viernes, 21 de enero de 2022

SYLVIA IPARRAGUIRRE Lila y las luces



LILA Y LAS LUCES

A Ana María Borzone 

   Falta poco para el amanecer. En las estribaciones de los Andes patagónicos el viento corre ladera abajo y estremece los techos de las cinco o seis casitas del valle. Lila se acerca a la espalda de su hermano Ramón en busca de calor. Se vuelve a dormir con un sueño liviano, de pájaro. Un rato después, la luz fría de la mañana los despierta. La madre ya ha salido y el bebé está moviendo los bracitos en silencio. Somnolienta, lo levanta y lo cambia. En la cocina, el fogón ha guardado algo de rescoldo. Rápida y eficaz, Lila hace brotar el fuego.   Con el bebé en brazos, se asoma a la puerta. Lejos, en la ladera del cerro, las manchas blancas le señalan dónde está su mamá con las cabras. Pone los jarros sobre la mesa y sirve el mate cocido. Sus tres hermanos se sientan y empiezan a hacer ruido y a reírse. Se pegan en las manos cada vez que uno estira el brazo para alcanzar el pan. El de tres años, todavía un poco dormido, tiene el pelo parado y la ropa torcida. ¿Vendrá el maestro hoy?, piensa Lila. 
   –¿Hoy viene el maestro? –pregunta el hermano mayor. 
   –Y claro, por qué no ha de venir. Con ocho años, su hermano Ramón es siempre el que más sabe. 
   –Digo. El viento mueve la puerta, la leche se derrama en el fuego, el bebé llora. Lila le cierra los dedos sobre un trozo de pan; mientras, ella enfría la leche en el jarro. Sus hermanos salen al patio.
   –Por qué no te dormís vos, ¿eh? –le habla al bebé con el tono enérgico que usa su madre–. Si no te dormís viene el enano y te lleva. Con cuidado lo vuelve a acostar en la cama grande y sale. En el patio se pelean los más chicos y Lila los separa. Uno de ellos se ha caído y tiene un moretón en la frente y la cara llena de lágrimas y moco. 
   –Ya van a ver cuando venga la mamá –los amenaza. 
   Lila corre junto a Ramón, que juega a subirse a las piedras a un costado de la casa, donde la ramada del corral de las cabras se recuesta contra la roca viva. El sol ya está alto pero el viento es frío. Las manchitas blancas se han desplazado un poco hacia la parte baja del cerro; Lila igual alcanza a ver la pollera azul y hasta el pañuelo en la cabeza. Unas nubes cruzan veloces el cielo. Oscurecen la montaña y cuando ya pasan y todo vuelve a ser claro y brilla. Esto le gusta a Lila. Baja saltando de las piedras y entra en la casa para ver que no se apague el fuego. Recién entonces saca el cuaderno y el libro de la bolsa de nailon y los lleva a la mesa. Toma el lápiz para hacer la tarea. Lila se pregunta por centésima vez cuántas patitas debe dibujarle a la E. El maestro dijo que es como un rastrillo, pero el rastrillo tiene muchos dientes y la E no tiene tantos. Ha borrado muchas veces y tiene miedo de que el papel del cuaderno se rompa. El maestro dijo que había que aprender palabras del libro de lectura y copiarlas en el cuaderno. Las manos morenas y delgaditas lo abren con cuidado. Lila no se cansa de mirar los dibujos llenos de detalles y colores brillantes. Lo mandaron de regalo para su escuela. Esta semana le tocó a Lila llevarlo a su casa. En ese libro hay que aprender a leer, dijo el maestro, porque es el único libro que hay. Lila ya ha mirado muchas veces al chico de la lectura que sale de su casa y va a la escuela, pero por más que mira no puede acordarse de lo que dicen las palabras. 
   –Escuela... –deletrea en voz baja. 
   Ahora tiene que copiarla, pero en la lectura está con la e y Lila debe escribirla con la E. En ese momento el bebé llora, guarda todo en la bolsa y va a atender a su hermano más chico. 
   Al mediodía, su mamá ha vuelto y las cabras están en el corral. Lila y Ramón caminan entre los cerros.  Desde lejos saben que el maestro vino: la bandera se ve arriba, ondeando. En el patio, se juntan con sus compañeros hasta que toca la campana, pero Lila no juega, está inquieta. No pudo hacer la tarea y tiene miedo de que el maestro se enoje. Es el segundo año que viene a la escuela y su mamá dice que si otra vez repite, la saca. A muchos chicos no les da la cabeza, y hay que ver si a Lila la escuela no le hace perder el tiempo. Abre el libro sobre el pupitre pero las palabras siguen mudas. Por su cabeza cruza el anchimallén. Cuando oscurece, antes de que su mamá encienda la lámpara, a Lila le da miedo. El enano malo se ríe en el aire y se aparece como una luz que anda por los techos o entre las patas de los caballos. Su tío dijo que una mujer se quedó ciega porque lo miró de frente. Lila piensa en su mamá, que está en los cerros con los más chicos. En el dibujo del libro, el alumno de guardapolvo blanco va a la escuela en una ciudad muy grande, llena de casas. “Es la capital de nuestro país”, ha dicho el maestro. El chico se queda parado y mira unas luces. Ella también las mira. El maestro ya ha explicado qué es esa cosa con luces, pero Lila ha olvidado para qué sirven y la palabra escrita no le dice nada. 
   –¿Para qué era esto? –pregunta bajito a su compañera. 
   La chica mira un momento, duda, acerca la cara al libro, y después dice: 
   –Para que no te pise el auto. Si te pisa te mata. 
   Cada cinco días pasa el colectivo que va hasta Neuquén. Una vez su mamá se fue en ese colectivo, cuando Ramón estuvo enfermo, y allá había luz eléctrica, dijo. En sus siete años, Lila nunca fue a una ciudad. Piensa si las luces no servirán para que el enano no te agarre en el cerro. Se lleva los chicos a una cueva, dijo su tío, después los saca muertitos. Pero en los cerros no hay luces, salvo el relámpago y la luz mala del anchimallén cuando alguien se va a morir. Por eso Lila le dice a su mamá que a la noche tranque bien la puerta. Su papá hace mucho tiempo que no está; una vez se fue a trabajar y no volvió. Después vino hace como un año y se volvió a ir. Su papá es más alto que su mamá. Lila se acuerda bien de su cara y del pelo. 
   –Lila ¿copiaste las palabras de la lectura? 
   Asustada, Lila mira su cuaderno y no contesta. 
   –¿Aprovechaste el libro? Mañana se lo lleva Mario. ¿Copiaste las palabras que marqué? 
   Lila siente la cara ardiendo. Los ojos se le llenan de lágrimas. Sin saber qué hacer, tira de la blusa para abajo. 
   –¿Quién copió las palabras? –pregunta, en general, el maestro. Lila vuelve a sentarse. En el libro, el chico ha subido a un colectivo y habla con el conductor. El colectivo es más nuevo que el que pasa por el valle para Neuquén. El maestro habla de la ciudad y dice que la lectura se llama “El ritmo de las ciudades”. Lila mira las letras y las empieza a deletrear: El..., pero el maestro ya está explicando otra cosa: que en las ciudades se hacen embotellamientos de tránsito de tantos autos que hay. A Lila la palabra embotellamiento no le parece difícil y cree que la puede copiar porque la e chica no es como la E. El maestro está diciendo que algún día ellos van a ir a la ciudad, entonces tienen que saber cómo es. A Lila esto le gusta y a la vez no le gusta. Se siente inquieta. Mira a su compañera y le dice: 
   –¿Vos vas a ir? 
   –¿Adónde? –dice Yarita. 
   –Ahí, donde dice el maestro. 
