miércoles, 27 de mayo de 2020

DANIEL PONCE Busco en los libros mi libro


  
QUEMAR UNA HOJA CON UNA LUPA
(Libro inédito, 2020)


         OBSERVAR

Me senté, la luz del ocaso se hacía blanda.
Voces lejanas, el ruido de un motor
entre eucaliptos con pies de gigantes.
Nada para hacer, salvo escribir el tiempo
inútil y su marcha.
Miraba al oeste entornando los ojos
mientras la dalia y el gorrión daban sus adioses.


         LA CASA

La humedad pudrió las paredes. Hace tanto que no recuerdo
cuál fue el último gesto al trasponer el umbral.
Luego, las voces huyeron de la memoria.
Cada uno supuso que sería curado por el olvido.
Las ventanas fueron removidas. Las tejas cayeron.
El olor dulce de la cocina es, hoy, la acritud
del abandono, tan ajeno a la vida.


         TRAFICANTE

En el asfalto, tirado, es un atado de ropa,
capucha, rodillas huesudas, malos dientes,
duerme su nada en el charco de sangre:
aureola del hereje.
Vivió para saltar tapias, tocar un güiro de aire,
cantar obscenas coplas de venganza.
Niño viejo. Niño caído en la mesa de disección.
La mano azul, los pies de fugitivo.


         DÍAS

Habrá que recoger las hojas que impiden el paso del agua;
sólo estar de las cosas.
Habrá que disolver la tierra que atascó los drenajes,
lavar las rejillas que el óxido va poniendo viejas.
Con un palo, habrá que enderezar esa planta que el viento
tuvo a su merced.
Vendrán días donde mirar atrás será el futuro.
Días con una clave, una llave o un mirador.
Vendrán días abiertos en estuario.
Habrá que volcar el pasado en el agua fluyente.
Nunca estuvimos pendientes de la esperanza.
Es hora de hablar con serenidad
de la alegría.


         NINGUNA HORA

Bajo la puntilla de su camiseta negra, las pecas.
Confiamos en la rosa eterna que aún no fue dibujada.
La vista fija en una oscuridad mayor, los ojos bellamente ciegos.
Confiamos en la cadencia respiratoria y en sus ahogos.
El lento trabajo del placer es aturdirse, curiosear.


         LO INMATERIAL DEL AMOR

Si sólo fuese piso de pétalos o un olor
insistente, adormecedor. Si sólo fuera
una razón que se escribe en el cuerpo.
De mí, de esos huesos reales que soy,
de los músculos saldría una niebla.
Pero, hay motivos donde lo concreto
no es el hilo del laberinto.
Donde lo concreto no cuenta.


         ÍBAMOS

Cambiábamos revistas y tabaco.
Podíamos estropear los pulmones y reír.
Los que quemaban ramas de otoño
en las esquinas
nos tenían por idiotas o zánganos.
No éramos buenos con los puños.
Apedreamos un gato.
Las luces pintadas de los clubes
ardían en nuestros pómulos.
No soñábamos. Soñar
fue después de actuar.
Íbamos rotos
antes  del  alba.


         REGRESAR

Era una cuestión de tiempo. Los árboles
callaban como suelen callar los absueltos.
Ajenos a todo estímulo, con cicatrices
y manos en vez de ramas y espacios libres
por donde la luz hace dibujos.
Era cuestión de regresar para escapar.
Así, regresé a los tiempos líquidos
cuando no era niño, ni joven, ni viejo,
aquel momento en que los motores,
los alambres, las chimeneas, los muros
estaban dentro de las palabras
como divinidades.
Regresé, tras los árboles y la luz:
la ciencia avara de las cosas
atrapadas por la disolución .
Yo que amé ocultarme
iba desnudo como los culpables
a buscar el perdón.
Iba sobre tierra convulsa.
Era una cuestión de árboles y relojes
y de tiempo esparcido, no por delante,
sino hacia adentro de los números,
cifras que hacen sus sumas y restas
con total indiferencia.


