viernes, 22 de abril de 2022

IRENE GRUSS Yo estuve lavando ropa




MIENTRAS TANTO

Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.


VENTANA

La ventana está sucia.
Gotas secas no dejan ver, se pegotean,
el polvo se instala y
cuesta decidir cuál es
la última lluvia o
el último sol.


ERA

Yo era la que dormía
y despertaba
con un hombre no a mi lado
sino en mi cabeza.
Ellos levantaban la persiana y me
hacían renegar por los rayos
del sol, cuando era de día, o
por lo tarde de la hora,
cuando las hojas del tilo rechinan
y agrietan entonces el aire.
Yo me dormía pensando en
la cara y el gesto
del próximo hombre, y éste
no llegaba nunca ni se atrevía
a golpearme la puerta.
La mañana era siempre igual:
desinfectaba los delirios nocturnos
suavemente, y amontonaba
ecos, almohadones desamparados.


*

V

Algo, madre
no me da
respiro


VI

Puedo morir por la boca
o por la herida.
La boca es un gorgoriteo,
escupo aire.
El alma es avara, da
el aire en estertores, menuda y brusca
respiración, liviano sería
si yo lo diera
(pero morir sin alma) largamente.

No es sangre
sino alma que sale por la herida que
escupe,
despide. Puedo morir
de cosas así. Mejor
no entrego el alma


VII

El aire, la respiración.
Bueno sería
entregar el alma
como quien da
lo poco que tiene uno,
lo poco que uno tiene guardado
para dar,
el aire, el asma
(de quien)


VIII

El aire,
ahoga, madre
no da respiro
no deja al alma
respirar. No abras la puerta,
las ventanas. Es el aire que
no sale, el asma


*

EL TÉ

Está sentada frente a mí
y hace ruidos con la taza, la golpea sin querer.
Está loca pero la que desea
matarla soy yo.
Si le comento cualquier asunto, ella pregunta
con tono de loca más que dubitativa: ¿ah, sí?
Ahora está
diciéndome que hay vidrios rotos
en su barriga, la cortan, duele.
Miro la taza que golpeaba, intacta,
y el té que viene hacia mí, de a poco,
rogando algo que no entiendo. El líquido
toma una forma que me asusta, y al mismo tiempo
sé que lo que pide
es piedad, ayuda; es té tibio
sobre la mesa y
es mi hermana.


SIN FE

Esta es una confesión muy personal:
He perdido casi absolutamente
la curiosidad por el mundo.
Si no escribo la primera frase, la segunda
se pudre por exceso
de efecto.
Sé cómo el mundo se va moviendo,
los brazos de las personas
al costado del cuerpo, impotentes, impacientes,
desesperados, laxos, levantados, sabios,
ignorantes como yo.
Según se hagan las cosas, se sabe
más o menos
cómo quedará terminado;
o no: la incertidumbre
es natural, cosa sabida.
Los chicos sorprenden;
conmueve, pero
es terrible: no es ninguna novedad
en este mundo.
Las cosas, los hechos
son –qué importa que ese árbol sea un gomero o
una encina–, y aun así casi todo remite
a la memoria personal: si es un gomero,
recuerdo el jardín; si una encina,
aquella canción; si un árbol desconocido,
hoy inauguro la memoria, el mito, o
lo descarto.
Algo aparentemente curioso: un corrector de estilo
afirma que la palabra implementar no existe.
Significa instrumentar, poner en práctica,
pero en sí esa palabra no existe.
¿Elegí quedarme con el nombre
y no con la cosa?
Quién, por miserable cultura e historia,
estará pensando que en este momento
la ropa revolotea desde ayer
en la terraza, enredada
sobre sí misma, debería sacarla... Terrible,
salvar la ropa del viento
que bate en la terraza, aquí mismo, la borrasca
en el nombre, la rosa (si digo la ropa
es fácil, un recurso que podría
seducir y no me conmueve
en absoluto).
He perdido la curiosidad:
ha nacido un hijo deseado
(tiene nombre antes de nacer)
por obra de amor: conozco
la alegría, conozco la ansiedad
satisfecha,
escribo que el mundo
es incompleto, que no basta,
aunque aquí
esté todo lo que hay,
el contraste en la luz,
lo concreto, lo relativo y lo absurdo,
lo nuevo, lo acabado,
y lo cubierto,
la curiosidad.
Algo debió pasarme
para que la haya perdido de esta forma.
No es suficiente una enumeración sostenida.
Crear no basta
–qué importa si se trata de un gomero
o de una araucaria, ropa en el viento, presiones
o alivios del cuerpo–. La Historia,
la intimidad, la implementación...
Es demasiado.


FRIDA KAHLO

Pintó el autorretrato, la risa
pérfida, incólume.
Un pasamanos le atraviesa el cuerpo,
parece más cruel que una cruz;
en el pubis hay
un cartel, casi
ilegible, "la vida es hermosa".




Selección de poemas JMP de los libros: El mundo incompleto, Libros de Tierra Firme, 1987; Sobre el asma, Edición de Autor, 1995; Solo de contralto, Galerna, 1997, Colección La Rosa de Cobre dirigida por Abelardo Castillo /
Irene Gruss (Buenos Aires, 31 de agosto de 1950 - 25 de diciembre de 2018) / Fotos: JMP

jueves, 31 de marzo de 2022

LUIS PASTOR y PABLO GUERRERO Mi libertad



MI LIBERTAD

Intenté buscar tu imagen y la noche era una loba que se iba
Llueve lento en la avenida y los árboles me miran al pasar
Me sumerjo en ese río de los coches y la gente que camina
una vez más

Los relojes se han parado, pido fuego y alguien pasa, va corriendo
En los cubos de basura una sombra busca algo que comer
Llueve en los escaparates y unos jóvenes se besan en la acera
va a amanecer (va a amanecer)

Buscaré tu cabellera de lejano cometa
No estaré ni un solo día cansado de soñar
Cantaré con la alegría del que va siempre a tu lado
mi libertad (mi libertad)

Los periódicos mojados y la luna que me mira indiferente
Unos pasos se detienen y una anciana busca lenta su portal
Amanece en los tejados y te doy mis pensamientos, vuelvo a casa
por ver si estás (por ver si estás)

Buscaré tu cabellera de lejano cometa
No estaré ni un solo día cansado de soñar
Cantaré con la alegría del que va siempre a tu lado
mi libertad (mi libertad)


En elepé Aguas abril, PolyGram, 1988 / La letra es de PABLO GUERRERO, la música y versión de LUIS PASTOR / Fotos: jmp / 
Luis Pastor Rodríguez (Berzocana, Cáceres, España, 9 de junio de 1952) / 
José Pablo Guerrero Cabanillas (Esparragosa de Lares, Badajoz, España, 18 de octubre de 1946) / 







jueves, 17 de marzo de 2022

OLGA OROZCO ¿Quién ha dicho acaso que éste fuera un lugar para mí?



LAMENTO DE JONÁS 

Este cuerpo tan denso con que clausuro todas las salidas, 
este saco de sombras cosido a mis dos alas 
no me impide pasar hasta el fondo de mí: 
una noche cerrada donde vienen a dar todos los espejismos de la noche, 
unas aguas absortas donde moja sus pies la esfinge de otro mundo. 

Aquí suelo encontrar vestigios de otra edad, 
fragmentos de panteones no disueltos por la sal de mi sangre, 
oráculos y faunas aspirados por las cenizas de mi porvenir. 
A veces aparecen continentes en vuelo, plumas de otros ropajes sumergidos; 
a veces permanecen casi como el anuncio de la resurrección. 

Pero es mejor no estar. 
Porque hay trampas aquí. 
Alguien juega a no estar cuando yo estoy 
o me observa conmigo desde las madrigueras de cada soledad. 
Alguien simula un foso entre el sueño y la piel para que me deslice hasta el último abismo de los otros 
o me induce a escarbar debajo de mi sombra. 

Es difícil salir. 
Me tapian con un muro que solamente corre hacia nunca jamás; 
me eligen para morir la duración; 
me anudan a las venas de un organismo ciego que me exhala y me aspira sin cesar. 

