jueves, 19 de julio de 2012

Conviene que la poesía sea


X

Conviene que la poesía sea inseparable de lo previsi­ble, pero no formulado todavía.


XI

¿Puede ser la guerra civil, nido de águila de la muer­te encantada? ¡Oh, radiante bebedor de porvenir muerto!


XII

Disponer en terrazas sucesivas valores poéticos de­fendibles en relaciones premeditadas con la pirámide del Canto en el instante de su revelación, para de obtener ese absoluto inextinguible, ese rama del primer sol: el fuego no visto, indescomponible.



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René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”.
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre.
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d.

miércoles, 18 de julio de 2012

René Char, Heráclito, Georges de la Tour


IX

A DOS MERECIMIENTOS – Heráclito, Georges de la Tour, a ustedes les agradezco el haber, durante largos momentos, arrojado fuera de cada pliegue de mi cuerpo singular este señuelo: la condición humana incoherente, el haber torneado el anillo desnudo de la mujer según la mirada del rostro del hombre, el haber vuelto ágil y susceptible mi dislocación, el haber gastado las fuerzas de ustedes en la corona de esta consecuencia sin medida de la luz absolutamente imperativa: la acción contra la realidad, por tradición destacada, simulacro y miniatura.



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René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”.
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre.
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d.

martes, 17 de julio de 2012

René Char, todos viven


VIII

Todos viven hasta la noche que completa el amor. Bajo la autoridad armoniosa de un prodigio común a todos, el destino particular se cumple hasta la soledad del oráculo.


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René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”.
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre.
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d.

lunes, 16 de julio de 2012

Emiliano Bustos y Gotas de crítica común por Nicolás Correa


BUSTOS NO ES UN CYBORG

Por Nicolás Correa, poeta

Bustos no es un cyborg.

Las redes se despliegan en todos los sentidos. Es la forma en que se produce el proceso de digestión: Bustos ha sufrido la poesía de otras generaciones, la ha leído, la ha sentido en el cuerpo, la ha digerido y finalmente, felizmente, es capaz de develar la forma en que la red se despliega.


La intertextualidad, sí, en ese caso la red se vuelve visible, pero no es lo único, porque la red es en su poesía, hacia adentro y hacia fuera. Va y viene, sufre la filiación al pasado, sufre la producción del presente. Constantemente pierde y recupera una memoria construida de tradiciones, de eventos continuos, de temporalidades, relaciones entre padres e hijos, digestión en proceso.

Bustos no es un cyborg.

El poeta pone el cuerpo en el ritual, le pone el cuerpo al peso de la red para que la sociedad no perciba la densidad del proceso, y expone las variables hereditarias: padres e hijos, padres versus hijos, padres o hijos.

Observación del ritual: devorar otros textos, convertirlos en jirones de textos que son solo visibilidad intertextual, porque la parte oscura queda en Bustos, los efectos del rito son su poesía. Pero no está sólo.

El origen de nuestra patria literatura, el devenir de nuestra patria literatura, los días anteriores de que nuestra patria literatura salga de la pampa y sea trágica nación: “… descansaré a la/ sombra de lo único que tiene la pampa/ y los poetas medirán el impulso asesino…”[1] Lee en el código hereditario la posibilidad de llevar la antorcha, de cargar con los muertos, pero tiene una capacidad asesina.
Bustos no es un cyborg, está lejos de ser una máquina.

Aleja la llama de la memoria, la apaga y la prende funcional, luminaria de una poética que mastica las herencias. Aquellos míticos personajes, no son ellos, sino visible intertextualidad, son entidades vacías, “Aquiles es la furia/ el capricho, luego la pena por Patroclo;/ pero Héctor se está despidiendo de su hijo, ahí,/ en algún lugar de su hermosa casa…”  Hay un Aquiles, un Héctor, un Astianacte, pero son otros. Robados de su patria, devueltos a otro espacio, y es en ese lugar donde ya no son míticos, sino padre, hijo y enemigo, de carne y hueso.

