viernes, 22 de agosto de 2008

02 AROMITO agosto de 2008

Allá a lo lejos, puedes escuchar,
a un amor de primavera,
que anda dando vueltas...
que anda dando vueltas....
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número 02, agosto de 2008

EpA!

La poesía es siempre... Ahora, con vida y siempre...
Acerca de
Versos aparecidos de Carlos Aiub

Por Alberto Szpunberg *

1
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es rebelión. Aún la poesía más estructurada y “canónica”, aunque más no sea como una demostración por el absurdo, huele a rebelión. Sí, señores, ningún poder se siente tranquilo con la poesía, simplemente porque toda poesía, como mínimo, es alteración del orden. Del orden del discurso, del orden domesticado de las palabras, del orden del sentido común, que siempre es la ideología dominante y nunca es ninguno de los cinco sentidos, que son muchos más que cinco, siempre infinitamente más. ¿Qué dirigente de turno, de izquierda o de derecha –sí, también de izquierda– puede confiar en la seriedad de alguien que, en el peor de los casos, contando torpemente las sílabas con los dedos, habla, por ejemplo, en endecasílabos? ¿Qué comandante de izquierda o de derecha –sí, compañeros, también de izquierda– puede fiarse de alguien, un tal Carlos Aiub por ejemplo, que, en un cuaderno anillado, tiene la osadía de escribir: “la nada o un silencio total / algo que te reclama sin saber de dónde”? ¿Cómo sentirse tranquilo con alguien que, en plena represión, en plena caza del hombre, en pleno degolladero, en pleno desgarramiento de la carne y el cielo, en pleno aullido, escribe: “enjambre de estrellas colgadas como pueden”, para colmo, vaya insensatez, en un cuaderno anillado marca “Éxito”? Si lo hubieran intuido los militares, habrían sabido que, aunque triunfasen, su destino era le derrota... Pero los militares no intuyen; matan. Y esa es la ventaja de la poesía, que siempre vive y da de vivir. Nada que ver con el/lo uniforme...

2
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es luz, fuego que ilumina y entibia, dador de cobijo y alimento para los nómades, como lo son los poetas, que conjugan con un mismo verbo el ser y el estar. Como brasas, las palabras se arriman unas a otras, juegan a que son sustantivos, adjetivos, hasta onomatopeyas, y se amontonan, se amontoneran, se arriman, riman, y es un querer decir o un simple suspiro el que hace saltar la chispa y después, ya lo sabemos, es todo como si ardiese, rescoldos rojizos bajo el entrecano de las cenizas, lenguas de fuego agazapadas, dispuestas a bailotear, a la espera de nuevas palabras, sustantivos, adjetivos, hasta onomatopeyas, incluso esas que son puro silencio, hasta lograr decir lo que dicen, lo que siempre ardientes logran. Claro, ahora se entiende: ¿Qué mejor escondite –“berretín”, se decía entonces, compañeros– que un cuaderno anillado marca “Éxito” para ocultar tanto incendio? Ni el más experto coronel contrainsurgente hubiese sospechado jamás que el Plan Cóndor sería incapaz de desbaratar tanto ingenio. Si lo del Conde Lucanor fuese cierto, cosa que nadie duda, Carlos Aiub sería el pastorcito: “El rey está desnudo” o, mejor dicho: “Fue por vez primera esa mañana / en que alborozado vi caer un manojo de hojas / y comprobé en la calle / y presentí en el aire / y descifré en el apretujado canto de las aves / un reclamo de otoño esa mañana / o fue un reclamo simplemente / mezclándose la naturaleza de las cosas con mis ganas”.

3
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre aparición, en el sentido de que la verdad es siempre descubrimiento. Como la de los pañuelos blancos: aparición con vida. Leo: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Alguien, por primera vez en mi vida, que es toda la vida que poseo y me posee, alguien dice: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Muchas veces, yo, yo y muchos más que yo –acaso nosotros– dijeron: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Carlos Aiub, que fue quien lo dijo y aún lo dice, me/nos enseña a hablar, a desnudar/desanudar las palabras. Como si dijese que empecemos de nuevo eso de que “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. ¿Carlos Aiub? El 10 de junio de 1977, Carlos Aiub fue desaparecido por un grupo de tareas de la dictadura, o sea, tan borrado de la existencia como de la inexistencia. Sin embargo, ¿cómo es que Carlos Aiub dice lo que dice? Acaso no fue él, sino otro Carlos Aiub, porque es propio de poetas ser otros, otros que dicen, por ejemplo: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Río subterráneo, la poesía aflora a borbotones, de entre las grietas de la sequía, de entre las ruinas de la derrota, de entre los resquicios en que se resquebraja toda losa, todo cemento, todo poder, todo discurso. No, no creo que fue Carlos Aiub quien dijo “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Sí, fue él pero él que era otro, somos nosotros que somos ineludiblemente otros, fue el interlocutor de ese diálogo que es hasta el más solitario de los monólogos, fue el intérprete de una multitud de otros, o como se diga: de una época, de un tiempo, de una generación, de una “tristeza” que es la de siempre, de “una niña vestida de otoño” que también se llama Bea, de un “encuentro común aunque no la busco”... ¿Cómo se concilia un “encuentro”, para colmo “común”, con “que no la busco”? El genocida, que no tembló al perpetrar el crimen, ahora tiembla: el 10 de junio de 1977, Carlos Aiub desapareció para reaparecer: “la tristeza es una figura de humo / muy cierta por cierto / la tristeza es una niña vestida de otoño / un encuentro común aunque no la busco...”. Nada permanece impune: tampoco la frustrada desaparición de Carlos Aiub. ¿Un poeta? ¿Un subversivo? ¿Un militante? ¿Un cualquiera de nosotros, nosotros otros, otros Carlos Aiub?

