lunes, 14 de marzo de 2016

Rafael Pérez Estrada, La sombra es mía


SOMBRAS

      Cuenta Plinio el Viejo de un país poblado por sombras sin hombres.

***

     En el gran Concilio de Alejandría, los Padres de la Iglesia discutieron vehementes la cuestión de si al morir el cuerpo también muere la sombra.

***

     La sombra más libre es la del pájaro, que no llega a tocar el cuerpo del que es sombra.

***

     Los amantes exactos tienen una sola sombra.

***

     La sombra de la palabra es el eco.

***

     Cuenta Tácito haber visto un perro huyendo de su sombra que le ladraba furiosamente.

***

     El hombre puro no tiene sombra.

***

     Y esgrimiendo el arma me dijo: ¡La sombra o la vida! Mas yo, que generalmente presto poca atención a los protocolos y a los usos antiguos, me oí responderle: La sombra es mía, llévese la vida. Y desde entonces ando pegado a las paredes.


En: “El ladrón de atardeceres”, Plaza & Janés, 1998.
Rafael Pérez Estrada (Málaga, España, 16 de febrero de 1934 – 21 de mayo de 2000). Foto: RPE y perico.

sábado, 12 de marzo de 2016

Juan Rulfo, Entonces oyó el llanto



     Entonces oyó el llanto. Eso lo despertó: un llanto suave, delgado, que quizá por delgado pudo traspasar la maraña del sueño, llegando hasta el lugar donde anidan los sobresaltos.
     Se levantó despacio y vio la cara de una mujer recostada contra el marco de la puerta, oscurecida todavía por la noche, sollozando.
     —¿Por qué lloras, mamá? —preguntó, pues en cuanto puso los pies en el suelo reconoció el rostro de su madre.
     —Tu padre ha muerto —le dijo.
     Y luego, como si se le hubieran soltado los resortes de su pena, se dio vuelta sobre sí misma una y otra vez, una y otra vez, hasta que unas manos llegaron hasta sus hombros y lograron detener el rebullir de su cuerpo.
     Por la puerta se veía el amanecer en el cielo. No había estrellas. Sólo un cielo plomizo, gris aún no aclarado por la luminosidad del sol. Una luz parda, no como si fuera a comenzar el día, sino como si apenas estuviera llegando el principio de la noche.
     Afuera, en el patio, los pasos, como de gente que ronda. Ruidos callados. Y aquí, aquella mujer, de pie en el umbral; su cuerpo impidiendo la llegada del día; dejando asomar, a través de sus brazos, retazos de cielo, y debajo de sus pies regueros de luz; una luz asperjada como si el suelo debajo de ella estuviera anegando en lágrimas. Y después el sollozo. Otra vez el llanto suave pero agudo, y la pena haciendo retorcer su cuerpo.
     —Han matado a tu padre.
     —¿Y a ti quién te mató, madre?



En: “Pedro Páramo”, Fondo de Cultura Económica, México, 1975. (Primera edición, 1955).
Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (Juan Rulfo, México, 16 de mayo de 1917 - 7 de enero de 1986). Foto: tapa de Pedro Páramo.

viernes, 11 de marzo de 2016

Leopoldo Marechal, Del niño, del poeta y del perro



DEL ÁRBOL

Hay en la casa un Árbol
que no plantó la madre ni riegan los abuelos:
sólo es visible al niño, al poeta y al perro.

Su primavera no es la que fundan las rosas:
no es la vaca encendida ni el huevo de paloma.
Su otoño no es el tiempo que trae desde el mar
caballos irascibles, por tierras de azafrán.
Al Árbol suben otras primaveras e inviernos:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.

Cuando la primavera sube al Árbol-sin-nombre,
vestidos de cordura florecen los varones;
y Amor, en pie de guerra, se desliza
de pronto a la sabrosa soledad de las hijas.
Entonces el sabor de algún cielo perdido
desciende con el llanto de los recién nacidos.
Pero cuando el invierno lo desnuda y oprime,
sobre los techos llueven sus hojas invisibles,
y, horizontal, cruza las altas puertas
alguien que por el cielo desaprendió la tierra.

Hay en la casa un Árbol que los grandes no vieron:
el enigma es del niño, del poeta y del perro.