Gotas de crítica común no es una máquina, es brujería. Y Bustos no es una máquina, las máquinas no digieren, cumplen funciones, es brujo, curandero, hechicero. Es capaz de pensar una patria poética.   


[1] “El chancho muerto” en gotas de crítica común. Emiliano Bustos, Libros de la talita dorada, City Bell, 2011. En este poema, Bustos lleva a cabo el ritual: el sacrificio del chancho. El valor de lo sagrado produce un nuevo simiente/ devenir. Las tripas son regadas en la red, el peso de las vísceras no comestibles, Bustos devuelve a su lugar a los poetas, exige rituales, exige una nueva forma de leer, de escribir, de pensar la producción y no la reproducción del discurso, pero desde la totalidad, contradictoria, sí. En palabras de Cornejo Polar, Bustos es el poeta de la totalidad contradictoria, es por momentos, imposible de asirlo, aunque la referencialidad sea visible. Bustos ejerce la brujería, se maneja a saltos en el tiempo, desordena los hechos históricos, en otros momentos los mantiene lineales o los vuelve cíclicos. Puede leer en el pasado el encantamiento de las serpientes o la serie poética de otros que intentan detentar brujería.


Ficha técnica: Gotas de crítica común / Emiliano Bustos / 
Libros de la talita dorada. 2011 / Colección Los detectives salvajes / 104 pág.

FUENTE: CULTURAMAS

sábado, 14 de julio de 2012

Robert Desnos, te irás cuando quieras



ES DE NOCHE

Te irás cuando quieras
El lecho se ciñe y se afloja con las delicias igual que un corsé
de terciopelo negro
Y el insecto resplandeciente se posa sobra la almohada
Para estallar y entonces reunirse con lo oscuro
El oleaje llega martillando y se calla
Samoa la bella duerme entre algodones
Conejar ¿qué haces con las banderas? las arrastras por el fango
A la buena de Dios y en lo profundo de todo fango
El naufragio se acentúa bajo los párpados
Relato y describo el sueño
Recojo los envases de la noche y los ordeno sobre el estante
El ramaje del pájaro de madera se confunde con la irrupción
de los tapones en forma de mirada
Nada de volver allí nada de morir allí la alegría desborda
Un invitado de más a la mesa redonda en el claro verde esmeralda
del bosque con yelmos resonantes cerca de un
montón de espadas y armaduras abolladas
Nervio a modo de amorosa lámpara apagada al fin del día
Yo duermo




De: "Corps et biens", 1930. Versión de Aldo Pellegrini.

Robert Desnos (París, 4 de julio de1940 – Campo de concentración 
de Theresienstadt, 8 de junio de 1945).
Gracias a Silvia Loustau.

Robert Desnos, siento que mi comienzo está próximo


DESTINO ARBITRARIO

a Georges Malkzine

Ahora llega el tiempo de las cruzadas.
Por las ventanas cerradas los pájaros se obstinan en hablar
como peces de acuario.
Junto al escaparate de una tienda
una bonita mujer sonríe.
Felicidad no eres sino lacre
y yo paso como un fuego fatuo.
Una multitud de guardianes persigue
a una mariposa inofensiva fugada del asilo.
Se torna en mis manos calzón de encaje
y tu carne se torna de águila
¡oh sueño mío cuando te acaricio!
Mañana habrá entierros gratuitos
ya no se resfriarán
hablarán el lenguaje de las flores
se iluminarán con luces hasta ahora desconocidas.
Pero hoy es hoy.
Siento que mi comienzo está próximo
semejante al trigo de junio.
Gendarmes ponedme las esposas.
Las estatuas vuelven la espalda sin obedecer.
En su zócalo inscribiría injurias y el nombre de mi peor enemigo.
Allá lejos en el océano entre dos aguas
un bello cuerpo de mujer hace retroceder a los tiburones.
Suben a la superficie para contemplarse en el aire
y no se atreven a morder esos senos
esos senos deliciosos.