   La chica hace que no con la cabeza. A Lila esto la tranquiliza. ¿Su mamá ya habrá vuelto del cerro con sus hermanos? Había dos cabras por parir y su mamá estaba nerviosa. 
   –Copien las palabras –repite el maestro. 
   Lila borra otra vez. La timidez la paraliza. De golpe, toma coraje. 
   –Maestro, maestro, yo no puedo hacer esta letra... –dice en voz baja. 
   En el otro extremo del aula, el maestro está distraído. Rodeado por el grupo de los más grandes, donde está su hermano Ramón, no presta atención para el lado de los más chicos y no la escucha. Lila vuelve a mirar el dibujo del libro: muchos coches en una calle, también hay colectivos y un camión. Parecen los chivos queriendo salir del corral. Arriba, las letras dicen ¡tuuu!, ¡tuuu! Eso Lila lo lee perfectamente. El maestro ahora está a su lado y Lila se sobresalta. 
   –Lila, copiá las palabras... que Yarita te ayude. 
   Pero Yarita dice: 
   –No quiero... yo estoy escribiendo, maestro. 
   –Bueno, Lila, copiá esta palabra –dice el maestro. 
   Con alivio Lila empieza a dibujar la e, la m, la b... Yarita mira por encima de su hombro. 
   –Ahora poné el cero –dice Yarita; Lila la interrumpe. 
   –No es el cero, es la o. 
   –Es el cero –porfía Yarita. 
   –Ya está –dice Lila satisfecha–: embote... –deja de escribir porque suena la campana. 
   En el patio, el maestro recomienda a Ramón que ayude a su hermana. Es el único que lo puede hacer. Dice que con ayuda Lila va a salir adelante. Ramón no mira al maestro, hace un hoyo con el talón en la tierra y dice que a lo mejor su mamá la saca, que como es mujer va a ayudar en la casa o a lo mejor va de niñera a Neuquén. El maestro insiste y le recuerda a Lila que mañana le toca a otro compañero llevarse el libro. 
Emprenden la vuelta. En el camino, Ramón junta piedras y se las tira a los tordos. Lila va pensativa. 
   –¿Qué son las luces, Ramón? 
   –¿Qué luces? 
   –Ésas, las de colores, para que no te pisen los autos. 
   –¿Dónde? –dice su hermano, probando su puntería en una piedra grande, a unos diez metros. La piedra rebota y sale disparada para arriba. 
   –En el libro del maestro... 
   –Si te pisa un auto te destripa –dice su hermano y, sin esperar contestación, sale corriendo. 
   Su hermano tampoco sabe lo de las luces, si no, le hubiera dicho. Las montañas se han puesto violetas y el viento es cada vez más frío. En las cimas todavía hay sol, pero en las laderas, el atardecer ha hecho un hueco negro. Desde una loma oscurecida, un guanaco muy erguido la mira. Lila empieza a correr. 
   –¡Ramón, Ramón...! 
   Su hermano sale de atrás de una piedra y la asusta. Se ríe a carcajadas. Se para en el medio del camino: 
   –Te agarra el anchimallén y te lleva a la cueva... –otra vez sale corriendo y gana distancia. 
   A todo lo que dan las piernas, Lila sigue a su hermano sin mirar atrás. A la vuelta del camino, bajando la cuesta, aparece su casa. Un humo delgado se levanta del techo. El perro viene a su encuentro y Lila lo abraza con fuerza. Entre ladridos, corre y cruza la puerta. La felicidad de Lila es que su mamá está adentro, de espaldas, frente al fogón. 
   –Mamá, el Ramón me dejó sola y me asusta –dice sin aliento. 
   Su hermano ni la mira porque está luchando con el perro en un rincón. Lila se da cuenta de que su mamá no está nerviosa, está contenta porque han nacido cuatro chivitos nuevos, más de lo que esperaban. Pero la leche de las cabras no alcanza, dice. Hay que preparar las botellas para darles; si no, se les mueren. Eso es lo único en el mundo que Lila sabe que no puede pasar. La madre dice que cambie al bebé que está mojado y lo ponga a dormir. Ramón ya está echando la leche en las botellas y tapándolas con la tetina de cuero. Lila tiene ganas de ver los cabritos, pero primero debe hacer lo que su mamá le ha dicho. 
   –¡Duérmase de una vez! –ordena impaciente–. Viene el enano y lo lleva –el bebé sonríe y la mira con los ojos redondos, sin asomo de sueño–. ¡Le pongo las luces! –amenaza Lila–. ¡Le pongo las luces y lo pisa el auto! 
   Al fin, el bebé se duerme y Lila corre excitada afuera. Ramón acarrea el balde con las cuatro botellas. En el corral de palo ya oscurecido, su madre da órdenes cortas y precisas que Lila y Ramón obedecen al instante.   De un lado al otro, el perro vigila que ningún chivo se escape. Lila es todo ojos. En las sombras, su madre sujeta con brazos y piernas una cabra; cuando la tiene segura, con una mano toma el chivito y lo pone a mamar. Lila entiende. Tienen que aprender a mamar los chivitos para que después tomen de la mamadera y no se mueran. Ramón ya sostiene la otra cabra. Lila se agacha y levanta uno de los recién nacidos. Los balidos son débiles y lastimeros. 
   –Tiene hambre –dice Lila. 
   Rápida, busca la ubre de la cabra y mete el dedo en la boca del cabrito. Escucha el ruido de succión. 
   –Éste ya toma –dice su hermano. 
   El corral se llena de balidos, de viento y de noche. Una racha fría alborota la pollera de la madre y el pelo de Lila que, en cuclillas, deja a un recién nacido y levanta a otro. En su palma late desenfrenado el corazón del chivito que toma con avidez. Se va a salvar, piensa Lila. No se van a morir. Se deja caer, jugando, sobre el costado de una cabra que se mueve y la empuja. Son calentitas, piensa contenta. 
   –Éste se tomó todo, ya. 
   Recortados contra la luz débil de la cocina, los más chicos miran desde la puerta. La madre le dice a Ramón que vaya a la pieza, saque el colchón y traiga el elástico de la cama. Le ordena a Lila que le ayude. El corral tiene la puerta rota y los animales pueden salirse durante la noche. Obedecen, su hermano pone el colchón en el piso y apoya el elástico de canto. Lila toma el otro extremo y, entre los dos, lo llevan afuera. Van tropezando en la oscuridad. Su madre acomoda el elástico a la entrada del corral y lo sujeta con unas sogas. Le está diciendo a Ramón que mañana debe buscar unos palos buenos y arreglar la puerta. 
   Todo terminó. Su mamá y Ramón entran a la casa, pero Lila se queda. Con la cara entre los palos, mira la oscuridad estremecida del corral, siente el olor áspero, familiar, y escucha el roce de los cuerpos. El viento sisea entre las piedras, las cabras se acomodan y las crías, al abrigo de sus madres, no balan más. La noche bajó sobre la Patagonia entera. El perfil de las montañas es apenas el trazo de las cumbres nevadas. No hay luna. Un arco portentoso de estrellas resplandece en el frío nocturno y cubre el cielo de un extremo al otro del valle con sereno esplendor. 
   –¡Lila! 
   Lila corre a la casa y su madre tranca la puerta. 
   Sentados a la mesa, los cuatro miran silenciosos la espalda de la madre frente al fogón. El olor de la tortilla llena la cocina. El más chico se ha quedado dormido con la cara sobre la mesa. A Lila se le cierran los ojos, pero el hambre la mantiene despierta. Comen en silencio. La madre quiere saber si ha venido el maestro y qué les ha dicho. El que contesta es Ramón. Lila va a preguntar de las luces, pero mastica y se le cierran los ojos. La voz de su mamá se va apagando. En el techo silba el viento y el anchimallén está lejos. Mañana va a aprender lo de las luces para que el maestro vea que ella sabe. El viento sigue su canto, monótono. Lila se queda dormida. 