Y el corazón, en tanto, 
¿en dónde el corazón, 
el tambor de nostalgias que convoca en tinieblas a todos los relevos? 
Por no hablar de este cuerpo, 
de este guardián opaco que me transporta y me retiene 
y me arroja consigo en una náusea desde los pies a la cabeza.

Soy mi propio rehén, 
el pausado veneno del verdugo, 
el pacto con la muerte. 

¿Y quién ha dicho acaso que éste fuera un lugar para mí? 


EL CONTINENTE SUMERGIDO 

Cabeza impar, 
sólo a medias visible desde donde se mire 
y a medias rescatada de un exilio sin fin en la cabeza de la bruma. 
Es opaca por fuera, 
impermeable al bautismo de la luz, 
porosa como esponja a las destilaciones de la noche insoluble. 
Pero por dentro brilla; 
arde en un remolino de cristales errantes, 
de chispas desprendidas de la fragua del sueño, 
de vértigos azules que atestiguan que es la tumba del cielo. 
Se supone que alguna vez fue parte desprendida de Dios, 
en forma de tiniebla, 
y que rodó hacia abajo, cercenada sin duda por la condenación de la serpiente. 
Se ignoran los milenios y las metamorfosis, 
las napas de estupor que debió atravesar hasta llegar aquí, 
girando como sombra de topo entre raíces, 
avanzando después como un planeta ciego 
que se condensa en humo, en vapor, en eclipse. 
Fue aspirada hacia arriba, 
erigida en lo alto de un tronco a la deriva que apenas la retiene, 
con dos cavernas sordas para escuchar la voz que rompe contra el muro, 
con dos estrías vanas para ver desde un claustro la caída, 
con un olor de bestia acorralada debajo de la piel, 
con un sabor de pan sepultado entre ayunos, 
y esta lengua insaciable 
que devora el idioma de la muerte en grandes llamaradas. 
Cabeza borrascosa,
cabeza indescifrable, 
cabeza ensimismada: 
se asemeja a un infierno circular 
donde el perseguidor se convierte de pronto en perseguido, 
siempre detrás de sí, o delante de mí, 
que no sé desde dónde surjo a veces, aferrada a este cuello, 
sin encontrar los nudos que me atan a esta extraña cabeza. 


PARENTESCO ANIMAL CON LO IMAGINARIO 

Brotando acusadora, como ciertos oleajes emplumados sobre la superficie de un estanque asesino o esa loca maleza que enfunda de la noche a la mañana algún recinto destinado a ser estatua y tumba del secreto cautivo, mi cabellera es la evidencia escalofriante de lo que oculto en mí. Lo denuncia, lo exalta, lo pregona. Pero ¿qué oculto en mí, como no sea mi maraña de sombras y esa legión orgánica y sin rostro que oficia en mis entrañas? ¡Contra ellas la tibia, la densa, la inocente o perversa y filiforme delación! 
     O tal vez sea apenas, simplemente, un fulgor semejante, una metamorfosis del hechizo interior, si no el manto piadoso de la estirpe animal sobre la exigua tentativa humana. O tal vez nada más que el último recurso de la fuga o esas prolongaciones insensatas que emite la nostalgia. 
     ¿Y a expensas de qué vive esta especie de ráfaga atrapada, esta indolente enviada de otro mundo arraigado en el hambre, parásita de fiebres, vampira en la profunda garganta de los sueños? Sé que extrae de mí un alimento tan letal como el vaho que exhalan los sofocantes folletines. Se empapa en una niebla malsana, alucinógena. No en vano esa apariencia de alma errante, de espeso cortinaje dispuesto para el crimen, de lujoso sudario hecho para cubrir o revelar las heridas que dejan los amores fatales en cuerpos de mujer trocados en violentos catafalcos o en proas de navíos sobre lechos de sangre. 
     A veces, siempre a solas, un crujido entre briznas soterradas, una absorción repentina hasta la médula, me anuncian que pretende arrancarme de mí, desenraizarme, como a un tubérculo antropomorfo, para implantarme en la negrura de la fábula igual que a una mandrágora. No cedo, no; me aforro a mis modestas pertenencias. Pero una bocanada casi eléctrica que me impulsa hacia arriba me indica que está a punto de suspenderme de lo alto y cubrirme de filamentos encendidos a manera de lámpara. 
     ¡Ah, las maquinaciones que paralizan las ruedas de la noche! ¡Cuando la oigo respirar a leves sacudidas y deslizarse astuta y sigilosa, destejiendo mi trama, devanando sin duda la urdimbre que me fija a duras penas en este pozo abierto en lo ilusorio!, ¡cuando siento que se escurre feroz, palpando los objetos y los muebles con oscuras llamaradas dementes, y tapiza sin tregua, como una devoradora enfermedad, el piso y las paredes, y se en rosca y palpita en esta habitación lo mismo que una insaciable y esponjosa bestia exigiendo la dádiva de todo el universo!, ¡qué visión admirable!, ¡qué fiesta en los telares del Apocalipsis! ¡Espléndido proyecto el de invadirlo todo o acosarnos cambiando de lugar, como el bosque de Birnam! La misma ambigüedad de una obra maestra. 
     Pero no. Se retrae. Se domestica como un gato. Se convierte en caricia vagabunda en busca de caricias, en reclamo entre insomnios más lentos que las letanías. 
     A lo sumo un ansioso follaje que susurra el idioma del amor, un lluvia sensual embalsamada por el asombro y el deseo, una provocación al fuego, al erotismo. 
     ¿Y por qué no las hebras que segrega la sustancia de la poesía, el delirio de la muerte?


PLUMAS PARA UNAS ALAS 

Un metro sesenta y cuatro de estatura sumergido en la piel 
lo mismo que en un saco de obediencia y pavor. 
Cautiva en esta piel, 
cosida por un hilo sin nudo a esta ignorancia, 
aferrada centímetro a centímetro a esta lisa envoltura que me protege a medias y por entero me delata, 
siento la desnudez del animal, 
el desabrido asombro del santo en el martirio, 
la inexpresiva provocación al filo de cuchillo y al látigo del fuego. 
No me sirve esta piel que apenas me contiene, 
esta cáscara errante que me controla y me recuenta, 
esta túnica avara cortada en lo invisible a la medida de mi muerte visible. 
Apenas una pálida estría en la muralla: 
la tensa cicatriz sobre la dentellada de la separación. 
No puedo tocar fondo. 
No consigo hacer pie dentro de esta membrana que me aparta de mí, 
que me divide en dos y me vuelca al revés bajo las ruedas de los carros en llamas, 
bajo espumas y labios y combates, 
siempre a orillas del mundo, siempre a orillas del vértigo del alma. 
No alcanza para lobo 
y le falta también para cordero. 
Y no obstante me escurro entre los dos bajo esta investidura del abismo, 
invulnerable al golpe de mi sangre y a mi pira de huesos. 
¿Quién apuesta su piel por esta piel ilesa e inconstante? 
Nada para ganar. 
Todo para perder en esta superficie donde sólo se inscriben los errores sobre la borra de los años. 
Y ese color de enigma que termina en pregunta, 
esa urdimbre cerrada donde cruzan sus hilos la permanencia y la mudanza, 
esa simulación de mansedumbre alrededor de un cuerpo irremediable, 
ese aspecto de falso testimonio con que encubre, bajo la misma lona, el fantasma de ayer y el de mañana, 
ese tacto como una chispa al sol, o un puñado de vidrios, o un huracán de mariposas, 
¿a imagen de quién son? 
¿A semejanza de qué dios migratorio fui arrancada y envuelta en esta piel que exhala la nostalgia? 
Una mutilación de nubes y de plumas hacia la piel del cielo. 


