lunes, 23 de abril de 2012

Roberto Fernández Retamar – Poemas demasiado breves


POEMAS DEMASIADO BREVES

explicación

Siempre quise escribir un poema
Tan breve
Como aquel de Machado:
“Hoy es siempre todavía”;
O incluso
Como aquel de Ungaretti:
“M’illumino
d’immenso”;
Pero ya ven:
Me pierdo en explicaciones.


un nombre de mujer

Un nombre de mujer es un largo viento de aes
Con apenas alguna delgada rayadura.


un hermano

¿Verdad, Antonio
Machado,
Que un hermano
Debe llamarse
Manolo O algo así?


la voz humana

Tú que no oíste a un avión gemir en la profunda noche,
No llegaste a saber de qué era capaz la voz humana.


habla la piedra

¿Cuál de ustedes va a decidirse al fin y recogerme?
No le hagan caso a ese arameo: ¡Arrojadme ya, miserables!


el suicida

No tener semanaqueviene.


soliloquio del calvo
Qué adelantada llevo la calavera.


resollando por la herida

(Falta el poema.)



.
De: “Buena suerte viviendo” (1962-1965). 
En: “Poeta en La Habana. Selección e introducción José María Valverde”, 
Editorial Laia, Barcelona, 1982.
Roberto Fernández Retamar (La Habana, Cuba, 1930).
Foto: AIN, La Jiribilla

domingo, 22 de abril de 2012

Rodolfo Alonso – Historia de Juan Antonio Vasco



HISTORIA DE VASCO


Es con profunda, tocante emoción que recibo la anhelada y bienvenida noticia de que Ediciones En Danza, de Buenos Aires, va a lanzar finalmente en 2012 la poesía completa de Juan Antonio Vasco (1924-1984). No sólo porque, como les consta a su mujer y a sus dos hijas, hace ya mucho tiempo que aquí y allá, donde y cada vez que pude, venía insistiendo en la imperiosa necesidad de hacerlo. Sino también porque, en todos los ámbitos de nuestra lengua, pero sobre todo en aquellos donde se produjo y donde se incluye: Argentina y Venezuela, la palabra vivaz y honda, vivificante y tañedora de este gran poeta latinoamericano, precisamente hoy debía volver a preñar el castellano con su timbre tan legítimo, con su tonada en que confluyen resonando el Plata y el Caribe.

Ya me había resultado particularmente alucinante tener que enfrentarme por escrito, en aquel panorama antológico de Juan Antonio Vasco que fue titulado como uno de sus mejores poemas: Déjame pasar (Último Reino, Buenos Aires, 1988), con el amigo ya muerto que sin embargo sigue viviendo, hablando, mirándome y gesticulando desde nuestra propia memoria, literalmente desde su imagen todavía activa y movediza, indeleblemente grabada en el fondo de nuestras retinas.

            Extraño fue entonces para mí toparme hecho lectura a un Juan Antonio Vasco que dentro mío conservo tan vivo y fresco como cuando lo conocí, apenas poco tiempo antes de su primera larga estadía en Venezuela, o cuando volvió de allí, unos diez años después, antes de comenzar a caer postrado en su trágico lecho de enfermo, donde lo esperaba otro largo viaje, quizás hacia sí mismo. Era unos diez años mayor que yo, pero esa distancia no existía en mi trato con él, a la vez exigente y fraternal. Al envío de mi cuarto librito, allá por 1959, respondió con unas líneas donde adoctrinaba amistosamente algo así como: “Desmelénate, chico. A ver qué barro arrastras”. Es que ya había dejado Chascomús y tomado contacto con el surrealismo porteño. Pero esas palabras suyas, a la vez toda una estética (y también toda una ética), nos testimonian y nos adelantan que su sincera adhesión a los postulados de André Breton y sus amigos no era en absoluto, de ningún modo, apenas intelectual.

            El choque de aquella imagen íntima, privada, con el redescubrimiento que supuso entonces aquella antología preparada por Ricardo Herrera, fue capaz de producirme ciertas reverberaciones que quizá superaban, intuyo, el caso particular. Porque la palabra escrita, la palabra poética (y muy especialmente esta palabra), no es por supuesto meramente el reflejo, digamos especular, de una personalidad. No es, apenas, un instrumento, y mucho menos un utensilio. Aun para quien no acepte que el lenguaje tenga una vida propia, y se niegue entonces a imaginar que podamos ser nosotros su instrumento y no sólo a la inversa, difícil será negarse a la evidencia de aquello a lo que tan bien aludió el límpido Pedro Salinas: que el lenguaje tira de uno.
 
