sábado, 10 de diciembre de 2022

MARÍA CASIRAGHI Tres poemas de Bandera blanca




LA DAMA DE LA ESCOBA 

a Silvia Castro

María Reiche dedicó su vida a develar el misterio de las Líneas de Nazca, pasaba temporadas en el desierto barriendo la pampa en busca de las figuras que hoy todos conocemos. Desde entonces se la llama dama de la escoba o dama de la pampa.


Dormía sola
bajo las estrellas
 
hurgaba calendarios perdidos
que brotaban
desde el fondo de la tierra
mujeres y hombres
como tubérculos
recién paridos
desde el útero del polvo
a la superficie arenosa de la existencia.
 
Cambió su ropa por harapos
cuna de oro
por lecho de paja
con la escoba entre sus manos
lúcida
y vidente
liberó al pasado
del paso del tiempo
desenterró animales y astros gigantescos
en la soledad de su fe. 

Fue una incomprendida
tan inhumana
tan escandalosa.
 
No era de aquí
María
así y todo
se dejó seducir
por la piel de un continente adverso
y barrió
y barrió
hasta el último día.
 
Ahora es ella
también
un enigma
y una moraleja:

quien no teme
desentierra el pasado
quien no teme
lo vuelve a enterrar.

Dicen que en las noches claras
todavía se la ve

y nadie sabe
          quién la ha dibujado.


PÁJARO EN CAMPO DE CONCENTRACIÓN 

Vuela libre
en una vieja celda de Auschwitz
arma su nido
por donde entra el sol
en las rendijas de luz
porque no sabe que allí ha muerto una especie.
 
Lleva y trae comida
al nido vacío
¿a quién alimenta?
¿con quién habla de noche?
Canta
solo
canta a pesar de los alambres
y su eco se expande por las duchas de gas
pasaron sesenta años desde el último hombre
al lado,
una montaña de pelos
y valijas que nunca volvieron a casa.
 
¿Puede sobrevivir, siendo pájaro, más arriba, menos muerto?

Demasiado silencio
para un solo ser vivo.
 
Quizás algo
del aire de su aire
se parezca al que inhalamos,
los vivos,
para no morir.
 
A la larga
                recordará la guerra.
 
Pero ahora es mejor que no sepa.
 
Que no entienda por qué
cada vez que amanece
su nido se enfría.


EL TIEMPO SE ACABA 

El tiempo se acaba
sopla el ventanal contra mi espalda
una cortina se infla y se desinfla 
el viento es un aviso
una señal.
 
El tiempo se acaba
todos los días
y yo me burlo de mí
tan anacrónica
me burlo y celebro
mi sereno despertar

sólo suenan
caballos allí afuera
forajidos del pasado galopando en mi puerta


este sea quizás
el disfraz de todo fugitivo
una bandera blanca
que se rinde
adentro nuestro.

Los domingos amanece más tarde

las personas tardan en bajar a la calle
la ciudad se desintegra en una niebla azul
y junto a ella
desaparece
el hospital negro
donde pudimos nacer.

El tiempo se acaba
yo aquieto mi paso
y leo las noticias como mensajes del más allá.

El olor del incienso
me sumerge en una iglesia
donde ora un piano solo
por el alma de las tortugas
el ritmo de los caracoles
y la suavidad elástica de las abuelas.

El tiempo se acaba.
A cada instante
se está muriendo el tiempo
y yo tejo

con agujas eternas
tejo la sombra del mundo
despacito
despacito

y la pongo a salvo.




En Bandera blanca, Ediciones Caletita, Monterrey, Nuevo León, México, agosto de 2022 / 
María Casiraghi (Buenos Aires, abril de 1977) / Fotos: 1 jmp / 2 Ensenada, CENS 453, 27 de octubre de 2022 / 
Los autores y textos forman parte de estudio en ejercicios de taller, y su destino es solo para este objetivo.- 

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