que el lenguaje abraza toda experiencia, pasada, presente y futura.
     Seria engañoso hablar de la promesa de la poesía, pues una promesa se proyecta en el  futuro, y es precisamente la coexistencia del futuro, el presente y el  pasado lo que propone la poesía.
     A una promesa que afecta el presente y al pasado tanto como al futuro mejor la llamaríamos certeza. 


LO QUE NOS ASOMBRA

Lo que nos asombra no pueden ser
vestigios de lo que ha sido.
El mañana, aún ciego,
avanza lentamente.
La luz y la visión
corren a encontrarse
y de su abrazo
nace el día
con los ojos abiertos,
alto como un potro.
El río rumoroso
abraza a la niebla
todavía un momento.
Las cumbres cantan
en el cielo.
Para y escucha
las ordeñadoras mecánicas
pensadas para mamar como potrillos.
Con las primeras luces
las colinas arboladas calculan
su pendiente.
El camionero toma la carretera
del puerto de montaña que le lleva
inesperadamente
por su propia familiaridad
hacia otra patria.
Pronto la hierba será
más cálida
que los cuernos de la vaca.
Lo asombroso llega
hasta nosotros,
escoltando a la muerte y a la vida


En: “Y nuestros rostros, mi vida, breves como fotos”, Hermann Blume, España, 1986 (primera edición inglesa, 1984). Traducción: Pilar Vázquez Álvarez.
John Berger (Londres, Inglaterra, 5 de noviembre de 1926 – París, Francia, 2 de enero de 2017). Foto: Jmp

lunes, 2 de enero de 2017

Francisco Urondo, Hoy hace menos que el año que vendrá


QUIROMANCIA

Hoy hace menos frío
que el año que viene, si viene. Vendrá
seguramente para que nadie
crea en las groserías de las profecías, o de los meros
sueños premonitorios. Esas tonterías
solferinas, esas fantasías sin importancia, tardes
en las que el corazón humano
se pone al rojo morado, se
diría. Se dirá, cuando haya
algo que decir: hoy
hace menos que el año que vendrá.


EL ÁRBOL DE LA VIDA

Una cisterna me ha descubierto
la cara del futuro. No hay bemoles
ni demonios más allá del agotamiento; ni figuras
consulares, ni ternura que vuele siquiera
como una transpiración sobre el horizonte luminoso.

Miro el pantano, la cisterna
que me rodea. La mirada
que no vislumbro, la acacia que no huelo: ay hijos
míos cómo pensaba no quejarme, cómo
odiaba todo lamento; pero queja
y batalla suenan en la misma campana,

especialmente cuando miramos
el tiempo de derecha a izquierda, de adentro
hacia atrás y vuelan
los aires ambiguos, las luces
cruzadas del pecado de Alejandría.



De: Poemas póstumos, 1970-1972. En: Poemas, Colección La Honda, Casa de las Américas, Cuba, 1984.
Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe, provincia de Santa Fe. Murió, en Guaymallén, provincia de Mendoza, combatiendo a la dictadura cívico-militar, el 17 de junio de 1976. Foto: Jmp

sábado, 31 de diciembre de 2016

Alejandra Pizarnik, El templo es un circo y la luz un tambor


EN UN EJEMPLAR DE “LES CHANTS DE MALDOROR”

     Debajo de mi vestido ardía un campo con flores alegres como los años de la medianoche.

     El soplo de la luz en mis huesos cuando escribo la palabra tierra. Palabra o presencia seguida por animales perfumados; triste como si misma, hermosa como el suicidio; y que me sobrevuela como una dinastía de soles.


SIGNOS

     Todo hace el amor como el silencio.

     Me habían prometido un silencio como un fuego, una casa de silencio.

     De pronto el templo es un circo y la luz un tambor.


DEL OTRO LADO

     Como un reloj de arena cae la música en la música.

     Estoy triste en la noche de colmillos de lobo.

     Cae la música en la música como mi voz en mis voces.