De: "Corps et biens", 1930. Versión de Aldo Pellegrini.
Robert Desnos (París, 4 de julio de1940 – Campo de concentración 
de Theresienstadt, 8 de junio de 1945).
Gracias a Silvia Loustau.

Luis Alberto Spinetta, bajan


BAJAN

Tengo tiempo para saber
si lo que sueño concluye en algo.
No te apures ya más, loco,
porque es entonces
cuando las horas
bajan, el día es tibio sin sol;
bajan, la noche te oculta la voz. 

Y, además, vos tenés sol,
despacio también
podés hallar la luna.

Viejo roble del camino,
tus hojas siempre se agitan algo.

Nena, nena, que bien te ves
cuando en tus ojos
no importa si las horas
bajan, y el día se sienta a morir;
bajan, la noche se nubla sin fin.

Y, además, vos sos el sol,
despacio, también
podés ser la luna...

(viola para despertar a los dioses)



LP Artaud, 1973
LAS, músico, poeta, luz (1950-2012)

Javier Martínez, basta de boludos



BASTA DE BOLUDOS

Ya estoy harto de tratar con perdedores,
genios de café y del bla bla bla,
giles que son amos del planeta,
que se creen dueños de la verdad.

Basta de boludos, basta, basta ya.

Por favor no rompan las pelotas,
mi paciencia llega hasta el final,
busco un lugar libre de ellos,
debe haber un mundo libre de verdad.

Basta de boludos, basta, basta ya.

No creo que se pueda explicar,
algunos boludean por demás,
mientras otros nos vacían los bolsillos,
por un gol somos capaces de matar.

Basta de boludos, basta, basta ya.

No creo que se pueda explicar,
algunos boludean por demás,
mientras otros nos vacían los bolsillos,
por un gol somos capaces de matar.
Por un gol somos capaces de matar…


En: CD Manal Javier Martínez, Basta De Boludos, 2003.

Javier Martínez (Buenos Aires, 18 de Marzo de 1946).


NO CREO QUE SE PUEDA EXPLICAR 

viernes, 13 de julio de 2012

Leda, soy la mirada


SOMOS SI TENEMOS QUIEN NOS MIRE


Soy la mirada
melancolía
sobre las calles
de la vida

Soy la mirada
en el vacío
cuando la vida
me da frío

Yo necesito
una mirada
a fuego lento,
enamorada

Cuando me mira
recuerdo mi alma
como un aliente
de amar agua

Soy la mirada
entrando lejos
como una fiebre
de misterio

El amor viene
de una mirada
como el olvido
de una nada

Yo necesito
una mirada
a fuego lento,
enamorada



Leda Valladares 
(Tucumán, 21 de diciembre de 1919 - Buenos Aires, 13 de julio de 2012).

Leda, el dolor tiene un silencio de lutre


HOY ES NUNCA


Se me ha salido el alma a la calle 
y un sollozo a la vereda.

En una esquina existo de pronto: 
con  una angustia en guantes 
y un desamparo de collares. 

(Tu olvido tiene ojos de vidrio, 
manos postizas).

Hoy es nunca de amor y mirada 
y el dolor tiene un silencio de lutre.


En tacos altos y ojeras 
ambulo por la nada estridente. 

No puede ser que no me quieras. 
Y sin embargo hoy es nunca. 
Con el llanto escotado hoy es nunca. 

Echada de tu sangre hoy me asiste mi propio corazón.




Leda Valladares 
(Tucumán, 21 de diciembre de 1919 - Buenos Aires, 13 de julio de 2012). 

René Char, mantener la balanza en equilibrio


VII

El poeta debe mantener la balanza en equilibrio en­tre el mundo físico de la vigilia y la familidad temible del sueño, las líneas del conocimiento en las que extiende el cuerpo sutil del poema, yendo indistintamente del uno al otro de esos estados diferentes de la vida.