EL SELLO PERSONAL 

Estos son mis dos pies, mi error de nacimiento, 
mi condena visible a volver a caer una vez más bajo las implacables ruedas del zodíaco, 
si no logran volar. 
No son bases del templo ni piedras del hogar. 
Apenas si dos pies, anfibios, enigmáticos, 
remotos como dos serafines mutilados por la desgarradura del camino. 
Son  mis pies para el paso, 
paso a paso sobre todos los muertos, 
remontando la muerte con punta y con talón, 
cautivos en la jaula de esta noche que debo atravesar y corre junto a mí. 
Pies sobre brasas, pies sobre cuchillos, 
marcados por el hierro de los diez mandamientos: 
dos mártires anónimos tenaces en partir, 
dispuestos a golpear en las cerradas puertas del planeta 
y a dejar su señal de polvo y obediencia como una huella más, 
apenas descifrable entre los remolinos que barren el umbral. 
Pies dueños de la tierra, 
pies de horizonte que huye, 
pulidos como joyas al aliento del sol y al roce del guijarro: 
dos pródigos radiantes royendo mi porvenir en los huesos del presente, 
dispersando al pasar los rastros de ese reino prometido 
que cambia de lugar y se escurre debajo de la hierba a medida que avanzo. 
¡Qué instrumentos ineptos para salir y para entrar! 
Y ninguna evidencia, ningún sello de predestinación bajo mis pies, 
después de tantos viajes a la misma frontera. 
Nada más que este abismo entre los dos, 
esta ausencia inminente que me arrebata siempre hacia adelante, 
y este soplo de encuentro y desencuentro sobre cada pisada. 
¡Condición prodigiosa y miserable! 
He caído en la trampa de estos pies 
como un rehén del cielo o del infierno que se interroga en vano por su especie, 
que no entiende sus huesos ni su piel, 
ni esta perseverancia de coleóptero solo, 
ni este tam-tam con que se le convoca a un eterno retorno. 
¿Y adónde va este ser inmenso, legendario, increíble, 
que despliega su vivo laberinto como una pesadilla, 
aquí, todavía de pie, 
sobre dos fugitivos delirios de la espuma, debajo del diluvio? 


ANIMAL QUE RESPIRA 

Aspirar y exhalar. Tal es la estratagema en esta mutua transfusión con todo el universo. 
     Día y noche, como dos organismos esponjosos fijados a la pared de lo visible por este doble soplo de vaivén que sostiene en el aire las cosmogonías, nos expandemos y nos contraemos, sin sentido aparente, el universo y yo. Lo absorbo hacia mi lado en el azul, lo exhalo en un depósito de brumas y lo vuelvo a aspirar. Me incorpora a su vez a la asamblea general, me expulsa luego a la intemperie ajena que es la mía, al filo del umbral, y me inhala de nuevo. Sobrevivirnos juntos a la misma distancia, cuerpo a cuerpo, uno en favor del otro, uno a expensas del otro -algo más que testigos-, igual que en el asedio, igual que en ciertas plantas, igual que en el secreto, como en Adán y Dios.      
     ¿Quién pretende vencer? Bastaría un error para trocar las suertes por el planeo de una pluma en la vacía inmensidad. Mi orgullo está tan sólo en la evidencia del apego feroz, en mi costado impar -tan ínfimo y sin duda necesario- que crece en la medida de su pequeñez. 
     Cumplo con mi papel. Conservo mi modesto lugar a manera de pólipo cautivo. Me empino a duras penas en alguna saliente para hallar un nivel de intercambio al ras del bajo vuelo, un punto donde ceda dignamente mi propia construcción. 
     Más corta que mis ojos, más veloz que mis manos, más remota que el gesto de otra cara esta errónea nariz que me arranca de pronto de la lisa paciencia de la piel y me estampa en el mundo de los otros, siempre desconocida y extranjera. 
     Y sin embargo me precede. Me encubre con aparente solidez, con intención de roca, y me expone a los vientos invasores a través de unas fosas precarias, vulnerables, apenas defendidas por la sospecha o el temblor. 
     Y así, sin más, olfateando costumbres y peligros, pegada como un perro a los talones del futuro, almaceno fantasmas como nubes, halos en vez de bienes, borras que se combinan en nostálgicos puertos, en ciudades flotantes que amenazan volver, en jardines que huelen a la loca memoria del paraíso prometido. 
     ¡Ah, perfumes letárgicos, emanaciones de lluvias y de cuerpos, vahos que se deslizan como un lazo de asfixia en torno a la garganta de mi porvenir! 
     Una alquimia volátil se hacina poco a poco en los resquicios, evapora las duras condensaciones de los años, y me excava y me sofoca y me respira en grandes transparencias que son la forma exangüe de mi última armazón. 
     Y aunque aún continúe la mutua transfusión con todo el universo, sé que “allí, en ese sitio, en el oscuro musgo soy mortal, y en mis sueños husmea interminablemente un hocico de bestia”, un hocico implacable que me extrae el aliento hasta el olor final. 




En Museo salvaje, Editorial Losada, primera edición 12 de diciembre de 1974 / Selección y fotos: jmp / Gracias Lis / 
Olga (Noemí Gugliotta) Orozco (Toay, provincia de La Pampa, 17 de marzo de 1920 – Buenos Aires, 15 de agosto de 1999) / 

miércoles, 16 de marzo de 2022

ESTELA FIGUEROA El secreto de mi pena



ANTES DE RELEER A CONSTANTINO KAVAFIS 

Los ojos 
dorados o castaños… 
No. 
Del color de las ágatas 
vistas en soledad 
a contraluz. 

La nuca 
todavía adolescente 
contra mi boca. 

¿Era amor 
el sentimiento?
Me deshacía. 
-Árbol en la tormenta 
fui. 
Pájaro 
en el árbol. 
Tormenta 
fui- 

Fui una yegua sedienta galopando 
y fui también 
la cincha que la detiene 
ése es el secreto 
de mi pena.


EL POEMA MALO
 
Amortajado por una red de palabras
tachaduras y manchas
conservo del poema malo
su esqueleto precario.
 
Digo que la idea no era mala
así como puedo decir de otra mujer
-No es fea.
Pero si una buena idea
no es perfectamente desarrollada...
Pero si una mujer hermosa
no lleva un hermoso vestido...
 
En el cajón de la mesa lo escondí
junto con remedios, resultados de análisis y facturas.
¡Y pensar que lo escribí creyendo
que lo llevaría sobre la frente
incrustado como una perla
o un pequeño ojo perfecto
que reflejaría el mundo!


EL GOMERO

De entre todos los árboles
que miro en mis caminatas
prefiero el gomero.

Quisiera parecerme a él.
No se pierde en dádivas de flores.
No sucumbe a las tormentas.
Da sombra al fatigado.

Sus hojas de un verde intenso
son fuertes, nervadas y lechosas.
La raíz es profunda y se extiende desaforada:
levanta veredas
resquebraja paredes.

En el invierno las hojas
se tornan de un amarillo purísimo
y caen una a una sobre la calle
como lágrimas
de un enorme Dios que llorara.


BUSCANDO EL POEMA

Atropellada como un perro.
Selectiva como un gato.
Lo busco.

Fiel como tallada en piedra.
Blanda como la espuma.
Inocente como un fantasma
que vaga por la ciudad.
Lo busco.

Lejos parece que algo brilla:
¿será el poema?
Sobre una cinta de fuego
camino a su encuentro.
Atropellada.
Selectiva.
Blanda.
Inocente.
Despiadada.


CONSTRUCCIONES 

He aquí la casa.
En nada parecida a la idea que
-por sus poemas- uno se hace
de la casa de los poetas:

ventana al río
o al “vértigo horizontal” de la llanura
“soledumbre antiquísima”
terreno cóncavo (o espacio hueco
si se quiere) de Henri Michaux.

He aquí la casa, lo que la puebla
y lo que ella conforma.
Qué disgusto será para el viajero
fatigado
reposar aquí.
Ni el acto simple
de abrir la ventana
para que la humedad florecida
del jardín
en otoño
penetre.
Puesto que no hay ventanas
su ademán
chocaría en vano
contra la tozudez
de la casa.
Y lo que ella conforma… 
Se nos dice: al morir
arribamos en tropel
como niños de fiesta
a una espaciosa casa
donde vivimos nuestra vida
en el sentido en que se recuerda un sueño:
-desde la muerte recién consumada
hasta el momento de nacer-
y que este
ejercicio de memoria
es la felicidad.
Pero no es esa mi casa.