En El país del viento, Alfaguara, Buenos Aires, 2003; y en Lila y las luces, Plan de lectura de 2009, Ministerio de Educación, Buenos Aires, 2009 / 
Sylvia Iparraguirre nació en Junín, provincia de Buenos Aires, el 4 de julio de 1947 / Escritora / Fotos: jmp

martes, 18 de enero de 2022

LUIS ALBERTO MURRAY Gente igualmente atendible



GENTE IGUALMENTE ATENDIBLE

El perro 

a Raúl Alonso

Debido, en cierto modo, 
a que no sabe nada, 
mirando su mirada 
lo comprendemos todo. 


El gato

Sí, desdeñoso, finge 
ser meramente un gato, 
incomodadlo un rato, 
y surgirá la Esfinge. 


El cordero 

Con su postrer balido 
alcanza a perdonarnos. 
Si logra avergonzarnos, 
no todo está perdido. 


La gacela 

Indefensa hermosura. 
De este mundo no es. 
Del próximo, tal vez, 
como la paz segura. 


El facocero

No sepa que lo viste, 
increíble, horroroso. 
Ante él, sé piadoso, 
y dile que no existe. 



LA COPA 

Qué poderoso lo que nada pesa. 
Ah, muchacha, qué Orden te asegura. 
Siento, sobrecogido de pureza 

que al ceñirte mi brazo la cintura, 
vibra como una copa mi belleza, 
una copa de fuego y de ternura. 

Y digo el brindis único que expresa 
la gracia toda de tu arquitectura: 
-A la salud de la naturaleza... 




En Antología de la Poesía Argentina, tomo II (1919 - 1930) de III, selección e introducción de Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979 / De Primera colección, 1940 - 1950 (1950) /
Luis Alberto Murray (Buenos Aires, 10 de marzo de 1923 - 31 de julio de 2002) / Fotos: jmp

martes, 11 de enero de 2022

MARCEL PROUST Parten para respirar esos minutos profundos



ALBERT CUYP

Cuyp, sol en declinación disuelto en el aire límpido
Que un vuelo de pichones turba como el agua, 
Trasudor de oro, nimbo en la frente de un buey o un abedul,
Incienso azul de los días hermosos humeando en la colina,
O pantano de claridad estancada en el cielo vacío.
Unos jinetes están listos, sombrero con pluma de rosa, 
A un lado la palma; el aire vivo que enciende su piel,
Hincha levemente sus finos rizos rubios,
Y, tentados por los campos ardientes, las ondas frescas,
Sin perturbar con su trote los bueyes cuya manada
Sueña en una niebla de oro pálido y reposo,
Parten para respirar esos minutos profundos.


CHOPIN 

Chopin, mar de suspiros, de lágrimas y de sollozos
Que atraviesa sin posarse un vuelo de mariposas 
Jugando con la tristeza o bailando sobre las aguas.
Sueña, ama, sufre, grita, apacigua, encanta o arrulla,
Siempre haces correr entre cada dolor 
El olvido dulce y vertiginoso de tu capricho 
Como las mariposas que vuelan de flor en flor; 
De tu pesar entonces tu alegría es cómplice:
El ardor del torbellino aumenta la sed del llanto. 
De la luna y de las aguas, pálido y dulce camarada,
Príncipe de la desesperación o gran amor, 
Te exaltas aún, más hermoso cuanto más pálido
Del sol que inunda tu cuarto de enfermo, 
Que llora sonriéndole y sufre al verlo, 
Sonrisa del remordimiento y lágrimas de la Esperanza. 




En Retratos de pintores y músicos, Colección El Búho Encantado, Rosario, Argentina, 1978 / Director: Francisco Gandolfo / Traducción Marcelo Menasché / (Estos poemas forman parte del primer libro publicado por MP en 1896, Los placeres y los días, con prólogo de Anatole France) / 
(Valentin Louis Georges Eugène) Marcel Proust (Francia, 10 de julio de 1871 - 18 de noviembre de 1922) / Fotos: jmp

domingo, 9 de enero de 2022

MICHEL HOUELLEBECQ ¿Cómo es posible que nuestra soledad sea tan grande?



50”

H:
    Me gustaría anunciar buenas nuevas, prodigar palabras de consuelo; pero no puedo hacerlo. Sólo puedo observar cómo se abre el abismo entre nuestros pasos y nuestras actitudes. 
Surcamos el espacio, el ritmo de nuestros pasos corta el espacio con la exactitud de una navaja; surcamos el espacio y el espacio es cada vez más oscuro. 
Hubo un momento preciso en que se rompió el contacto. No consigo recordarlo, pero debió de producirse a cierta altura. 

M:
    Tuvo que haber algún momento de comunión en el que no teníamos ninguna objeción contra el mundo; entonces, ¿cómo es posible que nuestra soledad sea tan grande? 
Debió de ocurrir algo, pero el origen de la deflagración nos resulta impenetrable; 
miramos a nuestro alrededor, pero ya nada nos parece concreto, ya nada nos parece estable. 




En El mundo como supermercado, Anagrama, Página / 12, Buenos Aires, 2011 / Traducción Encarna Castejón / De Opera bianca, instalación móvil y sonora del escultor Gilles Touyard y del músico Brice Pauset con textos de MH / primera representación en Centro de Arte Contemporáneo Georges Pompidou, París, 10 de septiembre de 1997 / 
Michel Houellebecq (Michel Thomas, Saint-Pierre, isla de Saint-Pierre Reunión, 26 de febrero de 1956) / Fotos: jmp 

viernes, 7 de enero de 2022

FRANZ KAFKA La desdicha en la otra orilla



24 [de enero de 1922] 
(…)
    Mi desarrollo ha sido sencillo. Cuando todavía estaba contento, quería estar descontento, y con todos los medios de la época y de la tradición que me eran accesibles me empujaba a mí mismo al descontento, y entonces quería volverme atrás. Por lo tanto, siempre estaba descontento, también con mi descontento. Es notable el hecho de que, con una sistemática suficiente, la comedia pueda convertirse en realidad. Mi decadencia espiritual comenzó con un juego pueril, aunque puerilmente consciente. Contraía artificialmente, por ejemplo, mis músculos faciales, caminaba por el Graben con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Un juego puerilmente repelente, pero que salió bien. (Algo parecido ocurrió con el desarrollo de mi escritura, sólo que, por desgracia, ese desarrollo se atascó más tarde.) Si es posible forzar de ese modo a la desdicha a que venga, entonces debería ser posible forzar a todo a que venga. A pesar de que mi desarrollo parece refutarme y a pesar de que pensar así contradice mi naturaleza, no puedo de ningún modo admitir que los inicios de mi desdicha fueran íntimamente necesarios, quizá respondieran a una necesidad, pero no una necesidad íntima, llegaron volando como moscas y habrían sido tan fáciles de ahuyentar como éstas. 

    La desdicha en la otra orilla habría sido igual de grande, probablemente más grande (a consecuencia de mi debilidad), todavía tengo la experiencia, todavía está temblando en cierta medida la palanca desde la época en que la invertí por última vez, pero por qué incremento luego, con mi nostalgia de la otra orilla, la desdicha de estar en ésta. 

25 [de enero de 1922] 
    Triste con motivo (…) 




En Diarios, Random House Mondadori, Buenos Aires, Argentina, 2015 / Traducción de Joan Parra y Andrés Sánchez Pascual /
Franz Kafka (Praga, Imperio austrohúngaro, actual capital de República Checa; 3 de julio de 1883-Kierling, Austria; 3 de junio de 1924) / Fotos: jmp

jueves, 6 de enero de 2022

JOAN BROSSA Este verso es el presente



EL TIEMPO 

Este verso es el presente.

El verso que habéis leído es ya el pasado
-ha quedado atrás después de la lectura-.
El resto del poema es el futuro,
que existe fuera de vuestra
percepción.

Las palabras
están aquí, tanto si las leéis
como si no. Y ningún poder terrestre
lo puede modificar.


LUNA

Avanza poco 
a poco hacia mí, 
la cola le llega al suelo.
El gato me lame la mano 
y me mira como si se diera cuenta 
de que hablo de él. 


TERNERO DISFRAZADO DE TIGRE

Al tigre 
le quito la cabeza de cartón 
y me la pongo yo. 

Un hombre con cabeza de tigre. 
Un tigre con cabeza de ternero. 


POEMA

A Joaquim Belsa

Es en este mes cuando se inicia 
el florecimiento de los árboles 
y de las plantas. 

La mecedora.


VIROLAI

Y quiso que sus cenizas 
fueran esparcidas 
sobre la tumba de su 
marido.


TENTETIESO

A Lluís Solà 

Muñeco
que lleva un
peso en la base y que,
desviado de su posición
vertical, vuelve a levantarse.

El pueblo.


DESCALABRO

A Manolo Millares 

La mesa 
está puesta como tal debe quedar 
hasta el final del banquete. En el centro hay 
un ramo de flores. En los extremos, candelabros 
con pantalla, las compoteras y los platos 
delante de los cubiertos. Las copas están 
colocadas según las medidas. Brillan 
los cubiertos de plata, y la vajilla es 
de porcelana antigua. 

¡Basta! El poeta, hecho una furia, arranca 
el mantel y vuelca a la mesa gritando, 
indignado. 


VIAJE

El poema
se pone en movimiento
y os mete por la boca
de un túnel.
 
Lunes
martes
miércoles
jueves
viernes
sábado
 
Aquí
el poema se detiene
para que bajéis y salgáis
a la luz del día.


ENTONACIÓN

Son tantas las diferencias que advierto 
entre lo que oigo y lo que veo, 
que si me acuerdo de tragedias 
personales enciendo un cigarrillo 
y salgo del poema. 


