jueves, 16 de agosto de 2012

Nicolás Prividera, nunca más cría cuervos



CUERVOS

Nunca más
cría cuervos,

dijo el cuervo,
cría hombres,

posado sobre el busto de Atenea,
en la penumbra de mi cuarto amarillo,

veo los campos desde mi ventana, y en el cementerio,
adivino una lápida que lleva mi nombre,

me basta cerrar los ojos para estar
muerto, en el sueño

(leo la Biblia a los mineros: hay un lugar, en el cielo,
les aseguro –no en esta precisa, preciosa tierra–

donde los hijos del Hombre serán felices),
quisiera un paisaje donde dejar toda la tristeza,

ya el mundo es una monocorde gama de grises,
y sólo hay tres colores verdaderos: rojo, amarillo, azul,

rojo es aún demasiado pronto (pero no falta tanto, tal vez
en cien años, del otro lado del mar, el hombre venga

a la tierra de nuevo) por tus huesos y cuadros,
negro sobre amarillo, la última noche vi

un cuervo en mi ventana: un pedazo de la noche última
entrando en mi cuarto como un pequeño dios herido.

Un pájaro sale en busca de su jaula.
La tristeza será eterna.

Nicolás Prividera (Buenos Aires, 1970).

Libros de la talita dorada / Colección los detectives salvajes
invita a la presentación del libro de poemas “Restos de restos”
y a la avant premier del film “Tierra de padres” de:
en La Plata, 16 de agosto 18 hs. Pasaje Dardo Rocha.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Nicolás Prividera, los mansos tienen corderos



LOS MANSOS TIENEN CORDEROS

los mansos tienen corderos
los simples tienen Dios

la nación tiene letras
la suerte tiene cansancio

los conversos tienen sed
los buenos tienen salario

la culpa tiene sabor
la cura tiene candor

los muertos tienen nostalgia
los obreros tienen faltas

los peores tienen ganas
la ciencia tiene política

los héroes tienen espinas
las madres tienen sudor

la razón tiene sueño
la derrota tiene padres

el miedo tiene lengua
el poder tiene historia

Nicolás Prividera (Buenos Aires, 1970).


Libros de la talita dorada / Colección los detectives salvajes
invita a la presentación del libro de poemas “Restos de restos”
y a la avant premier del film “Tierra de padres” de:
en La Plata, 16 de agosto 18 hs. Pasaje Dardo Rocha.

Luis Alberto Spinetta, preciosa dama azul



PRECIOSA DAMA AZUL

Pobre la mujer azul
era una doncella
con sus dedos hizo cruz
y chau

Solo la mujer azul
era la más bella
como el brillo de un puñal
oh no!

Habla sola
en su tonel
sin reír
abismal

Pobre la preciosa
dama azul!

Pobre la mujer azul
que ya no es corpórea
con sus dedos hizo cruz
y chau

Solo la mujer azul
era la más bella
como el brillo de un puñal
oh no!

Habla sola
en su tonel
sin reír
abismal

Pobre la preciosa
dama azul


En: “Fuego gris”, banda de sonido, 1993.

LAS, músico, poeta, artista, luz (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).

Nicolás Prividera, elogio de la guillotina



ELOGIO DE LA GUILLOTINA

El Comité Literario de Salvación Pública
decreta:


Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– no es
cortar los tibios cuellos de los moderados.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– no es
cortar las consagradas cabezas de los vendidos.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– ni siquiera es
cortar cada libro hasta volverlo leña encendida.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– es sólo recordar que
cortar es el trabajo de las guillotinas, aún las de papel.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– es no olvidar que
cortar por lo insano es subvertir los límites de cualquier papel.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– es como
cortar una mala racha y hacer saltar por una vez la banca.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– y aún
espantar al burgués es cortar con la complacida muerte de la vanguardia.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– es
cortar con el libresco historicismo para volver a la incesante Historia.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– es
cortar la negra sangre de la apatía.

Cortar un ejemplar –cual si fuera una flor marchita– es, por fin,
creer que aún todo es posible.

Pero nunca olvideís, compañeros, que el verdugo debe ser el primero
en arriesgar su cabeza.


Nicolás Prividera (Buenos Aires, 1970).


