miércoles, 15 de julio de 2009

Humberto Costantini: Porteño y de Estudiantes


PORTEÑO Y DE ESTUDIANTES


Uno vivió humillado y ofendido,
se sintió negro, paria,
risible minoría,
adventista, croata,
o bicho raro.

Uno aguantó silencios,
miradas bocayunior,
sonrisas riverplei
y condolencias.

Uno sufrió, mintió,
dijo no es nada,
se congeló el amor en un descenso,
honestamente quiso sacudir su carga.

Uno debió explicar con voz de tío
que había una vez un Lauri,
y había un Guaita,
y había una delantera,
y había un sueño dragón y una princesa,
y había un rey Estudiantes de La Plata.

Uno dejó colgada durante veinte años
la foto de Zozaya,
porque sí, porque bueno, por costumbre,
porque le daba no sé qué sacarla.
Y un día la sacó
como se sacan
los relojes viejos,
el diploma de sexto,
o las nostalgias
(estaba desteñida y amarilla,
y en la pared quedó como una marca
o un fantasma).

Uno se fue,
se rechifló del fútbol,
por despecho
se volvió criticón y sociológico;
se dedicó al latín, al mus, a la política,
al ajedrez, al sánscrito, a la siesta,
a la literatura, o a Beethoven,
o simplemente a nada.

Y se indignó
y habló del opio de los pueblos,
y la revolución
que se vacía en el vicio de las canchas.

Y aguantó como un hombre,
y vio a su hijo colgar la foto de Rattín
(justo en aquella marca)
y lo vio bostezar
de tanto cuento viejo y tanto Lauri,
tanta caperucita y príncipe encantado
y tanto rey Estudiantes de La Plata.

Uno vivió humillado y ofendido,
se sintió negro, paria,
risible minoría,
adventista o croata.
Entonces,
¿se dan cuenta
por qué ando así,
bastante bien últimamente
con sonrisa de obispo
y con dos alas?


Este poema fue escrito, obviamente, cuando Estudiantes ganó el campeonato mundial.
Con un poco de buena voluntad, las palabras finales todavía podrían ser validas cuando ganamos un partido. O empatamos con honra por lo menos. O cuando perdemos pero nos corresponde el triunfo moral, en fin
. H.C.
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En: Cuestiones con la vida, Editorial Galerna, 1986 (primera edición en 1970, aunque no estaba incluido este poema).
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Humberto Costantini (1924-1987).
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Susana Siveau: La casa y otros poemas



CASA DE FUEGO


Un lugar.
Una casa de fuego
junto al agua.
Un tejido de pájaros
y lágrimas.

Todo arde.
Cada cosa que toco
te recuerda
con mi propia memoria
y se incendia la noche
hasta el alba.

Paredes, ventanas, techo,
labios, caricias, nombres.
Eso que fue
durante tanto tiempo
un refugio
arde.

Ardo también
me purifico.


LA CASA


En el espesor de la noche
la casa.

Las figuras
van y vienen
en un roce de aire

algo cae
pasa un auto
un perro ladra
gritan

un cuerpo
se acomoda en la luz
flota
recorre habitaciones
se asoma al patio.

Inercia de los muros
restos dormidos de una charla
un juego
en el ahora oscuro recinto.

Como un vaso
lleno de día
yazgo en el fondo
de mi pensamiento.
Me bebo gota a gota

para saciar un vacío
para cruzar a la otra orilla
de la noche.


APARIENCIAS


De palabras
también están hechos los silencios
palabras que nos ahogan
atrapadas en la garganta
en el corazón
como cosas que se chocan entre si
y no piden permiso
que se buscan y preguntan
y no encuentran respuesta


Susana Siveau nació en La Plata en 1961. Publicó poemas en “Hojas de Sudestada”, “Cuaderno Compartido de Sudestada” y “Poesía Argentina de fin de Siglo” de Editorial Vinciguerrra. En el año 2002 edita el libro de poemas “Noche estrellada”.
Foto: Azul y Negro.
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lunes, 13 de julio de 2009

Luis Alberto Spinetta: Los libros de la buena memoria


LOS LIBROS DE LA BUENA MEMORIA


El vino entibia sueños al jadear
desde su boca de verdeado dulzor
y entre los libros de la buena memoria
se queda oyendo como un ciego frente al mar.

Mi voz le llegará
mi boca también
tal vez le confiaré
que eras el vestigio del futuro.

Rojas y verdes luces del amor
prestidigitan bajo un halo de rush
¿qué sombra extraña te ocultó de mi guiño?
¿qué?, ¿nunca oíste la hojarasca crepitar?

Pues yo te escribiré
yo te haré llorar
mi boca besará
toda la ternura de tu acuario.

Mas si la luna enrojeciera en sed
o las impalas recorrieran tu estante
¿no volverías a triunfar en tu alma?,
yo sé que harías largos viajes por llegar.

Parado estoy aquí
esperándote
todo se oscureció
ya no se si el mar descansará...

Habrá crecido un tallo en el nogal
la luz habrá tiznado gente sin fe
esta botella se ha vaciado tan bien
que ni los sueños se cobijan del rumor.

Licor no vuelvas ya
deja de reír
no es necesario más
ya se ven los tigres en la lluvia.




Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950)
De El jardín de los presentes, Invisible, 1976 

sábado, 11 de julio de 2009

César Fernández Moreno: Las palabras


LAS PALABRAS


tienen cuerpo las palabras tocan y son tocadas
son caramelos se las puede lamer chupar mamar
hierven como peces en un estanque tropical
tienen tantas formas como las valvas según las rocas a que se adhieran
pero importa mucho más lo que contiene su nacarado seno
la vida deliciosa frágil del ser que las habita
son transparentes para que resplandezca su contenido
son crisálidas clavos ardiendo
granadas que revientan en la mano si no se arrojan a tiempo
sólo viven para morir
son pilotos suicidas
perecen al tocar su objetivo

la poesía es uno de esos objetivos
uno de los nombres del hombre
su respuesta al canto del gallo
toda expresión equívoca que aclara las cosas
la parte en blanco de los formularios
el himno de libertad de un libre o de un esclavo
un balbuceo muy bien impostado
un abuso del lenguaje
cualquier cosa natural para decir después de hacer el amor
un lenguaje todo el tiempo tan intenso como una despedida
el halo que circunda ese lenguaje
cuando se llega al borde sólo hay un modo de hablar
la metáfora decir que una cosa es otra
en el límite todas las cosas son otras
todo es todo la verdad radica en soplos
la poesía la dice no hay otra ciencia exacta
la dice en cierto modo en cierto estilo con ciertas palabras
confunde esas palabras las calienta para impedir que la vida se entumezca en ellas
hace convergir la vida en las palabras
bosques vecinos uniendo sus incendios
el poeta nace se hace se deshace
se rehace renace
es el inspector más general
un contemplativo sin contemplaciones
todas las cosas le interesan por igual pero a algunas les presta demasiada atención
a otras demasiado poca
es un científico cuya mente funciona sin datos
es un deslenguado
es una cruza de perro y dactilógrafo
para ser poeta basta con saber oler y escribir
su conducta nunca es absurda
nunca sabe en qué recodo encontrará las palabras
siempre está naufragando en la libertad
atravesando de piedra en palabra el río del tiempo
todo el tiempo siente cómo pasa el tiempo
cambia gente por soledad a través de angustia
las estrellas volatilizan a esa gente
pero ese hombre tiene que contarle cómo son esas estrellas
está prisionero en una fortaleza no puede comunicarse sino parabólicamente
por medio de obuses palomas mensajeras silbatos supersónicos
es decir palabras
montado en ellas vuelve de su soledad a la gente
ustedes qué harían si vieran descender un plato volador
correrían a contárselo a todos
cualquier cosa que ve el poeta le parece un plato volador
todas lo son
ustedes escuchen o no pero él debe hablar
no le importa que a ustedes no les importe