De: El infierno musical, 1971. En: Alejandra Pizarnik. Poesía completa (1955-1972), Editorial Lumen, 2011.
Alejandra Pizarnik (Avellaneda, 29 de abril de 1936 – Buenos Aires, 25 de septiembre de 1972). Foto: Jmp.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Lawrence Ferlinghetti, Los pájaros verdes


XXI

A ella le encantaba mirar las flores
oler la fruta
y las hojas tenían la mirada del amor

Pero marineros semiborrachos
tambalearon en su sueño
desparramando semen
sobre el paisaje virgen

A una cierta edad
su corazón partió
a buscar las costas perdidas

Y escuchó cantar a los pájaros verdes
desde el otro lado del silencio


De: A Coney Island of the Mind, 1958. En: Antología, Ediciones del Mediodía, 1969. Versión de Marcelo Covián.
Lawrence Ferlinghetti (Nueva York, EEUU, 24 de marzo de 1919). Foto: Jmp

lunes, 26 de diciembre de 2016

Marcial y Cardenal, Epigramas




Los que queréis tener siempre a mano mis plaquettes
y las lleváis de compañeras de viaje en la valija,
comprad esta edición manual de pocos pergaminos.
Los cásicos son para los estantes. Yo soy para el bolsillo.
Pero para que sepáis donde estoy a la venta
y no reccorráis toda Roma, os doy mi dirección:
estoy donde Secundo, el liberto del doctor Lucensio,
junto a la entrada de “La Paz” y el foro de Palas.


¿Por qué me envías, Pola, estas rosas intactas?
Las hubiera preferido deshojadas por ti.


Mis epigramas los canta y los ama la Roma mía.
Ando en los bolsillos y las manos de todos.
Pero hay uno que enmudece y palidece y se enfurece:
Y por eso estoy contento de mis cantos.


Desde una raza nórdica te envío estos cabellos
para que compruebes que los tuyos son más rubios.


Sólo lo bonito quieres decir, Matón. Di
también lo bueno, y lo regular, y lo malo.


Sólo admiras a los antiguos, Vecerro,
y no alabas sino a los poetas muertos:
Perdona, Vecerro, pero no vale
tanto, tu elogio, para morirme.


No sé, Feliz, lo que escribes a tantas muchachas.
Sólo sé, Feliz, que ninguna de ellas te contesta.


Con mis once pies y mis once sílabas
y mi abundante (no insolente) sal,
yo, Marcial, famoso internacionalmente
y en el pueblo -¿por qué me envidian?-
no soy más celebre que el caballo de “Andraemon”.

Te ruego, Rufo, que Chione no lea este libro.
Estos versos la hieren, y ella hiere también.


Comprando todo, Cástor: lo venderás todo.


Sírveme, Calixto, dos dobles de Palermo,
y tú, Alcimo, ponle nieve a mi copa.
Que empape mi pelo el húmedo amomo
y doblegue mi cabeza el peso de las rosas.
Ese Mausoleo de enfrente nos incita a la vida,
recordándonos que se mueren los Césares.


Los que leéis macabras historias de Edipo y Tiestes,
y Cólquidas, y Escilas, y sólo cuentos de horror:
¿qué interés encontráis en el rapto de Hilas,
o en Patenópeo, o Atis, o el Durmiente Endimión,
o Hermafrodita indiferente al Agua enamorada?
¿Por qué gozáis con viejas chismografías mitológicas?
Leed esto que la Vida puede reclamar como suyo.
Aquí no hay ni centauros, ni Gorgona ni Harpías.
Mi poesía está hecha de seres humanos.
Pero tú no quieres conocer la vida, Mamurra,
ni conocerte a ti. Lee los Orígenes de Calímaco.


Te quejas, Velox, de que escriba epigramas largos.
Tú no escribes ninguno. Los tuyos son más cortos.


Sólo os sabéis resentir, amigos ricos:
esto no es elegante, pero es económico.


¿Por qué no te envío, Pontiliano, mis libros?
Para que tú no me envíes, Pontiliano, los tuyos.


Porque Oppiano ahora padece de anemia
se ha puesto, Castrico, a escribir versos.


¿Qué es lo que dice esa puta? No me refiero
a tu mujer, Gongylion, sino a tu lengua.


¿Cómo explico “que los vivos no tengan fama
y pocos lectores amen su propio tiempo”?
Es ya costumbre tradicional de la envidia, Régulo:
preferir siempre los antiguos a los actuales.
Preguntamos por la sombría columnata de Pompeyo.
Los viejos suspiran por sus templos ruinosos.
Lees a Ennio, oh Roma, y ahí anda vivo el Virgilio;
a Ovidio solamente lo conoció su Corina.
Sin embargo, no tengáis prisa, mis libritos:
si la fama viene con la muerte, no me apresuro.


El libro que recitas, oh Fidentino, es mío,
pero por tu mala recitación ya es casi tuyo.


¿Preguntas, Lino, qué me renta mi villa de Nomenta?
Que no te veo a ti, Lino: eso me renta.