HÁLITO

Saco la regla, 
la caja de compases, 
y empiezo a trazar 
y dibujar. 

Pasa un pájaro y acaba el poema. 


POEMA

Careta 

Levanto la cabeza 
y veo la inmensidad 
sembrada de soles y de planetas. 
Llega la primavera y veo 
los troncos de los árboles rebosantes 
de savia, las ramas pobladas 
de hojas y de brotes, 
los brotes cargados de flores, 
las flores colmadas de frutos, 
y los frutos de semillas 
que han de dar vida 
a otros árboles. 

Cara 


¡ADELANTE!

Si no supiéramos lo que es 
y lo que no es; si sólo 
atendiéramos a ciertos motivos 
y ciertos colores; si las raíces 
del existir se encontraran en 
otra vida; si la esperanza fuera 
poca y mal dibujada y si 
la palabra no fuera un acto, 
tampoco estas líneas 
serían un poema. 

Verano de 1963


En El tentetieso (El saltamartí), Plaza & Janés, Barcelona, España, 1998 (primera edición 1969) / Traducción: Carlos Vitale / 
Joan Brossa - Joan Brossa i Cuervo (Barcelona, 19 de enero de 1919 - 30 de diciembre de 1998) / Fotos: jmp

domingo, 2 de enero de 2022

ROSALBA CAMPRA Una rosa roja como mi corazón



PAPEL DE LA POESÍA

    Él piensa que lo único adecuado es llevarle un ramo de flores, flores que él mismo podría cortar en los campos. Pero en los campos no encuentra, y para las florerías no le alcanza el sueldo. 
    Escribe entonces un soneto con lirios en la primera estrofa, nardos y azucenas en la segunda, tímida violeta en la tercera, y en la última una rosa roja como mi corazón. 
    Ella, que siempre comprendió a sus enamorados, toma el soneto, dice es precioso, y lo pone en el florero, donde con el tiempo se marchitó. 


En La flor del día. Trofeos de la lectura, Ediciones Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, Buenos Aires, 2007 / Antólogos: Raúl Brasca y Luis Chitarroni / 
Rosalba Campra (Jesús María, Córdoba, Argentina, 9 de septiembre de 1940) / Reside en Roma, Italia / Foto: jmp

domingo, 26 de diciembre de 2021

NICOLÁS OLIVARI ¿Sabes compañero lo que es no tener horizonte?



¿SABES COMPAÑERO? 

¿Sabes compañero lo que es no tener horizonte?, 
-¿y a los veinte y tantos años? 
Las manos se crispan en el vacío de los ideales 
y alargan las brazadas de la fe. 

Tendido en el lecho miro el hilo de humo que consuela. 
Nuestra juventud es un hilo de humo que se agita 
sin razón. 

Algún día se oirá una detonación 
en la casa aburrida y el enorme bostezo de sus paredes inhóspitas 
te recogerá, arrugado y fláccido 
como un muñeco de comedia italiana. 

Ya pasa la caravana del tedio por el Sahara del cráneo 
hinchado de arena gris de hastío; 
los largos albornoces de la inutilidad dan al viento 
su caricatura de alas. 

Pasan por la linfa de mi cuerpo, arrugado y fláccido, 
la corte del hampa de los instintos neutralizados 
en la comicidad de la cultura. 

¿No oyes al niño que se muere al lado?, 
Su sofoco de angustia te da su martillazo en las sienes 
y complica tu hastío ciudadano 
el andar de oca de las mujeres 
el paso de los transeúntes 
y el perpetuo gotear de las canillas mal cerradas. 

¡Allá! ¡Allá!, es tu interjección eterna. 
¡Más allá! ¡Más allá! debe estar la verdadera vida. 

Fuma tirado en el lecho, fuma, 
y silba el tango sin fin 
que comenzó en la esquina del arrabal del mundo... 

Hay que justificar nuestra inutilidad de babosa 
que se arrastra pegada a los sentimientos. 

¡Adiós, poeta! Tu padre, el mío, el del otro,
ronca en la alcoba, 
en la misma alcoba donde ronca sus cincuenta años de costumbre 
y su lumbre 
agiganta tus ideas suicidas 
en el pozo negruzco de tu vacilación, 
vacilación 
que llena al corazón 
de ganas de morir 
o dormir... o dormir... 

Tu padre adelanta su agonía, 
-día a día fallece un poco- 
y sientes que el oscuro destino que te liga 
a su ronquido igual 
escarba en tus entrañas, 
y tú falleces a ratos, a puchos, a retazos,
sin la parada de tirarte a muerto
como un fardo
en la vía pública
y al pasar la gente diga:

-Era feo y mísero el pobre poeta de la urbe...
-... más feo que un caballo hinchado…
-... que una mosca verde...
-...que un perro sarnoso... 
Y pase una mujer que te dé con el pie. 
Y pase una señora y te dé un centavo para las velas. 
Y pase un fariseo y te robe la cabellera. 
Y pase un amigo y te robe las metáforas. 
Y pase al fin una figura incierta y borracha, 
pálida y claudicante, 
te mire implorante 
y acaso diga: 
-Cuán luminosa, Jesús, era su frente... 

Pero mi cuerpo interrumpirá el tráfico 
para licuar el asombro de su gesto decisivo, 
el grotesco salto del poeta
que buscó vengarse de su ciudad
incrustando sus sesos en los adoquines,
para fijar en la tradición arrabalera, 
-arrabal que es la placenta de la Pampa prometida-
el mismo gesto macho
de aquel otro “versolari”, de aquel otro payador, 
de aquel otro hermanito en el Mester de Juglaría:
...”Entiérrenme en campo verde 
donde me pise el ganao...”



En La musa de la mala pata / El gato escaldado, CEAL, Buenos Aires, 1982. De La musa de la mala pata, 1926 
Nicolás Olivari (Buenos Aires, 8 de septiembre de 1900 - 22 de septiembre de 1966) / Foto: jmp

miércoles, 22 de diciembre de 2021

LITTO NEBBIA La salida del mar


ELLOS, LOS MARES

Ellos, los mares
me contaron
que al regresar de un sueño
se enfermaron

Trágica inocencia
invade su naturaleza
indefenso, ya no vuelven

Mágica tibieza los envuelve
no se vende cálidos retornos
que no están, que ya no están
para mí 

Y volverán los juegos me dije
como esperando el porqué 
que hice

Y nacerán los ríos sucios que buscarán 
y nacerán los ríos sucios que buscarán 
la salida del mar

Ellos, los mares
me contaron
que al regresar de un sueño
se enfermaron

Trágica inocencia
invade su naturaleza
indefenso, ya no vuelven

Mágica tibieza los envuelve
no se vende cálidos retornos
que no están, que ya no están
para mí 

Y volverán los juegos me dije
como esperando el porqué 
que hice

Y nacerán los ríos sucios que buscarán 
y nacerán los ríos sucios que buscarán 
y nacerán los ríos sucios que buscarán 

La salida del mar



Del elepé en vinilo “Cosas que no quieren morir”, editado por el sello Trova, serie Melopea, principios de 1976 / “Ellos, los mares” abre el lado A del disco / Litto Nebbia Trío, con Jorge González (bajo) y Néstor Astarita (batería), grabado en julio de 1975 / 

Pintura de portada: “Ellos, los mares”, Alexandra Deluca, Acrílicos on Canvas, 1.00 x 70, 2021 / 

Letra y música: Litto Nebbia (Rosario, 21 de  julio de 1948) / Fotos: jmp 


martes, 21 de diciembre de 2021

AIXA RAVA Este plural que se desliza por la tarde



CUANDO NO HAYA NADA 

No sé cómo suena tu voz, hermana,
cómo danza tu risa y tus ojos cómo transitan
las cosas, los bordes, lo amplio, lo angosto.
No sé cómo tocan tus manos
lo rugoso, lo suave,
lo que amás, lo que te hastía,
ni cómo sueña tu mente, tu pecho
cómo abraza lo que te ilumina, lo que te calma.
No sé si lloraste anoche, si bebiste
                                      ¿te alimentaste?
Si hubo un hombre o una mujer
a tu lado, si fue hace mucho,
ayer, si será quizás la próxima semana
esa felicidad inmensa
o esa tristeza abisal
que poco a poco mata.
No sé de vos casi nada
solo lo que importa: que sos hermana
y basta para armar un cuerpo de palabras
que te abrace cuando el tuyo se vuelva parva
una casa para que habites en la distancia
una carta para que leas cuando no haya nada.