mentiras le importa mucho y a ustedes también debería importarles
no piensen en él como poeta sino como hombre
de un tajo él se da cuenta cómo es alguna cosa
relaciones estrechísimas entre cosas al parecer remotísimas
él pone poética la realidad
la pone como es
o tal vez al contrario la realidad es la que se pone poética
las cosas se enternecen se desequilibran trascienden peligrosamente sus límites
otra vez un bosque pero de otoño con todos sus árboles vibrantes de balsámicas hojas
un movimiento se inicia alrededor del poeta lo arrastra a girar
para no caer debe aferrarse a las palabras
para flotar en ese vacío hace falta una balsa o un puente colgante de palabras
o escala de seda o palabras por donde tal vez subir
la situación exige no perecer asumir una forma estable
no tiene otra salida que las palabras así como el atardecer no tiene otra que las campanas
el poeta está obligado a descubrir y pronunciar esas palabras
una fisura se oscurece en la pulimentada superficie del mundo
donde él introduce la arista más delgada de su cuña verbal
a medida que los hechos pasan a palabras se va apaciguando el vórtice de realidad
enardeciéndose el de palabras
hasta que el poeta entrega su confesión por escrito

la poesía es el arte de no escribir*
dígalo con palabras como si no lo dijera con palabras
cualquier cosa puede concentrarse en una palabra o extenderse en mil
hay que encontrar la cantidad exacta que resulte poética
cada palabra tiene mil sentidos
dos juntas multiplican un millón
con el correr del tiempo las precisiones se van desgastando como templos abandonados en la selva
el poeta quiso fabricar una llave pero le salió una ganzúa
ya no sabe qué puertas abrirá pero las abrirá
admiremos al noble ladrón que sólo roba puertas cerradas
ha aceptado ser un sicario pero de la poesía
ha decidido gastar su tiempo en eso
está dispuesto a consumir un año en una e
a escribir con su sangre letreros luminosos
a escribir con bordes de monedas con lapiceras explosivas
con guantes con la zurda
aunque los dedos se le agarroten o se le derritan
a la madrugada levantándose o acostándose
con el deseo con el hartazgo
él estaba escribiendo
se quedó ciego y siguió escribiendo

el poema es el arma perfecta
complejo aceitado compacto
todo poeta vive como un pistolero
con el corazón en la boca
las palabras le ordenan el mundo pero le desordenan la vida
él no compra un espejo para adornar el dormitorio de su amante
compra la palabra espejo para adornar el verso donde su amante lo abandona
y se queda solo frente a ese espejo
las balas rebotan en la blindada imagen
el arma funciona contra su portador pero él no quiere soltarla
se agarra del mundo por donde puede
su hacer es lo único que puede oponer al tiempo

el tiempo procura absorberme
integrarme a sí desintegrarme a mí
imposible evitar la lucha entre él y yo
yo lo voy a llenar de mí mismo de cosas en que me transformo
escribir como amar son órganos por donde me vuelco
me lanzo a ser en el tiempo bajo una forma nueva
hasta que me vacíe del todo ya lo sé
pero el tiempo no puede quedar así
hay que ponerlo overo de palabras


* Esta definición sólo es válida para poetas.

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En: “Argentino hasta la muerte” (primera edición 1963, corregida en ediciones sucesivas), CEAL, 1982.
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César Fernández Moreno (Buenos Aires, 1919 – París, 1985).
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miércoles, 8 de julio de 2009

Gianni Siccardi: Mi vida, su sueño y otros poemas



Mi vida, su sueño


Ella es hermosa todo el tiempo
su cabeza es hermosa en las cuatro estaciones
amo la ciudad donde duerme
la ciudad que despierta en su sueño.

En su sueño hay un hombre
que le entrega un mensaje
siempre el mismo hombre
siempre el mismo mensaje
un mensaje
que ella nunca ha podido leer.

Ella nunca muere
ella nunca mata
ella es feliz
es hermosa en el sueño
pero esas palabras que aún no conoce
son las únicas que desea leer.
Y las únicas que deseo escribir.



Sobrevivientes


Aquella nube que al partir
midió el naufragio de tu cuerpo y el mío
¿habrá alcanzado la hebra celeste del verano?



De estas duras veredas


De estas duras veredas alcanzaremos
aquel paso burlón
tu risa entre los árboles.

En el calendario de tu imaginación
dos cigarrillos se encienden
y se apagan.



Los cuatro elementos


La tierra para multiplicar sus costumbres
El aire para evaporar sus sueños
El agua para derramar sus penas
El fuego para tatuar su destino



Próximos

Nuestros ojos están tan próximos
que se miran así mismos

Nuestras sombras están tan próximas
que no se oye el ruido de sus pasos

Nuestros sueños están tan próximos
que sellan los labios de la noche

Nuestros pensamientos están tan próximos
que el fin del mundo
pasa junto a nosotros sin tocarnos



El amor no es casi nada


De sus ojos partía un hilo
que terminaba en mis ojos.

De modo que nuestras miradas
recorrían simultáneamente
el pasado, el presente y el porvenir.

El amor no es más que una pequeña cosa:
el tiempo
un hilo
una mirada.



De: Ella y otros poemas, Último Reino, 1999.
Gianni Siccardi nació en Banfield (Provincia de Buenos Aires) en 1933. Murió en 2002. Entre otros libros de poemas publicó: “Poesía Junta”, 1960; “Travesía”, 1967; “Ella”, 1989; “Fragmentos”, 1995; “Mirlo”, 2004.
Foto: Daniel Grad (La Maga / 2001)

domingo, 5 de julio de 2009

Jorge Isaías: Un pez brillante en la tarde fría y otros poemas


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III


A río revuelto
no hay ganancia
tampoco pescadores.
A río revuelto
sólo
la gaviota pesca
un pez brillante
en la tarde fría.


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VII


Hace rato
que no miro
cómo una flor
tiembla
con sus pétalos bajo la brisa
de abril.
No sé cómo
pasó tanto tiempo
sin que sintiera en la piel
ese sol agónico
perdiéndose
detrás de aquellas
casuarinas oscuras.


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XXVI


Estaba aquella luna
que ensangrentó
la tormenta
como un ojo
en la noche
donde yo era
el último naufrago
el último hombre
un solitario
que sobrevive
a las catástrofes.


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XXXIII


No doy
ni pido
ni exigiré
nada a nadie
salvo
aquella moneda
dorada
que se tragó un día
todo el barro
de mi infancia.


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XLIV


Con esa lluvia
no hay pájaros
ni abejas ni siquiera
aquella mariposa
que imitaban las naranjas.


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XLVI


La puerta se abrió
y entró un pájaro
que aleteó un momento
hasta que pudo al fin
orientarse
y salir por esa ventana
antes que entrara
el sol
antes que tus ojos
llegaran
para adueñarse de todo.


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Selección de poemas de “El vuelo de la abeja”, Editorial Ciudad Gótica, 2008.
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Foto: Archivo de la talita dorada.
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Jorge Isaías nació en Los Quirquinchos, Santa Fe, en 1946. Desde 1964 reside en Rosario. En 1971 fundó la revista “La Cachimba” que muy pronto también se convirtió en editorial. Publicó 30 libros entre poesía y prosa de los cuales destaca: Oficios de Abdul (dos ediciones); Crónica Gringa (cinco ediciones); Poemas de amor (tres ediciones); y en prosa El país de la infancia; La mano sobre el recuerdo; Como un caballo salido del mar y Futboleras. También seleccionó y editó: Antología de los mejores cuentos del Litoral; Papeles inéditos de José Pedroni y Palabras a mi padre y a su digna herramienta.
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sábado, 4 de julio de 2009

Javier Villafañe: Diálogo y otros textos


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LOS AMANTES


Se abrazaban desnudos
Ella voló con los cabellos con las medias con las bombachas con las
ligas con un corsé con un marido con un pastel quemándose en el horno
con una hija viuda
Él voló con un portafolio con los lentes con un sombrero con un diploma con un chaleco con una esposa con tres hijos y un nieto
Volaban
Se hacían adiós desde el aire
donde estaban desnudos abrazados
En la puerta del hotel tomaron un taxi


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JUDAS


-¿Qué estás haciendo hombre?
-Anudo una soga para ahorcarme
y mientras tanto miro
tanta paz en el lomo de los perros
tanta rama subiendo por los árboles
tanto cielo
tanta aguja con hilo
tanto pan pesado en la balanza
tanta harina perdida por el suelo.