4
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre “cada una de las formas aún difíciles de la libertad y la ternura”. Lo dice Carlos Aiub. Lo escribe. Y a mí me gusta leer lo que dice en la reproducción facsimilar de las páginas manuscritas de su cuaderno anillado marca “Éxito”. Quizá porque la letra de molde tiene pretensiones de eternidad. La otra letra, la bien llamada de puño y letra, en cambio, registra el temblor de una mano que dibuja, sobre las hojas en blanco de un cuaderno anillado marca “Éxito”, lo que los labios aún murmuran, a medias entre la música y el lenguaje o, más propiamente, como el eco de una voz que apenas se desprende del silencio, pero que ya no puede callar ni ser acallada. La letra manuscrita de Carlos Aiub brota del renglón como los hilos de pasto brotan de la tierra, ligeramente inclinados hacia la izquierda, como si un aire fresco y promisorio los empujara desde los Andes hacia el mar, sin llegar a enmarañarlos nunca. ¿Crece así ahora el pasto de la línea de sus huesos? ¿Algún pasto en algún lugar donde sus algunos huesos, como su poesía, alimentan la tierra y le dan a la vida de brotar? Como puñaditos de tierra arrojados sobre la página del cuaderno anillado marca “Éxito”, hay dos palabras tachadas. Luego el texto sigue: “el asombro”. En ese momento, algo le dijo a Carlos Aiub que ante el asombro, otras palabras sobraban. Y el poema termina: “para alcanzar el encuentro y el asombro / para no perderlos nunca”. De eso se trata.

5
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre la palabra en su estado de mayor apertura: parafraseando al mandamiento, el poeta habla al prójimo como a sí mismo. Los poemas de Carlos Aiub no hablan, sino que nos hablan, y leerlos es escuchar a alguien que nos habla. Por ejemplo:
­
– ¿Más allá del tiempo?
– “Digo de antes de cuando recién me asomé apenas llegado de ahora”...

_ ¿Más allá del miedo?
– “Te cuento de las flores aquellas que decidimos un día cuidar juntos / y tengo miedo de no verlas”...
­
– ¿Y la muerte?
– “Cuando llegue la muerte y te tome desear estar en otra cosa / que te tome y no temer / como forma de escaparte lejos por un rato”...

– ¿Y la vida?
– “Y te aferrás a la vida con todo /porque querés vivir simplemente para ver cuando al final la vida viva”...

– ¿Y el dolor, Carlos, y el dolor?
– “El nuevo dolor lo pensás más tarde”...

– ¿Y la poesía?
– “Sentarse a escribir y pensar en algo / en muchos algos a la vez”...

– ¿Y el futuro, Carlos?
– “Una noche de verano cualquiera / lenta con los ruidos que vienen de la calle fresca”...

6
No sé por qué, aunque lo intuyo, la poesía es siempre. Como los Versos aparecidos de Carlos Aiub. ¿Carlos Aiub? Sí, ahora y siempre. ee

El Masnou, 25 de septiembre de 2007.


* Alberto Szpunberg es licenciado en letras, nació en 1940 en Buenos Aires. En 1973 se desempeñó como director de la carrera de Lenguas y Literaturas Clásicas y profesor de Literatura Argentina y Medios de comunicación y literatura en la Universidad de Buenos Aires. Fue redactor del diario La Opinión de Buenos Aires y dirigió su suplemento cultural de 1975 a 1976, cuando se exilió en Barcelona. Desde 2001 es profesor de Literatura y Política en la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo.

A 36 años de la Masacre de Trelew un poema de Carlos Aiub, poeta detenido-desaparecido


Carlos Aiub: De puño y letra
(http://www.versosaparecidos.com.ar/) incluído en "Versos aparecidos", Libros de la talita dorada, 2007.
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TRELEW Y UNO

16 rosas rojas
nacidas de madrugada
regresarán cada noche
de la tierra liberada
(pintada callejera)


retomo la vida de ustedes inconclusa
retomo la poesía aquella también inconclusa
retomo mi propio camino entonces
(hace tres años Trelew 22 de agosto)
y busco
mientras voy desempacando las viejas letras casi abandonadas
intentando nuevamente redondear
esta pequeña ofrenda
este canto inútil
este trágico recuerdo
este renovado lamento
y así reconstruir aquel poema
consciente de que ni las viejas letras
ni las nuevas sirven para mucho llegado el caso
como tampoco sirven para mucho las buenas intenciones y los mejores deseos
que si acaso alcanzaran para reemplazar a alguien carajo
aunque este intento no pretenda eso
aunque sólo se trate de regresar la memoria hasta aquella vida inconclusa de ustedes y seguirla hasta aquí y hasta mas allá reflexivamente
hasta el propio instante en que intentamos cuestionar nuestra ajetreada conciencia diaria
aunque sólo se trate de contabilizar si querés
Trelew bandera y grito de guerra de cuántos Trelew más
aunque sólo se trate de volcar
medio complicadamente
la bronca que viene amontonándose de lejos en tiempo y esperanzas
y que te enciende los puños y también la mirada
aunque sólo se trate de escribir buscando escupir toda esa bronca amontonada todo el odio toda esa necesidad que te invade por momentos de acabar con medio mundo y un poco más si querés de mandar todo a la mierda
aunque sólo se trate de escribir pensando (no como la forma más comprometida de pensar) en una fecha
en un lugar en 16 compañeros y
cómo y dónde te agarró todo eso
y cómo lo trasladas a otras fechas a otros lugares y a otros 16
por cuántos más compañeros y qué tiene que ver todo eso con la vida con el compromiso con la necesidad de escribir entre otras cosas que sabés mas necesarias
y entonces te surge la reflexión mezcla de ironía y sonrisa cansada y las palabras que ya son lugares comunes
morir para que la vida viva
morir buscando recorrerle su cono de sombra a la vida
morir rastreando la luz entre tanta mierda junta
morir para que el hombre viva
morir apostándole a las tan vapuleadas esperanzas y alegrías
morir a manos de los señores defensores oficiales del amor que empuñan su civilización y democracia calibre 9
morir a manos de la propia historia que vos ayudas a hacer y que escriben otros... todavía
morir... vivir... morir... vivir
tal vez se trate de pura necesidad dialéctica
que se yo
retomo la vida de ustedes inconclusa
retomo la poesía aquella también inconclusa
retomo mi propio camino entonces
(hace tres años trelew 22 de agosto) y busco
mientras la memoria sentenciada que transcurre
recompone aquella mañana fría de otra Patagonia trágica unos 50 años después
junto a la soledad fría de aquella cárcel regimentosa
junto a la trampa fría muy mal disimulada
16 vidas fusiladas
lo único caliente
16 rosas que custodian el camino de esperanzas y alegrías
16 puños que se alzan por haberse acercado a la victoria
y mas allá de toda esta metáfora repensada mil veces complicada contradictoria lo real lo cierto
una fe cada vez mayor en el triunfo
por ustedes cumpas
por ustedes.-
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agosto/75

miércoles, 20 de agosto de 2008

"Poética y testimonio" por Julián Axat

EpA!