Libros de la talita dorada / Colección los detectives salvajes
invita a la presentación del libro de poemas 
“Restos de restos” y a la avant premier del film “Tierra de padres” de 
en La Plata, 16 de agosto 18 hs. Pasaje Dardo Rocha.

martes, 14 de agosto de 2012

Nicolás Prividera, me rebelé cuando lo exigió la hora



BENEDETTI O LAUTREAMONT

me rebelé cuando lo exigió la hora
me levanté cuando lo dijeron las canciones
me adentré clamando en el desierto
abjuré de todos los dogmas
escupí todas las estatuas
disparé contra todos los blancos
incendié todos los teatros
repartí todas las injurias
me excedí en todas las sabidurías
sufrí en mi carne todos los escarnios
me reconcilié con todas las iglesias
busqué mis labios en cada herida
me aferré a cada crepúsculo
me hundí en el pozo de mis años

nunca fui poeta


Nicolás Prividera (Buenos Aires, 1970).


Libros de la talita dorada / Colección Los detectives salvajes
invita a la presentación del libro de poemas “Restos de restos”
y a la avant premier del film “Tierra de padres” de
en La Plata, 16 de agosto 18 hs. Pasaje Dardo Rocha (calle 7 y 50).

lunes, 13 de agosto de 2012

Nicolás Prividera, mi madre creció entre cosas que no amaba



FOTOS

Mi madre creció entre cosas que no amaba, que no hacían sino aumentar su desconsuelo, el amparo de su soledad. El mundo de los otros era hostil, pero ese calor familiar que la sostenía a veces la quemaba. Después fue descubriendo que era ese círculo perfecto el refractario, y que el mundo y los otros podían ser lugares habitables... O al menos eso es lo que imagino, cuando enhebro la historia a través de tus ojos: escruto tu mirada, su cambio sutil de una fotografía a otra, el modo en que empieza a tener brillo propio, a mirar mas allá del ojo de la cámara, con avidez, el rostro de ese mundo nuevo y desconocido. En las más populosas hay que buscarte entre cincuenta chicas sonriendo a cámara: pude encontrarte sin dificultad porque tu vestido resplandece en blanco y negro. Se te ve, definitivamente, como la chica que uno hubiera elegido para sacar a bailar (y no hay nada edípico en esto, se los juro por mi madre). En otras fotos no estás tan linda: fotos anteriores, de una adolescencia difícil. Sólo más tarde vas a recuperar ese destello en la mirada que tenés en las fotos de infancia, siempre fuera de lugar. Pero ahora abrís los ojos desmesuradamente, con la cabeza inclinada, todo tu cuerpo ligeramente torcido, como si aun lucharas por dominarlo. Todavía sos demasiado menuda como para hacer algo más que colgarte el vestido, pero un par de fotos y años más adelante, ya sonreís con todo el cuerpo, y lucís no sólo tus ojos claros y erguidos. El abuelo, siempre junto a vos, ya no te sujeta como sosteniéndote, ahora te estrecha con una firmeza casi imperceptible, como si temiera que te escapes (siempre aparece junto a su mujer y su otra hija, pero es a mi madre a quien mira en todas las fotos, como si no pudiera apresarla como lo hace con la cámara). De niñas, las hermanas aparecen juntas, disfrazadas o con largos overoles o en traje de baño, pero siempre de la mano. Después van creciendo (todavía las visten y peinan igual, pero poco a poco van alejándose), separándose íntimamente, como si cada una buscara su propia forma de pararse (tu hermana no hace, de foto en foto, sino mejorar la misma pose de siempre: la búsqueda de la pose más clásica, la forma más segura de agradar; mi madre, en cambio, es sorprendida hurgándose la nariz o cayendo, y su risa y su mirada están siempre más allá). De pronto cambiaste la pollera por el pantalón y los zapatos de taco alto por unas botas. Tenés el pelo enmarañado, un cigarrillo en la boca, y un libro bajo el brazo. Ya aprendiste a manejarte: estás sentada sobre un viejo Ford, con la mirada fija en algún punto lejano, tal vez esperando a alguien. Y luego ya no estás sola en esa llanura infinita que mirás desafiante, y ya no tenés el pelo corto y esa expresión salvaje: Ahora me mostrás algo (una planta o un insecto, no alcanzo a ver más allá de la foto) mientras me sostenés contra tu pecho, y me hablás, y me contás el mundo. Y yo aún creo ver, el mundo en tus ojos. 

1996

Nicolás Prividera (Buenos Aires, 1970).


Libros de la talita dorada / Colección los detectives salvajes
invita a la presentación del libro de poemas 
“Restos de restos” y a la avant premier del film “Tierra de padres” de: 
en La Plata, 16 de agosto 18 hs. Pasaje Dardo Rocha.
.

