lunes, 28 de febrero de 2011

Alberto Laiseca – El largo poema aún no ha terminado



UN VIEJO MAESTRO


Al final de las riveras del Ho,
como un genio fabuloso,
vivía un Viejo Maestro.
Diez milenios duró su existencia.
Para dibujar cada ideograma demoraba cien años
y el largo poema aún no ha terminado.

Fan Meng Li. Dinastía Sui.




De: “Poemas chinos”, Libros de Tierra Firme, 1987.
Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941.
Imagen: Tapa de Poemas chinos
.

sábado, 26 de febrero de 2011

Alberto Laiseca – No es música del Cielo ni del mundo terrenal



AYER, NO ESTABAS


Oigo la abominable música de Cheng.
Su disonancia convierte mi alma en reinos Combatientes.
No es música del Cielo ni del mundo terrenal.
Detesto la pintura de Foh,
porque sus masas intencionalmente mal balanceadas
arrojan a un Mundo Amarillo.
Veo huecos fundidos
que con insolencia arguyen ante las formas.
Maldigo los execrables poemas de Tut,
porque dan bríos al puñado de arena del centro del oasis;
así, la mancha en la cosecha crece hasta tomar dimensiones gigantescas
y la pasta del fondo adquiere magisterio sobre el agua clara.
Ayer, no estabas.

Chang Tshia. Ducado de Ts’in.




De: “Poemas chinos”, Libros de Tierra Firme, 1987.
Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941.
Imagen: Tapa de Poemas chinos.

viernes, 25 de febrero de 2011

Alberto Laiseca – ¿Quién temería al tigre, siendo elefante?



UN POEMA VULGAR


Por tu amor estoy dispuesta a decir la palabra más trivial.
Mi casa está limpia y resplandece.
Despierto, y cada amanecer es un vaso de porcelana que se ocupa con lentitud.
Amor es como Tao, que llena todos los vacíos.
El arreglo floral, sobre mi mesa
abarca la totalidad del jardín.
El campesino, ante su felicidad grita “¡Mala cosecha!”,
para confundir a los Seis Diablos del Cielo.
Pero ¿quién temería al tigre, siendo elefante?
Un hombre enamorado nunca sería un astuto guerrero,
ni un gran sabio, ni un buen poeta.

Tung Tai. Reino de Chao.




De: “Poemas chinos”, Libros de Tierra Firme, 1987.
Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941.
Imagen: Tapa de Poemas chinos.

lunes, 21 de febrero de 2011

Patricia Díaz Bialet – Cuando te encuentro siempre finjo ser inocente


AGUALAVA


Agualava cae de mi sexo.
Aguafuerte de químicos poderes.
Agua de prisión desmedida.
Agua de pequeña prostituta subterránea.

Agualava cae de mi sexo.
Pintado artilugio de mis labios.

Agualava aguaceite en borbotón de añeja ingle carcomida.
Agualava aguaceite de espeso puntapié en caída libre.
Agualava en queja de paracaídas.
Agualava en frotación constante.
Agualava por vos mi amor de veinte identidades.

De a sorbos te ofrezco mi agualava paraíso.
Mi rocío de muslo disgregado.

Yo te ofrezco mi dulce artimaña de gacela.
Mi amague de nudo.
El ardor de mi ojo de circo.
O el timbal de cópula en permanencia.

Gruta áspera de pico que penetra
la púrpura pluma de aire cuando gozo.

Agualava y su fluir en cauce anónimo.
Agualava y su tambor en talle de gladiolo.
De gorjeo.
De gruta acorazada.

Agualava por vos mi amor de quince abrazos.
Agualava aguapéndulo de piedra para ser fundida en franja de furia.


FETICHE


al hombre manta de silencio



sólo si así alguien me penetra
yo florezco en cada espacio de polvo que me sobrevuela
sólo si así me dicen me contraen me retuercen con mano de estigma

si así me aplastan me lamen me aprisionan
aunque haya este vidrio esta pena
estos huecos exagerados en mi memoria


TU CUELLO VIOLETA ENTRE LA NOCHE


al hombre de flecha de imán húmedo



Como la poderosa anémona de la vigilia.
Como una púa perpetua tatuando tus mejores muslos.
Como la serpiente enemistada de la selva
te atrapa mi cardumen infinito,
mi nalga abierta,
el ruido tempestuoso de mi aire viciado.

Te atrapa solamente con la punta de sus piernas
mientras los curiosos caen como velas absurdas.

Tu piel de escamas de lobo.
Tu cuello violeta entre la noche.
Tus manos enormes cediendo paso en este lago leve de mi cuarto.

Cuando te encuentro siempre finjo ser inocente.
Sin embargo te atrapo cadenciosamente
con lenguas tenaces,
con mi filoso jadeo de ermitaña,
con mi camisón de seda verde.
Te atrapo en el sinuoso paraíso infame del sexo.

Porque hacerte el amor es parte de mi rito
como lamer el espacio vacío en tus rodillas
o conquistar los nudos de nuestro pasado inservible.

Hacerte el amor es parte de mi fuerza.
Todo bajo la antorcha muriendo.
Todo por sobre los otros.
Por sobre la noche ácida de mi vida.

Mejor pensar que los osos temibles de la infancia no vuelven.
Mejor hacerte el amor
como la reina exiliada
y tocar tu hueso absoluto
y traerte hasta mí.


Animal desatado en mi tormenta.
Bestia infiel reviviendo en mi cama.

En “Agualava”, Atuel, Buenos Aires, 2009.

Patricia Díaz Bialet nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1962. Poeta y periodista.
Imagen: Tapa de Agualava
.

Patricia Díaz Bialet – Al amante hay que dorarlo con la punta de la lengua


POR QUÉ HAY QUE TENER AMANTES (I)


al hombre de cruces invisibles



porque lo que se espera de un amante
de un moro gigantesco en plena tarde
en apuro de autos desatados
en veloz dedo que muerde cuando toca

lo que se espera de un amante con árabe apogeo
es
pico de piedra que siempre arda
codo invertebrado para fluir por donde yo decida

no la culpa de niña aburguesada
ni los reproches en paño de asco a mi regreso

no se espera el llamado
el baile de glúteo inalterable
no se espera la postal con el anverso manchado
la lágrima de estupor de las novias paralelas

lo que una quiere de un amante
y de un amante que sea exuberante
es
la parte siempre húmeda
y su punta empapapesadillas
el corazón de esponja que no sienta
que no sueñe
que no estipule noviazgos o divorcios
que no se inmiscuya más de lo debido
que no indague

lo que se requiere de un amante
y más si es de tamaño orientaniños
si su turbante es tieso y a veces deja ver el animal en celo
es
parpadeo feroz que nos olvide al instante
arcabuz de furia si no estamos
que la sangre corra como agua
que se erecte por zonas
y que todas nos penetren

no se pretende del amante la carta que decida
los anillos de oro que mancillen
no se le exige forma de revolución alguna
ni compromiso ni peluche de bobo
no se le pregunta por los padres
los hijos
las mujeres de cocina fija

lo que se aguarda de un amante
y más si éste es cazador del Asia en sobreexilio
es
agualava y precio de pecado frecuente

porque por ejemplo
yo
con esta cara de humilde palomita de lástima
es lo que le ordeno:
inmersión de nata y entrepierna tibia
actitud de escolar amedrentado
le exijo más y más paseo púrpura y hervor de latidos bajos
más antebrazo de bronce que se cuele
o le explico:
así como respiro cuando corro,
así voy a respirarte la poca piel que te quede sin untar cuando te toque
así voy a exaltarte los pómulos con la brasa afligida
así me voy a ungir de vos aunque no te roce

porque eso se le reclama al amante
y más si es camello de peste para desprevenidas

que su taza de leche nos invada de a chorros
que sea exagerado redondel
incapaz de evitarse a sí mismo
que rebalse
que derrame
que despliegue su ala de líquido liviano
que someta
que se infiltre
y que su fuente de natilla nos ensucie

se le implora que eyecte que succione que apriete
que se desvista de una buena vez y nos rocíe
que nos embista
que nos alarme en cadera de histeria
que nos reduzca el alma insípida que siempre insiste en dar la vuelta

que no interponga piojos pensamientos

se le suplica crema
manteca de senos
que nos frote en espesa gelatina

y se le ofrecen gotas transparentes
prismas de fuego que los otros pueden oler mientras caminan
en este placer de ruta de dos horas y media de tu sopa necesaria

al amante se le ofrendan los pezones ya probados
el tambor de vicio que comienza en el ombligo
la hermosa abertura de paraguas
las aristas volcanes
los quejidos de bordes ensanchados
el rapé de horma enrojecida

se lo araña
se lo arrienda
se lo diluye en saliva y se lo traga lentamente

con ojo de zampoña se lo atrae primero
para manar en él cuantas veces sean necesarias

se le produce urgencia
intolerancia
rapidez de sábado y verter de abeja laboriosa

se le promete pecunio imposible
y luego se le mira el brazo
y la vena que lo atraviesa saca de sí su vaselina como perla erguida

al amante se le ejecuta por trozos
como un emparedado se lo abraza en rapto de boa
se le dan líneas erradas
telegramas que parten hacia nada
se lo presume
se lo caldea bien como si fuera un soufflé culinario y perfecto
se lo mantiene tieso
atornillado a su miembro
se le regoza

cuchillo de látex en mano
se lo reanima si falla
como yo por ejemplo
a él lo sostengo con mi sonrisa de yegua
y mi condón de adiestramiento

al amante hay que dorarlo con la punta de la lengua
hay que desbaratarle cualquier estrategia
preponderar en él
desajustarlo
envolverlo en su tapiz de sirena y tenerlo bien ceñido sobre el fuego
sobre la gana que explota
sobre la bermuda colegial que se desmonta
sobre la instancia de azufre que se yergue
que se cava en el aire
en esta ruta de dos horas y media
con tus piernas que calzan tres zapatos justos
y mis palabras al viento que las refunde en mí o en vos
ya no puedo darme cuenta
porque mientras camino o caminamos
bajan en socavones de grumos los deleites que te obsequio
y rezan su tibia oración
en el flujo de antípodas que cae como riqueza para que vos la levantes

de mi botella se precipita poción de ameba disipada
desciende la entrevida
la comba del orgasmo que se estima siempre favorable

un pueblo en el Norte




En “Agualava”, Atuel, Buenos Aires, 2009.