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DIÁLOGO


Estaban en un caño. Hablaban.
-¿Y si tuviéramos un perro?
-¿Para qué?
-No sé. Para tener un perro.
-Yo tuve muchos perros.
-Yo también tuve muchos perros. ¿Y si tuviéramos un gato?
-¿Para qué?
-No sé. Para tener un gato.
-Yo tuve muchos gatos.
-Yo también tuve muchos gatos. ¿Y si tuviéramos un pájaro en una jaula?
-¿Para qué?
-Para tener un pájaro. Alguien que esté con nosotros.
-¿Para qué?
-No sé. Para tener algo.


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EL QUE EMPEZÓ POR COMERSE LAS UÑAS


Empezó por comerse las uñas
después se comió las manos
el codo
el hombro
la espalda
el vientre
las rodillas
los pies
Se quiso ir
y se buscaba en la silla
debajo de la mesa
en el ropero
detrás de la puerta
en la sombra de la pared
en la calle
y no estaba


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En: “El gran paraguas”, Ediciones La Rosa Blindada, 1965.
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Javier Villafañe, Buenos Aires, 1909 – 1996.
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viernes, 3 de julio de 2009

Héctor Berenguer: El grillo en la cocina y otros poemas


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INVIERNO


Cada día
una palabra en el gran silencio.
Ninguna luz
arde fuera de su lámpara.
Viejos caminos
se funden en la nieve.
En la ventana
enorme nube carmesí.

(De: “Marcas de agua”, Rosario, Ediciones La Cachimba, 2001)


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CANCIÓN ANTIGUA DEL YANG-TZÉ


Seda amarilla la espuma
quiebra los cabellos de los esbeltos juncos
reflejos de laca azul enloquecen el agua
cada mil lunas desborda el Yang-Tzé.
China es efímera, el Yang-Tzé eterno.
Grandes virtudes transforman la tierra
pequeños diques,
estrechos canales entre los arrozales,
hacen del pequeño hombre un héroe innoble.
Todo lo arrasa el Yang-Tzé
a sordos golpes de tambor aguas hambrientas
flautas agudas entre las rompientes,
China es efímera el Yang-Tzé es eterno
grandes oriflamas de letras al viento
rogativas y apelaciones.
Ten bondad dios de las aguas
nunca traspases nuestro umbral
los niños se revuelcan en el lodo
con cerdos blancos
y patos azules.
En la vieja pagoda
Buda sonríe
impasible ante el Yang-Tzé,
palabras dijo que ya nadie entiende.
Todo se confunde,
la vida tiene hambre de la vida.
El bien supremo es el no-ser,
el gran olvido.
Efímera China, Yang-Tzé eterno.

(De: “Marcas de agua”, Rosario, Ediciones La Cachimba, 2001)


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EL GRILLO EN LA COCINA


El que se sumerge en sombras
hace su propio canto.
Arenita roja en el ojo de dios
o lo que él quiere que sea dios.
La felicidad no es hija del cielo
ni de la tierra
sino del hombre, dice su canto.
Afuera está el mundo
y la fiesta de los otros.
Yo que vengo de todo mal
digo esto:
canto antes que amanezca,
la vida obliga a romper el discurso
y a vender por nada
las reliquias,
porque ya nada sé
y si alguna vez supe algo
lo he olvidado todo.

(De: “Entre la nada y el asombro”, Santa Fe, Editorial Linguafranca, 2007)


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MAÑANA DE OCTUBRE


¿Quién levantó mi cuerpo
esta mañana?

Lo sostuvo de la nada
contra la gravedad
como se yergue un árbol
de la tierra.

Alguien sin nombre
anduvo por allí,
por estas calles
tocando el cielo con mis manos,

abrió el abismo
como una puerta compartida,
entonces supe
que estuve cerca
de haberme conocido.

(De: “Entre la nada y el asombro”, Santa Fe, Editorial Linguafranca, 2007)


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Héctor Berenguer nació en Rosario, Argentina, en 1948. Durante la década del 60 incursionó en distintas revistas y publicaciones: “Grupo Literario 5”, “Runa”, entre otras. En los años 70, durante la dictadura, compartió una experiencia de vida comunitaria rural dedicado al estudio y al trabajo. Ha colaborado con periódicos y revistas especializados, de los cuales han sido recopilados textos de investigación sobre poesía china con el nombre “Tinta China” y “El poeta sofista” (consideraciones sobre la poesía). De su producción reciente en antologías: “Café con letras” (Editorial Municipal de Rosario), “Poetas de Rosario: desde la otra orilla” (Ayuntamiento de Granada, Editorial Granada literaria, 2004), entre otras. Como gestor cultural ha desarrollado una amplia tarea entre las cuales cabe destacar: “Hermanamiento poético Granada-Rosario” (con el poeta granadino Pedro Enríquez, coordina el ciclo “Poesía en el Círculo” en el Teatro El Círculo de la ciudad de Rosario desde hace doce años y de la denominada “Semana de las Letras y la Lectura (encuentro internacional y nacional de poesía)".
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Foto: Héctor Berenguer.
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Selección de textos: Gustavo Caso Rosendi.
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domingo, 28 de junio de 2009

Paul Éluard: El rostro de la paz (1951)


I
Conozco todos los sitios donde habita la paloma
Y el más natural de todos es la cabeza del hombre.

II
El amor de la justicia y de la libertad
Ha producido un fruto maravilloso
Un fruto que no se echa a perder
Tiene el sabor de la felicidad.

III
Que la tierra produzca que la tierra florezca
Que la sangre y la carne vivas
Nunca sean sacrificadas.

IV
Que el rostro humano conozca
La utilidad de la belleza
Bajo el ala de la reflexión.

V
Para todos pan para todos rosas
Todos hemos prestado juramento
Y marchamos con paso de gigante
No es tan largo el camino que nos lleva.

VI
Dejaremos el reposo dejaremos el sueño
Atraparemos albas primaveras
Prepararemos días y estaciones
A la medida de nuestros sueños.

VII
La blanca iluminación
De creer todo el bien posible.

VIII
El hombre en busca de la paz se corona de esperanza.

IX
El hombre en busca de la paz siempre tiene una sonrisa
Después de todos los combates para aquel que se la pide.

X
Fuego fértil de semillas de manos y palabras
Fuego de fiesta se enciende y abriga los corazones.

XI
Vencer se apoya en la fraternidad.

XII
Crecer es sin límites.

XIII
Todos serán vencedores.

XIV
La cordura cuelga del cielo raso.
Y su mirada cae de frente como una lámpara de cristal.

XV
Lentamente la luz desciende hacia la tierra
De la frente más vieja pasa a la sonrisa
De los niños libres ya del miedo a las cadenas.

XVI
Y tanto tiempo el hombre le daba miedo al hombre
Daba miedo a los pájaros que había en su cabeza.

XVII
Después de haber lavado con luz de sol su cara
El hombre tiene que vivir
Tiene que hacer vivir y se une de amor
Se une al porvenir.

XVIII
Mi dicha es nuestra dicha
Mi sol es nuestro sol
Nos repartimos la vida
El espacio y el tiempo son de todos.

