lunes, 16 de abril de 2018

Alberto Pipino, Vacuos reclaman por una poesía a secas




UNA ESPERANZA CUADRADA EN LA ORILLA

I

de los dedos de esa mujer que tañe su vientre vacío
nació un pañuelo blanco para enjugar la soledad
baldosa de hilo por donde se desequilibra el poder
y la esperanza transita su grito que rompe el marco

en ese pañuelo blanco cabe todo el país desaparecido
trapito al sol con la ternura desplegada
género humano que golpea al viento en tanta búsqueda
y todas las puertas continúan en silencio

la campana incendia sin pausa el corazón blanquísimo
puebla de llamaradas la cuna vacía del pueblo
hueco por donde hila el dolor su himno
y la rabia habita cada despliegue del pañal


V

los pañuelos ya no sirven para enjugar las lágrimas de mis país
desde hace una historia son una bandera blanquísima pero no de paces
estandarte de guerras contra el olvido en cada barricada de la memoria
iza tembloroso de bronca el paisaje de la ausencia impuesta por las bestias

por más colores y diseños que adornen ahora a los pañuelos en las ondas del disimulo
aunque los importen de parís o de Londres o de nueva york y sean pura seda para negar
por el cuadradito de la luz entra el pueblo en busca de sí sin cesar
y salen nombres y rostros y fechas de nubes palomas jazmines y piedras

de estas nubes cuadradas que pueblan mi cielo bajará la lluvia
de estas palomas cuadradas que vuelan en mi país se mueve la libertad
de estos jazmines cuadrados que florecen en nuestro camino
de estas piedras cuadradas que arrojan las madres es el futuro que aparecerá


AGUJERO I

Pasamos entre los dedos
entre los pelos, silbando
hacia el sumidero
en su busca.

Un soto, un imaginario
cuerpo debajo del ángulo
cada vez peor. Un hedor.
Y aunque otro icono no haya
en la fluidez
del derecho al revés
la muerte talla su ídolo.

Pasamos entre los pedos
entre los miedos, hacia el bebedero
en su mueca brilla una meca.
La mandíbula, arco superciliar
una muesca
muela cariada
deja en el aire esa expresión inequívoca
cierto desencajamiento de los huesos de la cara
del que busca un sesgo rápido, circulando.

Vacuos reclaman por una poesía a secas
huyen de la humedad del verso
dejan sus residuos, laboriosamente.

Estoy aquí deshojando un alcaucil
mientras un vaso estalla
en una de mis cavidades
sin horizonte, la marea avanza.
Aún no llegamos. Mansa
abre su agujero menor.


AGUJERO XI

La sombra de un perro
tapa el amanecer
la oscuridad quema mis naves
la leche rebasa los agujeros amados.
En los trasfondos, la verdad es liviana
xenofobia de hondas raíces.
Acabo. Temo que la realidad
se convierta sólo en ideas
pocas sensaciones mecánicas.
Detrás del ladrido de un perro
se destapa el nacimiento del amo
que canta por su cuenta.
Los agujeros desarmados
disputan el hueso
con el dogma.
Su gemido se ahoga en la tibieza.
El mío desahoga en una sed
que se aleja por los pasadizos.


Los poemas I y II forman parte del libro Nada por el estilo, Libros de Tierra Firme, 1985. Agujero I y XI, de Agujero, Ediciones de la Aguja, 1993. Selección: Jmp
Alberto Pipino (Buenos Aires, 1942). Foto: Jmp

viernes, 13 de abril de 2018

Héctor Miguel Ángeli, De un poeta solo sabemos que muere si no arde





UNA MARIPOSA EN LA LÁMPARA

¿Quién es un poeta?
¿El que reparte el fuego,
el domador,
el niño de la calle?
Miremos la luz:
agitada por la mariposa
más visible nos parece.
Su congestión vivimos.

De un poeta solo sabemos
que muere si no arde.


LA CACERIA 

Pero el ciervo alzó la cabeza
mientras caía el bosque en la bala.
Y más aún alzada,
la cabeza asumió el equilibrio.
Extraña duración en la que
todos
quisieron retornar al frenesí


PUEBLO

Todo lo inventa,
sobre el agua del horizonte,
un crepúsculo sostenido
por cuatro cables.


EL ARROYO

Déjame por la mañana,
entre los ríos del sauce
                                  y tu silencio.
Déjame donde una pequeña orilla
de alegría
recuerde tu instante,
entre las barcas del cielo
                                   y tu silencio.

