De:
“Nombres” (1956-1959). En: “Poemas”, Colección La Honda, Casa de las Américas,
Cuba, 1984. Francisco “Paco” Urondo nació el 10 de enero de 1930 en Santa Fe,
provincia de Santa Fe. Murió, en Guaymallén, provincia de Mendoza, combatiendo
a la dictadura militar, el 17 de junio de 1976.
CANTO A LA TRISTEZA
ella puso la guirnalda
bandera colorinche del remate
o empezó todo alquilando mi alegría
golpeó
vino a la puerta
como quien trae la flor de baudelaire a domicilio
pero yo estaba apoyando el descanso de la tarde
en la misma geometría del potrero
empezó a sacarle punta a la palabra
me presentó su muleta metafísica
me quiso convencer como a un primer ministro
como al secretario general de los pañuelos
me mostró su larga galería
su casamiento con el rey de la baraja
me habló en francés para olvidarme un rato
y yo tenía en la cabeza
un gorrión medio anarco y futbolista
una honda mañanera
que rompía el espejo de la muerte
pero estaba cansado del partido
de correr a la vida por el medio campo
y justo en el momento que saludo
que dejo de mirarle las ojeras
su enagua
su tercera mano
se pone en mi palabra como un perro
me agarra las costillas
revolea el esternón
hace su banco
y se sienta
y ladra en mí cuando ella quiere
luego emplea un tambor en mi ropero
dispara su flecha y me despeina
ensaya un golpe de puño
me clausura con su llave la sonrisa
entonces mi corazón baja al subsuelo
le quita los zapatos a la vida
la pinta de vergüenza
le ensucia la pared que mira al hombre
y me enseña a darle al tiempo el código del vino
todo fue pareciéndose a la muerte
a la rueda del viento
y su cadena
yo no encontraba la exacta golondrina
la cuerda para ahorcarla a mi ventana
hasta que un día
cansado de hablarle a mis bolsillos
de llenarlos de plaza y de poemas
me puse un cascabel en cada brazo
un armonio sonador
juglar en fiesta
y salí a cantar
a enredar besos de muchachas y polleras
ella estaba durmiendo en mi garganta
y la maté con un golpe de alegría
abrí de par en par todas las puertas
me eché a volar por las barandas
puse mi boca en la herida del mundo
di vuelta mi cuerpo como un guante
fui poeta
y el corazón se vistió otra vez con mi camisa
y nunca dije nada de su caja
su horóscopo
su hoguera
pero si dios se acerca cuando estoy triste
lo amargo para el resto de su vida
En
cuaderno “Cinco poetas” (además de Santoro, los poetas Martín Campos, Carlos María Ibañez, Marcos
Silber, Rafael Alberto Vásquez), Barrilete, Colección “Los poetas” 1, circa
1965.
Roberto
Jorge Santoro nació en Buenos Aires el 17 de abril de 1939. En carta a su
amigo José Antonio Cedrón, fechada un 10 de mayo de 1977, escribió: “El ruido
de las sirenas lo tenemos de música de fondo. Dale que dale, como un organito
represor y desesperado. Oh el mundo occidental y cristiano. Un día florecerá la
vida y el sol tendrá el color que se merece.” Fue secuestrado por la dictadura
militar el 1 de junio de 1977, sigue desaparecido. Foto: Placa en Plazoleta Jorge
Roberto Santoro, Avenida Forest y Teodoro García, Chacarita.
Si
estos pensamientos te interesan aunque sólo sea por un momento
estás
perdido
De:
“New Poems” (aparecidos en el libro “Select Poems 1956 – 1968)”. En: “Alberto
Manzano: Leonard Cohen. Canciones y nuevos poemas, Vol. 1”, Edicomunicación,
España, 1986. Traducción: Alberto Manzano y Robert Long. Foto: Charles Everest.
LC en Isla de Wight, 1970.
Este balcón da al jardín. Mi escritorio se
encuentra colocado frente al balcón. De modo que puedo apreciar los canteros
del jardín. Puedo ver las rosas, la fuente y, al anochecer, a una señora
vestida de verde que se oculta tras los árboles del fondo. El jardín tiene
senderos y hay una carretilla abandonada en un rincón. A la mañana abro de par
en par el balcón y dejo que vuelen mis papeles. Este mismo en el que acabo de
escribir. Porque lo importante, lo verdaderamente importante, no son los
papeles ni mis justificaciones. Lo importante es el balcón, es el jardín y a
veces la señora.