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René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”.
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre.
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d.

jueves, 12 de julio de 2012

René Char, detrás del ojo cerrado


VI

Detrás del ojo cerrado de una de esas Leyes prefijadas que disponen, para nuestro deseo, de obstáculos sin solución, a veces, se disimula un sol retrasado cuya sensibilidad de hinojo, a nuestro contacto, se esparce y nos embalsama. La oscuridad de su ter­nura, su armonía, con lo inesperado, nobleza tosca que basta al poeta.









René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”.
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre.
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d.

Gustavo Tisocco, triste



TRISTE JARDÍN

Con cada muerte,
con cada destello de cuerpo quemado
el bosque se cubrió de penachos rojos.
Cada guerra sembró semillas de verdes brotes
y entre gemidos y desgarros
un aluvión de orquídeas nos invadió.
Cada inocente abatido fue de pétalos cubierto
y a mayor dolor
un aroma de azahares inundó el aire.

Es una tristeza ver el jardín tan florecido...



Gustavo Tisocco nació en Mocoretá,
Corrientes, el 25 de octubre de 1969. Poeta.
Foto: GT en Mocoretá, agosto de 2008.

Gustavo Tisocco, es parte


ES PARTE DEL ENTIERRO…

Es parte del entierro
estos brazos que por colgar pesan tanto,
esta voz que quedó muda
entre exilio y sin-razón,
estos zapatos que visten abismos.

Es parte del entierro
el lento dolor de la daga,
la sed en labios secos,
la hoguera que siempre espera.

Es parte del entierro
estas ganas de ser pájaro,
esqueleto inerte.


Gustavo Tisocco nació en Mocoretá,
Corrientes, el 25 de octubre de 1969. Poeta.
Foto: GT en Mocoretá, agosto de 2008.

Gustavo Tisocco, ahí


AHÍ…

Ahí
donde juego a la rayuela
y con mis hermanos nos escapamos al río
a embriagarnos de fábulas.
Donde a lo lejos diviso todavía
al indómito tren de aquella estación.

Ahí donde nazco y perezco
según otoños que encarcelan octubres,
donde la música del viento
me recuerda aquellas calles, aquel pueblo.

Ahí donde no hay almanaques
y conservo aún los ojos tristes de mi perro.
Donde el circo luce su carpa reluciente,
donde salgo al recreo
donde me invaden perfumadas mandarinas.

En ese lugar donde tener memoria duele,
los muertos parecen latir
sin vejez, sin andamios.
Donde habitan también tantos desamparos,
niños de cartón, mujer desgarrada.

En ese lugar donde hay un país vencido y mutilado,
palomas bombardeadas,
clausuradas plazas, iglesias infames.

En ese lugar,
ahí, en mi paisaje de adentro,
mi casa aún es refugio
                mis manos palabras.   


Gustavo Tisocco nació en Mocoretá, 
Corrientes, el 25 de octubre de 1969. 
Poeta.
Foto: GT en Mocoretá, agosto de 2008.

martes, 10 de julio de 2012

René Char, el poeta transforma


III

El poeta transforma indiferentemente la derrota en victoria, la victoria en derrota, emperador prenatal únicamente preocupado por la cosecha de lo azul.

IV

A veces, su realidad no tendría ningún sentido para él, si el poeta no influyera en secreto el relato de las hazañas de la de los otros.

V

Mago de la inseguridad, el poeta sólo tiene satisfac­ciones adoptivas. Ceniza siempre inconclusa.



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René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”.
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre.
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d.

Mónica Angelino, 9 poemas de Fibro


1

fibrotristeza

fibromialgia

fibroalodinia

los alfileres en el cuerpo

no son puntos

de poesía.


2

te duele el codo los glúteos

los hombros las rodillas el aire

te duele el sueño que se esconde

detrás de los clavos del insomnio.


3

te duelen los hijos que esperan

siempre esperan

y las manos no quieren moverse las piernas

no quieren

y te parás igual y movés las manos igual

y tratás

de sonreír igual

porque esperan

por suerte

esperan.