XIX
El amor trabaja es infatigable.

XX
Era mil novecientos diecisiete
Y guardamos la comprensión
De nuestra liberación.

XXI
Hemos inventado al otro
Como el otro nos ha inventado
Nos necesitábamos los dos.

XXII
Como el volar de un pájaro se confía en sus alas
Sabemos dónde va nuestra mano tendida
Va hacia nuestro hermano.

XXIII
Vamos a colmar la inocencia
Con la fuerza que nos faltó
Durante tanto tiempo
Ya no estaremos nunca solos.

XXIV
Nuestras canciones llaman a la paz
Nuestras respuestas son actos por la paz.

XXV
No es el naufragio lo fatal
Es nuestro deseo y lo inevitable es la paz.

XXVI
La arquitectura de la paz
Reposa sobre el mundo entero.

XXVII
Abre tus alas rostro hermoso
Impone al mundo la cordura pues nos volvemos ya reales.

XXVIII
Nos volvemos reales juntos por el esfuerzo
Por nuestra voluntad de disolver las sombras
En el brillante curso de una nueva claridad.

XXIX
La fuerza se hará más suave cada vez
Respiraremos mejor y cantaremos más alto.



Paul Éluard (14 de diciembre de 1895 - 18 de noviembre de 1952), pseudónimo de Eugène Grindel.
Paul Éluard. Obras escogidas. Tomo 3 (1948-1952). Selección, traducción y prólogo de Marcelo Ravoni. Editorial Platina, 1962.
Litografía de Pablo Picasso de “El rostro de la paz”.

miércoles, 24 de junio de 2009

Gabriel Impaglione: « Los caballos del día... » y otros poemas inéditos


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Le basta un basta para inaugurar el día
y apenas muerde tallo reseco de quéhago
en mitad de la hora desahuciada.

La poesía como la piedra sirve para decir basta.


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Poética


Ser la fantasía del tigre
en el orillo de la lluvia
en la carrera del lápiz
viento de mar
oscuridad
sal de los sueños.


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Poética


Y entonces la mano
despalabra el follaje de la hora
con la piedra en blanco.


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Sinrazón


Rumbo a la nada
nos arrastra cada guerra,
a las más bestial razón de la mentira.
Rumbo a nada!
Que es como una muerte
que no parece, pero es muerte.
Allí arden los ojos
también si no se mira


_____

Herramienta de luz


Tres hondas rojas cicatrices
y una multitud de trazos
hendiduras
obstinadas asperezas.
Territorio de la indignación y la ternura.
Tallada madera
que proa
lecho
que alma.
Puerto multiplicado
en cinco escolleras,
que liberan
en tí
todos los navíos.


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En los ecos de las germinaciones
habita la palabra
allí se construye el vino y la madera
se reparten la fruta, los cereales
y poesía corre como viento de luz
como la savia de todos los paisajes.


_____

Los caballos del día tiran de la soga
que tensa las horas
y gira el planeta.
No hay vendaval que demore el alba
llama que lo impida
sortilegio que deshaga sus conjuros.
En su certeza transcurrimos
breves a destiempo imbéciles
condenados a nosotros mismos
a la vocación de los sueños
a la inexorable verdad de todas las eras
a pesar nuestro.


_____

Explico tu risa


Las niñas de tu risa juegan en el aire
y en la casa se abren las ventanas.
Miro la luz que nace en todas partes,
los espejos de sol que en las paredes
retratan tu río entre las piedras,
y soy feliz de las pequeñas campanas,
de cada música que inventas con el día.


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Explicación de la poética


Como las barcazas en paciente inquietud
abrazadas a los soliloquios del amarradero

así las palabras en las manos.


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Gabriel Impaglione nació en Morón, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1958. Poeta, narrador y periodista radicado en Sardegna, Italia. Traducido al portugués, italiano, inglés, sardo, catalán, rumano y francés. Dirige la revista literaria Isla Negra y coordina las ediciones en italiano y sardo que dirige su esposa, Giovanna Mulas.
Blog personal: Gabriel Impaglione.
Foto: Antología poética: 1825.
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lunes, 22 de junio de 2009

Rubén Sacchi: Fábula


Me encaminé hacia los portales del amplio mar. “¡Que se abran las aguas!” –grité-, y las aguas no se abrieron. Me acerqué hasta que mis pies palparon la humedad de la playa y me introduje, dulcemente, en el ámbito neptunesco de la inmensidad.

Como alga colgué durante años de un barco fantasma. Luego me desprendí hasta las profundidades más remotas de la historia. Y fui coral. Sin días y sin noches definidas, las caracolas me poblaron.

Pasaron milenios hasta mi reencarnación como hombre. Entonces salí a la luz en procura de vos. Te busqué. ¡Tanto tiempo sumergido para poder alcanzarte! Pero he aquí que averigüé que, justo ahora, vos eras sirena.


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“Fábula” se publicó en la plaqueta Sextavar, Nº 3, 1977.Rubén Sacchi. Escritor, director de cine y fotógrafo. Director de la revista cultural Lilith.
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domingo, 21 de junio de 2009

Néstor Mux: Carta a Hortensia Bussi de Allende


"Lo enterraron, y viene cantando con nosotros”, Pablo Neruda


Argentina, unos días después de la primavera de 1973.


Desde aquí, donde le estamos escribiendo, desde aquí, Hortensia, desde este rincón del mundo, tan parecido al rincón de ustedes, desde esta confusa patria combatiente en marcha, como la de ustedes. Desde aquí, de pie, estuvimos con usted cuando arrojó las flores cercanas sobre la tierra en que no descansa Salvador Allende. Usted no estuvo sola, Hortensia, en Viña del Mar, durante esta primavera enlutada, durante esta primavera que ya nunca más le dirá nada, aunque de la tierra chilena sigan creciendo las flores más dulces. No estuvo sola porque nuestro corazón ya había volado por arriba de la nieve que nos separa y por la otra nieve que quiere poner entre nosotros la traición una vez más; esa traición que vuelve a envilecer el aire americano.
Digo que estuvimos con usted y digo que el compañero presidente o el médico o el Chicho o el asesinado o el suicida, no descansa en esa tierra. Porque en ese pozo de Viña del Mar, oscuro por vergüenza y no por muerte, sólo pudieron enterrar una bandera honrada, un cadáver con pólvora y luz. Lo demás, es decir, nuestro compañero altísimo, estaba en su sitio con un último beso suyo en la boca, y América lo sabía y lo sabe. En cada joven fusilado de Santiago o Valparaíso está presente, está dentro y cae con ellos, una vez más, cumpliendo la palabra, repartiendo el pan, el cobre y la sonrisa humilde, ayudando a cargar con coraje el fusil del francotirador en la eternidad de la noche, demostrando a la tierra, a la historia (en esa que también tuvo que ver nuestro San Martín heroico) que “Chile no se rinde mierda, que hasta la victoria siempre”, que usted no estuvo sola, Hortensia. Y que desde esta confusa patria combatiente le escribo en nombre de no sé cuantos, sinceramente, aun sabiendo que estas palabras signifiquen nada. Pero sinceramente, creameló.