TRANSPARENCIA
Detrás de un gran ventanal de vidrio, una
linda muchacha rubia, tullida, está sentada, tomando sol, sobre una silla de
ruedas. Yo me detengo ante ella unos instantes, sin advertirla, para verificar
si llevo unos papeles en mi pequeña cartera. Sí, los levo. Entonces alzo la
vista y veo a la muchacha. Ella me sonríe. Yo le sonrío y me alejo caminando de
prisa. Después, una señora que viene del mercado con una bolsa llena de
verduras se detiene también sin reparar en ella, para reacomodar sus cosas,
hasta que ve a la muchacha y ambas sonríen. La señora se va y la muchacha se vuelve
a quedar sola, sonriente. Has bastado esto para que en un momento fugaz, pleno,
yo advirtiera que este mundo y el otro son uno solo, un solo misterio, un solo
instante.
EPÍLOGO
UN HOMBRE
TREPA POR LAS PAREDES Y SUBE AL CIELO
Colgado
de una soga
el hombre que escala las paredes
tiene fuertes zapatones con clavos
Escala las paredes
porque ha olvidado las llaves de su casa
y mientras escala las paredes
hasta llegar al piso trece
se detiene algunos momentos
en los balcones de cada piso
donde aspira el olor de los geranios
las madreselvas
las hortensias
y los malvones
Hay sol
gallardetes
vendedores ambulantes
y más allá está el río
y más allá los puentes
por donde se va a la pampa
Abajo están los niños
que salen de las escuelas
y por el cielo pasan aviones y pájaros
y sombreros de anchas alas
que el viento arrancó a los desprevenidos
La soga ha sido atada a la viga
que sobresale en la azotea
Un hombre la ciñó a su cintura
y asciende tomándose de la soga
con sus manos enguantadas
Usa un chaleco floreado y una gorra a cuadros
Debe llegar al piso trece
donde tiene que regar unos claveles
pisar maíz
escribir unas cartas
y preparar una cazuela
Sube lentamente
y en cada piso se detiene un rato para descansar
Entra en el balcón de cada piso
y se sienta en un sillón
o se extiende sobre una reposera
y conversa con la vecina o los vecinos
y acepta un café o un mate
o deja caer un chorro de una bota de vino
en su garganta
o juega a las cartas
o escucha confidencias y da consejos
y cuenta algún episodio de su vida
hasta que saluda y se va
y sigue trepando por las paredes
colgado de una soga
Es el hombre que tiene fuertes zapatones con clavos
y un chaleco floreado y una gorra a cuadros
que olvidó las llaves de su casa
y aspira el olor de los geranios
y debe llegar al piso trece
antes de que aparezcan los buhos
y se iluminen las ventanas
Están los pájaros y el río allá lejos
y el césped del parque
y los caballos que galopan por la llanura
y esta silla desvencijada
y la bañera
fuera de uso
llena de tierra y de flores
y el mar y el navío que se acerca
y la lagartija que se escurre entre las rocas
y el vendedor de diarios que desde abajo
le grita consejos y advertencias
mientras el hombre vuela
asciende
conquista cada piso con esfuerzo
y mira siempre hacia arriba
la tierra está lejos
el cielo está lejos
El hombre que trepa por las paredes
colgado de una soga
cuando entra en una casa por el balcón
es bien recibido por los vecinos
y él trata de ser útil
pero en uno de los pisos
una mujer inesperada
que es una sola
y al mismo tiempo
todas las mujeres de su vida
le pide que la lleve con él
Entonces ella se ata también con la soga
y sube con el hombre
más allá del piso trece
hacia las nubes
el aire libre
el cielo
el viento
entre los geranios
las sombrillas
las reposeras
sobre puentes y puestos de diarios
y mástiles
y enredaderas
y algunas gotas
y semillas
y sueños
con su gorra a cuadros
con su chaleco floreado
con su enamorada de siempre
En:
“Vida y memoria del Doctor Pi y otras historias”, Ediciones Último Reino, 1983.
Edgar
Bayley (Buenos Aires, 1919- 1990). Imagen:
detalle tapa del libro.
Pero estoy
tan vivo como mi amor y mi desesperación.
LA COSTUMBRE
Todas mis
amiguitas son jorobadas:
Aman a
su madre.
Todos mis
animales son obligatorios,
Tienen
patas de mueble
Y manos
de ventana.
El viento
se deforma,
Necesita
un traje a medida,
Desmedido.
Es por
todo esto
Que digo
la verdad sin decirla.
EL MÁS JOVEN
En el
techo de la libélula
Un niño
loco se ha colgado.
Mira la
hierba fijamente,
Confiado
alza los ojos:
La niebla
ligera se lame como un gato
Que se
despoja de sus sueños.