Patricia Díaz Bialet nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1962. Poeta y periodista.
Foto: Solapa libro Agualava, por Estanislao Santos
.

Patricia Díaz Bialet – La trama que se teje en la familia


LA TRAMA


Traspasada por hebras de alfalfa tierna bajo los pies
la infancia no trasciende sus intimidades,
sólo quedan espejismos, trampas, herrumbres.
Elda Masón



De haber tenido hijos habría parido monstruos
alfileres eternos
cucharadas de tiza para mi sed imposible.

Porque enreda por demás la trama que se teje en la familia.
Asfixian sus hilvanes
sus hilos retorcidos
su coma persistente.
Se reitera el ahogo
el error de nacer
el desprecio de Dios
la puntada sobre la herida sin pellejo.

La manta en peripecia no es más que una erupción de niebla reprimida.
De haber parido hijos habrían sido malos entendidos.

Me habría reservado goces extremos
porque conozco la trama que se aborta
y se echa a rodar en busca del metal que la contenga.

La trama que casi desintegra el aliento de sus cómplices
que urde para siempre el negro fusil de la memoria
y el tejido precoz que nos amarra con su cuenco de sangre y con su herencia.

La trama que se teje en la familia.


LA INÚTIL RED


Ellos van de a pares como las arañas.

Tejen crías insatisfechas.
Hábitos espurios.

Yo,
en cambio,
voy con mis siete sombras.

Husmean detrás de mi fémur los perros despojados de silencio.
Cavan huesos en la niebla.

Yo,
en cambio,
voy con mis siete sombras.

un café en la Av. Luis M. Campos, Buenos Aires




DETRÁS


Como una ciega acaricio mis poemas.

Y no son más que eso.

Detrás de las palabras debo seguir buscando.


En “Agualava”, Atuel, Buenos Aires, 2009.

Patricia Díaz Bialet nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1962. Poeta y periodista.
Foto: Solapa libro Agualava, por Estanislao Santos.

Patricia Díaz Bialet – Llegar hasta el fondo como quien se trepa a desconfianza del camino


EN LA ESPESA CALMA QUE RODEA


a Heather,
porque las dos roemos nuestro hueso en el mismo silencio

"¿Y qué viniste a ser en esta arca impar
donde también “conmigo mi raza se termina”?"
Olga Orozco



Noche de sapos histéricos en esta media mesa y su protuberancia.
Noche de escoba en descalabro
de grillos siniestros mutados en culebras.


Noche sin recuerdo de Estambul o del páramo en medioevo.

Noche.

En la espesa calma que rodea
mi perra roe su último hueso
y es ahora ella un arcabuz que explota
que refugia en sus dos patas el pasar de la muerte por la playa.

Valeria del Mar, enero 2007




MINUTO DE SILENCIO


Los jirones de dolor que no decimos.
Las palomas enfermas que no decimos.
El tacto de la pobreza que no decimos.


Nada nos delata.
Sólo los sueños.


EL ALJIBE


Llegar hasta el fondo.

Más abajo que los iracundos sonidos del centro de la Tierra.
Más profundo que la inquietud exacta de las viudas.
Más aniquilante que el soborno de oro de los usureros.

Llegar hasta el fondo como quien se trepa a desconfianza del camino
y simula no mirar hacia atrás.

Tocar la orfandad de la roca seca.

Tocar el lecho barroso de la angustia y quedarse allí.

De por vida.

un restaurant en la Av. Belgrano, Buenos Aires




En “Agualava”, Atuel, Buenos Aires, 2009

Patricia Díaz Bialet nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1962. Poeta y periodista.
Foto: Solapa libro Agualava, por Estanislao Santos.

Patricia Díaz Bialet – A ella deberían asignarle el Poema


MÁS Y MÁS SILENCIO


Saber que no hay respuesta
Y decir sin embargo
Algo hay Algo hay
Mario Trejo




Busca la Palabra como una enloquecida
Lo que queda de Dios en alguna parte
Exige la Poesía
La rasguña
Le quita la cáscara
No logra apresarla
Se ciega más aún
Merodea el vuelo del ángel
Implora piedad
A ella deberían asignarle el Poema
Pero es una riña eterna


Busca la Palabra
Hurguetea con ritmo
Un dedo tras otro
Arcones que podrían haber sido
Y le vienen a la mente Pessoa, Pizarnik, César Vallejo


Tienta a la desgracia
Define por qué le corresponde el Don que se restringe
Pone el énfasis en que a ella sí

Le dan más y más Silencio

Busca la Palabra como una enloquecida


CRUZANDO LOS FUEGOS


La muerte será una superficie de seda.

Me llamarán reptil pero nunca traidora.

Soy capaz de quedarme aunque me echen.


En “Agualava”, Atuel, Buenos Aires, 2009.

Patricia Díaz Bialet nació en Buenos Aires el 7 de abril de 1962. Poeta y periodista.
Foto: Solapa libro Agualava, por Estanislao Santos
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Alberto Laiseca – Sentir a tiempo tu corazón


EL TRUENO DE LA SEDA



El trueno de la seda,
miro el brillo deslumbrador de esa piedra opaca,
y huelo las escamas del pez de madera.
Sin embargo, no supe sentir a tiempo tu corazón.

Lu Ch’iu. Dinastía Hsia.



De: “Poemas chinos”, libros de Tierra Firme, 1987.
Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941.
Foto:
acá.

sábado, 19 de febrero de 2011

Alberto Laiseca – A veces ocurre que alguien desarma la Gran Muralla


LA GRAN MURALLA


No es costumbre,
pero la garza amarilla desplegó sus alas e inició anoche un vuelo nocturno.

No es frecuente en China;
pero a veces ocurre que alguien desarma la Gran Muralla,
para que el corazón quede expuesto
y pueda volver a amar.

Yuan Ho. Dinastía Han.




De: “Poemas chinos”, libros de Tierra Firme, 1987.
Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941.
Foto:
acá.

viernes, 18 de febrero de 2011

Ida Vitale – Por donde pasa el peso de la vida algo falló


RELACIONES TRIANGULARES

Hace un rato
que en la encina cercana
protesta un grajo.
Mi vecina, la gata
blanquinegra e inaudible,
asoma en la ventana.
Mira al árbol
y encerrada imagina
la aventura riesgosa.
Mira al grajo y me mira.
No sabe a quién apoyo.
Para alguien que no existe
un raro trío hacemos
en tres lenguas distintas,
dos silencios y el ruido
del grajo inaccesible.


LA SUTURA

Tan sutilmente fina,
podría ignorarse
la peligrosa falla que tira
de los secretos hilos
y a partir de un instante
invade la labor tejida.
¿Qué puedes
por el desmoronado diseño?
Ahí está el corte
que progresa escondido
bajo la sutura lograda,
también fina.
Temo ya no saber hacer
lo que no debe verse
aunque
irse del mundo
pida dejar algo
-como sea-
en pago de la ausencia.


MENISCO

Por donde pasa el peso de la vida
algo falló, falleba mal cerrada
y entró un poco de mal, no lo terrible.
Un desnivel de piedra y un descuido:
la porosa sustancia, el no visto
cartílago, almohadilla ignorada
entre frágiles cóndilos, tan útiles,
se desgarró, en su secreto nido.
Como pasaron años, tan clementes,
es justo, ahora, que la muerte llame,
con este sobrio, casi mudo aviso.

En “Mella y criba”, de Ida Vitale. Editorial Pre-Textos, Madrid, 2010.

Ida Vitale nació en Montevideo en 1923.
Selección de poemas: Alfredo Fressia (Montevideo, 1948).
En
Portal Digital El País, Montevideo, viernes 18 de febrero de 2011

Alfredo Fressia – Acerca de Mella y criba de Ida Vitale


LUNA LLENA, TIERRA VACIADA



LOS CAMINOS más arriesgados de las artes literarias suelen internarse en el mar de la poesía, siempre lleno de celadas tras los cantos de la sirena. Y por eso es necesario desprenderse de muchas cautelas para ser poeta. Nuestra mayor imprudente, Ida Vitale (Montevideo, 1923), lo sabe y lo dice en Mella y criba, su más reciente poemario. "Perdida en la espesura/ del lenguaje", recuerda a Hansel, el personaje de lo hermanos Grimm, condenado a perderse en el bosque, y que dejaba piedras (un día, por su mal, dejó sólo migas) para volver por el laberinto. Y concluye: "Y sigues penetrando/ en la floresta silenciosa,/ aunque la veas cerrarse/ tras tus pasos" ("El lenguaje de Hansel").

La imprudente aventura de los poetas, sin embargo, debe contar con una meditada concepción de su tarea, un modo de armarse para no sucumbir en la floresta del silencio. El 5 de julio de 2010 la Universidad de la República del Uruguay atribuyó a la poeta el Doctorado Honoris Causa. Agradeciendo el tardío homenaje, Vitale habló entonces de "la poesía, tal cual yo la entiendo, esa parcela que para muchos es algo impreciso, homogéneo y vagamente desdeñable por su clara inutilidad o una precipitación de ingeniosidades morales y que para mí es precisa, distinta en todas sus partes y básica para el espíritu, como la música".