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En: Cartas íntimas para todos, Elepé Ediciones, La Plata, 1974.
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Hortensia “Tencha” Bussi de Allende (1914-2009)
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sábado, 20 de junio de 2009

Aurora Venturini: Las olas


En la playa el pequeño enarenado semejaba estatuilla de cerámica. Antes ingresó en el río pero después, revolcándose en la costa, desapareció bajo la pátina amarillo ocre. Contemplaba ahora el silencio del agua.
El niño del verano se sentó, se acuclilló, y con una cucharita de helado abandonada comenzó el dibujo. A ratos suspendía la tarea y buscaba con ojos quietos algunos detalles importantes. Tal vez buscara inspiración. El pequeño entraba en sí mismo, y enseguida salía, creaba y reproducía. Finalizó su obra y lo vi acostarse sobre ella. No quise acercarme. Son raros los chicos que crecen solos. Se ofendería de extraña incursión en territorio recién estrenado. Este niño del verano habitaba en un Instituto de Minoridad cercano a la costa del Río de la Plata. Otros chicos, también internados, apenas los sacábamos al aire, preferían nadar, ranitas desprovistas que se secaban al sol muertos de risa. Chiquilines de seis a ocho años, inocencias raquíticas que permanecían todo el año en ese instituto y que durante el invierno temblaban. Valía la pena pagar ese tributo a los meses del estío cuando saltaban de las caminatas para hacer pozos en la arena y jugar a ver quién nada más lejos de la costa.
Acuclillado y acostado en su dibujo despertó cuando crecía el agua que venía lamiendo arenales y barriendo cosas. El chico retocaba su obra contra las olas que atentaban contra una línea, pero cuando advirtió lo inútil de su esfuerzo, lloró. Repitió igual varias veces la operación dibujo y entonces yo me acerqué. Los ojos húmedos me miraron y ahí recién reconocí al chico que había ingresado hacía dos años, la madre muerta y otras orfandades en su planilla.
¿Por qué estás triste?
Porque el agua me la quita. Yo dibujo a mi mamá en la arena y ella vuelve pero el agua me la quita.
En la plácida dulcedumbre del verano me senté con él en la arena. Fui niña de nuevo y los dos vimos una lánguida figura, pálida, que se despedía hasta el próximo verano.
Es mi mamá, me dijo él.

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En: Las 12, Página/12, 19-06-09
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Aurora Venturini nació en 1921 en La Plata, ciudad en la que vive. Un jurado integrado por Juan Ignacio Boido, Juan Forn, Rodrigo Fresán, Alan Pauls, Sandra Russo, Guillermo Saccomanno y Juan Sasturain le otorgó en 2007 el Premio Nueva Novela de Página/12 por su novela "Las primas".
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Foto: Punta Lara, 1949. Álbum familiar jmp. Archivo de la talita dorada.
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viernes, 19 de junio de 2009

José Antonio Cedrón: Roberto SANTORO, hoy



Sucedió casualmente. Iniciaba la década del 70.
Creo que la escuela estaba en el barrio de Villa Pueyrredón o de Urquiza. Esa noche se homenajeaba a González Tuñón y éste me presentó a Roberto. Estaba sentado en una escalera y a su lado tenía un paquete pequeño. Nos quedamos juntos como una hora. Hablamos. Después abrió el paquete y me regaló Literatura de la pelota (un libro que recoge cantos y vivencias de cuando el fútbol era un deporte). Pero todo ello es difuso. Había tanta gente.

Supongo que allí empezó la amistad, porque me invitó a formar parte del grupo Barrilete, junto a Carlos Patiño, a quien conocí personalmente en la redacción del periódico Alberdi, del brazo de don Joaquín Álvarez, en Vedia. Y junto a Rafael Vásquez, al que agradeceré siempre la solidaridad en momentos dramáticos. Para ese momento, en Barrilete yo era (como decimos en México) el más “chavo” del equipo. Más tarde con Roberto participamos en la formación de la Agrupación Gremial de Escritores, y militamos en el mismo campo político.

Un día llegó a la SADE donde se reunía la Agrupación, una nueva amenaza para tres de nosotros: “60 días para irnos”, decía (entonces no supimos ciertamente de dónde). Nos juntamos con Cacho Costantini en casa de Haroldo Conti, y éste jugaba: “Las tres A amenazan a las tres C”.
Como en mi caso debí sumar muy pronto secuestro de familiares, presidio, etcétera, salí del país.
Para alguna correspondencia, con Roberto decidimos cambiar de nombre y dirección.

Un año después regresé sin aviso y nos reunimos tres veces.
En tiempos de dictadura, afuera se estaba trabajando mucho, teníamos apoyos; él lo sabía, y era indispensable. Sin embargo, una tarde, en la Confitería Londres, de Flores, me dijo que decididamente no iba a salir del país. Que había que quedarse. Ya no nos vimos.

Tal vez Santoro, hoy, sentiría melancolía, un sentimiento sospechoso en tiempos indefinidos de mutación, porque en ella están contenidos el espíritu y la cultura, como pérdida de pertenencia a un mundo que se compartía. A este sentimiento lo conocemos como depresión, de modo que justifique un recetario de fármacos.

Pero algunas paradojas son tan resistentes como las obras que no permiten ser recicladas. Así, la melancolía resiste el caricaturismo temporal porque en los accidentes culturales el dolor no puede ser localizado en el cuerpo. Se encuentra fuera, dentro y en muchas partes de un todo grande como el vacío. Y se le reprueba por sus valores, costumbres, utopías...
Quizá por eso, de un tiempo a esta parte, el tiempo también es sujeto de edición, cortes, voces en off, para mostrar lo que se desea.

En complicidad con los sobrentendidos domésticos, deberíamos convenir que este mercado camaleónico no es ni fue nunca democrático, por imperio de leyes políticas, ideológicas, en ocasiones disfrazadas de estéticas, y que su avance alcanza considerable adhesión entre nosotros a través de diversas fundaciones “promotoras” y “descubridoras” de nuestros valores y capacidades miméticas. De esta suerte, la adjetivación grandilocuente inventa y juzga a escritores neumáticos, inflados por editoriales, voces con exposición en los medios.
El rigor es más difícil y siempre tuvo menos adeptos.

Y dado que la realidad es tan reiterativa, me permito repetir parte de lo que dije para acompañar los trabajos de otros escritores amigos. Desde un pasado reciente, acudir a la memoria, recordarla, encenderla o mencionarla se ha vuelto sospechoso, ofensivo, imprudente, porque el pasado y su relación con nuestra historia individual y colectiva amenaza la fragmentación, que es una de las metas de supresión que, sin decirlo expresamente, hospeda en el discurso único. La invención del fin de la historia, para que el educador nos desaparezca la realidad, las construcciones de la realidad, y de la realidad misma como por arte de magia.

Pero esta separación no es accidental, sabemos que responde a la formación de la racionalidad contemporánea, que separa al sujeto del objeto, a la realidad del contexto en el que las cosas tienen lugar, y nos separa de la historia personal con el riesgo (calculado) de separarnos de nosotros mismos. La ruptura no está limitada a la expresión artística sino a las potencialidades del ser humano.
De este modo, se apuesta al exilio de la memoria, que es como quitarle el tacto a un ciego, se pierden las referencias.

La situación recuerda (al menos a este lector) que las modas le sirven a las revistas como el olvido al mercado. La educación ha perdido prestigio, la nostalgia una cursilería que, como la memoria, se caricaturizan. El ejercicio de la burla es institucional.

Si defiendo la memoria, es por los sueños fincados en la obstinación, que no tienen que ver necesariamente con la suerte de nuestros trabajos literarios. Y tal vez porque, como para muchos de nuestra generación, los temas que encontraron al autor no se pueden leer sin leernos a nosotros mismos.

Hablar de estos asuntos lo creo ineludible para afirmar el contexto en el que tiene lugar el trabajo de Roberto Santoro, porque resultan de tatuar aquellos acontecimientos íntimos que se pueden leer en la piel interior de la memoria. Aceptando que en ese preguntar de la poesía está el inter-decir, que establece la diferencia entre el adentro y el afuera, que en Santoro tiene lugar desde los primeros poemas porque es de los escritores que reconstruye no la invención, sino el latido.

También porque el soporte lúdico de su construcción poética bucea de ida y vuelta en las emociones y, paradójicamente, tal vez no sean ellas las que enfatizan la imaginación de sus sentimientos, sino la realidad misma. Y sabemos que la imaginación permite sobrevivir, de lo contrario ya hubieran acabado con todos los aborígenes.