Déjame donde termino de llamarte.


LA SEÑORA ALICIA QUE ARREGLA ZAPATOS

La señora Alicia que arregla zapatos
recibe caminos de todos los días.
La señora Alicia se llena de polvo.

¡Cuánta compañía! ¡Cuánta compañía!
La señora Alicia parece feliz.
Cada taco roto le presta barrancas.
Cada tachuelita le recuerda un trébol.

La señora Alicia parece feliz.
Desde su pupitre sonríe a las muecas
que en el suelo ensayan los mimos del pie.

Como no hay ventanas, muchas veces canta.
El betún y el cuero le sirven de coro.
Vuela la canción, mientras abajo, cerca,
la señora Alicia se llena de polvo.


MI MADRE ADVIERTE LA GIBA DE PLATA

Madre, te has quedado sola...
y sé que te comprendo,
pues en estos días
ya alcancé tu edad.
No puedo decirte qué me pasa.
¿Viste? Se nos muere todo.
Los astros se apagan en la noche
y la mañana pesa siempre más.
Si cierro la puerta de mi cuarto
no te aíslo, al contrario...
en estos días, como un gran recuerdo,
te quiero abrazar.
Ayer, por ejemplo, y era ya muy tarde,
mientras escribía,
retóricamente te pregunté al fin:
¿qué auxilio hay para los tristes?
Y apenas murmuraste:
papá no volverá....


AL PEZ DE UNA PECERA

Por la irisada cuenca de tu vidrio
giras y giras la obsesión ceñida
del artificio glauco a que te obligan.

Un gajo de satén en tu ropaje.
Y el agua breve, la hierba desteñida
y unas piedras que siempre reconocen
el muelle de la casa y la memoria

de ultramarina bóveda incesante.
Te permiten así pez de pecera
y aún si juegas mal, no te despliegan.

Y sin embargo, mientras todo duerme
y unas pocas algas trae la luna
y mueven blandos buques las cortinas,
el mar que no posees te sustenta.


CON LOS PIES NOS VAMOS

No quiero que me levanten los pies para morirme.
Que me alcen las manos, eso sí,
hasta la desembocadura de los astros.
Pero no quiero que me levanten los pies para morirme.
Con las manos hacemos la ternura y la nostalgia,
Con los pies nos vamos.
Y cuando me vaya,
quiero ser toda mi despedida.

Porque estoy traspasado de materia,
de materia inflamable y aleatoria
que no me deja en paz, que me persigue
y que no quiero olvidar cuando me vaya.

Las cosas están altas y en la altura se arrastran.
Todas las cosas son, se me parecen:
el sueño intestinal del ave,
la orquídea en el vientre de los muertos.
Debo irme con ellas,
transportadas por esta permanencia.
Tan grande es el dolor de nuestra marcha,
tan grande y tan amigo,
que no quiero que me levanten los pies para morirme.
Quiero ser todo el que fui cuando me vaya.


De las antologías de poesía argentina: Antología de la Poesía Argentina (Ediciones Librerías Fausto, Tomo II, 1919-1930, 1979); Generación Poética del 50 (Ediciones Culturales Argentinas, Ministerio de Cultura y Educación, 1974); Los Nuevos (CEAL, 1968) y La Poesía del cincuenta (CEAL, 1981).
Héctor Miguel Ángeli (Buenos Aires, 1930 - 12 de abril de 2018). Foto: Jmp

jueves, 12 de abril de 2018

Rubén Derlis, Conocí algunos poetas que soñaban ser Rimbaud


ALLÁ POR MI JUVENTUD

Allá por mi juventud
conocí algunos poetas
que soñaban ser Rimbaud
y no eran ni ellos mismos,
pues todo cuanto escribían
estaba rozando el plagio
o era un mar de confusión.

Cuando llegaron los años
de no poder ser Rimbaud
porque calvicie y abdomen
denunciaban ser mayor,
plantaron líneas insulsas,
palabras sin emoción,
pensamientos repetidos
o edulcorada canción,
amontonando asonancias
sin poder hallar la voz.

Y todo por la manía
adolescente, obsesiva
–más la pérdida de vida–,
por un disfraz de Rimbaud.


SIMPLE

Despojada de palabras te revelás en plenitud.
Libre de ellas lucís incomparable.
Es pálido oropel toda metáfora.  
La imagen más lograda no logra reflejarte.
Con tu desnudez de cuerpo y alma
existís para reafirmar la alegría.

Contémplala, poeta, y llámate a silencio.