La poesía como aventura del espíritu, de estirpe platónica a veces, creada a partir de un lenguaje preciso y musical, he ahí una reseña de toda la obra de Vitale, una actitud frente al lenguaje que el lector reencuentra en su reciente publicación. Se trata de una cincuentena de poemas organizados en seis partes, casi tropismos o manchas temáticas que parten de un "Pequeño teatro familiar" y de algunas "Ciudades" recorridas (y entre las cuales reaparece Montevideo con "el palimpsesto de la trampa"). Por breve, y por exhibir muy directamente la "firma" Vitale, se puede citar de estas primeras composiciones del libro "Amar a un conejo": "Te dieron un conejo./ Te dejaron amarlo/ sin haberte explicado/ que es inútil amar/ lo que te ignora".

Pero el mundo animal, así como la carga moral implícita en el tema ecológico, que atraviesa el poemario, se vuelven temas centrales de la tercera parte, "Luna llena, tierra vaciada". Al lenguaje como eje temático ("Armas", la cuarta serie) le seguirá una "Visión oscura", que no elude el tema de la muerte, o de un desaparecer, hasta llegar a "Lo firme", la última parte.


FRACTURA IMPREVISTA. Son todos movimientos temáticos presentes en otros poemarios de la autora, quien decididamente no busca aquí la novedad, sino que más bien se reencuentra en una primera persona con una fuerte carga autobiográfica, donde está incluido el exilio. Es bajo esa clave que se deben leer menciones como "la senda del desastre/ que te ha tentado siempre/ a avanzar por lo oscuro" ("Proteo"), o el obsesivo tema del recuerdo y el olvido, necesario este último para sobrevivir (la dialéctica recuerdo-olvido llega a componer un texto, "Círculo muy vicioso", que se va desconstruyendo como estructura poemática: "recordar el olvido/ abre la calma./ Y basta"). La conocida vigilancia de la inteligencia en la obra de Vitale no entra en tensión con la llamada intuición poética, más bien se sirve de ella para dar cuenta del mundo, para anticiparlo (y se atribuye con frecuencia una función ética) o dejar testimonio (una función histórica y documental, autorreferenciada a veces).

En noviembre de 2009 la autora fue galardonada en México con el premio Octavio Paz. También en su discurso de agradecimiento, el 20 de abril de 2010, decía Vitale: "Nuevas experiencias, un paisaje diverso nutren vida y poesía. Siempre he pensado en las posibles variaciones del destino y de la escritura a partir de una discontinuidad en la línea que se creía inalterable. Una fractura imprevista y surge la deriva en el rumbo que parecía prefijado". Es uno de los modos de entender el título que la autora dio a su actual poemario. La poesía es siempre mella -y hará mella- si realmente surge de una "fractura", de una "discontinuidad", un desvío de rumbos que conduce a algunos escritores por ese camino riesgoso. Pero la deriva no será poesía si no pasa por la criba, otro duro ejercicio de selección, agravado por la soledad en que debe ser realizado. En ese sentido, Mella y criba podría designar más que este único poemario, y aventurarse a denominar toda la obra de Vitale, nacida de una mella y siempre sometida a criba severa.
Es claro que la mella no implica necesariamente la amargura, y aquí hay lugar para "Mi homenaje", en "Lo firme", un homenaje a muchos seres del mundo, incluido "A quien en su país desvencijado/ ose decir su parecer riesgoso". Y hay música, como la de los endecasílabos citados, composiciones en heptasílabos, que en algún caso se organizan en alejandrinos ("Relicarios"), poemas en hexasílabos ("Invierno"), o ese ritmo tan característico en los versos de nueve sílabas de "Luna llena, tierra vaciada" ("Blanco talón nunca alcanzado"), ya que la mella y la criba son obra "para el espíritu, como la música".


“Mella y criba”, de Ida Vitale. Editorial Pre-Textos, Madrid, 2010.
Ida Vitale nació en Montevideo en 1923.

En Portal Digital El País, Montevideo, viernes 18 de febrero de 2011.
Alfredo Fressia nació el 02 de agosto de 1948 en Montevideo.

Graciela Falbo – La perfección del amor


LA PERFECCIÓN DEL AMOR



Ella tenía al morir
una cicatriz vertical.
Una roja cicatriz
que le atravesaba el pecho
y la espalda completa.
Era como una muñeca partida en dos,
vuelta a coser por alguna mano piadosa.


Mientras estaba viva
el corazón
se le quería salir
todo el tiempo.
Y ella lo retenía con pudor,
bombeando su sangre al revés,
contradiciéndolo.

Quería hacerse diáfana,
volverse cristalina
Semejar al cáliz de la rosa
donde bebieran el agua límpida
las cigarras del verano.


Ella miraba siempre hacia el Este
buscaba la plenitud del horizonte,
quería que la vida le mostrara su desnudez.
Pero no sabía cómo pedirlo.

Intentó escribir una novela de amor.
Pero su corazón era una casa agitada,
que se salía de su sitio
a cada rato.
Y las palabras se volvían confusas
se le enredaban en la boca sin que ella
encontrara el modo de hacerlas decir.


Una mañana,
o una noche,
(porque el tiempo, por último,
también me confundía)
dejó que la pena hiciera lo suyo
sin oponer más resistencia.

Cuarenta años después.
Liberada,
le estalló en el pecho
abriéndole en el centro
una rosa de sangre,
de donde manó la vida
buscando su dirección.

Y ella pudo hacerse dueña de su grito,
rojo borbotón con que tiñó
el silencio oscuro.

Su grito.
de viento,
un rugido obsceno de dolor
que se expandió hasta cubrir del todo al universo.

Ya no hubo horizonte celeste,
ni paisaje desnudo.

El cristal de la perfección
cayó hecho trizas por el suelo,
y ahí quedó,
abandonado entre pelusas,
restos de insectos y basuras.

Gota a gota, la sangre de mi madre baja ahora
formando un curso
desde su boca abierta.

Entonces veo a mi madre
por primera vez.

Una muñeca rota,
remendada.
Esquirlas del estallido manchan su piel.

Ha escupido todos sus dientes
Para dejar más espacio a la boca feroz
donde ahora comienza
limpia y poderosa.
una carcajada.
Como un dolor.
Como un puro dolor
que, encontrado su cauce,
se libera
abriendo la prisión
de los amores confiscados
por las voces del púlpito,
y el run run del miedo,
amores exactos
como piernas ortopédicas,
amores disciplinados,
hipotecados,
falsos amores de cotillón.


Ella entonces ríe.
La veo reír de risa verdadera,
plena,
salvaje
como nunca había sido,
con esa belleza atroz
que le gana a la vida.
cuando se libera.

Así alcanzó nuestra madre su plenitud,
en el momento de su muerte.
Y yo por fin pude amarla,
y sentirme amada por ella.


Poema inédito, EpA!

Graciela Falbo nació en La plata en 1951. Narradora (su obra narrativa está volcada, en mayor parte, a la literatura infantil-juvenil) y poeta.
Imagen: El naufragio, (1805, óleo sobre lienzo). Turner (Londres, 23 de abril de 1775?- Chelsea, 19 de diciembre de 1851).

jueves, 17 de febrero de 2011

Alberto Laiseca – Escribo este poema con una delgada varilla de junco



ESCRIBIENDO UN POEMA


Escribo este poema con una delgada varilla de junco;
la tinta, al deslizarse, produce un ruido ensordecedor.
La clarividencia otorga deslumbramiento
y un pequeño dedal de malaquita
crece hasta contener el Río Amarillo.
En la pared de mi cuarto
está la vieja pintura de una rosa bermellón;
ese inofensivo objeto neutro e indoloro
me aturde con el insoportable perfume de miles de flores.
Todo eso has producido en el corazón de quien espera.

Hwang Tsi Lie. Dinastía Chou.



De: “Poemas chinos”, libros de Tierra Firme, 1987.

Alberto Laiseca nació en Rosario el 11 de febrero de 1941.
Foto:
acá.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Cristian Vitale – Cuando el mundo es naranja



DE ESPALDAS
(Fragmento)


Me voy por entre las sombras
tal vez adonde alumbre el sol.
(Hermanos Ábalos)



Cuando el mundo es naranja, a eso de las ocho en pleno verano; a la hora exacta y prevista pero gradualmente demorada o apurada conforme se acerca o se aleja el calor, respectivamente, en que un crimen horrendo, cotidiano, ilumina la llanura; cuando la lengua increíble y desmesurada del sol se arrastra y lame o devora incluso los campos y los animales, almafuertianamente, cinco segundos antes de su muerte; en ese instante preciso, que casi no dura, único y repetido, a eso de las ocho en pleno verano, cuando el cielo ensangrentado y denso, manchado, pintado a dedo, impresionista, naranja, chorrea denso sobre los alambrados flojos y los raros árboles de eucalipto; a la hora del último grito (conmovido, expresionista, silencioso, en pleno espanto) acuchillado del sol; a eso de las ocho en pleno verano, a la hora del degüello, cuando todo se ilumina, tanto, y nada se puede ver; cuando seis mil millones de ojos se encandilan y el mundo es menos de Dios que de Edvard Munch; a esa hora milimétricamente fugaz pero intensa, indeleble, a eso de las ocho en pleno verano, cuando sucede eso que burdamente llaman el ocaso, esa explosión, ese incendio, cuando todo arde antes de apagarse, cuando todo se enciende o se incendia, rulfianamente, desmesurado, inverosímil de tan cierto, exagerado, y un gran cuchillo, largo y horizontal, desgarra su filo en el sol, increíble, en plena pampa, al sur del planeta, en la espalda del mundo, alguien, no se sabe quién, alguien, tomó la última foto, la definitiva.