En Santoro, además, la tensión constante al interior del poema, y la aceptación de que esa fuerza no inhibe las dudas. Aquello se que convierte en idioma entre la abstracción y la concentración.
Separar a la poesía del mundo en que vive sería pensarla como un espacio de pureza, como otra religión, no como libertad. Por lo mismo, debo tener derecho a preguntar —aunque pueda resultar una frase— si de un tiempo a esta parte, la poesía también se ha llenado de palabras y se ha vaciado de mundo.

Hace unos años, durante una visita a México, Edward Albee, nos dijo que “el público está entrenado para la mediocridad” (para lo superficial y lo estúpido), pero también dijo algo más inquietante: que en su país “existe una política dirigida expresamente a destruir la educación estética. La democracia es muy frágil y los políticos están asustados; como consecuencia los intelectuales y artistas creativos están siendo sometidos a una censura que será difícil de parar. El arte de calidad ha tenido que refugiarse en pequeños foros porque sus espectadores, sus lectores, están siendo capacitados para exigir cada vez menos.”

Después llegó Mattelart y dijo que “en América Latina, libros y análisis que se hicieron en las décadas del 60 y 70 contra un orden dominante hoy se niegan. La función del intelectual no es solamente producir discursos sino participar con su saber. Pero ha dejado de interrogar de manera crítica, se ha empobrecido. Negar la memoria se ha vuelto una profesión”.

El año pasado, el Nobel Derek Walcott dijo que en su país lo que está sucediendo “es indignante: sus poetas están ignorando a la gente, están evadiendo la realidad, no están respondiendo a la responsabilidad social que tenemos los poetas”. Y siguió: “están demasiado absortos en sí mismos. Su ego imperial les estorba para hacer caso de la realidad y no hablan de cosas importantes que están sucediendo atrás de la gente, como la guerra, la pobreza y la hambruna. Digo esto porque Estados Unidos es un imperio y somos los poetas que habitamos ese imperio los primeros que debemos criticar”.

Si aquí me referí a confrontaciones y asociaciones no fue de modo involuntario, lo hice convencido que si nos reunimos para acompañar estos esfuerzos editoriales que apoyan la memoria, es porque seguimos siendo una de las tantas minorías con vocación por leerla, escribirla, transmitirla. Esos cercanos y cómplices que todavía pueblan su territorio. Y probablemente por los mismos motivos que acompañaron a Santoro y siguen acompañando a muchos de nosotros, porque “el olvido ─para decirlo en palabras del mexicano Gaspar Aguilera─ es un crimen perfecto”.

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José Antonio Cedrón (Buenos Aires, 1945) es poeta, investigador cultural, periodista y educador. Texto leído en la presentación de “Obra poética 1959-1977” de Roberto Santoro, en la última Feria del Libro.
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martes, 16 de junio de 2009

Paulina Vinderman: Cinco poemas de "Hospital de veteranos".



1)


La ventana del hospital
da a un baldío espeso de pasto y de botellas rotas
(como cicatrices de batallas).
Un sauce milagroso crece en la esquina que
da al cuartel.
Hospital de otro siglo, el dolor que me ata
a la silla despintada también es de otro siglo.
Las enfermeras corren con los orinales
por corredores hundidos y no reparan en él.
No estoy acá para curar mi vieja herida ni mi insomnio.
Soy hija, se supone que las hijas tienen salud.

En plena noche los azulejos blancos destilan
una luz primitiva. Puedo seguir un camino entre las
camas sin titubear.
Esa es mi luna, también la que imagino
sobre las botellas como un spot.
Comprendo su soledad (sin hermanos)
en medio del cielo.
Comprendo las mareas, comprendo a la locura
como un exceso de blanco.

He sido amada (no comprendida),
he sido aquel perro solitario de mi primer poema,
que atravesó la calle para ser mi amigo.

"¿Podríamos jugar mañana, cerca del sauce?"

El amanecer está en un punto muerto,
suspendido por una memoria que semeja un barco
sin mascarón de proa.

(Igual que mi vida).



2)


En estos días nunca despierto del todo,
me siento en el borde del sueño
a punto de caer de bruces, y me dedico a
espiar el cuento en su final.
Hay una tormenta en la cabeza calva
sobre la almohada
y un patio desnudo en la mía.
La noche fue un pizarrón
donde escribí mi piedad más ordenada,
la más benigna.

Ojalá nevara.

El ruido de los jarros de aluminio
con el té con leche, es mi llamado en la
mañana, aclara mi mente tímida, mi
grave respiración.
El día es opulento,
lleno de manchas en el piso,
estoy atrapando el adiós:
el ojo de mi" halcón de vida",
"no por su ojo sino por su alegría"
piso la nieve que cae, en otro lugar.



3)


El gato asoma por detrás de la tapia
entre los vidrios rotos.
Se eleva sobre la marejada de la memoria,
girando en el oscuro verano, cortando
los tallos que me sujetan a la tierra.
Sé que mi tibieza no le es suficiente, hay
demasiado miedo en nuestros pelajes revueltos.
Y en nuestro esfuerzo por vivir, no
queda tiempo para lunaciones.
Sólo una mirada celebratoria, un enlace
sin traducción bajo una luz perfecta.
Los vidrios parecen hierbas a la distancia
y el raído saco de hilo que me cubre,
azúcar sucia.
Nos iremos de inmediato a nuestros asuntos
por detrás de la vida,
como si ella fuera la tapia, o un telón suntuoso
(tierra de nadie entre bastidores).



4)


A golpes de estrellas, a golpes de luna,
¿cuánto hace que parezco un castor,
manteniéndome a flote en los rápidos del río?
Soy el guardián de mi padre, el guardián
del lenguaje, títulos nobiliarios sacudidos
por el temporal.
El amor es un objeto antiguo, valiosísimo,
encerrado en un museo babilónico, expuesto
a la artillería del invasor.
Bajo mis dedos crecen metáforas como hongos.

Días vacíos, quemados por un viento dorado.

Detrás del cielo azul pastel, habita una negrura
de cuervo.
Pobre cuervo, alisando sus plumas sobre
el alambrado; él, como el castor, bebe de este mundo
el agua posible.



5)


Pongo un vaso y una flor
en la mesita atestada junto a su cama,
pero él no los mira.
En realidad lo hago para mí.
La vida todavía debe ser para mí,
el viento que insiste en abrir la ventana
aún puede dejar un poema en la escudilla.
La crueldad de haber arrancado la flor
a su madre planta, para mi egoísmo -
verla morir en un escenario sórdido-
es un anzuelo limpio (carece de rencor.)

Del otro lado, la bolsa de sangre lanza
destellos azules, mal copiados, de mi flor.
Para avisarme que ella es la vida por ahora:
una paciencia de color azul.

(La lluvia que veo caer sobre los tubos
de oxígeno en el patio, también es para mí.)




Poemas de "Hospital de veteranos" (Alción Editora, 2006). Por este libro y por su trayectoria literaria Paulina Vinderman recibió el Premio de la Academia Argentina de Letras 2004-2006.

Paulina Vinderman nació en Buenos Aires en 1944. Publicó diez libros de poesía; los últimos títulos son: “Bulgaria” (1998), “El muelle” (2003) y “Transparencias” (antología poética, Arquitrave ediciones, Bogotá, Colombia, 2005). Obtuvo entre otros premios el Municipal (bienio 88-89), Regional, Secretaría de Cultura de la Nación (trienio 93-96) y Fondo Nacional de las Artes (2002).

domingo, 14 de junio de 2009

Mario Trejo: El que muerde es el poeta


Tres poemas

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ESTA AGITADA VIDA


Esta agitada vida
me gruñe como un perro.

Esta agitada vida
me ladra como un perro.

Esta agitada vida
me muerde como un perro.