A propósito de "Canciones de Militante" de Enrique Ferrari y de "Ese sitio sin paz de la memoria" de Rafael Vásquez.


No son el poema y el canto los que pueden intervenir para salvar el imposible testimonio; es, al contrario, el testimonio lo que puede, si acaso, fundar la posibilidad del poema.[1] El testimonio poético de los que quedaron para hablar por aquellos que aún siguen desparecidos. La necesidad de urdir un testimonio para evitar (suplir) el abismo o vacío del siniestro intestimoniable de quien ya no está (ni muerto-ni vivo). El horror (dolor) de una laguna que se lo traga todo y sigue perdiéndose como desmemoria u olvido.

Canciones de Militante de Enrique Ferrari (Ediciones Al Margen) y de Ese sitio sin paz de la memoria de Rafael Vásquez (Ediciones Libros de Tierra Firme) son dos poemarios que, cada uno a su manera, brinda testimonio de ese pasado surcado por el Terrorismo de Estado. Y para hacerlo encuentran en la palabra poética el modo más íntimo de rendir cuentas con ellos mismos, con los que se fueron, con los que quedaron, con los cómplices y con los que hoy continúan el asesinato.

Dice Vásquez:

La tortura:
"Nunca me lo contaron.
Hubo amigos que no volvieron más.
Pero no me crucé nunca con alguno
que me dijeran cómo fue.
Como pudo sufrirla.
Hubo jueces
después
que lo entendieron…”

Desaparecido:
“Ellos la suprimieron del idioma de todos.
Es decir, lo intentaron.
Alguna la borraron de su propio discurso
porque el perdón no cabe, ni siquiera la duda.
Otras palabras fueron desviadas de sentido...
… Fue desaparecido la palabra maldita
la que ellos inventaron, la que nació sin eco…”


Kosovo:
“Lejos, la muerte.
Siempre lejos...”


Vásquez se encuentra aferrado a una poética (y a la estética) cercana al reclamo de los organismos de DDHH (Las Madres, ex detenidos); ello se deja traslucir en los dibujos intercalados a los textos del conocido artista plástico Carlos Terribli, los rostros sombríos, cargados de dolor, de quienes aún esperan respuestas.

A diferencia de Vásquez, el libro de Enrique Ferrari, va más atrás, prefiriendo retomar la voz poética de la militancia revolucionaria silenciada, desaparecida, esa palabra que era un canto (epopeya) de los compañeros y ahora no existe.

Dice Ferrari:
"Nos dieron las armas
y nos fuimos al fuego,
a dar la vida por la Patria.
Nos dijeron antes y luego.

Labramos consignas
poniendo el alma.
Y el cuerpo se nos perdió
desaparecido, como estaba.

Se cuenta la historia.
Se inventa la historia.
Se miente la historia.
Y de quién fue
la falta de memoria.

… Otro Sol nacerá mañana,
cuando los dioses sean terrenales,
y no haya miedo en la palabra.
Entonces, y sólo entonces,
el camino lo haremos desde abajo
todos juntos por igual.

… Me abrazo enamorado a tu memoria
y te recorro con mis sueños libertarios.
Soy un río que avanza lentamente
con un himno de brazos solidarios."

Canciones de Militante es una invitación funciona como una mesa de disección en la que un cuerpo individual (Enrique) se expone cantado, con el dolor necesario para no quedarse en la herida; porque sus vísceras están hechas de memorias en verso, por efecto mismo del despliegue de esos versos que logran conectarse con un cuerpo mayor, colectivo, cruzado de otras vísceras, las de todos: con sus heridas, abismos, restos, alegrías, miserias, pasiones, nostalgias, derrotas, triunfos.

Debe reconocerse que los textos carecen una apuesta formal, es decir, no desafían el silencio (dejado) o el propio lenguaje (derrotado) a partir de una construcción poética singular (como resistencia), tensada al extremo de un desgarro (como la poética de Paul Celan) o como voz superadora (un nuevo lenguaje); en tanto son reproductoras de ciertas posturas, decires, términos, etc. (y con esto me refiero a cierto lugar común de la memoria militante: hoy corrección político-poética de la memoria setentista).

Más allá de estos aspectos, los libros de Vásquez y Ferrari, forman parte de urgencia de decir (testimoniar), de la necesidad de salir a enseñar (especialmente a las nuevas generaciones), de la vinculación (poético-política) de pasado y presente (el Terrorismo de Estado del hoy como continuación del ayer). Seguir denunciando y exigiendo también algo de justicia poética (¿como fin de impunidad poética?).

Vásquez y Ferrari seguramente no se conocen, pero aún en sus diferencias y en sus lugares comunes, el testimonio funda la posibilidad del poema.

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Rafel Vásquez: Nació en Buenos Aires en 1930. Integró el grupo Barrilete. Entre otros, publicó los libros de poemas Apuesta diaria, La piel y la alegría, Hay sol en Buenos Aires y Cercos de la memoria. En prosa editó en el año 2003 Informe sobre Santoro.
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Enrique Ferrari: Nació en Teniente Origone, un pueblo del sur de la provincia de Buenos Aires. Con Canciones de Militante intenta rendir homenaje desde el recuerdo y el compromiso a los hechos y compañeros que forjaron su poesía.
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Julián Axat: Nació en La Plata en 1976. Publicó en poesía: Los Albañiles, Peso Formidable, Servarios y Médium (Poética belli). Vive en City Bell.
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[1] Giorgio Agambén, Lo que queda de Auschwitz, El archivo y el testigo. Homo Sacer III, Edit. Pre-Textos, Valencia, 2002, Pág.36.

viernes, 15 de agosto de 2008

¿Para qué sirve hoy la poesía? por Rodolfo Alonso

EpA!