LOS SITIOS DE MI CUERPO 

Sitiar tiene impronta latina
y su forma replica la de una muralla.
Sitiar es acción colectiva, individual, acción humana.
Sitiaste una parte minúscula, suelo de mi pelvis.
Sitié entera la corteza donde se alojó el recuerdo.
Sitiamos los ratos libres, las noches de celo
cada vocablo dulce, cada veneno.
Poco a poco cercados
los sitios de mi cuerpo.
No, no lo hice sola
no puedo sola con tanto
territorio vivo.


MUÉRDAGO Y MAGNOLIA Y PARRA 

Caminamos hacia el frambueso sobre el tibio césped
la cabeza cubierta, las mallas bordeadas con factor 50
nos gusta este plural que se desliza por la tarde
este recoger los brotes con el sol encima.
Al costado se extiende más allá la leña
y los pies pueden encontrarse con el pozo y la sierra,
el calor bosqueja todos los contornos
y quién sabe qué hacemos
en este punto del mundo
con ardor semejante.
Acequiándose con el agua
agitada inquieta
viene un tropel de hojas, penachos y tierra
no hay nada que no corra acá
nada que escape en la siesta de la chacra,
muérdago magnolia y parra.
Caminamos en reversa, abandonamos
un vaso sobre los bins, una tuca en la cocina,
ropa interior en un living, alguna
toalla mojada y en ocasiones también
-ya no se niega
la ternura antes de la cama.

Hubo veces que despertamos
y no nos sentimos en casa.




En Los sitios de mi cuerpo, años luz editora, Buenos Aires, 2019 / 
Selección de textos y fotos: jmp / (Para Lis)
Aixa Rava (Tierra del Fuego, 3 de enero de 1982) / 

viernes, 17 de diciembre de 2021

ENRIQUE LIHN El presidente de un país cualquiera es un imbécil y el poeta que aparece en los titulares de prensa



RECONSTITUCIÓN DEL DISCURSO 
DE UN DIVULGADOR OLVIDADO

Quién puede decir que la naturaleza sea justa
o que exista en ella el diseño de una finalidad

las aves migratorias llegan, en minoría, a los parajes de salvación
el derrotero no se los marca el instinto
millones y millones mueren al internarse mar adentro, caen como lluvia extenuadas al abismo
Entre los hombres no existe la justicia
ni en su naturaleza
el deseo de que exista hace el dolor de muchos
mueren jóvenes los grandes talentos
viven hasta la saciedad multitudes de bobos

A la buena madre le mata un auto a su único hijo
a la mala le brotan los suyos por manadas
El hombre capaz ve ascender hasta las nubes a los incapaces
mientras él se ve forzado a trabajar en la oscuridad
El presidente de un país cualquiera es un imbécil
y el poeta que aparece en los titulares de prensa
Los comunicadores dirigen al mundo
eligen un producto y un nombre y lo clavan
en el inconsciente colectivo
hasta que todos lo nombran y consumen.


LA MANO ARTIFICIAL

Es una mano artificial la que trajo
papel y lápiz en el bolso del desahuciado
No va a escribir Contra la muerte, ni El arte de morir
¡felices escrituras! No va a firmar un decreto
de excepción que lo devuelva a la vida.
Mueve su mano ortopédica como un imbécil que jugara
con una piedra o un pedazo de palo
y el papel se llena de signos como un hueso de hormigas


HAY SÓLO DOS PAÍSES

Hay sólo dos países: el de los sanos y el de los enfermos
por un tiempo se puede gozar de doble nacionalidad
pero, a la larga, eso no tiene sentido
Duele separarse, poco a poco, de los sanos a quienes
seguiremos unidos, hasta la muerte
separadamente unidos
Con los enfermos cabe una creciente complicidad
que en nada se parece a la amistad o el amor
(esas mitologías que dan sus últimos frutos a unos pasos del hacha)
Empezamos a enviar y recibir mensajes de nuestros verdaderos conciudadanos
una palabra de aliento
un folleto sobre el cáncer


En revista (ideas, letras, artes en la) Crisis, número 74, septiembre de 1989 /
Enrique Lihn Carrasco (Santiago, Chile, 3 de septiembre de 1929 – 10 de julio de 1988) / Fotos: jmp.

miércoles, 15 de diciembre de 2021

ANTONIO MORO Hablando con el pasado el camino de hoy



IMPOSIBLE VIVIR SIN UN CUERPO

A

Las uvas del olvido
Esa carne que no pudo nombrar
El hijo que no tuvo
Que dejó en la orilla
Con su mano demorada
Buscando palabras desconocidas
Trajinadas con misterio por el poema
Reveladas en la niebla de su nombre
En años de vértigo y azar

Son las huellas de su aire
Que el espejo no refleja

Su ausencia
Es él 
Su otro
No un enigma
O el misterio de un dios
Acompañante de la incertidumbre


B

No abrigó la concepción 
Ni la iniciación de la familia
Tampoco el dolor de no recibirlas

Se quedó bajo la constelación sombría

Herido en aquel mismo sitio de su niñez
No pudo leer sino confusión
Desasido de la ternura familiar
Aislado en la soledad temprana

Miraba la baraja de sortilegios y pesadillas
Cartas que leía aventurado en la oscuridad
Con su cuerpo apostando experiencias
Visitado por lámparas de muertos
El más allá insoportable de sus pérdidas


C

Razonaba con vanidad sus condiciones
No muy dispuesto a trocar su piel
Aquella temprana intuición de que elegimos
Sin saber que elegimos lo que ya somos
Aunque busquemos mudar con beneficio

Allí quiso levantar un templo 
Hablando con el pasado el camino de hoy


D

Imaginó un eje silencioso sin posesiones 

Ya cuestionaba el deseo como artífice de la penuria
Ya discutía su deseo porque excedía la noche
O discurría por la aventura sin apropiarse de un sino

Soñaba con una estatura humana libre de resquicios


E

Poco supo hasta saber la consistencia de darse cuenta
Entonces su patrimonio estaba arruinado abismado

Revisaba el empleo de sus palabras 
Aunque perdía sus hallazgos antes de reunirlos

Sintió que era su memoria tramando una vestidura

Atravesado por la soledad de cielo y tierra
Poblado por la mendicidad de su fracaso 
Del conocimiento de perderlo todo
Incluso la paciencia de escuchar su raíz


F

Supo de ojos azorados ante el destino
De padres madres hijos huérfanos
Concibiendo jugar a la existencia
Con el cuerpo deshecho en el agua
Que lava la piedra de esta vida

Pero no olvida las semillas escurridas


G

Si las manos fueron las mismas o parecieron
Nada hubo en ellas sino la visión de un fuego
Irguiéndose con la promesa de un cambio

Así como asistía al amor espontáneo
Resistía al mandato de progenie porque sí
Tomando del aire una bocanada más
Confiado al devenir de otra primavera
A la recurrencia de una semilla más otra más
Que brotaría con renovada ternura

Y hubo un jardín que floreció sí

Con páginas de horas inusuales
Un conocimiento signado por los dones
El sentimiento de un destino singular
La soledad de quien acepta lo que ve


H

El acontecimiento del poema 

Paisaje de radiaciones símbolos sucesos
El lazo del sentido que reconoce un ritmo
Las propiedades de la escritura un motivo

Una presencia hilvanando sus acciones
Una ausencia la posibilidad de la pregunta

Lo que no quiso decir fue su espera
Lo que no pudo decir su límite

El poema corolario de relaciones o sueños
Inundando la escena de contemplación
Donde creció la incertidumbre el desasosiego
Donde se reunió con las voces del mundo
Donde no crecía ella ni él


En Huso del olvido, El Espejo Ediciones, Córdoba, septiembre de 2021 
Antonio Moro nació a la vera del Río Suquia, Córdoba, en 1955 / Poeta, actor y librero / Selección y Fotos: jmp, City Bell, 29 de noviembre de 2021 / Acerca de Huso del olvido por Julián Axat 

domingo, 12 de diciembre de 2021

DYLAN THOMAS La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque




UN TIEMPO HUBO 

¿Hubo un tiempo 
en que los danzarines con sus violines 
en los circos de niños olvidaban sus penas? 
Un tiempo hubo en que podían llorar sobre los libros 
pero el tiempo asentó su gusano en las huellas. 
Ellos no están a salvo bajo el arco del cielo. 
Lo más seguro en esta vida es lo que nunca se conoce; 
bajo los signos del espacio ellos, los que no tienen brazos 
tienen manos limpísimas y así como el fantasma sin corazón 
es el único ileso, así el ciego es quien ve mejor. 