El paisaje parece ser el de la llanura que llaman pampeana. Un hombre, en el centro justo del rectángulo horizontal, yace, aunque en posición de avanzar, inmóvil, desnudo, pequeño, de espaldas, anaranjado por el brillo del sol, ya lejos, contra el sol, partiéndolo, longitudinalmente, en dos mitades exactas, semicirculares, el brazo izquierdo hacia atrás, en posición oblicua a su cuerpo y al suelo, semiextendida, la mano a distancia considerable del cuerpo, a la altura de las nalgas desnudas y oscuras, la pierna derecha hacia adelante, oblicua también al eje vertical de su cuerpo y al eje horizontal del suelo, la planta del pie izquierdo algo elevado del suelo, plana, en dirección al invisible fotógrafo o al invisible lente de la cámara, el hombro derecho levemente inclinado hacia adelante, sugiriendo un brazo derecho hacia adelante y en ascenso, casi horizontal, extendido casi en su totalidad, la mano casi a la altura del hombro, despegada ya lo suficiente del cuerpo como para empezar a caer, aunque suspendido en el aire, inquietante, como resuelto a caer, incómodo, sin descanso, desafiando la gravedad, en suspenso, la cabeza erguida, rubia, la cara, que no se ve, apenas inclinada hacia la izquierda, los cabellos a punto de castigar contra el parietal derecho, pero en el aire, un poco desfasados en su movimiento respecto del resto del cuerpo, como si se hubiese llegado tarde a la novedad del último paso, el derecho, el cuello firme recién despejado por el pelo, a punto de ver pasar el cabello otra vez pero hacia el otro lado, conforme se realice el próximo paso, el izquierdo, la espalda brillante y sudorosa, en leve contorsión presidida por el hombro derecho, atravesada longitudinalmente por una línea recta desde el cuello y hasta la altura de las caderas, formada a su vez como por pequeños trazos verticales formados en fila, elementos todos que sugieren al observador, a la misma altura que el hombre en posición de avanzar pero lejos, atrás, sin lugar para la duda, la acción de correr; carrera rápida a juzgar por la considerable separación de los brazos y de las piernas respecto del punto de partida del eje de su cuerpo, y el notorio, casi violento, como desesperado, desorden de los cabellos, lo cual sugiere pasos largos y enérgicos, eufóricos incluso, deseantes, rumbo, contra o hacia, el sol, que se estaba yendo, es decir, en el momento en que más ilumina. A juzgar también por los fragmentos cúbicos, bajos, aislados, que se alcanzan a esbozar, tímidamente, a ambos costados del rectángulo, sobre la base del mismo, ya lejos del hombre en posición de correr, y que indudablemente se trata de la representación fotográfica de algunas casitas aisladas, la fotografía fue tomada, no se sabe por quién, desde un lugar urbano o semiurbano, como si el supuesto fotógrafo se hubiese instalado, no sabemos si adrede, en la imaginaria línea que divide, que separa, que distingue, lo verde de lo gris, digamos, lo blando de lo duro, el campo de la ciudad. Atrás, entonces, quedan los primeros caminos, las primeras calles, el primer gris del asfalto, las primeras casas organizadas y juntas, los primeros barrios, las rutas, las autopistas más allá, los altos edificios incluso, las grandes bibliotecas, la ciudad; la esperanza de Sarmiento en definitiva. Adelante, su derrota; el campo todo igual, los esporádicos alambrados, el verde del suelo y de las plantas, las plumas y los nidos, el sexo indecoroso de los animales, el ocaso intacto, inculto, doloroso de tan cierto, el sol. Simplificando; en el centro de la llanura, solo, desnudo, sudoroso, deseante, en posición de correr o de querer, en plena carrera, de espaldas a la foto, a la ciudad, es decir al futuro, a los hombres incluso, a la civilización, disimulando el miedo, quizá, con amor pánico, la mano derecha hacia adelante, como pidiéndole algo al sol, sin rostro, anónimo, codicioso de llegar, ilusionado, desesperado o con esperanza, un hombre, rumbo, contra o hacia, la barbarie o la barbaridad, la desnudez, el desierto, el infinito grande, la metáfora del sol.



En “De espaldas”, relatos, 2011.
Cristian Vitale nació en la ciudad de La Plata el 16 de febrero de 1980. Músico, escritor y periodista.
Foto: CV en FB.

Blog De espaldas.

martes, 15 de febrero de 2011

Cristian Vitale – Seguro que no hay nada



DETRÁS DE LA ESQUINA

pensaba en el instante inesperado…
en el pasaje de lo conocido a lo desconocido
(Lucio V. Mansilla, Una excursión a los indios ranqueles)



Seguro que no hay nada. Vas a ver. Estos pueblos de provincia siempre igual. Una calle hundida por dos ruedas y dos ruedas más y dos ruedas más y así. Sí, la arena es poética cuando no te entra en los ojos y te quedás ahí tratando de sacarte esa molestia que es un granito pero molesta y hasta da vergüenza que uno se embronque por tan poca cosa pero la cosa es así, qué le vas a hacer. Qué se yo... yo antes había llegado a la conclusión por ese pequeño hecho del grano de arena de que la verdadera tristeza estaba en las pequeñas cosas pero ya no sé si es así. Aunque algo de razón tenía. Mirame ahora. Caminando por esta calle de pueblo inhóspito pensando para adentro como un tarado o en el mejor de los casos como un loco imaginándome de puro aburrido nomás qué cosa es la que puede esperarme cuando llegue yo a la esquina. Y no sé si es verdadera pero me da un poco de tristeza pensar que en esa esquina...que cuando llegue yo a esa esquina y mire casi esperanzado para los dos lados haciéndome el desentendido el indiferente no sea cosa de que venga alguien y me vea y diga... qué sé yo... la gente habla pavadas por que no sabe qué hacer. Lo que digo es que cuando yo llegue a esa esquina y mire para los dos lados con una ilusión de chico yo sé que no va a haber nada si en este pueblo nunca pasa nada y eso es triste. Mirá, ya hace no sé cuántos pasos que empecé a caminar por esta cuadra y ni un auto ni una moto ni... (o sí me parece que recién pasó no me acuerdo si una bici si una moto no sé) pero ni un accidente de autos ni un escándalo de gente qué sé yo. Decía que no ha pasado casi nada y el polvo de las calles que es muy poético para los que viven en la ciudad que se vuela porque ni el regador. En estos pueblos del interior yo no sé si eso es bueno o es malo pero uno tiene tiempo para pensar en cosas que yo creo que valen tan poco la pena como valen tan poco la pena las cosas que se piensan allá en las ciudades. Pero claro, la verdad es que acá uno piensa cada cosa... Mirá que ponerme a pensar en qué cosa puede haber detrás de una esquina...Yo nunca había hecho semejante cosa pero lo cierto es que las calles así se acortan. Cierto suspenso cierto deseo cierta cosa que te pasa por adentro acá en estos pueblos del interior que tienen las calles tan largas y tan largas y tan largas. Yo tengo la teoría de que las calles de los pueblos del interior son más largas que aquellas de las ciudades. Y no porque uno camina y camina y le parece a uno que no llega nunca porque ni un quiosco ni una farmacia ni una congregación de extranjeros para descifrarles la lengua...no. Son más largas porque tiene uno que caminar más pasos para llegar por fin a la esquina. Y además uno camina con todo el empeño y el paredón del patio del vecino que nunca termina ni cambia de color ni nada y los árboles se repiten cada diez once metros y las puertas y las ventanas y las puertas y las ventanas y las baldosas a veces... No. No. No hay nada. No va a haber nada. Qué va a haber. ¿Un perro? A lo mejor ¿quién sabe? un perro muy pero muy lanudo y con unos ojos que yo no había visto nunca. Y decir ¡qué barbaridad! ¡mirá qué perro y yo nunca haberlo visto! ¿de quién será? Seguro que es del barbudo del mercado. O del viejo Ádez. Él siempre con cosas raras nomás para impresionar y para decir que él tiene un perro que es muy lanudo y guarda no te vaya a morder porque uno nunca sabe con esos perros del diablo. Pero no. Los perros todos se parecen y por más lana que tenga es un perro y eso no es lindo para imaginar. Mucho mejor descubrir un asesinato. ¡Qué barbaridad tanto loco suelto y pensar que uno dice que en estos pueblos nunca pasa nada! Pero no. Tampoco. Más vale un amor oculto. Incestuoso ¿por qué no? por que ellos no van a creer que a esta hora y con este calor y por esta calle tan sin nadie siempre no van a creer que por esta calle tan sin nadie siempre viene alguien y menos que ese alguien soy yo y que enseguida lo voy a contar en el barrio para que de una vez por todas en este pueblo pase algo porque ya me está cansando esta vida de pueblo sin cataclismos ni volcanes ni terremotos ni huracanes ni nada. Sí. Seguro que descubro una infidelidad. Una trampa como le decimos acá. Un engaño. Pero me pregunto si será bueno o será malo llegar a la esquina y descubrir un engaño. En cierto modo es bueno porque al fin seré un privilegiado. Se supone que los engaños son engaños porque son tramposos y por ser tramposos están ocultos y si yo lo veo entonces la gente me distinguirá del resto de la gente y dirá de mí: “mirá, ahí va el que descubrió al fin que el Alberto le caminaba la azotea a la Hilda” o “el que vio al Búho y al primo...” Sí, tiene su parte buena. Pero igual creo que descubrir que era todo una mentira como esos cuentos que vos entrás como un chiquilín y después colorín colorado... Bah, no sé, pero igual me voy a apurar no sea cosa que se les dé por espiar y se asomen y yo como un gil acá caminando como si nada y llego a la esquina y ellos silbando y mirando como dos estúpidos cómo cantan los pájaros como si el canto de los pájaros no fuera siempre el mismo canto de siempre que no tiene forma de canto pero que en la ciudad se dice y se empecinan en decir que los pájaros cantan. Sí, pero si el engaño...? ¿Y si resulta que el engaño viene a desvendarme los ojos como en el juego del gallo que está ciego y busca como un condenado por toda la pieza y nunca encuentra nada hasta que al fin le sacan la venda y por ahí era Roberto y no Esteban al que tenía del brazo y qué lástima porque yo había creído que era Esteban y resulta que he vuelto a perder. ¿Y si resulta entonces que abro los ojos todavía un poco nublados de tanta venda y encuentro ¿qué sé yo? y encuentro... No. No va a haber nada. Detrás de las esquinas nunca hay nada. Eso pasa en las películas o en los libros y este pueblo por más que se empeñen algunos no es ni una película ni un libro. Es un pueblo. Además es mejor que no haya nada porque mirá si después de caminar y caminar pensando en qué se esconde detrás de la esquina descubro que sí, que había un perro lanudo ¿y qué hago, me querés decir?... ¿lo acaricio y le digo perrito menos mal que estabas vos porque me hubiera desilusionado mucho si no había nada y aunque vos no sos mucho, bueno, sos algo y algo es algo? O le digo que ¡fuera perro! que ¡qué anda haciendo un perro del diablo a estas horas que anda quitando la ilusión a la gente de ver un incesto o una orquesta de esas que tienen un director que les dice que tienen que tocar tal o cual nota y que si no lo hacen más vale que salgan corriendo porque los directores de orquesta son más malos que no sé qué! Pero es como siempre digo. Si uno va a perder el tiempo en imaginarse uno tiene que imaginarse cosas lindas... total... Pero ¿qué cosa linda puede haber detrás de una esquina en un pueblo tan del interior como este? Un cantero. Claro. Un cantero nuevo que puso ayer la señora de Pagela porque el marido albañil tanto y tanto insistirle le hizo al fin el cantero que tanto y tanto le insistía y ahí tiene su cantero y espero que ahora no se le ocurra poner un árbol en la cocina porque no vamos a tener lugar para comer y además queda como la mona. Y qué lindo cantero con ladrillos rojos pero la señora de Pagela lo pintó ella misma con unos colores que no sabés y le puso flores de todos los colores unas grandes y las otras chicas y de todas las especies que es un jardín, sí ¡un verdadero jardín! y esa es la novedad del pueblo. Y yo que no me había enterado porque, claro, si me la paso pensando taradeces todo el día qué me voy a enterar que la mujer de Pagela tan osada ella ha puesto un jardín al otro lado de la esquina con yo no sé qué cantidad de claveles y jazmines blancos. Pero ya lo esperaba yo. Siempre me pasa cuando me acerco a las esquinas. Las esquinas me hacen pensar en... ¿Acaso llegar a una esquina no es un poco morir? ¿Acaso una esquina no es un poco una pequeña muerte? No sé, quizá exagero. No sé, pero me dan unas ganas de volverme... Además esta esquina es distinta, no sé, es demasiado real y yo... ¿qué sé yo?... me había encariñado tanto... Siempre uno se encariña con la calle anterior. Es como una condena che. Pero esta esquina tiene algo de distinto. Yo no sé qué es. Es distinta y es peor. Y me acerco y algo se me acaba y es peor. Ahora que miro el cielo y está tan lindo... No sé, ahora me han dado como unas ganas de volverme que parezco un chico. Me ha dado como un frío que yo no sé si es el miedo o la nostalgia o esta manía mía de querer ver el misterio donde apenas hay una calle, una calle que se termina y una esquina vulgar. Es que las esquinas tienen algo... ¿Y si era cierto lo del asesinato? ¿Y si yo resulto ser el muerto? ¿y si de repente un cuchillo se asoma cuando llego y yo indefenso como un cordero me vine así sin nada en este verano que ni ropa ni mangas donde fingir un revólver con el dedo de la mano o un cuchillo para asustarlo para mirarlo de frente para mirarlo a la cara y no permitirle, claro, que me mire de soslayo que es muy fea la indiferencia y decirle que qué se cree andar matando a un pobre hombre que llega cansado ya de tanto verano y tanto pueblo y tanto llano pampeano y tantas ganas de llegar y repetirle con más firmeza que antes que qué se ha creído que uno no es nada, que uno no es digno y que me espere, ahora sí, que me espere que voy a buscar un cuchillo a mi casa y que vuelvo para pelearlo.