El primer poema es de Desde estos años (2017). El segundo poema es de Sin cable a tierra (EPC, 2005).
Rubén Derlis (Buenos Aires, 12 de abril de 1938). Foto: Jmp

lunes, 9 de abril de 2018

Gianni Siccardi, Es tan hermosa que la tierra llora de gratitud



ELLA ES

Ella es
ella vive
ella existe.

Ella sabe
ella siente
ella ve.

Ella da
ella toma
ella abre mis ojos.

Ella trae
ella viene
ella tiene la fuerza de la ley.

Ella espera
ella llega
ella pone su mano en mi alma.

Lámpara
piedra
llama
ella existe
ella vive
ella es.


RETRATO

Ella es tan frágil
que el agua se deshace
entre sus manos.

Ella es tan libre
que el tiempo la espera
con impaciencia.

Su sombra es tan rápida
que el sol pierde
su consistencia.

Sus ojos son tan profundos
que se unen
en el porvenir.

Sus gestos son tan verdaderos
que pertenecen
a todos.

Su pensamiento es tan silencioso
que las palabras
entregan su fragancia.

Sus sueños son tan exactos
que la noche despierta
a su alrededor.

Su destino es tan inexplicable
que nunca es
demasiado tarde.

Ella es tan hermosa
que la vida la estrecha
entre sus brazos.

Es tan hermosa
que la tierra llora
de gratitud.




En Ella y otros poemas, Ediciones Último reino, 1999.
Gianni Siccardi (Banfield, provincia de Buenos Aires, 27 de septiembre de 1933 – Buenos Aires, 29 de noviembre de 2002). Foto: Jmp

miércoles, 4 de abril de 2018

Juan Gelman, El día que el corazón aprenda a leer y a escribir



SABERES

Pasé por el árbol que da flores blancas en invierno
y supe
que moriré antes que él.
En mi puerta el sol dora
pasados por venir.


VACÍOS

Anochece en la madera y mi padre
sucede, marca
distancias en los
vacíos de la lengua.


PÁJAROS

Estos pájaros vienen del sur.
Tienen razón.
Tener razón es un error.
Barcos, barcas, la mano.
El río gris de los gorriones
viene del ser no del sur.
Estos pájaros vienen del sur.


CAMARONES

A Gonzalo Rojas

Esto se ha vuelto un poema largo,
un amor largo:
ella entra al supermercado Wall-Mart,
como hay que decir en la poesía de hoy, 
me harta la poesía de hoy,
ojalá fuera de ayer o de mañana,
nombrar el mundo bautizado
es más triste que la tristeza, sin embargo
ella marchita al duelo cuando entra
al supermercado Wall-Mart y ve
camarones en una bandeja
contra los rojos de la carne, crudos,
baratos, treinta pesos, y ve
su fino gris, los compra
y en la cocina de la casa,
en sus aires que merecen una felicitación y 
el séquito del café lava un mundo
donde el reloj ni piensa en su catástrofe,
ella se sentó, los peló, los marinó
en soya, ajo, salsa de ostras, unos chiles antiguos,
los dejó navegar hacia una playa 
en la que Judas nunca pudo entrar,
les puso un rebozo blanco con
los reclamos del huevo y de la sal, y
los frió mientras olvidaba
cigarrillos prendidos en una teoría política.
Así recuerda que me ama.
Las frutas del mar viven oscuras
en la extinguida eternidad.


LECTURA DE POEMAS CON PÚBLICO

Todo se cuestiona, el texto
leído, el acto
de leer, su conversión
en labios duros.
El momento del texto no es
el contratexto leído y
qué felicidad o desdicha
pasa entre ellos, quién sabe.
¿Habrá puentes ahí para
no caer del pulmón hablante
al suelo del callado?
Se puede elegir la aflicción,
pero no sirve para nada.
Lo que sirve es el pájaro de siempre
en la rama de siempre que
hace viento en la existencia, dice
que nadie sabe cómo pasa el recuerdo
para decir que la amás.


OPINIÓN

Los poemas escritos en
estado de frialdad tienen
una ventaja: están escritos
en estado de frialdad. El odio
del vecino no entra ahí, ni el vecino
atado a su odio y
se puede alabar las bellezas del paisaje.
Alabar es una palabra rara, lleva
del ala al bar donde
el estaño está mudo.
Los poemas sin sangre
tienen una ventaja:
no tienen sangre, ni
sacudones mortales o inmortales, ni
la imperfección, la suciedad
de todos. Eso cae y nada
perturba a la tierra.
A los poetas que practican esa visión y
sin duda escriben hermosos poemas,
habría que levantarles una estatua
ciega que no se vea.
Es bello su no estar.
Todo está bien afuera
de todo lo que está mal, intocado y
lejos de la escritura, lejos,
en un canto bajito.


