viernes, 23 de octubre de 2009

Aldo Oliva - “Un chamuyo misterioso me acorrala el corazón”



¿Los poetas nacen o se hacen?
No sé de ninguno que no haya nacido, pero sí sé
de algunos que nunca morirán.

A. Monterroso


Por Concepción Bertone


Ese verso (Un chamuyo misterioso me acorrala el corazón) del tango de Podestá y Rossi que Gardel estrenó en Montevideo y grabó en París en 1931, que cantaba Rivero y tocaba Piazzolla, es el título de un poema de Aldo Oliva. El disco de pasta gira hasta que se raya en la repetición de ese verso “como aferrao al rencor” de la estría, de la marca que limita un tiempo sin virtualidad, lejano, ajeno a este presente sin ellos. De pronto se fueron yendo uno detrás de otro, con prisa, sin pausa, como apurando el trago amargo de sus ausencias. Quedó la poesía, el eco de sus voces, y el hueco de la nobleza de sus almas, de sus personas colocadas ante sus obras y ante sí mismos. Quedó ese abismo que ellos dejaron, ese vacío inmenso de ética, de vida que avala una estética, de amorosa entrega humana. Quedó esa llama, esa fuente de luz que deseo acercarles, especialmente porque Beatriz Vallejos, Aldo Oliva y Glauce Baldovín, pertenecen a una generación excelsa de la poesía argentina y que por haber nacido y vivido en otras provincias más o menos alejadas de Buenos Aires, no han recibido en vida el reconocimiento que merecían, como tantos otros poetas argentinos. Suele suceder. Pero la poesía es esa vía del medio, esa senda que se encuentra y que se atraviesa sólo por la belleza del camino. Ese camino que lleva hacia el encuentro con una destinación que es el poema. Su música. Destino cimero, si los hay. Nos vemos al final o en el claro del bosque, y si se da, lo volvemos a recorrer juntos envueltos en el perfume de Aromito. Con Rivero o con Gardel, también con Piazzolla, la Negra Sosa, La Cruz del Sur, la Osa, Arturo, el Centauro. A veces el cielo parece quedar más cerca que la tierra. Más cierto. Más pleno.


Aldo Francisco Oliva nació en la ciudad de Rosario el 27 de enero de 1927. A los 18 años, recién recibido de Maestro Normal, consigue un traslado en su trabajo en el correo y se dirige a Buenos Aires, a estudiar Filosofía y letras. Pero el título lo obtiene mucho tiempo después, casi a los 50 años, y en la Universidad Nacional de Rosario, su ciudad natal, donde dictó cátedra hasta el año 2000, año de su fallecimiento (un 22 de octubre). En los `60, ya separado de la escritora argentina Noemí Ulla, dispersa la agrupación política en que militaba después del golpe de Estado de 1966, y comienza a coordinar grupos de estudio sobre la obra de Marx y de Hegel. En 1982 viajó a España de donde regresó muy rápidamente después de probar suerte. En 1986, la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario publica finalmente su primer libro “César en Dyrrachium”, que lo convierte en uno de los grandes poetas argentinos de los años 50, junto con Edgar Bayley, Francisco Madariaga, Hugo Gola y otros, quienes junto con Juan José Saer, fueron sus amigos entrañables.

Bibliografía:
“César en Dyrrachium” (Poesía. Premio Municipal de Poesía “Manuel Musto”), 1986; “De facinatione” (Poesía. Universidad Iberoamericana de México), 1997; “Ese general Belgrano y otros poemas” (Poesía. Editorial Bajo la luna nueva, Buenos Aires), 1999; “Una batalla” (Poesía. Editorial Aldebarán, Rosario), 2000; “Aldo Oliva. Poesía Completa” (Municipalidad de Rosario, Secretaría de Cultura y Educación), 2003; “El fusilamiento de Joaquín Penina” (Investigación del asesinato de Joaquín Penina), Barcelona, 2007.

Aclaración:
Los poemas incluidos es la última sección de “Poesía Completa” de Aldo Oliva como “Poemas discontinuos” fueron editados en el libro “Una Batalla…” en una sección con poemas fechados entre 1978 y 1996, pero luego de su aparición se ajustaron las fechas de algunos y se pudo ver claramente que se trata de un pequeño conjunto de textos desagregados de las ediciones que Oliva revisó. Por ejemplo, el poema “Sibarita (bar y restaurant)”, fechado en “Una Batalla…” en 1978, según un amigo del poeta -Luis Ortolani, que se reconoce en el verso “Luis, que quizás alcanzara / un lunes de piedad”- es de 1972.

Esta aclaración está en el comienzo de “Poemas discontinuos” de su “Poesía completa”.

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