SI LOS FAROLES BRILLARAN 

Si los faroles brillaran, el rostro santo se marchitaría 
preso en un octógono de insólita luz, 
y todos los muchachos del amor 
se cuidarían de perder la gracia. 
Los rasgos de sus íntimas tinieblas 
están hechos de carne, pero que venga el falso día 
y que los labios de ella pierdan sus ajados colores, 
que el traje de la momia muestre un antiguo pecho. 

Me han dicho que piense con el corazón 
pero el corazón, como el cerebro, conduce al desamparo; 
me han dicho que piense con el latido, 
que cambie el ritmo de la acción cuando el latido se acelere 
hasta que en un plano se confundan el campo y los tejados 
tan rápido me muevo por desafiar al tiempo, el caballero quieto 
cuya barba se agita en el viento de Egipto. 

He oído el contar de muchos años 
y muchos años tendrían que atestiguar un cambio. 

La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque 
aún no ha tocado el suelo.


ELEGÍA 

Demasiado altivo para morir, murió ciego y vencido 
del modo más sombrío, sin mirar hacia atrás, 
un hombre amable y frío en su mezquino orgullo 

el día más sombrío. Oh que siempre yazga 
luminoso por fin en la colina final llena de cruces, 
bajo la hierba, enamorado y que joven se vuelva 

entre los largos rebaños, y nunca yazga perdido o quieto 
en todos los innumerables días de su muerte aunque 
por sobre todo él suspiraba por el pecho materno 

que era descanso y polvo y en la tierra benévola 
la más oscura justicia de la muerte ciega y profana. 
Dejad que no encuentre otro descanso que ser hallado y protegido 

yo rezaba en el cuarto agazapado, junto a su cama ciega, 
en la casa ya muda, un minuto antes del mediodía 
y de la noche y de la luz. Los ríos de los muertos 

veteaban su pobre mano que sostenía yo mientras veía 
las raíces del mar a través de sus ojos sin vida. 
(Un viejo atormentado, tres cuartas partes ciego. 

No soy tan altivo para gritar que Él y él 
nunca nunca se irán de mi mente. 
Todos sus huesos lloraban y pobre en todo salvo en el dolor, 

aunque fuera inocente, él temía morir 
odiando a Dios, pero en verdad era simple: 
un viejo manso y valeroso en su quemante orgullo. 

Suyos eran los postes de la casa, poseía sus libros. 
Nunca había llorado, ni siquiera de niño 
y no lloraba ahora, salvo ante su secreta herida. 

Yo vi la última luz, que resbalaba de sus ojos. 
Aquí entre las luces del altivo cielo 
un viejo está conmigo dondequiera que voy 

camina en las praderas del ojo de su hijo 
sobre el que males infinitos cayeron como nieve. 
Él gritó ante su muerte, temiendo al fin el último sonido 

de las esferas, el mundo que se iba sin un suspiro 
demasiado altivo para llorar, demasiado débil para aguantar las lágrimas, 
y preso entre dos noches: la ceguera y la muerte. 

Oh, la herida más profunda de todas, era que debía morir 
en día tan sombrío. Oh, pudo al fin esconder 
las lágrimas fuera de sus ojos, demasiado altivo para llorar. 

Hasta que muera yo, él estará a mi lado).


En Poemas completos, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1974 / Traducción, prólogo y notas de Elizabeth Azcona Cranwell /
Dylan Thomas (Uplands, Reino Unido, 27 de octubre de 1914 – Nueva York, EEUU, 9 de noviembre de 1953) Fotos: jmp

miércoles, 1 de diciembre de 2021

EUGENIO MANDRINI Alguien se pasea sin paraguas bajo la lluvia




    CONEJOS EN LA NIEVE

    Alguien se pasea sin paraguas bajo la lluvia. ¿Para apagar la locura que lo sigue como una sombra en llamas? ¿Para gozar como nadie, en ese instante, el cielo sobre su cabeza ¿O para tocar la lluvia con todo el cuerpo y ahogarse en su perfume?

Instantáneamente después de haberse amado, un hombre y una mujer quedan en silencio. ¿Angustiados al intuir que allí algo se ha roto para siempre? ¿Temerosos de presentir que es la muerte quien ordena esos pequeños cataclismos? ¿O felices de escuchar el eco de los gemidos que aún perduran en la penumbra?

Un padre y su pequeño hijo van por la calle tomados de la mano. ¿Quién elige el camino, quién el regreso? ¿Quién esa noche soñará que llevó de la mano al otro? ¿Y quién, al despertar, sabrá que él es el camino?

Un gorrión –ave deslucida– salta obsesivo de un árbol a otro y a otro. ¿Qué busca? ¿El espíritu del bosque? ¿La razón de su inquietud? ¿O escapar de los abismos del aire?

El otoño ensombrece a los árboles y se lleva al olvido la luz de las hojas. ¿Qué quiere demostrar? ¿Qué es el secuaz de la tristeza? ¿Qué es la tristeza misma engastada en el tiempo? ¿O que es el alimento irresistible de los exiliados del mundo?

Quien a menudo se interroga en el espejo, ¿qué espera? ¿Una respuesta que lo haría añicos? ¿Multiplicarse para repartir las penas? ¿O llegar al fondo de su maltratado corazón?

La nostalgia, antigua dama que sólo sabe dar opacidad al ojo y palpitación a la voz, apoya la cabeza en el hombro de una nueva víctima. ¿Qué hacer entonces? ¿Cortarle los cabellos llorosos y arrojarlos al fuego? ¿Morderle los labios hasta apagarle los suspiros? ¿O seguirla, enternecido, hasta su alcoba de niebla?

Cumplida su faena, un estafador llora repentinamente sobre un crucifijo. ¿Qué pretende? ¿Lavar de sombra el aire? ¿Humanizar el rito hasta hacerlo arte o leyenda? ¿O creer que es posible la ilusión sin término?

 Los que regresan al barrio después de haber vagado por los mundos de este mundo, ¿adónde regresan realmente? ¿A esa mujer en cuyos ojos se adivina un corazón helado? ¿Al patio del tiempo inmutable en que el sol deliraba? ¿O al infierno del que huyeron, para que alma y últimos días dejen de tititar?

Un poeta escribió cierta vez que una mujer tenía en la voz la flor de una pena. ¿Dónde encontrar esa flor? ¿En los pantanos que el alcohol refleja en los vasos sin fondo? ¿En la memoria de algún colibrí que libó de esa flor hasta dejarla sin luz? ¿O en alguien que soñó con los jardines del paraíso y, puesto a morir, se hizo tatuar esa flor en el consuelo del pecho, para iluminar el ataúd?

Interminablemente los perros aúllan a la luna. ¿Es acaso un homenaje a sus ancestros, los tenores olvidados? ¿Es el aullido un arpón y la luna el linde oscuro de la ballena de Ahab? ¿O simplemente es un lamento que imita la voz de la vida?

¿Y si de pronto al doblar una esquina o mirar al fondo de un aljibe, como un sobresalto o un estallido, aparece la Belleza? No importa si en forma de revelado amor, de cielo en un prado nunca visto o de pájaro posado sobre una rama invisible. Importa que es ella, desnuda en toda su luz, invasora como el diluvio, real como la sangre de la historia. ¿Qué hacer entonces? ¿Cerrar los ojos y ordenar a la lengua el olvido del grito para no enloquecer? ¿Arrodillarse como el sediento ante el último espejismo? ¿O seguir de largo, imperturbable o con cierto vaivén de soberbia en los pasos, dado que la Belleza es sólo un reino fugaz?

Ahora bien: ¿qué miro yo tan fijamente en la llanura blanca cuando quiero escribir y el poema se niega? ¿Conejos en la nieve?