Y ya que estamos hablando de surrealistas, recordemos que la ortodoxia de ese movimiento quiso liberarse de los imperativos de la razón e imaginó –Breton dixit un “automatismo psíquico puro” que permitiría la libre expresión del inconsciente. Pues bien, tal automatismo entonces considerado archi-revolucionario, a mi modesto entender no deja de seguir considerando al lenguaje como un instrumento, en este caso del inconsciente en lugar de la razón. Pero, a la vez, también resulta llamativo que, en una literatura como la argentina, donde prácticamente no ha tenido asidero el llamado “realismo mágico”, haya sido de los integrantes del pequeño grupo filosurrealista de donde surgieron voces tan hondamente, tan íntegramente latinoamericanas como las de Enrique Molina, Francisco Madariaga o Juan Antonio Vasco. Así como no es menos llamativo que, en todos ellos, cada cual a su modo, el esplendor de los paisajes soñados o entrevistos se haga uno, se haga carne en el esplendor de los lenguajes, orgánicamente espontáneos y, sobre todo para el caso de Vasco, sabiamente, sagazmente populares, en el mejor sentido.

            Aquella selección de 1988, que creyó conveniente dividir su contenido entre poemas, cuentos, ensayos y traducciones (coincido en que no he leído mejor traducción castellana de Gottfried Benn), además de su loable intento (que recién ahora se va a cumplir en plenitud) de poner en circulación la personalidad de un poeta absolutamente singular y a la vez también significativo como vimos de ciertas actitudes más generales, ostentó asimismo otros méritos. Que comenzaban directamente por Historia de Vasco, título homónimo de aquel drama del luminoso Georges Schehadé que tan bien le sirvió allí a Herrera, en un lúcido hallazgo, (y me sirve ahora a mí) para denominar igualmente a su atinada introducción. En la que seguía en gran medida el itinerario vital de nuestro poeta: su infancia de huérfano a quien llevan a vivir al campo, su adolescencia en Chascomús, el encuentro con los surrealistas porteños, los diez largos años en Venezuela, esa larga y lenta agonía de su maldita enfermedad (sobrellevada con tanta entereza, con tanto valor, realmente ejemplares).

            Algunas claves se acentúan cuado vuelvo a leerlo: en primer lugar, la honestidad absoluta –doy fe--, la absoluta inocencia con que Vasco vivió y nunca trató de ocultar sus contradicciones (esas contradicciones que alguna vez comparé con señales de estar vivo), principalmente entre las antónimas poesía y publicidad, sin duda como agua y aceite para quien adhiriera al ideario surrealista que, bien sabemos, no era revolucionario apenas en literatura, y el ejercicio de altos cargos directivos en una desmedida multinacional. Pero también, y de un modo cabalmente relevante, su fidelidad, su pasión, su entrega a esa dicha del lenguaje que la poesía es según Wallace Stevens (su hermano también en contradicciones similares). Si Vasco inicia su producción en forma magistral a través de las formas clásicas castellanas, y aunque después tomara caminos bien opuestos, también es verdad que nunca las despreció, especialmente en el sentido de que él sabía que no debían considerarse una finalidad, sino un medio. Uno de los instrumentos posibles para ese verdadero fin que es el lenguaje, el genio de la lengua que tanto le conmovió a él mismo descubrir vivo y contagioso en su itinerario latinoamericano, y sobre todo en su contacto tan fraternal con el pueblo venezolano.