         QUEMAR UNA HOJA CON UNA LUPA

Hay tantos hombres rotos como peces en el mar.
Tantas mujeres rotas frente al espejo. Tanta silla
desvencijada por la perseverancia.
Hay tanto olvido en un mismo lugar,
tanta trasposición del odio
en piedra y tanta alegría perdida.
He trazado un cuadrado con mal pulso
sobre una hoja cuadriculada,
dentro: el ojo alerta de un ratón
o lo que creo que es el ojo de un ratón
aunque, bien visto,
parece un punto de Malevich
sobre el fondo blanco cuadriculado.
Soy pésimo en mis trazos.
Es atemporal la pasión por los cuadrados.
Todos han dibujado cuadrados
cuando, en verdad, se buscaba
trazar rostros, casas o serpientes.
Dentro del cuadrado,
aun del cuadrado mal dibujado,
hay una mujer rota
dentro de un hombre roto
que anidan en el ojo
de un ratón alerta.
Se sientan sobre una silla desvencijada
a perseverar.
También, hay un reloj enmudecido.
No es de día ni de noche.
Cada vez que el ojo del ratón
se cierra, el cuadrado
dibujado por mi mano
anula al hombre roto
y a la mujer rota
que están, a horcajadas,
en una silla desvencijada.
Poseo una lupa vieja.
Es un ojo sin memoria.
Con la lupa quemaré el papel
que contiene el ojo del ratón
metido en un cuadrado
donde hay una mujer rota
dentro de un hombre roto.


         RASTRILLAR

Para reparar la puerta, clavé un listón irregular
que tiene un nudo que semeja el ojo de un mongol;
para sujetar los papeles contra la mesa
un trozo de botella verde;
esquirlas de vidrio de la botella servirán, en el muro,
para que nadie salte hacia adentro, un mensaje:
el dueño no anhela sorpresas.
La bomba de agua posee un relieve
con nombre de ciudad británica.
Los guantes que usé para enrollar
el alambre de púas saludan, sucios,
ensartados en el mango de una pala
y en el mango de un rastrillo.
Cada día, hay muertos que llegan
para habitar el costado izquierdo
del galpón; ignoro por qué eligen
ese sitio contencioso
que las palomas reivindican
para sus deposiciones.
Llegan para colorear mi memoria,
ya gris.
La mañana será con el gato,
el petirrojo y la oruga.
Las nubes pasarán.


         MI PADRE

Mi padre está en el balcón
como se está en un púlpito
y, si bien es un individuo loco,
no deja de tener potestad.
Así lo sueño a veces:
no ríe ni ironiza
tampoco silba ni mueve las manos
ni busca en los bolsillos
esas monedas inútiles
para entretener los dedos.
Ya estoy en la edad
en que murió,
el número compartido
tiene algo de pavoroso.
No entiendo qué dice
en el sueño, su perfil
es de alguien absorto,
los pantalones
demasiado arrugados
para un hombre meticuloso.
El balcón donde está mi padre,
donde tiene su mirador
hacia los techos y las claraboyas,
posee una baranda antigua.
No está fumando
su eterna pipa
que lo obligaba
a una mueca.
El tiempo imparcial
se interpuso
entre el hombre del balcón
y el sueño.
Él permanece mirando
no se sabe qué o a quién.
Va a encomendarme algo.


         ÓRDENES

Yo obedezco porque siempre obedecí.
Obedezco en el pasado, me veo obedeciendo.
Mi presente es no saltar las consignas
que escribo y las que pienso y las otras
aquellas que caen por sí solas
y se esparcen en el piso y flotan.
Obedezco llamados y  notas,
curvas de hollín, papelerío barato.
No sé estar sin deber.


         LA PRIMAVERA

Nadie conoce al vecino en mi zona, es inusual
saber algún detalle, recordar un gesto, conversar.
Somos gente sola que cambió de nombre
al esconderse por miedo y por agobio.
Cada tanto, asomamos la nariz
para constatar que nada haya cambiado,
recelosos del olor que flota,
con la esperanza de que no nos ven.
Luego, regresamos a nuestros objetos
para contarlos y meterlos en una caja.
No somos buenos ni malos
porque obramos lateralmente.
La primavera no nos dice nada.
Nunca aporta conocimiento.


