jueves, 19 de septiembre de 2019

MORIS Un mundo borracho que va haciendo eses




NOCTURNO DE PRINCESA


Aquí estoy ahora esperando a nadie
esperando nada
y una Coca Cola tan roja y helada
y en el aire suenan miles de palabras
pero destruiría todas las palabras
te sumergiría y te ahogaría
y en una mirada me comprenderías
¿me comprenderías? ¿o son tonterías?

Y aquí estoy ahora en el Vips de Princesa
y en aquella mesa hay varias duquesas
una rubia inglesa come su hamburguesa
y en la barra un tío toma su cerveza
la música negra por los altavoces
y los camareros que tú ya conoces

Y escribo y describo lo que voy mirando
los Beatles ya viejos mirando a la gente
mil flores de plástico, un disco fantástico
Drácula que mira a King Kong con ira
y el Che Guevara gira que te gira

Y por la ventana casi ningún niño
solo una escultura de duro aluminio
árabes, franceses, tíos que parecen
hippies o burgueses
y un mundo borracho que va haciendo eses
que va haciendo eses


En elepé Fiebre de vivir, editado en España en 1978 (grabado entre el 2 de abril y el 30 de mayo). Participan del disco, entre otros, Ariel Rot (guitarra líder, coros), José Torres (piano), Felipe Lipe (bajo), Manolo Iglesias (batería), B. B. Muñoz, Alejo Stivel, Julián Infante, Joe Borsani (coros), Moris (voz líder, guitarra rítmica, acústica y clásica).
Mauricio “Moris” Biravent (Buenos Aires, 19 de noviembre de 1942). Foto: Jmp.


lunes, 26 de agosto de 2019

MORIS En Madrid despierta el día




BALADA DE MADRID

Mata el tiempo Manolito
metiendo duro tras duro
recuerda a veces su barrio
y la alegría de antaño

Y Madrid aún bosteza
con su cuota de tristeza
mucho café, mucha charla
aburrimiento que tarda

"Hasta luego", dice el taxi
mientras escucha su radio
y Juanita mira y mira
y en su mirada perdida
sus veinte años de vida
tal vez, un poco vencida

Y una caña de cerveza
yo sentado en una mesa
un chaval recién empieza
ni pobreza ni riqueza

Este es el bar de Hortaleza
"Póngame un café en la mesa"
¿Adónde van, dónde vienen?
toda esa gente regresa
4 y media a trabajar
y quince días al mar 

Ya es muy tarde en la Gran Vía
sin pasta no hay alegría
y con pasta, porquería
mejor me voy a dormir 

En Madrid despierta el día 


Fiebre de vivir en Estadio Atenas de La Plata



Mañana, martes 27 de agosto, despierta mi día en Madrid. 

En elepé Fiebre de vivir, editado en España en 1978 (grabado entre el 2 de abril y el 30 de mayo). Participan del disco, entre otros, Ariel Rot (guitarra líder en este tema, coros), José Torres (piano), Felipe Lipe (bajo), Manolo Iglesias (batería), B. B. Muñoz, Alejo Stivel, Julián Infante, Joe Borsani (coros), Moris (voz líder, guitarra rítmica, acústica y clásica).
Mauricio “Moris” Biravent (Buenos Aires, 19 de noviembre de 1942). Foto: Jmp. 






miércoles, 21 de agosto de 2019

¿QUÉ SIGNIFICA ESCRIBIR UN POEMA?



  
¿QUÉ SIGNIFICA ESCRIBIR UN POEMA?

Por Adrián Ferrero
EpA!


