lunes, 23 de diciembre de 2013

Daniel Ponce, 6 poemas de Trabajos, libro inédito


MICHAUX

De estos incidentes estoy hecho:
fugas, error, trabajos, aunque persisto
ya desplazado del centro o de espaldas
a la ilusión, ese raro dibujo del sueño.


De los mares, de las tierras quemadas
regreso insomne. Examinado. Beber la lejanía
es terminar ciego ante lo concreto.


Estoy hecho de lo que va a morir:
golem, barro maldito, nieve.


Me escribo en el agua.
  


ESCRIBIR DESPUÉS DE BORGES

Rodeado de libros que callan.
Acorralado: nunca los ruidos, los chasquidos
las voces serán libros.
Con las peores sospechas. Con la intención
de ser un lugar propio sólo después
de dejar atrás el desierto, la selva,
el silencio culposo, el mundo de la ignorancia.
Con un mapa falsificado de este confín.
Así la inquietud, que toma la forma
de la palabra cumplida
pero en otro. En una ciudad ya escrita.
Así las noches, el alba, las calles.
Todo develado por unos ojos perdidos.
Así el olvido resulta
anterior a todo afán,
los días, artificios perfectos.
No ser Borges, lástima,
y ser el que busca, monótono,
un atajo o el resquicio
por donde su sombra no cruce.


EL ANCIANO QUE MATÓ A HEMINGWAY

El que no siente piedad por nadie
ni por nada, salió a recibir
la gracia del sol como un perro enfermo
que se arrastra hacia la claridad.
Mi trofeo, calculo, será un cráneo
fragmentado, quemado por dentro,
abierto en miles de astillas.
Mi venganza será desbaratar
la jactancia y demoler
con un solo proyectil
a ese animal solitario.
Lo veo acercarse. Si algo de juventud
queda en mí, es esta repugnancia
que se anuda en mi garganta,
ese desprecio por la nulidad,
el vértigo de acechar.


KAFKA, 1924

El médico ovilló el estetoscopio.
Izó el reloj desde el fondo del bolsillo.
Como si huyera del tiempo
el pulso de K. aventajaba
a la aguja pequeña.
“Si no me mata, usted es un asesino”
decía el papel, del tamaño
de una entrada de teatro.
El médico lo escamoteó
entre unas carpetas. Quería fumar.
Cuando lo llamaron,
la mañana, a través de las persianas,
era un puñado de barrotes de sombra
en el piso. Pensó, con espanto,
que los ojos del moribundo
ya no le reclamarían nada.


NADA DE LO PERDIDO IMPORTA

Escucho cantar a mi hija
mientras se baña. Su voz se mezcla
con la música de Mingus. El anochecer
es aún más abstracto.
¿Quién piensa en el dolor?


Fluye algo parecido al agua
que nos consuela
de una sed antigua.


ESCRIBIR ES CALLAR

Escribir, como forma de confusión ascendente,
es un estado de desamparo. Es descartar
los ruidos de la noche,
rechazar cualquier cercanía.
Todo, menos creer en los propósitos
de aquel que, desde adentro,
obliga a escribir.


De: “Trabajos (septiembre ’98 – febrero ’00)”, libro inédito.
Foto: Daniel Ponce y Luis Alberto Spinetta, 11 de julio de 2011. Dibujos: Daniel Ponce.
Jorge Daniel Ponce  (Buenos Aires, 1956).

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