            Si hoy puedo continuar afirmando que, especialmente su imborrable Hay que pagar, pero también su sintomático Prohibido pasar, me siguen pareciendo absolutamente  imprescindibles cuando se quiera hacer una muestra certera de la poesía latinoamericana contemporánea, bien sabemos que ello no es así tan sólo por sus evidentes, inclusive sonoros hallazgos verbales, por sus peculiares logros digamos estilísticos (que los tiene, y muchos), sino también por la forma en que, al hacerlo, allí quedan encarnados asimismo de manera inefable, indiscernible, su denuncia del hambre y la injusticia que soportaron y aún soportan tantos humildes de estas tierras, aquella otra idea de la poesía que “se hace negación de la iniquidad” que enarbolara nada menos que Baudelaire. Belleza que es verdad, y también viceversa, la palabra de Juan Antonio Vasco no seduce, enuncia; no propone, no discurre: evidencia. Como la indeleble “rosa de fuego” que él supo entrever y enaltecer también en don Antonio Machado, el fuego de su verdad y el fuego de su belleza vivirán hechos uno en el poema logrado, seguirán viviendo en otros, en quienes sean dignos de ellos.



Juan Antonio Vasco (Buenos Aires, 1924-1984).

Rodolfo Alonso (Buenos Aires, 1934). Poeta, traductor, ensayista.
Foto: JAV, archivo Carmen y Clara Vasco.

Luis Alberto Spinetta – Los veo partirse desde mi boca fresca



ZAGUÁN


Pasan los euclidianos 
satisfechos de su mérito. 
Pasan los atormentados platónicos. 
Los adormilados y hasta los imbéciles.

Todos consumen sombra y contornos. 
Los veo partirse desde mi boca fresca. 
Luego, uno de ellos tira del hilo y dice:

¡Pasan tiempos irreales!




De: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978.  Poema Parte Segunda.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Músico, poeta, artista, luz.
Foto: detalle tapa libro, Jmp.

sábado, 21 de abril de 2012

Luis Alberto Spinetta – Los locos corren por el pasto



LOS LOCOS


Los locos corren 
por el pasto sin gritos 
por la pradera venenosa 
y por la piel, entre la luna.

Y los locos giran 
sin temor al mareo. 
De la casa al árbol, 
de la ayuda al horror.

Cuando uno de los locos hable, 
los cuerdos, retozando en la penumbra, 
oirán el ruido 
y verán las verdades.

Los locos que parecen aprisionados 
por la muerte selecta del escándalo 
tienen pechos rugosos 
y bordeados de lumbre. 
Y los locos lo saben.

Desde su atónito lenguaje, 
por intersticios de meninges espectaculares, 
los locos se precipitan 
a paralizar el mundo de la muerte. 
Aunque más no sea, 
para sentarse a llorar.

No hay soles en sus días 
Y en sus noches 
sobreviven los colores de un ojo que no los ha deseado.

Por eso, 
y porque la ventosa de fuego 
rebalsa de temor 
ante la fantasía de los sanos;
el obturador de los locos está presto 
como una lanza.
Y al perforarnos de una vez 
con una certera puntada entre la vida y el cielo...



De: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978.  Parte Segunda.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Músico, poeta, artista, luz.
Foto: tapa de libro, Jmp.

viernes, 20 de abril de 2012

Rubén Vedovaldi – Si es verdad lo que dices



ÁCIDO SUEÑO


Si es verdad lo que dices
querido john
y por qué no creer lo que tan 
amargamente confiesas 
cuando despiertas gritando:
el sueño acabó...



Si es verdad lo que cuentas
john wiston lennon, muchacho celoso, 
joven neurotizado y con razón, 
hijo de padre borracho y madre abandónica, 

chico de provincia que quiso ser
tan famoso como Elvis (pero sin mover la pelvis)
y tuvo la desgracia de serlo 
infinitamente más;

si es verdad que cuando solamente conocías 
la coca cola y la cerveza
como tantos,
un imbécil hijo de puta 
puso una droga poderosa en tu copa
y sin saberlo te la bebiste y te dio vuelta
y no te dieron tiempo a volver
y te arrojaron con tu banda exitosa
a ser los músicos de la genialidad alucinada
oigan
más famosos que Cristo 
miren como luce Lucy 
en un cielo con pepas como diamantes
los geniales dopados en gira mágica
compren...

ea,
porque tu fuiste de los primeros en vender , 
sin querer,
esa imagen ejemplo de la cultura psicodélica y fuiste
el primero en despertar para decir
El sueño ha terminado 
y nadie te escuchó
El sueño ha terminado
Ha terminado...

Pero miles quisieron tapar tu boca
para seguir currando del sueño engaño
porque ha dado dinero a más de cuatro 
productores ladrones y a más de ocho
paparazzi de vendo cualquier escándalo 
y ha dado tanta fácil buena vida
autos mansiones fortunas
a tantos 
que nadie quiere que el sueño termine
aunque ese sueño mate y no de amor...