4

cómo pesan los platos

este cansancio

y no llega la hora de la siesta.


5

¿de dónde sale tanta fatiga?

el músculo no es tango

no descansa ni ambiciona

más que conciliar el sueño

dormir

dos o tres horitas.


6

gotas

sólo

gotas

lacerando

una quemazón que arrasa

la vejiga.


28

“bailar pegados es bailar

igual que baila el mar

con los delfines”

bailemos amor

un lento en el agua

hagamos de esta fibro

arabescos de colores.


29

en silla de ruedas

ambulancia

o camilla

a toda fibra

se desplaza

sigue hablando

hago

fibroestilográficos

poemas

con mi fibra bic.


30

mientras

los semáforos me den tres luces celestes

y haya un coro de pájaros astronautas

fibrolocoberretín

vendré con un poema

esa cápsula genial

de melatol.


De: “Fibro”, Editorial artesanal kereme, 2011.
Mónica Angelino nació el 5 de septiembre de 1959 
en General Rodríguez, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Poeta.

Papeles de trabajo de Juan José Saer por Daniel Freidemberg


AHÍ, ENTRE PALABRAS QUE NO SON DE NADIE

por Daniel Freidemberg

Que existe algo así como un “estado poético"; lo sé bien, porque alguna que otra vez lo viví, y un eco de esa experiencia insiste, aunque sea como aspiración, en mi relación con la escritura, aunque no siempre me animé a darle ese nombre. El que con todas las letras se lo dio fue Juan José Saer: “El estado poético” se llama un breve poema que encontré en "Papeles de trabajo". Borradores inéditos, publicado hace poco por Seix Barral. Está fechado el 21 de noviembre de 1966: “Estás en la ventana y cuando creías/ haber perdido todo olvidado todo/ no ser nadie ni nada/ sin cara o manos para tocar ninguna cosa/ he aquí que el llamado suena y oyes la voz/ y anochece en un cielo verde como un árbol.” Algo de pronto pasa, es cierto, algo irrumpe o se despeja, y uno lo agradece; algo que, aunque parezca milagroso (o lo sea), nada tiene de sobrenatural: hay ocasiones en que las barreras que nos ponemos para permanecer encerrados en nosotros mismos se caen y entonces el mundo y las cosas parecen “decirnos algo. Una suerte de apertura, tal vez comparable a la del amor.

Que a Saer no le deben haber resultado nada ajenas situaciones de ese tipo lo sospeché desde que empecé a entrar en su obra —incluidas, y muy especialmente, sus novelas— y con esa sospecha me bastaba, no hacía falta confirmarlo, pero haber encontrado ese poema, y con ese título, en la página 293 de Papeles de trabajo, tiene que ver con el júbilo que me produce esta primera entrega del heterogéneo material contenido en las decenas de cuadernos, carpetas y hojas sueltas que el autor de Glosa dejó en un armario de su departamento en Montparnasse. No creo exagerar mucho cuando digo “júbilo”: de un júbilo de leer hablo, de lo que se desata al recorrer esta colección de apuntes, poemas, aforismos, esbozos de relatos, notas de lectura, ensayos y algunas cosas más: ninguna sorpresa para quienes venimos siguiendo desde hace años a Saer, sino una posibilidad más de llevar a cabo un juego o trabajo como los que nos propusieron antes Nadie nada nunca, El arte de narrar o El concepto de ficción. No como quien quiere “más de lo mismo” sino porque el modo en que entendió Saer la escritura y la reflexión nunca deja de ser una incursión en el enigma del mundo, siempre abierta al desconcierto ante lo inesperado y desconfiada de lo que se da habitualmente por aceptado o “corriente”, y una apuesta a que la elección y disposición de las palabras forme parte, sin ninguna inocencia, de esa búsqueda, que sea la búsqueda misma.