En Conejos en la nieve, Ediciones Colihue, Buenos Aires, 2009
Eugenio Mandrini (Buenos Aires, 16 de diciembre de 1936 – 30 de noviembre de 2021) / Fotos: jmp

lunes, 29 de noviembre de 2021

JORGE ALEMÁN Get Back



Get Back 

    Se encuentran en la sala / ensayan con temas clásicos que recuerdan que siempre fueron una banda de rock / parodian a otros grupos y cantantes / se burlan de sus propios temas de siempre / desafínan y se ríen de los viejos tiempos / se calientan con sus instrumentos / se pelean y se insultan / dicen saber que no son los mejores o no pueden como antes / se ayudan y se escuchan con una inquietante atención /unos a otros se cambian las letras / deliran/ nadie puede entrar en ellos / finalmente todo el genio se conjuga en el ensamble de los días / y finalmente suben a la azotea y por fin son ellos / ellos suenan como ellos / como nadie / perfectos como un milagro / siendo inevitables y únicos dan el último concierto de sus vidas al aire libre .

29 de noviembre de 2021 

*

    Ese tipo hace años que está despierto mientras los demás duermen / Es pura luna y cigarrillos caminando entre cuerpos desamparados / en la madrugada ya siente que en su reloj falta una aguja pero son las 6 / siendo tan mayor sigue buscando a alguien que no sabe quién es / es dolor? / es amor ? /sentir que lejanía y proximidad nombran lo mismo / Y como si fuera muy joven toma la navaja que dibuja el vacío en las estrellas.

26 de noviembre de 2021 


    Sentí el frío / esa humedad horrible en tu alma / hay paisajes que nadie puede socorrer / ni aquel dios de los otros te puede volver a la luz / sentí la gélida mano que viene con los días del crepúsculo / y no pidas nada a nadie / ya te tocó el día en qué la pasión ardió en tus ojos hasta quemarlos / sentí el miedo de las mujeres que nunca fueron amadas y ellas mismas eran el amor / sentí la cobardía de esos hombres que esperan todo para ellos / sentí hasta perderte en el bosque / fuera del camino principal / sentí sin miedo / que es así como nace la belleza de la palabra justa .

22 de noviembre de 2021 


    El tipo dice que si sentí un cuchillo en la espalda en el viaje es porque no hay más ida o vuelta / solo hay tránsito y tu alma es una caja de resonancia de aquellas palabras que no le piden permiso al tiempo / el cuchillo es un sueño equivocado dice el tipo / vos ya no te vas ni volvés / ya verás que las heridas son firmas de los autores de tu cuerpo /que ahora se han vuelto la pluma que escribe aquel nombre con gracia.

20 de noviembre de 2021 




Selección de textos del muro personal de FB de JA (noviembre 2021), José María Pallaoro 
Jorge Alemán Lavigne (Buenos Aires, 30 de marzo de 1951) / Psicoanalista, escritor y poeta / Foto: Imagen del documental “Get Back”

viernes, 19 de noviembre de 2021

GARY SNYDER Sentado en el marco de la ventana abierta armo un cigarrillo




La nieve tardía y la huelga forestal del verano del ’54  

Pueblos enteros cerrados
Viajo a dedo por la ruta costera, solo los gitanos
en sus camiones sin carga de troncos
me llevaron. Los leñadores se fueron todos a pescar
las motosierras descansan en charcos de aceite frío
en los patios traseros de diez mil casas de madera
rajadas por el temblor, 
silenciosas en la lluvia de verano.
Viajé a dedo hacia el norte por todo Washington
cruzando y volviendo a cruzar los pasos de montaña
llevado como el viento lleva al polvo, 
ningún lugar para trabajar.

Subiendo la empinada cadena abajo del Shuksan
grupos de pinos
sus copas flotan en los bancos de niebla
ningún lugar para pensar ni trabajar
estoy a la deriva.

En el Monte Baker, en soledad
en un surco de nieve fulgurante;
ciudades en los largos valles al oeste
pienso en trabajos, pero estoy aquí,
quemándome con el reflejo del sol
bajo un acantilado húmedo, sobre un lago helado,
todo el Noroeste en huelga
las negras calderas de los aserraderos están frías,
las motosierras, detenidas
tengo que regresar:
estoy atrapado en un pico nevado
entre la tierra y el cielo,
debo volver, hacer fila en Seattle,
y buscar trabajo.


Marin-An  

El sol irrumpe sobre el monte 
de eucaliptos más allá de la pastura húmeda,
el agua está casi caliente, 
sentado en el marco de la ventana abierta 
armo un cigarrillo.

Ladran perros a lo lejos, un par de
cuervos graznan; desde lo alto de un pino 
desciende el canto vibrante
de un herrerillo pigmeo-
detrás de la hilera de cipreses
la yegua se acerca, pastando.

Un rugido suave y continuo
viene del valle lejano
en la autopista de seis carriles-miles
y miles de automóviles
transportan a los hombres a su trabajo.


La música de las aguas corriendo

bajo los árboles
bajo las nubes
junto al río
en la playa,

"rutas marinas".
ballenas grandes bestias de los trayectos marinos—

sal;   agua
fría;   fuego humeante.
vapor, cereal,
piedra, tablones de madera
punzones de hueso, pieles,
horquillas de bambú y cucharas.
cuencos sin esmaltar.
una banda alrededor del pelo.

más allá de las heridas.

me senté en una roca al sol,
mirando al viejo pino
mecerse
sobre la fina arena de río
de un blanco enceguecedor. 



En Selección Poética / Selected Poems,  Alción Editora, Córdoba, 2021 
Versiones de: 
Patricia Ogan Rivadavia  (Buenos Aires, 1955). Traductora y correctora. Ha traducido a Dianne Di Prima, Tess Gallagher, Anne Waldman y Andrei Codrescu, y ha colaborado en diversos proyectos de traducción
Esteban Moore (Buenos Aires, 1952). Poeta, traductor y ensayista. Sus últimos títulos publicados por Alción son: Las promesas del día y otros poemas (2019); Reunión de Extraños: Borges, Buenos Aires. El café, Jack Kerouac y otras cuestiones, (ensayo, 2020)
Gary Snyder (San Francisco, California, EEUU, 8 de mayo de 1930) / Fotos: jmp / Selección Poética, tapa libro y revista Mutantia, interior, número 10, enero 1982 

martes, 16 de noviembre de 2021

MARCO TERUGGI Junto balas debajo de un puente



    XII

    Junto balas debajo de un puente. La revolución se deshizo, dice un hombre, abre la mano y deja el país a sus espaldas. La noche es brillo de armas, palabras desfondadas. Nos sentamos en la puerta de la casa, la mujer tiene la revolución como luz bajo el paladar. Alrededor están las montañas con sus cuarteles, lo que se sabe y no se nombra, las luciérnagas que iluminan los árboles, la calma de la frontera a esta hora. Somos, por las balas que vienen de frente y las luces debajo del paladar. Comienzan los carnavales, los diablos bailan descalzos, bendicen a los santos, soplan sobre el tiempo. 


    XIII

    Me preguntan la forma de la bala, la hora en que entrará por la boca. Se conspira por los bares, los hoteles, los cuarteles, los sótanos, en la isla donde los chicos lanzan redes y bailamos de madrugada mientras brillan los peces loro bajo el agua, azules, naranjas, incendio. Cuento las palabras que le quedan a la revolución, observe el mundo que ya nació, nos mira de frente, deshace espejos, avanza sin esperar a ser nombrado. El día comienza sobre las espaldas de las Tortugas, los pájaros salen del fondo del mar, el mate sobre la arena roja se une con el blanco, el azul, las promesas. Los poetas queman libros en nombre de la poesía que vendrá. 


    XXXVI

    Amanezco debajo del río. Oigo mi corazón, la desembocadura, la luz sobre las hojas, la superficie, mis ojos abiertos. Acomodo papeles, las batallas por la tierra, el arroz, el café antes del sol, los tigres en el llano, las rocas, el oro, las devociones, los incendios. Hablo un país, un idioma que se desprende, pasos sobre el agua, una memoria que se aleja de sí. El tiempo se fue de la casa, crece debajo de mi piel, me lleva lejos. 


Selección de Lis y jmp / El libro consta de tres partes: Dejar un idioma, País detrás de la bala y El asedio y la metamorfosis. Los tres textos seleccionados pertenecen a País detrás de la bala 
En Vuelan peces sobre la selva, Grupo Editorial Sur, Buenos Aires, 31 de agosto de 2021 
Marco Teruggi (París, Francia, 1984), periodista, escritor, sociológo (Licenciado en Sociología en la Universidad Nacional de La Plata) / Fotos: jmp

lunes, 15 de noviembre de 2021

ARIEL CANZANI D. Un mundo con justicia




Poesía = Poesía 

LOS INJURIADOS
A Federico Nietzsche

Has padecido injurias 
por haber denunciado 
que jamás los insectos 
los renacuajos y las hienas 
serían constructores
de un mundo con justicia.