     En principio diría que escribir un poema es poner en cuestión el uso instrumental de la lengua. El uso cotidiano, alienado, atravesado por discursos sociales como la publicidad, la propaganda e incluso la misma oralidad contaminada por los discursos de poder. Porque la oralidad en la escritura, esto es, la oralidad que la escritura pone en escena, es otra cosa. La oralidad en la escritura, consiste en un uso particular de los signos y de la sintaxis, consistente en un trabajo casi imposible. Esto es: pasar de un código a otro (del oral al escrito) y crear una nueva clase de discurso. Es, en definitiva, una clase de artificio que se elabora a partir de intervenir la lengua escrita hasta darle una forma que consideramos guarda ecos de los que solemos escuchar y decir. Pero es una construcción no una reproducción. Ese código escrito deviene luego discurso literario porque ¿cómo transformamos la lengua en lengua literaria? ¿tan solo escribiéndola? No lo creo. Porque escribimos y se escriben documentos, artículos científicos en revistas académicas, otros en revistas de espectáculos, afiches, noticia, entre otras formas discursivas.
     De modo que el poema o la poesía (mejor) es un discurso social que articula y desarticula la lengua. Estabiliza y desestabiliza la gramática, conformando una totalidad (cada poema) que a su vez es una entidad que cobra sentidos. Y he aquí el punto. El resto de los discursos sociales suelen caracterizarse por ser unívocos. Por tener un solo sentido. Por admitir un lectura por lo general bastante explícita, clara y nítida. Y solo una. El poema, en cambio, admite, permite y hasta contiene primordialmente, diría yo, lo que se ha dado en llamar “polisemia”. Es decir, la posibilidad de que un texto promueva muchas lecturas. Que un mismo texto admite muchos recorridos, muchos itinerarios. Un texto que pueda significar muchas cosas a la vez y que todas sean igualmente aceptables. El poema es un tipo de texto que despierta a los sentidos, además de despertar los sentidos.
     Un poema no se define solamente por su distribución tipográfica en versos en una carilla. Porque hay muy buena prosa poética (lo sabemos). De modo que su forma no responde tan solo a estar integrado por unidades sintagmáticas breves unas debajo de las otras, o conformando un conjunto distribuido de distintas maneras (pienso en Apollinaire, que realizaba forma circulares) hasta alcanzar una totalidad definitiva. El poema es poema porque la sintaxis que organiza cada uno de sus versos rompe con el uso de ese lenguaje instrumental al que ya me he referido. Desarma la forma convencional (esto es, según una convención, a eso me refiero) a partir de la cual construimos los géneros discursivos como la narración, la descripción, entre otros. Y la buena poesía rompe, naturalmente, con los estereotipos y clichés.
     Y luego llega esa inmensa variedad de registros, tonos, recursos, formas, figuras retóricas, a las que acuden los poetas (que incluso pueden variar mucho de libro a libro o bien tener distintas etapas en sus vidas) y que los va configurando como autores de una poética. Esa poética puede o no ser homogénea. Pero también ese dinamismo dará cuenta de varias cosas. En primer lugar de las tensiones en el seno de su poética. De aquello que lo inquieta que por dentro desde el plano de lo ideológico. Por otro lado, de si un poeta apuesta a la variedad de procedimientos y temas o bien apuesta a una coherencia persistente. Si persiste hasta sus últimas consecuencias en una misma dirección del trabajo poético. Si aspira a ir probando resultados diferentes a lo largo del tiempo o bien si se inclina por insistir en ciertos abordajes y ciertas aproximaciones al fenómeno poético que no someterá a variación. Si hay tentativas en distintas direcciones ligadas a búsquedas. Esto no habla ni bien ni mal de cada poeta, a mi modesto entender. Encontramos poetas que  cuentan en su corpus con etapas en las que apostaron a una cierta manera según la cual concibieron el acontecimiento poético. Y eso fue realizado con excelencia. Y los ha habido con producciones igualmente calificadas que han trabajado a partir de una única clase de procedimientos. En el medio, naturalmente, nos hallamos con todos los matices.
     Lo que sí resulta innegable es que el poema produce, como afirmaban los críticos literarios llamados formalistas rusos, una sensación de “extrañamiento”. El poeta trabaja su idioma de una determinada manera (y no de otras) que consiste en “enrarecer” su uso  cotidiano. El lenguaje poético se experimenta a partir de una percepción distinta de la del lenguaje habitual. Se lo siente como lenguaje prácticamente ajeno a la lengua de uno. Y esta sensación es lo que ciertos teóricos como Gilles Deleuze han definido en términos de que escribir literatura es “inventar una lengua extranjera dentro de una lengua”. Como si uno escuchara hablar a un extranjero pero (he aquí el punto) no en una lengua ajena sino en la propia. En la propia, enrarecida. Esta sensación desconcierta no menos que hasta en los otros casos puede angustiar, producir encantamiento, sugestión, sensualidad, emociones intensas vinculadas a diferentes órdenes de la percepción de la existencia de un sujeto. De modo tal que este es el punto en el que me gustaría poner el énfasis. “Inventar una lengua extranjera dentro de una lengua” tal como afirma Deleuze, es la premisa según la cual un gran poeta logra crear entonces otro universo significante con los significantes y significados de su lengua. Por el otro, atravesar por una experiencia estética según la cual desde lo sensorial (el sonido, la imagen, el ritmo, la puntuación, la cadencia…) hasta el orden de lo intelectual ingresa en una suerte de gran insurrección de los signos al punto de desmantelar y desfamiliarizar toda percepción acostumbrada. El poeta entonces es quien