         EL DESTINO DE LAS COSAS

Detrás de la ligustrina apareció muerta una laucha.
Era pequeña, de manos rosadas, parecía joven.
Un hombre extraño que conocimos por error
dijo que las lauchas infectaban el barrio,
tapaban con sus cadáveres los caños
y se comían entre ellas por malicia.
No vimos más lauchas que la muerta.
Con una pala, se la recogió, tiesa,
victoriosa en su espanto.
La pala fue prestada y nunca regresó.
La ligustrina fue reemplazada
por herrería barata.
El hombre extraño que sabía de lauchas
emigró o se fugó.
De sus cosas, quedó una azada brillante
y una linterna
en manos ajenas.



         EL PUEBLO INÚTIL

En este pueblo se cosechan polillas.
Se las seca en un secadero y se las vende.
Pero nadie las compra. Carecen de finalidad.
En este pueblo se alimentan demonios
de rostro espeluznante y modos sutiles.
Todo está suspendido aquí,
incluso nadie consigue morir.
A alguien se le ocurrió desbarrancar
una vieja escalera de madera tosca
por el placer de ver las astillas
moviendo un poco el aire.
Otro se dedica a rumiar.


         LA INTEMPERIE

Dios ha venido a vivir conmigo
a la intemperie como uno más,
sus costumbres son atávicas
dada la dignidad que adquirió
a lo largo de los siglos
aunque no puede disimular
que es un pordiosero,
alguien que come sobras
y duerme.

Los muertos por crueldad
han venido
a multiplicar la arena.

El hombre que fui vino de lejos.


         TRABAJO

Trabajé sin descanso en una gruta
con hombres rudos.
Cada día, frunciendo el ceño y callando
para evitar las preguntas.
Por afán de desaparecer concentraba mis fuerzas
en ser meticuloso y eludir el sarcasmo de los otros:
algo de autómata descubrí en mis gestos.
Iba vestido con mi chaleco invariable,
fumaba con pasión, murmuraba una melodía
que nadie había escrito, de armonía ficticia.
Los feriados eran de espera y autoacusación.
A veces, los hombres de la gruta
tomaban mi silencio para patearlo,
escondían mi taza de lata en un hueco
o rimaban mi apellido.
Yo sonreía como el que traga una llave.
Los maldecía sin hablar.
Desdoblarme fue otro trabajo.
De mí mismo, aprendí un código rabioso
y poco más.


         INCUMPLIDO

Dije que vendrías a rezar con tu mano abierta.
Éramos gente bella que se palmeaba los hombros.
Gente con anhelo de sudar las sábanas.
Parecíamos felices, irritábamos con nuestras frases.
Dije que volverías para enseñarme tu cicatriz.
Recemos
para descubrir algún sentido:
vientre sobre vientre, dedo sobre piedra,
pie sobre brasa y sobre polvo.
Dije que vendrías a mi país de fatiga.


         MIRARME

Los ojos eran pardos con un anillo negro
en el límite del iris. Yo me miraba allí:
anillo, iris, pupila. Y me miraban los dos ojos.
Luego, el rostro, la cabeza, el cabello.
Me quedaba dormido en esos ojos.
Suelo dormir en la tormenta,
en las discusiones.
Pero dormir en esos ojos
era volver a ver.


         MUERTOS

Los muertos atrapan a los vivos en sus guaridas.
Los muertos llenan las valijas de escombros.
Los muertos insisten en tener razón.
Los muertos avanzan más rápido que las orugas.
Los muertos son piadosos con los moribundos.
Los muertos son tercos con los vivos.


         LILIUM

El tallo se sitúa en el centro de la maceta,
luego la cápsula amarilla.

Cuánto esperé para conocer, olfatear,
acurrucar el cuerpo, disolverme
para ir en ese amarillo hasta mí.

Ahora, que la flor crece violenta
y soy viejo y joven a la vez,
cansado y vigoroso, quieto,
veo aquello que quise ver
en los sueños y las tormentas:
el don del misterio remediado.


         VOLVER AL RÍO

Miro al río donde nada se puede ver.
Quiero que el río se lleve al que fui.
Son estas soledades la música.
Estos parajes: el niño pertrechado
con su reloj flamante.
Quiero que el río deje de estar.