En: “Obra poética”, Leviatán, 2014. De: “Odas para el hombre y la mujer”, 1929.
Leopoldo Marechal (Buenos Aires, 11 de junio de 1900 – 26 de junio de 1970).
Foto: Leopoldo Marechal.

jueves, 10 de marzo de 2016

Ana María Shua, Me trajeron aquí para robarme mi casa


ABUELA NO NOS CREE

     —¿Por qué me sacaron de mi casa? —pregunta mi abuela, los ojos extraviados.
     —Esta es tu casa, ¿ves? El empapelado con flores de lis, ¿ves? La colcha con la quemadura de cigarrillo, ¿ves? La cocina verde, con la puerta de la alacena rota, ¿ves?
     La abuela no ve y llora con desconsuelo.
     —Me trajeron aquí para robarme mi casa.
     Pero no fuimos nosotros, quisiera decirle. El tiempo ladrón te trajo aquí, y se quedó con todo.


ACTUAR LA MUERTE

     Un hombre se tiró por el balcón delante de un grupo de amigos. Uno de ellos alcanzó a sujetarlo de una mano. Haciendo un esfuerzo descomunal, el suicida se izó lo suficiente como para morder la mano que lo sostenía y deslizarse definitivamente hacia el vacío. Esto no es un cuento. Este hombre, que era actor, tuvo el valor de luchar por su propia muerte, pero no el de matarse sin espectadores.


MALOS CONSEJOS

     Por consejo del hechicero, talló una figura de madera con la forma exacta de su enemigo. La quemó en el campo, de noche, bajo la luna. Atraído por el resplandor de la hoguera, su enemigo lo descubrió y lo mató de un lanzazo.



MIRANDO ENFERMEDADES

     En el Diccionario de Agronomía y Veterinaria había ilus­traciones y muchas fotos. Una extraña tumoración nudosa defor­maba la articulación de una rama.
     —¿Esto qué es? ―preguntaba yo, la niña.
     ―Es una enfermedad de los árboles ―me decía papá.
     ―¿Esto qué es? ―preguntaba yo, señalando, en la foto, el sexo de un toro.
     ―Es una enfermedad de las vacas ―me decía papá.
     Era lindo mirar enfermedades con mi papá. Como sabía que me estaba mintiendo, observaba con asombro y regocijo los desmesurados genitales que crecían deformes en los árbo­les machos.


ATONTADA POR EL DOLOR

     En la copa de un árbol, una mujer sostiene abiertos los pantalones de su difunto marido. El cura le ha dicho que su hombre está en el cielo y ella espera que caiga en cualquier momento. Pobre tonta, como si no lo conociera. Su marido cae del cielo una vez por día, pero nunca en el mismo árbol. Otras también lo esperan.




En: “Botánica del Caos”, Página 12, 2004.
Ana María Shua (Buenos Aires, 1951). Foto: Ana María Schoua. 

miércoles, 9 de marzo de 2016

Ana María Shua, La vida no es una carrera


ÚLTIMA VOLUNTAD

     Antes de morir exige que su cuerpo sea ungido con mirra y con incienso, que sea cremado, que sus cenizas se recojan en una urna de alabastro, que sus deudos las esparzan desde un helicóptero sobre toda la ciudad con la máxima ecuanimidad posible: que ningún barrio reciba más que otro.
     Después de muerto sus deudos descubren que el incienso no sirve para ungir y lo entierran en la Chacarita.


EL PADRE Y EL HIJO

     Tuvo un hijo que creció hasta ser como él cuando tenía su edad. A pesar de sus esfuerzos por dejarse alcanzar, el padre había seguido adelante sin poder evitarlo. Sin embargo, a partir de cierto número de años, la ventaja que le llevaba a su hijo comenzó a convertirse en retraso.
     —No te preocupes, papá, —decía el hijo para consolarlo—, la vida no es una carrera.
     No cuesta nada hablar así cuando se va ganando.


EXCESOS DE PASIÓN

     Nos amamos frenéticamente fundiendo nuestros cuerpos en uno. Sólo nuestros documentos de identidad prueban ahora que alguna vez fuimos dos y aún así enfrentamos dificultades: la planilla de impuestos, los parientes, la incómoda circunstancia de que nuestros gustos no coinciden tanto como creíamos.


EL PREMIO

     Todo tiene remedio, menos la muerte, aseguró el buen hombre durante toda su vida. Y tan bueno fue, que los Jueces decidieron no otorgarle la reencarnación para no decepcionarlo o desmentirlo.