En “De espaldas”, relatos, 2011.

Cristian Vitale nació en la ciudad de La Plata el 16 de febrero de 1980. Músico, escritor y periodista.
Foto: CV en FB.

Blog De espaldas.

sábado, 12 de febrero de 2011

Pedro Godoy – Aerosúplica marina, 1



Presentamos a continuación la versión completa del poema “Aerosúplica marina”, de Pedro Godoy, que transcribí de la edición original “Milonga de los Caminos” (Editorial Fundar, 1969). Existe muy poco material sobre Godoy -al menos en la búsqueda que hice recorriendo Internet -, sólo un par de poemas, casi siempre los mismos, que se repiten acompañados con sus notas en distintas páginas; un par de lugares en “Usados” donde se vende a 50$ el volumen de “Milonga de los Caminos”; tampoco se encuentra disponible imagen de la portada del libro ni del autor, las fotos que se publican aquí las tomé con la cámara de mi celular, para adjuntarlas a este largo texto lleno de signos gramaticales, que en el libro ocupa desde la pagina 13 a la 21 y que hoy damos a conocer a los lectores de Aromito, tratando de acercar este poema imprescindible de la valiosa Obra de Pedro Godoy, que a mas de veinte años de la muerte del autor, no ha sido reunida ni reeditada.

"Aerosúplica marina" está plagado de símbolos y a medida que uno va avanzando en su lectura y metiéndose de lleno en su profundo contenido, apasiona y es “una banco de sensaciones”, por el manejo del lenguaje, los hallazgos que el autor va desplegando en la construcción del poema lírico, la novedad de su mirada y su gran aporte al ya rico mapa universal de la Poesía.


Carlos Kuraiem
Introducción, trascripción del poema y selección de notas.

Especial para Aromito



AEROSÚPLICA MARINA


El mito y los cuentos pueden ser de una profundidad
máxima y de una interpretabilidad infinita, precisamente
cuando nada explican, cuando carecen de sentido. (Karl Jaspers)



¡Al mar! ¡Al mar!
¡Libremente inmenso! ¡Inmensamente libre!
¡Huir hacia este intenso día sin piedad!
Ser. Sólo contemplar. El trémolo. Deleite de la sal.
La vieja ley del mar un gallooo adora y dona
al fondo internacional de las víceras...
Estrellenauta de las 5 razas.
¡Más rounds, más rom, más sopla, enardecida...!
¡Huir! ¡huir hacia la clara claridad del mar...!


¿Por qué se dora el mar?... A las llamas se arroja.
Nacemos inocentes... ¡Las llaves del Mar...!
¡El mar! ¡El mar! Eternamente joven.
Lava Labas...
¡El mar! ¡El viento! Perdidos en la noche de los siglos...
¡Entre la sinfonía de fieros carnavales
y la aridad alobre del arcaico arcano!
¡La ronca fuerza cósmica! ¡Girante; tiburones veloces!
¡Diadema de Alucinantes jarcias! ¡El frenesí violento!
Banderas voluptuosas que vuelan... Huir...
¡La claridad feroz...Huir...!

Pedro Godoy (Bolívar, 1899 - Mar del Plata, 1986).





Pedro Godoy – Aerosúplica marina, 2



¡La ansiedad implacable agita pesadillas astronáuticas!
¡Genas! ¡Gemas! La belleza terrible. ¡La salvaje alegría!
¡Nos desplaza hacia una enardecida procesión en llamas!
Entre aplausos del mar. Lejano siempre.
¡Furiosa y amantísima promiscuidad del júbilo!
¡El mar! ¡Aterradora boca de locura líquida!
los días salieron de su carne.
¿Del mar?... (¡La vida parece hecha quien sabe para gozar
qué aullidos!) ¡Juguemos a vivir! ¡Sangrar estos orgullos!
… blancuras... blancuras… blanduras nerviosísimas...
¡Huir! Hacia la estética serena de los lobos marinos,
la silenciosa sublimación de los satélites remotos.
La arena voladora en anímica voluntad de altura.
El que se enoja, queda atrás, pierde el espectáculo.
“Solo hay un remedio para los males del A mar...
seguir amando más...”


... esfuerzo volitivo nos alza al movimiento...
¿qué busca lontananzas?...enérgico afán de ser vital...
los ovnis...arcanos nómadas...la cruz del sur...
la soledad de los aerolitos...la caricia de las almas...
el espacio azul y panteísta... la angustia religiosa...
los velos de maya...la existencia inconsolable...
lo incontrolable en el sicoanálisis...
la mujer buque...





¡Tu sangre, Mar! ¡Tus lágrimas alcanza
para comprar mas fábulas!… Hacia los frutos nuevos.
La novia nueva nos chista la mañana
cargada de preguntas…
Son momentos terribles. En que parece que un dios feroz,
desconocido implacable nos arrastra de la mano
hacia hallazgos ocultos en nosotros…
Indomables susurros susurrándonos,
de un puerto donde es una insensatez estar en contra…
El mar, tuvo familia esta mañana: un caracol vacío.
Entre lejanas lunas… La locura de una pintura abstracta
sobre la tela de una golondrina volando.
¿El Mar? ¿La Mar? La rosa bisexual… Y la tintura
Junto al mar, todos los cuerpos tienen olor A Mar… amar…
Hasta fundirnos en el crisol ardiente de la arena,
el sol rebota sobre el mar como pelota.


¡La soledad del mar…! Copa pura donde la especie
Escancia sus gotas de placer y de dolor… Huir…
Cien mil cabezas para un solo ojo retozando de lujuria.
El ocio cálido. El monstruo cuerdo impera…
¡Que en inefable santidad el arte se acueste con la vida
proclamando la infancia eterna del instinto!