         EL NIÑO DEL CORO

El niño tropezaba cantando para Luther King.
Debía mencionar a Santiago y el Eclesiastés.
El pastor regía el armonio y levantaba las cejas.
El rostro del hombre negro
con sus mejillas redondas y su aire de enojo,
el rostro en la pantalla de televisión.
El pastor acentuaba la palabra misericordia.
Una mujer cantaba con voz chillona
la palabra sueño.
El niño nervioso, el pastor levantaba las cejas
y el niño decía Santiago y decía Eclesiastés.


         CRIOLLOS VIEJOS

Al crepúsculo, llegaban los hombres.
Fumaban tabaco recio.
Mi madre me prohibía verlos.
Tomaban de unos vasitos. Alguno escupía.
Mi madre me preguntaba por los murciélagos,
las focas y los búhos. Yo tenía un único libro.
Tenía un tintero y una pluma gótica.
Mi abuelo era de la partida, el más duro,
el que trataba de usted al niño.
Mi madre murmuraba: “la política, la política”.


         LO MISMO

Yo busco en los libros mi libro.
Busco en tus sienes mi razón.
Busco el olvido en lo que se disipa.
Repito lo de otros repitieron:
la rueca milenaria o la voz.
Yo escribo la música ajena.


         EL TIEMPO DE LA ESTACIÓN INGLESA

La estación inglesa y sus ventanas clausuradas
sobre el arco de paso y las tejas planas.

La pampa dormía dentro de un furgón.
Cada crepúsculo, los rieles eran de mercurio.
Las zanjas se espesaban como la venganza.

Así, hubo años, ortigas creciendo, plenilunios,
llamas que agitaron sombras
sobre un piso de greda.
También, noches, ladridos.
Hubo un tiempo de amasar y otro de llorar.


         LIBRO DE LAS HORAS

En homenaje a los días en que aquí estuvo tu libro
creciendo, durante un duro invierno azul, al calor
de una estufa alargada con forma de valija,
escribiré algunos detalles para no renunciar
a la resurrección por el amor. Escribiré sin plan,
para que la lengua no vacile en lamer ese líquido
que dejaste en mis solapas, para adentrarme
en la noche muerta y mirarle los dientes
tan blancos como sílabas que contienen una “a”,
porque vine al sitio donde te sentabas
después de estirar los dedos y mecerte el cabello
vine a saber de mí, hoy, no a encontrarme
sino a deslucir la soledad mirando tu sitio.
Mientras pueda, esperaré. El olor de esta vereda
y sus azahares son parte del envés de mi frente.


 
     De Quemar una hoja con una lupa, libro inédito, 2020
     Daniel Ponce (Buenos Aires, 1956). Fotos: Jmp

miércoles, 6 de mayo de 2020

THEODORE ROETHKE Mientras danzamos, danzamos, danzamos



EL DIAMANTE

El pensamiento no puede triturarse.
La gran maza se abate en vano.
La verdad no se desmembra nunca;
Su armazón permanece.

Los dientes de entrelazados engranajes
Giran lentamente en la noche,
Pero la verdadera sustancia resiste
Al peso del martillo.

La presión no puede romper
Un centro tan congelado;
La herramienta no arranca ni una astilla,
El núcleo queda sellado.

                        THE ADAMANT
                        Thought does not crush to stone.
                        The great sledge drops in vain.
                        Truth never is undone;
                        Its shafts remain.
                       
                        The teeth of knitted gears
                        Turn slowly through the night,
                        But the true substance bears
                        The hammer’s weight.
                       
                        Compression cannot break
                        A center so congealed;
                        The tool can chip no flake:
                        The core lies sealed.


NIÑO SOBRE EL TECHO DE UN INVERNÁCULO

¡El viento hinchando los fondillos de mis pantalones,
Mis pies haciendo crujir astillas de vidrio y masilla seca,
Los crisantemos a medio crecer mirando hacia arriba como acusadores,
A través del vidrio estriado, fulgurando al sol,
Unas pocas nubes blancas agolpándose hacia el este,
Una hilera de olmos embistiendo y corcoveando como caballos,
Y todos, todos señalando hacia arriba y gritando!

                        CHILD ON TOP OF A GREENHOUSE
                        The wind billowing out the seat of my britches,
                        My feet crackling splinters of glass and dried putty,
                        The half-grown chrysanthemums staring up like accusers,
                        Up through the streaked glass, flashing with sunlight,
                        A few white clouds all rushing eastward,
                        A line of elms plunging and tossing like horses,
                        And everyone, everyone pointing up and shouting!