Impresiona mucho, al respecto, una anotación de 1975, y no por casualidad Julio Premat debe haberla elegido para encabezar su “Introducción general”: describe ahí Saer la placentera experiencia de escribir, solamente por escribir, “victorioso por el hecho de haber comprendido por fin que el deseo de escribir es un estado independiente de toda razón y de todo saber, (…) lleno del silencioso clamor de las palabras que no son de nadie, que nadie puede acumular ni guardar para sí —la voz del mundo y de cada uno que resuena a través de mí en la noche apacible”. Vaya uno a saber por qué Saer la dejó inédita, porque, igual que la mayor parte de estos materiales, para nada desluce en el cotejo con la obra publicada. Puede suponerse que, si no lo hubiera impedido la muerte, unos cuantos de estos textos habrían llegado finalmente a la imprenta: no faltan, entre los hallazgos del armario parisino, algunos que  pasaron, mucho después de haber sido escritos, a La mayor o La narración objeto, pero fue el propio Saer quien los incorporó. ¿Puede otra persona decidir por él? Sobre todo porque, en un apunte de 1965, un veinteañero Saer anuncia “No permitiré que nadie penetre mis cuadernos, como han hecho con Kafka o con Pavese. No me moriré. Ya elegiré con el tiempo cuál es la palabra justa y necesaria que debo decir y el resto lo echaré al fuego. Sé que tengo madera de escritor de los grandes y mi deber consiste en no permitir que celebren como verdades mis equivocaciones o como genialidades mis tropiezos.”

No quemó, sin embargo, ningún papel. Por el contrario, los guardó ordenadamente, y fue un agradecido lector de los inéditos de Kafka y de Pavese: son algunos de los argumentos con los que Premat explica la decisión, y no tengo por qué no aceptarlos, pero eso no diluye la inquietud que siempre acompaña a publicaciones no dispuestas por su autor. María Kodama dando a conocer los libros de Borges que Borges había repudiado es el ejemplo que primero viene a la mente, y no es vano ni ocioso mantener el interrogante abierto, además de ser inevitable. Pero, inevitable y todo, no tiene mucho que ver con lo que más me importa a la hora de enfrentarme con estos textos. Egoísta, seguramente, lo que me importa es el tesoro que tengo entre mis manos, le haya gustado a Saer o no, así como sigo disfrutando cada vez que puedo la suerte de contar con lo escrito por un Borges con el que el otro Borges ya no quería tener que ver nada.

 “¿Valía la pena publicarlo?” Esa es la pregunta que realmente pesa. “¿Merecen estos textos salir a la luz?” Y la respuesta la tiene solamente uno, la lectura que uno puede hacer. La respuesta que yo, en lo particular, tengo en este caso, lleva signos de exclamación: “¡Todo lo que me habría perdido si este libro no se publicaba!” Desde el poemita sobre el estado poético a las reflexiones sobre el amor a la vida o sobre los vicios, lo que en Saer suscitan las lecturas de Nathalie Sarraute, Dostoievsky, Robbe-Grillet, Thomas Mann o Lugones, o la discusión que entabla con Tolstoi, y hasta su rechazo a David Viñas, por más injusto que ahí me parezca (no más injusto, ya que estamos, que lo que fue Viñas con Saer). No me pasa lo mismo con los cinco gruesos volúmenes de la correspondencia de Julio Cortázar, que, no sin felices excepciones, leo más por curiosidad que por el tipo de interés que me hace ir hacia la literatura. ¿No había que haberlos publicado entonces? No todas las necesidades de lectura son iguales, por suerte.

El Metro Universal de Luis Benítez



UNA INGENIOSA EXPERIENCIA MODERNA

Por Norma Mazzei

      A partir de unas cartas consulares, fechadas durante la presidencia de Urquiza y que ofician de testimonio histórico motivador, comienzan a desplegarse varias historias paralelas en torno al tema que las vertebra: la necesidad de presunta rectificación del metro universal, instaurado décadas atrás por los jacobinos ideólogos de la república francesa, cuando se gestaran los paradigmas de la Modernidad.