Si la poesía tiene todavía algún sentido, en estos tiempos de miseria, es cuando continúa encarnando, a pesar de todo, aquello a lo que Wallace Stevens aludió tan cabalmente en sus Adagia: “la dicha del lenguaje”. La sociedad de consumo, la sociedad del espectáculo, nos han embebido en su atmósfera estridente y demagógicamente chata, falsa en el doble sentido de imitadora y deshonesta, que se ha convertido en el aire que respiramos, en una seudo-cultura populista y no popular producida seductoramente por los grandes medios masivos de incomunicación. Con sus efectos deletéreos sobre la espontaneidad creadora de la gente, inclusive del lenguaje, especialmente del lenguaje.
La cuestión es que si decae el lenguaje humano, decae la condición humana. Porque no usamos el lenguaje, insisto, somos lenguaje. Y cuanto menos lenguaje somos, somos menos humanos, menos hombre. Hemos vivido acaso sin percibirlo una mutación, y ahora estamos inmersos no sólo en una civilización cuyo centro ya no es el lenguaje sino que incluso ataca las fuentes del lenguaje. La crisis actual de la poesía no es entonces quizá tan sólo la de un mero género literario sino que, algo muchísimo peor, es la manifestación máxima de una carencia muy profunda en cuanto a la espontánea capacidad creadora de lenguaje por parte de los hombres.
Cada vez que hubo una gran poesía, por alquitarada y elitista que pareciera, siempre estuvo secretamente ligada, aunque fuera por oscuros meandros, con una lengua viva realmente hablada por un pueblo, por una comunidad. Ante la amenazante posibilidad de extinción de la gran literatura ¿cada uno de nosotros debería, como ya lo anticipó Ray Bradbury en su Fahrenheit 451, esconderse para preservar vivo, aprendido de memoria, el texto de un gran libro? ¿O será suficiente seguir escribiendo el poema?
Porque “la palabra no sería deliciosa si no significase una calidad”, ¿no es cierto, Gabriel Miró? Y el hombre que labra amorosamente el lenguaje que es a la vez suyo y general, íntimamente propio y al mismo tiempo de la especie, el solitario que cumple después de todo la más significativa y necesaria función social, pudo ser nítidamente percibido por Michel Butor, ya a comienzos de la década de los sesenta: “El poeta es aquel que tiene conciencia de que la lengua, y con ella todas las cosas humanas, está en peligro.”
Me parece sin duda evidente que la comprensible y valerosa reacción mundial de los ecologistas (a la cual hemos visto sumarse hace poco tantos partidarios de la paz) ha logrado, hoy, llamar la atención sobre las consecuencias deletéreas que la adicción suicida por el poder global y la riqueza obscena ha tenido sobre la calidad de la vida humana y de la vida sin más en nuestro planeta, poniendo el acento sobre los daños geográficos, ambientales, concretos y visibles. Pero me temo que todavía no se ha percibido la enormidad del daño psíquico, cultural, estético y esencialmente humano que hemos sufrido para adaptarnos a esta maquinaria que ha enloquecido, cuyo único y delirante objetivo es hacer más dinero del dinero, hasta el infinito. Y que, en consecuencia, sería necesaria también una lucha ecológica a favor de la condición humana, de la calidad humana de la vida humana. Sin abandonar en absoluto lo otro, por supuesto. Hay un agujero de ozono pero también un abismo (si es que no un cáncer) en el espíritu.
Como casi todas las cosas del planeta, la poesía ha sido hoy completamente desacralizada. Y si tal pudo ser acaso el objetivo de las vanguardias de comienzos del siglo XX, seguramente no lo fue en el sentido actual. No creo por ejemplo que la fuente-mingitorio de Duchamp tenga la misma longitud de onda y la misma orientación de sentido que tantas “instalaciones” en frío y tanto supuesto “arte conceptual” hoy extrañamente asumido como neo-academicismo, casi siempre de carácter oficial y con patrocinadores multinacionales que nada tienen que ver, ciertamente, por ejemplo con gente como Lorenzo de Medicis. Después de todo, ya en el siglo XVI, Francis Bacon podía decir que “La verdad surge más fácilmente del error que de la confusión”. Y sobre todo del error que es errar, errante. En lo profundo, en lo visceral, cuando nos quedamos a solas y se acallan los ruidos y se apagan las luminarias, Rimbaud sigue en cuestión, y cuestionándonos.
Y para concluir, al menos por ahora, enfrentemos nuevamente aquella misma consabida pregunta, de una inocencia demoledora, que alguna vez me planteó en público un colega venezolano: “En la época que vivimos, ¿qué misión le asigna usted al poeta?”. ¿Cómo evitarse decir que quisiéramos que el poeta fuera capaz con su trabajo a la vez de realizarse como persona y de ayudar a todos sus hermanos, de enunciar la palabra necesaria, imprescindible y única, la palabra a la vez tan íntima y secreta, húmeda todavía del silencio de los orígenes, emergiendo en una orilla virgen del universo, y a la vez general, compartida, fraterna, solidaria, no tan sólo ofrecida sino también aceptada por los otros, que entonces la harían suya y le darían destino, aunque ese destino fuera el no poco glorioso de volverse saludablemente anónima, ya sin autor ni tiempo, encarnada en el fluir mismo de la vida y de lo humano? Ni traicionarse, pues, ni traicionar a los otros; y además, no traicionar la propia lengua, el propio idioma, el sonido que uno ha venido a traer al mundo. Y siendo uno ser la especie, tan bellamente bárbara e intuitiva como trágicamente condicionada por las culturas que se ha hecho o le han impuesto. Y ser la esperanza de un mañana mejor, la luz de la utopía sin la cual no merece la pena vivir. Y ser también, al mismo tiempo, la conciencia de nuestra irrisoria pero desmedida condición. Lo que somos, lo que podríamos ser, quizá lo que seremos. Pero bien sabemos que, por ahora, la única gloria honestamente deseable ya no es siquiera ni la de vivir en el corazón de los otros, de algún otro, sino más humilde y sabiamente el honor y el placer, la angustia y la ansiedad de haber escrito, de haber sido capaz del poema, que por nosotros circuló y ahora está vivo, fragante y tibio, latente carne de lenguaje, recién amanecido, temblorosamente inclinado, tendido, hacia los otros, hipócritas o no, semejantes, hermanos.