VACIADERO DE FLORES

Cañas brillantes como escorias,
Tallos como babosas,
Enteras camadas de flores arrojadas en montón,
Claveles, verbenas, cosmos,
Abono, malezas, hojas muertas,
Raíces desventradas,
Con venas descoloridas
Entrelazadas como finos cabellos,
Cada masa con la forma de un tiesto,
Todo fláccido
Salvo un tulipán en la cumbre,
Una cabeza jactanciosa
Sobre lo agonizante, lo recién muerto.

                        FLOWER DUMP
                        Cannas shiny as slag,
                        Slug-soft stems,
                        Whole beds of bloom pitched on a pile,
                        Carnations, verbenas, cosmos,
                        Molds, weeds, dead leaves,
                        Turned-over roots
                        With leached veins
                        Twined like fine hair,
                        Each clump in the shape of a pot;
                        Everything limp
                        But one tulip on top,
                        One swaggering head
                        Over the dying, the newly dead.


EL VALS DE MI PAPÁ

El whiskey de tu aliento
Podía aturdir a un niño;
Pero yo me colgaba como muerto:
Valsear así no era fácil.

Jugueteábamos hasta que las ollas
Resbalaban de la repisa de la cocina,
Mi madre no conseguía
Desarrugar el ceño.

La mano que me tomaba de la muñeca
Tenía un nudillo lastimado;
En cada paso que equivocabas
Una hebilla me arañaba la oreja derecha.

Marcabas el tiempo sobre mi cabeza
Con una palma encostrada de mugre,
Luego valseando me llevabas a la cama
Todavía pegado a tu camisa.

                        MY PAPA'S WALTZ
                        The whiskey on your breath   
                        Could make a small boy dizzy;   
                        But I hung on like death:   
                        Such waltzing was not easy.
                       
                        We romped until the pans   
                        Slid from the kitchen shelf;   
                        My mother’s countenance   
                        Could not unfrown itself.
                       
                        The hand that held my wrist   
                        Was battered on one knuckle;   
                        At every step you missed
                        My right ear scraped a buckle.

                        You beat time on my head   
                        With a palm caked hard by dirt,   
                        Then waltzed me off to bed   
                        Still clinging to your shirt.


ALGUIEN DE RESPIRAR LEVE

El espíritu se mueve,
Sin embargo permanece:
Vibra como vibra una flor,
Todavía húmeda de su capullo,
Abriéndose lentamente,
Girando en la luz con sus zarcillos;
Juega como juega un pescadito,
Enredado con una muelle hierba, balanceándose,
Bullir de colas, avanzando dentro y fuera de la corriente,
Lábiles sus sombras, un dedo acuático;
Se mueve, como el caracol,
Silencioso hacia adentro,
Abrazando y tomando lo que lo rodea,
Nunca ansiando alejarse,
No temeroso de sí mismo,
Música encapuchada,
Una cosa pequeña,
Cantando.

                        A LIGHT BREATHER
                        The spirit moves,
                        Yet stays:
                        Stirs as a blossom stirs,
                        Still wet from its bud-sheath,
                        Slowly unfolding,
                        Turning in the light with its tendrils;
                        Plays as a minnow plays,
                        Tethered to a limp weed, swinging,
                        Tail around, nosing in and out of the current,
                        Its shadows loose, a water finger;
                        Moves, like the snail,
                        Still inward,
                        Taking and embracing its surroundings,
                        Never wishing itself away,
                        Unafraid of what it is,
                        A music in a hood,
                        A small thing,
                        Singing.


EL DESPERTAR

Me despierto para dormir, y retardo mi despertar.
Siento mi destino en lo que no puedo temer.
Yendo aprendo dónde debo ir.

Pensamos sintiendo. ¿Qué hay allí para conocer?
escucho a mi ser danzar de un oído al otro.
Me despierto para dormir, y retardo mi despertar.

De entre aquellos tan cercanos a mí, ¿quién eres tú?
¡Dios bendiga el Suelo! Andaré con suavidad allí,
Y yendo aprenderé dónde debo ir.

La luz toma el Árbol; ¿pero quién puede decirnos cómo?
El humilde gusano sube por una escalera de caracol;
Me despierto para dormir, y retardo mi despertar.