POR FALTA DE PRUEBAS

     Saltos enormes, de veinte o treinta metros de largo, en los que me elevo por encima de las copas de los árboles y sin embargo son sólo eso, saltos: la prueba cruel de que no levanto vuelo.



En: “Botánica del caos”, Página 12, 2004.
Ana María Shua (Buenos Aires, 1951). Foto: Ana María Schoua.

martes, 8 de marzo de 2016

Ana María Shua, Un hombre toma un avión que va de Buenos Aires a Jujuy


LAS RECETAS DE APOLLINAIRE

     En su libro El poeta asesinado, Apollinaire propone a sus lectores una receta de vinagre para encontrar monedas de cinco francos y un polvo antihigiénico para tener muchos niños. El lector, seducido por los guiños a su inteligencia, por el respeto a su sentido del humor, sintiendo que forma parte de una elite de seres levemente irónicos y superiores, el avisado lector sonríe y pasa por esta vida sin hacer el menor intento por ensayar ninguna de esas recetas, sin pensar que, como en tantas cosas, ésta era su única, su última oportunidad.


UN PAISAJE FAMILIAR

     Un hombre toma un avión que va de Buenos Aires a Jujuy. Un problema técnico obliga a un aterrizaje forzoso. Lastimado pero entero, el hombre reconoce un paisaje familiar que extrañaba sin saberlo. En lugar de haber llegado a Jujuy, el hombre se encuentra, al bajar del avión, en la mitad de su propia infancia. Ahora tendrá que esperar treinta y cinco años para volver a tomar el mismo vuelo y está listo para disfrutarlos.


SI VIAJAR EN EL TIEMPO FUERA POSIBLE

     Viajar en el tiempo no sólo es posible sino también obligatorio y constante. Desde que nací no hago otra cosa que navegar hacia un mal destino. Lo que quisiera es poder detenerme, quedarme aquí mismo, que no se está mal: echar el ancla.


EL INSUPERABLE ARTE DE WANG FO

     Wang Fo fue un legendario pintor chino cuya imitación del mundo era tan perfecta que podía transformarse en realidad con la pincelada final. Un emperador le exigió que pintara el océano y en él se ahogó con toda su corte.
     Para superar el arte de Wang Fo, Occidente inventó la fotografía y después el cine, donde sobreviven los muertos repitiendo una y otra vez los mismos actos, como en cualquier otro infierno.


NO HAY EXCUSA

     No hay torrente que se deslice bajo su arco, no hay lecho de guijarros, no hay orillas que sirvan de excusa a las patas abiertas, altas y crueles del puente para suicidas.



En: “Botánica del caos”, Página 12, 2004.
Ana María Shua (Buenos Aires, 1951). Foto: Ana María Schoua.

lunes, 7 de marzo de 2016

Enrique Symns, Una jeringa de miedo que anestesia las venas del mundo


SOY UN VIRUS

Conozco el dolor desde niño,
cuando bajaba corriendo afiebrado
hacia la costa de la aventura
y siempre quedaba atrapado en las insensatas rutinas
en que consiste la vida
el dolor de dormirme embrujado por el amor
y despertarme encerrado
en el guión de esa grata pesadilla que es el hogar.
El dolor de estar aquí
donde todo te resulta gratis
porque el sol se incendia todos los días
como un bonzo que se suicida por tristeza
aquí donde todas las sonrisas terminan siempre en puñaladas
y en donde el primer pez, en cuanto tuvo hambre,
se convirtió en asesino,
aquí donde los pájaros aprenden a leer y a escribir
las leyes que prohíben volar.
Esos viejos flacos y orgullosos en los supermercados
arrastrando un carrito vacío
con los ojos bajos y en silencio
porque ellos creen que el silencio es de bravos
esos viejos muertos de hambre
que trabajaron toda una vida
y no se roban una uva.
Esos viejos que se cruzan con un muchacho rubio de pelo largo
que ni los ve porque va pensando en el futuro
porque es un mundo de jóvenes que no recuerdan el origen 
y de viejos que se olvidan del destino
pero si las moscas usaran corbata
si las balas cantaran blues
si el cielo sacudiera su viejo culo azul
y las ventanas catódicas de los edificios explotaran
igual, igual habría un viejo babeando deseos
sobre las piernas de una muchacha
y habrían todos esos tipos con caras de clavo
sonriendo por las calles del mundo.
En una tribu de monos
en una fiesta de esclavos
en una calle de zombis
yo no soy un hombre
yo soy un virus
un virus en tu mente.
Un hombre solo en un cuarto
regando una planta y sufriendo
porque nadie lo toca ni nadie le habla
y sólo puede recordar.
O las camareras de los bares nocturnos
de polleras cortas
naufragando entre las brumas del deseo
o la voz hundida de mis amigos
que antes soñaban ser héroes
y hoy cobran un sueldo.
Se percibe en todas partes,
en cada charla
están inyectando una jeringa de miedo
que anestesia las venas del mundo.
Yo no siento ni pienso
yo no amo ni odio
yo no vivo ni muero
tú no puedes conmigo
soy un virus
un virus en tu mente.
Yo tenía 20 años
y siempre estaba borracho
en una pieza mugrienta
viendo mi rostro soñador
reflejado en las frías paredes del mundo
ahora tengo casi 60 y nunca lo vi
nunca vi a un hombre encendido y llameante
un hombre que al levantar la mano
para encender un cigarrillo
yo viera en sus ojos
los ojos de un tigre
acechando en el viento
el paso del tiempo para matarlo.
Siempre vi los ojos del miedo
siempre vi los ojos tristes de la nostalgia.
En una tribu de monos
yo no siento ni pienso
en una fiesta de esclavos
yo no amo ni odio
en una calle de zombis
yo no vivo ni muero
yo soy un virus
tú no puedes conmigo
soy un virus de tu mente.