Nicolás Prividera, durante mucho tiempo me inquietó no saber



MÓVIL

Durante mucho tiempo me inquietó no saber cuál había sido el motivo
por el que alguien te puso en la lista. Como si alguna razón tuviera más
sentido, o más peso que otra, como si eso hubiera podido dar,
finalmente, algún sentido a tu falta.

Hay un detalle que lo dice
todo: unas horas después
de tu secuestro, ya
en la tibia mañana del martes, llegó
tu telegrama de despido.

(La mañana del día en que iba a ser secuestrada, el mismo día en que
Videla juraba como presidente, mi madre pudo leer, tal vez, en la tapa
del diario La Nación, la proclama del ‘Proceso’: “Las Fuerzas
Armadas –decía– seguirán durante la etapa que hoy se inicia una
acción regida por pautas perfectamente determinadas”).

1997

Nicolás Prividera (Buenos Aires, 1970).


Libros de la talita dorada / Colección los detectives salvajes 

invita a la presentación del libro de poemas “Restos de restos”
y a la avant premier del film “Tierra de padres” de:
en La Plata, 16 de agosto 18 hs. Pasaje Dardo Rocha.

domingo, 12 de agosto de 2012

Juan Ramón Couchet, el topo y la muchacha de los cabellos lacios


LAS FIGURAS

Las figuras
rodearon la mesa
(de Este a Oeste.)
A un tiempo,
sus negruras sentaron;
al unísono,
sus absurdos
irguieron.

Desde el muro
contemplaba
un Gaughin
el suicida cónclave.

SI ALGUNA VEZ

Si alguna vez
los reptantes
se dignaran atisbar
el subsuelo
sonreirían
con sorna:
porque hay una niña
que intuye
pájaros.

(La biblioteca
se halla clausurada.)

LA ARDILLA

La ardilla
juntó nueces,
el oso invernó;
jugando a la miopía
prosiguió
el roedor,
fagocitó la hormiga,
el pescado no fue.

(La gramática
eliminó plurales.)


En: “El topo y la muchacha de los cabellos lacios”, Botella Al Mar, 1982.
Imagen detalle tapa libro: archivo de la talita dorada.

Seguimos difundiendo poetas, escritores, que no deseamos que el olvido sepulte. 
Es nuestro grano de arena, en este, nuestro oficio terrestre. 

Juan Ramón Couchet (La Plata, 1929-1992).  

Más poemas de JRC en POESÍA LA PLATA.

Luis Alberto Spinetta, y es que había una vez


ESCAPE HACIA EL ALMA


Corazón que se va en secreto
no estará aquí para ayudar
a salir, a salir hacia el Nilo
río de todos nuestros días

Y es que había una vez
una guía primitiva
es que había una vez
un ser humano al fin
un dulzor, un temor
un escape del alma

Incursión al poniente sin fin
no esperarán por ti jamás
para ir, para ir hacia el Nilo
río de todos los milagros

Y es que había una vez
una senda primitiva
es que había una vez
un ser humano al fin
un dulzor, un temor
un escape hacia el alma

La condición de un amor
en desvelo
se hace la forma de un reloj
a correr, a correr hacia el Nilo
ni lo sé yo que aquí estaré
por siempre

Y es que había una vez
una guía primitiva
es que había una vez

un ser humano al fin
un dulzor, un temor
un escape hacia el alma

En: “Fuego gris”, banda de sonido, 1993.
Músicos: Carlos Alberto "Machi" Rufino: Bajo. Claudio Cardone: Teclados. Jota Morelli: Batería. Luis Alberto Spinetta: Guitarras, Bajo, Programación, Sequencer, Samplings y voz.

Luis Alberto Spinetta, quiero llegar y ya no solo caer



PARADO EN LA SENTINA


Quiero llegar y ya no solo caer
entre las iras de Dios
y la maldad de tantos hombres
gente sin luz

Alguien me hirió
y algo más me hirió
y luego otro también
y me quedé super herido
nadie me oyó

Llámenme
que alguien pregunte por mí
la fiebre es tan alta
la tierra es tan inmensa
no tengo ya ningún lugar
donde estar

Y si alguien me ve
y no consigo llegar
mi corazón morirá
caerá deshecho 
en la negrura del sin mirar

Debo llegar
tan solo debo llegar
a ti
debo llegar hacia las manos de alguien
que sepa de mi alma
que sepa de mi alma
que sepa que ya no esta en mí
no, no, no,
no esta en mí, oh