Poesía = Compromiso 

LA PALABRA 
A Noam Chomsky

El Popul Vuh 
nutre el misterio todavía. 
Soy hijo de inmigrantes 
y comprendo de tierras y mares. 

Vivo en el sur 
de América salvaje 
y recorro el planeta montado 
en caballos oxidados.
…
Las palabras son actos 
en quien sabe de ellas 
(aprendí a leer 
como el que puede) 
y sin prisa revuelco 
por muchas latitudes 
la herencia probable 
de sus vicisitudes. 


DOLOR
A Agustín y Erlinda Cuzzani

El que alimenta cerdos 
y ratas y pigargos 
està desesperado: 
Esta mañana, al alba, 
sus queridos amigos 
se han comido a sus hijos.


Poesía = Testimonio

JUSTICIAS AZULES 
PARA BATRACIOS VERDES
A Cristina Peri Rossi

¡Cómo llueven los sapos sobre el agua!
En sus ojos, done la bondad se guarda, 
existen plegarias de pedir clemencia. 

Ella no existe. La orden de matar 
a todos los batracios sublevados.

No deben quedar vivos los que exigen 
justicias azules para batracios verdes. 

¡Cómo mueren los sapos sobre el agua!
La tierra todavía no perdona 
a los que esparcen sedes necesarias 
y rompen privilegios amarillos.


PLUSVALÍA LATINOAMERICANA
A Roberto Jorge Santoro

Aprendo a sumar
                            con sacrificio:

                            Dos más dos = cuatro.
                            Seis más seis = doce.

                            Diez más catorce = veinticuatro.

                            Horror!!!!!!
                                                Somos robados!


Poesía = Amor

CAÍDA

Muerdo tus pezones 
y sangran cucarachas 

acaricio tu pubis
y mariposas negras 
enloquecidas vuelan 

beso tus muslos 
y en culebras gomosas 
se transforman. 

Quiero escapar 
a ese dolor de verte 
en el instante mismo 
de la metamorfosis 

y caigo nuevamente 
en tus pezones tibios 
a repetir la historia.


VEJEZ

He creado la muerte 
después de haberte amado.

He creado la vida 
después de haberte amado.

Existo después de haberte amado.

Eso fue ayer.

Ahora el fuego miro, 
lo toco, lo acaricio, 
y tiemblo por su frío.


Los poemas que forman este libro fueron escritos en el Océano Atlántico entre mayo de 1968 y mayo de 1969. ACD
“Ariel Canzani, que fue secuestrado en 1977 y llevado a la Escuela de Mecánica de la Armada durante tres días que pudieron haber sido tres siglos, porque nada volvió a ser como antes. Y a los cinco años se murió del cáncer que le plantaron allá. Con posteriores llamadas periódicas hasta pocos días antes de su muerte, donde le siguieron recordando que ya nunca más podría volver a escribir sin mordaza.” (Manuel Gerardo Monasterio)

En Poemas del círculo vicioso, Editorial Lozada, Buenos Aires, 1970 
Ariel Canzani D(upou), Buenos Aires, 15 de octubre de 1928 – 27 de julio de 1983 / Entre 1963 y 1973, dirigió la revista Cormorán y Delfín / Fotos: jmp

domingo, 14 de noviembre de 2021

JUAN GELMAN No están muertos los pájaros





XXIX

no están muertos los pájaros
de nuestros besos/
están muertos los besos/
los pájaros vuelan en el verde olvidar/

pondré mi espanto lejos/ 
debajo del pasado/ 
que arde 
callado como el sol/


            XXIX

            no stan muridus lus páxarus
            di nuestrus bezus/
            stan muridus lus bezus/
            lus páxarus volan nil verdi sulvidar/

            pondrí mi spantu londji/ 
            dibaxu dil pasada/ 
            qui arde 
            cayadu com'il sol/





En Dibaxu (poemas escritos en sefardí ente 1983 y 1985), Seix Barral, Buenos Aires, 1994 
Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 – México D.F., 14 de enero de 2014) / Foto: jmp

miércoles, 10 de noviembre de 2021

CRISTINA PERI ROSSI Escribo poemas




DEDICATORIA

La literatura nos separó: todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba,
yo le puse palabras.


NAVEGACIÓN

En las mansas corrientes de tus manos
y en tus manos que son tormenta
en la nave divagante de tus ojos
que tienen rumbo seguro
en la redondez de tu vientre
como una esfera perpetuamente inacabada
en la morosidad de tus palabras
veloces como fieras fugitivas
en la suavidad de tu piel
ardiendo en ciudades incendiadas
en el lunar único de tu brazo
anclé la nave.
                                        Navegaríamos,
si el tiempo hubiera sido favorable.


LA PASIÓN

Salimos del amor
como de una catástrofe aérea.

Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo.

¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?

Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados.

Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas.

Y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué. 


DISTANCIA JUSTA

En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia. 

Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo 
digo tonterías
me echo a temblar. 

Pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.



En Condición de mujer, libro digital, Arquitrave Editores, Colombia
Cristina Peri Rossi (Montevideo, Uruguay, 12 de noviembre de 1941) / Foto: jmp

miércoles, 3 de noviembre de 2021

JORGE ALEMÁN Dice el tipo



Dice el tipo que ya no atrapa Safo los corazones de nadie / ha crecido la niebla en la playa de su cuerpo insolente / y ya no necesita del cansancio de los hombres / esa fatiga que crece como una piel blanca sobre la flor más deslumbrante / no despiertes a Safo / no insistas porque es arrogancia despertar a la mujer que ya espera a un solo hombre y no sos vos dice el tipo 

17 de septiembre de 2021


El tipo dice que ahora no se rompió nada / que ya estuvo roto al nacer cuando aquel jarrón de penumbras estalló en mi frente / por eso solo llevo astillas clavadas en el pensamiento  / así que el tipo dice que si ahora perdí a mi gran refugio no importa / es tan solo el paso de las horas que hacen correr los breves fragmentos de un dolor antiguo por mis venas / Por eso nunca entenderás nada / dice el tipo

21 de septiembre de 2021


El tipo dice que si se capta el presente puro por fuera de los ríos del tiempo y no hay lugar para el sentido/ se esfuman todas las escenas / ni las pesadillas más sórdidas aguantan el frío poderoso de ese instante / un abrir y cerrar los ojos que no tiene historia / entonces ahí dice el tipo y solo ahí aparece el único nombre que te eligió/ tu momento fallido en la pila bautismal donde nunca has estado como una criatura propicia / mientras la guerra canta para vos una canción de cuna semejante a una mujer

30 de septiembre de 2021


El tipo dice que no aguanta más la letanía de los decepcionados / los que dilapidan su energía esperando otra cosa en lugar de seguir buscando / porqué les gusta tanto ésta insatisfacción? / porqué el panegírico de la insuficiencia? / odio a los desilusionados que nunca es lo que debía haber sido dijo el tipo / si quieren otra cosa que empujen de todas las formas posibles sin repetir las maneras del enemigo / dice el tipo que esas quejas no son de los que quieren de verdad que el curso de las cosas cambien sino que esperan confirmar la peor de sus anticipaciones / para que vuelvan los centuriones y entonces poder decir que ellos lo habían advertido / este juego ya lo vi / dice el tipo

5 de octubre de 2021


Dice el tipo que si los duendes supieran que nunca supe estar sin vos y envejecí en pura ausencia simulando no necesitar nada ahora reirían hasta que el mundo se rompiera para hacerme nacer de nuevo

20 de octubre de 2021


Sabe que ella puede matarlo mil veces y que todos sus puñales serán justos / ciertos como la vida entregada a la intemperie / pero no sabe cómo se llora por amor y adivina que la clemencia es enemiga del poema / ahora en el tiempo que le resta que sepa ataviarse para que sus heridas manchen de luz a los extraños días irisados de ausencia

28 de octubre de 2021


El tipo me dijo que no entienda / en vano es escuchar sonidos del odio si te quieren matar / ahora amanece sin paz/ has elegido a Safo para tu ofrenda y ella nunca quiso otra cosa que verte caer en tu inútil poema

29 de octubre de 2021


Selección de textos del muro personal de FB de JA (septiembre / octubre 2021), José María Pallaoro 
Jorge Alemán Lavigne (Buenos Aires, 30 de marzo de 1951) / Psicoanalista, escritor y poeta / Fotos: jmp /