Porque los unos ganan vendiendo muerte 
vendiendo escándalo 
Los diseñadores de moda ganan
Las grandes tiendas 
Los de las radios los de las casas de disco y video 
Los de las casas de música ganan 
los hoteleros los pubs las diskos
prostitutores infantiles ganan...

Nadie quiere que el loco despierte 
y diga: BASTA. 
Yo solamente quería hacer rock and roll...

Si es verdad que despertar 
convocando a la paz, 
convocando al amor y no a la guerra
se paga con que te matan cinco balazos 
querido john,
entonces a desconfiar de colores locos
john
no me gustan las ropas raras ahora;
me cansé de esos raros peinados nuevos
john

Y yo quiero muchachos que estudien 
música en serio
o dibujo o pintura o medicina
en serio
Y no borrachos que vomitan cuadros
o drogadictos que llenan estadios
y ni recuerdan después lo que pasó

Prefiero adolescentes del aire puro 
chicas de vida sana 
pariendo hijos sanos y no zombies
quiero que paren en serio esa máquina
del puto tráfico de éxtasis bélico
tapado por el ruido y los flashes 
de tanta extraña música ¿oyes, john?


Si es así como dices
viejo,
y por qué no creerte, 
que aquel sueño del ácido ha terminado, 
no quiero reventar por sobredosis
No quiero ver morir por sobredosis 
a nadie, a nadie más, 
okey?

Si es verdad lo que dices
no te mueras en sangre aunque disparen.
Vuelve a nosotros desde donde estés
No dejes de cantarnos o gritarnos

All you need is LOVE 
LOVE is all you need

Porque el sueño del ácido 
john querido,
o la pesada pesadilla de las guerras 
ha terminado
Escuchen
Ha terminado
Tiene que terminar

¿Te escuchan, john?


EpA!
Rubén Vedovaldi (Rosario, Argentina, 1 de julio de 1951).
Poeta.
Foto: Tomada un día antes de que Lennon fuese asesinado. 
Annie Leibovitz había fotografiado a Lennon diez años antes, 
cuando apenas comenzaba a trabajar para la revista Rolling Stones.

Luis Alberto Spinetta – Por eso, en la feria, mediocre, el insulto es primero




EN LA FERIA


Temible multitud 
hombres avanzando 
espacios muertos. 
La delicia implacable 
atrayendo cuerpos contagiosos.

Sobornados para no protestar 
se reducen unos a otros 
en la indescifrable grieta.

Pétalos serenos 
agitan su temblor aguafuerte, 
respirados por ciénagas. 
Respirados ellos: 
¿Por qué tiemblan?

La curva colosal 
de un ave rápida 
y el silencio todavía más vivo 
estallarán al amanecer.


*   *   *


La curva terrena 
es una esfinge 
corrida en el oasis 
por la lengua sedienta 
que nunca intentó perdurar.
Parlanchines los cometas y el gentío. 
Toboganes oidores del desecho. 
Por eso, en la feria, 
mediocre, el insulto es primero.



De: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978.  
Poema Parte Segunda.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Músico, poeta, artista, luz.
Foto: tapa de libro, Jmp.

jueves, 19 de abril de 2012

Silvia Loustau – En un cesto guardó la locura




I

en un cesto guardó la locura
vistió sayo de días lúcidos
miróse en antiguo azogue.
a quién llamar
a quién llamar desde el camino
preguntó.

silencio .


IV

no  escucho el mar
no barre el viento
azotador de aguaceros
no flota la gaviota
como una cresta de espuma
ni levanta sus alas lentas .

la tarde pasa  bajo la fusta de la lluvia
inmóviles
los tilos   los niños   las flores.
la madrugada    la luna .
los  cormoranes
ávidos como el amor
alrededor de la basura
abandonada por  las olas.

vivo aquí.


VI

ciudad
de  niebla
de lápidas.
ciudad
que espera en los muelles.

grávidas mujeres
velan los barcos
de los conquistadores.
anochecen
entre rumores y zozobras
entre cuentas de rosarios negros.
sentadas
en los acantilados

esperan
la ensimismada
respuesta del mar.