Transcripción del monólogo realizado por Enrique Symns, el 6 de marzo de 2004 en el Teatro Ateneo de Buenos Aires, en el recital de la banda de rock uruguaya La Tabaré (Rivercock Banda).
En: revista Oliverio, número 5, mayo-junio de 2004.
Enrique Symns (Lanús, 22 de diciembre de 1946).
Foto: Enrique Symns.

viernes, 4 de marzo de 2016

Yadi María Henao, Con absoluta eficacia


NOTICIA

A María Mercedes Carranza

Alzó su capa y montó en su escoba.
Océanos y continentes
vieron a la bruja loca
volar, ebria de amor.
Nada se supo de ella,
hasta que una colisión
contra la luna
fue anunciada en el
New York Times.



TRAVESÍA

Desde todos mis huesos, viajo.
Todavía no llego.

La duda tampoco fue camino.
La melancolía cruza el paralelo del otoño,
el atroz meridiano de la peste.

El sueño de los dioses,
el insomnio del Sahara.

Las plagas del enigma,
la cabeza de la esfinge.

La flecha clavada en el ojo del deseo,
las cerraduras en muros desolados.

El dragón que se apaga
hundido en el mar Rojo.

Las cartas que escribí
en el hotel del infierno.


ACERTIJO

En mi condición de mujer
tres oficios me fueron legados:

Prostituta

Cantante

y Monja

De los tres ejercí dos
con absoluta eficacia.


FUNERALES DE MARÍA

Los periódicos anuncian mi sepelio.

En Posadas de la Atlántida,
Platón lamenta su ideal de sombras.

Me declaro legalmente impedida.

La luz envejece en el recuerdo;
también mi nombre.

La caverna soy yo.


En: “El otoño escribe mi nombre”, Ediciones Extranjera a la intemperie, 2005.
Yadi María Henao (Manizales, Colombia, 1975). Vive en Argentina.
Foto: Yadi María Henao.

jueves, 3 de marzo de 2016

Osvaldo Bayer, Dos poemas


1. Los cantos de la sed

XII PISCIS

Pasó la viajera
vestida de frío y aurora,
sueño infantil y recuerdos de estío;
y en su rostro y sus manos
algo perdido en mis revueltos bolsillos.
En mi boca mojada
quedaron palabras huecas.
Su voz sonó a pétalo
cuajado de azulado aljófar.
Adolescencia brilló en mis ojos
y el dolor apretó mi garganta.
En la tibieza de la mano
de mi amigo traicionero
volví a encontrar mi pureza de niño,
y conocí bellezas.
Sentí placer con gusto azul a hueso, y alguien
puso entre mis manos
un hermoso mancebo de estrechos hombros.
El dolor que apretaba mi garganta
gimió en mis sienes
y por mis labios escapaba y
regresaba el olvido.
¡El terrible dolor de sentirse avergonzado!