La gran Naturaleza tiene otra cosa que hacer
De ti y de mí; toma entonces el aire vivaz,
Y yendo aprende, bella, dónde ir.

Ese temblor me conserva firme. Debería saberlo.
Lo que decae está siempre.
Y cercano.
Me despierto para dormer, y retardo mi despertar.
Yendo aprendo dónde debo ir. 

                        THE WAKING
                        I wake to sleep, and take my waking slow.   
                        I feel my fate in what I cannot fear.   
                        I learn by going where I have to go.
                       
                        We think by feeling. What is there to know?   
                        I hear my being dance from ear to ear.   
                        I wake to sleep, and take my waking slow.
                       
                        Of those so close beside me, which are you?   
                        God bless the Ground!   I shall walk softly there,   
                        And learn by going where I have to go.
                       
                        Light takes the Tree; but who can tell us how?   
                        The lowly worm climbs up a winding stair;   
                        I wake to sleep, and take my waking slow.
                       
                        Great Nature has another thing to do   
                        To you and me; so take the lively air,   
                        And, lovely, learn by going where to go.
                       
                        This shaking keeps me steady. I should know.   
                        What falls away is always. And is near.   
                        I wake to sleep, and take my waking slow.   
                        I learn by going where I have to go.


SERPIENTE

Vi una joven serpiente deslizarse
Fuera de la abigarrada sombra,
Y colgarse, floja, de una piedra;
Una boca delgada, y una lengua,
Se detuvieron en el aire calmo.

Se volvió; salió de allí;
La sombra se plegó en dos;
Veloz, ya se había ido.

Sentí caldear mi perezosa sangre.
Anhelé ser esa cosa,
La pura, sensible forma.

Y podría serlo, alguna vez.

                        SNAKE
                        I saw a young snake glide
                        Out of the mottled shade
                        And hang, limp on a stone:
                        A thin mouth, and a tongue
                        Stayed, in the still air.
                       
                        It turned; it drew away;
                        Its shadow bent in half;
                        It quickened and was gone
                       
                        I felt my slow blood warm.
                        I longed to be that thing.
                        The pure, sensuous form.
                        And I may be, some time.


EL ASNO

Tuve un Asno que se portaba muy bien,
Pero siempre quería remontar mi Cometa;
Cada vez que se lo permitía el Hilo se cortaba.
Tu Asno se conduce mejor, espero.

                        THE DONKEY
                        I had a Donkey, that was all right,
                        But he always wanted to fly my Kite;
                        Every time I let him, the String would bust.
                        Your Donkey is better behaved, I trust.


EL CIELO RASO

¿Y si el Cielo Raso saliera
Y tomase Frío y al Instante Muriese?
La sola Cosa que tendríamos como Prueba
De que se fue sería el Tejado;
Pero pienso que la Mayor Revelación
Consistiría en descubrir cómo se siente el Cielo Raso.

                        THE CEILING
                        Suppose the Ceiling went Outside
                        And them caught Cold and Up and Died?
                        The only Thing we'd have for Proof
                        That he was Gone, would be the Roof;
                        I think it would be Most Revealing
                        To find out how the Ceiling's Feeling.


EL HIPOPÓTAMO

¿Qué le falta, la Cabeza o la Cola?
¡Creo que es su Adelante lo que retrocede!
Vive de Zanahorias, Puerros y Heno;
Para bostezar necesita un Día Entero…

A veces pienso que viviré así.

                        THE HIPPO
                        A Head or Tail -which does he lack?
                        I think his Forward’s coming back!
                        He lives on Carrots, Leeks and Hay;
                        He starts to yawn –it takes All Day-
                       
                        Some time I think I’ll live that way.


LA DECISIÓN

         I

¿Qué hace temblar el ojo sino lo invisible?
Escapar de Dios es la carrera más larga.
De joven era perseguido por un pájaro
–La avefría es lenta para abandonar su canto–,
No conseguía arrancarme de la mente aquel sonido,
El soñoliento rumor de hojas en un viento ligero.


         II

¡Alzarse o caer, la disciplina es una!
¡La línea del horizonte se agudiza!
¿Cuál es el camino?, le grito al pavoroso negro,
Las brasas a mi espalda, la inestable sombra.
¿Cuál es el camino?, pregunto, y me dispongo a andar
Como un hombre que enfrenta la llegada de la nieve.