Rodolfo Alonso. Argentino. Poeta, traductor, ensayista, ex editor. Premio Nacional de Poesía (1997). Sus últimos libros publicados son "El arte de callar" (Alción, Córdoba, 2003); "La otra vida", antología (Común Presencia, Bogotá, 2003); "Antologia pessoal", bilingüe (Thesaurus, Brasilia, 2003); "Canto hondo", antología (Universidad de Carabobo, Valencia, 2004); "A favor del viento", poesía reunida 1952-1956 (Argonauta, Buenos Aires, 2004); "Poesía junta", antología 1952-2005, con prólogo de Juan Gelman (Alforja, México, 2006). Sus traducciones más recientes: "Estrella de la vida entera", antología bilingüe de Manuel Bandeira (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2003), "El banquero anarquista", de Fernando Pessoa (Emecé, Buenos Aires, 2003); "Poemas escogidos", de Giuseppe Ungaretti (Común Presencia, Bogotá, 2003); "Mensaje", de Fernando Pessoa (Emecé, Buenos Aires, 2004); "Cartas sobre la Poesía", de Stéphane Mallarmé (Ediciones del Copista, Córdoba, 2004); "Diálogo del Árbol", de Paul Valéry (Ediciones del Copista, Córdoba, 2004); "Aforismos y afines", de Fernando Pessoa (Emecé, Buenos Aires, 2005); "Poesía escogida", de Olavo Bilac (Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2005); "No saciada sed", antología de Charles Baudelaire (Arquitrave, Bogotá, 2005); "Antología poética", de Fernando Pessoa (Argonauta, Buenos Aires, 2005); "Antología", de Carlos Drummond de Andrade (Arquitrave, Bogotá, 2005); "Antología esencial", de Cesare Pavese (Fijando Vértigos, Buenos Aires, 2007).

martes, 12 de agosto de 2008

"El valor de la palabra poética está en el silencio" por Héctor E. Martínez

Especial para AROMITO

“Escribir es usar la palabra como carnada,
para pescar lo que no es palabra”
Clarice Lispector


Hostigados por el imperio de la definición, no del concepto, los docentes acostumbramos a peregrinar por los textos en busca de aquella que mejor se acomode a nuestra idea general del tema.
En las disciplinas científicas, dadas sus pretensiones de objetividad, la epistemología suele ser más benevolente; pero en la medida que comenzamos a bordear las fronteras del arte, a querer esquematizar, delimitar, clasificar sus territorios, el riesgo aparece como patrón de nuestra actividad y, a menudo, caemos en simplificaciones que aportan más equívocos que soluciones.
Así, tratándose de la plástica, hallamos que es armonía de color, puntos, líneas y formas; y que la música se reduce en muchos casos al arte de combinar sonidos. Nada más parcial, incierto, insuficiente; aunque, felizmente, estas pretendidas definiciones no tengan más vida que la circunstancial en la presentación de las asignaturas, y que la música y la plástica seguirán siendo sólo experiencias estéticas más allá de las paredes del aula.
Pero si de poesía se trata, es casi herética la idea que por concepto queda de ella cuando los jóvenes dejan la Educación General Básica, momento en que, por otra parte, la mayoría se despide del género de por vida. Para ellos la poesía quedará reducida a una vaga, genérica, expresión de sentimientos. Difícilmente habrá alcanzado el rango de experiencia estética dentro del aula, ya que desde el docente se alimenta la necesidad de comprenderla, invirtiendo así el camino hacia el hecho estético, anteponiendo la reflexión a la experiencia, ignorándose el caudal sonoro para concentrarnos en el análisis morfológico y en el aspecto semántico, objetivos que por otro lado condicionan la misma selección de material cuando se buscan aquellos textos que se entiendan y respondan al paradigma clásico de la poesía.
Desafortunadamente, esta didáctica ha despojado de su identidad al género para convertirlo en un mero contenido curricular, en objeto de estudio. Y habiendo alejado a la poesía del hombre, se alejó éste de una de las más ricas, esenciales, expresiones de su cultura.