      Original el planteo del autor y muy acertado el desarrollo de una fábula suma que se complejiza y resuelve en contrapunto de situaciones simultáneas, de personajes históricos ficcionalizados y personajes genuinamente ficticios; todos situados en la ciudad luz, en la torre del mundo que aspiraba a ser París en los 1850 y tantos.

      A través de un tono que vacila entre más jocoso que mordaz, el narrador deviene objetivador discreto, buscando parodiar a aquellos novelistas de tesis de la época y desde luego, trasciende esta postura.  Cuenta lo que sucede, remite al pasado, se detiene en detalles que observa con gracia y, variando los puntos de vista o perspectivas al modo de una cámara que intrusa fisgonea cuartuchos de pensión, recámaras palaciegas, calles y carruajes, atuendos y costumbres, nos revela cómo era la ciudad en tiempos de Bonaparte III.

       Es que Benítez se ha zambullido en los mares modernos y en el dilema positivista sobre la perfección medible de las cosas; por eso su narrador también se obsesiona con porciones, distancias, mensuras cifradas y otras ocurrencias y nos hace la lectura entretenida.  Por otra parte, en la ocasión atinada, la narración  se suspende para que surja una descripción de observatorio sumamente perceptiva, tal como se manifiesta en las variables de la lluvia o en el sueño del gato.

       Pero, fundamentalmente, se trata de una notable novela de personajes que el tema reúne y cuyo protagonismo decisivo lo desempeña un poeta: el fundador de la poesía moderna, el conflictivo, el creador marginal que era Charles Baudelaire.  Como figura vinculante está signando a la vez el cierre del Romanticismo tardío y la anticipación de las Vanguardias.  (Esto se deduce de los diálogos que entabla Baudelaire con otros escritores contemporáneos y que constituyen guiños del autor con la finalidad de remarcar los cambios socio –culturales a consolidarse en las postrimerías del siglo XIX).

       A lo largo de la trama, las escenas primarias van pautando de qué modo, en apariencia azaroso, el poeta se relaciona directa e indirectamente con un vanidoso duque cientificista, un profesor delirante y un falso diplomático argentino -la tríada de alienados que persevera por el metro universal- y acorde con su biografía, se proyectan sus tortuosas relaciones amorosas con una mulata; aquí la traidora procede del Realismo maravilloso.

      En la segunda parte de la obra, Benítez afianza la visión de crisis en lo cotidiano hacia su modernización, con el relevo de figuras históricas de la ciencia y del urbanismo, tales Pasteur y el Barón Haussmann.  Se asientan las ideas de Evolucionismo y firme Progresismo mediante la recreación de ambientes nuevos, trazados de bulevares, soportales y luminarias; procedimientos de escritura que expresan el trabajo previo de investigación que llevó a cabo el autor y que concluyen en un perfil de novela histórica.

        La correspondencia de J. B. Alberdi –por entonces embajador en Francia- esclarece y descubre con pormenores las acciones descabelladas de la tríada que mencionamos antes, que pergeñaban mejorar el metro ad usum por las pampas del sur.  Hecho insólito éste que rescatado de la historiografía , Benítez empalma imaginariamente con la difícil vida de Baudelaire.  Porque será el poeta, quien descreído de tanto progreso a la carta y por sustento pecuniario, se hará cargo como escriba de semejantes teorías.  Poco sentido tenía perfeccionar medidas para el heroico hombre medio que fuera Baudelaire, así probablemente lo hubiera vivido y de análoga manera hoy lo comprende Luis Benítez.  Por ello, creemos, elige finalizar su novela con el presagio de una imagen de felino estatuaria, en la cual consuma la mentalidad positivista sugiriéndonos aceptar la fragilidad de las empresas humanas, que tan frágiles son que nos hemos atrevido a fijar como universal la longitud convencional del metro, para jactarnos de medir el mundo.