EL MENOS PENSADO

El día que el corazón aprenda a leer y a escribir
se verán cosas grandes:
a Dios barriendo la vereda,
lágrimas arrojadas al espacio
que nunca volverán,
los que sufren pasarán sonriendo y
las intenciones de la atención 
harán que florezcan jazmines y otras
ilusiones de la naturaleza.
Será un gran día, encontrarán
la palabra que se perdió
hace millones de dolores.
Véase lo que pasa:
el día que vino y se fue
será un gran día.


En País que fue será (México, 2001-2002), Seix Barral, 2004.
Juan Gelman (Buenos Aires, 3 de mayo de 1930 - México, D. F., 14 de enero de 2014). Foto: Jmp

viernes, 30 de marzo de 2018

Piedad Bonnett, Como el molusco los poetas tenemos una belleza extraña, que atrae y que repugna



LAS CICATRICES 

No hay cicatriz, por brutal que parezca,
que no encierre belleza.
Una historia puntual se cuenta en ella,
algún dolor. Pero también su fin.
Las cicatrices, pues, son  las costuras
de la memoria,
un remate imperfecto que nos sana
dañándonos. La forma
que el tiempo encuentra
de que nunca olvidemos las heridas. 


PERLAS

Como el molusco
los poetas tenemos una belleza extraña,
que atrae y que repugna.
Nos gusta el fondo amargo de las aguas,
y en las profundidades vivimos, respiramos,
escondidos debajo de las conchas calcáreas
y a menudo aferrados a las piedras.
Cada tanto,
un elemento extraño nos invade,
se enquista en nuestra entraña
y comienza a crecer.
Una hermosa señal de que no estamos solos,
de que somos del mundo, para el mundo.
Amamos esa masa que crece en nuestros vientres,
que se hace dura y bella a expensas de lo blando.
La cerrazón asfixia, sin embargo.
Por eso nos abrimos y expulsamos
esas íntimas lágrimas,
casi siempre imperfectas.
Lo oscuro pare luz, y eso consuela.


LECCIÓN DE SUPERVIVENCIA

Nada hay de bello en el pepino o carajo de mar.
Es, en verdad, un animal sin gracia,
como su nombre.
En el fondo de los grandes océanos,
inmóvil, blando, amorfo,
permanece,
condenado a la arena,
y ajeno a la belleza que encima de su cuerpo
despliega el mar.

Se sabe que
cuando el  pepino de mar huele la muerte
en el depredador que lo amenaza,
expele
no solo su intestino
sino el racimo entero de sus vísceras,
que sirven de alimento a su enemigo.

Con un limpio ritual
huye el pepino de aquello que amenaza con dañarlo.
 
Para sobrevivir queda vacío.

Liviano ya de sí y libre de otros
muda de ser.
Y poco a poco,
sus entrañas
                  se recomponen.
Y vuelve a ser, en letargo de sal,
una entidad en paz que vive a su manera.


FOTOS

Al otro lado del teléfono
mi hermana habla de fiordos, de glaciares,
de rías, de bahías,
de “sastrugis”
(que son dunas de nieve).
No puedes –dice- ni imaginar los matices del blanco,
su belleza.
Y anuncia fotos, muchas fotos.
Yo no la decepciono:
también me agito, muestro mi deseo
de ver a su regreso
lo que no alcanzan a decir sus palabras.

No le digo a mi hermana lo que en su fondo sabe:
que lo que quiere atar allá se queda;
que en su maleta
ya se comienza a derretir la nieve;
que no hay segundos tiempos,
que escribimos historias
con flores disecadas y mariposas muertas
que asfixian con su polen nuestros días.

Le digo en cambio
que aquí estoy, esperando su promesa.


EL QUEHACER DEL TRABAJO SUCIO, III

Siete estómagos tiene el poema.
Por cada uno de ellos pasa el bolo
del amargo alimento.
Lo rumian, lo maceran,
lo disuelven.
Finalmente, lo excretan.
A veces –quien creyera-
su materia ilumina.