¿Se puede estudiar a la poesía? En realidad lo único que podemos hacer es indagar como pobres seres desdichados en los aspectos fonológicos que dan lugar a la melodía, en la acentuación que determina el ritmo, en el escandido de los versos que la colocan en tan buenos términos con la música. Procurar, exigirle más es como pretender asir lo inasible, porque la poesía se expresa fundamentalmente en lo que calla, no en lo que dice; la riqueza de la voz poética está en su silencio, aunque esta aserción suene a paradoja. Busquemos por ejemplo la palabra luna en un diccionario, leamos su significado: lo que no se dice, en el silencio que queda más allá del punto, ahí está la poesía, el aura mítica de la luna lorquiana; o la palabra noche en San Juan de la Cruz. Tampoco es el concepto río ni mar del diccionario el que evoca Jorge Manrique en sus Coplas, es el mismo río de Heráclito y toda una cosmovisión que el poeta silencia lo que da sentido en esos versos a esas palabras. Más acá muro, grieta, hendidura de Hugo Mujica o juncos, pajonal, islas del primer Francisco Urondo. Es esta la marca de la verdadera poesía —tal vez el adjetivo esté de más y debiéramos decir de la poesía, sencillamente—, lo que diferencia a un texto poético de una simple serie de versos rimados, lo que distingue a un poeta de un letrista, lo universal de lo terrenal, lo eterno de lo secular.
Cabría preguntarse entonces, por cómo se llega a la comunión con ese silencio; y podría responderse con una analogía que seguramente no arroje demasiada luz sobre ese misterio: de la misma manera que se llega a la comunión con la música. Porque además: ¿de dónde surge el misterioso arrobamiento que produce un pequeño hilo de agua que serpentea por una colina?, ¿qué es lo que hace bella a una forma?, ¿en dónde reside el estímulo de una textura o un color? Cierto es que se podría recurrir a un gran caudal de especulaciones metafísicas para dar respuesta a estos enigmas, entre las cuales tenemos el de la Belleza platónica;[i] pero todo no será más que un acto de fe en la Razón, con lo cual es preferible dejar a la poesía en esa “intemperie sin fin”,[ii] en donde la colocó Juan L. Ortiz, en ese gran misterio que es el mundo del arte, la única Verdad a la que el hombre puede aspirar. Porque la poesía no es ni más ni menos que una de las formas que toma el arte y surge, como todo arte, de la limitación que tiene la palabra para decirlo todo. No existiría si la lengua fuera una herramienta perfecta del pensamiento lógico que permitiera develar la Verdad del Hombre, descifrar a Dios o entender el Universo. El arte —el verdadero arte— es eso: búsqueda. Las obras son testimonios de esa búsqueda y la poesía es el acto mismo de la creación; es por eso que todo arte está iluminado por la poesía. Y será poesía en tanto sea producto de lo espontáneo y no de lo deliberado, de la sensación y no del pensamiento: “el poema no despliega una temática que le precede: va al encuentro de su propia temática y la construye a medida que la busca” dice Santiago Kovadloff.[iii]
Habría que empezar a desterrar entonces, esa idea tan (des)naturalizada dentro del aula, que considera a la poesía una mera expresión de sentimientos. Según Rilke no son simples sentimientos sino que constituyen verdaderas experiencias: el poema (la belleza) es una categorización lingüística de una experiencia extralingüística, explica Katya Mandoky;[iv] pero el misterio de la creación es indescifrable. Se puede decir por la voz de distintos poetas que la poesía es una especie de momento de gracia, que el poema simplemente sucede como dice Juan Gelman, o que se escribe sola según palabras del chileno Gonzalo Rojas, y que se es poeta mientras eso ocurre. Nunca el poeta sobrevivirá al poema sino que —cito otra vez a Kovadloff—, quedará en estado de espera, hasta que un nuevo poema se le manifieste y lo constituya nuevamente en sujeto poético: "El dios se ha ido / Se junta la hojarasca / Reina el vacío” dice un hayku de Matsuo Bashô.
Siendo entonces el poema una experiencia casi fenomenológica para el poeta, porque ningún conocimiento le precede sino que es acto puro, es lógico que el lector acceda a él como pura experiencia estética, que es por otro lado, el sentido primordial de todo texto que se precie de literario. Si la ficción necesita de la suspensión de la incredulidad que reclamaba Coleridge, o del pacto ficcional, la poesía necesitará de una actitud perceptiva, abierta, que propicie un encuentro ingenuo con la palabra; necesitará de un lector en estado de silencio, dispuesto a encontrarse con el otro silencio, el de la palabra.
Es posible que luego de esto se deba revisar qué se evalúa cuando se evalúa poesía, en el supuesto caso que la poesía pueda ser evaluada como un contenido cualquiera, porque está visto que no es así. Si la poesía está ligada principalmente al puro goce del sentido del oído, ¿cómo haremos para medir el placer que nos provoca la musicalidad de la lengua, su ritmo y sus matices, incluso la dimensión lúdica de las palabras? Frente a esto, lo único que podemos hacer es entregarnos a su encanto, dejándonos envolver de la misma manera que lo hacemos ante la ejecución de una partitura musical, porque la poesía es, en principio, una partitura: el verso es como un pentagrama en donde cada letra debe sonar como una nota cuyo timbre es la voz. Lo único que podemos hacer es dejarnos conmover como lo hacemos frente al contacto visual de una pintura, porque la poesía es una disparadora de imágenes (fue Cézanne, un pintor, precisamente, quien comenzó a despojar a la "poesía" de sus oropeles, eliminándole sus datos superficiales para hacerla esencial, quitándole la anécdota y trabajándola con sus propios materiales). Las palabras tienen color, textura, musicalidad. Por eso la poesía debe dejar de ser sólo una expresión de sentimientos del poeta para ser emoción del lector, conmoción, goce de los sentidos. Por otro lado, educar no es sinónimo de intelectualizar sino de conducir, y si de poesía se trata el docente debe ser capaz de conducir al alumno hacia el arte, adonde se llega, por paradójico que parezca, por caminos similares a los de la ciencia: a través de la experiencia. Y si la motivación del acercamiento a la materia científica está dada por la curiosidad, se cuenta en los niños —que es por donde se debe empezar— con el candor, que es el terreno propicio para acercarlos al arte. No debe ser invertido el camino porque se destruirá la condición esencial.

[i] Banquete, Fedro (diálogos)
[ii] Ortiz, Juan L. “Ah, mis queridos amigos, hablais de rimas…”, de Las raíces y el cielo, en Obra Completa, Universidad Nacional del Litoral, p. 533.
[iii] En: Di Marco, Marcelo (1999), Hacer el Verso, Buenos Aires, Sudamericana.
[iv] Mandoky, Katya (1994), Prosaica, introducción a la estética de lo cotidiano, México, Grijalbo.

* Héctor E. Martínez nació en Bahía Blanca en 1954, estudió en La Plata y actualmente es profesor regular de Lengua en el Instituto de Formación Docente Continua de Villa Regina (Río Negro), en donde realiza también tareas de capacitación, extensión e investigación.
FOTO: Héctor Martínez, José María Pallaoro y Tamara Rafaelli en City Bell. Archivo de la talita dorada.

jueves, 7 de agosto de 2008

Homenaje a Charles Bukowski: "platos de agua / copas de fuego" por Jorge Rivelli

Nuestro querido amigo Jorge Rivelli (poeta y director de la revista de poesía OMERO) nos acercó este homenaje al majestuoso Hank. Jorge nació en Buenos Aires y entre otros publicó los libros de poemas Un tiempo para matar, Movimiento en fuga, Matambre y Las calles terminan en los bares. Además es un gran tipo (Jorge: ¿por qué no escribís sobre esa caminata por la República de los Niños con un Complete Buk bajo el sobaco?). Mientras lo esperamos bebamos juntos de estas copas de fuego. ¡A la salud de todos, entonces! jmp