ha llegado para subvertir lo que estaba demasiado ordenado, demasiado mecanizado, demasiado articulado. Un poeta destruye mecanismo arraigados a fondo en la lengua. Incluso en la lengua literaria. Así, en estos términos, sus palabras se vuelven transgresoras, cuestionadoras del orden imperante. A tal punto que grandes poetas han llegado a cambiar puntos de vista y maneras de percibir el mundo que gozaban de una credulidad notable en muchas personas. Los han hecho revisar su concepción del mundo incluso. Este mérito del poema (porque en un gran poeta lo es) considero que viene a traer aires nuevos a una sociedad como la capitalista que se caracteriza por mercantilizarlo todo. Por constituirse en un espacio de intercambio de bienes (también simbólicos, no solo materiales) en el cual aspira hasta a hacer caer en su trampa al mismo poema. El poema debe escapar a esa trampa. No dejarse atrapar para no devenir forma alienada. Forma serial o forma repetida.
     El poeta, si es un verdadero poeta, es de desear no se deje conquistar por la fama fácil, la fatuidad y el narcisismo en el cual el sistema aspira a convertirlo también a él en una figura productora de bienes simbólicos incesante que pierda su capacidad de subvertir. Y a su poema en una figura completamente fuera de todo carácter combativo. Es de desear en un poeta de veras que, en cambio, persista, sin grandes gestos teatrales, en una posición de insubordinación. Una posición según la cual sus discursos, los que él produce, no se vuelvan también complacientes mercancías que dócilmente se pliegan tanto al mercado del libro como a la adulación de los medios o bien de la crítica sino que su poema esté en una constante ebullición. En efecto, la palabra debe de modo permanente ser para dejar de ser. Ser para perder. En un duelo en el que el poeta gane y pierda a la vez tanto lo que suele escribir, lo que ha escrito, como lo que va a escribir a continuación. Quiero decir: la escritura de un poeta no debería ser domesticada en el sentido de estilizarse en forma devenida estereotipo. Debe, por el contrario, luchar contra todo estereotipo. Luchar contra los lugares comunes que son los que primero se le suelen presentar a un escritor (varón o mujer) cuando se sientan a escribir, especialmente si no tienen aún demasiada experiencia. Debe estar atento a que su poesía no se congele en una forma estable sino que sea libro a libro, poema a poema cada vez más desafiante. Y también un poeta debe estar atento a que su creación no se profesionalice como si se tratara de un trabajo meramente burocrático sino un oficio artesanal, cuidadoso, reposado, complejo, en el que cada nuevo poema será un ejercicio de investigación. En efecto, la poesía no solo es escritura, creación, sino investigación creativa. Es un trabajo de innovación a partir, como dije de lo que se ha realizado previamente, pero a los efectos de no ser repetido. La idea es que se convierta en materia renovada. En materia textual que tanto desde la densidad del peso de las palabras. Desde la densidad de sus significados (punto crucial), desde la densidad de sus sonidos  y su musicalidad, su organización visual construya significados y sentidos nuevos. Esto es: una innovación incesante. Llamo “creación” a un objeto estético que ha nacido de modo inédito pero no solo espontánea (a menos que hablemos de un genio). Sino de una materia poética que ha sido trabajada en profundidad y hasta sus últimas consecuencias. Que no existía y ahora sí pero también que existe de un cierto modo y no de otro. Esto es: existe como un material irrepetible, irreemplazable y, por último, un material que induce en el lector (varón o mujer) un efecto determinado. Ese efecto ha sido debidamente calculado por el autor a su debido tiempo. Durante el meditado proceso de génesis. Cada autor deberá tener en cuenta a la hora de trazar la arquitectura de su poema no solo el efecto de recepción que producirá (porque construirá un lector ideal determinado, más o menos exigente según los casos, como afirma Wolfgang Iser) sino también tendrá que tener en cuenta, si es un poeta culto y responsable, la relación que ese poema establece con la tradición. Esto es: con la poesía que le precedió. Un poeta debe (e insisto en este punto) conocer todo lo posible, todo lo que esté  a su alcance de la poesía que le ha precedido y también (si le es posible) de la que se está escribiendo en su presente histórico. Ese poeta, entonces, construirá una poética que entablará lazos, grietas, vínculos, con otros textos anteriores. Dialogará con los contemporáneos. Esos coloquios que establezca resultan cruciales porque también lo inscribirán a él en una determinada tradición (y no en otra u otras) que es desear sea la que él ha elegido o la que más se parezca a la que él ha elegido. Luego habrá, naturalmente, zonas de tradición que existen, con la que nuestra poesía entra en conjunción o disyunción, ignorándolo nosotros. Pero eso está por fuera de nuestros saberes y nuestro alcance. Por fuera de nuestro hacer. Y, sobre todo, por fuera de nuestro reconocer.
     El poema entonces es un dispositivo que nos extraña respecto del uso instrumental de la lengua según su uso habitual en virtud de su composición. Es un dispositivo que articula y desarticula la misma lengua conformando una determinada poética. Y, finalmente, establece una infinita conversación implícita y explícita con un pasado literario del cual solo conocemos una parte. Corresponderá a lectores y, sobre todo, a ciertos críticos, si consideran que nuestra poesía vale la pena ser interpelada, detectar esa zona prácticamente indiscernible según la cual nuestro poema bajo la forma de una genealogía se desprende de esas grandes figuras paradigmáticas y ejemplares. De las cuales todo tenemos para aprender. Entre otras cosas la humildad que nos debe inspirar su genialidad.


