miércoles, 15 de marzo de 2023

MIGUEL GRINBERG Una flor amanece




AMÉRICA, HORA CERO 

     Voces de pronto fluyen entre las rocas, el asfalto, la mentira y el ruido. Un ritmo, pequeños seres deslizándose sin prisa por las ciudades, seguros de su victoria. Entretanto, trepidan artefactos de muerte, caen aquí y allá los inocentes. Y los asesinos prosiguen su faena, impunes. 

Las voces en verdad son una, la apetencia es una, los ojos suman una gran mirada, y más allá de la Ciénaga, en las riberas, algo diferente se alza de a poco. No es el grito, no es una amenaza, no es ya la receta del crimen político. Un ser solidario aparece, y brinda su todo al mensaje que crece y se agiganta, vibrante. 

Y están los pobres ciegos, los que juzgan y son juzgados en la asfixiante maquinaria de la década. Los que huyen de sus propios fantasmas, incesantemente hacia el borde de un abismo que se los tragará sin consuelo. Sombra de cobardías, rechinar de miserias. 

Polen y corolas incondicionadas trazan sus itinerarios. América brota en cada ángulo del mapa, y hay hombres y mujeres que sufren y aman en el nacimiento, hombres y mujeres que navegan con sus barcas de fe entre los aullidos. Generación voraz, génesis indeformable del nuevo ser implacable en su coraje, invencible en sus caricias. 

No más fetiches, no más monumentos al vacío. Apenas la mudez y el amor en el rostro, apenas el salir a la calle y expandirse en silencio. Ni mártires, ni héroes. 

Germen continental en las horas, recuperación del presente, homenaje al duro tránsito de los precursores. América en cada pulsación, cadencia definitiva, vientre liberado. 

Un sol de gigantes se apaga. Una flor amanece. 


En América hora cero,  poesía – ahora, Buenos Aires, 1965 / Foto. jmp / 
Miguel Grinberg (Buenos Aires, 18 de agosto de 1937 - 4 de marzo de 2022) / 
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