Una horrible sotana
de risa pintada,
y una negra desnuda
de piernas torcidas,
bebieron mi cerebro
en ruidos y esferas,
en mareos y agujas.
El adolescente de tímida mirada
penetró en la casa
de ventanas de maderas,
¡gris plateado, gris plateado!
y nuestros ojos se encontraron
en el beso del cansancio.


2. Encuentros

A A. L. AGRADECIENDO
LA NOCHE DEL 21 DE ABRIL

Schumann en los puños blancos de mi camisa.
¿Quién presta dos lágrimas a mis ojos?
El “yo no puedo” de mano implorante,
en los labios morados de la vergüenza.

Con un peine de ocho mentiras alisé mis cabellos
¡si ella mirara su mano izquierda!
No, todo se pierde en los rizos
de su saco con cuello de piel.

Cal y cohetes, trenzas y alondras
juegan en las blancas miradas
de la nobleza de mi cualidad
¿Quién me lleva? ¡soy dócil y niño!

En mis mañanas de pecho de sol,
en mis lluvias de hombros de hielo,
en mis llantos de piel sin vello
¡Schumann es el moño del cordón de mis zapatos!


En: “Los cantos de la sed”, Ediciones Continente, 2015. Escritos entre 1949 y 1951.
Osvaldo Bayer (Santa Fe, 18 de febrero de 1927).
Foto: Osvaldo Bayer.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Leopoldo Marechal, Dos frutas alegres


DON JUAN
REDIMIDO

El
mar
nos
da
su
pan
de
sal.
¿Quién
va?
Un
tal
don
Juan
en
paz
y
ya
sin
mal.


POEMA DE LA SED

Mi
bien,
ya
tu
miel.
¡Oh,
red
tan
fiel
al
pez!
¡Oh
ley
sin
hiel!

Poemas inéditos, circa 1947-1948.


CHACARERA DE LOS ÁRBOLES NUEVOS

Chacarera, cuando plantes
un arbolito en el Norte,
regalarás a la Patria
cien manojitos de flores.

Cuando plantes, chacarera,
un arbolito en el Este,
la Patria y tu corazón
serán dos frutas alegres.

Chacarera, cuando plantes
un arbolito en el Sur,
tendrá el aire más frescura
y los desiertos más luz.

Chacarera, chacarera,
un arbolito en el centro,
le mostrarás a los niños
la escalerita del cielo.

Chacarera, cuando plantes
un árbol en el Oeste,
ya prometerás el fruto
entre las hojitas verdes.

Cuando plantes, chacarera,
en los caminos un árbol,
que lo anuncien las guitarras
y que bailen los muchachos.

Letra de chacarera, musicalizada por Álida Otharán de Barceló.
Impresiones musicales EMYC, 1949.

En: “Obra poética”, Leviatán, 2014.
Leopoldo Marechal (Buenos Aires, 11 de junio de 1900 – 26 de junio de 1970).
Foto: Leopoldo Marechal.

martes, 1 de marzo de 2016

Nicolás Guillén, Los usureros cuentan y recuentan sus plumas


LOS USUREROS

Monstruos ornitoformos,
en anchas jaulas negras,
los usureros.

Hay el de Copete Blanco (Gran Usurero Real),
y el Usurero-Buitre, de las grandes llanuras,
y el Torpedo Vulgar, que devora a sus hijos,
y el Rabidaga de cola cenicienta,
que devora a sus padres,
y el Vampiro MergÁnsar,
que chupa la sangre y vuela sobre el mar.

En el ocio forzado,
de sus enormes jaulas negras,
los usureros cuentan y recuentan sus plumas
y se las prestan a interés.


GUITARRA

Fueron a cazar guitarras
bajo la luna llena.
Y trajeron ésta,
pálida, fina, esbelta,
ojos de inagotable mulata,
cintura de abierta madera.
Es joven, apenas vuela.
Pero ya canta
cuando oye en otras jaulas
aletear sones y coplas.
Los sonesombes y las coplasolas.
Hay en su jaula esta inscripción:
                      “Cuidado: sueña”


ESCARABAJOS

Vean los escarabajos.
El de la India,
vientre de terracota y alas de fieltro azul.
Los Gemelos, de cobre y gutapercha.
El Imperial de Holanda
originario de Sumatra (cobre solo).
El de lava volcánica
hallado en una tumba azteca.
El Gran Párpado de Pórfido.

El de oro
(donación especial de Edgar Poe)
se nos murió.