También se nos dice
si la tarde aguarda
en un cielo despejado
que el pensamiento comprende
-: Tu tiempo ha terminado.
En ese, el momento
en que más necesario era
quedarnos en la casa
escuchando cómo canta
rumorosa la sangre
adecuando el mobiliario
a nuestro pequeño tamaño
limando aquí una aspereza del piso
allá una arruga de la pared
ansiosamente
dándole un poco de lo que somos
equilibrándonos un poco
para poder
volver a nuestro lado.



En El hada que no invitaron, Obra poética reunida 1985 - 2016, Bajo La Luna Editorial, Buenos Aires, 2019 / Selección y fotos: jmp / 
Estela Figueroa (Santa Fe, 12 de agosto de 1946) / 




José María Pallaoro lee un poema de Estela Figueroa

viernes, 11 de marzo de 2022

GRACIELA CROS Poemas de Regreso a las invernadas



I
El debe y el haber


EL DEBE Y EL HABER 

¿Qué va primero? 
¿La vida o la poesía?

¿Qué atenta contra la poesía?
¿Las distracciones, la pereza?
¿La ausencia de voluntad? 
La falta de confianza, de imaginación,
¿La cobardía? 

¡Hasta cuándo se es poeta!

Si se agota la pila hay recarga.
La poesía vuelve después de un bloqueo. 
Si lo hace 
es 
porque quiere 
o vuelve porque la determinación se esfuerza 
y lo consigue.

¿Ella volvería? 

Ella
quiere volver 
aún cuando no se la venere en un altar
y se la baje a la tierrita de lo cotidiano.

¿Se es menos poeta cuando una se ve como un ser común y corriente?
¿Se es menos poeta cuando se rehúye lo sublime?

¿Se es menos poeta cuando una se inscribe 
en el oficio de trabajar con la materia poética?

Se puede ser una mujer común y corriente 
y trabajar con la materia poética.

¿Se puede definir 
trabajar con la materia poética?

¿Se puede definir 
materia poética?

¿Estoy en lo cierto si digo que hay consenso 
respecto a lo atractivo del poeta personaje? 
¿Y que esto 
no necesariamente 
se traduce en buena poesía?

¿Alguien recuerda que T.S. Eliot trabajaba de gerente de banco?
Te preguntás 
cómo 
T.S. Eliot escribía La tierra baldía 
mientras revisaba las columnas del debe y el haber de un balance.

¿T.S. Eliot salió de sí y se convirtió 
en el Padre de la Poesía Contemporánea?
¿O pudo tener ese gesto romántico 
-tratándose de un clásico justamente- 
por haber estado cada día 
con las columnas del debe y el haber bajo sus ojos?

¿Él tenía sed y la poesía 
era el chorrito de agua que la calmaba?

Está bien apagar la sed de poesía mirando 
las columnas del debe y el haber.

Tener sed de poesía alcanza.

¿Importa más estar en el chorrito de agua poética que en el canon?
¿Importa más usar a la poesía como catarsis 
que dejarse transformar por ella 
y caminar con los ojos cerrados?

¿La buena poesía se deja usar como catarsis?

La buena poesía se deja usar.

La poesía es la que trae algo nuevo 
que estalla 
dentro de tu cabeza y tu corazón 
y ya no sos el mismo. 

¿O es la que repite un runrún conocido 
y por eso no desconcierta ni obliga a pensar 
qué sucede?

Una mañana vi a una mujer de caderas amplias entrando al mar 
con una larga trenza rodando en su espalda desnuda 
y sentí que esa visión 
era
la poesía.

Entonces pensé: 
a la poesía hay que escribirla,
¿o ella se escribe sola?
¿Si la tengo que escribir es un oficio?
¿Y si se escribe sola qué es?

La poesía que se escribe sola no necesita al poeta.
No funciona al revés: 
el poeta siempre necesita a la poesía. 


NO VAS A SACAR MÁS NADA DE AHÍ, ESE POZO ESTÁ SECO

Para esperarte, 
mi amor,
estoy aquí
pintada como una puerta (diría mi madre),
perfumada, encremada, lijada, pulida, 
lustrada, barnizada, esmaltada, bruñida, 
tersa, satinada, esmerilada, 
radiante, chispeante, centelleante, 
resplandeciente, brillante,
diamantina, vivaz, irisada, reluciente, 
acicalada
hasta
el hartazgo, 
estoy aquí 
para ver cómo entrás de la calle 
y vas rápido a ducharte 
y sacarte de encima 
mi amor, 
ese olor que traés,
ese rotundo y claro 
olor.


CITA EN SARMIENTO 

La casa del poeta no es el poeta.
El pueblo del poeta no es el poeta.
Las calles del poeta no son el poeta.
Los versos del poeta no son el poeta.
Y así podría seguir un largo rato más.
Igual, como a toda regla le sucede,
hay excepciones y por eso planeamos 
una cita en Sarmiento.

Felices como niños o perdices o ranas,
allí quisimos ir 
para encontrarnos con el motivo de su poesía, 
que, como ya se ha dicho, no es el poeta, no, no,
queda dicho y aceptado que no lo es.

Sin embargo, caminar por sus calles, observar su paisaje,
ver al ciruelo, al manzano, al damasco,
ver al caballo y la vaca parada en el lomo del pajarito,
ver al álamo Manuel Bandeira, al gallo bataraz y 
la gallina de plumas blancas,
ver a los flamencos en la laguna 
y contemplar los mansos campitos linderos 
con hormigas, ciempiés, bichos bolita y 
en el frío bajo cero aplaudir a los futbolistas nocturnos,
y a toda esa prodigiosa cofradía de la naturaleza 
reunida en Sarmiento por la poesía del poeta, 
hizo que siguiéramos los rituales al pie de la letra
para celebrar en cada esquina, cada chacra o potrero
al antepasado membrillo, a la herencia zapallo 
y a la exigencia mínima conejo.

Nuestra cita en Sarmiento nunca llegó a concretarse
(los modos arbitrarios de los días sumaron dificultades 
insalvables, como dicen los diarios),
pero la poesía de ese viaje estaba 
en los versos del poeta que fuimos a buscar
y en los que escribimos para llevar y compartir,
y en los que leímos y releímos, de modo que, 
querido Juan, aquí te escribo para decirte gracias 
por haber sido el anfitrión perfecto de nuestra cita en Sarmiento. 


BIOGRAFÍA NO AUTORIZADA

Nunca permitiré que hablen
del amor
que sentía,
tan sólo el que lo vive
puede saber
de qué se trata

y tampoco.


II
Regreso a las invernadas

REGRESO A LAS INVERNADAS

“Al final parece
que no hay final perfecto.
De hecho, hay infinitos finales.
O tal vez, una vez que se empieza,
solamente hay finales”.
Louise Glück. / Versión de Ezequiel Zaidenwerg.


Adiós poesía, 
días dorados, adiós, adiós.
Es hora de partir.

¡Vamos, agiten los pañuelos!
Ya bajan la escalera para abordar el barco

Muchas cosas salieron bien, brillaron, abrigaron, 
dieron sosiego, entusiasmo, cordura.

Otras salieron mal, no hubo modo de arreglarlas.
Dolieron, arrasaron, no quedó mucho en pie.

Y aquí estamos, a punto de embarcar.
Está por comenzar el nuevo viaje.

Adiós lechugas de la huerta, 
la verde y la morada, la lisa y la crespa, 
adiós esbeltas rúculas, altivas y sencillas, 
las vi crecer con emoción y sus sabores frescos y salvajes 
alegraron mi boca, 
adiós, adiós, 
toca partir.

Adiós fogoso amado, fuiste hermoso conmigo,
tus abrazos y besos,
el calor de tu cuerpo contra el mío,
la sangre alborotándose al cruzarnos, 
¿no volveré a sentirte dentro mío?
Debo partir, me dicen.

Ya ha sido suficiente.
¿Esto era todo?

¡Cuántos finales esparcimos a lo largo y ancho de una vida! 
¡Cuántos nuevos comienzos!
¿Sin la pasión que nos ataba, amado mío,
hubiéramos cumplido tantos años?
En la locura de ese hilo invisible estaba 
la vida entera. 
¡y no alcanzábamos a verlo!
Éramos torpes, necios, egoístas. 
No sé si el torbellino aquél nos tragó y deshizo
o si tenía que llegar este punto final, 
esta clausura.