Creo en la luz
es como un busca huellas
no desesperes, amor
estoy parado en la sentina
ya sin mirar

Debo llegar
hacia las manos de alguien
que sepa de mi alma
que sepa de mi alma
que sepa que ya no está en mí
mi alma no está
no está más
mi alma no está
no, no está


En: “Fuego gris”, banda de sonido, 1993.
Músicos: Carlos Alberto "Machi" Rufino: Bajo. Claudio Cardone: Teclados. Jota Morelli: Batería. Luis Alberto Spinetta: Guitarras, Bajo, Programación, Sequencer, Samplings y voz.

LAS, músico, poeta, artista, luz (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).

viernes, 10 de agosto de 2012

Julián Axat, las Madres como hecho poético


LAS MADRES COMO HECHO POÉTICO
Algunas reflexiones

Por Julián Axat- Poeta e Hijo

Un hecho poético es un chispazo en la historia producto de un tipo de fuerza que la historia humana otorga, dona. No es un regalo de los dioses. Walter Benjamin (en sus Tesis), dice que hay distintos tipos de fuerzas hacedoras de la historia en la que los pueblos oprimidos se levantan o siguen oprimidos. La fuerza mesiánica de una generación es un momento clave (un clinámen), se desarrolla o queda como conato. Depende de la capacidad humana, y de que ella encuentre la forma correcta. Si resulta trunca, la padecen varias generaciones hasta que la vuelven a desarrollar. Los saldos a veces son terribles. No hay espera, hay que empujarla. Si se desarrolla, entonces hay despliegue de fuerzas en un tiempo, y tienen capacidad de ruptura. Claro que se chocan contra formas opuestas que le impiden seguir. La negación de cierta energía poética, es aquello que Cesar Vallejo denominaba los “Heraldos Negros”.

Podríamos pensar que el origen del Peronismo tiene algo de esa fuerza, también la tiene la resistencia peronista luego del 55, la tuvieron algunos (no todos) los movimientos revolucionarios. La tuvieron las Madres, a su manera.

El kairos (oportunidad justa) de las Madres manifiesta un hecho de “poiesis” histórica. Como poema vivo, cuerpo fuera del papel. Con capacidad de ruptura e identidad épica. La descripción de tal “poiesis” que “se sale” de  la vaina, con una manera distinta de intervenir en el espacio público, deviene “autopoiesis” que es, un tipo de identidad asumida que subvierte todas las formas hasta el momento existentes, para pensar la resistencia (hasta el momento que aparecen en escena las Madres no existe ningún movimiento, agrupación, organización que se le parezca). Se trata de un hecho inédito en la historia Argentina. En un tiempo y espacio específico, nace y se despliega una forma inédita de resistencia. Quizás, no traspolable a otros tiempos o lugares. No repetible.

Dicen las Madres en un cántico: No hay perdón no hay olvido para la mano ciega /que destrozó la rosa de la muchacha en flor, / que le quemó los senos, las pupilas, los párpados, / no hay perdón no hay olvido / para los que sonríen lo mismo que Gardel, / desde las fotos sucias del secuestro y el crimen. / No hay perdón este jueves. / No hay olvido este jueves /Hay una luna roja, tan pequeña, que cabe en la camisa.

La poesía no es acción literaria al papel, es fenómeno histórico de un cuerpo trazado por un rayo. Surge o no surge. El resto es retórica. La poesía, al decir de Rimbaud, es un chispazo, una iluminación en figura. El aura del poeta como raptus, manifiesto irrepetible en una lejanía sostenido en el tiempo por una fuerza extraña, un fantasma. Pienso en los poetas que evocan esta irrupción. Todos los poetas latinoamericanos dedicaron poemas a las Madres.

Pienso en la poesía de Juan Gelman por ejemplo, en un Gelman desterrado pensándose Madre, o proyectándose Madre, mientras las observa a la distancia evocadora: cuando pasabas con tu otoño a cuestas / mayo por mi ventana /y hacías señales con la luz /de las hojas finales / ¿qué me querías decir mayo? /¿porqué eras triste o dulce en tu tristeza? / nunca lo supe pero siempre /había un hombre solo entre los oros de la calle / pero yo era ese niño /detrás de la ventana/cuando pasabas mayo/como abrigándome los ojos/y el hombre sería yo ahora que recuerdo.