DESGARRADURA

Otra vez sales de mí, pequeño, mi sufriente.
Otra vez miras todo con mirada reciente,
y llenas tus pulmones con el aire gozoso.
Ya no lloras.
El mundo, de momento, no te duele.
Todo es tibio esta vez, caricia pura,
como una prolongada primavera.
Ignoras
mi útero vacío, mi sangrado.
Desconoces
que el grito de dolor de parturienta
va hacia adentro y se asfixia, sofocado,
para que no trastorne
el silencio que ronda por la casa
como una mosca azul resplandeciente.
Mis manos ya no pueden cobijarte.
Sólo decirte adiós como los días
en que al girar, ansioso, tu cabeza,
mi sonrisa se abría detrás de la ventana
para encender la tuya. Cuando todo
era sencillo transcurrir, no herida,
ni extraña expuesta, ni desgarradura.


EN CASO DE EMERGENCIA

Al vuelo cero cero setenta y ocho
ha entrado una monja que se persigna apenas se sienta,
una muchacha de una belleza dolorosa,
un hombre de negocios en cuyos zapatos relucientes
podríamos mirarnos mientras nos cepillamos los dientes,
un niño con un letrero colgado al cuello,
una vieja celebridad de la tele.
Ni aún así, en caso de emergencia,
podríamos salvarnos.


VOLVER

Abro la puerta de mi casa, enciendo las luces,
saco de mi maleta la ropa sucia, el cepillo de dientes,
los libros recién comprados,
apilo los periódicos de los últimos días, las cuentas,
abro una ventana para ventilar un poco,
y en el reflejo miro, de reojo,
a la recién llegada
que así
sin más ni más
se deshabita.


En Explicaciones no pedidas, Premio de poesía José Lezama Lima, Casa de las Américas, Cuba, 2014.
Piedad Bonnett (Amalfi, Antioquía, Colombia, 1951). Foto: Jmp

lunes, 26 de marzo de 2018

Alfredo Carlino, Tres poemas peronistas




EL 17 NACIMOS

VASTEDAD DEL ABISMO.
Arrancaron de Berisso, Ensenada,
Avellaneda y Valentín Alsina.
En el resplandeciente fulgor
de la muchedumbre esperanzada
violaron la fuente de la plaza,
se lavaron los pies del cansancio
y del mundo que se iba, irremediablemente.
Hoy nazco lleno de esta música tamboril,
imperecedera, que seguirá en la descendencia
y en el mito de la popular.
Porque el 17 de octubre fue el nacimiento
y la eternidad nos esperaba.


DECÍAMOS CONDUCTOR

DECÍAMOS CONDUCTOR
y Perón brotaba
por todas las diagonales del sueño.
Decíamos Perón
y mostrábamos a tanto enemigo
que andaba violando el salario
junto al General que estallaba
desde todos los vientos populares.
Decíamos tu nombre
y un pueblo se juntaba
a escribir la historia.


LOS FATALES Y ALEGRES AÑOS DE LA RESISTENCIA
(1955-1973)

ÉRAMOS LA NADA 
hijos del despojo,
debíamos como el pan
multiplicar el gesto,
inventar catacumbas.

Advertimos a la selva ciudadana
y caminamos en multitud
para ser memoria,
cancionística futbolera,
en la danza cantarina.

En cada estruendo iba el reclamo
y la reconquista del valor de la espiritualidad.
No solo llevábamos a Perón y a Evita
también Cooke, Jauretche y Scalabrini.

Nosotros,
los miserables, los silenciados
recuperamos la voz abolida,
pusimos la sonoridad grupal
sobre el ensañamiento oligárquico.
Nos agregamos a la legión de trabajadores
que pregonaban la libertad.

Día a día en la proclama.

Preguntábamos:
¿Qué ha sido del “estatuto del peón de campo”?
¿Qué hicieron con un salario obligatorio
acorde a cada necesidad?

Balaceras, fusilamientos cárceles, torturas e injurias,
desaparecidos como Vallese
o el cadáver de la inmortal Evita,
fue la respuesta gradual,
iban paulatinamente a cesantear
fragmentos de la dignidad
para socavar la alegría obrera,
degradando la esperanza,
censurar el pensar disidente.