El niño
sabe que el mundo empieza apenas:
Todo es
transparente,
La luna
está al centro de la tierra
La vegetación
cubre el cielo
Y en
los ojos del niño,
En sus
ojos oscuros y hondos
Como las
noches blancas
Nace la
luz.
De:
“Morir de no morir” (1924. Desnudez de la verdad y La costumbre) y “Capital del
dolor” (1926. El más joven). En: “Paul Éluard. Obras escogidas. Tomo 1 (1913-1934)”.
Selección, traducción y prólogo de Marcelo Ravoni. Editorial Platina, 1962.
Paul
Éluard (Francia, 14 de diciembre de 1895 – 18 de noviembre de 1952), pseudónimo
de Eugène Grindel.
Willie…
trata de mantenerte niña por un algún tiempo
mientras
sientas que aún puedes aprender
los
bebés se vuelven mayores
y los
mayores se comportan de manera extraña:
cambian,
y al cambiar, provocan dolor.
Trata
de tratar bien a tus padres, pues a ellos les importa…
¿Qué más
puedes hacer?
Cuando
encuentres a tus amantes, sé buena con ellos
tanto
como esperes que lo sean contigo
sé
honesta
sé
sincera.
Willie…
tú eres el futuro
nuestras
vidas, en última instancia están en tus manos.
La vida
es dura hoy día… y se está volviendo más dura todavía
y la
esperanza es tan solo una playa solitaria
nosotros
la estamos atravesando y esperamos que comprendas.
Sabemos
que lo hacemos mal, no somos tan fuertes,
ni tan
seguros
tanteando
el camino en nuestra ceguera, puede
que
parezcamos grandes ahora
pero
realmente somos tan pequeños
y
estamos solos
buscando
un hogar en la noche.
Mientras
tanto tú eres una niña todavía
pronto
serás una mujer, y entonces sentirás
la
quemadura
los
mayores se vuelven niños
niños
rencorosos, y son tan crueles…
crueles
tontos; sigue tan solo tus propias reglas.
No
pienses que soy tonto, Willie,
si
digo que espero que haya esperanza para ti.
Del LP de Peter Hammill : “The Silent Corner and the
Empty Stage”, 1974.
En
suplemento Mordisco, vocero mensual del rock, noviembre de 1977, año 1, número
6, segunda etapa. Sin referencia de traductor (posiblemente de Fernando Basabru
y Alfredo Rosso, autores de la nota central).
Y entonces
los ángeles se olvidan de rezar por nosotros
Hasta
luego, Marianne
Es hora
de que empecemos
A reír
y a llorar, a llorar y a reírnos
Otra vez
de todo esto
Nos conocimos
cuando éramos jóvenes
En un
verde parque de lilas
Tú te
agarraste a mí como si fuera un crucifijo
Mientras
arrodillados atravesábamos la oscuridad
Hasta
luego, Marianne
Es hora
de que empecemos
A reír
y a llorar, a llorar y a reírnos
Otra vez
de todo esto
Pero ahora
necesito tu amor oculto
Estoy frío
como una hoja de afeitar nueva
Te fuiste
cuando te dije que me sentía curioso
Nunca te
dije que fuera valiente
Hasta
luego, Marianne
Es hora
de que empecemos
A reír
y a llorar, a llorar y a reírnos
Otra vez
de todo esto
Oh,
realmente eres perfecta
Veo que
te has ido y cambiado tu nombre otra vez
Mientras
yo subía por la ladera de esta montaña
Para lavar
mis párpados en la lluvia
Hasta
luego, Marianne
Es hora
de que empecemos
A reír
y a llorar, a llorar y a reírnos
Otra vez
de todo esto
Si dejas
el lugar donde nos acostamos, te guardaré aquí
En mi
corazón, como algunos hombres dicen
Y yo
que nací para amar a todo el mundo
¿Por
qué debo guardarte tan lejos? (1)
Hasta
luego, Marianne
Es hora
de que empecemos
A reír
y a llorar, a llorar y a reírnos
Otra vez
de todo esto
Oh,
tus ojos, olvidaba tus ojos
Tu cuerpo
conoce todos los mares
¿Cómo
pudiste revelar a todos
Lo que
dijiste que era un secreto para mí? (2)
Hasta
luego, Marianne
Es hora
de que empecemos
A reír
y a llorar, a llorar y a reírnos
Otra vez
de todo esto
1 y 2.
Estrofas no incluidas en la grabación del long play “Songs of Leonard Cohen”
(1967). En: “Leonard Cohen. Canciones y nuevos poemas. Vol. 1”, de Alberto
Manzano (textos y versiones), Edicomunicación, España, 1986. Foto. Marianne y
Leonard, 1960, en isla griega Hydra.