Partimos hacia el mar. En un frenético fáustico fantasma.
La fértil fiesta fondo florece figones del frenesí
fustigando la fatalidad del farandulismo fecundo.
Fogonazos furiosos fotografiando formas...
¡Qué felicidad en la fisura! Qué fenómenos al filtro
de estos firmes perfumes de la sal! ¡Fantamagia fascinante!
Acá como en la vida no hay vieja ni nueva ola,
una viene detrás de la otra... ¡poder de la Nada!

Pedro Godoy (Bolívar, 1899 - Mar del Plata, 1986).



Especial para Aromito. Introducción, trascripción del poema y selección de notas por Carlos Kuraiem.

Pedro Godoy – Aerosúplica marina, 3



¡Al mar! ¡Al mar! Percepción saltando como pulga deslumbrada,
estirándose a la corteza lisa de los cuerpos.
Caravanas preclaras aferradas a feroces canciones.
Cantan las flores, donde ya se volvieron antifaces
las rojas fauces de los escualos.
Enigma de los esfuerzos. Intensa claridad interior
donde no se puede subsistir sino besando... ¡Huir!
huir hacia una encía de gaviotas y luceros.
¡Al mar! ¡Al mar! Y allá entre esotéricas sinagogas repletas
de mujeres deseadas y corajes arcánicos un violín se desangra
entre los horizontales...La tarde se derrite convirtiéndose
en copa de champaña, sobre la mesa solitaria,
...¡anhelantes vacíos del mono negro!
¿Genetistica relatividad? ¿Origen cromosómico?
¿qué estalactita monologa estructura esta ninfónica
inseminación novatada trayendo más ansias de vivencias?
¿qué esencias intensas retman autarquía de aladares?


¡Hinche los velámenes el inflamado sol de las mokinis!
Y estruendando beatitudes más sensibles, otro viento:
un maquillado ruiseñor celeste, equilibrista inicia
un ávido ballet atómico. A todo hidrógeno... Huir...
¡Huir hacia ese albatros sobre el viento!
Sobre un diáfano ring de náyades...
Y en la victoria canta horrorosa la espuela negra
de los corsarios. Y lo imprevisto: Polvo y locura.
Locura y nada. Sobre este foso del infinito,
van las estrellas en la mendiga sed infinita...
Los hombres y las hambres. Los siglos y las siglas...
galopan y galopan sobre el milagro de este obscuro
caballo líquido florecido, cazador de angustias...



Las altas islas. Las camas diáfanas. Azar. Arcantos.
Los iracundos mundos del beso. El baile nuevo
con esqueletos que se encendieron y consumieron
hace ya miles miles de siglos. Huele a lactancia...
que vienen...van...Van a la nada.
En la cueva profunda de las olas...
Dinámica jugando a los enigmas.
Pájaro inclinado hacia la roja azúcar de las grescas.
¡Las entrañas de Prometeo, tan dulces! Por eso los buitres
que vuelan desde submundo para curarlas pujan sus miedos
inmolándose en el albergue de la caducidad eterna.




¡Al mar! ¡Al mar! Buscamos la abstracción en sus leones.
¡Acontecer! ¡Acontecer! Interrogantes invisibles.
Deleite en nitilantes laberintos torbellinos...
index de las metas. En el girar eterno, efímeros...¡huir!
Huir en este volcán radiante. En este vientre del mar.
Hacia una robusta soledad florecida. Enamorados de la belleza;
con sus viejas túnicas sucias y ensangrentadas,
embarradas con el humo de todos los cadalsos,
muertos presentes y futuros,
fabricados con las barbas rojas de logos horizontes...


Pedro Godoy (Bolívar, 1899 - Mar del Plata, 1986).



Especial para Aromito. Introducción, trascripción del poema y selección de notas por Carlos Kuraiem.

Pedro Godoy – Aerosúplica marina, 4



¡Huir...huir...para vivir! Polígamo mosaico.
Dormir sobre milagros... Largas alegrías abuelazgos.
El éxito disfrutando perfumes del espacio,
televisa palomares de planetas...
para la eternidad. ¡Fascinación, para vivirte, mar!
Los pumas abstractos dispersos sobre de tus médanos...
...la almohada de las algas...
Megatones como distancias llenas de rulos; las gaviotas
en coincidencia de la gracia y el perdón...
y el oleaje, como tornillos enroscando
la tarde en las arenas...
asciende como sierpe a lo largo de la columna vertebral
y mercurial, nos parte en diáfana magnolia emocional...
mientras desparramados al sol sobre la playa,
la gran dulzura de rosados muslos...la búsqueda,
la suprema longevidad esclavera del pacer,
jocundas ancas, como lunas derramando sombrillas,
y senos que estallan prendidos por los juegos artificiales
del sol, lo mismo que granadas...
los pájaros de sidra...el fósforo del jazz...
las panteras del mar arañando los sueños...
selvas en algarabía de montañas...los alaridos
en la gruta para la misa de los mundos...
asándonos lentamente con rubios cigarrillos.




Llueve sobre el mar...llueve. Para. Y era fiesta:
siniestra entre las tinieblas de la noche.
¡El viento! ¡El viento! Se desata feroz el huracán!
Ruge pateando el mar y el mar muerde las quillas
espantoso cath cha can a muerte, muerte.
La orgía de la muerte entre horrorosas bacanales marinas...




¡El mar!... y este olor vagabundo...
moluscos para la Sinfonía Fantástica de Stravinski,
agujas de expediciones jubilosas de la siquis...
¡Huir...Huir! Al regresar alucinado...
Nos lleva del corazón el mar... Gélidos canales agnóticos.
Huir al quehacer del subconsciente. ¡Al Mar!
Arbol perenne, cuyos frutos siempre maduran...
y caen. Enterrándose dan, dan, dan...
asombrosas sonrisas del silencio,
sabiduría...
¡madremujer, la ardiente herida de su carne!




Después del naufragio,
bajo la luna monstruosa, hierve la olla del mar,
a los pies de los acantilados de nácar; solitarios,
los cuerpos de las doncellas muertas
flotando, un águila dormida entre las piernas,
revueltas entre sus ensueños de nylon...
Parecen pétalos... Ah, solidario... codícialos y calla.




¡Mar...! Siempre simple desconocido...Huir a Tu “Hoy”.
Tus espuelas terribles. Tus montañas de ánímas.
Los cañonazos de tus lejanas baterías retumban
sobre el horizonte de los siglos antes de la tierra...
Desfilan sobre ti grandes negras blancas nubes...
Monstruos ejércitos de super fortalezas volantes
que se atacan, devorándose...Grandes procesiones
silenciosas. Carpas errantes de imperios muertos...
Caballadas arriadas a degüello por ausentes malones
siderales perdidos de infinito a infinito...
Las olas se ponen de pie para atacarse
como enormes rulos de culebras. ¡Huir...Huir!

Pedro Godoy (Bolívar, 1899 - Mar del Plata, 1986).



Especial para Aromito. Introducción, trascripción del poema y selección de notas por Carlos Kuraiem.

Pedro Godoy – Aerosúplica marina, 5



¡Madrugada en el mar! ¡Murmura! Maremánum monstruocine.
Licor de grandes circos tirados por toninas blancas,
sobre los colchones de fuego del sol naciente.
Las altas tetas aúllan como peces en el viento...
Cara a las constelaciones...el mar,
tiene la dulzura de un niño dormido, y otras,
el rostro agrietado de un anciano enfurecido demonio.
Los pingüinos quedan sobre las playas, muertos,
tornasolados al petróleo con los brazos
en cruz como los ángeles.
La Historia ha sido escrita por el mar,
sobre el pupitre de aleluyas y pelícanos...
Aventuras. Acuarelas pintadas por las lanzaderas plateadas
de los peces. Grandes tormentas. Grandes tormentos arcánicos.




Graves investigaciones, instante del instinto.¡Huir...!
allá, donde el mar como un gran repollo plomo
envuelve con sus frescas hojas verdes
los muslos cálidos de la esperanza.




¡El mar! ¡La mar! El ojo caracol del aro.
Noche de los siglos: ¡Hosanna!
El brazo enloquecido del faro friega y resfriega... lava...
Lava...
Lava...
Lava...
La brillante bola de la vida.


Pedro Godoy (Bolívar, 1899 - Mar del Plata, 1986).




NOTICIAS DE PEDRO GODOY

Pedro Godoy nació en Bolívar en 1899 y murió en Mar del Plata en 1986. Publicó “A cara o cruz” (1926), “Vidrio de punta” (1928), “Brocha gorda” (1932), “No hay lemas” (1953) y “Milonga de los caminos” (1969); y una plaqueta con dos poemas y un dibujo de Pancho Ruiz “Orgía Ontológica” en 1974, Editorial Papeles de Buenos Aires, colección La pluma y la palabra, dirigida por el poeta Roberto Santoro.

Recorrió todo el país ganándose la vida en distintos oficios: panadero -su especialidad: el pan dulce-, albañil, pintor de brocha gorda, cuidador de coches, y croto. Se lo vinculó a los poetas sociales de Boedo, publicó en la colección Los Poetas, de Editorial Claridad. De espíritu anárquico, colaborador de La Protesta y otras publicaciones libertarias, conoció las miserias de la opresión y las persecuciones.

En "Los mejores poemas de la poesía argentina" ( 3º Edición, 1977) Juan Carlos Martini Real (encargado del prólogo, selección y notas), dice sobre Godoy: “Desde hace años ha instalado una carpa a pocos metros de la Barranca de los Lobos, al sur de Mar del Plata, y allí vive cumpliendo en su vejez, con los cinco requisitos que daba San Juan de la Cruz, como condiciones del pájaro solitario: 1) que va siempre a lo más alto; 2) que no tiene determinado color; 3) que da el pico al aire; 4) que no sufre compañía aunque sea de su condición; 5) que canta suavemente. Hijo natural, con ascendencia gitana e india (…) su apellido responde a un antiguo dueño de uno de los predios que rodean a la laguna de Monte, en cuyas tierras se recluyó un grupo indígena que, para vivir o integrarse a la sociedad, solía ponerse este Godoy, que Pedro incorporó a la historia de la poesía argentina, a través de seis poemarios desperdigados en casi cincuenta años”.