Esta agitada vida
me lame como un perro.


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EL LOBO ES UN POETA


La palabra lobo no muerde
El que muerde es el lobo

La Palabra no muerde
El que muerde es el poeta.


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EN BUSCA DEL PARAÍSO PERDIDO


En este mundo, el del Paraíso perdido,
se aprende más del dolor, la cobardía
y el miedo que del placer,
el heroísmo y el coraje.

La experiencia del dolor, la cobardía
y el miedo son heridas abiertas para
siempre. Cicatrices. Tatuajes que no
nos dejan olvidar.


__:
En: Casandra, Revista de Cultura Contemporánea, Nº 5, 1997. Director: Osvaldo Svanascini.
Mario Trejo, ¿La Plata?, 1926.
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viernes, 12 de junio de 2009

Jacobo Fijman: Canto del cisne


CANTO DEL CISNE



Demencia:
el camino más alto y más desierto.

Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
tosen las muecas
y descargan sus golpes
afónicas lamentaciones.

Semblantes inflamados;
dilatación vidriosa de los ojos
en el camino más alto y más desierto.

Se erizan los cabellos del espanto.

La mucha luz alaba su inocencia.

El patio del hospicio es como un banco
a lo largo del muro.

Cuerdas de los silencios más eternos.

Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.

¿A quién llamar?
¿A quién llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?

Se acerca Dios en pilchas de loquero
y ahorca mi gañote
con sus enormes manos sarmentosas;
y mi canto se enrosca en el desierto.

¡Piedad!


De: “Molino Rojo”, 1926.

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Jacobo Fijman nació un 25 de enero de 1898 en Orhei, Besarabia. Murió en Buenos Aires en 1970.
Dibujo: Jacobo Fijman.
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jueves, 11 de junio de 2009

Luis Franco: Un hombre solo, un desterrado.



Por Guillermo Ibáñez


Siguiendo el itinerario de esta serie de artículos sobre poetas contemporáneos, he tratado de acercar al lector nombres como los de José Peire, Héctor Yánover, María del Carmen Suárez, ya aparecidos (precedentes en este libro), o los de Ramponi y otros, que los seguirán, siempre ocupándome de quienes, a pesar de su importante obra, no han llegado al “gran” público con el nivel que merecen, en razón de que sus obran no son “comerciales”, al decir de algunos editores. Esto es: “si lo que se vende es basura, vendamos basura”, contribuyendo al “asnamiento” generalizado.

En este trabajo, sigo esta serie con un gran olvidado, un poeta mayúsculo y equiparable a la mejor y mayor poesía americana y universal como es Luis Franco.

Su vastísima y diversa bibliografía, casi eximen a cualquiera de muchos comentarios.
En el género lírico, por ejemplo, podemos citar los siguientes volúmenes: “La flauta de caña”(1920), “Libro del gay vivir (1923), “Coplas del pueblo” (1926),”Nocturnos”,(1932), “Suma”(1938), ”Constelación”(1959), que incluye muchos trabajos de los anteriores; “Los trabajos y los días”(1928), “Pan”(1948),”El corazón de la guitarra” (1963), “Insurrección del poema”(1970) .

El resto de su producción, en ensayo o historia, apenas puede enumerarse: “El General Paz y los dos caudillajes”,”Hudson a caballo”, “El otro Rosas”, “Sarmiento entre dos fuegos”, etc. etc.

En ensayos de otra especie se registran títulos tales como: “La hembra humana” (Ed.Schapire 1974), “El arca de Noé en el Plata”, temas que maravillan en Maurice Maeternick (Premio Nobel 1911), pero que en un autor nacional, no trasciende ciertos límites en los cuales el conocimiento no sólo científico o erudito de los estudios antropológicos o biológicos surgen pristinamente, sino, la humanidad empírica de Luis Franco que está, latente y vibrante en cada una de sus líneas.

Todo lo enunciado apenas, obligaría a multiplicidad de enfoques y análisis. Pretender con unas lecturas de esta inmensa obra, realizar un trabajo como merece, excede las posibilidades personales y del espacio que puede ocupar en un medio escrito, por eso, he de limitarme aquí a “Insurrección del poeta”, cuya tapa o portada fue hecha nada menos que por Ricardo Carpani, a quien pertenece la figura del Che, en la Plaza que lleva su nombre en Rosario. Nadie mejor que Carpani pudo interpretar como este plástico lo hizo, la fuerza y la tensión que se encuentran dentro de los poemas de este libro.

“Insurrección…”, fue prologado por otro gran poeta que debiera llamar mucho más la atención de los lectores y sobremanera de los lectores que escriben en este género. Me refiero a Alberto Hidalgo, quien compara a Luis Franco, nada menos que con Whitman, Darío, Nervo, Vallejo o Neruda. Adhiero a sus palabras, Luis Franco no es menos que ellos.

Dice Alberto Hidalgo:”…él, es más extenso que su provincia, más alto que cualquier mástil, gobierna la poesía de todo el país y América me ha dado el encargo de saludarlo con los Andes abiertos”

También me referiré a trabajos incluidos en “Suma”(Editorial Sarmiento, Catamarca 1929, que prologara nada menos que Roberto Arlt y al libro “Constelación”( Editorial Stilcograf, Bs.As., 1959), que el mismo Franco prologara con palabras que reproduciré más adelante y titulo: Poesía y destino.

Sin embargo, Luis Franco no es leído. Tal vez porque es un francotirador de la poesía; , digo en el subtítulo,< un hombre solo >, enfrentado con los oficialismos de turno de todas las épocas, cualquiera fuera y enfrenado también con los opositores, crítico del capitalismo, diciendo (En “El arca de Noé”:”…que la víbora venenosa es inculpable. No envenena por ambición o venganza como Canidia, Lucrecia Borgia o Stalin, sino porque es su único modo de cazar…”

Es poco leído o se ha colocado sobre su obra, un enorme manto, porque Luis Franco, biólogo, antropólogo, hombre, americanista, argentino, autodidacta de todas las disciplinas del arte y de las ciencias que frecuenta, no se comprometió nunca con nada más que la verdad. Su vida y poesía es verdad pura. Luis Franco, anárquico y para mí, titular de la poesía libertaria de América, antagonista natural del cóctel de los best seller.

Además de Hidalgo, no faltaron otros grandes que dijeran, por ejemplo: “Este poeta Luis Franco, nació con la facilidad que un don del ala, canta como pájaro por llamamiento de la naturaleza…poeta pagano análogo a los trovadores…sus “Églogas aldeanas”, verdadero himno sagrado al trabajo de la tierra, como pocas veces se oyó, si es que alguna vez se ha oído tan noble y puro en nuestro idioma…voz de un poeta genuinamente argentino”(Firmado: Leopoldo Lugones, Diario “La Nación”, el 9/1923).

O como dijera Roberto Arlt en “Argentina Libre” (Bs.As. 1926):”…Semejante a Heracles, furioso, sortea cumbres, va en busca de negros dioses, se detiene junto a los cimientos del mundo, la enormidad de su inspiración es tan evidente que toda palabra se hace lánguida para expresar su altura…Me dicen que su autor, no sé si en La Rioja o Catamarca, en soledad virgiliana, ara, siembra y cosecha con sus propias manos un trozo de tierra y cuece su pan. Está bien, es la hermosa bestia completa en la Edad del Maniquí”

Y así fue Franco en su Belén catamarqueño natal; eso hacía, trabajar la tierra. La poesía de la Naturaleza, así con mayúsculas, como él la escribe, no le era algo ajeno, estaba conjugada con su vida y su obra. Qué gran destierro después su vida en Buenos Aires.

Y así otros vates o críticos, en “Verdad y poesía de Luis Franco”(Bs. As. 1941), lo nombran como el poeta sudamericano o como el poeta de la personalidad o individualista pero de ese individualismo partía hacia lo universal.