Especial para AROMITO

10 de marzo
cuarto piso
del departamento
de pacífico
la luna golpea la ventana
sale luz
de las gruesas hendijas
de la cortina americana
brillo de vasos y botellas
y la bestia golpea con furia
las teclas al ritmo de mahler
sólo el trabajo nocturno
para dar vida al muñeco maldito
la ciudad cambia la cara
con la lluvia de medianoche
y los fantasmas del dolor
hola hemingway hola fante
hola miller hola ezra hola hola
bárbaros en la belleza
estoy aquí ebrio con mi sombra
desnudando bolsas de basura
con la certeza que todo va a empeorar
y de alguna manera
hay que decirlo
va creciendo como un monstruo
en el pequeño cuarto de pacífico
nací para robar rosas
nací para robar rosas
de las autopistas de la muerte
una mujer degollada en la bañera
el padre mutilado quiere gritar
marina toma la teta y
dios sale del prostíbulo
la gente enferma mira
el cuarto piso
mira la muerte que baja
en caballos de cristal
fui yo el que cagó
en la puerta de la academia
fui yo el que mató
a belsunce y dalmaso
fui yo el que estuvo con mussolini
con fidel castro y
voté a macri y altamira
y ahora sin ropa
visto palabras para cantar
nací nací para robar robar
rosas rosas de las autopistas
de la muerte muerte
primero saboreas la miel
después el cuchillo
se levanta la pollera la noche
abre las piernas y devora
los murciélagos de la ciudad
hablo desde la vagina
húmeda y satisfecha
ya no te extraño
estoy en vos como un virus
recorro intestinos bilis
pancreas pulmones sangre
quebrado de alcohol
brillan el vaso y los ojos
tiemblan los papeles y
vuelo en círculos
como una mosca perdida
soy el borde de un vaso roto
soy sangre
se desploma el sistema
la viuda de tolstoi
da vueltas por los cementerios
chatterton se disuelve en veneno
mafalda bebe cerveza en el bar moe´s
ríos de nafta
multiplican autos en las calles
el folclore se tragó el futuro
un óbito aquí
un óbito allá y
en el fondo no hacemos más que llorar
lentamente todo es penumbras
casi muerto yace en el piso
entre hojas y ojos urbanos
es hora de fugarse
a la próxima tumba como un siniestro juego de seducción
**

10 de marzo de 1984
llegó a buenos aires
y no faltó
a ninguna reunión hípica
cuelga bandera verde
en cada esquina
cuelgan enemigos
en las alcantarillas
cuelga un amigo del balcón
y una mujer desangra
en una taza de loza
la bira es una bebida amarga
lo entrevistó
antonio carrizo en radio rivadavia
conocí a dos argentinos
raúl barón biza y mono villegas
uno lo leí
otro lo escuché
sé del vino box y turf
viajo con linda lee beighle
y una radio portátil
escribo como marx
camino como wells
bebo como hank
busco refugio en el hipódromo
palermo paddock palermo
suena bien
suena la sombra viperina
arde un costillar en las nubes
légamo y furia
en los brazos oxidados
y tendencia a la fuga
dolor es una cabeza vendada
una bandada se va y
me arrodillo en el fuego
¿dónde queda san isidro?
lo vi una fría tarde de domingo
en el hipódromo
vos sos charles...
no –dijo- soy un jardinero de country
con perfume a whisky
y su mujer iluminando la ruta
se perdieron en las boleterías
la llovizna está helada
y lentamente me mudo a un bar

**

10 de marzo de 1994
edificio de la calle san josé al 200
cuarto piso departamento “C”
ocho y cuarto de la noche
enciendo la radio y el televisor
el presidente habla por cadena nacional
se refiere a los beneficios
de manejar una ferrari testarosa
al privilegio de ser argentino
por montar una bestia que ruge
y devora el asfalto de la ruta 2
en un abrir y cerrar de ojos
y sigue con un detallado
road test de la máquina italiana
más información
en la revista parabrisas corsa
del 23 de Febrero
preparo la cena y descubro
que la botella de amargo obrero
que utilizo para fraccionar
el vino de damajuana nacarí
tiene restos de óxido
suena el timbre y el teléfono
al mismo tiempo
levanto el tubo es mi ex mujer
pregunta cuando el full mata color
voy a la puerta es la vecina
me pide una taza de vino nacarí
es imposible contestar al unísono
si en la misma mano se dan esas dos piezas
y el juego es abierto entonces full mata color
en estos casos te recomiendo apuesta ciega
duplicando todo lo que abra
2 a 4 / 4 a 8 / 8 a 16 / 16 a 32 / 32 a 64
tengo dudas con el vino
-no importa tengo mucha sed-
por la escasa ropa
el rojo de las mejillas y
la temperatura de sus manos
debe tener fiebre uterina
-puedo pasar y probamos juntos el estado del vino-
con dos copas de cristal
y desnudos en la bañadera
brindamos por el privilegio de ser argentinos
el problema residual
puede ser el exceso de orujo
en la fermentación de las cepas
o lavandina en la higiene de la botella
pero la culpa del indio nacarí era insostenible
huyó de la etiqueta de la damajuana
rumbo a la rioja en busca de facundo
acabamos el presidente la vecina y yo
y quedamos de luto por la muerte de bukowski
**


10 de marzo de 1999
bar bukowski en pasaje de la piedad
y bartolomé mitre
ocho y cuarto de la noche
ocupo una mesa en el centro del salón
una pizarra en el fondo dice hoy mariscos
hay mariscos
pido mariscos
como mariscos
llega el mozo con una botella de vodka
me pregunta si soy judío
le digo que tengo el aspecto físico exterior
además a simple vista no se ve
pero tengo hecha la circuncisión
y que todo esto no me molesta
pero no soy judío
una dama se sienta en mi mesa
dice que nos conocemos
del encuentro casual en el baño
de la casa de un amigo en común
cuando festejaba el bloomday
el problema con los baños
es que me confundo
o voy distraído
o en una casa entra siempre una mujer
cuando estoy yo
una vez entraron dos mientras estaba orinando
las miré y
doblé la boca
la lengua y
las palabras
es un idiota dijeron
y se fueron
en la segunda mesa del bar
del lado de la pared
se sienta una viuda bizca
que esconde el ojo malo
en la copia de kandinski
que cuelga a su lado
tiene la costumbre de describir en voz alta
todos los rincones del lugar
y las características de cada cliente
siempre sola toma bourbon y fuma puros
completan el panorama
dos jóvenes rockeros arrimados a la barra
que toman cerveza negra y hablan
con gran destreza
de música músicos drogas y fútbol
va cerrando lentamente
el quinto aniversario de la muerte del viejo
y como un judío errante
pago la consumición que compartí
con mi vecina de baño y
viajamos al fondo de la noche