Pedro Godoy, en la noche anterior a su muerte conversando con Juan Jacobo Bajarlía, le comentó con mucha lucidez sus proyectos en materia literaria e incluso que pensaba publicar "El tercer Ángel", libro del que no tenemos noticias.

Notas: Del Suplemento Literario El Ángel de Virrey del Pino, edición tabloide, 4 páginas, tirada 3000 ejemplares. Año III, Nº 23, 1998. Director Carlos Kuraiem.

Carlos Kuraiem nació en Buenos Aires el 6 de junio de 1956. Músico y poeta. Imágenes: CK.

jueves, 10 de febrero de 2011

Leónidas Lamborghini – Y ladran hasta quedar secos



EL FALLO DE LA SUERTE

El girar hace ladrar.
Lo que espera el que espera
gira en el girar
y ladra.
El que espera es sordo. Y
es ciego. Y gira ladrando.
Lo que espera el que espera
es ciego. Y es sordo.
El que espera
y lo que espera el que espera
giran. Y ladran
hasta quedar secos.


De “Las reescrituras”, 1996. En “Antología poética”, Fondo Nacional de las Artes, 2006.
Leónidas Lamborghini (Buenos Aires, 1927-2009).
Foto: s/d

miércoles, 9 de febrero de 2011

Thich Nhat Hanh – El hombre no es nuestro enemigo



LA PROMESA


Prométeme hoy
mientras el sol está justo arriba de nuestras cabezas,
recordar, mi hermana,

que aunque te hayan hundido
bajo una montaña de odio y violencia
el hombre no es nuestro enemigo.

Noble es la compasión
y el odio
no puede ser la respuesta a la violencia,
el odio nunca te dejará enfrentar
a la bestia que está en el hombre.

Y un día,
cuando te enfrentes a ella,
sola, con tu coraje intacto,
tus ojos plenos de gentileza
de tu sonrisa, entonces,
nacerá una flor.

Y todos los que te aman
serán tus testigos
más allá de los diez mil mundos de nacimiento y muerte.

De nuevo a solas,
continuaré con la cabeza gacha,
pero consciente de la inmortalidad del amor.

Y sobre el largo y duro camino,
el sol y la luna brillarán,
alternadamente,
iluminando mi camino.



Thich Nhat Hanh nacio en Vietnam Central el 11 de Octubre de 1926; monje budista y activista por la Paz. En la actualidad vive en Francia
.

Gracias Germana Martin por compartir este texto. Traducción de Joselyne I. Vanclef. Tomada de la revista Uno Mismo nº 229, julio de 2002.
Foto: Wikipedia.

martes, 8 de febrero de 2011

Guillermo Boido – Pudo ser de otro modo. Pudo ser



PERMANENCIAS

Pudo ser de otro modo. Pudo ser
la vida el sitio exacto de la paz
o la batalla.
No esta yerma
tregua sin apuro,
este diálogo amable con la muerte.


De: La oscuridad del alba. Poemas 1970-2005, Buenos Aires, Ediciones Virgilio, 2006. En revista Isla Negra / 272, febrero 2011. Director: Gabriel Impaglione.

Guillermo Boido nació en Buenos Aires en 1941.
Foto: por aquí

sábado, 5 de febrero de 2011

Germana Martin – Deseo y lluvia


DESEO

Me miro
desnuda
en el espejo,
y sólo veo
esta piel:
luna escondida.

Devorada de fuego.


LLUVIA

No llovió afuera
como lo esperábamos.
La tormenta fue adentro.

Se volaron los geranios del jardín
junto con los retratos de papá y mamá.

Un tornado arrancó el techo de la infancia
y un trueno se escuchó tan fuerte
que mis tristes bichitos
se escondieron debajo de tu lámpara.

Sobre mis hombros
se escuchaba llorar
la lluvia de casi un siglo.

Y lentamente, de la garganta,
brotaron lágrimas de moras y pellizcos.

Se angostó el camino de los versos
abriéndose las grietas de mi más reseca tierra.

Me quedé
muda
desnuda
desolada
inundada de mieles y limones.

Aún sigo buscando llegar a alguna orilla,
para poder desprenderme de estas algas,
de esta piel de musgo que no es mía.

No llovió afuera
como lo esperábamos,
y el cielo pesa otra vez
como si fuera un muerto.


En “Mujer Raíz”, Ediciones digitales Palabra Chamánica, La Plata, Buenos Aires, 2011.

Germana Martin nació en la ciudad de La Plata el 4 de julio de 1961. Autora de diversos cuadernos de autoconocimiento y creatividad femenina, “Mujer Raíz” es su primer libro de poemas en formato digital.
Foto: GM en FB.

Germana Martin – Busco un príncipe que sepa ser sapo, que le guste el rock and roll


AVISOS


AVISO CLASIFICOSADO I

No fumo,
no bebo alcohol,
soy vegetariana,
haragana y dulce.
Busco un príncipe que sepa ser sapo,
que le guste el rock and roll,
lo transpersonal de las mariposas,
las caminatas en silencio y la poesía.
Los que no entienden a Jung,
aborrecen la astrología,
carentes de sonrisa
e inexpertos en amaneceres:
abstenerse.

Sólo pido:
un puñado de tardes frente al río,
el amor innombrable
y un eterno compromiso de ser libres.


AVISO CLASIFICOSADO II

Cansada de héroes desvalidos
busco dragón sobreviviente,
con llamarada que encienda la noche
y entibie mi vulva en los inviernos.


AVISO CLASIFICOSADO III

Bruja busca mechón de cabello enamorado
para conjurar esta tarde de recuerdos.
Abstenerse aquellos que no gustan
del invierno, del fuego o de los vuelos.


AVISO CLASIFICOSADO IV

Bruja busca sonrisa y semen para hechizo.
Se compromete a devolver el excedente al dueño.
El objetivo es noble:
regalarme una noche con estrellas.


AVISO CLASIFICOSADO V

Busco hombre
con mirada de peces
sonrisa de mago
puños de militante
risa de niño
sexo de lobo feroz
semen de colmena
torso de silencio.
Abstenerse los que ya no se asombran
ni se entregan.


En “Mujer Raíz”, Ediciones digitales Palabra Chamánica, La Plata, Buenos Aires, 2011.

Germana Martin nació en la ciudad de La Plata el 4 de julio de 1961. Autora de diversos cuadernos de autoconocimiento y creatividad femenina, “Mujer Raíz” es su primer libro de poemas en formato digital.
Foto: GM en FB.

jueves, 3 de febrero de 2011

Pádua Fernandes – Las mandíbulas I, II, III, IV



La tarea del antropólogo forense no parece muy diferente a la tarea de algunos poetas. Ya Paul Valery escribía sobre un inmenso cementerio marino donde se halla sumergido el cáliz de los versales eternos, también un cuerpo a desenterrar. El poeta Pádua Fernandes, sabueso romántico sensible al malestar de los fantasmas del aire detecta un resto óseo recargado de pasado, pero latente de un futuro posible. Como si en ese gesto, en esa tarea profanatoria se encuentre cifrado el destino de nuestra generación.

Julián Axat



LAS MANDÍBULAS

I

Las mandíbulas permanecen en el aire

suspendidas por la muerte
encimade la vida

mandíbulas desnudas

ninguna piel las cubre

resta alguna piel entre los dientes
en la comida interminable


II

la sonrisa de la mandíbula
pura

apenas dientes a la vista

viva como la roca después del apedreamiento


III

como si fluctuasen
las mandíbulas permanecen

algunas rotas otras no

aunque con los dientes cerrados
ellas están abiertas para el mundo
y lo muerden


IV

el beso de la mandíbula

no en otra

sino en el aire

que nos rodea

y transmite la caricia seca del calcio


Pádua Fernandes (Río de Janeiro, 1971). Vive en San Pablo. Foto: PF en FB.

Traducción Lorena Fernández Soto (Buenos Aires, 1978. Vive en La Plata).
Versión original:
O palco e o mundo
Julián Axat (La Plata, 1976).

Pádua Fernandes – Las mandíbulas V, VI, VII, VIII


LAS MANDÍBULAS

V

dentro de la mandíbula

alguien vive

ni vos ni yo

la mordida vive
y elige sobrevivientes


VI

maxilares el verbo de la
mandíbula
nos recoge en su discurso

la carie no sobrevive a la mandíbula

el verbo no sobrevive al discurso


VII

El cielo cubierto de mandíbulas
La noche cae sobre la tierra
y los grito de pánico
vienen del cielo y de la tierra

el cielo cubierto de mandíbulas
no hay mas vuelo
las aves se arrastran de un diente a otro
sin encontrar pozo

el cielo cubierto de mandíbulas
se morirá de hambre, y su
esqueleto finalmente sin alas
caerá vivo sobre la tierra:

las mandíbulas continuarán reinando
esperando que otro cielo nazca
y crezca como el cráneo nunca completo


VIII

no se ven más
las mandíbulas; ¿en este aire que sofoca
la posibilidad de la garganta
en este sol que ciega la desintegración del paisaje
en este viento que lleva la materia al destino del polvo

podremos encontrarlas o
serán ellas mismas la imposibilidad de
la garganta, la ceguera integral del paisaje
el polvo como materia del destino

en la ciudad erguida en el espacio entre los dientes?

no se ven más las mandíbulas; ¿tendrán
mordido el aire o la visión?

¿se acabó la posibilidad del paraíso
en las mandíbulas suspendidas?
pero

siempre es posible imaginar
tu mandíbula en fuga de los rigores
a reinventar el cuerpo en el campo minado.
Tenés el arma. Ella te usará.