En: “De mar y madres”, Editorial Martín, 2010.
Silvia Loustau, nació en Mar del Plata, Argentina, un 21 de agosto. 
Poeta y traductora.

Silvia Loustau – Mira el espejo una niña



IX

mira
el espejo
una niña
juega en un jardín.
                        se vuelve
la observa
                          envejecer.


XVIII

recogían  piedrecitas
sagradas
y con la luz natural
del aire y la memoria
dibujaban
las letras del tiempo
escribían
sus nombres
en  el espejo.


XXIII

ensombrece el miedo.
palabras guardadas en cestos secretos.
palabras sembradas
en las  quintas de Magdalena.
salvadas del hurto
de la hoguera.

guardadas como un mea culpa.

palabras
letanías
hoy brillan
junto a las manzanas
que están permitidas morder.



En: “De mar y madres”, Editorial Martín, 2010.
Silvia Loustau, nació en Mar del Plata, Argentina, un 21 de agosto. 
Poeta y traductora.

Silvia Loustau – Luz de otoño




XXVII

un plato vacío .

el canto de una mujer
acuna vida
en la desnudez de la noche .


XXXIII

a Floreal  Avellaneda

Poseidón
enfurecido
devora
el corazón
del niño.
gira veloz
frío
sobre la minúscula fibra.

descansa
ahora
en la otra orilla
en una esquina
sin viento.

sueña
juegos minúsculos
junto a la memoria nocturna
de algún tango cercano.


XXXV

luz de otoño
una rama reverdece
en su recuerdo.
aletean instantes  perdidos .

regresarán
               brotarán jazmines de sangre.



En: “De mar y madres”, Editorial Martín, 2010.
Silvia Loustau, nació en Mar del Plata, Argentina, un 21 de agosto. 
Poeta y traductora.

miércoles, 18 de abril de 2012

Jorge Isaías – Si yo tuviera que hablar de mi poesía



EL CANTO ENCENDIDO


Si yo tuviera que hablar de “mi poesía”, si tuviera que definir
a esta muchacha que circula a tientas entre la vigilia y la memoria
y el sueño, dando tumbos sobre las cornisas nocturnas,
en un venero de lámparas ciegas, creo que debería inclinarme
por el espacio que reinó mi infancia y su pájaro en alto.
Hablar de poesía, implica para mí –necesariamente– descubrir
la tierra y el horizonte levemente cambiante; cómo va jugando
a distintas horas del día el matiz de luz sobre el cielo –ora
esplendoroso, ora parco, dominante siempre–. Entonces “mi
poesía” está constantemente al acecho, para que no escape el
canto primitivo de la cigarra sobre el plátano, ni la torpeza
deambulante de las mariposas en el campo, ni el fragor de las
trilladoras o el balar cansino de las ovejas y el canto imitador
de la calandria.
Así las cosas me fueron ganando y la poesía entró en mí como
la cosa más inocente y feliz. Y tal vez era poeta cuando circulaba
entre el tedio de la siesta, bajo el ruido ensordecedor de
las abejas y el vaho que desde el suelo iba ganando la copa de
los árboles, el zumbido de las moscas sobre el acre orín de los
caballos, los duraznos heridos por nuestra avidez golosa y
hurtadora.
Esto también es la poesía –la humilde, la tierna y otra vez
humilde poesía– que mis huesos sostiene y mis años y la
soledad oscura que me acechó desde el camino.

La poesía, al menos, que mi canto busca y enciende.



1980, Otoño

En: “La memoria más antigua”, Editorial Ciudad Gótica, 
segunda edición (primera 1982), 2011.
Jorge Isaías, Los Quirquinchos, Sante fe, 1946.
Foto: detalle tapa, Jmp.

martes, 17 de abril de 2012

Luis Alberto Spinetta – Locas las guirnaldas del verano




EL MÚSICO


Acongojado llora 
con sus débiles dedos 
la furia y el odio 
y el lodo 
que fue su origen.

Las cuerdas de su instrumento 
como míseros revólveres 
o quizá tendones de un dios ebrio, 
cantan. 
Y es sólo penumbras 
el despertar de su hora tardía. 
Y es sólo tiniebla 
el entornar pequeño de sus ojos.

El músico está allí 
donde el dolor no puede confundirse 
con los ecos del demonio.