       Con esta nueva obra, el multifacético escritor demuestra una vez más su reconocido talento individual, contribuyendo también a enriquecer la narrativa argentina actual.

Buenos Aires, julio de 2012


Ediciones Pluma y Papel, de Buenos Aires, acaba de editar la novela “El Metro Universal”, de Luis Benítez, finalista del Premio La Nación / Sudamericana 2006, cuyo jurado integraron Carlos Fuentes, Griselda Gambaro, Tomás Eloy Martínez, Luis Chitarroni y Hugo Beccacece. La edición en formato papel está acompañada por otra en E-book, que puede conseguirse en:


jueves, 5 de julio de 2012

Aurora Venturini – Sobre mares pintados



GALEÓN PINTADO


Sobre mares pintados van a caer gaviotas
y las ondas errantes transparentan naufragios.
En el alma del agua duerme el gris de las cosas
que lábiles fugaron del universo alto.

Alas con plumas, picos, marineras canciones
de pájaros que fueron piratas como hombres
transcurren raudamente y al fatigarse ponen
ancla en los arenales, raíces de las orbes.

En resaca de orillas grises como la pluma
duendes del fondo juntan una por una astillas,
reconstruyen galeones que flotan en las brumas
y galeones avaros de la costa fenicia.

Sidón y Tiro vuelven de la resaca azul,
las viejas factorías desenrrollan sus telas
y el ancho mar se tiñe como un
cartaginés de múrex purpúreo de acuarela.

Grande melancolía de los puertos empieza,
lampos de fuego arrojan desde proa fantástica
y los trirremes hunden a los galeones, sea
en las batallas phoenix o en las batallas áticas.

Y uno que está pensando que ha perdido la vida,
que ha perdido la luna que era suya en la infancia,
sube a la nave fiera que el mascarón deriva
en los estriberones ilusos de la página.



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En: "Antología personal" (1940-1976). Ramos Americana Editora, 1981.
Aurora Venturini (La Plata, 1921). Poeta, narradora.
Foto: AV, por Jmp.

martes, 3 de julio de 2012

René Char, lo que más sufre



II

Lo que más sufre el poeta en sus relaciones con el mundo, es la falta de justicia interna. El vidrio­-cloaca de Calibán detrás del cual los ojos omnipotentes y sensibles de Ariel se irritan.






René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. En: “Antología”. 
Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre. 
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.
Foto: RCh, s/d

lunes, 2 de julio de 2012

René Char



I


La imaginación consiste en expulsar de la realidad varias personas incompletas para, sometiendo a contribución las potencias mágicas y subversivas del deseo, obtener su retorno bajo la forma de una presencia enteramente satisfactoria. Es, entonces, la inextinguible realidad increada. 





René Char (Francia, 1907-1988).

De: “Seuls demeurent” (1945). Partición Formal. 
En: “Antología”.  Selección y versiones de Raúl Gustavo Aguirre. 
Ediciones Del Mediodía,  Buenos Aires, 1968.

Luis Alberto Spinetta – Los cabellos de la reina



LA REINA


Los cabellos de la reina 
asumidos a su cabeza. 
Los dedales que de sus uñas hacen puntas.

El vestido dorado 
sobre la piel escarlata
y la corona verde
de huesos y musgo.

El mal humor de la reina 
cuando despertó al día 
para mostrarle las marcas de la alcoba 
en la que el rey la toma.

El rey no usa peto. 
La reina y su pañuelo son celestes 
como el principio de la noche.
Por la espesura del campo 
las liebres corren hacia el sol.
Las espigas aparecen más allá de estos campos 
que son su dominio, 
el pobre dominio de la reina de las trenzas, 
la tristeza. 
El oro.


En: “Guitarra negra”, Ediciones Tres Tiempos, Buenos Aires, 1978. 
Poema Parte Cuarta.
Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 – 8 de febrero de 2012).
Músico, poeta, artista, luz.