Adrián Ferrero (La Plata, 9 de noviembre de 1970)
Doctor en Letras. Poeta, narrador y ensayista
Fotos: Jmp. Archivo de la talita dorada

lunes, 15 de julio de 2019

EDGAR BAYLEY Nueva y eterna como el camino




LA MANO

Algo va a surgir de esa mano
no retengas ni su amor ni su odio
deja que hable esa mano
que escriba torpemente en la noche
deja que recuerde
que se pierda entre las sábanas
entre las hojas y las calles
que se pierda balbuceando
y que destruya los puentes del saludo
deja que diga no
y que la odien y la expulsen
deja que no escriba
que se mate poco a poco
que ennegrezca con el agua tibia del vicio
que se calle o hable sin sentido

deja a esa mano estar
mano inservible
desahuciada
odiosa
mano para el martirio de los otros
para robar
para implorar clemencia a los cobardes
mano infidente
mano sin piedad
ni gracia
ni alegría
mano de verdugo
de holgazán
innoble
blanda
mano de firmar sentencias
mano de condenar
mano escondida
aleve
mano de traicionar
de mentir
de estar borracho

¿Pero esta mano indigna sucia
no buscará en la noche algún saludo
alguna señal de Dios o de la calle?

Porque esta mano viene de lejos
desde antiguo
mano de hombre
de rufián
menesterosa
mano de equivocar
de estar callado
mano imposible de cortar
mano regenerada
mano infinita renacida
mano infame
pero mano de esperar
mano de imaginar
mano de acompañar la noche
mano para volver

Algo va a surgir de esa mano
no las condenes
deja que abra sus dedos
que suelte su envoltorio
su dinero
la terrible noticia
el telegrama de felicitación

Ha de llegar la señal
poco a poco
algún saludo
y la mano hablará por fin
hará surgir el fuego de las sombras
cantará
sencillamente cantará

La mano fue antes árbol
estrella
viento
la mano movió compuertas y señaló caminos
la mano empuñó el timón y cerró los párpados desvelados
la mano abrió las tinieblas
y tuvo sed de amor: inventó signos
saludó
fue serena
tuvo reflexiones sensatas
consoló y acompañó el llanto de los otros
y la mano sencilla sufriente
se hizo una sola cosa con todos los desesperados
la mano celeste
inventora del fuego y la herramienta
invasora del aire y de la espera del hombre
mano muda
mano sin solución
mano nueva y eterna como el camino
y las llaves del sueño y del canto
mano real
hermana
agresiva
impotente
mano donante
enamorada
mano de luz
nocturna
imperativa
mano del mundo
del día
del comienzo


En Obra Poética, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1976. El poema “La mano” forma parte del libro Ni razón ni palabra (poemas, 1955-1960)
Edgar Bayley  (Buenos Aires, 1919 - 12 de agosto de 1990)
Foto: Jmp

viernes, 12 de julio de 2019

FINA GARCÍA MARRUZ El agua de lluvia entre las piedras, las baldosas del patio en la niñez




EL DÍA EN APARIENCIA

El día
en apariencia quieto,
sereno,
inmóvil,
ha hecho abrir el grano,
caer el pétalo,
crecer el pensamiento,
madurar el amor
o la guerra,
y, en un mismo
instante, nacer
y morir.

El día, en majestad,
el serenísimo.

1976


MUERTE DEL ESCÉPTICO

¿Cómo habrás acabado por aceptar
tu muerte, tú
que no creías en las cosas absolutas?

1982


ISABELITA

Cuando yo muera
–me dijo, sonriendo suave-,
cuando yo muera,

lo único que quiero
es que mis huesitos y los suyos
descansen juntos.

(El agua de lluvia
entre las piedras,
las baldosas del patio
en la niñez.)


SÍ

¿Cómo desconfiar
aún, si bajo
la losa gris, la
cimentada piedra,
sacó la lengua
invencible
esa yerbita verde?


OH ÁRBOLES SAGRADOS…

Oh árboles sagrados, yerba semimojada,
ásperos troncos, tiernas, delgaduchas
ramas que suben y se encorvan luego
al peso de una frágiles hojas, oh calles
conocidas, mil veces vistas, sin cuidado,
por las que un extraño cruza, y que en las soledades
de su celda, el preso o el enfermo
querrían volver a ver, ah muerte que nos esperas
a todos, alma mía de ayer que ya no reconozco,
deseos que me ocuparon días, años, mañanas
gloriosas o sombrías, pérdidas y ganancias,
viejas conversaciones de las que apenas nos queda
en la memoria un poco de aroma, otro poco
de nada! Ah distracciones, que nos ocuparon
el sitio del Amor! Aún queda tiempo.

Nuestra patria es la vida.

Septiembre, 1980


CINE MUDO

No es que le falte
       el sonido,

es que tiene
       el silencio.


EL TESORO ENCONTRADO EN LA NIEVE
(El hombrón y Charlot)

Los dos
encontraron un tesoro.

Uno,
porque sólo vivía para encontrarlo.

El otro
porque hubiera sido
igualmente feliz  de no encontrarlo.