*
El
director noruego Jan Christian Mollestad informó a Leonard Cohen sobre la
muerte de Marianne Jensen (luego Marianne Ihlen) con esta carta:
"Estimado Leonard
Marianne cayó en un sueño muy
lentamente que la sacó de esta vida ayer por la noche. En total tranquilidad,
rodeada por amigos cercanos.
Tu carta llegó cuando todavía podía
hablar y reír con completa conciencia. Cuando la leímos en voz alta, sonrío de
la manera como sólo Marianne puede hacerlo. Elevó su mano, cuando mencionaste
que estabas justo detrás de ella, tan cerca como para alcanzarla.
Le causó una tranquilidad profunda
saber que conocías su estado. Y tu bendición para su viaje le dio una fortaleza
extra. Jan y sus amigos, que vieron lo que este mensaje significó para ella, te
agradecerán profundamente por responder tan rápidamente y con tanto amor y
compasión.
Durante su última hora, tomé su mano y
tarareé Bird on a Wire, mientras
ella respiraba tan ligeramente. Y cuando abandonamos la habitación, después de
que su alma hubiese volado por la ventana en busca de nuevas aventuras, besamos
su rostro y susurramos tus eternas palabras
So
long, Marianne."
Leonard Cohen respondió de
inmediato y, según Mollestad, esta es la esencia de su mensaje:
“Bien, Marianne, hemos llegado a este
tiempo en que somos tan viejos que nuestros cuerpos se caen a pedazos; pienso
que te seguiré muy pronto. Que sepas que estoy tan cerca de ti que, si
extiendes tu mano, creo que podrás tocar la mía. Ya sabes que siempre te he
amado por tu belleza y tu sabiduría pero no necesito extenderme sobre eso ya
que tú lo sabes todo. Solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga.
Todo el amor, te veré por el camino.”
Según
Mollestad, Marianne estaba consciente cuando él leyó la carta, y extendió la
mano. En los últimos momentos, el cineasta tarareó Bird on the wire y se despidió con un “so long, Marianne.”
¡Hunde la espada en tu vientre!
y deja que la sangre brote
sublevada
como el primer semen
frente a la hermosa imagen
del mártir cristiano.
Creo saber lo que querías:
La grandeza del hombre,
dibujada, irrenunciable,
en los hombros del atleta que amaste
a la distancia;
La vida
hecha un aterrador punto brillante,
colgando del hilo transparente de la desesperación
de Yasue,
sus sobrinos tragados por el mar
frente a sus ojos
de vigía impotente;
El amor indomable
que te mate siete veces:
devorado,
atravesado por espadas,
ahogado en sus aguas turbulentas,
abrasado por su fuego incontrolable,
borracho de veneno, mordido por serpientes,
aplastado en una lluvia torrencial
de piedras, hasta darte la inmortalidad
que desdeñabas; y
La muerte, al fin,
como el orgasmo verdadero
de la liberación.
Ningún otro beso podría haber
saciado
tu casta boca,
hambrienta del sabor olvidado
de la carne humana.
¿Qué hiciste,
griego loco,
encarnando en samurai?
LLAMADO CON FONDO DE LEONARD
COHEN
Si te quisiera bien
no me
habría rehusado
a
amarte
(¿o
tal vez fue por lo tanto
que te
quise?).
Si me quisieras bien
no me
habría despertado el teléfono
cuando
ya casi eran las cinco
para
decirme que te vas.
Si nos hubiéramos querido bien
no nos
habríamos tenido
el uno
al otro
jugando
a la ruleta rusa
con
los pétalos de una mustia margarita
tanto
tiempo.
Te vas muy lejos.
¡No me lleves en tu alforja!
¡Por Dios,
no me lleves!
EL MUNDO…
El mundo es un lugar
Yo soy
un alma.
El mundo
es un alma
Yo soy
un lugar
donde
Ella se manifiesta.
CUATRO JAZMINES
Corto cuatro jazmines
de la planta que me regaló
mi amigo.
Lleno de agua clara
una vasija de barro que,
muerta de sueño,
sorprendí en la alacena.
Me quedo viendo, encadenado a la
fragancia,
la inconcebible explosión
del blanco sobre el verde
flotando, abandonada,
por el diminuto mar
de exacta calma.
Pero no,
al fin descubro un tenue latido
en el velo transparente.
Mis brazos, apoyados en la mesa
en la que escribo,
le transmiten el ritmo
de mi sangre.
Y así entiendo:
Yo también soy
recipiente
de barro
lleno de agua
destinada a secarse
alguna vez