Mientras la dictadura arrasa con el tejido social, extermina la formación política de organizaciones sociales, elimina el elemento de solidaridad y compromiso, para que la desaparición de ese elemento dure décadas en forma de “miedo” hasta volverse a replantear. Paradójicamente, en el mismo momento que se produce la negación de la vida y una forma de resistencia es eliminada de cuajo, en ese contexto, nace una algo que podría parecer anómalo, salvaje, o salto cualitativo: mujeres-madres separadas reclamando por sus hijos, caminan juntas, se tantean, conversan, sufren, se ven obligadas a entrevistarse con genocidas para saber dónde están sus hijos, arman listas, interponen habeas corpus, se instalan en la puerta de comisarías, cuarteles, cárceles. Investigan, se juntan, se abrazan; en ese convite, en el roce de sus voces, nace una empatía, una pequeña potencia que comienza a desencadenar una fuerza inédita, epifánica, que con el transcurrir de los meses pasa a ser “pañuelo”, un día de la semana en la plaza alrededor, alrededor de su centro, y ese es el centro de todas las plazas del país.

La épica de las Madres, es también una fuerza bio-poética. Cuando autores como Michel Foucault hablan de bio-poder habla de la eliminación de una vida que no merece ser vivida (bio-política), en función de la administración burocrática de un ser biológico-político obturado que por un tiempo no puede volver a aparecer como ser social en comunidad; es despliegue tanático del genocidio y el terror que destruye los cimientos de la civilización alcanzada (el desempate hegemónico cultural). Esa destrucción es también la destrucción de una épica. La matriz, la matrix, el materon, es la fuerza contraria, vital-biológica que nace al mismo tiempo; la madre, la pitonisa que reacciona gesta vida parida y útero de épica para desplazar a tanathos. La bio-poética (ya no biopolítica), es la re-generación de formas más íntimas de poesía subyacentes, de una épica construida con retazos de la épica de los hijos; nutrida de poetas reconocidos vinculados al proyecto de las Madres, con intelectuales que estuvieron, que pasaron, que se fueron, y que volvieron. Épica que continúa en democracia, porque el terror se solapa en democracia, y los cuerpos desaparecidos son la deuda de esa democracia.

Lo que la dictadura 76/83 no podía prever era ese hecho inédito, la abrumadora fuerza de la madre desesperada ante la desaparición de un hijo. Una madre sin el cuerpo de su hijo, una madre que no puede enterrar el cuerpo de su hijo, es una figura desencajada en la historia, una “Antígona furiosa”. Y eso le da permiso para tomar la voz en escena y denunciar al poder. Nada puede parar a una madre que denuncia al poder, ninguna jauría, ningún heraldo puede contra el pañuelo de una Madre. Los caballos relinchan hacia atrás, corcovean ante los pañuelos. Respeto ante las madres. Respeto ante una madre. Las madres nacen sin los cuerpos de sus hijos, y en eso se emparentan con los poetas, son buscadoras entre tinieblas, hasta el infinito hurgan en la historia. Nada puede detener el dolor de una madre sin cuerpo. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

Las “Locas de la Plaza”, se presenta como estigma inventado por los “otros”. La complicidad civil, los medios de comunicación. Los milicos utilizaban la “locura” para patologizar una actitud política que no podían normalizar, porque los excedía. Las Madres se le iba de las manos, el estigma de “La Loca” no  funcionó para dañar y controlar. Como enseña Irving Goffman al pensar el “Estigma”, hay identidades que saben invertir los estigmas que el enemigo coloca.. Hay locos que están demasiado cuerdos, y utilizan la supuesta locura como estrategia de sobrevivencia y conquista. Pasan a la ofensiva. Las Madres invirtieron el estigma del poder de turno, lo supieron usar como forma de lucha. Esa es la clave poética. Si bien algunas quedaron en el camino, otras avanzaron, entendieron, se consolidaron.

¿Por qué Las Madres son hacedoras del tema Salud Mental? Porque justamente padecieron el estigma, y ellas saben qué es la “Locura impostada de afuera”. Quién mejor para convocar a Congresos que hablan de este tema- que no silencian la locura con mordaza o chalecos de fuerza, que las Madres, antes consideradas “Locas”. Hoy demasiado cuerdas. Esto es un hecho de naturaleza poética.