                        THE DECISION
                        I
                        What shakes the eye but the invisible?
                        Running from God’s the longest race of all.
                        A bird kept haunting me when I was young–
                        The phoebe’s slow retreating from its song,
                        Not could I put that sound out of my mind,
                        The sleepy sound of leaves in a light wind.
                       
                        II
                        Rising or falling’s all one discipline!
                        The line of my horizon’s growing thin!
                        Which is the way? I cry to the dread black,
                        The shifting shade, the cinders at my back.
                       
Which is the way? I ask, and turn to go,
                        As a man turns to face on-coming snow.


UNA VEZ MÁS LO CIRCULAR

¿Qué es más grande, Guijarro o Laguna?
¿Qué podemos conocer? Lo Desconocido.
Mi yo verdadero corre hacia una Colina
¡Más! ¡Oh Más! visible.

Glorifico mi vida, ahora,
Con el Pájaro, la Hoja que perdura,
Con el Pez, el Caracol que busca,
Y el Ojo que todo transforma;
Y danzo con William Blake
Por amor, por amor de Amor solamente;

Y cada cosa retorna a Uno,
Mientras danzamos, danzamos, danzamos.

                        ONCE MORE, THE ROUND
                        What’s greater, Pebble or Pond?
                       
What can be known? The Unknown.
                        My true self runs toward a Hill
                        More! O More! visible.
                       
                        Now I adore my life
                        With the Bird, the abiding Leaf,
                        With the Fish, the questing Snail,
                        And the Eye altering all;
                        And I dance with William Blake
                        For love, for Love’s sake;
                       
                        And everything comes to One,
                        As we dance on, dance on, dance on.

 
            En Poemas, edición bilingüe, versión y prólogo de Alberto Girri, Editorial Fraterna, S.A., Buenos Aires, 1979
            Theodore Roethke (Nueva York, EEUU, 25 de mayo de 1908 - 1 de agosto de 1963)
            Foto: Jmp

lunes, 4 de mayo de 2020

MARÍA JOSÉ FERRADA Casas que caben en la palma de una mano



PÁJARO UNO


         Pájaro Uno construyó su casa con ramas. Una, otra y otra, amarradas con hilos de luz. Observó: el sol es redondo, la luna es redonda y así, tejió. Piu, piu. Piu, piu. Piu, piu, Pájaro Uno despierta, cada mañana, a la ciudad de hojas. Sube al cielo, sigue a una nube. Piu, piu. Piu, piu. Piu, piu. Busca gusano y semilla. Piu, piu. Piu, piu. Piu, piu, canta.


PAJARO DOS


         Pájaro Dos le pidió al carpintero que por favor le construyera una casa.
         El carpintero, agradecido como estaba de su canto, tomó unos trozos de madera y se puso manos a la obra. En una mañana–equivalentes a un año entero para un pájaro– la casa estuvo lista.
         Pájaro Dos entró, ayudado por la mano del carpintero y permaneció un buen rato observando como el sol entraba por los agujeros y se multiplicaba.
        Tardó los dos años siguientes –dos mañana humanas– en construir un jardín de interior en la habitación principal: hierba, arbustos, flores blancas.



MADHUR ROY


         Madhur Roy tuvo la idea la mañana del 30 de septiembre de 1993, tras el terremoto de Latur que sacudió –como si de un tigre atrapado en las placas subterráneas se hubiera tratado– la zona de Maharashtra en el oeste de la India: una casa antisísmica, adherida al suelo (y al cielo) por un tejido de fibra de castaño. Eso sí, para no tener problemas de autoría con el más allá, se preocupó de dejar claro que la inspiración la había tomado directamente del Khata Upanishad, primer mantra, canto VI: “el Árbol de la Eternidad tiene sus raíces en los cielos, y sus ramas se adentran en lo profundo de la tierra”.