MI TÍA ENCONTRÓ

Mi tía encontró una flor muy bella
y la ha aspirado,
ligeramente vanidosa,
sin ningún motivo,
como si ella fuese la flor,
o quizás, porque sólo ella
fue a su encuentro.


CRÍTICO DE ARTE EN UN JARDÍN PÚBLICO

Ah
–dijo al mirar
la hojaza verde, viva
y coleando-,

después
de tantas metáforas
y lienzos copiadores,
un “original”,
eh?


INMORTALIDAD DEL RELOJ

Lo terrible es que,
aun cuando
el reloj se para,
sigue andando.


DE LA CADUCIDAD DE LAS COSAS

Quién iba a decirnos,
poetas,
después de tantos versos
a lo frágil del tiempo,
que sólo él
es eterno!


REVERSOS

Pero la tempestad
sabe un secreto
que no alcanza jamás la calma.

Pero la calma
sabe un secreto
que no alcanza jamás la tempestad.


NO ES POR ORGULLO, POESÍA

No es por orgullo, poesía,
no es por orgullo
que nunca trato de buscarte,
que no me impaciento si no me visitas,
que no me ocupo de publicar tus favores
como un mal amante los favores de su dama,
no es por orgullo,

sino porque sé bien que,  
de algún modo,
tú estás en algún lugar firme
esperándonos siempre
y que todos los caminos
oscuros e inciertos
que de ti me separar
irán a dar al final a tu radiante pecho.



Selección de poemas: Jmp. En Habana del centro, Ediciones Unión (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), Ciudad de La Habana, 1997. Recoge poemas dispersos en revistas y otras publicaciones.
Fina García Marruz (La Habana, Cuba, 28 de abril de 1923). Foto: Jmp

jueves, 11 de julio de 2019

JUAN JOSÉ CESELLI Destruyendo la frivolidad de lo pasajero





I
COAGULACIÓN

CONJURO
A LA 1ª CEREMONIA

   Sí,
la encontré desnuda y a la vez vestida con todos los trajes indescriptibles de la turbulencia.   Nada sutil que lo era todo como un relámpago perpetuo invisible, me construía destruyéndome y los presentimientos se adelgazaban estrepitosamente hasta rozar el fuego de incesantes contracciones hacia una oscura fuga invertida.


CONJURO
A LA 2ª CEREMONIA

   Cuántas veces la abrazaba creyéndola totalmente entregada. Siempre un nuevo engaño con un gran asombro por etapas, cuyos fragmentos se soldaban en una sola exaltación para percibir los implacables límites de la oscuridad.


CONJURO
A LA 3ª CEREMONIA

   Mientras la vehemencia flameaba como un manojo de puñales, de nuestra epidermis se filtraban los amaneceres liberando el Sol, que coincidía con el resplandor de nuestra resurrección. Llegaba así el centro extrañamente ansioso del sigilo y mi espíritu atormentadamente angélico rozaba las madrigueras salvajes de los instintos, persiguiendo el milagro, la ausencia de todo sentido.


CONJURO
A LA 4ª CEREMONIA

   Yo percibía la energía de su combustión avasallando las grietas de mis pensamientos, el filo de sus mandatos desgarrando la pulpa estupefacta del cerebro, la miel de sus rizos avanzando sobre mi almohada, la intimidad de sus horquillas conquistando palmo a palmo todos mis enseres. Protegida por las llaves de fósforo y humo de los sentidos abría de un solo golpe todas las puertas de la fatalidad.


CONJURO
A LA 5ª CEREMONIA

   Destruyendo la frivolidad de lo pasajero con admirable decisión dejaba para los hombres la apariencia de las cosas. Así fue como me enseñó a temer, a sufrir, a abominar. ¿Qué quedan de aquellas inspiraciones de aire puro en las madrugadas de la primavera, de aquellos enajenantes terrores nocturnos cuando los diablos se asomaban a los bordes de la infancia?


CONJURO
A LA 6ª CEREMONIA

   Ella y yo éramos dos ascetas de la sensualidad. Ella tenía todas las formas del arcano así como la tromba contiene las formas de todos los espacios. Nuestra depravación constituía nuestra máxima virtud y nuestros crímenes sólo destruían lo necesario. Fanáticos de la sangre, despreciábamos las ideas. Verticales sobre lo espontáneo nuestra pasión se alzaba contra todas las leyes. Por eso no me detenía ante su imagen sino que la penetraba y me dirigía a través de ella a la santidad.


En El paraíso desenterrado, Ediciones de La Flor, Buenos Aires, 1972. Primera edición: 1966.
Juan José Ceselli (Buenos Aires, Argentina, 1909-1982), poeta y traductor.

miércoles, 12 de junio de 2019

ALEJANDRO ALMEIDA Escribo porque te siento





Hombre que hoy
te encierran
por defender
por defender 
tu tierra.
Hombre que ya
mañana
te darán sentencia,
recuerda que
tu verdad
quedó en la hierba
y el tiempo
la hará germinar
sobre la tierra.
Mañana no llorarán
en tu entierro
porque la gente
te llevó al encierro.
Hombre yo no
te conozco
pero hoy escribo
porque te siento.