Julio Cortazar, reescribe el Elogio de la Locura de Erasmo de Rotterdam, y dice:
“Lo irracional, lo inesperado, la bandada de palomas, las Madres de la Plaza de Mayo, irrumpen en cualquier momento para desbaratar y trastocar los cálculos más científicos de nuestras escuelas de guerra y de seguridad nacional. Por eso no tengo miedo de sumarme a los locos cuando digo que, de una manera que hará crujir los dientes de muchos bien pensantes, la sucesión del general Viola por el general Galtieri es hoy obra evidente y triunfo significativo de ese montón de madres y de abuelas que desde hace tiempo se obstinan en visitar la Plaza de Mayo por razones que nada tienen que ver con sus bellezas edilicias o la majestad más bien cenicienta de su celebrada Pirámide. En los últimos meses, la actitud más definida de una parte del pueblo argentino se ha apoyado consciente o inconscientemente en la demencial obstinación de un puñado de mujeres que reclaman explicaciones por la desaparición de sus seres queridos....”.

Esta última idea de Cortázar me parece brillante y al desarrollar la idea de “DEMENCIAL OBSTINACIÓN” de las Madres, el hecho poético adjetivado. Entre el 76 y el 83, la desaparición, la eliminación y exterminio de la lucha armada, la persecución de la clase trabajadora, del movimiento estudiantil, de partidos políticos, la censura, el cierre de universidades, etc. Toda forma de resistencia anulada, solo podía depositar o confiar en la única resistencia posible, en la “DEMENCIAL OBSTINACIÓN” de un “puñado” de Madres. Las Madres como única esperanza. Una lucha dentro del horror. Una chispa en las Tinieblas (para parafrasear a Sartre), y también pensar que sostenerse de esa chispa, era una forma de sostenerse en los pañuelos para que esa chispa lleve a la luz, al umbral de la democracia.

La poesía es memoria – poiesis y memnoysné, van de la mano, de  allí que me interesa penar en aquellas evocaciones que el surgimiento de las Madres generó en los Poetas. Pues no solo deposita la fuerza el movimiento político desterrado, censurado, exiliado, escondido; también lo hicieron a su modo los poetas echados de la polis (durante la Dictadura, durante el Menemismo). Los poetas no son ajenos a dotar de fuerza simbólica a las formas genuinas de resistencia, como en el caso de Las Madres. Vuelvo a Gelman, y a su “Oratorio a las Madres”: Madre /temprano empieza el alma a dolor / pálida / a incierta luz explora tu no estar / fuimos uno / hijo /un solo ser en dos / te abrigué, te gesté, te diste / con mi cuerpo vacío de vos /eras mío / ¿hasta cuándo? “hasta encontrarlos”. lo volvería a mi vientre / a mi abrigo / a mi mar / otra vez lo nacería

La madre y el hijo desaparecido se buscan por medio de una danza alrededor del árbol de la vida, se hablan en la oscuridad, se miran en los cuartos vacíos. La madre finalmente dialoga con ese hijo que va buscando y pariendo al mismo tiempo.

Las Madres y el sueño demasiado real de la lucha de la vida contra la muerte, insisto, de la luz contra las tinieblas. No tiene fin, porque aun cuando el cuerpo aparece, no repara la calamidad, no está vivo. De alguna manera, para las Madres, sigue desaparecido. Solo ellas lo vuelven a parir con la batalla cotidiana, que es el hecho poético que vuelve a hacer parir a sus hijos. 

Me gustaría cerrar con un poema que escuché leer a Hebe evocando la figura del Che, y que a ella le atribuyo como autora, con motivo de los 20 años de la Dictadura. Hebe inmortalizó esa lectura, la fuerza profanatoria de Hebe al leer este poema es descomunal, vibra profetizando la justicia que ha de llegar, la que llegó y hoy vemos. Hebe lee con los tuétanos, con el arquetipo de madre, con el útero abierto al infinito, con la electricidad de quien vaticina las generaciones que se venían. Sin miga y cáscara de Benedetti. Que seamos como el Che!:

“Padre nuestro que estás en el tiempo/ sangre que corre por los ríos de América/ guerrillero intacto que invoca los Andes/ sueños y esperanzas que inunda el corazón de los indios y corre por sus venas/ santificado sea tu nombre/que comparte su luz con el sol/y esparce su oscuridad de infierno sobre la serpiente del siglo veinte/esa misma serpiente que nos brinda sus manzanas/ y sus transnacionales y sus bancos y sus deudas/ que nos quiere imponer su comercio/ y nos embarra con su mierda/ cárganos pues en tus brazos de acero/ y haz que vengamos a tu reino para seguir viviendo como tú vives/ para alzar nuestras armas y ofrendarlas al viento/ llévanos en tus pupilas de fuego/en tu sonrisa de vida/y en tu garganta de vencedor inmortal/hágase tu voluntad/ así en la tierra como en la tierra/ cubre este continente que amanece resplandeciente en tus cabellos/y que busca su libertad sin saber que ella es un pájaro/danos el pan nuestro de cada día/ no el de miga y cáscara de Benedetti/sino el pan que necesitamos para alimentar nuestras fuerzas y sueños de futuro/ el valor, el de la victoria/el que/ necesita Chile y le falta a América/el que necesita Argentina/ni siquiera te pido que perdones nuestras deuda/ porque jamás las pagaremos/pero sí ayúdanos a no perdonar a nuestros deudores y enemigos/cabalga de nuevo sobre tu rocinante de ideas y principios/y guíanos que llegó la hora de cobrarles/y de cobrar la vida de los nuestros/te exijo, además/ que no nos deje caer en la tentación de traicionar nuestros principios/ y apagar las voces de nuestras guitarras/de vender nuestra poesía/en nombre del pobre/ de todos los sin trabajo/y del indio/y del espíritu santo/Che”.

  
Tercer avance Congreso de Salud Mental, Pasaje dardo Rocha de La Plata, 8 de agosto de 2012.
La voz de Hebe puede esccucharse en: http://www.youtube.com/watch?v=CsXSzqzUsz8

Foto: Hebe y Axat. Archivo DLTD.

jueves, 9 de agosto de 2012

René Char, desde tu ventana ardiente



XX

Desde tu ventana ardiente, reconoce en los rasgos de esa hoguera sutil al poeta, carromato de cañas que arden y a quien lo inesperado escolta.


XXI

En poesía, solamente a partir de la comunicación y de la libre disposición de la totalidad de las cosas entre ellas a través de nosotros, nos encontramos obligados y definidos, en disposición de obtener nues­tra forma original y nuestras propiedades probatorias.


.
René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”.
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre.
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Juan José Saer, es necesario



IMAGEN Y SIGNIFICADO

Es necesario, en poesía, hacer una distinción entre imagen y significado.
(p. 253)

…
Platón, que quería desterrar de la República al arte, no logró jamás desterrarlo de su órbita de reflexión y estaba a cada rato teorizando sobre él.
(p. 272)

…
SOBRE ALGUIEN

Es un poeta para inventar sobre las cosas que ha leído.
(p. 274)


Cuaderno “1810” (1963-1978).
En: “Papeles de trabajo. Borradores inéditos”, Seix Barral, 2012.
Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, 1937 – París, 2005).

martes, 7 de agosto de 2012

Juan José Saer, tres haikus



HAI-KU

El otoño es de oro y de fuego
y por un viento limpio viene del sur.
No hay sin embargo para mí
una estación propicia.


HAI-KU

El olor de las flores húmedas
carga de luz azul el viento de marzo.
La belleza es la sombra de algo entrevisto y desconocido.


HAI-KU

Abril trae otra vez
un sol de oro.
Locamente bailo al ritmo de la mañana.



De: Cuaderno “Avón”: cuentos y varios (1965-1966).
En: “Papeles de trabajo. Borradores inéditos”, Seix Barral, 2012.
Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, 1937 – París, 2005).

lunes, 6 de agosto de 2012

Juan José Saer, el estado poético



EL ESTADO POÉTICO

Estás en la ventana y cuando creías
haber perdido todo olvidado todo
no ser nadie ni nada
sin cara o manos para tocar ninguna cosa
he aquí que el llamado suena y oyes la voz
y anochece en un cielo verde como un árbol

noviembre 21 de 1966


En: “Papeles de trabajo. Borradores inéditos”, Seix Barral, 2012.
Juan José Saer (Serodino, Santa Fe, 1937 – París, 2005).

sábado, 4 de agosto de 2012

Mario Trejo, elijo el cantante




EL CANTANTE, NO LA CANCIÓN


Alegría de renacer
en el bostezo de lo leído:
rumor del mar espuma de poesía

Me rebelo
elijo el olvido
me resuelvo en locura
en rugidos del cuerpo

Miro el ruido del mar tautológico
y entre canción y cantante
elijo al cantante. 



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En: "El uso de la palabra, antología personal", Ediciones Colihue, 2004.
Mario Trejo (La Plata, 13 de enero de 1926 – Buenos Aires, 13 de mayo de 2012).