**


10 de marzo de 2004
avenida federico lacroze y
avenida forest
ocho y cuarto de la noche
camino rumbo sur
el lugar de los últimos bares
donde crece la marginalidad
travestis vagabundos putas
algunos empleados del cementerio
y la muerte que revolotea
como una mariposa herida
cada uno es una bestia
con una rosa en la espalda
saben que son parte del tráfico
que transita por un tallo filoso
de un lado la difícil luz
horizonte en extinción
del otro se van recostando
lentamente hasta fundirse
en el suelo sucio que hoy pisan
y sólo queda una flor
como testigo del infierno
imagino a todos juntos en hilera
sentados al borde
de la pared del cementerio
en lo alto
contando chistes de apariciones
y tumbas flotantes
así durante todo el tiempo
de luz natural
cambio de ruta al norte
hasta el cartel del 39
subo
voy al fondo
lacroze
charlone
castillo
ravignani
santa fe
talcahuano
santiago del estero
pavón
lima
brasil
tacuarí
caseros
bolivar
y bajo
después de hora y media
paro en un kiosco
compro una lata de cerveza
camino fumo y bebo
para encontrarme con vos
se cumplen 10 años
de la muerte del viejo
la noche es nuestro homenaje

TODO ESTÁ GUARDADO EN LA MEMORIA

La memoria

Letra y música: León Gieco

Los viejos amores que no están,
la ilusión de los que perdieron,
todas las promesas que se van,
y los que en cualquier guerra se cayeron.

Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

El engaño y la complicidad
de los genocidas que están sueltos,
el indulto y el punto final
a las bestias de aquel infierno.

Todo está guardado en la memoria,
sueño de la vida y de la historia.

La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento.

Los desaparecidos que se buscan
con el color de sus nacimientos,
el hambre y la abundancia que se juntan,
el mal trato con su mal recuerdo.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

Dos mil comerían por un año
con lo que cuesta un minuto militar
Cuántos dejarían de ser esclavos
por el precio de una bomba al mar.

Todo está clavado en la memoria,
espina de la vida y de la historia.

La memoria pincha hasta sangrar,
a los pueblos que la amarran
y no la dejan andar
libre como el viento.

Todos los muertos de la A.M.I.A.
y los de la Embajada de Israel,
el poder secreto de las armas,
la justicia que mira y no ve.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

Fue cuando se callaron las iglesias,
fue cuando el fútbol se lo comió todo,
que los padres palotinos y Angelelli
dejaron su sangre en el lodo.

Todo está escondido en la memoria,
refugio de la vida y de la historia.

La memoria estalla hasta vencer
a los pueblos que la aplastan
y que no la dejan ser
libre como el viento.

La bala a Chico Méndez en Brasil,
150.000 guatemaltecos,
los mineros que enfrentan al fusil.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

América con almas destruidas,
los chicos que mata el escuadrón,
suplicio de Mugica por las villas,
dignidad de Rodolfo Walsh.

Todo está cargado en la memoria,
arma de la vida y de la historia.

La memoria apunta hasta matar
a los pueblos que la callan
y no la dejan volar libre como el viento.

miércoles, 6 de agosto de 2008

LA ROSA DE HIROSHIMA

Piensa en las criaturas mudas, telepáticas
Piensa en las chiquillas ciegas e inexactas
Piensa en las mujeres rotas, alteradas
Piensa en las heridas como rosas cálidas


Pero nunca olvides la rosa, la rosa
La rosa de Hiroshima, rosa hereditaria
La rosa radiactiva, estúpida e inválida
La rosa con cirrosis, la anti-rosa atómica


Sin color, sin perfume, sin rosa, sin nada


Poema: Vinícius de Moraes
Música: Ney Matogrosso

A Pérez Celis, que murió sin morirse

por Orlando Barone

Las cenizas son una forma de volver más rápido al origen. Unos días antes de su muerte le pregunté a Pérez Celis , tratando de distraerlo con algo, si había pensado en Dios durante este tiempo. Me contestó serenamente que no: que él no tenía esas convicciones o creencias. Enseguida, como para dejar algún resquicio, me dijo con su voz cada día más débil: “No, no creo en ningún Dios, pero intuyo que algo debe de haber en alguna parte más allá que nosotros”.
El ahora sabe cuál es la respuesta.
Celebremos respetuosa y honestamente a un artista admirable, que durante décadas impregnó con su obra sanguínea la historia contemporánea de la pintura. Y esa paradoja- que él se haya ido por vaciamiento de sangre- es una prueba metafórica de que esa sangre faltante ha quedado en sus cuadros para nosotros, los sobrevivientes.
Todo aquél que se va deja algo: basta la transmisión de un recuerdo íntimo o de un testimonio aunque sea familiar o de amigos. Sea una anécdota, una imagen, un reloj o un ignorado rastro genético. Pero un artista, además de eso, ha deseado dejar algo que lo hace excepcional. Y ese algo excepcional es el esbozo de una ilusión humana casi imposible, pero quién sabe, posible: la de la inmortalidad. Porque no nos basta con la procreación sucesiva de la especie, y el arte es el intento de una perduración superior de ese nosotros ordinario y terrestre.
Como contemporáneos de Pérez Celis desearíamos que su obra ascendiera a alguna escala de esa inmortalidad, para así sentir la honrosa vanidad de haber sido testigos de un artista no perecedero.
Y de ser acompañantes de esa aventura personal que es en su origen narcisística pero que se derrama generosa sobre todos los “yo” que la comparten.
El arte, que nace como el egoísmo más intenso, acaba transformándose en un indiscriminado distribuidor de su riqueza. Por más que el mercado seleccione propietarios, el arte desparrama con las manos abiertas. Qué privilegio el de él, haber conseguido esa clase de naturalidad de lo sublime; de acercar hasta acá lo trascendente. De andar geografías, de soñar latitudes y seguirse creyendo habitante de ese barrio , La Boca, que le llenaba la boca los domingos de fútbol. Por eso haber sido un artista popular es el gran sinceramiento de un artista.
Creo que Pérez Celis se fue convencido de que yéndose estaba dejando algo que superaba su modesta estadía biológica. De modo que en este trance dramático que nos concierne a todos los vivos su destino debiera consolarnos. Porque se va sin irse. Porque amaga convertirse en polvo pero nos deja tramposamente su pintura en la que él está encarnado y renacido.
La muerte no es para tanto. Lo que es para tanto es la vida. Y él la ha merecido. Creo que este Pérez Celis que se fue, y cuyo adiós nos pesa, va a ser superado por este Pérez Celis que se queda.