Le gusta codearse
con intelectuales
y una vez juntos
codearse dialécticamente
con los revolucionarios
y el pueblo.
¿Pero saldrán a la calle
el día que lluevan balas
de vereda a vereda?



13/10/74

El sol del verano
me ayuda en la soledad,
porque la transpiración
se confunde con las lágrimas,
y a veces no me doy cuenta
que estoy llorando.

¿Pero en invierno compañera?
¿En invierno, cómo hago?



13/1/75

Si la muerte
me sorprende
lejos de tu vientre,
porque para vos
los tres seguimos en él;
si me sorprende
lejos de tus caricias,
que tanto me hacen falta;
si la muerte me abrazara fuerte
como recompensa
por haber querido la libertad,
y tus abrazos entonces
sólo envuelvan recuerdos,
llantos y consejos
que no quise seguir,
quisiera decirte mamá
que parte de lo que fui
lo vas a encontrar
en mis compañeros;
la cita de control,
la última,
se la llevaron ellos,
los caídos, nuestros caídos,
mi control, nuestro control
está en el cielo
y nos está esperando;
si la muerte me sorprende
de esta forma tan amarga,
pero honesta,
si no me da tiempo
a un último grito
desesperado y sincero,
dejaré el aliento
el último aliento,
para decir
te quiero.


13/2/75

Hasta siempre mi amor.
Hasta siempre compañeros.
En invierno trae frío caliente
y las barricadas nos esperan.
Los militares también esperan.
Hasta la victoria siempre
en la vida o en la muerte.


En Alejandro por siempre… amor. Taty Almeida. Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Ediciones Baobad, Buenos Aires, tercera edición, 2016.
Alejandro Martín Almeida (Buenos Aires, 17 de febrero de 1955. Detenido desaparecido por la Triple A el 17 de junio de 1975).
Escribe Taty: “(…) Cursó los tres primeros años de secundaria en el Dámaso Centeno. Sus amigos lo llamaban el Principito. Los mismos con los que compartió el trabajo y la militancia en la Agencia Télam, motorizados por la actividad gremial. Cursaba el primer año de medicina, en la UBA, y trabajaba en el Instituto Geográfico Militar en el momento de su secuestro. Una noche de junio tuvo que salir. Le pedí que se apurara porque estábamos por comer. Me dijo: “Espera mamá, ya vengo”. Nunca más lo vi. Fue secuestrado y desaparecido por la Triple A. A pocos días de su secuestro, encontré entre sus pertenencias una libreta de poemas que reflejaban sus ideales, su compromiso militante y amor a su Madre entre otros. Sí, mi querido Alejo, te estoy presentando a mucha gente que hoy se acerca para saber quiénes eran ustedes. Quiero que sepan que tus padres somos Jorge Almeida y Lydia “Taty” Miy Uranga. Tus hermanos son Jorge Martín y María Fabiana. Así éramos hasta ese fatídico 17 de junio de 1975, a las 20.30 horas".
Taty Almeida (Lidia Stela Mercedes Miy Uranga de Almeida)

jueves, 6 de junio de 2019

GUILLERMO SAAVEDRA En una fuente con patas como peces forjó la convicción de una alegría orgullosa




MODESTA APROXIMACIÓN A UN MOVIMIENTO

pensar se
puede todo
pero
no al pero
nismo
como quien
piensa por
caso el
teorema de
Pitágoras: siempre
tendrá un
cateto queriendo
abrazarse al
cuadrado de
la hipotenusa

pensar se
puede sí
pero no al
pero
nismo a
la manera en
que alguien
desglosa la
irrefutable
fórmula del
ácido
sulfúrico
él es la
fórmula
dinámica de
masa
sulfurada en
pleno idilio de
bases detrás
de alguna
solución
mestiza

nacido
cuándo el
pero
áspero
nismo
en libros
capitales
si él es el
hijo de las
más crueles
provincias
hundidas y
olvidadas y
venidas al
arrabal
más con
urbano
y en una
fuente con
patas como
peces
forjó la
convicción de
una alegría
orgullosa
que puso el
cielo abajo
y arriba
tan social la
flor de la
justicia

tampoco es
pero
nismo apenas
el racimo de
veinte verdades
proclamadas por
el líder
sino
tal vez la
suma
imperfecta
descalza y
empeñosa de
ganas y
fracasos de
acuerdos y
traiciones

el pero
el nismo
el muy
muy pero
no se deja
aprehender en
aulas se
retrae y
prefiere
presentarse de
golpe
en plena
calle en
el clamor de
ciertas plazas y
en las zafras o
en el rincón más
castigado de
una fábrica

no es pero
pero apenas esa
idea de una
comunidad
que nismo
organizada: más
bien es la
comunidad
organizando el
fulgor de
cada día en el
difícil e
imprevisible
transcurrir todos
unidos