El músico es por fin 
la tenebrosa ansiedad 
de no volverse loco por el tiempo. 
La vida que no recuerda nada, 
el antiguo reloj en el que cayeron las lluvias.

Su soplido, fresco rechinar del abismo, cae
Y su cuerpo de quimera y cárceles 
va ensordeciéndose del cielo, 
y quejándose de la soledad 
que pudo por lo menos haber sido incomprensible

Y así se materializan 
los pensamientos del músico 
como cruces que se encuentran 
acostadas en el vientre.

Y locas las guirnaldas del verano 
entreabren su pudor 
y se escucha el sonido.



De: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978.  
Parte Segunda.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012). 
Músico, poeta, artista, luz.
Foto: tapa de libro, Jmp.

sábado, 14 de abril de 2012

Julián Axat – Hoy hace 35 años un juez rechazó un habeas corpus



METZGER EN JERUSALÉN


hoy hace 35 años
un juez rechazó un habeas corpus
era el de mis padres desaparecidos
iba con costas a los presentantes
mi abuelo y yo de siete meses

treinta años después ingreso a esa justicia
veo la cara de aquel juez a diario
el puñal homicida oxidado
aún oculto bajo su toga
adaptado al nuevo ciclo cáscara personal rellena
con sangre del viejo sistema  flotando en el nuevo

treinta y cinco años después
soy defensor de los pobres y ausentes
lo veo en las audiencias lo cruzo en pasillos
baja la cabeza se hace el que no me reconoce

interpongo sendos habeas corpus
en favor de los pibes hijos de la democracia
detenidos por la policía de la democracia
en la que el Sr. juez se mueve a gusto
y me los rechaza
sin costas en pocas líneas citando aquí y allá viejos adagios

yo apelo sus resoluciones con doctrina jurídica
con constituciones y tratados argumentos de la democracia
que impiden que hace unos días el juez solicite su jubilación
y le sea concedida para que ya no lo vea en los pasillos
y me vea a mí entrando y saliendo 
con un habeas corpus por presentar



La Plata/City Bell, 13 de abril de 2012. 

Julián Axat (La Plata, 1976). Poeta y abogado.
Foto: Rodolfo Jorge Axat (secuestrado junto a su esposa Ana Inés Della Croce 
el 12 de abril de 1977). Carnet de la Biblioteca de la Universidad Nacional de La Plata.

Anibal Jorge Sciorra – Para que todo siga igual



LLUEVE BUENOS AIRES


llueve buenos aires
en la soporífera tarde de marzo

llueve las inundancias de siempre
lenguetea cordones y baldosas

se entretiene con mocasines baratos e imprevistos

llueve y navega inmiscuyéndose en cada junta, en cada agujero secreto
llora como un tango penas que no valen ni una sola pena

llena de miedo zócalos y escalinatas
apaga luces de semáforos indicadores de la nada

se derrama entre cabellos de muchachas impudentes
vuela paraguas de señores rectos, de trajes y corbatas

desarma peinados de señoras ofuscadas
juguetea con niños desprovistos de temores

llueve buenos aires y luego se detiene

                                      para que todo siga igual



Anibal Jorge Sciorra (Buenos Aires, Argentina, 26 de agosto de 1952 – 13 de abril de 2012).
Foto: FB. Poema del blog “Sciorra”.

Anibal Jorge Sciorra – Sobre la tarde de otoño una mujer valiente me conmueve con sus palabras




BREVES POEMAS ESPONTÁNEOS DE ABRIL


tus pies son cáscara arrancada
calle de barro
techo de chapa
hambre de guiso
dignidades que otorga la pobreza

* * *

cómo hacerle entender a esta mujer
de Santa Fe y Callao
que las calles hoy se terminan acá
porque ella al hambre
todavía no lo conoce



* * *

sobre la tarde de otoño
una mujer valiente
me conmueve con sus palabras

solo el duro corazón de los necios
puede ignorarla,
odiarla,
ensañarse como se pueda con ella

¿será otra "esa mujer"?


* * *

Plaza de Mayo, Buenos Aires, atardecer del 1º de abril de 2008


Anibal Jorge Sciorra (Buenos Aires, Argentina, 26 de agosto de 1952 – 13 de abril de 2012).
Foto: CFK, Presidenta de todos los argentinos. Poema del blog “Sciorra”.