Adiós bandurrias del jardín, amables y elegantes,
amistosos zorzales, adiós mis flores de amancay, 
abiertas ya en todo su esplendor, presentes 
y radiantes, acaso ¿para despedirme?

Adiós mi primorosa casa de tejuela, 
mi catedral de árbol con sus bordes rojos,
adiós querida, mi refugio, mi cielo protector.*

Adiós, adiós, toca partir.
Toca dejar este poema último 
sin pensar demasiado en lo que busca. 

¿Y qué fue de las abstracciones? 
¿Están haciendo falta en lo que escribo?
Nunca las quise cerca de mis versos,
tal vez sea momento de revisar mi decisión.
No sé, no sé.
¿Menos anécdotas y más consistencia? 
¿Quién lo dicta? ¿El canon? 
¿Más locura y encriptados signos 
a los que hay que escalar como a una montaña?
¿Llegaste arriba alguna vez?
¿Hiciste cumbre? 

Me gustan los poemas que hablan de teros 
o fugaces visiones de lagartijas en las piedras,
de papas o abejas como dice Anne Sexton en su carta a Sylvia, 
y también los que hablan de personas, si nombran a Sharon Olds,
César Vallejo o Thénon me siento en paz, 
sin temor ni penuria.

Toca dejar de escribir, quizás. 
No sé ¿cómo respondo a esto
si estoy escribiendo?

Toca detenerse y ver qué hay. 
Así lo siento.
Soltar lo que tan fuerte apretabas en tu mano.
Parar, parar, parar de hacer.
Ser 
sin 
hacer.

Toca partir de ese lugar, adiós.

Les dejo un nuevo adiós, los quise mucho
y a veces me hicieron doler, sin proponérselo 
o sí, eso no importa,
si fui causante de lo mismo en ustedes, perdón,
no fue consciente, no quise herir sabiendo que lo hacía.
Disfruté con ustedes este tránsito, no lo desaprovechen.
 
Ahora toca partir 
y sin reclamos 

. 
Salgo de viaje, adiós, adiós, 
me voy de los lugares conocidos,
regreso a las invernadas,
toca partir, toca partir,
¿sabían?

*El cielo protector, Paul Bowles



En Regreso a las invernadas, FER (Fondo Editorial Rionegrino), 2022 / Selección de textos y fotos: jmp / 
Graciela Cros (Buenos Aires, 5 de julio de 1945) / Vive en San Carlos de Bariloche / 

martes, 8 de marzo de 2022

MARTÍN RODRÍGUEZ Poemas de Lampiño



Primera parte

(…)
.
y dijo lampiño: 
“la vaca sufre con la teta a la intemperie. 
quería ser una vaca sagrada de la india, 
o una luna llena iluminando 
un río, 
derramando leche antes del rocío… 
pero sueña su sueño fértil con los ojos abiertos 
para verlo nacer, y está bien, 
todos somos una vaca abandonada 
y perdemos la leche, 
todos somos una vaca 
con ganas de ser otra cosa, 
y nuestra propia teta llena 
desolada 
en medio del campo 
mirando la luna con envidia” 


.
decirlo desde el principio:
al final las guerras (las guerras familiares,
o las guerras de guerrilla)
de la casa hacen un templo
que pronto decide su expulsión
en consenso de espíritus:
lampiño queda fuera. y antes de irse promete
decir unas palabras, y va hasta el río
          de las palabras lujosas,
a la orilla donde duerme, su amigo,
          el cristiano layo,
a pescar algo menos vulgar que
          lo que tiene a mano,
y qué pesca?
nada (con mala leche empieza)
todo sigue ahí, intacto,
en su cabeza, sin significado. 


(…)
.
una ampolla tiene alas 
un cardo seco tiene alas, 
todo al final vuela, deja paso a la guerra
pero una mosca
es un ser interior
como el perro que chumba
pero la mosca zumba en su interior
ya profanado, de paso
en el camino hacia la escuela,
en una inmensidad desierta
el zumbido es la única música
los grillos
se callaron todos:
lampiño está hundido en el silencio
como una ampolla: el único zumbido.


Segunda parte

(…)
.
en un cementerio con flores artificiales: navegar
con los brazos y las piernas ortopédicas: navegar
con los dientes de leche: navegar
con el motor del nebulizador: navegar
en la cama: navegar
en charcos de la primera sangre: navegar
el sol como ilusión: navegar
en la corrupción de la herencia: navegar 


(…)
.
¿Había árboles afuera, lampiño? No, había tierra
¿Había un pueblo?
No, había tierra
¿Había gente, y animales?
No, había tierra
desierta
bíblica 



En Lampiño, Editorial Siesta, Buenos Aires, 2004 / Selección y fotos: jmp / 
Martín Rodríguez (Buenos Aires, 8 de abril de 1978) / 

domingo, 6 de marzo de 2022

RITA GONZÁLEZ HESAYNES Es la tierra que canta




CADA QUIEN OYE UNA CANCIÓN 

Es la tierra que canta. No hablo de los hombres, 
de los árboles. Ni siquiera de las tribus desbordantes 
de ácaros, del plancton que formó a humildes 
bocanadas el oxígeno. Antes de toda vida 
de carbono, cuando los viejos vientos 
azotaban la corteza poblada de volcanes 
y de océano, cantaba. Antes, aún, del aire 
esta piedra pulida por el tiempo, arrojada 
por la honda primaria de las gravitaciones, 
cantaba. Antes de que la Luna la observara 
de todas direcciones, de que los astros libres 
volaran a su encuentro y marcaran en cráteres 
el final de su viaje, cantaba. Antes de ser sí misma, 
cuando era polvo y gas girando frente al rostro 
crematorio del Sol, cantaba. Era apenas canción, 
y en esto igual a todos, un sonido improbable 
en medio del mayor de los desiertos, 
vibrando como un grillo 
en la mano impasible de la Nada. 



Gracias a los amigos de la revista Gambito de Papel que me han enviado el número 14 de septiembre de 2021 / Fotos: jmp / 
En revista Gambito de Papel, número 14, septiembre de 2021 / Editores: Daniel Schechtel, Jerónimo Corregido y Santiago Astrobbi Echavarri / 
Rita González Hesaynes (Azul, provincia de Buenos Aires, 1984) / Licenciada en letras / Reside en Berlín, Alemania / 

martes, 15 de febrero de 2022

ALEJANDRO RUBIO Tres poemas de Música mala



LA INFORMACIÓN

Martes cuatro, la ley nueva
todavía se discute, 99 por ciento
de humedad. El depto huele a coliflor,
en cientoveinticuatro planchas la grasa
crepita, las familias se desplazan hacia la mesa
y juegan con el cuchillo, el tenedor, el vaso, la cuchara. 
Estoy liquidado. Mi hijo también, 
por otra parte; pero él
no debe saberlo, debe pensar que aún hay lugar
entre ésos que son, van, vienen,
se mueven, edifican. Para salvarlo
del tedio vecinal yo mismo edifiqué 
un búnker en el living; sentados detrás 
de la metra soviética miramos todo el día
televisión por cable. 
Jueves ocho, la ley no salió, media ciudad
respira aliviada, la otra mitad
se pincha el ojo al tratar de ensartar
otro bocado de carne. Sábado seis
o sábado siete, el nene ya gatea, resistimos
con la última tira de munición; tengo miedo
a que corten la luz, bajen el martillo
y el anuncio llegue en forma de aullido
de lechón desangrado hasta donde estoy
con la mochila a los pies, el bebé a la espalda, 
mordiendo comida fría. 


LA VIDA Y EL CANTO 

Esos, los de antes, decían que, sobre todo
en la autopista y en, de noche, las bocas tapiadas
del subte nuevo, algo parecía
moverse.
Efectivamente se movía.
La capital de Suroccidente es ahora una grande y hermosa
ruina; entre pilares
de monumentos fachosoviéticos se pasean filigranas
humosas, turistas, periodistas, carteristas,
animales de una y tres patas. Los rapsodas ciegos
se recuestan en vergeles virtuales y chuponean cigarrillos
Virtuales, es así, el viento tañe solo entre las hojas.
Está el ritmo, las letras, partes sueltas 
de melodías, arreglos mil, pero ante el público
se les traba la lengua, callan, dicen no saber,
no poder, no querer; se consuelan con eso
de que la Historia, émula del tiempo, testigo
de lo pasado, ejemplo y aviso
de lo presente, advertencia...