Dices que eres bella, Bassa, y que eres joven.
Las dos cosas dicen, Bassa, las que no lo son.


Hay un notario que ataca mis versos. Quién es
no lo sé. Si lo averiguo, ¡ay de ti, notario!


El que es pobre, Emiliano, siempre será pobre.
Hoy nadie tiene dinero, sino los ricos.


Miente el que te llama vicioso, Zolio.
Tú no eres vicioso, Zolio, sino el Vicio.


Aunque tú no publicas, atacas mis versos, Lelio.
O no ataques los míos, o publica los tuyos.


Mi libro es desigual, proclama Matón:
si eso es verdad, Matón elogia mis versos.
Libros iguales escriben Calvino y Umbro.
Libro igual, Creticio, es el mal libro.


Hoy improvisó el Señor Rector:
sin llevarlo escrito exclamó: ¡Hola Calpurnio!


Recházame, Gala: el amor que no atormenta
aburre: pero, Gala, no me rehaces demasiado.


Quieres que te llamemos poeta, y no recitas.
Te llamaremos poeta, Mamerco; si no recitas.


Más bella que todas las que son o han sido,
y más mala que todas las que son o han sido:
O sé menos bella o sé más buena mi Catulo.


He aquí Quinto Ovidio, a tu Máximo Caesonio,
cuyas facciones conserva esta estatua de cera.
A él lo condenó Nerón. Pero tú condenaste a Nerón,
siguiendo la suerte de un perseguido, y no la tuya,
y acompañaste a un exiliado por el Mediterráneo,
tú que antes te negaste a acompañar a un cónsul.
Si se preservan los nombres escritos en mis páginas,
si después de mi muerte yo continúo viviendo,
oirán esto mis contemporáneos y las generaciones
futuras: que tú fuiste solidario con él,
como él había sido solidario con Séneca.


De mi tierrita te envío, como ves,
Juvenal, nueces de Saturnalia.
Las otras frutas el dios lascivo
ya se las dio a muchachas alegres.


Vete a Roma, mi libro, y si te pregunta
de dónde llegas dile que de la Vía Emilia.
Y si quieres saber en qué ciudad estoy
le puedes decir que en Foro-de-Cornelio.
“¿Por qué se fue?”. Y tú confiésale:
“No aguantaba estar en toga.”
“¿Cuándo vuelve?” Contéstale: “Se fue poeta;
volverá cuando sea tocador de arpa.”


Si te entristece la perspectiva de cenar solo
Toranio, puedes venir a ayunar conmigo.
Si prefieres primero un elegante “peopinein”
tendremos lechugas baratas de Capadocia;
puerros picantes, huevos rellenos con atún,
repollitos tiernos de mi hortaliza
humeando en la negra olla de barro,
salchichas en nívea sopa de pasta,
y frijoles bayos con tocino dorado.
Y después como postre, si te apetece,
tendremos uvas pasas , peras sirias,
castañas universitarias a la napolitana.
El vino, se vuelve bueno bebiéndolo.
Y si tras este menú, Baco, como suele,
nos despierta otra vez el apetito,
hay aceitunas aristocráticas de reserva
y altramuces y petit-pois calientes.
Humilde es la cena (¿quién puede negarlo?)
pero tendrás una cena sin etiqueta
y te podrás recostar a tus anchas
y no te leerá el anfitrión ningún libro
ni bailaoras gitanas agitarán sus caderas
con un temblor estudiado. Sólo la flauta
de mi pequeño Cóndilo tocará un son
ni demasiado serio ni vulgar tampoco.
Esta es la cena. Tú te sentarás con Claudia.
¿Qué muchacha te parece como compañera mía?


“Cinco libros son bastantes y seis o siete
demasiado ¿no te parece mi musita loca ?
Más fama de la que tengo ya no puedo tener.
Mis gastadas ediciones están en todas partes.
Y cuando ya no exista el Mausoleo de Messala,
y los mármoles de Licinio sean polvo,
labios me leerán y extranjeros que no conozco
traducirán estos versos en su patria.”
Dije –y la novena hermanita de las musas,
Talía, la musa del epigrama, me contestó:
“¿Quieres renunciar, tonto, a la frivolidad?
¿En qué otra cosa mejor ocuparás tu ocio?
¿Deseas cambiar por coturnos tus zapatos,
o cantar a la Guerra en sonoros hexámetros
para que te dicte en clase un profesor pedante
y aburras a la adolescente alta y al muchacho?
Deja esos temas a los poetas pesados y clásicos
encorvados hasta medianoche bajo su lámpara.
Pero tú escribe con humor tu poesía romana,
y que la Vida se encuentre retratada en ella.
Porque no importa cantar con una débil flauta
si esa flauta se impone a las trompetas de muchos.”