En Perón siempre de Juan, Ediciones Librería El Poeta, 24 de noviembre 167, Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2004. Foto: Jmp
Alfredo Carlino (17 de octubre de 1932 – 25 de marzo de 2018).

jueves, 22 de marzo de 2018

William Carlos Williams, Donde nada crecerá



POEMA

Así como el gato
trepó a
lo alto de

la alacena
primero la pata
delantera derecha

cuidadosamente
luego la trasera
saltó

adentro del hueco de
la maceta
vacía


ENTRE PAREDES

las alas traseras
del

hospital donde
nada

crecerá hay
cenizas

en las que brillan
los rotos

pedazos de una botella
verde


LA CARRETILLA ROJA

tanto depende de
una

carretilla roja lustrada
con

agua de lluvia
junto

a los pollos
blancos



 
En La música del desierto y otros poemas (1954), CEAL, 1988.
William Carlos Williams (Rutherford, Nueva Jersey, EEUU, 17 de septiembre de 1883 – 4 de marzo de 1963). Foto: Jmp

lunes, 19 de marzo de 2018

Laura Wittner, Los domingos a la noche




DESMONTE

Alguien está saltando la soga
alguien se está lavando los dientes
alguien está bajando libros de la biblioteca
para meterlos en cajas y llenar los intersticios
con entradas a conciertos y postales de Córcega.
Alguien tipea y con esto
llegamos a cuatro personas
unidas por un hilo
y desunidas por otro.


POR QUÉ NO TIENE QUE LLOVER
LOS DOMINGOS A LA NOCHE

Truena y mis hijos están en su otra casa.
Primero un trueno lejos,
después uno más cerca,
un trueno finalmente atronador
que retumba en cada cuarto vacío
y en este único cuarto iluminado
donde trabajo a medianoche.
Truena y no tengo a quien calmar
lo que por un segundo parece
a no tener quien mi calme. Pero no.
Una madre se recompone pronto
aunque los hijos estén en su otra casa.


Laura Wittner (Buenos Aires, 1967).
En: Atlas de la poesía argentina, Edulp, 2017. Coordinadores: Eugenia Straccali y Bruno Crisorio. Foto: Jmp

viernes, 9 de marzo de 2018

Olga Orozco, El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte





PARA HACER UN TALISMÁN


Se necesita sólo tu corazón
hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios.
Un corazón apenas, como un crisol de brasas para la idolatría.
Nada más que un indefenso corazón enamorado.
Déjalo a la intemperie,
donde la hierba aúlle sus endechas de nodriza loca
y no pueda dormir,
donde el viento y la lluvia dejen caer su látigo en un golpe de azul escalofrío
sin convertirlo en mármol y sin partirlo en dos,
donde la oscuridad abra sus madrigueras a todas las jaurías
y no logre olvidar.
Arrójalo después desde lo alto de su amor al hervidero de la bruma.
Ponlo luego a secar en el sordo regazo de la piedra,
y escarba, escarba en él con una aguja fría hasta arrancar el último grano de esperanza.
Deja que lo sofoquen las fiebres y la ortiga,
que lo sacuda el trote ritual de la alimaña,
que lo envuelva la injuria hecha con los jirones de sus antiguas glorias.
Y cuando un día un año lo aprisione con la garra de un siglo,
antes que sea tarde,
antes que se convierta en momia deslumbrante,
abre de par en par y una por una todas sus heridas:
que las exhiba al sol de la piedad, lo mismo que el mendigo,
que plaña su delirio en el desierto,
hasta que sólo el eco de un nombre crezca en él con la furia del hambre:
un incesante golpe de cuchara contra el plato vacío.
Si sobrevive aún,
si ha llegado hasta aquí hecho a la viva imagen de tu demonio o de tu dios;
he ahí un talismán más inflexible que la ley,
más fuerte que las armas y el mal del enemigo.
Guárdalo en la vigilia de tu pecho igual que a un centinela.
Pero vela con él.
Puede crecer en ti como la mordedura de la lepra;
puede ser tu verdugo.
¡El inocente monstruo, el insaciable comensal de tu muerte!



De Los juegos peligrosos (1962). En Antología poética, Fondo Nacional de las Artes, 1996.
Olga Orozco (Toay, provincia de La Pampa, 17 de marzo de 1920 – 15 de agosto de 1999). Foto: Jmp

martes, 6 de marzo de 2018

Raúl Gustavo Aguirre, Tan parecida a dios o a un poema



STRIP TEASE

Ella es toda alegría.
Danza
su canción
desnuda
para ella.

Los demás ven un cuerpo
se balancean en la magia
conocen una rara
libertad.

Aúllan porque temen
temen esa alegría
de pronto
tan pura entre los muertos
tan parecida a dios
o a un poema.


En Poesía erótica argentina, selección y prólogo de Daniel Muxica, Manantial, Buenos Aires, 2002.
Raúl Gustavo Aguirre (Buenos Aires, 2 de enero de 1927 – 18 de enero de 1983). Foto: Jmp