CONTINUANDO

A partir de ahí no quiso escuchar más nada:
se guardó, cortó las líneas, se dedicó a regar las plantas
y, en la sombra su cara de entendido, a leer la revista
del cable, aunque por las canillas seguía saliendo
el dolce licor de óxido, y continuaban afuera
con la emisión de noticias y los niños y los púberes
por el jardín y la plaza corrían
con las manitos abiertas, bailaban, cantaban canciones
pornográficas, dejaban hojas de afeitar
en el tobogán, ahora también se llevan
las cadenas de la hamaca, en fin. 




En Música mala, Vox, Bahía Blanca, 1997 / 
Alejandro Rubio (Buenos Aires, 1967) / Selección y fotos: jmp / 

domingo, 13 de febrero de 2022

ALFREDO FRESSIA En la lava endurecida del poema



EPITAFIO 

Aquí yace el despojo de un poeta. 
Nació bajo un eclipse, fue extranjero, 
nada os pidió, labró un Edén de ausencia 
y al fin reunió en la aurora a sus espectros. 


NAÏF 

A Pablo Atchugarry 

El poema vagaba sin poeta, 
por el aire giraba como un trompo 
venido de la infancia y ya sin cuerda, 
sin rigor de la física y sin logos, 

buscaba un alma que lo recogiera 
en el tiempo de los hombres, el siglo 
donde nacer, después de las fronteras, 
mecido por la historia o los molinos 

o la sal, el Sur, el viento, otros versos 
que ondean en el cielo, panaderos 
soplados en la infancia contra el miedo, 

poemas del poema sin palabras, 
los del salto nupcial de los insectos, 
babas del diablo, celo de la nada. 


FALSAS VERDADES 

Soy un poeta con piel de cordero, 
tejo con lana las falsas verdades. 
De mí doy a elegir las variedades 
y cuando miento soy hombre sincero. 

Confío en la trampa, juego al desespero, 
confundo el Paraíso con el Hades 
y hasta un libro escribí con inverdades: 
de un vago Edén fui el cantor más certero. 

Fue larga y honda mi amistad por Eva. 
Puso en mi pecho mustios agapantos 
y dejó en mis sonetos como prueba 

rancio el perfume, mordaces los llantos. 
Y la serpiente que cebo en la cueva 
solaza a cada rima mis quebrantos.


EL POETA 

En tierra árida 
habrá un tronco enterrado. 
Será el poeta. 

Poeta en ruta. 
¿Quién persigue y qué huye? 
Verso horizonte. 

Brotes hinchados. 
El poeta no crece 
en tierra fértil. 


FRACASO 

Llegó tarde el poema, la piedra 
lanzada al azar del tablero, y pujaba al nacer 
en la violencia de un volcán, el del basalto 
en bruto, hecho oscuro adoquín, 
era rosado el de granito, adoquines de mi infancia 
que no evocan nada 
y el poema emanaba sin respuestas, cubría 
el adoquinado, entre el futuro 
y la calle Marsella, rocío 
en las mañanas sobre la piedra que giraba 
entre el blanco y el negro, sibila 
de mi barrio, piedra rota que ya no lee nada 
en la lava endurecida del poema.


QUIROMANCIA 

Esta es la línea de tu vida, 
estírala, no es dura, 
recuerda la travesía, recorriste 
la cuerda floja y tú decías 
soy un funámbulo y lo repetías 
con aire profesional 
pero era un verso, un mantra 
para no caer, no resbalar 
del poema al vacío 
de tu mano.


HORIZONTE 

Más allá de los pinos está el Uruguay. 
¿Y después? 
Después vienen mis muertos.



Me acabo de enterar. Falleció Alfredo. Sabía de su enfermedad pero no esperaba este desenlace. No lo conocí personalmente, sí nos escribimos. Fue de los primeros en leer el original de mi libro El flautista de City Bell. Me hizo una hermosa devolución que luego con su permiso incorporé en el libro (un fragmento): “Un libro precioso, variado, que yo llevaría conmigo, liviano a veces, sordo y profundo otras (como temas musicales). Una joyita (de género indefinido, o no reductible a un género, hay relatos cortos, casi aforismos y poemas en prosa, memorias autobiográficas o no, o falsas, o de verdad literaria).” Gracias Alfredo, poeta. Siempre vas a estar en mí. / 
En La mar en medio, Civiles Iletrados Editores, Colección Ojo de Rueda, Montevideo, 2017 / Prefacio de Horacio Cavallo y Posfacio de Álvaro Ojeda / Selección de poemas y fotos de jmp / 
Alfredo Fressia (Montevideo, Uruguay, 2 de agosto de 1948 - São Paulo, Brasil, 7 de febrero de 2022) / Poeta, maestro / 

miércoles, 9 de febrero de 2022

PAOLA BOCCALARI cuaderno SPERONI de poesía y otras artes número 08 invierno de 2020



ANCESTROS
(tiempo de pandemia: retornos)


...has inaugurado mi nombre,/ hondo,
lejos, / en un paisaje de huesos y planetas.
Marosa di Giorgio


l

desempolvo recuerdos
objetos en desuso
olor a tiempo
a vida

a mi lado, un sonido tic tac
ritmo cardiaco sin avances 
vulgaridades de acción
corrompe cuerpos
y acciona tiempos

trasvasa mi ser
lo golpea, lo achichara, lo arruga
lo engorda
lo decae

y sigo desempolvando inutilidades
que no verán el sol
¿serán promesa para un futuro?


ll

cuando las arañas
enrollan tiempos
y la luna
arremolina tus días
cuando se entretejen 
avestruces, zorros y perdices
y danzan niños sin piel
ellas, 
goteadas
contienen cuerpos 
sin sol


lll

la casona, hoy despintada
pincela historias
guarda marcas
polvo que se respira
huellas 
que cada mañana
acarician restos de buena madera

y yo aquí, en nueva plata
donde no hay noche,
donde relampaguea mi instante, 
donde mis manos contornean aves y atrapan lunas


IV

me volví luna
y el cielo recortado por el jazmín
se volvió inmenso 
plateado 
único
mío




En Una ventana abierta, cuaderno SPERONI de poesía y otras artes, año 01, número 08, invierno de 2020 / Participaron (en cuarentena) de este número, además de PB: Verónica Rodríguez, Erica Aisa, Agustina Samoilenco, José María Pallaoro, Camila Ragazzini, Alejandra Taylor, Azucena Salpeter, Alberto Pipino, Olga Edith Romero y Julián Axat / Edita: La talita dorada, City Bell, partido de La Plata, provincia de Buenos Aires, Argentina  / 
Paola Boccalari es Licenciada en Psicología y poeta / Nació el 5 de diciembre de 1975 en Pehuajó, provincia de Buenos Aires / Integrante del grupo LA TALITA DORADA / Fotos: PB / Archivo de La talita dorada

sábado, 5 de febrero de 2022

ALEJANDRO SCHMIDT La vida milagrosa



EL PREDESTINADO 

Con los dedos en punta 
me tocó la poesía 
me sacudió con repugnancia 
y algo de curiosidad. 

No digo que llegó a pesarme, medirme 
a contarme los ojos 
tampoco me abandonó en la calle 
con un lápiz rojo y un baúl 

¿qué se creerá? 
tanta soberbia, todo el día de aquí para allá 
con la boca tapada 
si después de todo 
no la invita nadie 
ni llega a ningún lado 

me alzó sobre el pozo del mundo 
esa señora 
y me soltó. 


POETA A LOS 15 

Lejos brilla la sombra de los días mortales 
atrás, el cielo 
en círculos de música 

antes que la poesía 
llega el poeta 
a su sola niñez 
ya desprendida 

¿para quién una verdad 
fue lastimada reina? 

Provincia, casa, el viento 
estatuas parecían 
del silencio

el chico estaba ahí 
como la rosa y la paloma 
esperando. 