Mario Trejo, Ele, Ele, nunca te hemos abandonado



JUAN L. ORTIZ, MORDIDO POR LA PALABRA TIGRE 

                    Entre argentinos, el tema del exilio es tan folklórico como el tango y tan silencioso como el mate. Quién no conoce de memoria el catálogo de los proscriptos, de aquellos que, desde 1810, han elegido o debido (no hay tiempo para polémicas) vivir o morir en otras tierras. 


                    Pero hay un exilio hacia adentro: el que comienza en la soledad que tiene el atrevimiento a asumirse y que, a veces, el olvido y la indiferencia de los otros perfecciona. 


                    Vamos al grano, daré nombres: Macedonio Fernández, Benito Lynch, Baldomero Fernández Moreno, Oliverio Girondo, Juan Carlos Paz, Jorge Enrique Ramponi, el chileno Juan Emar, los uruguayos Horacio Quiroga, Felisberto Hernández y Juan Carlos Onetti. A todos ellos les debemos algo; a algunos les debo, además, la amistad para el adolescente desconocedor y desconocido. Hablaré de Juan Ele. 


                    Así me lo nombraron por primera vez a lo largo de tres jornadas completas sin reposo ni anfetaminas. Otros tiempos, sí. 


                    Recuerdo un laberinto de caras queridas y perdidas que me peregrinaba sobre el totémico

                    Paraná hacia la Poesía Prometida. Recuerdo que Juan Ele estaba fuera de la ciudad. 


                    Como en el amor, a partir del segundo recuerdo comienzan los verdaderos. 


                    Paraná: una caminata a orillas del río. 


                    Juan Ele tiene un estilo curioso de mostrarme el paisaje, de demostrarme que entre uno y la naturaleza la distancia es menor de la que suponemos. 


                    Me habla de un sitio preciso; no lo busca, va directamente a él. De pronto se detiene, se agacha, levanta una piedra y una flor azul se despierta y una mariposa verdinegra echa a volar. Me pregunto si no será que el paisaje, el que cuenta, lo llevamos adentro. 


                    Pero, a partir de ese momento, de una cosa estoy seguro: Juan Ele inventó esa flor y esa mariposa. En ese lugar y en ese momento. Siento un tímido espanto. Lo miro y le agradezco con un silencio. 


                    Pampa Gringa: un polvoriento viaje de cientos de kilómetros luego de una tarde y una noche entre sus poemas largos y finos como su corbata, su boquilla, sus costumbres. 


                    Un estilo, en fin. 


                    Juan Ele me pregunta sobre la vida y la música de Charlie Parker. Juan Ele me escucha tan intensamente que, por un momento, lo juro, fui Charlie Parker. Para disimular mi turbación, me cuenta sus días en China entre hombres que le hablaban de Klee y de Éluard. 


                    Comienzo a sospechar que Juan Ele, en ese instante, está en todas partes. De una cosa estoy seguro: Juan Ele es eterno. 


                    Mendoza: un melancólico congreso de escritores. Juan Ele ausculta las intermitencias de mi corazón. Con la delicadeza del humo me toma de la palabra y comenzamos a levitar; luego seguimos remontando hasta llegar a una nube y terminar siendo una nube con forma de pantalones, un paisaje, un lugar turístico. 


                    Nunca me imaginé que el Aconcagua fuese tan calvo y tan pequeño y tan rubio el pelo de la niña en cuestión y tan grandes sus ojos. 


                    Buenos Aires: módico viaje en trolebús desde plaza Once hasta la Casa Rosada, que, en rigor de verdad, no era nuestro destino. El mío era Medio Oriente; el de Juan Ele, el Paraná, brazo desarmado de su poesía. Comienzo a pensar seriamente si alguna vez nos hemos conocido. De una cosa estoy seguro: desde ese momento nunca nos separamos. 


                    Paul Valéry pensaba como un racionalista y sentía como un místico. Juan Ele tiene una cicatriz; una vez lo mordió la palabra tigre. Siempre se le dio por ser más un realista de la mística que un místico del realismo. 


                    Juan Ele, mucho gusto, me alegra haberlo conocido. 


                    Ele, Ele, nunca te hemos abandonado. 

(Diciembre 1970)


En: “El uso de la palabra, antología personal”, Ediciones Colihue, 2004.
Mario Trejo (La Plata, 13 de enero de 1926 – Buenos Aires, 13 de mayo de 2012).