Otro de sus títulos, a riesgo de que parezca una bibliografía de Franco, son: “Walt Whitman, poesía y democracia”(Ed. Americale Bs.As. 1945), libro en el que desmenuza con amor y admiración la obra y vida del mayor poeta de todos los tiempos, su filosofía, que también es la propia de Franco.

Me atrevo a decir que Luis Franco es realmente el Whitman de esta parte del continente, pero más duro, más exaltado, terrible en su crítica como no lo hiciera nunca el yanqui.
Podríamos citar también, por qué no, otras obras: “Pequeño diccionario de la desobediencia”, “Biografía patria”,”Biografía de la guerra” y de cualquier lectura que se proponga, surgirán adjetivos duros para calificar la obra de Franco. Se puede decir que contiene una carga fiera. Que es áspera y cortante (decía Raúl Gustavo Aguirre que”… la poesía tiene que ser filosa, tiene que cortar…” y la de este autor, es así, es un filo que separa las aguas. El lector sabrá, que cuando haya frecuentado, o al menos se haya asomado a esta poesía; que la poesía no son remilgos ni florcitas y como decía Nietzsche:” sólo me importa lo escrito con la propia sangre”.
En Franco se da así: visceral, profunda. Vamos ahora a los libros que antes mencioné:”Insurrección del poema”. Y, por qué?. Porque Luis Franco es un hombre-poeta insurrecto. Contra las calamidades que el ser argentino, americano y del mundo, viene soportando desde el más lejano pasado.
En “Revolución”, nos dice:

Porque la vida crece hacia la viuda
a través de la tumba…
…porque al hombre le tiende ya la mano
un porvenir más largo que todos los recuerdos
confiando a su adultez alzar su corazón
a nivel de su frente y remontar su frente
más allá de los vuelos…”


…Si el hombre no emancipa
su frente y sus latidos
todas las ciencia y el arte entonces
devienen floripondios
para ornar sus cadenas”


O en el poema “El Che y las masas”, cuando dice:

“…Lo infinito resuella y pulsa en lo finito…
Lo efímero se mece en los brazos de lo eterno…”?


El Che dialoga con sus sueños:

“Los astros atraviesan su substancia
Más, lo que importa es que él
eche su propia luz.

El hombre repatriado a sí mismo
eso es todo.

Hablo en nombre del alba
de las manos callosas en el timón del mundo
verificando que el pájaro es más chico que sus alas
la vida más hermosa que la inmortalidad
y más hermosa que la vida, la libertad…”


Dentro de esa poemática, el lenguaje es bravío, insurrecto, irredento. Hay improperios, es impenitente. Las palabras: rodador, abismos, asordadas, naufragio, inminencia, fervor, expolio, blasfemia, derrota, estigma, pezuñas, insepulto, furia; son sustantivos o verbos o adjetivos que dan la impresión de una mirada sórdida del mundo. Pero entre ellos, el candor y la pureza del alma de Franco, alisan el paisaje y también metáforas de una dulzura increíble pueblan sus versos.

En el extenso “Inauguración del Nahuel Huapi”, dice:

“…donde el cielo desposa
el beso de cristal y risa de las aguas
el suspiro de alma cautiva de las frondas…”


o:

“…el pájaro solfeando cielos en su garganta
no es más que una loa del silencio”


O en el poema “Inminencia”:

“…la aurora es un mero cuerpo a cuerpo
entre las noche y el día…

…no viste desdecirse al infierno
en el cielo irisado de una lágrima…?


En “Constelación”, donde el mismo poeta prologa y dice:”…el poeta, el libertador debe liberarse primero, asumir lo más actual de su tiempo y aún anticipar desde la sombra, la claridad venidera como el canto del gallo….”

Extrayendo sólo como cita algunos versos:

“…lo más viril del, hombre es la ternura…”

“…canto a la alegría, hija del día
Compañera alada…”


O en el poema “Pan”:

“La luz, más nutricia que la médula…
La mañana que viene descalza
para cruzar la creciente del rocío…

El caracol de los volcanes
donde el oído escucha el oleaje del fuego…”


Y de “Suma”

“…Mi corazón se excede como los grandes ríos…
La vida no es mi costumbre, es mi pasión…
Te amo, luego soy”

“…Bajo la línea de flotación de la conciencia humana,
el inmenso yo arcaico, acecha aún velludo de bosque…”

“Una simple mirada que dejo caer con un prodigio sereno
como el resto de lo viviente:
la hormiga se mueve con equilibrio de astro…”


“Los poemas de mayor calado no han zarpado todavía.
Los rapsodas se han entretenido en el haz
o se han demorado en ensueños litorales
y el mundo de las significaciones vivientes
está aún sin traducirse…”


Este texto terminaba originalmente con una invitación al lector que reitero aquí, navegando por la caudalosa poesía de Luis Franco.

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Nota aparecida originalmente en el Diario “La Capital” de Rosario el domingo 25 de mayo de 1986 Pág.2. Extraído de “Escolios”, Ediciones “Poesía de Rosario”, 2009.
Guillermo Ibáñez nació en Rosario, Argentina, en 1949. E-mail: poesiaderosario@hotmail.com
Acerca del autor:
www.guillermoibaniez.com.ar
www.bibliele.com\interpoe
http://revistainternacionaldepoesia18.es.tl

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Olga Edith Romero: Tres poemas inéditos




EL MACADAM DE LA CALLE 66


El macadam de la calle 66
era parte de un sueño
donde la mujer dejaba su vestido
y habitaba otra vida.

Allí la tarde era muchos años
y la muerte cabía misteriosa
en el cerrojo de una puerta de lata.

Ella colgaba el vestido de seda
en un clavo oxidado /
como quien cuelga el deseo de una estrella.



EN OTRA VIDA


En otra vida, otro tiempo /
he compartido un hombre
con la mujer del cuadro.

Lloraban las guirnaldas
de la noche /
pero no había tristeza /
sólo brillo en los ojos
y el amor no duraba
más que un pétalo en llamas.

En otra vida, otro tiempo /
sonreí con la Gioconda de Leonardo.



LOS PÁJAROS


Los pájaros están en su jaula de dudas /
los dejo salir / atropellados intentan la huída.
Poco a poco –les digo– y los sujeto.

Me abandonan /
Ya no tengo ascendiente sobre ellos.
No sé si volverán.

A veces cantan
con voz desconocida /
con voz de viento en los acantilados.

Otras se lamentan / sus gritos
hieren agotan desagradan.
Se eternizan en atardeceres.

Vuelven cuando nadie los espera.
Me obligan a buscarles alimento.



Foto: Archivo de la talita dorada.
Olga Edith Romero nació en La Plata un 4 de octubre de 1949.
Noticias y poemas en POESÍA CITY BELL.:__

Alberto Luis Ponzo: Poema inédito


¿Dónde hay voces…?



¿Dónde hay voces, el rumor
arrollado al espacio, hilo
llegado de su nombre, amanecido
en el día callado de su boca
en la penumbra
-signo oculto detrás
del pronunciado acariciar-
en toda palabra?


¿Dónde ir para estar
en embozado gesto, en su
cabeza, brazos, hombros
cargando luces, abrigos
al invernar, tan cálidos
sobre la piel amada?

¿Dónde el decir y el silenciar
las olas del tiempo, los pasos
en el lugar esperado,
en el regreso:


los rastros del sentir
el sentir oyendo la voz
la voz entrando en la casa
la casa que ocupa la memoria
la memoria que levanta la voz
hasta los ojos
(la altura de su árbol sobre el río)…



Y de ahí las voces de hacer mías
renaciendo el vivir
entre ondas del mundo

aún en la felicidad de no caer
ni sentirla caída.

16/ 5/ 2009

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Foto: Hojas del caminador.
Alberto Luis Ponzo nació en Buenos Aires, en 1916.