CADA POEMA 

Cada poema como una casita 
empujada por el alba 
y la lluvia 

cada poema como un hombrecito 
que sale de su casa 
al día inmerecido 

cada poema como un cielo 
dando piedra a los labios 

cada palabra 
al fin 

cada deseo.


PARA QUIÉN 

Una de las chicas que atiende el bar 
le dijo a su compañera 

se extraña el agua caliente 
es como la luz 
cuando no está 

y todavía hay gente 
estudiando 
preocupada 
qué escribir 
y cómo 

y para quién.


POSTERIDAD

Una grabación con el silencio de diez poetas 
en cada pista 
escuchar 
como crece 
lo que de veras fue 

razón y sufrimiento. 


AL CORAZÓN 

El único lugar al que se llega 
a golpes 
es el corazón 

para romperlo 

para saber qué hay. 



En La vida milagrosa, Ediciones Recovecos, Córdoba, agosto de 2005 / 
Alejandro Schmidt (Villa María, provincia de Córdoba, Argentina, 3 de mayo de 1955 – 3 de febrero de 2021) /  Poeta, escritor, editor, amigo, maestro / Selección de textos y fotos: jmp

jueves, 3 de febrero de 2022

SILVIA EUGENIA CASTILLERO El incalculable lapso de mi cuerpo al tuyo




LOS SAPOS 

     Antes estelas verdeando sobre agua, cada uno a su turno salía boquiabierto para luego internarse en lo profundo. Ahora sacan la cabeza, no vuelven a hundir sus alargados cuerpos. Del espesor del río ninguno zigzaguea para vencer corrientes ya cálidas o heladas. Se abandonan al movimiento quebradizo que los orilla como piedras reblandecidas. Corroídos sus miembros al contacto del sol, la lluvia los arrastra. Las charcas quedan habitadas por estos injuriosos que enturbian las aguas, estos mezquinos sacos de avaro. 


CARACOL 

     De fiebre sobre los pechos, el deseo escurre; rumor de espuma en los poros, la piel se vuelve bramar marino de caracol. Espera la tarde, las calles se alejan en la luz. Sitiados por una eternidad de arena en la escalera, nuestros cuerpos comienzan a curvarse al borde del abrazo. Somos sombras sin color, contorsión perdida en el océano: un remolino obstinado en girar sin fin. En la ciudad que rueda sus aspas de molusco, contrastan como imposibles anémonas amantes, el resplandor de piernas y brazos. 

     Porque partimos al acabar el sueño, el caracol desaparece. 


LA HIEDRA CUBRE EL RECINTO…

     La hiedra cubre el recinto, entreví tu locura en los claros. Ahí demoré toda una tarde, buscaba compañía, alguien como yo varado en el tiempo, con la impronta que el mundo nos impuso. Y hablarte de mi desmoronamiento. En la casa que habitaste la escalera platica de tus cantos, todavía escucho resonar en el agua tu risa. Agua estancada con reflejos de tu boca. Agua tibia. Vine a hacer figuras de barro mientras llegas, las dejo entre baldosas desprendidas. Son pedestales. Sabrás que estuve contándote mi historia. No puedo salir: la ciudad enfureció. Más allá de la muralla en forma de corazón no hay ciudad para mí, ni vías para el tiempo. En esta mansión los ecos y estucos son símbolos tuyos, los dejaste para cuando reclamara tu presencia. Voy recorriéndolos uno a uno, son casi mapas de tu ansiedad. Cuando te sacaron cerraste y nadie ha vuelto.


TIRAR UNA, DOS LÍNEAS…

     Tirar una, dos líneas, palpar los contornos de la ciudad desconocida. Tiendes tus dedos hacia el poniente como un litoral, sedimentos y muros son mi paisaje. Allí me deslizo, caigo, conozco piedra por piedra en las líneas de tu mano. París rasguña mi pecho, anchos los bulevares aparecen en grafito, generosos abren sus esquinas, al centro el movimiento se descubre, latente sobre tu espalda. Parecía esconderse la agitación al interior de los trazos grises, un entrecortado latir, ciego en su ritmo. Era largo el recorrido hacia la ciudad desde el incalculable lapso de mi cuerpo al tuyo. 


ALLÍ ARDEN 

     Túnicas negras. Mantos rojos encendidos. Faldas, sandalias. Telas. Allí arden. En su espalda. Es la hija de Sión, intrépida. Fugitiva del amor y su abandono. Vino a arder en esta lumbre de culpa. Viene de regreso del muelle. Fue columna y fue cetro. Fue un campo de gacelas. Torres púrpura. Cintas escarlata. Centinela. Vino a arder. Cúmulo de voces la atraviesan. Pero calla. Sólo retazos de rumores atildan —requiebran. La dama cae entre montones de tela. ¿Una cortesana? Llena la boca de tierra.


EL ALTO CEDRO 

     El alto cedro se desprende en ramas heridas, ramas desvaneciendo entre savia, ramas ardientes, madera astillada y hueca, vacía su médula por el fuego. Incisivo. El alto cedro posee entre sus ramas un águila, o tal vez un nido de águila; el recuerdo del águila y su nido, el vuelo más alto del águila. No el águila. Posee en la claridad de su brillo, de su incendio —en su propio corazón que arde en cientos de lascas— los rayos del sol, el resplandor del sol, las tribulaciones del recuerdo. El águila madura —en vuelo— alegre en su disolución. Entre el querer y el deseo arde ella, arde en el alto cedro, arde embelesada. En el alto cedro, en el abismo —entre recuerdos— como vuelo de águila. Como en un nido. Arde.




En Luz irregular, Universidad Nacional Autónoma de México Coordinación de difusión cultural dirección de literatura, México, 2016 / 
Silvia Eugenia Castillero (Ciudad de México, 13 de noviembre de 1963) / Poeta y ensayista / Licenciada en Letras, Universidad de Guadalajara, con un doctorado en Letras Hispanoamericanas en la Universidad Sorbonne Nouvelle de París / Directora de la revista literaria Luvina, Universidad de Guadalajara / Foto: jmp

miércoles, 2 de febrero de 2022

GRISELDA GARCÍA Mucho es el daño que la belleza provoca




TORSO DESNUDO DE UN MUCHACHO AL SOL

El cuerpo se tensa
en cien fibras enloquecidas.
En el abdomen plano
dos líneas se pierden
en la espesura del pubis.
Esas líneas bastarían
para adorarlo meses.

Al final del día
buscarle las axilas, olerlo
buscarlo entre las piernas
y encontrarlo duro
pesado de semen joven.

Es verano.
La tortura de no tenerlo es dulce.


DESCRIPCIÓN DE UN ESTADO FÍSICO

Por la lengua, dientes, paladar
transita el sonido.
En la garganta, tráquea, glotis
mora la angustia.

El suceso imprime su huella.
Luego asfixia y mutismo.
Al final, quizás
la palabra.
En el medio
horas o años
de silencio.

La mente es un manojo
de espejos rotos
sin ninguna luz cerca.


ÁLBUM FAMILIAR

Cuando en mitad de la noche
presentimos y tocamos
y tocando descubrimos
agua, a veces crema, sangre
por un segundo dudamos
entre limpiarnos
o seguir durmiendo.

Ahora lo sabemos:
buscábamos algo
que ya nos encontró.

Ciegos como topos
nunca supimos hacia dónde.
No por eso dejamos de cavar.


DIJO LA LOBA
 
Vos, lobito mío,
sos una de las crías
que no alcancé a devorar. 
¿Me sacaste el hambre
o llegaste cuando estaba saciada?
 
Ya sabés erizar el pelaje
más tarde te enseñaré
a orientarte en el bosque
a esperar el momento
de distracción de la presa.
 
Vos, lobito mío, 
disfrutá las caricias
aprendé a ignorar las uñas.
 
Ahora te nutro
tu avidez rodea el pezón cargado
te hartás de leche dulce.
Muerta también seré tu alimento.
 
Seremos, en el final
carne vuelta a la carne.


EL OJO DEL QUE MIRA

Es ciego el anciano del laúd.
Gira en blanco 
su ojo velado 
cuando toca. 
Herido de luz 
de una luz infinita 
en el gesto se ve 
que es pájaro. 