LA PAJARITA DE PAPEL

Sola, en su jaula mínima,
dormitando,
la Pajarita de Papel.



En: “Páginas vueltas”, Grupo Editor de Buenos Aires, 1980. De: “Obra poética, 1920-1972”, Cuba.
Nicolás Guillén (Camagüey, Cuba, 10 de julio de 1902 – La Habana, Cuba, 16 de julio de 1989).
Foto: Nicolás Guillén.

sábado, 27 de febrero de 2016

Stevenson, Sé lo que es subir y lo que es caer


HACIA TIERRAS LEJANAS

El claro sol,
el brillante día,
blancas velas
en la bahía azul
—los que parten hacia muy lejos
ya se alejan.

Encended el fuego
y cerrad la puerta.
A los viejos hogares,
a la amada ribera,
aquellos que parten
jamás regresarán.


ADIÓS

Adiós, y cuando por fin
a través de Doradas Puertas hacia Doradas Islas
yo navegue, alegre mar,
isla tras isla por el mar hacia el sur,
isla tras isla, mar tras mar,
¿por qué esperar puerto alguno, para qué desear la brisa?
He sido joven, y conté con amigos.
Y ahora, demasiado tarde, he zarpado sin esperanzas.
¿Para qué navegar de isla en isla,
yo, perdido marino sin esperanza?


QUE LOS VIENTOS SOPLEN EN MÍ

Que los vientos soplen en mí.
Que las nubes pasen sobre este lugar.
Aquí reposaré para siempre
y mi corazón para siempre callará.


SÉ LO QUE ES SUBIR Y LO QUE ES CAER

Sé lo que es subir y lo que es caer
he sufrido y he creado en otros días;
todo lo quise y ya he dicho adiós a la esperanza;
he vivido y amado y cerrado la puerta.



En: “Cantos de viaje”, Mondadori, 1998. Traducción: Txaro Santoro y José María Álvarez.
Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, 13 de noviembre de 1850 - Vailima, Samoa, 3 de diciembre de 1894).
Foto: Robert Louis Stevenson. 

viernes, 26 de febrero de 2016

Stevenson, Un ruiseñor en el sicomoro


AL COMPRADOR INDECISO
(Poema inicial de La isla del tesoro)

Si los cuentos que narran los marinos,
hablando de temporales y aventuras, de sus amores y sus odios,
de barcos, islas, perdidos Robinsones
y bucaneros y enterrados tesoros,
y todas las viejas historias, contadas una vez más
de la misma forma que siempre se contaron,
encantan todavía, como hicieron conmigo,
a los sensatos jóvenes de hoy:

—¿Qué más pedir? Pero si ya no fuera así,
si tan graves jóvenes hubieran perdido
la maravilla del viejo gusto
por ir con Kingston o con el valiente Ballantine,
o con Cooper, y atravesar bosques y mares:
Bien. ¡Así sea! Pero que yo pueda
dormir el sueño eterno con todos mis piratas.
junto a la tumba donde se pudran ellos y sus dueños.


DESDE UN VAGÓN DE FERROCARRIL

Más rápido que las hadas, más rápido que las brujas,
puentes y casas, cercas y riachuelos.
Como tropas que se mueven en un campo de batalla,
los caballos y el ganado cruzan las praderas.
La escena de colinas y llanos
desaparece como envuelta en lluvia.
Y de nuevo, en un abrir y cerrar de ojos
coloreadas estaciones pitan a nuestro paso.

Allí hay un niño encaramándose
por una enredadera;
aquí un vagabundo descansa y nos contempla;
allí todo está cubierto de margaritas;
aquí una carreta se aleja por el camino
pesadamente con su carga y su campesino;
aquí hay un molino y allí está el río:
¡todos son como destellos y para siempre desaparecen!


EL VAGABUNDO
(Para una melodía de Schubert)

Dadme la vida que amo,
dejadme junto al río,
dadme el alegre cielo sobre mi cabeza
y un sendero amigo.
Cama en el matorral cara a las estrellas,
pan para mojar en el río:
esa es la vida que un hombre como yo ama,
esa vida y para siempre.

Que lo que ha de suceder ahora o mañana
suceda.
Dadme la paz de la tierra alrededor
y un camino ante mí.
No busco riqueza, esperanza, ni amor,
ni siquiera un amigo.
Todo lo que busco es el cielo sobre mi cabeza
y un camino para mis pies.