ni es pero
el nismo
solo fruto que
quepa en
la medida de
las imprescindibles
paritarias ni
en el deseoso
retintín de un
aguinaldo o
en ese pero
nísimo plexo
de escuelas y
hospitales
públicos que
hoy en día
resisten como
todo lo que
alguna vez el
pero
nismo mismo
hizo que alumbre
y ahora se
deshace pero
aguanta
quien sabe el
pero
nismo más
más pero
pero
nista sea
aquel que nos
arropa en
esa casa
indestructible que
a todos nos
contiene y es
Eva: en
esencia una
fuerza mal
decida y
tan indigerible y
tan cabeza
mañosa y
refractaria que
supo también sobre
ponerse a los
tan cíclicos
vandores

si alguna
cosa fuera el
pero pero
nismo mismo
sería
podría ser
quizá dos
alas en un
perpetuo
batir: un
movimiento que
sabe de la
audacia y
la paciencia
porque es muy
larga la
pelea y es
más grande el
dolor y el
enemigo
atando in
terminables
cordones de
despojo

por eso acaso el
pero el
pero
el pero
nismo piensa
mientras teje la
cuerda tensa de
la acción y
al mismo
tiempo cuando
todo es
derrota el
pero el
pero todo el
nismo suelda y
anuda y
rompe y canta
para que
octubre
vuelva aun
más sabio y
luminoso y
para siempre


COCINAR CON LOS RESTOS

Para Daniel Freidemberg

Esa palabra que
en la mente
pica como un
tábano y
baja hasta
la boca y
traicionando
la intención se
hace rutina y
contamina de
fósil
–carente de
interés para
cualquiera
arqueología
posible–
la rumiación
de quien
consigo
mismo
porfía en
busca de
escritura

esa palabra que
en un rincón
relampaguea e
induce al
pensamiento a
suponer una
feliz
epifanía y que
al coronarla en
la punta de
algún verso se
deja caer
mancha de
aceite que
expande una
forma
irreparable del
fracaso

esa tan
palabra
partisana que
ataca a
la idea hasta
convencerla
tanto de
su propia
pertinencia
para súbita
mente
hacerla
explotar en
la tranquilidad del
claustro

palabra esa
que tan
presumible
mente
ubicua
inédita
herra
mienta al
sedicente
poeta se
le aparece en
sueños
y se deja
conducir hacia el
mugriento
corral
cua cua
cuaderno
rivadavia
pero que
al ser
inspeccionada por
la policía de
la insobornable
vigilia
marcha presa

esa montuna
aleve y
resbalosa que
palabra al
fin se
escapa por
entre barrotes
los de la
jaula
palabra
pulgarcito del
idioma que
se usa y se
usa y se
usa y no se
gasta pero
vuelve se
sospecha de
corrupta
valetodo y en
consecuencia
enajenada

esa cama
león
palabra trans
formada en y
disconforme de
destino su
de corre
ve y dile o
de cartero
y que después
de tanto se
preposicionar
o incluso de
se adjetivizar
y en demasía se
gerundificar
es todo lo
que al fin y al
cabo hay
lo poco que
se puede con
en este oficio
hecho de
precisamente y
nada menos que
esta desafilada
tuerta y muy
desnuda ristra de
letras anudadas por
la tradición y
el uso y el
fungoso
panteón de la
academia.



Poesía inédita, poesía vital.
Guillermo Saavedra (Buenos Aires, 7 de octubre de 1960). Poeta, escritor…
Foto: Jmp

martes, 4 de junio de 2019

DANIEL PONCE Nuevos poemas



EL ARTE DE ESCRIBIR

El escritorzuelo amarillo
cambió tres comas
para reorientarse
en el mercado.

Autocomplaciente, afirmativo,
autoconvencido, pío,
habla con su editor
por teléfono
mientras el editor
chatea con su amante,
una escritorzuela
adicta al pastiche.

Le preocupa la extensión
de los capítulos.
Ya podó los adjetivos.
Surció dos escenas
de sexo entre comanches.
Envió dos mails
a un especialista
en rajastaní.

El editor cínico,
verdadero autor del libro,
escupe un título neutro,
sin sentido.

El escritorzuelo amarillo
gasta las mañanas en un bar,
las tardes en la cama,
las noches en el tumulto
que Google preludia.

Participa de un foro
con nombre falso:
Belcebú Bataille
y tiene miedo.


A COMIENZOS DEL OTOÑO

Es arte primitivo quemar ramas, disponerlas
como ángulos en fuga para que lleguen al cielo,
disueltas, crepitantes. Es hora de volver a Montale.

De beber café hasta que el olor de la tarde
sea el de un animal sorprendido en su madriguera.
De olvidar al tirano y a sus bufones.

La calculada generosidad del otoño
es parecer sabio
y alentar la introspección
mientras trafica en el amarillo
aquello que nunca es perdurable.