Una explosión 
de pimpollos en las venas 
pétalos que el sueño del mal 
ha vuelto negros. 
¿Es posible atisbar 
por el blanco del ojo 
y que lo visto 
no deje huella? 

Si no se ha buscado 
resguardo a tiempo 
un batir de alas 
ensordece. 
Mucho es el daño 
que la belleza provoca.



En El ojo del que mira, Ediciones La Carta De Oliver, Buenos Aires, 2009 /
Griselda García (Buenos Aires, 4 de mayo de 1979) / Selección y fotos: jmp

martes, 1 de febrero de 2022

EDUARDO ROMANO Por la mano que hundo y arranca el poema



DESTINO DE POETA

El poeta niño no quiso vivir por un rato, 
sino volver cuando todo hubiese pasado. 
El poeta adolescente escribió sobre la pared 
que no lo dejaran tan solo 
a esas horas. 
El poeta joven no tuvo ninguna razón entre manos, 
ni mujer favorable, ni sueño despierto. 
El poeta maduro fue condenado al silencio 
por despertar al prójimo en la justicia. 
El anciano poeta que se ahogó en el arroyo 
era un borracho analfabeto y cubierto de muecas. 



BRINDIS

Por la mano que hundo y arranca el poema
por el verbo que comunica como una llave
por el hijo pródigo que vendió su corazón al contado
por la joven madre que no abortó de perezosa
por los que de tanto en tanto se dicen algo al espejo
por los que sólo recuerdan a garrotazos
por la ventana cerrada de los muertos
y por el que desde mucho antes fue cadáver.

Por el ojo sin importancia de la risa
por los que hoy aquí y mañana no se sabe
por la noticia falseada en treinta idiomas
por el que pide permiso en todas partes
por el que usa apenas mujeres usadas
por el que brilla una noche y catequiza
por el silbido que se perdió en la boca
y por la triste escalera que solamente baja.

Por una blusa roja hasta la sangre
por la firme respuesta del seno adolescente
por la manzana madre de este mundo
por el que tira sus besos al retrete
por el que perdió la cabeza en el griterío
y por el hueso auténtico el hueso duro de roer.

Por el hueco de los que ya se resignaron
por la fiel amistad de las enfermedades incurables
por la que todavía aguarda hecho preguntas
por la felicidad del hombre amaestrado
por la palabra que nos dará el olvido
por un cielo de puentes y llegadas
y por una verdad a cada rato.

Por el marinero que no aprendió a desembarcar
por el clavo caliente de estar vivo
por la alegría exacta de los tristes
por el vino de rostros que nadie puede arrebatarnos
y por la desesperación del vaso en la garganta.
Por los que mercan cada día tu trabajo
por los que “sí, cómo no, de cualquier modo”
por los principios con que algunos terminan sus crímenes
por todas las maneras de andar al descubierto
por los que memorizan cada día de sus años
y por ti, pero más por mí, pormigo mismo,
junto a esos zapatos caminando sin dueño a medianoche
brindo, tal vez de manera vulgar,
levanto mi copa enardecida
por los que ya nombré y por los que no me acuerdo,
dejo paga mi última sonrisa,
toco fondo.



En Mishiadura, Ediciones Colihue – Librería Hachette, Buenos Aires, 1978 / El primer poema es de Entrada prohibida, 1963; el segundo de 18 poemas, 1961 / 
Eduardo Romano (Avellaneda, 8 de junio de 1938) / Fotos: jmp

lunes, 31 de enero de 2022

HORACIO REGA MOLINA Hoy, como hace mil años



CANCIÓN ETERNA 

Hoy, como hace mil años, 
en aquel bosque, lejos, 
cae un pájaro muerto. 
Hoy, como hace mil años. 

Vendrán mil años. Cierto 
que han de venir mil años, 
y el día señalado, 
con su pájaro muerto. 

Oíd, propios y extraños, 
y pájaro en la selva; 
nada nuevo os espera 
dentro de otros mil años. 



HISTORIA

¿Qué dirán, acercándose a mi lecho 
junto al yeso caliente de la almohada, 
en el preciso instante en que ya nada 
pueda oír, de mi muerte satisfecho? 

Yo mismo cruzaré sobre mi pecho 
las manos, como rosa terminada, 
y rondarán mi oreja clausurada 
voces de musgo y de medro helecho. 

Voces piadosas porque no me obligan 
a la respuesta. A nadie escucharé. 
Poco me importa, entonces, lo que digan. 

Con ese tono estéril que se advierte 
en las salas de espera. Y yo seré 
el primer convencido de mi muerte.



En Poesía de Horacio Rega Molina, Editorial Universitaria de Buenos Aires, Buenos Aires, 1965 / Selección y presentación de Manuel Alcobre / El primer poema es de Patria del campo, 1946; el segundo de Sonetos de mi sangre, 1954 / 
Horacio Rega Molina (San Nicolás de los Arroyos, provincia de Buenos Aires, 10 de julio de 1899 - Buenos Aires, 24 de octubre de 1957) / Fotos: jmp

viernes, 28 de enero de 2022

MARÍA DEL CARMEN SUÁREZ Dos fuerzas contra el olvido



ENTENDIMIENTO DE LOS CUERPOS 

Los cuerpos se entienden 
se abrazan 
redimen 
los cuerpos son algas flotando en la vida 
lazos del viento en el crepúsculo 

yo naufrago 
me agoto 
traduzco la noche y me calmo 
entiendo tu cuerpo y adivino tu alma 
perezco y abrazo la parte de olvido que integra la vida 

los cuerpos se entienden 
más allá del dolor y la dicha 
no mienten 
no ocultan 
arriegan temblando 
se entienden en juegos 
en la ceniza del tiempo 
ellos son nuestro dominio 
el arcano que somos aquí 
en esta frontera donde fuimos convocados 

los cuerpos se enlazan por poder de vibración 
se auscultan 
se rozan 
se pulen 
se entregan 
se aman 
demuestran al mundo que el origen fue plegarse 
fundir dos fuerzas contra el olvido. 


GENERACIÓN DEL ´60

Somos una tribu que quisieron dispersar
pero hicimos pequeñas alianzas
aun en torno de la locura y la zozobra
no pudieron sofocar el ímpetu de nuestra palabra
fraguada en la tiniebla de las habitaciones
cuando el miedo llamaba a la puerta

muchos se hundieron en vanos alcoholes
y otros dieron su espalda al amor
sin embargo la tribu persiste
busca entre las estaciones
aviva la lámpara de los deseos
atisba el vuelo de una mariposa en la tarde

quisieron contener la búsqueda de un paisaje interior
donde la creación surgía
como un antiguo universo de destellos
pero la generación de magos
poetas y trapecistas
en un circo donde el payaso llora su lenta agonía
quiebra los espejos buscando Alicias imaginadas y tenues
para desterrar la miseria y el olvido
en esta ciudad la tribu se reúne y canta
a pesar de los enemigos que tejieron una trama oscura
y sueña con una temporada que extinga el tiempo del horror.



En El ´60 poesía blindada, antología, selección de Rubén Chihade, prólogo de Ramón Plaza, Los Libros de Gente Sur, Buenos Aires, 25 de julio de 1990 / El primer poema es de Entendimiento de los cuerpos, 1982; el segundo se mantenía inédito hasta la edición de esta antología / 
María del Carmen Suárez (Barrio de La Boca, Buenos Aires, 3 de agosto de 1943) / Fotos: jmp

miércoles, 26 de enero de 2022

RAÚL BRASCA La noche en que



EL SENTIDO DE LA LIBERTAD

        La noche en que, ya viejo, se apagó definitivamente su fuego sexual, Sócrates oyó que el bello Alcibíades murmuraba: “Al fin libre”. No se ofendió. Comprendió que la realidad se había equivocado de persona, porque la frase le correspondía. Y tuvo razón: no bien sus labios se la apropiaron, la vulgar expresión de alivio se cargó de noble sentido, de agudeza, de profundidad moral y, lo más importante, de trascendencia. 




En El límite de la palabra / Antología del microrrelato argentino contemporáneo, edición de Laura Pollastri, Menoscuarto Ediciones, España, 2007 / 
Raúl Brasca (Marcos Paz, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1948) / Fotos: jmp