Cardenal tradujo estos textos entre 1956 y 1957, cuando aún no se había convertido al catolicismo. En 1965 es ordenado sacerdote católico. En: Catulo - Marcial. En versión de Ernesto Cardenal, Editorial LAIA B, Barcelona, 1978. Foto: Jmp.
Marco Valerio Marcial (Marcus Valerius Martialis, Bibilis, Antigua Roma -Calatayud, Zaragoza, España-, 40 – Roma, 104).
Ernesto Cardenal Martínez (Granada, Nicaragua, 20 de enero de 1925).

jueves, 22 de diciembre de 2016

Alberto Laiseca, Se va la inocente poesía, viene el falso realismo


PEQUEÑO LAUREL

Un pequeño laurel
vive frente a mi casa.
Desnuda su máximo secreto,
pero está en armonía con los juncos del río.

Yuan Ho. Dinastía Han.


LA SERPIENTE DE LOS VIENTOS

El mayor criminal de toda la Serpiente de los Vientos
es quien mata a la mentira.
Porque las máquinas de la verdad fabrican mentiras más grandes.
Se va la inocente poesía,
viene el falso realismo oculto tras parábolas mortíferas.

Chuh Fo. Dinastía Ch’ing.


OCHO. GRAN CAÍDA MÁGICA DEL GORDO
(Fragmento)

(…) Sotelo sentía que la grieta no se había cerrado ni un centímetro. ¿Qué me pasó? ¿Qué es ese espanto, por los Dioses?” “No menciones a los Dioses, degenerado”, dijo otra voz que venía y no venía del fondo de la fosa. “¿Pero qué es esto?” “Esto sos vos.” “¡Pero si estas cosas no existen!” “No me digas”. “¿Me habrán, realmente escuchado ellos? Aunque fuera cierto, no sería tan terrible si este espanto no saliera de mí. Si De Quevedo y Teresa me vieron en serio no habría nombre para el horror.” “Pero no, si yo no tengo la culpa de todo esto. Debe ser que toda esta maldad existe dentro mío, pero… yo no sabía, además yo no deseo…” (aquí salió la primera voz de la grieta: “Sí, sí, lo deseo." Es necesario, desde todo punto de vista y en todo momento y lugar, mear dentro de la pancita embarazada de Teresa” (...) 


Causa un gran dolor despedir físicamente a un escritor que nos acompañó desde siempre. Chau, Laiseca, y gracias, tus libros están cerca.
En: Poemas chinos, Libros de Tierra Firme, 1987. En: El jardín de las máquinas parlantes, Planeta, 1993.
Alberto Laiseca (Rosario, 11 de febrero de 1941 - Buenos Aires, 22 de diciembre de 2016). Foto: Jmp.

martes, 20 de diciembre de 2016

Eduardo Langagne, Un verso limpio, exacto, trabajado, bien pulido, aunque el pobre no sea inolvidable


NECESIDAD

Primero un epígrafe rotundo, convincente.
Después ese pronombre en la dedicatoria.
Abajo, un verso limpio, exacto, trabajado,
bien pulido, aunque el pobre no sea inolvidable.

Otro verso más claro, la sencilla metáfora
del verso que le sigue, tal vez algún recurso
que mantenga la idea y luego un tropo, alguno
que haga chocar las piedras de la alegre semántica

para que saquen chispas que alcancen la hojarasca
y se produzca el fuego. Entonces está listo:
se borra aquel epígrafe, se tacha el nombre de ella,
se suprimen los versos (los exactos, los limpios,

los pulidos, los otros). Se despoja el poema
de metáforas, tropos. Se abandona dejando
la hoja blanca manchada de palabras que digan
ciertas cosas humanas cuando alguno las lea.