TOSHIMA-KU 45


         La idea de escribir la biografía de Toshima-Ku 45 fue de Mary, la conserje. Cada departamento se encarga de escribir una página, que a su vez corresponde a un día en la vida del edificio. Hijas que visitan a sus madres, llamadas de parientes lejanos, estrenos de programas de televisión o días en los que simplemente no pasa nada. El compromiso es que cada uno escriba su página con absoluta sinceridad. Cuando lleguen a la página 365 enviarán la obra al Concurso de Novelas de Edificios: La Vida Instrucciones de Uso que por quinto año consecutivo se celebra en París. Faltan algunos meses para que terminen el manuscrito pero ya tienen el título: “Toshima-Ku 45”, una novela real.


ABA BADOE


         A Aba Badoe se lo explicó su abuela: “una casa debe ser lo suficientemente grande como para cubrir tu cuerpo y lo suficientemente liviana como para que puedas llevarla contigo”. Y Aba Badoe estaba imaginando con qué material se podría construir una casa como esa (junco/tela de paraguas) cuando la abuela la interrumpió para decir algo sobre la lluvia que amenazaba con caer sobre Madina. Se asomó a la ventana –las calles comenzaban a inundarse– y reconoció los sonidos de su niñez: lluvia y la voz de la abuela saltando de un tema a otro, con la velocidad Anansi, señor de las arañas e hijo de Nyame, dios de las tempestades.


TAKAKO TAWADA


         Takako Tawada recorrió toda la región de Kansai para encontrar un buen lugar donde vivir. Tras años de búsqueda, nadie pudo entender que finalmente se decidiera por un departamento en un edificio corriente de Minato-ku, en Osaka. Pero ella sí: el edificio tiene una ventana y por la ventana se ven las estrellas.


TOSHIO HIRAOKA


         Toshio Hiraoka es especialista en la construcción de casas que caben en la palma de una mano y maestro de Irina Popov (inventora de habitaciones para albergar el vacío.) Su día comienza a las cinco de la mañana con la lectura de una página del Ensayo acerca de la construcción de jardines de Tachibana Toshitsuna y sigue con una caminata que tiene por objetivo la recolección de materiales.
         “Las vetas de las paredes, para las que uso madera o piedra, representan los paisajes que recorro, siguiendo los principios del shakkei o escenario prestado. En la disposición de las habitaciones no busco seguir un orden, sino el requerimiento original de la roca y la madera. Se trata de comprender los puntos interesantes de los paisajes donde esos materiales fueron encontrados y luego, recrear las escenas de manera interpretativa, no estricta”.
         Irina Popov lo escucha y toma apuntes en su libreta, haciendo sus propias interpretaciones: “las casas del maestro Hiraoka son un microcosmos. Piedras y trozos de madera que nos hablan de la forma en que los paisajes de la mente reflejan la realidad (hay espacios –habitaciones vacías, habitaciones que imitan hojas de cedro– en los que esa realidad se contorsiona)”.



LAURA SÁNCHEZ


         La casa de Laura Sánchez –veterinaria especialista en felinos– de vez en cuando cambiaba de lugar. Notaba que el traslado comenzaba cuando el paisaje que veía por la ventanas se movía, como si fuera un documental de Sir David Attenborough (su preferido era The Song of the Earth).
         Al principio Laura Sánchez se preocupaba –una nueva ciudad significa aprender desde direcciones de supermercado a nombres de animales nativos–, pero con los años se había ido acostumbrando. Lo que más le gustaba era que cuando llegaba a su destino los vecinos se asomaban a recibirla con carteles blancos que en letras azules decían: “Te esperábamos”; “Que tengas una feliz estadía”; “Bienvenida, Laura”.



CHRISTOPH MEYER


         Que Christohp Meyer nunca confesara su amor a Irina Popov no significó que ese amor dejara de existir, adoptando extrañas formas que con el tiempo se resumieron en una sola: melancolía. Fue por eso que Christohp Meyer, arquitecto y experto en bioclimática, construyó una casa –entramado de tuberías y frascos de vidrio– donde pudieran vivir cómodamente él y sus lágrimas. Él y la imagen de un conjunto de casas vacías. Él y el recuerdo de Irina Popov.



“Casas” es una serie de relatos brevísimos, ilustrados por Pep Carrió. O como ellos lo explican: “Un diálogo de texto e imagen sobre las distintas formas de habitar el confinamiento.”
María José Ferrada (Temuco, Chile, 14 de febrero de 1977). Periodista y escritora. Foto: Jmp