Pádua Fernandes (Río de Janeiro, 1971). Vive en San Pablo. Foto: PF en FB.
Traducción Lorena Fernández Soto (Buenos Aires, 1978. Vive en La Plata).
Versión original:
O palco e o mundo

miércoles, 2 de febrero de 2011

Alberto Luis Ponzo – Vuelve el amor al lugar de la espera



Querido amigo: Me llamó la atención el comienzo de este nuevo envío de enero (n/e: se refiere al título de la gacetilla enviada al grupo de la talita dorada “No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo”). Pensé en ese "seno como magnolias", como fuente de vida, de la naturaleza, la reproducción y nuestro amor por él... Me puse a escribir y salió lo que te envío con gran afecto y muy fuerte abrazo. Alberto


RODEO EL UNIVERSO

Rodeo el universo
giro en una calle luminosa
me detengo en su pulso
voy con lentitud y silencio
palpando las sombras
bajo una piel lejana

hundo mi gozo
donde nacieron otros cuerpos
bebieron su fuego interior
se nutrieron de sol
dieron vida al paisaje

hablo de la mano temblando
sobre un pecho dormido

de milenios
la escena se repite

vuelve el amor
al lugar de la espera.


Poema inédito, febrero 2011

Alberto Luis Ponzo, Buenos Aires, 1916. Poeta y editor.
Imagen: Salvador Dalí “Las rosas sangrantes”, 1930. Óleo sobre lienzo, 61 x 50 cm. Colección Caixa Galicia.

martes, 1 de febrero de 2011

Thomas Merton – Mensaje a los poetas


Mi ausencia no es solo el resultado de mis certezas, sino también de mis incertidumbres.

Nosotros los poetas sabemos que la razón de un poema no es descubierta hasta que el poema en cuestión existe. La razón de un acto vital no se realiza sino en el acto mismo.

No llegamos juntos a la solidaridad por razones que hayamos previsto de antemano. La razón de nuestra solidaridad aparecerá cuando hayamos avanzado en medio de las contradicciones y las posibilidades.

Nosotros los poetas no nos forjamos a nosotros mismos límites o certidumbres con nuestras propias mentes. El Espíritu de Vida que nos ha convocado, en el espacio o en el acuerdo al menos, hará de nuestro encuentro una epifanía de certidumbres que no pudiéramos conocer en el aislamiento.

La solidaridad de los poetas no está planeada ni soldada con convicciones políticas, en cuanto estas son materia del prejuicio, la malicia y la proyección. A pesar de sus debilidades, el poeta no es un hombre malicioso. Su arte depende de una inveterada inocencia que perdería en los negocios, en la política o en las formas igualmente organizadas de la vida académica. Nos congregamos para defender nuestra inocencia.

Toda inocencia es materia de fe. No hablo ahora de un asentimiento organizado, sino de las convicciones interiores personales "en el espíritu". Estas convicciones son tan fuertes e incontestables como la vida misma. La solidaridad de los poetas es un acto tan elemental como la luz del sol, como las estaciones, como la lluvia.

No es cosa que pueda ser organizada, puede solo ocurrir. Solo puede ser "recibida". Es un don al que tenemos que permanecer abiertos. Ningún hombre puede planear la salida del sol o el aguacero. El mar sigue estando húmedo a pesar de todas las abstracciones. La solidaridad no es colectividad. Los organizadores de la vida colectiva dudarán de la seriedad o la realidad de nuestra esperanza. Si nos infectan con sus dudas perderemos nuestra inocencia y con ella nuestra solidaridad. La vida colectiva está frecuentemente organizada sobre la base de la malicia, la duda y la culpa. La verdadera solidaridad es destruida por el arte político de incitar a pelear a un hombre contra otro, y por el arte comercial de estimar a todo hombre por un precio. Con estos ilusorios cálculos el hombre construye un mundo de valores arbitrarios sin vida ni sentido, lleno de estéril agitación. Lanzar a un hombre contra otro, una vida contra otra, una obra contra otra obra, y expresar el cálculo en términos de costo o de privilegio económico y honor moral, equivale a infectar a todo el mundo con la más profunda duda metafísica. Divididos unos contra otros por los propósitos del cálculo, los hombres adquieren inmediatamente la mentalidad de objetos a vender en un mercado de esclavos.

En una situación tal no hay alegría, solo rabia. Cada hombre siente que la raíz más profunda de su ser ha sido envenenada por la sospecha y el descreimiento. Cada hombre experimenta su misma existencia como culpa y traición, y como una posibilidad de muerte: nada más.

Nosotros nos ponemos de pie juntos para denunciar la vergüenza y la falsedad de todas las mentiras colectivas.

Si vamos a permanecer unidos contra estas perfidias, contra todo poder que envenene al hombre y lo someta a las mixtificaciones de la burocracia, el comercio y la política, tenemos que rehusar ser reducidos a una medida. Tenemos que rehuir una identificación precisa. Tenemos que rechazar las seducciones de la publicidad. No debemos permitirnos ser lanzados unos contra otros. Tenemos que no aceptar devorarnos y desmembrarnos unos a otros para la diversión de la muchedumbre.

No debemos permitirnos ser tragados por ella para aliviar su propia insaciable duda. No tenemos que estar meramente con algo y contra algo, incluso si estamos con "nosotros" y contra "ellos". ¿Quiénes son "ellos"? No nos permitamos ayudarlos mediante una "oposición".

Permitámonos permanecer fuera de "sus" categorías. Es en este sentido que todos nosotros somos monjes: porque permanecemos inocentes e invisibles para los publicistas y los burócratas. Ellos no pueden imaginar lo que estamos haciendo. Nunca serán capaces a menos que nos traicionemos a nosotros mismos ante ellos, y ni siquiera entonces serían capaces.

Ellos no entienden nada excepto lo que ellos mismos han decretado. Son unos tipos listos que tejen palabras sobre la vida y luego hacen la vida conforme con lo que ellos mismos han pronunciado. ¿Quién puede confiar en alguien cuando los que hacen la vida dicen mentiras? Es el negociante, el político, no el poeta, quienes devotamente creen en "la magia de las palabras".

Para el poeta, precisamente, no hay magia. Solo la vida en toda su impredictibilidad y su libertad. Toda esa magia no es sino una cruel aventura previsible, un círculo vicioso, una profecía que se cumple a sí misma. La poesía es inocente ante la predicción porque ella misma es el cumplimiento de las predicciones ocultas en la vida cotidiana.

No seamos como aquellos que quieren que el árbol muestre primero sus frutos y luego, como mera publicidad, las flores. Estamos contentos con que las flores vengan primero y luego los frutos, a su debido tiempo. Como el espíritu poético.
Obedezcamos a la vida, y al Espíritu de Vida que nos llama a ser poetas, y cosecharemos los frutos de que está hambriento el mundo. Con esos frutos calmaremos los resentimientos y la rabia de los hombres.

Estemos orgullosos de no ser hechiceros, solo gente común.

Estemos orgullosos de no ser expertos en ninguna cosa.

Estemos orgullosos de las palabras que nos son dadas para nada, no para enseñar a nadie, ni para refutar a nadie, ni para probar ningún absurdo, sino para apuntar más allá de los objetos hacia el silencio donde nada puede ser dicho.

No somos persuasores. Somos los niños del Indecible. Somos los ministros del silencio, necesarios para curar a todas las víctimas que mienten muriendo de falsa alegría. Reconozcámonos como lo que somos: derviches locos de un secreto amor terapéutico, que no puede ser comprado ni vendido, y que los políticos temen más que a una violenta revolución.

Somos más fuertes que la Bomba.

Digámosle sí a nuestra propia nobleza, abrazando la inseguridad y la abyección que una existencia de derviche nos impone.

En la República de Platón no había ya lugar para los poetas y los músicos, menos aún para los derviches y los monjes. Como Platones incompetentes que creen poseer el mundo en el que viven, creen que pueden seducirnos con banalidades y abstracciones. Pero nosotros podemos eludirlos, simplemente entrando al río heracliteano que nunca es cruzado dos veces.

Cuando el poeta pone su pie en ese río eternamente móvil, la poesía se engendra a sí misma del agua centelleante. En ese instante único, la verdad se manifiesta para todo aquel que es capaz de recibirla.
Nadie puede acercarse al río sino por sus propios pies. No puede ser llevado en automóvil.

Nadie puede entrar al río vistiendo los ropajes de las ideas públicas y colectivas.

Tiene que sentir el agua en la piel desnuda. Tiene que saber que la inmediatez es solo para las mentes desnudas, y para el inocente.

Venid, derviches: he aquí el agua de vida. En ella danzad.

Traducción de Rafael Almanza. Extraído de La Jiribilla, revista de cultura cubana.
Foto acá

Escrito para un congreso de poetas (Movimiento Nueva Solidaridad) celebrado en México en 1964, al que Merton no pudo asistir. Este encuentro, más que nada un encuentro de jóvenes poetas latinoamericanos y algunos estadounidenses, fue realizado por las revistas Eco Contemporáneo, El Corno Emplumado y Pájaro Cascabel.
Leímos por primera vez este texto de Thomas Merton, que aún nos sigue emocionando, en traducción de Miguel Grinberg (la que más nos gusta pero que no hemos podido incluir en Aromito) en el número 8/9 de la revista “Mutantia” (septiembre/diciembre de 1981). Traduce Grinberg: “… Nadie puede llegar al río sobre otros pies que no sean los suyos. No puede llegar en vehículos.
Nadie puede sumergirse vistiendo la túnica de las ideas públicas y colectivas. Debe sentir el agua en su piel. Debe saber que el contacto es para las mentes abiertas solamente, y para los inocentes.
Vamos, derviches: aquí está el agua de vida. Dancemos en ella”.