PERCUSIONES
(Canto grave para tambor solo)

madre
madre muerta

mi tambor sobre tu tumba madre muerta

suena el cuero del tambor sobre tu tumba
y mis manos sobre el cuero del tambor sobre tu tumba

las uñas de mis manos
golpeando sobre el cuero del tambor sobre tu tumba
madre muerta

la sangre de las uñas de mis manos
sobre el cuero del tambor sobre tu tumba

la sangre de tu cuello está en las uñas de mis manos
que golpean sobre el cuero del tambor
sobre tu tumba tumba madre muerta


SEGURIDADES

hoy amo a una mujer que no está cerca
que no está lejos siquiera
que no está
y dondequiera que exista si es que existe
será inútil pensar que me conoce
que ha escuchado mi desorden o mi grito
no queda mucho más:
inventar que en la casa alguien espera
y pensar que el amor seguramente existe
si uno ha sentido un odio inexplicable


UNA VEZ LO DIJE PERO AHORA HA VUELTO A SUCEDER

Esa mujer paseaba con su aroma

Un día trajo
sus labios acostumbrados a la guerra
y un ciclón adentro de su blusa

entonces sobrevino la catástrofe


POEMA ENCONTRADO EN UN RINCÓN

Los amantes fueron un día adolescentes
se arrancaron con furia el cordón umbilical
para entrar en algún cálido lugar de la mañana

Se cubrieron con sábanas oscuras
dolorosas y limpias
y empezaron a odiar
                             quiero decir
                                              se amaron


OTRAS PALABRAS

Las palabras son a veces
igualmente dulces y redondas
que las uvas

Mientras la zorra claudica
frente al alto racimo
escribo yo


ÉL SIN MIEDO CANTABA

Han pasado veinte años de los primeros versos
que escribió aquel muchacho de la barba rojiza,
con su tinta nerviosa. Han pasado veinte años,
acaso la hora exacta era la más oscura
pues su barco zarpaba en busca del océano
sin saber si existía. Y en esas condiciones
él sin miedo cantaba como si tal empresa
requiriera su vida. Así era aquel viaje.


En: Dos Siglos de Poesía Mexicana. Del XIX al fin del milenio: Una antología, Editorial Océano, México, 2001.
Eduardo Langagne (Ciudad de México, 21 de diciembre de 1952). Foto: Jmp.

lunes, 19 de diciembre de 2016

William Blake, Corderillo, corderillo


EL CORDERO

Corderillo, ¿quién te hizo?
¿Sabes quién te hizo?
¿Quién te dio vida y te alimentó
junto al arroyo y en los prados?
¿Quién te brindó deliciosas ropas,
de lana suave y alegres?
¿Quién te dio voz tierna
y capaz de regocijar todos los valles?
¿Quién te hizo, corderillo?
¿Sabes quién te hizo?

Corderillo, te lo diré;
corderillo, te lo diré:
le llaman por tu nombre,  
pues él mismo se dice Cordero.
Es humilde y manso.

Tomó la forma de un niñito.
Yo, un niño, y tú, un cordero,
somos llamados por el mismo nombre.
¡Que Dios te bendiga, corderillo!
¡Que Dios te bendiga, corderillo!


EL TIGRE

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
pudo idear tu terrible simetría?

¿En qué profundidades distantes, en qué cielos
ardió el fuego de tus ojos?
¿Con qué alas osó elevarse?
¿Qué mano osó tomar ese fuego?

¿Y qué hombro, y qué arte
pudo tejer la nervadura de tu corazón?
Y al comenzar los latidos de tu corazón,
¿qué mano terrible? ¿Qué terribles pies?

¿Qué martillo? ¿Qué cadena?
¿En qué horno se templó tu cerebro?
¿En qué yunque? ¿Qué tremendas garras
osaron sus mortales terrores dominar?

Cuando las estrellas arrojaron sus lanzas
y bañaron los cielos con sus lágrimas
¿sonrió al ver su obra?
¿Quién hizo al cordero fue quien te hizo?

Tigre, tigre, que te enciendes en luz
por los bosques de la noche
¿qué mano inmortal, qué ojo
osó idear tu terrible simetría?


En: Poesía completa, Hyspamerica, 1986. Traducción: Pablo Mañe. Imagen: Wikipedia.
“Visionario, grabador y poeta” llamó Jorge Luis Borges a William Blake (Londres, 28 de noviembre de 1757 – 12 de agosto de 1827). Y agregó: “Blake nos impone tres caminos de salvación: el moral, el intelectual y el estético. Afirmó que el tercero había sido predicado por Cristo, ya que cada parábola es un poema”. Poemas para ser cantados: “El cordero” (Cantos de inocencia, 1794) fue musicalizado por Allen Ginsberg en 1970, y lo tengo en una antología de la obra de AG, una caja de 4 CD; la versión se encuentra en el CD 3 y corresponde al track 5. “El tigre” (Cantos de experiencia, 1794; hay dos versiones más que están por fuera de CdE) es uno de sus poemas más conocidos. Inspirado en él, Borges escribió el cuento “Tigres azules”.