miércoles, 23 de noviembre de 2016

Derek Walcott, Domingo en las Antillas


EL DOMINGO EN W. I.

Aquellos pueblos golpeados por la melancolía del domingo,
donde duerme un perro en todas y cada una de sus ocres calles

aquellos volcanes como rocas cenicientas, o la incurable llaga
de pobreza, alrededor de cuya boca fruncida niños flacos
venden piedras amarillas de azufre

las calcinadas hojas de banano que solían bailar
el río con su lecho de botellas rotas
el cacaotal donde un pájaro cuyo grito suena verde y
amarillo y en la claridad bajo las hojas nimbadas
de llama naranjas ha olvidado su flauta

gomeros despellejados por el sol forcejeando todavía para escapar del mar

el lagarto muerto que se vuelve azul como la piedra

aquellos ríos, hilos de saliva, que olvidaron la música de ayer

aquella explanada, árida y exigua, bajo almendros marinos aún más áridos
donde los áridos ancianos se sentaron

a observar una goleta blanca encallada en el delta

y a jugar damas con los inquietos rabihorcados

aquellas laderas como tiestos rotos
aquellos helechos que grabaron sus esqueletos en la piel

y aquellos caminos que comienzan a recitar sus nombres a la hora de la víspera

menciónalos y se detendrán aquellos cangrejos dispuestos a dejar pasar una época
aquellas garzas como solteronas que dudaron de su reflejo
indagando, indagando

aquellas ortigas que esperaron
aquellos domingos, aquellos domingos

aquellos domingos cuando las luces al final del camino eran un acontecimiento

aquellos domingos cuando mi madre se quedaba en la cama
aquellos domingos cuando las hermanas se congregaban como polillas blancas
alrededor del farol de la calle

y las ciudades pasaban a nuestro lado en el horizonte


En: El reino del caimito, Grupo Editorial Norma, 1996. Traducción de Álvaro Rodríguez Torres.
Derek Walcott (Castries, capital de Santa Lucia pequeña isla de las Antillas, 23 de enero de 1930).