Dejad que el otoño caiga sobre mí
mientras vagabundeo por los campos,
callarán los pájaros
y yo mordisquearé mis dedos azules de frío.
La escarcha brilla sobre los campos.
El hogar estará caliente.
¡Pero no he de rendirme ante el otoño
ni siquiera ante el invierno!

Que lo que ha de suceder ahora o mañana
suceda.
Dadme la paz de la tierra alrededor
y un camino ante mí.
No busco riqueza, esperanza, ni amor,
ni siquiera un amigo.
Todo lo que busco es el cielo sobre mi cabeza
y un camino para mis pies.


ENVÍO

Ve, librito mío, y a todos desea
flores en el jardín, comida en su mesa,
una jarra de vino, talento,
una casa rodeada de césped,
un animado río en su puerta
y un ruiseñor en el sicomoro.


En: “Cantos de viaje”, Mondadori, 1998. Traducción: Txaro Santoro y José María Álvarez.
Robert Louis Stevenson (Edimburgo, Escocia, 13 de noviembre de 1850 - Vailima, Samoa, 3 de diciembre de 1894). 
Foto: Robert Louis Stevenson.

jueves, 25 de febrero de 2016

W. H. Auden, Tres poemas


EPITAFIO PARA UN TIRANO

La perfección, de un cierto tipo, era su meta,
la poesía que inventaba era fácil de entender;
conocía la estupidez humana como la palma de la mano
y mucho le interesaban los ejércitos y la armada;
cuando sonreía, los respetables senadores estallaban de risa,
y cuando lloraba los niñitos morían en las calles.


RIMBAUD

Las noches, los arcos de ferrocarril el mal cielo,
sus compañeros terribles no lo sabían,
pero en ese niño la mentira del retórico
explotó como un  caño: el frío lo convirtió en poeta.

Las bebidas que le pagaba su débil, lírico amigo,
sistemáticamente le trastornaron el juicio;
puso fin a la acostumbrada tontería
distanciándose de la debilidad y de la lira.

El verso era una enfermedad especial de los oídos;
la integridad no bastaba, pues parecía
el infierno de la infancia: debía intentarlo de nuevo.
Galopando por África, soñaba
con un nuevo ser, como hijo o ingeniero,
su verdad aceptable a los hombres mentirosos.


EL NOVELISTA

Encerrado en el talento como un uniforme,
tiene el poeta un rango por todo conocido;
puede asombrarnos como una tormenta de truenos,
morir joven, o en una eterna soledad vivir.

Podrá avanzar con el ímpetu de un húsar
pero deberá sobreponerse a su don inicial y aprender
a ser simple y desgarbado, un ser
al que valga la pena acudir.

Para lograr su más ínfimo deseo
deberá convertirse en el epitome del aburrimiento,
someterse a vulgares quejas, como las del amor,

entre los Justos ser justo, entre los sucios, sucio,
y en su propia persona sufrir el padecimiento
de todos los males del humano ser.



“Epitafio de un tirano” fue publicado en The New Statesman el 31 de marzo de 1939. Los otros dos poemas en New Writing (Spring 1939). Los tres poemas se incluyeron en el libro Another Time (1940).
En: “W. H. Auden: Los primeros años” de Rolando Costa Picazo, Grupo Editor Latinoamericano, 1994. Traducción: Rolando Costa Picazo (Santa Fe, 1 de octubre de 1931).
Wystan Hugh Auden (Inglaterra, 21 de febrero de 1907 – Austria, 29 de septiembre de 1973). Nacionalizado norteamericano en 1946. 
Foto: Un joven W. H. Auden. 

miércoles, 24 de febrero de 2016

Paul Auster, Nuestras vidas mismas



CREDO

Las infinitas

cosas diminutas. Por una vez
respirar tan sólo
a la luz

de las infinitas

cosas diminutas
que nos rodean. O nada
logra romper

la atracción de esta oscuridad, el ojo
descubrirá que no somos
sino aquello que nos ha hecho
menos de lo que somos. No decir nada. Decir:
nuestras vidas mismas

dependen de ello.



En: “Pista de despegue. Poemas y ensayos 1970-1979”, Editorial Anagrama, Barcelona, 1998. Traducción de los poemas: Jordi Doce.
Paul Auster (Newark, Nueva Jersey, 3 de febrero de 1947). Desde 1974 reside en Nueva York. 
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