Piedras sorprendidas por un sol flaco.


JARDINES ANOCHECIDOS

Es blanca la lejanía que sube al azul y retorna en humedad.
Los jardines perdieron su pupila de animal  atento
hasta quedar sumidos en un activo silencio de emboscada.
No seré yo quien muestre los colores ocultos, ni nadie
podrá decir si el verde es aún verde en el confín de la noche.
Estamos para pensar. Poco sé de aquellas rarezas que se anuncian
como chasquidos o ecos tenues de escarabajos.
Luego del sol, poco resta para postular la verdad.
Esa duda que anida en la latencia de las flores
y la honda tribulación de las raíces
es todo lo que vive cuando la luz se aleja.


LAS MALAS NUEVAS

Pasé la mañana mirando por un portón
como el que mira a través de las pestañas de un cíclope.
Tal era mi nimiedad. Un ir y venir de gente anónima
con la celeridad fantasmal de traspasar un límite.

Somos sombras cuando pasamos
por debajo del dintel
que preludia la sala de guardia.
Alguien que no era yo se adelantó
dentro mío para advertirme.
Preferí desoírme, no saber.
Los presagios son ventanas tapiadas.

Cuando salí al jardín que se abría
hacia las enredaderas vigorosas
supe que no salía del todo.

Iba ausente, sin hablar, sin mirar a nadie.


PLANTINES

El humo tomaba forma
de molino con manos de gigantes
cuando nos detuvimos
a comprar plantines de paraísos.

Cinco o seis años demandarían
para convertirse en testigos escuálidos
del ir y venir familiar.

Hervía el capot de jeep
y hervía la cazoleta de la pipa
de mi padre.

Un carancho infatigable
buscaba el mapa circular
de la víctima.

Había pastizales como bocas barbadas.
La luz cegaba.

El polvo, que moldeaba la huella,
había permanecido allí
hasta ser tatuado por los neumáticos.

Los plantines viajaron
en bolsas de arpillera
y olían a isla recobrada.

Nos fuimos cantando
un turbio asunto de adultos
que glosaba una milonga.

Transpirados, el jeep era chapa incendiada,
mirábamos hacia adelante;
la tarde se alzaba.


APARIENCIAS

El que vio las apariencias
va hacia la cosa,
pisa el suelo clavado a la tierra
y la tierra firme sobre la piedra
 y la piedra sobre el magma;
pisa una sorpresa sin verla,
cada día, perdido en el aire,
visita la ciudad de ceniza
bordeada por árboles secos,
hacia el nombre de las cosas
con el ímpetu del converso,
en un hoyo anegado
ve su rostro incompleto.


OBSERVAR

Me senté donde la luz del crepúsculo se hacía blanda
con los ojos perdidos en un sendero vigilado por cañas.
Había oído voces lejanas, el ruido de un motor, el silbido del viento
entre portentosos eucaliptos que se aferraban
a la tierra con sus pies de mastodontes.
Los montes eran lomos de animales dormidos.
Las parvas exhalan su rancia humedad de establo.
No tenía nada para hacer, salvo presentir el tiempo
inexorable y su marcha hacia una encerrona
donde todo se hará púrpura y humo.
Como salido de un batallón extraviado,
centinela en un hueco enrojecido,
miraba hacia el oeste achinando los ojos,
mientras el trigo y el girasol daban sus adioses.


LA CASA

La humedad pudrió las paredes. Hace tanto, que no recuerdo
cuál fue el último gesto antes de trasponer el umbral.
Luego, las voces huyeron del oído como huye
una melodía por el hueco de una chimenea.
Cada uno pensó que iba a ser curado por el olvido
aunque el olvido encarga su potestad a la lentitud.
Las ventanas fueron removidas. Las tejas cayeron.
El olor dulce de la cocina fue relevado por la acritud
del abandono, tan reacio al visitante.
Sólo se tropieza con aquello que no está.


LA FATIGOSA LUZ DEL MUNDO

Todos los objetos agraviados por esta claridad que regresa
como regresan todos los olores y los matices, las plantas vuelven
en su estar desnudo y bamboleante, todo vuelve a ser.
Es el amanecer y no hay nadie disponible para comunicar
una idea ni para hablar del tránsito hacia el acto.

Espío el cuaderno donde una multitud de correcciones
torna difícil continuar las frases y pienso en pinturas japonesas
tan lineales y certeras. Inevitablemente, voy por otro camino.
La duda me hace avanzar de a centímetros y me confina
 a un espacio diminuto que puede ser controlado
luego de un largo proceso.

Preferible la oscuridad insomne, cuando todo parece neutro.
Lirios podridos van en una línea de óleo trazada sobre una tela:
la oscuridad permite asociar objetos
en una música improvisada.

Ciertos ruidos avisan que el día acontece.
Sólo las plantas respiran apacibles.


Poesía inédita, poesía vital.
Daniel Ponce (Buenos Aires, 1956). Foto: Jmp